Tuesday, April 12, 2011

Entre Obama y la "calle árabe" - Michel Gurfinkiel



Esta entrevista, realizada por Annaëlle Sloan, fue publicada por el semanario francófono-israelí Hamodia con ocasión del lanzamiento de "¿Podrá sobrevivir Israel? Las nuevas reglas del juego" (Hugo & Co. Publishing).

Hamodia: "¿Podrá sobrevivir Israel?" El título de su último libro tiene algo de provocación...

M.Gurfinkiel: En Francia, esta cuestión vuelve a plantearse sin cesar: lo más a menudo por razones equivocadas. Esto no quiere decir que sea absurda en sí misma. Israel, a pesar de sus éxitos, sigue siendo un país pequeño. Por lo tanto un país vulnerable. Suscita solidaridades excepcionales en una parte del mundo (por ejemplo, el público estadounidense), y aversiones no menos excepcionales en otras partes del mundo (los países árabes e islámicos, grandes segmentos de la opinión pública europea). Uno puede imaginar una situación en la que el mundo llegue a conspirar en su contra. Uno puede imaginarse una situación militar y diplomática desastrosa donde el Estado judío sea a la vez asediado por sus vecinos y sometido a la presión internacional, incluido por los EEUU.

Hamodia: Lo que ustedes denomina el "escenario Zacarías”.

M.Gurfinkiel: Sí. En el capítulo XIV de Zacarías (en el ritual sinagogal, en la lectura bíblica adicional del primer día de Sucot) se describe un asalto global contra "Jerusalém", es decir, Eretz-Israel, en su identidad básica y profunda de país judío. No nos frotemos los ojos ante eventos de este tipo. Algunos políticos, como Zbigniew Brzezinski, quien fue el asesor estratégico de Jimmy Carter, pidió a Barack Obama que convocara una conferencia internacional en Jerusalém para "imponer" la paz en el Oriente Medio, y todo ello a través de una serie de presiones que obviamente sólo se ejercerían sobre Israel. Yo no sé si Brzezinski lee la Biblia. El hecho es que parece parafrasear a Zacarías o más bien a los enemigos de Israel tal como Zacarías los describe.

Hamodia: Usted dice que habitualmente se hacen dos procesos contra Israel.

M.Gurfinkiel: El primero es de naturaleza racional y política. El objetivo: acusar al Estado de Israel de haber robado de una u otra manera al pueblo árabe palestino. El segundo es de naturaleza opaca, apasionada, subjetiva, y es que a través de Israel se apunta directamente al judaísmo. He intentado mostrar en mi libro que los israelíes podrían ganar fácilmente ese primer enjuiciamiento. Pero no el segundo, pues nos reenvía a los debates fundadores de las dos grandes religiones monoteístas no judías: el cristianismo y el Islam.

Hamodia: ¿Cómo es eso?

M.Gurfinkiel: Estas dos religiones tienen, de cara al judaísmo, un problema de filiación, así pues de legitimidad. Si ambas se derivan del judaísmo, ¿por qué lo han abandonado? Hay, tanto en la una como en la otra, corrientes que tratan de resolver esta cuestión aproximándose lo más posible a la religión materna. En cambio, hay otras que sostienen que los judíos no cumplieron con su vocación y destino. Y otras en fin que consideran a los judíos como criaturas satánicas de las que deben liberarse "los verdaderos creyentes". En muchos aspectos, las posiciones que los Estados modernos - incluso los "laicos” - profesan hacia Israel simplemente reflejan estas opciones religiosas. Si Estados Unidos sigue siendo favorable al estado judío, al menos en su opinión pública, esto se debe en parte a la influencia de los cristianos judeófilos. Inversamente, el actual anti-israelismo musulmán está menos ligado al problema palestino de lo que se quiere creer, y mucho más al incremento del fundamentalista sunita o chiíta radicalmente hostil al judaísmo.

Hamodia: Usted se muestra especialmente reservado con Barack Obama.

M.Gurfinkiel: A corto plazo, la administración Obama oscila, de acuerdo con los resultados electorales, entre ser pro-Israel y el anti-israelismo. Pero a largo plazo, su "gran diseño", como el desarrollado por el presidente Obama en muchos de sus discursos oficiales - sobre todo a partir del ofrecido en El Cairo el 04 de junio 2009 -, es transformar América, que sigue siendo hasta el día de hoy una nación judeo-cristiana, en un país abierto a todas las religiones, lo que implica sobre todo abrirse al Islam. Esta transformación, inevitablemente, tendría el efecto de forzar y romper los lazos que unen a los Estados Unidos con el Estado judío. Por lo tanto, privarle de su apoyo geopolítico principal.

Hamodia: Sin embargo, los judíos de América votan a Obama.

M.Gurfinkiel: Casi el 80% de ellos votaron por Obama en 2008. Pero sólo fueron algo más del 60% en las elecciones de mitad de presidencia en el 2010. Una vez más, el peso de los puntos de vista religiosos es crucial. Los judíos de América con sensibilidad ortodoxa o "de la moderna ortodoxia" (el equivalente de los "Dati-Leumi" o los "sionistas religiosos” de Israel) votan de manera pragmática, basándose en lo que creen que son los intereses prácticos del pueblo judío: la mayoría de ellos consideran a Obama como una amenaza y no le votan. Pero representan solamente alrededor del 20% de los judíos estadounidenses. La judíos no ortodoxos de una cierta edad (que son "conservadores" , es decir, semi-tradicionalistas, o bien reformistas) han sido inducidos a votar por Obama en el 2008, pero a menudo han cambiado de opinión en el 2010. Por último, los judíos no ortodoxos de menos de 50 años - que ya no serían judíos en un sentido halájico estricto, y que han sustituido la Torá por una especie de "religión del progreso humano o progresista" - siempre votan por Obama.

Hamodia: Usted escribe en su libro un capítulo fascinante sobre la "calle árabe"...

M.Gurfinkiel: Donde rige la unanimidad, o la presión social generalizada para hablar en términos científicos.

Hamodia: Un capítulo, en cualquier caso, qué anuncia las revoluciones actuales...

M.Gurfinkiel:
Las revoluciones actuales tienen causas diversas y variadas. ¿Pueden dar lugar a regímenes democráticos en el sentido occidental de la palabra, sobre la base de la ley, el rechazo de la violencia y las libertades personales? Nada en su funcionamiento, en los eslóganes que utilizan y en las primeras declaraciones de sus líderes, permite pensarlo. Estas revoluciones han tenido éxito - al menos en parte - sólo a través de la movilización de la famosa "calle árabe" o la "calle islámica": mediante una alineación de la élite nacionalista-islamista y sobre una apuesta verbal e ideológica contraria a Occidente, y obviamente contraria a Israel.

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Saturday, December 20, 2008

Las apuestas de la XVIII Knesset - Michael Gurfinkiel

Nunca la democracia israelí ha estado tan cerca de hacer frente a sus problemas fundamentales.

En dos meses, el 10 de febrero de 2009, los israelíes elegirán a su décimo octava Knesset. Por ahora, las encuestas son favorables a la derecha. Según una encuesta realizada por Panels Ltd a últimos de noviembre, el partido conservador Likud, encabezado por Benjamin Netanyahu, obtendría 35 escaños contra 12 actualmente; los partidos religiosos 22 escaños en lugar de los 27 de ahora; y el partido nacionalista secular, Israel Beiteinu, 9 escaños en lugar de 11: un total de 66 escaños de 120, seis más de la mayoría absoluta contra los 50 de esta legislatura.

Enfrente, el partido centrista Kadima, fundado en 2005 por Ariel Sharon y ahora dirigido por Tsipi Livni, obtendría 26 escaños, contra 29 en la Knesset saliente; los laboristas 7 escaños en lugar de los 19 de ahora mismo; el partido de extrema izquierda Meretz 10 escaños en lugar de 5; y un total general de sólo 44 escaños, frente a los 53 anteriores. El resto de la Knesset estaría formado por los partidos extremistas árabes (diez escaños) y algunas micro-formaciones, como los ecologistas (tres escaños según algunas estimaciones) y el partido de los Pensionistas (uno o dos escaños).

Estas cifras pueden cambiar de una manera u otra. Sin embargo, varios puntos parecen ya establecidos.

1. El Likud, dado por muerto hace tres años después de la secesión de Ariel Sharon y de algunos de sus dirigentes, ha vuelto a convertirse en el primer partido del país. Esto se debe en parte al reflujo hacia la empresa matriz de muchos activistas y votantes que confiaron en Sharon hace tres años y le siguieron a Kadima, pero que ya no se reconocen en sus sucesores, Ehud Olmert y Livni, situados más a la izquierda.

A esto le ha seguido la impericia de los gobiernos Kadima desde 2006. El "nuevo Likud" presenta una imagen mucho más competente. Netanyahu ha sido ministro desde la década de 1980, primer ministro en la década de 1990, ministro de Asuntos Exteriores y de Economía en los años 2000. Durante sus últimas responsabilidades, de 2003 a 2005, estableció una reforma económica y financiera que ha asegurado al país hasta este otoño de 2008 una tasa de crecimiento elevada, en torno al 7% anual. Otra personalidad de primer plano es el ex general Moshe Yaalon, brillante jefe de personal del IDF de 2002 a 2004, y ahora director de investigación en uno de los laboratorios de ideas (think tank) más respetados de Israel, el Jerusalem Center for Political Affairs.

Por último, el "viejo Likud" anterior a 2005, estuvo plagado de escándalos, pero la mayoría de las personas que estuvieron implicadas, empezando por Sharon y Olmert, han sido el origen de Kadima. Por lo tanto, el nuevo Likud presenta una imagen más "globalmente moral". Lo que refuerza esta percepción son los riesgos que asumió al negarse a seguir a Sharon. Yaalon, a pesar de su envergadura militar e intelectual, fue cesado en 2004 a causa de su oposición al abandono de Gaza. Netanyahu dejo el gobierno en 2005 cuando se negó a apoyar la liquidación del asentamiento de Gush-Katif, el municipio judío situado en el sur de la Franja de Gaza.

2. Kadima sobrevive, sustituyendo al antiguo Partido Laborista.

A finales de 2005, Kadima parecía reunir en torno a un carismático Sharon a los "modernos" del Likud y a la izquierda Laborista, y situarse como sucesor del Mapai de David Ben Gurion, el "partido del gobierno" que había dirigido a Israel durante veinte nueve años, desde la independencia hasta 1977. Sharon fue puesto fuera de juego por su enfermedad en enero de 2006, deslizándose entonces Kadima, bajo Olmert y Livni, hacia la izquierda, uniéndose ambos a los acuerdos de Oslo y a la "hoja de ruta" en materia de política exterior, como al post-sionismo y la Kulturkampf antirreligiosa en política interior. Resultado lógico: mientras que los votantes procedentes del Likud hacían el camino de regreso, numerosos votantes laboristas se instalaron en Kadima. En términos sociológicos, estos últimos pertenecen a las clases altas y media altas, y representa para ellos un consuelo intelectual y moral nada despreciable liberarse de los últimos dogmas socialistas. Además, los dos últimos jefes del Partido Laborista entre 2006 y 2008, Amir Peretz y Ehud Barak, tuvieron un ejercicio mediocre tanto sobre el plano político como en sus responsabilidades como ministros de Defensa.

3. La relación entre la derecha y la izquierda es de 2/3 dentro del "país real" israelí: el país judío (80% de la población total).

Esta es una tendencia de fondo ya perceptible en anteriores elecciones. En 2006, mediante la suma de voces de la derecha propiamente dicha a las que, desde el Likud, habían sido atraídas hacia Kadima, ya se llegaba a las mismas cifras. En su configuración actual, la izquierda no puede ganar a menos que la derecha este dividida y contando con el apoyo, al menos tácito, de los partidos extremistas árabes.

4. El predominio de la derecha se debe a un reforzamiento demográfico y social de los diferentes medios religiosos.

A primera vista, los partidos religiosos disminuirán ligeramente en las próximas elecciones, pasando de 27 a 22 escaños. De hecho, sus elevados resultados en 2006 fueron consecuencia en gran parte de la confusión y el desasosiego que asaltaba entonces a la derecha después del drama de Gush Katif y de la creación de Kadima: numerosos "huérfanos del Likud" se habían dirigido hacia el Shas o a Unión Nacional. Hoy en día, ocurre el fenómeno inverso: muchos votantes religiosos se ven tentados al "voto útil", dada la gravedad de la situación, pasándose al Likud renovado de Netanyahu.

En este contexto, una eventual victoria de la derecha en 2009 podría dar lugar a una reforma de las instituciones y de la sociedad. La seguridad nacional y la economía son prioridades. Pero también lo es la educación - tanto en términos de excelencia cultural y científica, como en la transmisión de los valores judíos - y la solidaridad social. Israel nunca ha estado tan cerca de encararlo de una manera tan profunda. Dieciocho, en la tradición judía, es el número de la vida.

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Sunday, January 27, 2008

El síndrome de Oxford (Oxford Union) - Michael Gurfinkiel

En 1933, Hitler acababa de llegar al poder en Alemania. El Reichstag había sido incendiado. Los opositores de todos los colores – comunistas y socialistas, por supuesto, pero también demócratas y católicos – habían sido enviados a campos de concentración. Los judíos habían perdido sus derechos políticos, civiles y sociales. Los autos de fe de libros se organizaban en las universidades más prestigiosas. Los mejores espíritus, desde Thomás Mann a Albert Einstein, y desde Fritz Lang a Stefan George, tomaban el camino del exilio. Toda Alemania se ponía a andar al paso; cualquiera podía entrever, detrás de las cohortes de los SA (precedente de las SS) de camisa parda y antorchas en la mano, la futura Wehrmacht y los futuros Waffen SS. Fue ese el momento que escogió la asociación de estudiantes de la universidad de Oxford, en Inglaterra, para declarar solemnemente que sus miembros no lucharían, en ningún caso y de ahora en adelante, « por el Rey y por la patria ».

Hay varias lecciones que extraer de este desgraciado episodio.

- La primera lección es que se puede pertenecer a un prestigioso medio intelectual y no comprender nada del mundo real, o inclusive, negarse a mirarlo de frente.

- La segunda lección es que las lecciones del pasado no siempre tienen el alcance que deberían tener. Está bien comprender las faltas del pasado, pero es mejor comprender que el pasado(el ayer) no es el presente(el hoy) y aún menos el futuro(el mañana). Declarándose contrarios a la guerra en 1933, los estudiantes de Oxford pensaban ante todo, y podemos absolverles en este punto, en el anterior conflicto bélico, la absurda matanza de 1914-1918. Pero ellos no veían, o incluso se negaban a considerarlo como una simple hipótesis, que un conflicto de una naturaleza muy diferente se preparaba.

- La tercera lección es que la debilidad moral atrae la desgracia. Los testimonios de los jerarcas nazis concuerdan: la declaración de los estudiantes de Oxford convenció a Hitler de la degeneración de las democracias y lo animó a ir de agresión en agresión hasta la guerra total.

- La cuarta lección es que los intelectuales comprenden tan poco el mundo real que a veces son capaces, cuando éste les sorprende finalmente, de reacciones sanas, de las cuales ellos mismos se sorprenden. La mayoría de los firmantes de la declaración de 1933 y que sostuvieron la capitulación de Munich de 1938, cumplieron finalmente con su deber, como británicos y como hombres, a partir de 1939.

Si evoco hoy al Oxford de 1933, es porque el Oxford de 2008 acaba de tomar el relevo. La misma asociación de estudiantes ha debatido esta vez sobre Israel. Para ello invitó a Norman Finkelstein, catedrático de universidad americano de origen judío y especializado en un anti-israelismo radical, y a Ted Honderich, profesor del University College de Londres, y que comparte casi exactamente las mismas ideas. Una votación, al final de esta confrontación entre clones, debía decidir si Israel tenía derecho a existir. Por 100 votos de mayoría, es decir, muy ajustadamente, este derecho ha sido confirmado. No como consecuencia de una movilización de los verdaderos amigos de Israel, sino simplemente porque Finkelstein y Honderich, como finos y distinguidos funcionarios del intelecto, y muy atentos a la hora de cuidar su reputación a largo plazo, embrollaron las pistas. El primero sostuvo la moción del derecho de Israel a la existencia – antes de votar en su contra. El segundo se opuso – antes de proclamar que este debate era "una farsa ".

Conclusión provisional: estamos en 1933; el Hitler actual cuenta con la cobardía mental del Occidente democrático; una última reacción no está excluida, pero a condición de trabajar para ella sin descanso.

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Tuesday, January 08, 2008

La Segunda Guerra de Independencia de Israel - Michel Gurfinkiel


Guardian israelí ante la luna libanesa - Jean-Paul Ney

¿Si los jóvenes israelíes de 2008 se reencontrarán en la situación de sus abuelos o bisabuelos en 1948, en vísperas de la independencia, qué movimiento de resistencia judía sostendrían? ¿El Haganah, la organización militar semioficial que emanaba de la Agencia judía, dominada por los partidos de izquierda, y profesando una doctrina de moderación estratégica? ¿El Irgun, nacido dentro del sionismo de derechas, y apelando a una inmediata rebelión contra los Británicos y a una conquista del conjunto de Eretz-Israël? ¿O el grupo Stern, ultranacionalista, dispuesto a recurrir a los métodos más duros para asegurar la creación de un estado judío? Este sondeo ha sido organizado a finales del 2007. Los resultados son elocuentes. El 40% de los jóvenes interrogados escogieron el Haganah, un 30% el Irgoun y el 30% restante el grupo Stern. En otras palabras, la línea dura capta al 60% frente el 40% de la moderada.

Otros sondeos, tratando de cuestiones cercanas a la anterior, dan los mismos resultados. Los jóvenes israelíes votan mucho más a la derecha que sus mayores, y manifiestan también un patriotismo mucho más nítido. Y eso es verdad tanto en los laicos como en los religiosos, en los jóvenes nacidos en el país como en los inmigrantes, en los ashkenazis como en los sefaradíes, en hombres como en mujeres. La comisión Winograd, que analizó los desfallecimientos del Tsahal durante la Segunda Guerra del Líbano en 2006, confirmó que los jóvenes combatientes, que formaban parte de las unidades profesionales, o del contingente de reservistas, habían tenido una conducta por encima de cualquier reproche y un « alto grado de motivación ».

¿Por qué esta radicalización? Estamos tentados a responder: porque los jóvenes israelíes tienen cerebro. El país en el cual ellos han crecido y en donde van a vivir es moderno, rico, futurista, tecnológico y alegre, pero está amenazado. En el 2000, cuando fue elegido por sufragio universal primer ministro, Ariel Sharon comentó que « Israel estaba confrontado a su Segunda Guerra de Independencia ». Ocho años más tarde, esto sigue siendo verdad. Sharon tuvo el inmenso mérito de quebrar parcialmente la amenaza en Cisjordania, pero también tomó decisiones arriesgadas respecto a la Franja de Gaza, decisiones que, en las manos de sus sucesores, se revelaron catastróficas. A principios de 2008, las nubes negras se amontonan:

- Hezbollah en el Líbano y Hamas en la Franja de Gaza han demostrado que podían golpear a la población civil israelí a su antojo, y sobrevivir. El resultado: las regiones que se encuentran en las cercanías más inmediatas se despueblan. Esto anima a estas dos organizaciones jihadistas a golpear más fuerte y más lejos. Después de Sdérot, el siguiente blanco es Ashkelon. Después de Galilea, se halla el corazón demográfico de Israel, la región de Tel-Aviv, Gush-Dan en hebreo, que podría encontrarse a corto plazo bajo el alcance de misiles Kassam o Katyushkas lanzados desde Cisjordania.

- Egipto, país árabe supuestamente moderado, habiendo firmado un tratado de paz con Israel desde 1978, traiciona sus compromisos, uno tras otro, con un cinismo obsceno. El asunto de esos dos mil pseudo peregrinos de la Franja de Gaza hacia Arabia Saudita, de los cuales existía el compromiso por parte de Egipto de garantizar su control, y que finalmente han regresado a la Franja de Gaza sin menor el control, es ejemplar. Que este país haya actuado de esta manera durante la visita privada y oficial del presidente francés sobre su territorio no disminuye en nada, es evidente, la gravedad de su comportamiento.

- Los árabes israelíes – 1,3 millones de almas, el 17 % de la población israelí – están en trance de pasarse con armas y bagajes al lado de los extremistas islamistas y árabes. La reunión que se celebró en Nazareth, ciudad israelí, es reveladora. Una muchedumbre que enarbolaba únicamente banderas palestinas, que trataba a los ministros de su país como criminales de guerra y que proclamaba su solidaridad con Hamas. Ningún país soberano toleraría esto. Ciertamente no, ni los veintidós países miembros de la Liga árabe, ni los cincuenta y dos estados miembros de la Conferencia islámica.

El Oriente Próximo sólo conoce la fuerza. Es lamentable. Pero así son las cosas. Si Israel se retira de un territorio, no aparecerá a los ojos de sus vecinos árabes como un país maduro y generoso, sino como un país débil. Si no se encuentra capacitado para ejercer represalias con respecto a Egipto, le continuará traicionando. Si el Estado judío no convence a sus ciudadanos árabes de su voluntad política, estos últimos acabarán definitivamente del lado del jihadismo.

Los jóvenes israelíes lo saben. Ellos pelearán. Sólo merecen nuestro respeto y nuestro apoyo.

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