Tuesday, March 17, 2009

Es el momento de contrarrestar a Lieberman - Gadi Taub - Ynet

Avigdor Lieberman en el Ministerio de Asuntos Exteriores es la última cosa que necesita Israel en estos momentos. Dondequiera que vaya, los medios de comunicación locales dirán que el representante oficial del Estado de Israel es alguien que propone que se revoque la ciudadanía a los árabes israelíes.

Ya tenemos suficientes enemigos de Israel que dicen: “ya os lo dijimos, el sionismo es racismo y un Estado judío es un estado de apartheid”. Con Lieberman al frente, sería difícil para nosotros explicar que sus ideas, que contradicen nuestro espíritu democrático, también están en contradicción con la posición sionista, la estructura constitucional de Israel, y su Declaración de Independencia.

Sin embargo, Lieberman puede obtener el Ministerio de Asuntos Exteriores ya que logró 15 diputados y nada puede ocultar este hecho. Los verdaderos partidos sionistas, tanto a derecha como a izquierda, que creen en un Estado judío y democrático deben tenerlo en cuenta. Deben preguntarse cómo ha ocurrido y cual es el origen de esta situación.

Por lo general, la mayoría de esos partidos elude la cuestión de la relación entre la mayoría judía y la minoría árabe. La derecha tiende a ignorar la angustia de los árabes israelíes, mientras que la izquierda sólo tiende a ser consciente de esa angustia y, por lo tanto, se mantiene totalmente en silencio ante hechos por parte de esa minoría que son contradictorios con su pretendido deseo de incorporarse a la sociedad civil.

En medio, tenemos a un gran grupo de votantes cuya impresión de la minoría árabe se basa fundamentalmente en la conducta de los miembros árabes de la Knesset. Sin embargo, la impresión creada por estos diputados va mucho más allá de ser engañosa. Algunos de ellos violan la ley mientras apoyan a estados enemigos de Israel en momentos de guerra. Otros no tienen más placer que, y no tengo otra palabra mejor para describirlo, que tratar de provocar a la mayoría judía. En nombre del derecho a la libre determinación de la minoría se niega ese mismo derecho a la mayoría y deliberadamente se concentran en profundizar las heridas en el lado judío.

Estas provocaciones envían cada vez más electores al campo de Lieberman. Mientras tanto, éste propone una inmoral y antidemocrática solución al problema de la relación entre la mayoría y la minoría, pero al menos ofrece algo, o al menos lo parece (en la práctica que no ofrece nada, sus propuestas no tienen ninguna posibilidad de materializarse).

Por lo tanto, quizás ha llegado el momento de empezar a abordar la cuestión más en serio. El peligro al que se enfrentan los árabes israelíes - la discriminación en las transferencias de fondos del gobierno, la discriminación en el empleo y la visión negativa de ellos - son una peliaguda cuestión que requiere de cuidados intensivos. La derecha haría bien si interioriza este asunto: la creciente angustia no fomenta una ciudadanía fiel. Sin embargo, la izquierda también tiene que aprender alguna cosa.

La incontrolada e irresponsable provocación de los diputados árabes no debe ser aceptada con ningún tipo de comprensión. De hecho, no debería barajarse la proscripción de sus partidos - de hecho no sería prudente -, pero tampoco deberíamos ignorar su apoyo al enemigo en tiempos de guerra y permanecer en silencio de cara a una campaña que apunta a deslegitimar el derecho de los judíos a un estado.

Sin embargo, no sólo debemos responderles, también debemos trabajar políticamente: eliminando la discriminación por una parte, pero por supuesto insistiendo en sus obligaciones civiles por la otra. No debemos implantar tests de lealtad o amenazas de revocación de la ciudadanía, en cambio, por ejemplo, podemos introducir el servicio nacional en el sector árabe (en contraposición a la oposición de los diputados árabes, la gran mayoría de la opinión pública árabe apoya dicho servicio: el 74% según una encuesta realizada por el profesor Sami Samocha).

No habrá manera de neutralizar el "Liebermanismo" en el caso de que éste pueda seguir retratándose a sí mismo como el único que se atreve a responder a las provocaciones de los diputados árabes y el único que ofrece una solución a la cuestión de las relaciones entre la mayoría y minoría. Los partidos sionistas, todos ellos, deben presentar una posición y una respuesta sobre esta cuestión. Esa es su responsabilidad.

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