Las apuestas de la XVIII Knesset - Michael Gurfinkiel
Nunca la democracia israelí ha estado tan cerca de hacer frente a sus problemas fundamentales.
En dos meses, el 10 de febrero de 2009, los israelíes elegirán a su décimo octava Knesset. Por ahora, las encuestas son favorables a la derecha. Según una encuesta realizada por Panels Ltd a últimos de noviembre, el partido conservador Likud, encabezado por Benjamin Netanyahu, obtendría 35 escaños contra 12 actualmente; los partidos religiosos 22 escaños en lugar de los 27 de ahora; y el partido nacionalista secular, Israel Beiteinu, 9 escaños en lugar de 11: un total de 66 escaños de 120, seis más de la mayoría absoluta contra los 50 de esta legislatura.
Enfrente, el partido centrista Kadima, fundado en 2005 por Ariel Sharon y ahora dirigido por Tsipi Livni, obtendría 26 escaños, contra 29 en la Knesset saliente; los laboristas 7 escaños en lugar de los 19 de ahora mismo; el partido de extrema izquierda Meretz 10 escaños en lugar de 5; y un total general de sólo 44 escaños, frente a los 53 anteriores. El resto de la Knesset estaría formado por los partidos extremistas árabes (diez escaños) y algunas micro-formaciones, como los ecologistas (tres escaños según algunas estimaciones) y el partido de los Pensionistas (uno o dos escaños).
Estas cifras pueden cambiar de una manera u otra. Sin embargo, varios puntos parecen ya establecidos.
1. El Likud, dado por muerto hace tres años después de la secesión de Ariel Sharon y de algunos de sus dirigentes, ha vuelto a convertirse en el primer partido del país. Esto se debe en parte al reflujo hacia la empresa matriz de muchos activistas y votantes que confiaron en Sharon hace tres años y le siguieron a Kadima, pero que ya no se reconocen en sus sucesores, Ehud Olmert y Livni, situados más a la izquierda.
A esto le ha seguido la impericia de los gobiernos Kadima desde 2006. El "nuevo Likud" presenta una imagen mucho más competente. Netanyahu ha sido ministro desde la década de 1980, primer ministro en la década de 1990, ministro de Asuntos Exteriores y de Economía en los años 2000. Durante sus últimas responsabilidades, de 2003 a 2005, estableció una reforma económica y financiera que ha asegurado al país hasta este otoño de 2008 una tasa de crecimiento elevada, en torno al 7% anual. Otra personalidad de primer plano es el ex general Moshe Yaalon, brillante jefe de personal del IDF de 2002 a 2004, y ahora director de investigación en uno de los laboratorios de ideas (think tank) más respetados de Israel, el Jerusalem Center for Political Affairs.
Por último, el "viejo Likud" anterior a 2005, estuvo plagado de escándalos, pero la mayoría de las personas que estuvieron implicadas, empezando por Sharon y Olmert, han sido el origen de Kadima. Por lo tanto, el nuevo Likud presenta una imagen más "globalmente moral". Lo que refuerza esta percepción son los riesgos que asumió al negarse a seguir a Sharon. Yaalon, a pesar de su envergadura militar e intelectual, fue cesado en 2004 a causa de su oposición al abandono de Gaza. Netanyahu dejo el gobierno en 2005 cuando se negó a apoyar la liquidación del asentamiento de Gush-Katif, el municipio judío situado en el sur de la Franja de Gaza.
2. Kadima sobrevive, sustituyendo al antiguo Partido Laborista.
A finales de 2005, Kadima parecía reunir en torno a un carismático Sharon a los "modernos" del Likud y a la izquierda Laborista, y situarse como sucesor del Mapai de David Ben Gurion, el "partido del gobierno" que había dirigido a Israel durante veinte nueve años, desde la independencia hasta 1977. Sharon fue puesto fuera de juego por su enfermedad en enero de 2006, deslizándose entonces Kadima, bajo Olmert y Livni, hacia la izquierda, uniéndose ambos a los acuerdos de Oslo y a la "hoja de ruta" en materia de política exterior, como al post-sionismo y la Kulturkampf antirreligiosa en política interior. Resultado lógico: mientras que los votantes procedentes del Likud hacían el camino de regreso, numerosos votantes laboristas se instalaron en Kadima. En términos sociológicos, estos últimos pertenecen a las clases altas y media altas, y representa para ellos un consuelo intelectual y moral nada despreciable liberarse de los últimos dogmas socialistas. Además, los dos últimos jefes del Partido Laborista entre 2006 y 2008, Amir Peretz y Ehud Barak, tuvieron un ejercicio mediocre tanto sobre el plano político como en sus responsabilidades como ministros de Defensa.
3. La relación entre la derecha y la izquierda es de 2/3 dentro del "país real" israelí: el país judío (80% de la población total).
Esta es una tendencia de fondo ya perceptible en anteriores elecciones. En 2006, mediante la suma de voces de la derecha propiamente dicha a las que, desde el Likud, habían sido atraídas hacia Kadima, ya se llegaba a las mismas cifras. En su configuración actual, la izquierda no puede ganar a menos que la derecha este dividida y contando con el apoyo, al menos tácito, de los partidos extremistas árabes.
4. El predominio de la derecha se debe a un reforzamiento demográfico y social de los diferentes medios religiosos.
A primera vista, los partidos religiosos disminuirán ligeramente en las próximas elecciones, pasando de 27 a 22 escaños. De hecho, sus elevados resultados en 2006 fueron consecuencia en gran parte de la confusión y el desasosiego que asaltaba entonces a la derecha después del drama de Gush Katif y de la creación de Kadima: numerosos "huérfanos del Likud" se habían dirigido hacia el Shas o a Unión Nacional. Hoy en día, ocurre el fenómeno inverso: muchos votantes religiosos se ven tentados al "voto útil", dada la gravedad de la situación, pasándose al Likud renovado de Netanyahu.
En este contexto, una eventual victoria de la derecha en 2009 podría dar lugar a una reforma de las instituciones y de la sociedad. La seguridad nacional y la economía son prioridades. Pero también lo es la educación - tanto en términos de excelencia cultural y científica, como en la transmisión de los valores judíos - y la solidaridad social. Israel nunca ha estado tan cerca de encararlo de una manera tan profunda. Dieciocho, en la tradición judía, es el número de la vida.
En dos meses, el 10 de febrero de 2009, los israelíes elegirán a su décimo octava Knesset. Por ahora, las encuestas son favorables a la derecha. Según una encuesta realizada por Panels Ltd a últimos de noviembre, el partido conservador Likud, encabezado por Benjamin Netanyahu, obtendría 35 escaños contra 12 actualmente; los partidos religiosos 22 escaños en lugar de los 27 de ahora; y el partido nacionalista secular, Israel Beiteinu, 9 escaños en lugar de 11: un total de 66 escaños de 120, seis más de la mayoría absoluta contra los 50 de esta legislatura.
Enfrente, el partido centrista Kadima, fundado en 2005 por Ariel Sharon y ahora dirigido por Tsipi Livni, obtendría 26 escaños, contra 29 en la Knesset saliente; los laboristas 7 escaños en lugar de los 19 de ahora mismo; el partido de extrema izquierda Meretz 10 escaños en lugar de 5; y un total general de sólo 44 escaños, frente a los 53 anteriores. El resto de la Knesset estaría formado por los partidos extremistas árabes (diez escaños) y algunas micro-formaciones, como los ecologistas (tres escaños según algunas estimaciones) y el partido de los Pensionistas (uno o dos escaños).
Estas cifras pueden cambiar de una manera u otra. Sin embargo, varios puntos parecen ya establecidos.
1. El Likud, dado por muerto hace tres años después de la secesión de Ariel Sharon y de algunos de sus dirigentes, ha vuelto a convertirse en el primer partido del país. Esto se debe en parte al reflujo hacia la empresa matriz de muchos activistas y votantes que confiaron en Sharon hace tres años y le siguieron a Kadima, pero que ya no se reconocen en sus sucesores, Ehud Olmert y Livni, situados más a la izquierda.
A esto le ha seguido la impericia de los gobiernos Kadima desde 2006. El "nuevo Likud" presenta una imagen mucho más competente. Netanyahu ha sido ministro desde la década de 1980, primer ministro en la década de 1990, ministro de Asuntos Exteriores y de Economía en los años 2000. Durante sus últimas responsabilidades, de 2003 a 2005, estableció una reforma económica y financiera que ha asegurado al país hasta este otoño de 2008 una tasa de crecimiento elevada, en torno al 7% anual. Otra personalidad de primer plano es el ex general Moshe Yaalon, brillante jefe de personal del IDF de 2002 a 2004, y ahora director de investigación en uno de los laboratorios de ideas (think tank) más respetados de Israel, el Jerusalem Center for Political Affairs.
Por último, el "viejo Likud" anterior a 2005, estuvo plagado de escándalos, pero la mayoría de las personas que estuvieron implicadas, empezando por Sharon y Olmert, han sido el origen de Kadima. Por lo tanto, el nuevo Likud presenta una imagen más "globalmente moral". Lo que refuerza esta percepción son los riesgos que asumió al negarse a seguir a Sharon. Yaalon, a pesar de su envergadura militar e intelectual, fue cesado en 2004 a causa de su oposición al abandono de Gaza. Netanyahu dejo el gobierno en 2005 cuando se negó a apoyar la liquidación del asentamiento de Gush-Katif, el municipio judío situado en el sur de la Franja de Gaza.
2. Kadima sobrevive, sustituyendo al antiguo Partido Laborista.
A finales de 2005, Kadima parecía reunir en torno a un carismático Sharon a los "modernos" del Likud y a la izquierda Laborista, y situarse como sucesor del Mapai de David Ben Gurion, el "partido del gobierno" que había dirigido a Israel durante veinte nueve años, desde la independencia hasta 1977. Sharon fue puesto fuera de juego por su enfermedad en enero de 2006, deslizándose entonces Kadima, bajo Olmert y Livni, hacia la izquierda, uniéndose ambos a los acuerdos de Oslo y a la "hoja de ruta" en materia de política exterior, como al post-sionismo y la Kulturkampf antirreligiosa en política interior. Resultado lógico: mientras que los votantes procedentes del Likud hacían el camino de regreso, numerosos votantes laboristas se instalaron en Kadima. En términos sociológicos, estos últimos pertenecen a las clases altas y media altas, y representa para ellos un consuelo intelectual y moral nada despreciable liberarse de los últimos dogmas socialistas. Además, los dos últimos jefes del Partido Laborista entre 2006 y 2008, Amir Peretz y Ehud Barak, tuvieron un ejercicio mediocre tanto sobre el plano político como en sus responsabilidades como ministros de Defensa.
3. La relación entre la derecha y la izquierda es de 2/3 dentro del "país real" israelí: el país judío (80% de la población total).
Esta es una tendencia de fondo ya perceptible en anteriores elecciones. En 2006, mediante la suma de voces de la derecha propiamente dicha a las que, desde el Likud, habían sido atraídas hacia Kadima, ya se llegaba a las mismas cifras. En su configuración actual, la izquierda no puede ganar a menos que la derecha este dividida y contando con el apoyo, al menos tácito, de los partidos extremistas árabes.
4. El predominio de la derecha se debe a un reforzamiento demográfico y social de los diferentes medios religiosos.
A primera vista, los partidos religiosos disminuirán ligeramente en las próximas elecciones, pasando de 27 a 22 escaños. De hecho, sus elevados resultados en 2006 fueron consecuencia en gran parte de la confusión y el desasosiego que asaltaba entonces a la derecha después del drama de Gush Katif y de la creación de Kadima: numerosos "huérfanos del Likud" se habían dirigido hacia el Shas o a Unión Nacional. Hoy en día, ocurre el fenómeno inverso: muchos votantes religiosos se ven tentados al "voto útil", dada la gravedad de la situación, pasándose al Likud renovado de Netanyahu.
En este contexto, una eventual victoria de la derecha en 2009 podría dar lugar a una reforma de las instituciones y de la sociedad. La seguridad nacional y la economía son prioridades. Pero también lo es la educación - tanto en términos de excelencia cultural y científica, como en la transmisión de los valores judíos - y la solidaridad social. Israel nunca ha estado tan cerca de encararlo de una manera tan profunda. Dieciocho, en la tradición judía, es el número de la vida.
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