Saturday, January 16, 2010

Comenzando por el final - Yoel Marcus - Haaretz

En las últimas semanas, una serie de mensajes amenazantes han llegado a Jerusalén procedentes de la Casa Blanca. El asesor principal del presidente de EEUU, Rahm Emanuel, fue citado por nuestros diplomáticos en Washington diciendo que Obama estaba cansado tanto de los israelíes como de los palestinos. Emanuel les habría declarado algo parecido a que estaban perdiendo un tiempo precioso y perdiendo la oportunidad de alcanzar la paz. Finalmente, los Estados Unidos simplemente abandonarían, dejarían de ocuparse de este conflicto interminable, y dejarían sólo a Israel.

Estas advertencias preocupantes también se reflejaron en una columna de Thomas Friedman en el New York Times, en la que propuso al presidente Barack Obama lavarse las manos con respecto a nuestro conflicto y seguir los pasos del ex Secretario de Estado de EEUU, James Baker, quien dijo una vez a los líderes de Israel que llamaran a la centralita de la Casa Blanca cuando fueran en serio.

Ese tipo de opiniones asesoran al presidente de Estados Unidos de que nos dejen guisarnos en nuestro propio jugo.

No está claro quien incitó a quién, pero no hay duda de que estas observaciones indican una tendencia hacia la frustración y la ira. El hecho de que Israel, uno de "nuestros grandes aliados" según el lenguaje oficial, fuera mencionado al mismo nivel que los palestinos, los instigadores del terror en la región, apunta al hecho de que los días de intimidad y de relaciones especiales con los Estados Unidos están en peligro.

Sin embargo, aunque parecía que la época del discurso de Obama en la Universidad de El Cairo marcaba un gran avance e indicaba que el mundo abrazaba la iniciativa de establecer la paz en nuestra región, ahora todo parece haber quedado en una manifestación más de retórica calurosa.

El discurso de Netanyahu en la Universidad Bar-Ilan también fue de la misma materia. Y mientras tanto, el terrorismo de Al-Qaeda ha vuelto a alcanzar a la propia América.

Una cosa es dar consejos a un país a través del mar y otro dar consejos a un gobierno controlado por el presidente.

Al mismo tiempo, Israel se prepara para lo peor. Máscaras de gas serán en breve distribuidas a la mayoría de la población y esta semana una gigantesca simulación de un ataque biológico se llevará a cabo.

Lo que resulta común tanto a Israel como a los Estados Unidos es que ambos países han vuelto a dirigir su atención a la autodefensa contra las guerras futuras en lugar de la anhelada paz de Obama.

Como alguien que seguía las conversaciones de paz con los egipcios cuando era corresponsal del Haaretz en Washington, me preguntaba cómo dos países que habían derramado tanta sangre entre si podrían lograr la paz, especialmente cuando los líderes eran el derechista Menachem Begin y Anwar Sadat.

La verdad es que las conversaciones de paz en realidad comenzaron por el final. Comenzaron cuando ambos se dieron cuenta que, después de tantas guerras, hablando conseguirían la mayoría de sus objetivos. En una reunión secreta celebrada por Moshe Dayan en Marruecos con los asesores más cercanos de Sadat, les dio a entender que a cambio de la paz el presidente egipcio conseguiría todo lo que había perdido.

Dayan tenía tantas ganas de llegar a un acuerdo que les persuadió a comenzar a hablar de todo, incluso citó Jerusalém. Begin estaba vacilante, pero Dayan le convenció.

"¿Cuáles serian las negociaciones?", le preguntó. "Él va a exigir algo, y nosotros nos negaremos, nosotros propondremos algo y él se negará"

Se decidió en principio que el objetivo final era la paz, y dos años de negociaciones transcurrieron hasta que un acuerdo de paz fue firmado.

La administración Carter de dedicó a preparar todos los documentos y todas las alternativas posibles para que un acuerdo de paz básico saliera de Camp David.

"¿Qué haremos con el asentamiento de Pithat Rafiah en el Sinaí?", preguntó Ezer Weizman a Sadat. "Quemarlo", fue su respuesta.

Tomen nota todos aquellos que sueñan con dejar atrás los asentamientos bajo la soberanía palestina.

Egipto no sólo ganó prestigio, sino también una generosa ayuda anual de los estadounidenses. ¿Sin una participación tan profunda por parte de Washington, habría sido posible lograr una paz duradera? Eso no es un hecho.

Sadat y Begin recibieron sus premios Nobel de la Paz tras la firma del acuerdo; Obama ya ha recibido su premio como anticipo sobre la base de palabras únicamente.

No sirven de nada los arreglos temporales que no conducen a un objetivo final acordado de antemano.

Una medida como la congelación de la construcción en los asentamientos durante 10 meses es como dar un esparadrapo a un enfermo de cáncer. A pesar de que no haya semejanzas entre un acuerdo con los palestinos y un acuerdo con un Estado ya constituido como Egipto, es esencial comenzar por el final.

Los palestinos se comportan como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Dicen que estaban aquí antes que nosotros, claro que eso depende desde cuánto estén haciendo sus cuentas.

Hay personas que creen que la única persona de entre nosotros que actualmente es capaz de abandonar el territorio y el traslado de los colonos es el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, quien, como Begin, gozaría de un apoyo masivo si realizara concesiones a cambio de la paz.

Sin embargo, nada se mueve sin un plan estadounidense, sin una ofensiva a gran escala, incluso forzada, de Obama. Estamos siempre temerosos y recelosos de una solución forzada, pero lo más probable es que no haya peligro mayor que la continuación del terrorismo y la dominación demográfica palestina.

En lugar de darnos a entender su cansancio y su ira, sería mejor que Obama iniciara una propuesta de mediación o de arbitraje obligatorio a fin de lograr la paz y las fronteras definitivas entre los dos pueblos.

Labels: , ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home