¿Judío o israelí? - Aluf Benn - Haaretz

La ocupación está muerta. Terminada. Aunque no en los territorios: los palestinos en Cisjordania siguen con la esperanza de liberarse del control israelí, y lo ponen de manifiesto en las barricadas y en la lucha con sus vecinos los colonos por cada colina y cada olivar.
Pero de este lado de la valla de separación, sólo unos pocos están interesados en lo que está sucediendo al otro lado. El debate sobre los territorios aún genera problemas entre los extremistas de izquierda y derecha que se preocupan en buscarse y gritarse los unos a los otros en Sheikh Jarrah, pero ya no define el debate político en Israel.
La cuestión clave en el debate público actual gira sobre el centro de la identidad nacional de Israel: ¿cómo lograr el equilibrio adecuado entre los componentes de "un Estado judío y democrático" y el pasado y el futuro? La batalla gira en torno a los fundamentos que conformarán el alma de la corriente mayoritaria de la sociedad, la decreciente mayoría de israelíes laicos y tradicionalistas.
Los cambios demográficos están incrementando el poder de los ultra-ortodoxos y de los árabes, pero debido a las diferencias culturales y políticas entre estas dos comunidades, los judíos de Israel que conducen en Shabbat y no utilizan las filacterias continúan dirigiendo el país.
Desde que volvió al poder, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu se ha centrado en presentar al Likud como el partido del ideal sionista contemporáneo. Netanyahu se considera a sí mismo como una continuación del legado iniciado por Theodor Herzl, o por lo menos como una interpretación actualizada, y cita a menudo al líder sionista.
Su principal demanda a los palestinos, que reiteró en el inicio de las negociaciones indirectas este lunes, es que reconozcan a Israel como "un estado judío". La negativa palestina le sirve a Netanyahu en el debate interno: "estoy defendiendo los principios fundamentales y nuestros derechos históricos, en comparación con los gobiernos de la izquierda que han renunciado a ellos".
El enfoque de Netanyahu está en la raíz del Plan del Patrimonio Nacional anunciado el mes pasado y en la iniciativa pedagógica del ministro de Educación Gideon Saar.
Invitando a oficiales del IDF a las escuelas, conmemorando a los judíos ejecutados por los británicos, presentando a las organizaciones de izquierda como colaboradores en la campaña internacional de "deslegitimación" de Israel, exigiendo de los palestinos que alteren su narrativa y reconozcan el derecho judío a la Tierra de Israel, todo ello combinado en un mismo esfuerzo. Netanyahu trata de hacer revivir los símbolos de Ben-Gurianismo: la Biblia, el ejército israelí (IDF), la arqueología, Trumpeldor y Tel Hai.
"Una nación necesita conocer su pasado a fin de garantizar su futuro", dijo Netanyahu, el hijo de un historiador.
La ideología de Netanyahu, que puede ser descrita como "capitalismo nacional", pone en la misma tienda a los inmigrantes procedentes de Rusia, que se identifican con el lema de un gobierno fuerte en un estado poderoso, y a los haredim, que se identifican con el mensaje judío.
A los ojos del primer ministro, los miembros del campo rival (la izquierda) sufren de poseer poca profundidad cultural, de "una falta de conocimientos y de espíritu (judío)", al estar excesivamente centrados en sí mismos, y creyendo equivocadamente que son cosmopolitas [N.P.: ¿Particularismo vs Universalismo?, les suena esta pugna] .
Estas expresiones de Netanyahu pronunciadas en la última Conferencia Herzliya apuntan a una versión blanqueada de ese otro mensaje de que "los izquierdistas han olvidado lo que significa ser judío", característico de su anterior desempeño como primer ministro.
Contra el nacionalismo de Netanyahu se encuentra un campo (la izquierda) sin formato definido, que quiere reforzar el elemento democrático dentro de la ecuación de la identidad y crear un "Estado de Israel". Su ideología se centra en una apertura hacia el mundo, en sus esfuerzos en desarrollar a Israel como un país occidental y liberal, no fortificado, y sin nada que ver con un gheto agresivo.
Esta izquierda ha adoptado los elementos sociales de la herencia de Ben-Gurion, una ruta hacia un neo-socialismo, con una preocupación por los débiles y los refugiados y por el medio ambiente, pero también copiando los modelos del éxito mundano, tales como Shai Agassi y Bar Refaeli.
Tzipi Livni simboliza esos valores y, aunque ella no se da cuenta de que esto es así, sus electores la identificaron de esa manera durante la campaña electoral. La cuestión es si va a seguir liderando ese campo en el futuro, y a que dirección permanecerá abierta.
Netanyahu es el líder de la corriente nacional que ama al ejército y se asocia con los símbolos nacionales. La izquierda está dividida entre los intereses políticos, los cuales le obligan a buscar una entente con los árabes y a tratar de incorporarlos a la sociedad judía, y su deseo de legitimidad, lo cual le conduce a una posición de búsqueda de una mayor seguridad, lo que supone incidir en posiciones menos democráticas. Este dilema lo aprovecha la derecha, y le asegura seguir en el poder por el momento.
Un estado judío o israelí, de cara al pasado o al futuro, entre el aislamiento y la apertura, estas son las características del debate contemporáneo sobre el carácter de Israel. La disputa sobre el futuro de los territorios, en la medida en que existe, es sólo una extensión de este debate contemporáneo. Después de todo, ¿donde está Yitzhar (alusión a un alejado establecimiento en Cisjordania?


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