Thursday, August 19, 2010

El Opúsculo de la conversión de Herman, el “antiguo judío” – Adam Kirsch - Tablet



En algún momento del siglo XII, en el monasterio de Cappenberg, en el oeste de Alemania, se redactó un documento fascinante y enigmático. Su título en latín, “Opusculum de conversione sua”, significa "Un breve relato sobre su conversión", y se atribuye a “Hermann quondam Judaeus”, "Herman el antiguo judío". Lo que hace a esta breve relato especialmente significativo, escribe Jean-Claude Schmitt en su recién traducido estudio sobre “La conversión de Herman el judío: Autobiografía, Historia y Ficción en el siglo XII”, es que "se presenta en una forma que hoy llamaríamos una autobiografía". En un momento en que el relato autobiográfico era muy raro, una autobiografía escrita en latín por un judío representa un hecho único.

Durante siglos, los clérigos y eruditos cristianos que leyeron el libro de Herman lo interpretaron según su sentido literal, es decir, la confesión de un judío que aprendió a “deshacerse de la oscuridad y la ignorancia del judaísmo y abrazar la verdad del cristianismo”. El Opusculum funciona, en otras palabras, como un arma textual en la lucha contra el judaísmo. Schmitt señala que la primera edición impresa de la obra, de 1687, está incluida en una antología de polémicas anti-judías cuya portada muestra una daga que, "partiendo de una nube celestial, amenaza a un viejo rabino aterrorizado".

Pero en las últimas décadas, según nos informa Schmitt, el Opusculum se ha convertido en objeto de un intenso y nuevo debate. Éste se inició en 1988, cuando Avrom Saltman, de la Bar Ilan University, publicó un artículo argumentando que ninguna persona llamada “Herman, el antiguo judío”, había existido nunca. El texto era, más bien, una "obra de ficción, una novela autobiográfica edificante", escrito por cristianos para el público cristiano, en el que la voz de un verdadero judío jamás se oye. Este “posicionamiento radical”, nos dice Schmitt, "cambió por completo los términos del debate historiográfico", y en los últimos 20 años los historiadores medievales han discutido acerca de si el Opusculum era una “autobiografía” fraudulenta. Si este debate es inusualmente ardoroso, es porque, como señala Schmitt, el juicio sobre la verdad o la falsedad del relato de Herman se basa en "una cuestión crítica: ¿podían los judíos, durante esa época, haber abandonado la fe de sus antepasados de forma consciente y sin la habitual amenaza física?"

El mejor lugar para empezar a el leer elegante y complejo estudio de Schmitt se encuentra al final del libro, cuando el texto completo del “Opusculum de conversione sua” se incluye como un apéndice. "Así pues, yo, Herman, que una vez fui llamado Judá, soy un pecador y un sacerdote indigno", así es el inicio del relato. "Yo soy del pueblo de Israel y de la tribu de Leví, y nací de David, mi padre, y de Sephora, mi madre, en la ciudad de Colonia".

Colonia era el corazón de la judería ashkenazi. Rashi, el gran comentarista, vivió en la cercana ciudad de Troyes y murió unos pocos años antes del nacimiento de este Judá ben David Halevi, a quien los expertos le ubican alrededor del año 1107. Los askenazíes eran por aquel entonces una comunidad sumida en una crisis profunda. Menos de una década antes, los cruzados habían devastado a los judíos de Renania, matando a miles de personas y obligando a otros miles de ellos a elegir entre la conversión y el suicidio. Este trasfondo histórico no aparece directamente en el texto de Herman, pero puede ser que, como sostiene Schmitt, nos informe de la discusión sobre la mejor manera de convertir a un judío al cristianismo. Nadie, destaca el propio Herman, le obligó a convertirse o le amenazó. Más bien, él nos muestra a una serie de cristianos piadosos que le enseñaron con paciencia, razonando con él, y orando por él para que viera la luz. Se lo agradece especialmente a un tal Richmar, un sacerdote de buen corazón que "actuó como un discípulo de la verdadera ley del evangelio, en la que se dice: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian". Herman implora a sus lectores a seguir este ejemplo:
[Richmar] no me maldice con actos pérfidos e indignos del compañerismo cristiano. En cambio, él me ha comunicado devotamente las obras de caridad y piedad como si yo fuera su hermano cristiano. Pueda este celo de piedad remover (conmocionar) y hacer que se horroricen aquellos que escupen al error judío (o de cualquier otro hombre), como algunos acostumbran hacerlo.
Resulta plausible como la voz de un ex judío pide misericordia para sus hermanos judíos ignorantes. Sin embargo, más adelante en el texto, cuando Herman ha tomado la decisión de convertirse, nos encontramos a un Judá (Herman) que con orgullo nos relata el secuestro de su medio hermano de 7 años de edad, porque "deseaba apasionadamente que él también se convirtiera como yo en un receptor de la divina gracia a través de la regeneración purificadora del bautismo”. La miseria de la madre del niño, la madrastra de Herman, no cuenta para nada en comparación: "el exceso de su dolor la volvió loca", escribe el propio Herman, y aunque "corrió ante los hombres principales de la ciudad lamentándose amargamente, proclamando con una voz dolorida que su hijo había sido secuestrado furtivamente”, finalmente Herman triunfó y gestionó la estancia del niño en un monasterio. En el siglo XIX, cuando un adolescente judío italiano llamado Edgardo Mortara fue secuestrado y alejado de sus padres de esa misma manera, una gran protesta se originó en todo el mundo. En el siglo XII, incluso un antiguo judío como Herman, no veía nada malo en ello.

Sin embargo, aunque estos episodios parezcan convincentemente realistas, Schmitt pone de manifiesto que también son absolutamente simbólicos, puesto que el Opusculum está totalmente estructurado siguiendo la lógica del antijudaísmo cristiano. A principios del relato, por ejemplo, Richmar le propone una prueba al joven Judá (Herman): "si, como prueba de su fe, él no tiene la sensación de ardor al llevar un hierro caliente en la mano, yo fielmente lo presentaré como una curación obra del santo bautismo”.

Sin embargo, antes de que Richmar pueda realizar ese experimento, su obispo se lo prohíbe, ya que "un signo visible que se muestra a la vista externa sería inútil si [Dios] no funciona de forma invisible a través de la gracia en el corazón de un ser humano". La escena está cuidadosamente diseñada para dar a entender la distinción fundamental entre el cristianismo y el judaísmo: los cristianos ven (por la fe y la gracia), mientras que los judíos sólo entienden lo que es literal y concreto, lo que está ante sus ojos, como por ejemplo agarrar un trozo de hierro caliente. En cambio, los cristianos entienden que lo literal es menos importante que lo espiritual, que la gracia interior es mejor que el hecho material y externo. "Esta dicotomía", nos comenta Schmitt, "estructura la verdadera oposición entre los judíos y los cristianos en el pensamiento medieval”, y aparece una y otra vez en el texto de Herman.

Cuando Judá entra por primera vez en una iglesia, se muestra disgustado por el crucifijo, que considera un ídolo "monstruoso" del tipo que el propio Dios prohíbe explícitamente. Pero cuando le plantea esta objeción a un abad, éste le enseña que el crucifijo no es un ídolo sino una forma de ayuda a la piedad: "externamente proyectamos la imagen de la muerte, mediante la imagen de Jesús a través en la cruz, pero internamente ella nos inspira amor por él".

Más tarde, cuando los compañeros judíos de Juda (Herman) comienzan a notar su interés por el cristianismo, esperan mantenerlo en el redil mediante la contundencia de su matrimonio, es decir, obligándole a llevar una vida material y corporal, con sexo y procreación. Sin embargo, después de su conversión, Herman se convierte en un monje célibe, liberándose del cuerpo para poder vivir la vida del espíritu.

Si todo lo que sucede en el relato de Herman parece diseñado para conducir a casa (al cristianismo) a gente como él, al estilo clásico de la idea anti-judía, ¿significa esto que la historia fue inventada con este propósito? ¿O bien se podría decir que Herman ha reinterpretado las experiencias reales de su vida de acuerdo con la lógica del antijudaísmo cristiano? Para Schmitt, finalmente, no hay ninguna posibilidad de decantarse entre ambas opciones, de hecho, la pregunta no tiene sentido, ya que verdaderamente la idea misma de una verdadera autobiografía no existía en la Edad Media. Esperar que cualquier persona del siglo XII se "siente en una mesa, solo, con el fin de escribir sus memorias", de la misma forma que podría hacerlo actualmente, es algo "totalmente anacrónico".

Más bien, sostiene Schimitt, el Opusculum deba leerse como el trabajo colectivo de un grupo de monjes, escribiendo para otros monjes, con el fin de comunicar y reforzar su idea de lo que es el cristianismo. El judaísmo, en el texto de Herman, así como en muchos escritos cristianos anteriores y posteriores, sirve al propósito de representar todo lo que no es el cristianismo. De esta manera, “La conversión de Herman, el antiguo judío”, ilustra un muy viejo problema que aún no ha desaparecido por completo: la dificultad de permitir que el judaísmo hable por sí misma en una cultura cristiana.

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1 Comments:

Blogger Renton said...

De esta manera, “La conversión de Herman, el antiguo judío”, ilustra un muy viejo problema que aún no ha desaparecido por completo: la dificultad de permitir que el judaísmo hable por sí mismo en una cultura cristiana.

Los EEUU como un claro ejemplo de ello... LOL!

:D

2:01 AM  

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