Friday, October 10, 2014

¿Así que quiere convertirse al judaísmo? No le será fácil - Uriel Heilman - Haaretz



Estimado amigo,

He oído que usted está pensando en convertirse al judaísmo. !Shalom Aleijem!

¿Qué tipo de conversión le gustaría?

Si es la ortodoxa, la respuesta es no, no y no. La tradición dicta que los posibles conversos sean rechazados tres veces como prueba de su verdadero compromiso.

Para una corriente o denominación más acogedora, pruebe el judaísmo reformista o de la Reforma. En 1978, el entonces líder del movimiento, el rabino Alexander Schindler, pidió suspender la costumbre del rechazo y en su lugar responder "abierta y positivamente a aquellos buscadores de Dios cuya búsqueda les conduzca a nuestra puerta".

Este verano - 36 años después - el movimiento conservador hizo lo mismo.

"La tradición a menudo no ha hecho mucho por fomentarla (la conversión). Eso debe cambiar", dijo Arnold Eisen, el rector del Seminario Teológico Judío del movimiento Conservador, escribiendo en julio acerca de la conversión en una columna del Wall Street Journal.

"¿Por qué? Porque el judaísmo necesita más judíos y tiene mucho que ofrecerles".

¿Están los estadounidenses preparados para encontrar más atractiva la llamada del judaísmo? No tenemos ni idea. Ninguna de las principales denominaciones judías mantiene registros completos de sus conversos.

Cerca de unos 200 convertidos a la Ortodoxia son certificados al año por el Consejo Rabínico de América (RCA), pero no todas las conversiones ortodoxas pasan por el sistema de la RCA. Del mismo modo, la colección de certificados de conversión del movimiento de la Reforma existentes en los Archivos Judíos de Cincinnati - aproximadamente unos 800-900 al año -, representa una recopilación totalmente voluntaria y no se limita a los conversos de la Reforma.

Sin embargo, hay unos pocos datos de alguna encuesta. En la encuesta del 2013 del Pew Research Center sobre 3.475 judíos americanos, se contaba (entre ellos) a 52 conversos, un 1,6% de los encuestados. El 54% de ellos se identificaba como Reformista, el 27% como del movimiento conservador y un 8,5% como ortodoxo.

Una encuesta llevada a cabo dentro de la comunidad en 2011 por la UJA (la Federación de Nueva York), encontró que menos del 2% de los encuestados se identificaba como converso. Sin embargo, más de un 5% dijo haber nacido fuera de la fe, pero que se consideraban judíos a pesar de no haberse convertido formalmente.

¿Pero la calidad, afín de cuentas, es más importante que la cantidad, no es así?

Así que… ¿por qué quiere convertirse? ¿Por la argumentación religiosa? ¿Por el humor judío? ¿Por nuestra receta secreta de pescado ahumado?

¿O es porque se ha enamorado de un judío/a y considera que está en buena compañía? Hasta un tercio de los conversos ortodoxos y dos tercios de los conversos conservadores elijen el judaísmo por esta razón, de acuerdo a los rabinos que participan en los programas de conversión.

La conversión puede resultar innecesaria si usted está abierto a una boda de la Reforma: El movimiento de la Reforma del Judaísmo permite los matrimonios interreligiosos, aunque aproximadamente la mitad de todos los rabinos reformistas todavía abjura de oficiarlos.

Muchos no judíos se convierten en "judíos por elección" porque son personas envueltas en una búsqueda espiritual. Otros ya estaban involucrados en una comunidad judía. Sobre todo en el movimiento de la Reforma, muchos conversos son miembros de la comunidad desde hace bastante tiempo y deciden incorporarse formalmente a la fe solamente años después de estar casados con un judío/a, criando a sus hijos como judíos y asistiendo a la sinagoga.

Eso no significa que los “novatos” no sean bienvenidos, por supuesto. Después de 14 semanas más o menos de un curso de Introducción al Judaísmo del movimiento de la Reforma, usted puede ser invitado a unirse al pueblo judío, incluso si usted todavía no se siente completamente judío/a.

"Un enfoque más tradicional de la conversión podría decirle que tras un período más prolongado de estudio, pasaría una prueba y entonces usted estaría listo para convertirse", dice el rabino Josh Bennett del Templo de Israel en West Bloomfield, Michigan, la mayor sinagoga reformista en los Estados Unidos. "El movimiento de la Reforma en el Templo de Israel considera que la conversión está en algún lugar en el medio de ese proceso".

Sólo asegúrese de estar comprometido: después de convertirse, no hay vuelta atrás y pasará a ser un judío (según la mayoría de opiniones).

Puede, sin embargo, “querer más”. De hecho, una proporción sustancial de conversos a la ortodoxia fueron anteriormente conversos a la Reforma o al movimiento Conservador, y luego quieren el imprimatur de una conversión ortodoxa, o bien eran unos individuos criados como judíos que posteriormente se dieron cuenta que no podían ser calificados como judíos de acuerdo a la ley tradicional judía o la Halajá.

¿Listos para entrar? Bien, van a tener que ir ante un panel de tres jueces religiosos a los que se denomina beit din, declarar su fidelidad a la fe y, probablemente, darse un chapuzón en una mikvah  (requerido por las corrientes ortodoxa y conservadora, alentado por la Reformista).

Ah, y está el pequeño asunto de su prepucio. Si usted es un hombre no circuncidado, va a tener que deshacerse de él - al menos si quiere convertirse a la corriente ortodoxa o conservadora -. Si ya está circuncidado médicamente, le harán una especie de marca simbólica de sangre en el lugar de la circuncisión, un ritual llamado dam brit hatafat.

¿Listos para pasar ahora a algunos de los beneficios de la conversión? Ya me lo imaginaba.

Por un lado, usted puede tener una boda conservadora u ortodoxa (suponiendo que usted consiga la conversión correspondiente). La pertenencia a la tribu también le da derecho a la ciudadanía israelí. Pero cuidado: dependiendo de con quién se convierta, usted podrá estar sujeto a ciertas restricciones en Israel.

El Rabinato, controlado por la corriente ortodoxa en Israel, no reconoce las conversiones no ortodoxas, por lo que no será capaz de casarse por la vía religiosa con un judío de allí si se ha convertido a través del movimiento Conservador o la Reforma. Los conversos ortodoxos deben demostrar su buena fe judía, y es conocido que el Gran Rabinato suele incluso mirar con cierta desconfianza hacia algunos rabinos (ortodoxos) afiliados al Consejo Rabínico de América.

¿Aún está interesado? Espero que usted no tenga demasiada prisa. La conversión requiere tiempo.

Tanto los movimientos conservadores y reformistas ofrecen clases de Introducción al Judaísmo en todos los  Estados Unidos, las cuales suelen ser de cerca de tres horas semanales en el transcurso de 14 a 18 semanas.

Adam Greenwald, un rabino conservador y director del programa de Introducción al Judaísmo en la universidad Americana Judía de Los Ángeles, dice que alienta a que los posibles conversos tengan por lo menos tres meses de "vida judía activa" antes de que den el paso. No se preocupen: eso no significa que usted tiene que comprometerse a observar el judaísmo conservador en todas sus facetas.

"Lo que yo le digo a la gente es que, a fin de convertirse, necesitan comprometerse con todas las áreas de la vida judía", dice Greenwald. "Si ellos me dicen algo parecido a 'de esta forma es como reflejo en la actualidad mi compromiso judío en mi dieta', y existe intencionalidad en su actitud, eso es suficiente para nuestros propósitos".

La conversión ortodoxa requiere un compromiso con todos los 613 mandamientos de la Torá y con las minucias de la ley rabínica, por lo que se suele pasar un año o más estudiando con un rabino o mentor religioso.

"Tiene que existir un sentido de fluidez en cómo vivir la vida como un judío observante: shabbat, kashrut, ciclo de vida, pureza familiar, conceptos básicos de la filosofía y la historia judía", nos dice el rabino Marcos Dratch, vicepresidente ejecutivo del Consejo Rabínico de América. "No existe ninguna expectativa de que un potencial converso pueda saber todo eso. Esto es más un desafío de toda una vida".

Una vez que usted se haya convertido, recuerde: Usted está en buena compañía.

Usted se habrá unido al patriarca Abraham, a la Ruth bíblica y Sammy Davis Jr. Tal vez hasta se encuentre con Gwyneth Paltrow en una mikvah.

Buena suerte.

Labels: , ,

Thursday, July 11, 2013

La conversión final - SRosner - NYTimes



El soldado Evgeny Tuluzko esta enterrado en el cementerio militar del Monte Herzl, zona A, parcela 23, fila 1, tumba 2. Murió el febrero pasado durante un entrenamiento básico, y cuando Israel celebró su Día de los Caídos, el 9 de abril, fue el ultimo de sus soldados caído en defensa de su patria.

Es costumbre en ese día de fiesta que el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel coloque una bandera en la tumba de aquellos recientemente fallecidos. Sin embargo, este año el general Benny Gantz honró la tumba no de Tuluzko. sino de Shlomo Nitzani, que murió el pasado mes de octubre. Nitzani era un teniente coronel y un héroe, mientras que Tuluzko era un simple soldado fallecido durante un entrenamiento. Más relevante aún: Nitzani era judío, y Tuluzko no lo era.

Lo que le ganó a Tuluzko el derecho a ser enterrado fuera del tramo principal del cementerio fue que el IDF se acoge a las normas religiosas establecidas por los rabinos ortodoxos, y ellas exigen que los soldados que no están reconocidos oficialmente como judíos deben ser enterrados por separado de los que sí lo son. Esta practica nos permite reflejar el curioso doble rasero existente en la consideración oficial de judeidad, ya que personas como Tuluzko provienen de familias de inmigrantes con ascendencia judía: mientras pueden obtener la ciudadanía de Israel sobre la base de sus raíces judías (por ejemplo, un abuelo judío paterno), podrían no ser reconocidos como judíos por el Rabinato (debido a que según el judaísmo ortodoxo, la herencia judía pasa a través de la madre).

Políticos, funcionarios y columnistas - incluso la familia Nitzani – se mostraron feroces en sus críticas por el desaire cometido con Tuluzko. El ejército israeli a su vez se disculpó rápidamente y prometió que tal incidente ya no volvería a ocurrir. Gantz visitó a la familia de Tuluzko y les dijo que si hubiera sabido lo sucedido (el cambio de designación de la tumba a honrar), habría colocado una bandera en su tumba.

Pero esto no era lo suficientemente bueno para Elazar Stern, un ex general y legislador. Stern, el mismo un ortodoxo observante, ha estado combatiendo arduamente contra la terquedad del Rabinato en temas como la forma de convertirse al judaísmo y si los rabinos deben adherirse a las normas civiles. "No es razonable que estos soldados que luchan hombro con hombro con sus compañeros sean separados después de su muerte", me dijo Stern por teléfono. Creyendo como cree que la ley judía no prohíbe que judíos y no judíos puedan ser enterrados en la misma parcela, inmediatamente después de su fallecimiento, propuso un proyecto de ley que obligaría a un espacio compartido en el entierro.

Tanto el ejército israelí como los partidos políticos religiosos se opusieron a la idea. El ejército israelí no quiere que los legisladores entren por la fuerza en batallas religiosas, y los partidos religiosos, así como muchos judíos ortodoxos, quieren mantener los asuntos religiosos en las manos de los rabinos. Muchos de los opositores a la propuesta de Stern afirman que no existía realmente un problema, pues para empezar los soldados no judíos son enterrados con respeto y de una manera no discriminatoria. El hecho de que Gantz colocara la bandera en la tumba equivocada solo fue un error, y eso no es razón para cambiar las reglas.

A pesar de esta oposición, Stern se sintió seguro de que tenía el poder para abogar por el cambio: sabía que contando con la opinión pública, seria difícil para el Ministerio de Defensa contrarrestar la legislación propuesta. El ejército sigue siendo una institución sagrada en Israel y el Día de los Caídos aun no se ha convertido en una mera fiesta comercial o convencional, sino que sigue siendo un momento de duelo nacional. Por ello, para la mayoría de los judíos de Israel, morir con el uniforme es, tal como afirma Stern, "la conversión final"- Cualquier soldado que ha caído por Israel es lo suficientemente judío a los efectos de poder compartir un cementerio con otros soldados.

La semana pasada, el Ministerio de Defensa acordó cambiar sus reglas y, a cambio Stern accedió a retirar su proyecto de ley. De ahora en adelante, no habrá parcelas especiales de terreno en el cementerio militar para los no judíos, solamente filas especiales dentro de parcelas compartidas.

Cuando le pregunté a Stern si estaba satisfecho con este compromiso, me dijo que "por el momento. No es el ideal, pero refleja la complicada naturaleza de la sociedad de Israel". Para él, lo más importante es acabar con "parcelas en las que solo se oye habla ruso" y que se dejen de enviarse a ciertas personas a un "área de luto no judío".

Si Stern solo está la mitad de contento con esta solución, yo estoy aún menos feliz. Creo que las filas separadas, aún en las mismas parcelas, solo deben existir para aquellas familias que las solicitan específicamente, y es de suponer que también para aquellas personas que consideran que las reglas del Rabinato son lo más importante. Como dudo que haya muchos israelíes que piensen así  - Stern, estaría de acuerdo -, la solución para el asunto Tuluzko no es mucho más que un mero compromiso. Pero si es una prueba más de que la minoría estrictamente ortodoxa de Israel ejerce demasiada influencia sobre el resto – la mayoría judía y la no judía -.

Labels: , ,

Saturday, May 25, 2013

¿Por qué ser judío cuando puedes ser israelí? - Anshel Pfeffer - Haaretz



Más de 330.000 ciudadanos de Israel se definen oficialmente como "sin religión". Esto representa a 1 de cada 25 israelíes. Y su número es cada vez mayor. Esto no es un indicador de una creciente ola de ateísmo y de impiedad, ya que cualesquiera que sean sus creencias sobre el ser supremo, una gran mayoría de este grupo se define como judío. Nacieron judíos, así se lo dijeron sus padres y, a menudo, de manera dolorosa, así se identifican ante los que les rodean en la escuela, la universidad y el mundo laboral. Fue su judaísmo lo que los motivó a mudarse a Israel y los hizo elegibles para la ciudadanía. Pero cuando por fin llegaron, se les dijo que todos los demás estaban equivocados, y que el hecho de que su padre y sus abuelos fueran judíos no quiere decir que lo fueran.

No hay tal cosa como ser solamente la mitad de judío, y siempre y cuando usted no lo es “completamente", te puedes olvidar de casarte en Israel (por la vía religiosa judía). Los sucesivos gobiernos han invertido cientos de millones de shekels para tratar de mejorar el sistema de giyur (conversión), con la creencia de que si solamente fuera más eficiente, atractivo y ágil, los israelíes "sin religión" acudirían por decenas de miles a convertido en judíos oficiales. El informe anual de la Contraloría estatal publicado la semana pasada contiene un extenso capítulo sobre las muchas deficiencias del sistema. Sigue siendo una burocracia calcificada, llena de rabinos y funcionarios hostiles, haciendo que el camino que espera a esos que deseen unirse al pueblo judío sea largo y arduo.

Al mismo tiempo, el número de conversos se ha desplomado, de 8.000 en 2007 a 4.300 en 2011. Y el número de ciudadanos "sin religión" continúa creciendo un 2-3%  cada año. Pero mientras que el sistema de conversión sigue siendo corrupto, engorroso y de ninguna manera amigable para el interesado, la Contraloría también informó que en la última década, sobre todo durante el período en que el rabino Chaim Druckman estaba a cargo, hubo una notable mejoría en la eficiencia y la actitud. Así que si el sistema es mejor de lo que era hace cinco años, ¿por qué el número de conversos se redujo a la mitad?

Otros dos detalles interesantes en el informe: convertirse al judaísmo puede ser un proceso largo y arduo, pero en los últimos años un potencial converso tiene una mejor oportunidad de conseguirlo. El año pasado sólo el 26% se retiró antes de llegar a la línea de meta, esto representa una tasa de éxito de tres sobre cuatro, lo que sin duda no está mal. Si sus posibilidades han mejorado, ¿por qué no hay más candidatos?

La cuestión se vuelve aún más sangrante si nos fijamos en la tasa de éxito de lo que se considera el curso de conversión más amable y eficiente, el que tiene lugar bajo los auspicios del IDF. Dado que los soldados están de todos modos en el ejército, y que los jóvenes israelíes viven allí una vida en común, la razón de ser del programa Nativ era que allí sería relativamente sencillo ayudar a cualquiera de los que estuviera interesado en la conversión. Del informe parece desprenderse que los cursos de estudio del Judaísmo son populares, pero al final del día, sólo el 27% de los soldados que participó en los cursos procedió en realidad a la conversión.

Encontré esta cifra sorprendente. Conocí a estos soldados-estudiantes en varias ocasiones, y siempre me parecieron entusiastas, motivados y genuinamente interesados en ampliar sus conocimientos sobre la cultura judía. Así pues, ¿por qué solamente una cuarta parta de ellos pasado a realizar una conversión real?

La única explicación posible es que estos jóvenes israelíes, que han servido en el ejército israelí y han pasado la mayor parte de su vida en Israel, simplemente no necesitan demostrar a nadie su judaísmo. Se sienten judíos e israelíes como sus amigos de secundaria y sus compañeros del ejército, y la misma idea de que tienen que pasar por una serie de ceremonias arcaicas y comprometerse a llevar una forma de vida religiosa, tal como les demandan los tribunales, les resulta algo ridículo.

¿Pero no están preocupados de que no se les permita casarse (religiosamente) en Israel, que aún no tiene una ley de matrimonio civil? La verdad es que la mayoría de ellos no están preparados para tener una boda religiosa. Así las cosas, un creciente número de israelíes ya veteranos prefieren cualquiera de las alternativas a una unión santificada por el rabinato ortodoxo. Giyur supone que así debe ser su entrada al pueblo judío, pero el resto ya se siente tan judío como cualquiera de sus amigos seculares israelíes, y los que han asistido a los cursos de judaísmo del ejército probablemente saben más acerca de la tradición judía que el producto típico del sistema de la escuela nacional (laico).

Todos los gobiernos en los últimos 17 años, han descrito la reforma del sistema de conversión como una "misión nacional", y los primeros ministros han descrito la situación en la que se encuentran cientos de miles de personas "sin religión" como "intolerable". No hay escasez de historias de horror de esos conversos inocentes que han sido explotados por unos rapaces tribunales de conversión y dejados en el limbo durante años por unos funcionarios sin corazón, ¿pero son estas historias, junto con la naturaleza generalmente antipática y obstructiva del sistema, la razón de la baja cantidad de conversos?

Los datos del informe de la Contraloría parecen indicar que aún cuando el sistema se ve obligado a realizar algunas mejoras, o cuando a los potenciales jóvenes conversos se les ofrece realmente una experiencia mucho más fácil y positiva (que incluso les da tiempo libre de sus deberes militares), sólo una pequeña parte parece estar interesada. No es en un sistema defectuoso donde está la falta, sino en todo el concepto de conversión religiosa ortodoxa que es la que falla.

El Judaísmo dejó de ser una religión proselitista a principios de la Edad Media, cuando los rabinos se vieron obligados a cesar en la conversión de gentiles bajo pena de muerte y de destrucción de toda la comunidad. Giyur se convirtió en un proceso que es intencionalmente doloroso y complicado, diseñado para eliminar pretendientes, salvo aquellas personas con las intenciones más puras y con las más fuertes convicciones. A medida que el peligro de represalias violentas fue disminuyendo y finalmente desapareció en los últimos siglos, el establishment rabínico se resistió a renunciar al control de las llaves de la puerta de entrada al pueblo judío.

Los gobiernos israelíes, temerosos a un enfrentamiento con los rabinos, trataron por contra de persuadirlos para que aliviaran gradualmente sus necesidades y adoptaran una actitud más orientada al prosélito o pretendiente. Esto ha sido un fracaso absoluto, pero no sólo debido a la intransigencia de los rabinos. La "aliyá rusa" se ha integrado bastante bien en la sociedad judía-israelí, pero no necesita que un rabino firme un certificado que afirme su derecho de pertenencia. La corriente principal de la sociedad israelí les acepta como judíos y considera a los que lo cuestionan como el sector atrasado y xenófobo.

Los políticos ultra-ortodoxos afirman que esta situación está dividiendo al pueblo judío en dos, pero hasta el momento son los únicos que parecen sentirlo así. Los rabinos lograran mantener el control del sistema de conversión, que continuará ofreciéndoles a ellos y a sus acólitos un medio de vida. Pero su obstinación ha hecho que todo el sistema de legitimidad sea irrelevante y que ello de lugar a una forma enteramente secular de entrada, y aceptación, al pueblo judío.

Labels: , ,

Saturday, May 05, 2012

¿Puede uno llegar a convertirse sin tener que cumplir los mitzvoth? – Shlomo Brody - JPost



Las controversias sobre las normas apropiadas para la conversión al judaísmo han abundado desde la época de la Ilustración y continúan confundiendo en Israel y en toda la diáspora.

La judería medieval no luchaba contra este problema, ya que las normas sociales judías esperaban generalmente de los miembros de la comunidad la observancia de la Halajá, y sin duda en el caso de los prosélitos. En este sentido, la conversión seguiría el modelo de Ruth, quien declaró a su suegra Naomi, "Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios" (Rut 1:16). La conversión a una religión minoritaria y que periódicamente sufría persecuciones también era algo relativamente poco frecuente. La vida moderna judía, que cuenta con una pluralidad de estilos de vida culturales dentro de las sociedades abiertas, ha vuelto obsoleto ese supuesto y ha generado grandes debates dentro del mundo rabínico.

El procedimiento formal para la conversión sigue siendo bastante simple: la inmersión en un mikve (baño ritual), la circuncisión para los hombres y, en los tiempos del Templo, un sacrificio de animales. El criterio más central para la conversión sigue siendo la aceptación y el respeto de los mandamientos y la motivación detrás de este consentimiento. Los sabios rabínicos no querían que la gente se convirtiera para obtener ganancias económicas o políticas, o por el bien del matrimonio, por ejemplo. A los posibles conversos se les advertía de las dificultades que podrían sufrir al convertirse en judíos, así como las penas propias del pecado. Una vez considerada sincera la conversión, se les enseñaba diversos elementos de la ley judía y se les obligaba a tomar sobre si el yugo del Cielo. Maimónides significativamente incrementaba los requerimientos con la necesidad de enseñar los fundamentos teológicos del judaísmo, un requisito no especificado por el Talmud.

Esta concepción de la conversión plantea un problema en lo referente a la conversión de los niños, los cuales se supone que no tiene la inteligencia necesaria para asumir la responsabilidad implícita en la conversión. El Talmud, sin embargo, afirma que el tribunal judicial sirve como su guardián y puede aceptar para ellos este beneficio categórico. Una vez alcanzada la mayoría de edad, el niño puede repudiar su judeidad, pero se presume su consentimiento si continúa comportándose de acuerdo con la típica práctica judía.

Este enfoque paternalista fue impugnado en la era moderna cuando los jueces rabínicos temieron que el niño pudiera ser educado en un hogar no observante, por lo que su entorno sería de pecado y se convertiría en susceptible de castigo.

Los rabinos Abraham Isaac Kook, y Yosef Elyashiv sostienen que un tribunal rabínico no puede convertir a un niño a menos que esté seguro de que crecerá convirtiéndose en una persona religiosa.

Aunque está de acuerdo en que esto sería lo preferible, el rabino Haim Grodzinsky afirma que sigue siendo meritorio para un niño la conversión ya que se convertirá generalmente en una persona observante, ya que a pesar de los posibles pecados también se incrementan las ventajas y beneficios.

El rabino Ovadia Yosef considera que se puede convertir a un niño de un hogar no observante si se mantiene el compromiso de educar al niño en un ambiente religioso que volvería realista finalmente la posibilidad de que se haría una persona observante. Esta postura fue compartida por el rabino Moshé Feinstein, quien contempla además la posibilidad de que seguía siendo meritorio para el niño poder disfrutar de la santidad del pueblo judío, mientras que sus pecados serían exculpados porque actuaba guiado por la ignorancia (de la ley judía).

Un caso más complejo implica las conversiones de adultos en las que el tribunal rabínico tiene dudas acerca de si el converso verdaderamente tiene la intención de convertirse en una persona plenamente observante. El Talmud afirma que si un converso potencial acepta todo excepto al menos un aspecto de la ley judía, el tribunal debe rechazar su candidatura. Como tales, muchos codificadores de la ley, entre ellos el rabino Feinstein, han argumentado que la conversión judía requiere la intención de observar por completo la ley judía.

Para evitar los matrimonios mixtos, el rabino Grodzinsky dictaminó de manera más indulgente que si la intención general es observar los aspectos básicos de la ley judía, inclusive si el rendimiento o cumplimiento es mediocre en ciertas áreas, la conversión debería permitirse. Su afirmación básica - que el Talmud sólo excluyó a aquellos que explícitamente condicionaban su conversión a no observar ciertas leyes - es aplicada de una manera más radical por el rabino David Tzvi Hoffmann. Para prevenir el grave pecado de los matrimonios mixtos, permitió que una mujer no judía se convirtiera al entender que iba a seguir viviendo con su marido, un cohen (un miembro de la línea sacerdotal), y tenía prohibido casarse con una conversa.

Otros académicos, como por ejemplo el rabino Abraham Kahana-Shapira, criticaron estas decisiones como infundadas sutilezas y enterrar la cabeza en la arena.

La posición más indulgente fue defendida por el rabino Benzion Uziel, quien afirmó que, incluso si sabemos que un potencial converso no se convertirá plenamente en un judío observante, los jueces mínimamente podrán tolerar una aceptación más genérica de la ley judía, con la esperanza de que el converso, con el tiempo, se convertirá en una persona observante para evitar una vida de pecado. Su planteamiento general ha sido defendida por algunas figuras contemporáneas israelíes que quieren preservar la identidad judía de aquellos israelíes que tienen ascendencia judía y se integren plenamente en el ámbito nacionalista, incluso si no son halájicamente judíos por nacimiento. Sin embargo, la preponderancia de los codificadores ha dado lugar a un rechazo de esta posición, dejando las normas de conversión como un debate divisivo.

Labels:

Wednesday, April 04, 2012

"Judíos por elección", documental de Matilde Michanie - Horacio Bernades - Pagina 12



En un episodio de Seinfeld había un dentista, cuya razón para haberse convertido al judaísmo era poder hacer chistes de judíos sin ser acusado de antisemita. Nadie de quienes desfilan por Judíos por elección lo hizo por ese motivo o alguno parecido. Sin embargo, más de uno no tiene muy claras las razones que lo llevaron a hacerlo. Lo que sí está bien claro es la férrea voluntad de ser judío que muestran todos ellos. Tan férrea como para afrontar las duras pruebas de iniciación, que van desde la circuncisión y cambio de identidad hasta, en ocasiones, el cumplimiento de las obligaciones que atañen al judío observante. Incluidas las 613 leyes sagradas y las 39 proscripciones del shabat. Todo eso, previa comparencia ante el Tribunal Rabínico que evaluará sinceridad, condiciones y aptitud del postulante. Siempre y cuando éste no se emperre en hacerlo de acuerdo con el ritual ortodoxo: en Argentina, la conversión está oficialmente prohibida desde hace casi un siglo y “por toda la eternidad”. Aunque logren pasar aquí todas las pruebas, en Israel los conversos difícilmente sean aceptados como “socios plenos” de ese club. Aún así, los obstinados existen. Judíos por elección presenta a cerca de una decena de ellos, la enorme mayoría de ellos argentinos.

Está el estudiante de derecho, amante de los idiomas, que le entró al judaísmo a partir de su fascinación por la tipografía hebrea. El que abandonó todo –país, profesión, familia– para terminar construyendo un techo santificado, de acuerdo con el ritual prescripto por la Torá. Los que se convirtieron, en cambio, junto con toda la familia: allí está el ex carnicero del Gran Buenos Aires, escuchando de boca del médico, junto al hijo mayor, cómo es eso del corte de prepucio. La chica que tuvo que mentirle al padre, diciendo que se iba a estudiar Ciencias de la Comunicación a Haifa, y allí se convirtió y se casó. El señor peruano que quiso hacerlo en tiempos de Sendero Luminoso, cuando los templos estaban cerrados en Lima. El que, no pudiendo convertirse de acuerdo con el rito ortodoxo, lo hizo a través de una corriente algo más liberal (paradójicamente llamada “conservadora”), para adoptar luego, por cuenta propia, el dogma jasídico. El que, siendo católico, cada vez que pasaba frente al templo de Córdoba y Libertad sentía “una vibración en todo el cuerpo”. La que nunca supo bien por qué, pero siempre se sintió atraída por todo lo que fuera judío. El que, habiendo conocido a un hombre que lo ayudó y resultó ser judío, se propuso serlo él también.

Algo limitado quizá por su predominancia de “cabezas parlantes”, el primer mérito del documental de Matilde Michanie –filmado en Argentina e Israel– es el de echar luz sobre un asunto infrecuente, desconocido para muchos. Asunto que requiere además protagonistas interesantes, por sus inusuales dosis de determinación, fe (no sólo en sentido religioso), perseverancia y convicción. Si, tal como alguna vez observó el escritor humorístico Sholem Aleijem, ser judío no es cosa fácil, el documental de Michanie (realizadora de Licencia número uno, sobre la Tigresa Acuña) demuestra que volverse judío es aun más difícil. Algún rabino ortodoxo explica por qué el judaísmo no es para cualquiera, algún otro algo menos ortodoxo informa bajo qué condiciones eso es posible y está el rabino progre, que cuestiona y rebate la prohibición de conversión que rige en el país, instituida en los años ’20 del siglo pasado para evitar “infiltraciones”. El segundo mérito de Michanie es el de dejar hablar sin meterse o intervenir desde el off. De resultas de ello, "Judíos por elección" expone una polifonía que no requiere estar de acuerdo con todo lo que se dice, como cuando uno de los rabinos ortodoxos afirma que, de acuerdo con el mito, sólo el pueblo judío respondió al llamado de Dios.

Tampoco hace falta estar de acuerdo con todo lo que se ve: la voz cantante tienden a llevarla aquí los hombres, con las mujeres escuchando casi siempre en silencio o sin salir de la cocina. Ahí puede pensarse, perfectamente, qué sentido tiene abrazar una religión que reserva ese lugar para la mujer. "Judíos por elección" permite hacerlo: no es una película que ejerza ningún proselitismo (como afirma un cartel inicial, en referencia al propio judaísmo), exponiendo, en lugar de ello, un mundo que está dentro de éste y se conoce poco y mal.

Labels: ,

Thursday, March 22, 2012

“Un acuerdo general sobre la conversión al judaísmo es muy poco probable" – S. Rosner



El Dr. Daniel Gordis y el rabino David Ellenson discuten sobre la conversión al judaísmo en su nuevo libro: "Juramentos de lealtad judía: Las leyes de conversión y la formulación de las políticas ortodoxas en las responsas del siglo XIX y XX".

- Las personas que se convirtieron al judaísmo en los 3.500 años de historia judía, ¿se convirtieron sobre todo a la religión judía o a la nación judía?

Como señalamos en la introducción de nuestro libro, una de las cosas que hace que el tema de la conversión sea tan problemático hoy en día es que ahora nosotros distinguimos entre categorías que hace siglos se consideraban como superpuestas. Ser miembro de la colectividad judía no era un tema sujeto a los deseos o creencias propias de un individuo, sino que era algo dictado por las reglas de la ley judía y las estructuras comunitarias que las reforzaban. Los límites entre los judíos y los no judíos estaban claramente delimitados, pero los límites entre la religión judía y la nación judía eran casi impensables. El fenómeno de las personas que desean formar parte del pueblo judío, por ejemplo, sin aceptar los principios y costumbres de la religión judía (o viceversa) es un hecho moderno. Hace miles de años, esta distinción, que nos parece tan natural hoy en día, simplemente no se daba.

- ¿Cuál sería la mejor opción para el pueblo judío como un todo: ¿tener muchos conversos aunque están menos comprometidos con el judaísmo y con la identidad judía, o tener un pequeño número de conversos mucho más comprometidos?

Es importante destacar que el nuestro es un libro académico, que trata de describir lo que creemos que estaba sucediendo en la ortodoxia en los siglos XIX y XX, sin prescribir lo que creemos que debería suceder. Como señalamos en la conclusión, citamos a muchas autoridades que tienen opiniones muy claras sobre estas cuestiones, pero nuestro objetivo explícito fue describir lo que ellos creían en lugar de escribir acerca de lo que cualquiera de nosotros podría pensar que sería deseable. En nuestro libro, señalamos a las autoridades situadas a ambos lados de esta brecha crítica. Tenemos al rabino David Hoffmann, el más importante rabino ortodoxo alemán durante el primer trimestre del siglo XX, haciendo grandes esfuerzos para encontrar formas de convertir a incluso judíos que él conocía que no eran observantes. En el período contemporáneo, hay rabinos como Yoel Bin Nun que instan a "coraje, mis colegas, coraje", y aboga por una conversión en masa de los inmigrantes rusos de Israel.

Pero también hay ejemplos opuestos. El rabino Moshé Feinstein, la más importante autoridad ortodoxa halájica en los Estados Unidos (y quizás del mundo) en el siglo XX, quien de manera explícita criticó a sus colegas ortodoxos que fueron indulgentes. "¿Qué creen ustedes que están haciendo por el pueblo judío", les preguntó. Para el rabino Feinstein, aquellos que se
Convierten y no están completamente comprometidos con el sistema halájico no representan ningún valor para el pueblo judío. Rabinos como Hoffmann y Bin Nun, por mencionar sólo dos de los que hablamos, claramente no están de acuerdo con Feinstein y abogan por un enfoque más abarcador. Tal como se deduce de nuestro libro, su excelente pregunta es la que ha dividid al pueblo judío y a sus autoridades legales durante bastante tiempo. Nuestra esperanza es escribir otro libro en el que expresemos nuestras propias opiniones sobre esta cuestión.

- ¿Necesitamos criterios diferentes para la conversión de las personas al judaísmo en Israel y en las comunidades de la diáspora judía?

A primera vista, podría parecer que no debería haber ninguna diferencia en las políticas de conversión en Israel y en la Diáspora puesto que los dictados de la ley judía no suelen cambiar de un lugar a otro. Pero como muy bien sugiere su pregunta, las cosas no son tan sencillas. Varias de las autoridades que estudiamos entienden que cuando alguien se convierte al judaísmo en los Estados Unidos, por ejemplo, se están convirtiendo en parte de una pequeña minoría, rodeada de un discurso y una cultura cristiana en su vida diaria. Por lo tanto, resulta poco probable que esa cultura más amplia en la que viven favorezca una profundización en sus compromisos judíos.

En Israel, sin embargo, las personas viven inmersas en un rico ambiente judío, en el que el lenguaje de la calle, las fiestas nacionales, el discurso en la plaza pública y mucho más, permitirían reforzar sus compromisos judíos con el tiempo. Por esta razón, algunas de estas autoridades han alegado que las normas en Israel podrían ser diferentes y más serviciales.

Sin embargo, y para estar seguros, no todas las autoridades de las que hablamos aceptarían este punto de vista. En un caso fascinante, el rabino Isaac Halevi Herzog, el primer Gran Rabino del Estado de Israel, señaló que la conversión debe llevarse a cabo "por el bien de los cielos", es decir "sin segundas intenciones". ¿Pero que sucedía con aquellos que se quisieron convertir específicamente para poder hacer aliyá y sumarse así al esfuerzo de construcción de un nuevo Estado judío? En diciembre de 1948 se determinó que, en algunos casos, la conversión por el “bien de la aliyá” debía considerarse una conversión por el “bien de los cielos”.

De este modo, tanto por la diferente naturaleza de la vida pública en la Diáspora y en Israel, como por la santidad especial que algunas autoridades religiosas atribuyeron al proceso de construcción del Estado judío, de hecho, ambos hechos han propiciado diferentes normas para la conversión en la Diáspora y en el Estado judío.

- ¿Hay alguna posibilidad de que el pueblo judío puede alcanzar un cierto nivel de unanimidad sobre la cuestión de las conversiones, o estamos condenados a tener que vivir con muchos tipos de conversiones, algunas reconocidas por ciertas comunidades y negadas por otras?

Teniendo en cuenta que prácticamente no hay tema sobre el cual el pueblo judío haya logrado la unanimidad hoy en día, es muy poco probable que, con respecto a la conversión - que como se demuestra ha sido un tema conflictivo desde la época de la Mishná - vayamos a lograr nada ni remotamente aproximado a tal acuerdo universal. La cuestión es lo que realmente significa estar "condenado (a no alcanzar esa visión general)". De alguna manera, por supuesto, una política unificada en todos los dominios del pueblo judío haría la vida mucho más simple. Todos estamos de acuerdo en quién es judío y quién no lo es, quién puede casarnos y quién no, etcétera. Pero, como hemos demostrado a lo largo de nuestro libro, las normas que uno emplea para la conversión representan, en muchos sentidos, una guía de lo que uno piensa que es la esencia misma del judaísmo. ¿Ser judío representa, en esencia, unirse a un pueblo (judío)? ¿Es una experiencia nacional? ¿Un compromiso halájico? ¿Un conjunto de principios morales?

Dependiendo de cómo se responda a esas preguntas, diferentes normas para la conversión surgirán. Para complicarlo aún más, tal vez los judíos estén en su salsa en la constante discusión sobre lo que es y representa el judaísmo, y las implicaciones políticas derivadas de las diferentes respuestas que proporcionan los judíos. Desde luego, sería mucho mejor que estos debates pudieran llevarse a cabo de una manera mucho más respetuosa de la que, lamentablemente, se lleva hoy en día.

- Y, por último, en su opinión, ¿cuál sería la solución adecuada para los inmigrantes de Israel procedentes de la antigua Unión Soviética Unión que aún no están reconocidos como judíos por parte del Estado (el Rabinato)?

Una vez más, como señalamos anteriormente, nuestro libro es de tipo descriptivo y no prescriptivo. Lo hemos escrito para un ámbito académico, nuestro papel para ilustrar lo que ha sucedido en la comunidad judía, no sugerir políticas. Pero en el último capítulo de nuestro libro, y que trata de Israel, sí mencionamos una serie de autoridades halájicas que ven a la población de origen ruso no convertida en una bomba demográfica retardada, y por lo tanto instan a la conversión masiva de estos inmigrantes rusos, posiblemente a través de la égida del ejército, en el que muchos de ellos sirven.

Lo que sin duda creo que servirá al mundo judío en general, tanto en Israel como en la Diáspora, es un retorno a la valentía y a la creatividad personal que caracterizaron a las autoridades y principales pensadores ortodoxos en los siglos precedentes, pero que, lamentablemente, hoy solamente se encuentra en los escritos de algunos valerosos aunque pocos individuos.

Labels: ,

Thursday, August 19, 2010

El Opúsculo de la conversión de Herman, el “antiguo judío” – Adam Kirsch - Tablet



En algún momento del siglo XII, en el monasterio de Cappenberg, en el oeste de Alemania, se redactó un documento fascinante y enigmático. Su título en latín, “Opusculum de conversione sua”, significa "Un breve relato sobre su conversión", y se atribuye a “Hermann quondam Judaeus”, "Herman el antiguo judío". Lo que hace a esta breve relato especialmente significativo, escribe Jean-Claude Schmitt en su recién traducido estudio sobre “La conversión de Herman el judío: Autobiografía, Historia y Ficción en el siglo XII”, es que "se presenta en una forma que hoy llamaríamos una autobiografía". En un momento en que el relato autobiográfico era muy raro, una autobiografía escrita en latín por un judío representa un hecho único.

Durante siglos, los clérigos y eruditos cristianos que leyeron el libro de Herman lo interpretaron según su sentido literal, es decir, la confesión de un judío que aprendió a “deshacerse de la oscuridad y la ignorancia del judaísmo y abrazar la verdad del cristianismo”. El Opusculum funciona, en otras palabras, como un arma textual en la lucha contra el judaísmo. Schmitt señala que la primera edición impresa de la obra, de 1687, está incluida en una antología de polémicas anti-judías cuya portada muestra una daga que, "partiendo de una nube celestial, amenaza a un viejo rabino aterrorizado".

Pero en las últimas décadas, según nos informa Schmitt, el Opusculum se ha convertido en objeto de un intenso y nuevo debate. Éste se inició en 1988, cuando Avrom Saltman, de la Bar Ilan University, publicó un artículo argumentando que ninguna persona llamada “Herman, el antiguo judío”, había existido nunca. El texto era, más bien, una "obra de ficción, una novela autobiográfica edificante", escrito por cristianos para el público cristiano, en el que la voz de un verdadero judío jamás se oye. Este “posicionamiento radical”, nos dice Schmitt, "cambió por completo los términos del debate historiográfico", y en los últimos 20 años los historiadores medievales han discutido acerca de si el Opusculum era una “autobiografía” fraudulenta. Si este debate es inusualmente ardoroso, es porque, como señala Schmitt, el juicio sobre la verdad o la falsedad del relato de Herman se basa en "una cuestión crítica: ¿podían los judíos, durante esa época, haber abandonado la fe de sus antepasados de forma consciente y sin la habitual amenaza física?"

El mejor lugar para empezar a el leer elegante y complejo estudio de Schmitt se encuentra al final del libro, cuando el texto completo del “Opusculum de conversione sua” se incluye como un apéndice. "Así pues, yo, Herman, que una vez fui llamado Judá, soy un pecador y un sacerdote indigno", así es el inicio del relato. "Yo soy del pueblo de Israel y de la tribu de Leví, y nací de David, mi padre, y de Sephora, mi madre, en la ciudad de Colonia".

Colonia era el corazón de la judería ashkenazi. Rashi, el gran comentarista, vivió en la cercana ciudad de Troyes y murió unos pocos años antes del nacimiento de este Judá ben David Halevi, a quien los expertos le ubican alrededor del año 1107. Los askenazíes eran por aquel entonces una comunidad sumida en una crisis profunda. Menos de una década antes, los cruzados habían devastado a los judíos de Renania, matando a miles de personas y obligando a otros miles de ellos a elegir entre la conversión y el suicidio. Este trasfondo histórico no aparece directamente en el texto de Herman, pero puede ser que, como sostiene Schmitt, nos informe de la discusión sobre la mejor manera de convertir a un judío al cristianismo. Nadie, destaca el propio Herman, le obligó a convertirse o le amenazó. Más bien, él nos muestra a una serie de cristianos piadosos que le enseñaron con paciencia, razonando con él, y orando por él para que viera la luz. Se lo agradece especialmente a un tal Richmar, un sacerdote de buen corazón que "actuó como un discípulo de la verdadera ley del evangelio, en la que se dice: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian". Herman implora a sus lectores a seguir este ejemplo:
[Richmar] no me maldice con actos pérfidos e indignos del compañerismo cristiano. En cambio, él me ha comunicado devotamente las obras de caridad y piedad como si yo fuera su hermano cristiano. Pueda este celo de piedad remover (conmocionar) y hacer que se horroricen aquellos que escupen al error judío (o de cualquier otro hombre), como algunos acostumbran hacerlo.
Resulta plausible como la voz de un ex judío pide misericordia para sus hermanos judíos ignorantes. Sin embargo, más adelante en el texto, cuando Herman ha tomado la decisión de convertirse, nos encontramos a un Judá (Herman) que con orgullo nos relata el secuestro de su medio hermano de 7 años de edad, porque "deseaba apasionadamente que él también se convirtiera como yo en un receptor de la divina gracia a través de la regeneración purificadora del bautismo”. La miseria de la madre del niño, la madrastra de Herman, no cuenta para nada en comparación: "el exceso de su dolor la volvió loca", escribe el propio Herman, y aunque "corrió ante los hombres principales de la ciudad lamentándose amargamente, proclamando con una voz dolorida que su hijo había sido secuestrado furtivamente”, finalmente Herman triunfó y gestionó la estancia del niño en un monasterio. En el siglo XIX, cuando un adolescente judío italiano llamado Edgardo Mortara fue secuestrado y alejado de sus padres de esa misma manera, una gran protesta se originó en todo el mundo. En el siglo XII, incluso un antiguo judío como Herman, no veía nada malo en ello.

Sin embargo, aunque estos episodios parezcan convincentemente realistas, Schmitt pone de manifiesto que también son absolutamente simbólicos, puesto que el Opusculum está totalmente estructurado siguiendo la lógica del antijudaísmo cristiano. A principios del relato, por ejemplo, Richmar le propone una prueba al joven Judá (Herman): "si, como prueba de su fe, él no tiene la sensación de ardor al llevar un hierro caliente en la mano, yo fielmente lo presentaré como una curación obra del santo bautismo”.

Sin embargo, antes de que Richmar pueda realizar ese experimento, su obispo se lo prohíbe, ya que "un signo visible que se muestra a la vista externa sería inútil si [Dios] no funciona de forma invisible a través de la gracia en el corazón de un ser humano". La escena está cuidadosamente diseñada para dar a entender la distinción fundamental entre el cristianismo y el judaísmo: los cristianos ven (por la fe y la gracia), mientras que los judíos sólo entienden lo que es literal y concreto, lo que está ante sus ojos, como por ejemplo agarrar un trozo de hierro caliente. En cambio, los cristianos entienden que lo literal es menos importante que lo espiritual, que la gracia interior es mejor que el hecho material y externo. "Esta dicotomía", nos comenta Schmitt, "estructura la verdadera oposición entre los judíos y los cristianos en el pensamiento medieval”, y aparece una y otra vez en el texto de Herman.

Cuando Judá entra por primera vez en una iglesia, se muestra disgustado por el crucifijo, que considera un ídolo "monstruoso" del tipo que el propio Dios prohíbe explícitamente. Pero cuando le plantea esta objeción a un abad, éste le enseña que el crucifijo no es un ídolo sino una forma de ayuda a la piedad: "externamente proyectamos la imagen de la muerte, mediante la imagen de Jesús a través en la cruz, pero internamente ella nos inspira amor por él".

Más tarde, cuando los compañeros judíos de Juda (Herman) comienzan a notar su interés por el cristianismo, esperan mantenerlo en el redil mediante la contundencia de su matrimonio, es decir, obligándole a llevar una vida material y corporal, con sexo y procreación. Sin embargo, después de su conversión, Herman se convierte en un monje célibe, liberándose del cuerpo para poder vivir la vida del espíritu.

Si todo lo que sucede en el relato de Herman parece diseñado para conducir a casa (al cristianismo) a gente como él, al estilo clásico de la idea anti-judía, ¿significa esto que la historia fue inventada con este propósito? ¿O bien se podría decir que Herman ha reinterpretado las experiencias reales de su vida de acuerdo con la lógica del antijudaísmo cristiano? Para Schmitt, finalmente, no hay ninguna posibilidad de decantarse entre ambas opciones, de hecho, la pregunta no tiene sentido, ya que verdaderamente la idea misma de una verdadera autobiografía no existía en la Edad Media. Esperar que cualquier persona del siglo XII se "siente en una mesa, solo, con el fin de escribir sus memorias", de la misma forma que podría hacerlo actualmente, es algo "totalmente anacrónico".

Más bien, sostiene Schimitt, el Opusculum deba leerse como el trabajo colectivo de un grupo de monjes, escribiendo para otros monjes, con el fin de comunicar y reforzar su idea de lo que es el cristianismo. El judaísmo, en el texto de Herman, así como en muchos escritos cristianos anteriores y posteriores, sirve al propósito de representar todo lo que no es el cristianismo. De esta manera, “La conversión de Herman, el antiguo judío”, ilustra un muy viejo problema que aún no ha desaparecido por completo: la dificultad de permitir que el judaísmo hable por sí misma en una cultura cristiana.

Labels: , ,

Sunday, August 01, 2010

El proyecto de Ley de Conversión como objetivo estratégico - Israel Harel - Haaretz


Orando en el Muro Occidental - Ronen Zvulun

La incapacidad, o la falta de voluntad, para satisfacer las necesidades de más de 300.000 inmigrantes que no son judíos según la Halajá ha sido un problema frustrante durante muchos años. Estos inmigrantes no pueden convertirse incluso si lo desean, pues deben prometer mantener un estilo de vida religioso. A continuación, Yisrael Beiteinu va y presenta un proyecto de ley de Conversión que se enfrentó a un muro de oposición tanto política como de los medios de comunicación.

¿Acaso los detractores del proyecto de ley se preguntan por qué fue propuesto por el partido que más se identifica con estos inmigrantes (principalmente rusos)? Alternativamente, ¿sería posible que este partido, cuyo sentido político es el más nítido de Israel, pueda apoyar un proyecto de ley que esté dañando a sus votantes?

Puesto que no hay razón para creer que Yisrael Beiteinu o su presidente hayan cambiado su posición, debemos preguntarnos qué hay realmente detrás de la oposición a ese proyecto de ley y la amenaza - sí, la amenaza - de dividir al pueblo judío. Y también debemos preguntarnos por qué a las amenazas del judaísmo Reformista y Conservador se han unido algunos de los preconizan activa y positivamente los matrimonios mixtos, la secularización a ultranza y la des-sionización de Israel a través del Tribunal Superior de Justicia (Cabe señalar que la inmensa mayoría de los miembros de la Knesset no echaron una mano a esos procesos).

Existe algo más que un poco de ignorancia sobre la finalidad del proyecto de ley entre el judaísmo Reformista y Conservador, los cuales están amenazando con detener el flujo de donaciones de las comunidades judías en el extranjero a Israel - una decisión con la que estoy a favor, en principio -, y de convencer al Congreso de los EEUU y a los medios de comunicación americanos de que presionen a Israel para que se no apruebe la ley, algo que considero puro descaro.

Como era de esperar, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, presa del pánico por la presión de estos movimientos, ha aceptado la validez de su vana amenaza de que la ley "divide al pueblo judío".

¿Tiene Yisrael Beiteinu algún interés en dividir al pueblo judío tratando de traer a las filas del pueblo judío a todo inmigrante que lo desee? El hecho de que este partido propuso el proyecto de ley debería tranquilizar y no irritar el judaísmo Reformista y Conservador. ¿Es lógico que un partido tan dependiente de los votos de los inmigrantes que ahora mismo no se les considera judíos según la ley religiosa, proponga un proyecto de ley que convierta el proceso de conversión en aún más dificultoso?

Los movimientos Reformistas y Conservadores quieren obtener un estatuto oficial en Israel, al lado de los Ortodoxos. Estoy a favor de ello. Este deseo es la verdadera razón de su clamor. Pero incluso si el Tribunal Supremo concede su deseo, su situación no cambiará. Hay menos de 100 congregaciones en Israel que se describen como Reformistas o Conservadoras, y la mayoría son pequeñas, demasiado poco en comparación con las miles de congregaciones ortodoxas activas y crecientes. Sólo una influencia espiritual, y no la del Alto Tribunal, puede rellenar sus filas y permitir su influencia en la legislación .

El propósito del proyecto de ley de Conversión es aumentar el número de judíos (rescatando a esos inmigrantes del limbo en que se encuentra) y como tal debe ser apoyada por principio. Se trata de un objetivo estratégico, una cuestión de supervivencia para nuestro pueblo, cuyas filas están disminuyendo de manera exponencial. Los judíos de la Diáspora se encuentran en un acelerado proceso de extinción, por elección, y cada acción que aumenta la población judía en todo el mundo, ya sea legislativa o educativa, debe ser bienvenida.

Los opositores al proyecto de ley están ocultando el hecho de que no va a revocar el reconocimiento en Israel de las conversiones realizadas por Reformistas y Conservadores en el extranjero. La única división en el pueblo judío es la que llevan a cabo a diario los que se separan de él. Los cientos de miles de personas que se han alejado del judaísmo lo hicieron independientemente de las dificultades de convertirse en Israel, y esto se mantendrá también para aquellos que desertan por lo mismo en el futuro. Ni siquiera serán conscientes de la existencia, suponiendo que pase, de la Ley de Conversión.

Labels: ,