El "nuevo" Nasrallah - Guy Bechor - Ynet
"No estoy interesado en adueñarme del Líbano. Al contrario: queremos el mantenimiento de la ley y el orden en el país. No queremos imponer nuestra forma de pensar al pueblo libanés. Aunque de hecho se nos concedió el derecho de veto en el nuevo gobierno, no tenemos intención de utilizarlo en favor de la oposición o de los chiítas, sino al contrario, a favor de la totalidad del Líbano. No estoy interesado en una nueva guerra con Israel, y tal guerra no es de esperar, a menos que Israel decida provocarla. Voy a mantener la estabilidad en el sur del Líbano. Yo también estoy interesado en un acuerdo con Israel para ultimar la cuestión de los prisioneros".
Estos son los mensajes transmitidos en los últimos días por el "nuevo" secretario general del Hizbulláh, Hassan Nasrallah, mensajes que se recibieron en Israel con sorpresa y confusión. De hecho, en contradicción con la percepción común en Israel, Hizbulláh ha sufrido un proceso de debilitamiento en los últimos dos años y esto se ha reforzado en las últimas dos semanas. ¿Qué hay de cierto en un posible acuerdo que garantice la liberación de nuestros prisioneros? Con el fin de comprender esto, debemos eliminar las capas de suposiciones que se han acumulado en los últimos dos años.
La primera capa: El secuestro. Debido a que su raison d'etre se basa en la lucha contra Israel, Nasrallah ordenó el secuestro de los soldados israelíes. El secuestro de Regev y Goldwasser no fue pensado para provocar una guerra con Israel, sino por el contrario para evitar una guerra. Si se poseen prisioneros, existe una razón para que el conflicto continúe, y por tanto no es necesaria la guerra. Es por eso que los secuestrados estaban destinados a ser explotados por Hizbulláh durante muchos años.
La segunda capa: la guerra. Con completa sorpresa y contrariamente a sus expectativas, Israel se embarcó en una guerra. Nasrallah se vio obligado a utilizar todo el arsenal que posee y fue capaz de hacer valer un "empate" con Israel, lo que aprovecha a través de la reclamación de una "victoria divina." Esta fue por supuesto una falsa victoria, que nadie en el Oriente Medio ha comprado excepto nosotros. A partir de ese momento, Nasrallah está obligado a incrementar su retórica y sus condiciones para la liberación de los secuestrados.
La tercera capa: Dos años difíciles. En la brecha entre la falsa retórica y la sangrienta realidad, Hizbullah se encuentra cara a cara con un verdadero peligro: la extensa destrucción civil, el asesinato de cientos de sus combatientes y las duras acusaciones han limitado a la organización. Como resultado de ello, Nasrallah tiene que mantener viva la cuestión de los prisioneros.
La cuarta capa: La presión crece. La presión doméstica por parte de la familia Kuntar y de otros elementos lleva a Nasrallah a ofrecer un acuerdo que tiene por objeto mantener a los secuestrados en sus manos aún dando la impresión de que se negocia su liberación. El acuerdo para el intercambio del cuerpo de Gabriel Dwait no tenía por objeto avanzar en las conversaciones, sino prevenirlas. En otras palabras: para Nasrallah la razón de ser sigue siendo la premisa de Regev y Goldwasser. Con el fin de evitar lo fundamental, las negociaciones para su liberación, Nasrallah intentó otro truco: el comercio con restos de soldados, que no se materializaron.
La quinta capa: el asesinato de Imad Mugniyah. Este asesinato ha cambiado el panorama. Nasrallah teme que a raíz de su asesinato por Israel, que ha actuado en contradicción con lo que se esperaba de Israel dos años antes, volvería de nuevo a intentarlo (esta vez contra él). Con el fin de evitarlo, él ha adoptado dos iniciativas: calmarnos con una serie de discursos y con la reanudación de las negociaciones con los mediadores alemanes. Sin embargo, Nasrallah ha cometido un contundente error cuando ha declarado una "guerra abierta" contra Israel. Él también parece haber descubierto un nuevo motivo para el conflicto, más que los soldados secuestrados: "Israel debe ser exterminado". ¿Por quién? Ese no es su trabajo. Y tampoco menciona a Irán. Debe ser cosa de Dios. En este punto, su necesidad de los soldados secuestrados declina.
La sexta capa: error y decisión. Nasrallah comete una vez más otro desconcertante error, atacando a los sunnitas del oeste de Beirut y a los drusos en la región montañosa. Se trata de un burdo error que no puede ser perdonado según los parámetros del nuevo Líbano. Como sus combatientes ya no pueden entrenarse en el sur del Líbano, a la luz de los acuerdos que dieron fin a la Segunda Guerra del Libano, lo hacen en la región del Shouf. En otras palabras, entran en colisión con los drusos. Las tensiones condujeron a un breve derramamiento de sangre que tuvo lugar hace unas dos semanas y a una retirada chiíta. Mientras tanto, la situación se ha estabilizado. ¿Y que puede ofrecer el líder chiíta como regalo a su rival druso? Otro druso. Y Samir Kuntar es druso.
Estos son los mensajes transmitidos en los últimos días por el "nuevo" secretario general del Hizbulláh, Hassan Nasrallah, mensajes que se recibieron en Israel con sorpresa y confusión. De hecho, en contradicción con la percepción común en Israel, Hizbulláh ha sufrido un proceso de debilitamiento en los últimos dos años y esto se ha reforzado en las últimas dos semanas. ¿Qué hay de cierto en un posible acuerdo que garantice la liberación de nuestros prisioneros? Con el fin de comprender esto, debemos eliminar las capas de suposiciones que se han acumulado en los últimos dos años.
La primera capa: El secuestro. Debido a que su raison d'etre se basa en la lucha contra Israel, Nasrallah ordenó el secuestro de los soldados israelíes. El secuestro de Regev y Goldwasser no fue pensado para provocar una guerra con Israel, sino por el contrario para evitar una guerra. Si se poseen prisioneros, existe una razón para que el conflicto continúe, y por tanto no es necesaria la guerra. Es por eso que los secuestrados estaban destinados a ser explotados por Hizbulláh durante muchos años.
La segunda capa: la guerra. Con completa sorpresa y contrariamente a sus expectativas, Israel se embarcó en una guerra. Nasrallah se vio obligado a utilizar todo el arsenal que posee y fue capaz de hacer valer un "empate" con Israel, lo que aprovecha a través de la reclamación de una "victoria divina." Esta fue por supuesto una falsa victoria, que nadie en el Oriente Medio ha comprado excepto nosotros. A partir de ese momento, Nasrallah está obligado a incrementar su retórica y sus condiciones para la liberación de los secuestrados.
La tercera capa: Dos años difíciles. En la brecha entre la falsa retórica y la sangrienta realidad, Hizbullah se encuentra cara a cara con un verdadero peligro: la extensa destrucción civil, el asesinato de cientos de sus combatientes y las duras acusaciones han limitado a la organización. Como resultado de ello, Nasrallah tiene que mantener viva la cuestión de los prisioneros.
La cuarta capa: La presión crece. La presión doméstica por parte de la familia Kuntar y de otros elementos lleva a Nasrallah a ofrecer un acuerdo que tiene por objeto mantener a los secuestrados en sus manos aún dando la impresión de que se negocia su liberación. El acuerdo para el intercambio del cuerpo de Gabriel Dwait no tenía por objeto avanzar en las conversaciones, sino prevenirlas. En otras palabras: para Nasrallah la razón de ser sigue siendo la premisa de Regev y Goldwasser. Con el fin de evitar lo fundamental, las negociaciones para su liberación, Nasrallah intentó otro truco: el comercio con restos de soldados, que no se materializaron.
La quinta capa: el asesinato de Imad Mugniyah. Este asesinato ha cambiado el panorama. Nasrallah teme que a raíz de su asesinato por Israel, que ha actuado en contradicción con lo que se esperaba de Israel dos años antes, volvería de nuevo a intentarlo (esta vez contra él). Con el fin de evitarlo, él ha adoptado dos iniciativas: calmarnos con una serie de discursos y con la reanudación de las negociaciones con los mediadores alemanes. Sin embargo, Nasrallah ha cometido un contundente error cuando ha declarado una "guerra abierta" contra Israel. Él también parece haber descubierto un nuevo motivo para el conflicto, más que los soldados secuestrados: "Israel debe ser exterminado". ¿Por quién? Ese no es su trabajo. Y tampoco menciona a Irán. Debe ser cosa de Dios. En este punto, su necesidad de los soldados secuestrados declina.
La sexta capa: error y decisión. Nasrallah comete una vez más otro desconcertante error, atacando a los sunnitas del oeste de Beirut y a los drusos en la región montañosa. Se trata de un burdo error que no puede ser perdonado según los parámetros del nuevo Líbano. Como sus combatientes ya no pueden entrenarse en el sur del Líbano, a la luz de los acuerdos que dieron fin a la Segunda Guerra del Libano, lo hacen en la región del Shouf. En otras palabras, entran en colisión con los drusos. Las tensiones condujeron a un breve derramamiento de sangre que tuvo lugar hace unas dos semanas y a una retirada chiíta. Mientras tanto, la situación se ha estabilizado. ¿Y que puede ofrecer el líder chiíta como regalo a su rival druso? Otro druso. Y Samir Kuntar es druso.
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