Monday, April 05, 2010

El plan Clinton está de regreso - Giora Eiland - Ynet

La crisis con Estados Unidos nos demuestra por enésima vez que la ambigüedad es efectivamente algo positivo siempre y cuando ambas partes la utilicen. Cuando una de las partes, y sobre todo si es una superpotencia, decide llamar a las cosas por su nombre, una nueva realidad emerge. La modificación de la realidad, o un cambio en las reglas del juego, es tolerable siempre que se coordine con anticipación. Sin embargo, estos cambios causarán un grave daño una vez que se lleven a cabo sin previo aviso por el lado más poderoso (los EEUU), y esto es precisamente lo que sucedió durante la reciente visita a Washington del primer ministro Benjamin Netanyahu.

En diciembre de 2000, el presidente Bill Clinton presentó su plan para resolver el conflicto israelo-palestino. No era una lista de principios abstractos, sino más bien numerosas propuestas concretas, técnicas, geográficas y numéricas para resolver cada uno de los temas centrales: las fronteras, medidas de seguridad, Jerusalém, los refugiados, y así sucesivamente.

Desde entonces, la noción de una solución de dos Estados ha estado en la mente de cualquier gobierno de los EEUU, y sin duda del partido demócrata, con el nombre en clave de Plan Clinton. Su esencia es la siguiente: dos Estados entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, con la frontera entre ambos basada en las fronteras de 1967 (con cambios de menor importancia), con una división de Jerusalém, con límites a la militarización del estado palestino y el no retorno de los refugiados palestinos a Israel.

Para los estadounidenses, así como para las partes en conflicto, está claro que un acuerdo definitivo sobre la base de una solución de dos Estados se ubica dentro del plan Clinton, con algunos ajustes menores, independientemente de quién sean los negociadores.

Durante nueve años, ocho de George W. Bush y uno de Obama, los norteamericanos y los israelíes prefirieron conformarse con un acuerdo ambiguo sobre el principio de dos Estados. Los primeros ministros Sharon y Netanyahu fueron capaces de vivir con este concepto abstracto. Era conveniente, tanto para los EEUU como para Israel, explicar que la naturaleza del acuerdo final era desconocida y sería objeto de negociaciones entre las dos partes.

Sin embargo, hace poco, Obama decidió no continuar con la ambigüedad y exigir que Netanyahu entienda y acepte que aprobar la solución de dos Estados significa aprobar el plan Clinton. Esto causó un gran embarazo. Netanyahu supone que las verdaderas respuestas, en todo caso, serán necesarias sólo durante las negociaciones, sin embargo, ahora se le pide que las proporcione aquí y ahora.

Mucho se ha escrito acerca de los errores cometidos en su reciente viaje a EEUU. Éstos efectivamente fueron graves, pero la mayoría de ellos fueron tácticos. El verdadero error es diferente: Netanyahu cree que el plan Clinton es malo para Israel, además sabe que no puede aplicarlo incluso si quisiera hacerlo.

En su primer encuentro con Obama, hace un año, Netanyahu debería haber dicho: "El plan Clinton no es válido. No fue una coincidencia que ambas partes lo rechazaran en 2000. Como estoy de acuerdo en que es importante resolver el conflicto, me gustaría presentar propuestas alternativas o mejoras significativas (que están disponibles, y que Netanyahu está familiarizado con ellas). Permitid que un equipo americano-israelí estudie discretamente estas ideas durante tres meses antes de formular su opinión".

En su lugar, Netanyahu aprobó oficialmente el plan Clinton (el cual, como ya he señalado, es la única interpretación estadounidense de la solución de dos Estados) Sin embargo, cuando Obama le pidió que lo dijera explícitamente en su discurso de Bar-Ilan, Netanyahu tuvo dificultades para hablar.

Las conclusiones de los estadounidense ante esto fueron sombrías: en primer lugar, Israel no tiene ideas alternativas; en segundo lugar, el plan Clinton es la única solución y no hay nada más; y en tercer lugar, el primer ministro de Israel es una persona poco fiable.

La distancia de estas conclusiones con una situación en la que los EEUU dicte un plan con un calendario vinculante, es corta. Irónicamente, podemos suponer que la posibilidad principal para salir de esta situación problemática se deriva del hecho de que los palestinos tampoco pueden aceptar el plan Clinton (el reconocimiento de un estado judío, una declaración de que ya no exigirán nada más, y la renuncia del derecho de retorno). De hecho, el líder palestino Mahmud Abbas no estaba dispuesto a discutir dicho plan Clinton con el anterior primer ministro Olmert.

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