Friday, March 29, 2013

Obama a los palestinos: aceptar al Estado judío - Daniel Pipes


Un cambio fundamental en la política de EEUU fue pasado por alto en el aluvión de noticias sobre la agitada visita de cincuenta horas a Israel del presidente Barack Obama la semana pasada. Esa sería la exigencia de que los palestinos reconocieran a Israel como Estado judío, lo cual fue definido por el líder de Hamas Salah Bardawil como "la declaración más peligrosa de un presidente estadounidense con respecto a la cuestión palestina".

En primer lugar, algunos antecedentes: los documentos fundacionales de Israel le encaminaban a convertir al país en un Estado judío. En efecto, el sionismo moderno comenzó con la publicación en 1896 del libro de Theodor Herzl, Der Judenstaat ("El Estado Judío"). La Declaración Balfour de 1917 era favorable a "un hogar nacional para el pueblo judío". La resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1947, la cual ratificaba la partición de Palestina en dos estados, menciona el término "Estado judío" nada menos que 30 veces. La Declaración de Independencia de Israel de 1948 habla de "Estado judío" en cinco ocasiones, como por ejemplo  "... nosotros proclamamos el establecimiento de un Estado judío en Eretz Israel, que será conocido como el Estado de Israel".

Debido a esta estrecha relación, cuando la diplomacia árabe-israelí dio los primeros pasos en la década de 1970, la formula Estado judío, en gran parte, se perdió de vista, todo el mundo asumía simplemente que el reconocimiento diplomático de Israel significaba aceptar que era un Estado judío. Sólo en los últimos años los israelíes han comenzando a darse cuenta de lo contrario, como cuando los árabes israelíes llegaron a aceptar a Israel pero rechazaron su carácter judío. Por ejemplo, una importante publicación de 2006 del Centro Mossawa en Haifa, "La visión de futuro de los árabes palestinos en Israel", proponía que el país se convirtiera en un estado neutral en lo religioso y en una patria común. En pocas palabras, los árabes israelíes querían ver a Israel convertido en una variante de Palestina.

Muy atentos a este cambio lingüístico, y teniendo constancia de que la aceptación árabe de Israel ya no era suficiente (al no reconocer el carácter de Israel); los israelíes y sus amigos se dieron cuenta de que tenían que insistir en la aceptación explícita por parte árabe de Israel como un Estado judío. En el 2007, el entonces primer ministro israelí Ehud Olmert anunció que a menos que los palestinos lo reconocieran, la diplomacia quedaría paralizada: "No tengo la intención de comprometer, en modo alguno, la naturaleza del Estado judío", enfatizó. La Autoridad Palestina, inmediata y unánimemente, rechazó esta demanda. Su presidente, Mahmoud Abbas , respondió: "En Israel, hay judíos y otros viviendo allí. Nosotros estamos dispuestos a reconocerlos, nada más".

Cuando Benjamin Netanyahu sucedió a Olmert como primer ministro en 2009, reiteró esta demanda como condición previa a unas negociaciones serias: "Israel espera que los palestinos reconozcan a Israel en primer lugar como un Estado judío, antes de hablar de dos estados para dos pueblos". Los palestinos no sólo se negaron a ceder sino que ridiculizaron esa idea. Una vez más, Mahmoud  Abbas: "¿Qué es un 'Estado judío'. Nosotros le llamamos el 'Estado de Israel'. Ustedes pueden llamarse a sí mismos como quieran. Pero yo no lo voy a aceptar... No es mi trabajo.. proveer una definición para el Estado y lo que contiene. Ustedes pueden llamarse a sí mismos República sionista, hebrea, Nacional, Socialista o lo que quieran, no me importa".

Sólo seis semanas antes, Abbas criticaba de nuevo el concepto de Estado judío. El rechazo palestino de un Estado judío no podría ser más enfático.

Los políticos estadounidenses, incluyendo tanto al ex presidente George W. Bush y a Obama, se han referido de vez en cuando a Israel, desde el 2008, como el Estado judío, incluso cuando evitaron requerir a los palestinos a que hicieran lo mismo. En una declaración típica de Obama de 2011, él esbozó el objetivo final diplomático como "dos estados para dos pueblos: Israel como un Estado judío y una patria para el pueblo judío y el Estado de Palestina como la patria del pueblo palestino".

Luego, en su discurso de Jerusalén de la semana pasada, Obama repentina e inesperadamente adoptó en su totalidad la demanda israelí: "Los palestinos deben reconocer que Israel es un Estado judío".

Esta frase abre un nuevo e importante camino, y no se puede deshacer tan fácilmente. Permite además una excelente política, ya que sin ese reconocimiento, la aceptación palestina de Israel suena hueca, pues indica solamente la voluntad de denominar al futuro estado que ahora llaman "Israel" en lugar de "Palestina".

Aunque no es el único cambio en la política anunciada durante el viaje de Obama (el otro: decir a los palestinos que no establezcan condiciones previas para las negociaciones), esta vez es el más importante, ya que se cierne crudamente contraviniendo el consenso palestino. Bardawil pudo afirmar hiperbólicamente que "demuestra que Obama ha dado la espalda a todos los árabes", pero esas palabras, de hecho, establecen una disposición a enfrentarse a la cuestión central del conflicto. Lo más probable es que sea su más importante, más duradera y más constructivo contribución a la diplomacia árabe-israelí.

Labels: , ,

Sunday, April 01, 2012

Los árabes de Israel viviendo en una paradoja – Daniel Pipes - Israel Hayom



¿Pueden ser los árabes israelíes, que constituyen una quinta parte de la población de Israel (en realidad, constituyen cerca de un 17%), unos ciudadanos leales del Estado judío? Con esta pregunta en mente, he visitado recientemente varias regiones habitadas por los árabes de Israel (Jaffa, Baqa al-Gharbiya, Umm el-Fahm, Haifa, Acre, Nazaret, los Altos del Golán, Jerusalén) y mantuvo conversaciones con los principales dirigentes árabes y judíos israelíes.

He encontrado que la mayoría de los ciudadanos de árabe experimentan un intenso conflicto interno acerca de lo que supone de vivir en una comunidad política judía. Por un lado, se resienten del judaísmo como religión privilegiada del país, de la Ley del Retorno que permite únicamente a los judíos emigrar a voluntad, del hebreo como lengua principal del Estado, de la estrella de David en la bandera, y de la mención del alma "judía" en el himno. Por otro lado, aprecian el éxito económico del país, el nivel de atención sanitario y la existencia de un estado de derecho y de una democracia en pleno funcionamiento.

Estos conflictos encuentran muchas expresiones. La pequeña, poco educada, y derrotada población árabe-israelí de 1949, se ha multiplicado por diez, ha adquirido conocimientos modernos y ha recuperado su confianza. Algunas personas de esta comunidad han adquirido posiciones de prestigio y responsabilidad, incluyendo el juez de la Corte Suprema Salim Joubran, el ex embajador Ali Yahya, el ex ministro Raleb Majadele y el periodista Khaled Abu Toameh.

Pero estas pocas personas asimiladas palidecen al lado de las masas descontentas que se identifican con el Día de la Tierra, el Día de la Nakba y los documentos sobre la "Visión Futura” de la comunidad. Es revelador que la mayoría de los parlamentarios árabes israelíes, tales como Ahmed Tibi y Hanin Zoabi, son unos políticos encuadrados dentro de las filas de un antisionismo exaltado. Los árabes israelíes han incrementado cada vez más su recurso a la violencia en contra de sus connacionales judíos.

De hecho, los árabes israelíes viven dos paradojas. A pesar de que sufren de discriminación dentro de Israel, gozan de más derechos y de una mayor estabilidad que cualquier población árabe en sus propios países soberanos (desde Egipto a Siria). En segundo lugar, tienen la ciudadanía de un país al que sus hermanos árabes amenazan con aniquilar.

Mis conversaciones en Israel me llevaron a la conclusión de que estas complejidades impiden un debate robusto, entre judíos y árabes por igual, sobre todas las implicaciones de esta existencia “anómala” de los árabes israelíes. Los parlamentarios y los jóvenes extremistas violentos son desestimados como una franja poco representativa. En su lugar, se oye decir que si tan sólo los árabes israelíes recibieran más respeto y más ayuda municipal desde el gobierno central, el descontento actual se aliviaría, que hay que distinguir entre (los buenos) árabes de Israel y (los malo) árabes en la Ribera Occidental y Gaza, y se hace la advertencia de que los árabes israelíes pueden hacer metástasis con los palestinos a menos que Israel los trate mejor.

Mis interlocutores, en general, han dejado de lado mis preguntas sobre el Islam. Sentían casi como si fuera de mala educación hablar del imperativo islámico de que los musulmanes (que representan al 84% de la población árabe-israelí) deben gobernarse a sí mismos. Hablar de la unidad islámica mediante la aplicación de la ley islámica me atrajo miradas en blanco y un cambio inmediato de conversación hacia temas más urgentes.

Esta elusión me recordó a Turquía antes de 2002, cuando el turco de la calle asumía que la revolución de Ataturk era permanente y los islamistas asumieron que seguirían siendo un fenómeno marginal. Estas ideas se demostraron muy equivocadas: Una década después de que los islamistas accedieran democráticamente al poder a finales de 2002, el gobierno electo ha aplicado de una manera constante cada vez más leyes islámicas y ha construido un poder regional neo-otomano.

Mi predicción es la de una evolución similar en Israel, con los árabes israelíes más presos de unas paradojas cada vez más agudas. Los ciudadanos musulmanes de Israel seguirán creciendo en número, habilidades y confianza, convirtiéndose a la vez en una parte cada más integral de la vida del país y siendo más ambiciosos a la hora de querer deshacerse de la soberanía judía. Esto sugiere que a medida que Israel supere las amenazas externas, los árabes israelíes van a surgir como una preocupación cada vez mayor. De hecho, puedo predecir que representan el último obstáculo para el establecimiento de la patria judía anticipada por Theodor Herzl y Lord Balfour.

¿Qué puede hacerse? Los cristianos del Líbano perdieron el poder debido a que incorporaron a muchos musulmanes al país y se convirtieron en una proporción demasiado pequeña de la población del país para poder gobernarlo. Recordando esta lección, la identidad de Israel y su seguridad requieren minimizar el número de ciudadanos árabes, pero no mediante la reducción de sus derechos democráticos, y mucho menos por su deportación, sino por medidas tales como el ajuste de las fronteras de Israel, la construcción de cercas a lo largo de las fronteras, la aplicación de unas estrictas políticas de reunificación familiar, un cambio favorable de la natalidad judía y revisar con mucho cuidado las solicitudes de asilo.

Irónicamente, el mayor impedimento para estas acciones será que la mayoría de los árabes israelíes desean con mucho énfasis permanecer como ciudadanos desleales del Estado judío (en contraposición a ser unos ciudadanos leales de un Estado palestino). Además, muchos otros musulmanes del Oriente Medio aspiran a convertirse en israelíes (un fenómeno que yo llamo la aliyá musulmana). Estas preferencias, predigo, obstaculizaran la labor del gobierno de Israel, que no va a poder desarrollar las respuestas adecuadas, lo que convierte la relativa calma actual en la crisis de mañana.

Labels: ,

Saturday, February 25, 2012

Con el tiempo, todos los seres humanos serán refugiados de Palestina - Daniel Pipes


Robert Capa, inmigrantes judíos en el campo de absorción de Shaar Ha'aliya, Haifa - Magnum Photos.

(Hoy, en Bobelia, en el suplemento cultural del Global, aparece una reseña de uno de esos típicos y tópicos literatos de la izquierda del país del buen rollito sobre un libro de memorias o recuerdos del famoso poeta palestino M.Darwish. Obviamente, la reseña responde a lo previsible, habla de la expulsión de palestinos - y también de como algunos de ellos, como la familia de Darwish, pudo regresar a Galilea -, de Sabra y Chatila, cómo no, e inclusive de una "limpieza étnica" en Gaza (¿la de los colonos judíos?). Pero lo surrealista es la foto de apoyo, que se titula ambiguamente "desplazados en Haifa en 1950", y que teniendo en cuenta el contenido de la reseña se podría pensar que hace referencia a los refugiados palestinos. Pues no, las personas que aparecen son inmigrantes judíos llegados a Israel en 1950, al campo de absorción de Shaar Ha'aliya. Véanlo aquí)

De todos los temas que impulsan el conflicto árabe-israelí, el más central, primario, duradero, emocional, complejo y maligno, es la situación de esas personas conocidas como los refugiados palestinos.

Los orígenes de este caso único en el mundo, observa Nitza Nachmias, de la Universidad de Tel Aviv, se remonta al Conde Folke Bernadotte, el mediador del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Al referirse a los árabes que huyeron del mandato británico de Palestina, argumentó en 1948 que la ONU tenía una "responsabilidad en el alivio de su situación" ya que fue una decisión de la ONU, el establecimiento de Israel - es decir, la guerra civil desatada por las organizaciones árabes palestinas opuestas a dicha resolución y la invasión posterior de los ejércitos de varios países árabes - lo que finalmente dio lugar a los refugiados. Sin embargo, ese inexacto punto de vista aún se mantiene vivo y vigoroso, y ayuda a explicar por qué la ONU dedica una atención exclusiva a los refugiados palestinos en espera de su propio estado.

Fiel a la herencia de Bernadotte, la ONU estableció una serie de instituciones especiales dedicadas exclusivamente a los refugiados palestinos. De éstas, el organismo de Socorro y de Obras Públicas para los Refugiados de Palestina de las Naciones Unidas (UNRWA), fundada en 1949, fue las más importante. Esta es una organización dedicada exclusivamente a hacer frente a las necesidades un pueblo específico (la Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados se ocupa de todos los demás refugiados, los "no palestinos") y es el mayor organismo de las Naciones Unidas en términos de personal.

La UNRWA, aparentemente, define su marco con gran especificidad: "Los refugiados palestinos son personas cuyo lugar de residencia habitual era Palestina entre junio de 1946 y mayo de 1948, que perdieron sus casas y sus medios de subsistencia como resultado del conflicto árabe-israelí de 1948". Por supuesto, el número de estos refugiados (que inicialmente incluía a algunos judíos) ha disminuido mucho en los últimos 64 años. Aceptando la (exagerada) cifra de la propia UNRWA ascendía a 750.000 refugiados originales de Palestina, de los cuales alrededor de 150.000 personas aún viven.

El personal de la UNRWA ha dado tres pasos importantes durante los últimos años para ampliar la definición de "refugiados palestinos". En primer lugar, y contrariamente a la práctica universal, permitió que continuara el estatuto de refugiado para todos aquellos que se convirtieron en ciudadanos de un Estado árabe (en Jordania, en particular). En segundo lugar, en una decisión poco subrayada, tomó la decisión en 1965 de extender la definición de "refugiado de Palestina" a los descendientes de aquellos refugiados originales masculinos, un cambio que permite únicamente a los refugiados de Palestina transmitir su condición de refugiado a las generaciones posteriores. El gobierno de los EEUU, el mayor donante de la agencia, protestó sólo ligeramente ante este cambio trascendental. La Asamblea General de Naciones Unidas la hizo suya en 1982, por lo que ahora la definición de refugiado de Palestina incluye oficialmente a "los descendientes de los refugiados palestinos masculinos, incluidos los niños adoptados legalmente". En tercer lugar, en 1967 la UNRWA añadió también a esa categoría a los refugiados de la Guerra de los Seis Días, que hoy representan alrededor de un quinto del total de los refugiados palestinos.

Estos cambios tuvieron resultados dramáticos. En contraste con todas las otras poblaciones de refugiados, cuyo número disminuye cuando la gente se asiente o fallece, la población de refugiados palestinos se ha multiplicado con el tiempo. La propia UNRWA reconoce este extraño fenómeno: "Cuando la Agencia comenzó a trabajar en 1950, estaba respondiendo a las necesidades de los cerca de 750.000 refugiados palestinos. Hoy en día, hay 5 millones de refugiados palestinos que tienen derecho a servicios de la UNRWA". Además, según James G. Lindsay, un ex abogado general de la UNRWA, en la propia definición de la UNRWA, esa cifra de 5 millones representa solamente a "la mitad de los potencialmente elegibles para el estatuto de refugiado de Palestina".

En otras palabras, en lugar de disminuir su número y ser ahora solamente 1/5 de su cifra original, tal como era lógico esperar tras transcurrir seis décadas, la UNRWA ha multiplicado la población de refugiados original por 7. Esa cifra aún podría crecer más rápido debido al creciente sentimiento de que las mujeres refugiadas también deberían poder transmitir su condición de refugiada. Incluso cuando en los próximos 40 años el último refugiado palestino original o real haya fallecido, los pseudo-refugiados seguirán proliferando. Así la categoría de "refugiado de Palestina" se incrementará de manera indefinida y continuada. Dicho de otra manera, y tal como Steven J. Rosen observaba, "con las normas de la UNRWA, llegará un tiempo en que todos los seres humanos serán refugiados de Palestina".

Se la condición de refugiado de Palestina puede ser justa, esta expansión infinita apenas preocupa. Pero la verdad es que esta situación tiene unas consecuencias destructivas para ambas partes: para Israel, que sufre los estragos de una categoría de personas cuyas vidas se truncan y se distorsionan con el sueño imposible de un regreso a la casa de sus bisabuelos, y para los "refugiados" en sí mismos, cuya situación implica una cultura de dependencia, de agravios, de rabia y de futilidad.

Todos los otros refugiados de la Segunda Guerra Mundial (finalizada tres años antes del conflicto árabe-israelí) - y del conflicto India-Pakistán de 1947 -, incluyendo a mis propios padres, se han asentado y continuado con sus vidas hace ya mucho tiempo, mientras, la condición de refugiado de Palestina ya se extiende demasiado tiempo y debe ser reducida a los refugiados reales y originales antes de que cause más daños.

Labels: ,

Thursday, August 19, 2010

Immanuel Kant vs Israel - Daniel Pipes



El tratado de 1795 de Immanuel Kant que aboga por la abolición de los estados nacionales (y la construcción de un gobierno internacional) ha ganado rápidamente terreno entre los intelectuales occidentales y se ha convertido en la lente a través de la cual se contempla al estado judío.

Como alguien que aprecia profundamente la civilización occidental con todos sus defectos, ha logrado, para mí representa un rompecabezas la hostilidad de muchos occidentales hacia su propio modo de vida. Si la democracia, los mercados libres y el imperio de la ley han creado una estabilidad y una riqueza sin precedentes, ¿cómo es que posible que tantos de sus beneficiarios dejen de ver esto? ¿Por qué los Estados Unidos, por ejemplo, que tanto han contribuido al bienestar humano general, inspiran tanta hostilidad? Y el pequeño Israel, el símbolo del rejuvenecimiento de un pueblo oprimido perpetuamente, ¿por qué engendra ese odio apasionado en personas por otro lado decentes hasta desear su eliminación?

Yoram Hazony del Centro Shalem de Jerusalén, nos ofrece una explicación de este antagonismo en un profundo ensayo rico en enseñanzas, "Israel visto bajo los ojos europeos". Comienza con la noción de cambio de paradigma desarrollada por Thomas Kuhn en su estudio de 1962, y lo enfoca en el ámbito del cambio de las estructuras de pensamiento en las revoluciones científicas. Este concepto sostiene que los científicos influyentes ven su pensamiento y razonamiento (y por lo tanto los parámetros de su investigación) dentro de un marco específico, de un "paradigma" determinado.

Los paradigmas son pues esos marcos estructurales en los que se basa la comprensión de la realidad. Las investigaciones y los hechos que no encajan con el paradigma en vigor o bien se pasan por alto o bien son rechazados. Kuhn repasa la historia de la ciencia y muestra cómo, en una serie de revoluciones científicas, los paradigmas cambiaron, partiendo de Aristóteles, pasando por Newton y llegando a la física de Einstein.

También existen paradigmas y sus correspondientes marcos estructurales en el ámbito de la política, y Hazony aplica esta teoría al proceso de deslegitimación de Israel en Occidente. Hazony sostiene que la posición de Israel se ha ido deteriorado durante décadas "no por tal hecho o conjunto de hechos, sino porque el paradigma a través del cual las élites ilustradas occidentales contemplaban a Israel ha cambiado". En respuesta a ese proceso de denigración de Israel, "el que se ofrezcan respuestas correctivas – una mayor moralidad militar o su importante contribución a los avances médicos y tecnológicos - no implica que vayan a tener algún impacto real favorable sobre el posicionamiento de estas élites ilustradas occidentales con respecto a Israel".

En su lugar, la única solución posible es reconocer la existencia de ese paradigma desfavorable y combatirlo.

El paradigma anteriormente vigente (y hoy en decadencia) contemplaba a los Estados-nación como algo legítimo y positivo, un medio de proteger a los pueblos y permitirles florecer. El tratado de Westfalia (1648) fue el momento clave en que se reconoció la soberanía de las naciones. John Stuart Mill y Woodrow Wilson dotaron al ideal del Estado-nación de un alcance global.

Sin embargo, este paradigma se haya actualmente "prácticamente colapsado", nos dice Hazony. El Estado-nación ya no recoge beneplácitos; muchos intelectuales y figuras políticas en Europa lo ven "como una fuente de males incalculables", y esta es una visión en proceso de rápida propagación.

El nuevo paradigma, basado a su vez en el “Tratado de la Paz Perpetua (1795)”, de Immanuel Kant, promueve la abolición de los estados nacionales y el establecimiento de un gobierno internacional. Es decir, instituciones supranacionales como las Naciones Unidas y la Unión Europea representa su ideal y a sus modelos.

Los judíos y el Holocausto desempeñan un papel central en este extraño cambio de paradigma que jubila al Estado-nación y promueve el Estado multinacional. La persecución milenaria de los judíos, que culminó en el genocidio nazi, dotó a Israel con unos fines especiales y con una legitimidad que garantizaba el viejo paradigma. Sin embargo, desde la perspectiva del nuevo paradigma, el Holocausto representa los excesos del Estado-nación, en este caso del alemán, que se volvió loco.

Bajo el viejo paradigma del Estado-nación la lección de Auschwitz se resumía en un "Nunca más", lo que significaba que un Israel fuerte era necesario para proteger a los judíos. El nuevo paradigma conduce a una afirmación muy diferente a la del "Nunca más", conduce a insistir en que ningún gobierno debe tener los medios que hagan posible replicas similares a los atropellos nazis. Según este nuevo paradigma, Israel no es la respuesta a Auschwitz. La Unión Europea sí lo es.

Que el viejo paradigma del "Nunca más" haya inspirado a los israelíes la necesidad de aplicar la política de legítima defensa más ostensible dentro del mundo occidental, ha dado lugar a que sus acciones les resulten particularmente espantosas a los defensores del nuevo paradigma.

¿Es necesario recalcar el error que supone atribuir los desmanes nazis al Estado-nación? Los nazis querían eliminar los Estados-nación. No menos que el propio Kant, ellos también soñaban con establecer un estado universal (el Reich dominador milenario). En suma, los defensores del nuevo paradigma han travestido la historia.

Los propios israelíes no son inmunes al nuevo paradigma, como el caso de Abraham Burg nos sugiere. Un ex presidente del parlamento israelí y candidato a primer ministro, cambió sus paradigmas y escribió un libro sobre el legado del Holocausto donde compara a Israel con la Alemania nazi. Ahora aboga porque los israelíes renuncien a Israel como defensor del pueblo judío. Nadie, como el triste ejemplo de Burg nos sugiere, es inmune a la enfermedad del nuevo paradigma (*1).

El ensayo de Hazony no ofrece respuestas políticas, pero al menos dibuja tres áreas donde trabajar: fomentar la toma de conciencia de la existencia de este nuevo paradigma; buscar y subrayar las anomalías y tergiversaciones que lo invalidan; y una revitalización del viejo paradigma que lo ponga al día.

Sus percepciones son profundas y muy oportunas.


(*1) - [ N.P.: El caso Avram Burg es muy interesante e instructivo. Se podría decir que el gran problema de este político israelí (que ahora parece querer volver o sondear su vuelta a la política) es su desmedida ambición y ego. Hijo de un reconocido político del sionismo religioso, perteneciente a la élite política y gubernamental israelí, apostó por ámbitos más reconfortantes y luchó denodadamente por ascender dentro del partido Laborista y la Organización Sionista Mundial para dotarse de una aureola de líder imprescindible y necesario.

Pero el caso es que su apetito no se vio recompensado lo suficientemente (humildemente sólo deseaba ser líder de su partido y primer ministro), y por ahí comenzó a certificar su “desencanto” del sionismo y de Israel. Ya en pleno “desencanto”, pero aún disfrutando ampliamente de las bicocas y negocios del poder, se paso al europeismo, adoptó la nacionalidad francesa y comenzó a loar las virtudes de la Unión Europea (y sus negocios, claro está), hasta hablar de ella como de una especie de verdadero Mesías.

Muy amigo de Ehud Olmert, y siempre dentro de la élite israelí más occidentalizada y poderosa, su imagen en Israel es muy mala porque conocen perfectamente su trayectoria y sus ambiciones (a nivel popular es detestado). De ahí también su “ubicación política” pro-europea, donde desconocen su historial, aunque sobre todo lo aprecian por su capacidad de atacar a Israel desde el propio ámbito de su elite dirigente (conoce perfectamente el papel que se espera de él). Su último conejo extraído de la chistera ha sido un novedoso partido judeo-árabe, promoviendo una especie de israelismo igualitarista desjudeizado (pero nunca desarabizado, por supuesto), aunque no parece ser más que el enésimo esfuerzo por fusionarse o recolocarse en algún partido de la muy debilitada izquierda israelí, aunque por ahí le conocen de sobra.

En suma, un ejemplo del redescubrimiento ególatra de las virtudes morales del progresismo a través del fracaso de unas desmesuradas ambiciones. ]

Labels: , ,