Thursday, August 19, 2010

Immanuel Kant vs Israel - Daniel Pipes



El tratado de 1795 de Immanuel Kant que aboga por la abolición de los estados nacionales (y la construcción de un gobierno internacional) ha ganado rápidamente terreno entre los intelectuales occidentales y se ha convertido en la lente a través de la cual se contempla al estado judío.

Como alguien que aprecia profundamente la civilización occidental con todos sus defectos, ha logrado, para mí representa un rompecabezas la hostilidad de muchos occidentales hacia su propio modo de vida. Si la democracia, los mercados libres y el imperio de la ley han creado una estabilidad y una riqueza sin precedentes, ¿cómo es que posible que tantos de sus beneficiarios dejen de ver esto? ¿Por qué los Estados Unidos, por ejemplo, que tanto han contribuido al bienestar humano general, inspiran tanta hostilidad? Y el pequeño Israel, el símbolo del rejuvenecimiento de un pueblo oprimido perpetuamente, ¿por qué engendra ese odio apasionado en personas por otro lado decentes hasta desear su eliminación?

Yoram Hazony del Centro Shalem de Jerusalén, nos ofrece una explicación de este antagonismo en un profundo ensayo rico en enseñanzas, "Israel visto bajo los ojos europeos". Comienza con la noción de cambio de paradigma desarrollada por Thomas Kuhn en su estudio de 1962, y lo enfoca en el ámbito del cambio de las estructuras de pensamiento en las revoluciones científicas. Este concepto sostiene que los científicos influyentes ven su pensamiento y razonamiento (y por lo tanto los parámetros de su investigación) dentro de un marco específico, de un "paradigma" determinado.

Los paradigmas son pues esos marcos estructurales en los que se basa la comprensión de la realidad. Las investigaciones y los hechos que no encajan con el paradigma en vigor o bien se pasan por alto o bien son rechazados. Kuhn repasa la historia de la ciencia y muestra cómo, en una serie de revoluciones científicas, los paradigmas cambiaron, partiendo de Aristóteles, pasando por Newton y llegando a la física de Einstein.

También existen paradigmas y sus correspondientes marcos estructurales en el ámbito de la política, y Hazony aplica esta teoría al proceso de deslegitimación de Israel en Occidente. Hazony sostiene que la posición de Israel se ha ido deteriorado durante décadas "no por tal hecho o conjunto de hechos, sino porque el paradigma a través del cual las élites ilustradas occidentales contemplaban a Israel ha cambiado". En respuesta a ese proceso de denigración de Israel, "el que se ofrezcan respuestas correctivas – una mayor moralidad militar o su importante contribución a los avances médicos y tecnológicos - no implica que vayan a tener algún impacto real favorable sobre el posicionamiento de estas élites ilustradas occidentales con respecto a Israel".

En su lugar, la única solución posible es reconocer la existencia de ese paradigma desfavorable y combatirlo.

El paradigma anteriormente vigente (y hoy en decadencia) contemplaba a los Estados-nación como algo legítimo y positivo, un medio de proteger a los pueblos y permitirles florecer. El tratado de Westfalia (1648) fue el momento clave en que se reconoció la soberanía de las naciones. John Stuart Mill y Woodrow Wilson dotaron al ideal del Estado-nación de un alcance global.

Sin embargo, este paradigma se haya actualmente "prácticamente colapsado", nos dice Hazony. El Estado-nación ya no recoge beneplácitos; muchos intelectuales y figuras políticas en Europa lo ven "como una fuente de males incalculables", y esta es una visión en proceso de rápida propagación.

El nuevo paradigma, basado a su vez en el “Tratado de la Paz Perpetua (1795)”, de Immanuel Kant, promueve la abolición de los estados nacionales y el establecimiento de un gobierno internacional. Es decir, instituciones supranacionales como las Naciones Unidas y la Unión Europea representa su ideal y a sus modelos.

Los judíos y el Holocausto desempeñan un papel central en este extraño cambio de paradigma que jubila al Estado-nación y promueve el Estado multinacional. La persecución milenaria de los judíos, que culminó en el genocidio nazi, dotó a Israel con unos fines especiales y con una legitimidad que garantizaba el viejo paradigma. Sin embargo, desde la perspectiva del nuevo paradigma, el Holocausto representa los excesos del Estado-nación, en este caso del alemán, que se volvió loco.

Bajo el viejo paradigma del Estado-nación la lección de Auschwitz se resumía en un "Nunca más", lo que significaba que un Israel fuerte era necesario para proteger a los judíos. El nuevo paradigma conduce a una afirmación muy diferente a la del "Nunca más", conduce a insistir en que ningún gobierno debe tener los medios que hagan posible replicas similares a los atropellos nazis. Según este nuevo paradigma, Israel no es la respuesta a Auschwitz. La Unión Europea sí lo es.

Que el viejo paradigma del "Nunca más" haya inspirado a los israelíes la necesidad de aplicar la política de legítima defensa más ostensible dentro del mundo occidental, ha dado lugar a que sus acciones les resulten particularmente espantosas a los defensores del nuevo paradigma.

¿Es necesario recalcar el error que supone atribuir los desmanes nazis al Estado-nación? Los nazis querían eliminar los Estados-nación. No menos que el propio Kant, ellos también soñaban con establecer un estado universal (el Reich dominador milenario). En suma, los defensores del nuevo paradigma han travestido la historia.

Los propios israelíes no son inmunes al nuevo paradigma, como el caso de Abraham Burg nos sugiere. Un ex presidente del parlamento israelí y candidato a primer ministro, cambió sus paradigmas y escribió un libro sobre el legado del Holocausto donde compara a Israel con la Alemania nazi. Ahora aboga porque los israelíes renuncien a Israel como defensor del pueblo judío. Nadie, como el triste ejemplo de Burg nos sugiere, es inmune a la enfermedad del nuevo paradigma (*1).

El ensayo de Hazony no ofrece respuestas políticas, pero al menos dibuja tres áreas donde trabajar: fomentar la toma de conciencia de la existencia de este nuevo paradigma; buscar y subrayar las anomalías y tergiversaciones que lo invalidan; y una revitalización del viejo paradigma que lo ponga al día.

Sus percepciones son profundas y muy oportunas.


(*1) - [ N.P.: El caso Avram Burg es muy interesante e instructivo. Se podría decir que el gran problema de este político israelí (que ahora parece querer volver o sondear su vuelta a la política) es su desmedida ambición y ego. Hijo de un reconocido político del sionismo religioso, perteneciente a la élite política y gubernamental israelí, apostó por ámbitos más reconfortantes y luchó denodadamente por ascender dentro del partido Laborista y la Organización Sionista Mundial para dotarse de una aureola de líder imprescindible y necesario.

Pero el caso es que su apetito no se vio recompensado lo suficientemente (humildemente sólo deseaba ser líder de su partido y primer ministro), y por ahí comenzó a certificar su “desencanto” del sionismo y de Israel. Ya en pleno “desencanto”, pero aún disfrutando ampliamente de las bicocas y negocios del poder, se paso al europeismo, adoptó la nacionalidad francesa y comenzó a loar las virtudes de la Unión Europea (y sus negocios, claro está), hasta hablar de ella como de una especie de verdadero Mesías.

Muy amigo de Ehud Olmert, y siempre dentro de la élite israelí más occidentalizada y poderosa, su imagen en Israel es muy mala porque conocen perfectamente su trayectoria y sus ambiciones (a nivel popular es detestado). De ahí también su “ubicación política” pro-europea, donde desconocen su historial, aunque sobre todo lo aprecian por su capacidad de atacar a Israel desde el propio ámbito de su elite dirigente (conoce perfectamente el papel que se espera de él). Su último conejo extraído de la chistera ha sido un novedoso partido judeo-árabe, promoviendo una especie de israelismo igualitarista desjudeizado (pero nunca desarabizado, por supuesto), aunque no parece ser más que el enésimo esfuerzo por fusionarse o recolocarse en algún partido de la muy debilitada izquierda israelí, aunque por ahí le conocen de sobra.

En suma, un ejemplo del redescubrimiento ególatra de las virtudes morales del progresismo a través del fracaso de unas desmesuradas ambiciones. ]

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3 Comments:

Blogger Unknown said...

acaso este nuevo paradigma no es impulsado por el Club Bilderberg, cuales son las verdaderas intenciones de los mas poderosos de la tierra. Creo que la historia nos enseña a los Judios que solo Israel nos protege de otra shoa, solo en Israel los judios no estan amenazados. Si no diganme un pais en donde no se admita el antisemitismo que sus autoridades no hagan la vista gorda a estas minifestaciones.

9:11 PM  
Blogger José Antonio said...

Paradigma demasiado intelectualizado para dicho fantasioso club, más cuando dicho paradigma propio de ciertas élites europeas trataría de eliminar diversos sectores estratégicos, como el militar, donde imagino que los señores del club tendrán alguna inversión.

Una cosa es la globalización económica y financiera y otra las teorías universalistas abstractas adoptadas como nuevo maná por la izquierda ex-socialista y ex-comunista.

A menos que los del citado club sean de la enésima Internacional oculta

11:57 AM  
Blogger José Antonio said...

Un apunte

siempre me ha parecido lógico que la mayoría de las personas que disfrutan de una posición privilegiada, por sus propios méritos o heredada, trate de conservarla, y eso en todas las actividades: culturales, deportivas, económicas, políticas.

No es algo malvado en sí, me parece lógico aunque no sea altruista, otra cosa muy diferente es como se trate de conservar esos privilegios y sí además está abierto a que los demás también puedan tener la opción de acceder a esa posición (compartirlos, es decir, repartirlos, me parece que es una opción que no barajan).

Las utopías igualitarias sólo han conseguido que varíe el grupo que disfruta de esa posición privilegiada y menor libertad y desarrollo

12:06 PM  

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