Obama no acompaña [La arrogancia de pretender resolver un problema del cual no sabe nada] - Guy Bechor - Ynet
Cuando he leído que el presidente Obama pediría la normalización de las relaciones entre el mundo árabe e Israel, desde el inicio de su "plan de paz", me he encogido de hombros. Pero cuando he leído que se aprestaba a instalar a los refugiados palestinos en los países árabes donde hoy viven y darles una compensación económica, me he reído bastante.
Son sueños, ilusiones, tanto como la visión de una "democracia árabe" por parte de su predecesor, esa visión que se derrumbó con estrépito ocasionando un desastre en la región. Realmente, resulta un plan propio de un indocumentado que cree que el conflicto árabe-israelí puede ser resuelto por medio de un gesto ágil y arrogante. Parece evidente que el que propone tal tipo de plan no entiende la historia, la demografía y, sobre todo, las aprensiones en la región.
Los Estados árabes nunca renunciarán a su demanda de reenviar a los refugiados palestinos a Palestina, es decir, a Israel, y quizás algunos de ellos a los territorios autónomos. ¿Por qué? Porque es un tema sagrado. Esos refugiados son el símbolo de las aspiraciones del mundo árabe, en política como en religión, a la que nadie puede renunciar. Esa obstinación en solicitar el regreso de los refugiados palestinos a "sus hogares" es el denominador común que une a Hezboláh y a los cristianos del Líbano, a Arabia Saudita e Irán, y tiene más valor que el oro.
La clase política árabe exige el "derecho de retorno", no por el bien de los palestinos - !Dios no lo quiera!, ya que son despreciados en los países árabes -, sino para debilitar el Estado judío, para destruirlo desde el interior y ahogarlo en una marea palestina. La suerte y situación de los palestinos no preocupa en el mundo árabe, lo que sí les interesa al más alto grado es el problema palestino, ya que al igual que detestan al pueblo palestino mientras adoran el problema palestino, detestan a los refugiados palestinos mientras, por contra, aman "su derecho al retorno". Los países árabes no han creado y mantenido el problema de los refugiados, ya hace casi 61 años, para ahora abandonarlo.
A fuerza y medida que el tiempo transcurre, la noción de "derecho al retorno" se ha convertido en sagrada dentro del mundo árabe y en un tema tabú. Como una religión. Cuando Mahmoud Abbas visitó Beirut en 2005, se reunió con representantes de los refugiados y les prometió que regresarían "a sus casas", a sus aldeas y hogares, como si aún existieran y como si Israel no existiera. Este es el corazón del problema, ya que para los árabes supone un sujeto metafísico, algo que sobrepasa la mera existencia, puesto que en su credo los refugiados no regresan a Israel sino a los orígenes, a 1948, al momento previo a su partida.
Además, los libaneses han añadido una cláusula problemática a la iniciativa del plan de paz saudita: han decidido que los refugiados no deben ser reinstalados en los países árabes. Y es que, si los palestinos sunitas reciben la ciudadanía libanesa, el equilibrio político cambiaría completamente en perjuicio de los cristianos y de los chiítas. Y ni cristianos ni chiítas lo aceptarían. Ahora bien, 700 000 refugiados viven en el Líbano sin tarjeta de identidad, sin permiso de trabajo y sin ciudadanía.
Siria los permite en su territorio pero no los quiere, lo mismo que Egipto. Kuwait ya ha expulsado a 250.000 palestinos después de la primera Guerra del Golfo. El Irak chiíta desearía que desaparecieran de su vista y, de hecho, una forma de "limpieza étnica" está en marcha. Sólo Jordania les ha dado la ciudadanía, y permite que sean plenamente jordanos.
Entonces, ¿qué ofrece Barack Obama? Una solución ilusoria que contribuye únicamente a sus propios objetivos, sin tener en cuenta los recelos en la región, y haciendo prueba de ignorancia, de desprecio por los temores regionales, de ceguera y de pretensiones. Al igual que [ese fue el caso de] los acuerdos de Sykes-Picot, firmados en el siglo pasado, después de la Primera Guerra Mundial, cuando las fronteras fueron trazadas sin tener en cuenta la población, las tribus y las religiones, con las consecuencias que hoy se conocen, y algo podría volver a ocurrir ahora mismo.
Como de costumbre, un alto precio sería pagado en el Oriente Medio, en sangre propia.
Son sueños, ilusiones, tanto como la visión de una "democracia árabe" por parte de su predecesor, esa visión que se derrumbó con estrépito ocasionando un desastre en la región. Realmente, resulta un plan propio de un indocumentado que cree que el conflicto árabe-israelí puede ser resuelto por medio de un gesto ágil y arrogante. Parece evidente que el que propone tal tipo de plan no entiende la historia, la demografía y, sobre todo, las aprensiones en la región.
Los Estados árabes nunca renunciarán a su demanda de reenviar a los refugiados palestinos a Palestina, es decir, a Israel, y quizás algunos de ellos a los territorios autónomos. ¿Por qué? Porque es un tema sagrado. Esos refugiados son el símbolo de las aspiraciones del mundo árabe, en política como en religión, a la que nadie puede renunciar. Esa obstinación en solicitar el regreso de los refugiados palestinos a "sus hogares" es el denominador común que une a Hezboláh y a los cristianos del Líbano, a Arabia Saudita e Irán, y tiene más valor que el oro.
La clase política árabe exige el "derecho de retorno", no por el bien de los palestinos - !Dios no lo quiera!, ya que son despreciados en los países árabes -, sino para debilitar el Estado judío, para destruirlo desde el interior y ahogarlo en una marea palestina. La suerte y situación de los palestinos no preocupa en el mundo árabe, lo que sí les interesa al más alto grado es el problema palestino, ya que al igual que detestan al pueblo palestino mientras adoran el problema palestino, detestan a los refugiados palestinos mientras, por contra, aman "su derecho al retorno". Los países árabes no han creado y mantenido el problema de los refugiados, ya hace casi 61 años, para ahora abandonarlo.
A fuerza y medida que el tiempo transcurre, la noción de "derecho al retorno" se ha convertido en sagrada dentro del mundo árabe y en un tema tabú. Como una religión. Cuando Mahmoud Abbas visitó Beirut en 2005, se reunió con representantes de los refugiados y les prometió que regresarían "a sus casas", a sus aldeas y hogares, como si aún existieran y como si Israel no existiera. Este es el corazón del problema, ya que para los árabes supone un sujeto metafísico, algo que sobrepasa la mera existencia, puesto que en su credo los refugiados no regresan a Israel sino a los orígenes, a 1948, al momento previo a su partida.
Además, los libaneses han añadido una cláusula problemática a la iniciativa del plan de paz saudita: han decidido que los refugiados no deben ser reinstalados en los países árabes. Y es que, si los palestinos sunitas reciben la ciudadanía libanesa, el equilibrio político cambiaría completamente en perjuicio de los cristianos y de los chiítas. Y ni cristianos ni chiítas lo aceptarían. Ahora bien, 700 000 refugiados viven en el Líbano sin tarjeta de identidad, sin permiso de trabajo y sin ciudadanía.
Siria los permite en su territorio pero no los quiere, lo mismo que Egipto. Kuwait ya ha expulsado a 250.000 palestinos después de la primera Guerra del Golfo. El Irak chiíta desearía que desaparecieran de su vista y, de hecho, una forma de "limpieza étnica" está en marcha. Sólo Jordania les ha dado la ciudadanía, y permite que sean plenamente jordanos.
Entonces, ¿qué ofrece Barack Obama? Una solución ilusoria que contribuye únicamente a sus propios objetivos, sin tener en cuenta los recelos en la región, y haciendo prueba de ignorancia, de desprecio por los temores regionales, de ceguera y de pretensiones. Al igual que [ese fue el caso de] los acuerdos de Sykes-Picot, firmados en el siglo pasado, después de la Primera Guerra Mundial, cuando las fronteras fueron trazadas sin tener en cuenta la población, las tribus y las religiones, con las consecuencias que hoy se conocen, y algo podría volver a ocurrir ahora mismo.
Como de costumbre, un alto precio sería pagado en el Oriente Medio, en sangre propia.
Labels: Bechor, Dos Estados, Obama
1 Comments:
Más razón que un santo.
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