El responsable del fracaso en la guerra tiene un nombre: Ehud Olmert - Gonen Guinat - Israel Hayom
Aún antes de que se publique el informe de la Comisión Winograd, que investigó la actuación de las autoridades durante la Segunda Guerra del Líbano, el primer ministro Ehud Olmert anunció que no pensaba renunciar. Pase lo que pase. Él no renunciará. Sí, incluso si se declara públicamente que su actuación fue un fracaso absoluto y que su capacidad para ejercer el cargo de primer ministro no supera la capacidad de –digamos– la diputada Rujama Abraham, él no piensa renunciar. Y esto significa que no tiene sentido de la responsabilidad. O en palabras más sencillas: según sus propias palabras, Olmert es un irresponsable.
Todo de forma bastante casual y sin ninguna relación. No vayamos a pensar que hay alguna vinculación entre el informe que acerca aún más a Olmert al borde del precipicio y la vergonzante campaña de relaciones públicas que está realizando. Hasta hace poco, durante varios meses, no encontró un solo momento libre para reunirse con el profesorado que llevaba casi dos meses de huelga. Hasta hace poco, en su despacho, respondían negativamente a casi toda solicitud de reportaje o de entrevista. Pero, de pronto, no sólo da entrevistas sino que habla de las cosas más insólitas: 20 minutos sobre fútbol en un programa de deportes, una media hora en el programa del popular cómico Iatzpan y, como si todo esto fuera poco, también su mujer navega entre diferentes programas televisivos. Y todo esto sin ninguna relación con la enorme nube negra que amenaza con caerle encima proveniente de la Comisión Winograd. Nada que ver.
Cuando asumió el cargo, el primer ministro recibió un automóvil, un despacho, personal a su servicio, de hecho, el equipo de trabajo más grande que hay en el país. Pero cuando le entregaron todo eso se olvidaron de hacerle entrega de una sola cosa: responsabilidad. Olmert y los Atniel Shnelerim que hay a su alrededor, abren los ojos bien grande, sorprendidos, como si quisieran preguntar: ¿Qué? ¿Por qué no nos dijeron antes que él es responsable de sus decisiones? ¿Cómo podíamos saber que el primer ministro es responsable de sus actos? Y las excusas que vienen después son, una vez más, las mismas que se utilizan para defender a los fracasados en el poder: ¿Cómo podemos dejar el país en el caos y la incertidumbre? ¿Para qué provocar inestabilidad? ¿Por qué no darle la posibilidad de enmendar sus errores?
Y todavía no llegamos al colmo: ¿Quién conoce los errores de Olmert mejor que el propio Olmert? Sin duda que él debe continuar en el gobierno. Y ahora, por favor, enciendan los televisores que Aliza Olmert nos va a mostrar cómo se preocupa por los pobres e indigentes.
Y aún hay más. No pasa más que un rato y resulta ser que la culpa no la tiene Olmert. Somos nosotros. Después de los graves errores en la Guerra del Yom Kipur, el entonces Presidente del Estado impuso la expresión: “Todos somos culpables”. Ése fue un intento patético de salvar a Golda Meir y a Moshé Dayán de su responsabilidad por la muerte de 3.000 soldados. La prensa repudió abiertamente esa expresión. Lo cual podría significar que la prensa de entonces era mejor que la de hoy en día.
De todos modos, ahora la culpa es nuestra. Nosotros participamos en las reuniones de gabinete, nosotros tomamos las decisiones. ¿Y saben qué? Nosotros también quisimos, junto con Haim Ramón, sobrepasarnos con una joven soldado. Nunca andes solo, Olmert.
¿Nosotros somos culpables? Realmente no está bien que el pueblo quisiera derrotar a Hezbollah. Porque, en realidad, la reacción natural que se espera de un pueblo cuando un país vecino permite que una organización terrorista lo ataque con cientos de misiles después de haberle secuestrado a tres soldados, es que la gente salga a las calles y organice un festival de danza, poesía y teatro.
Es muy extraño que cuando les secuestran soldados, un pueblo los quiera de regreso. Es extraño que el pueblo no haya estado dispuesto a aceptar el hecho de que 400 misiles por día fueran únicamente la respuesta del grupo terrorista ante su existencia, a su mala costumbre de respirar. Según la lógica de quienes apoyan al primer ministro, lo que sucede no es que Olmert no sea digno de ser nuestro primer ministro porque no sea capaz de protegernos y defendernos. Nosotros somos los que estamos equivocados y los que actuamos mal ya que creemos que tenemos derecho a esa protección y a esa defensa.
(Artículo recogido de Povesham y proveniente del nuevo periódico israelí Israel Hayom)

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