Thursday, September 02, 2010

Los árabes moderados: ¿una ayuda o un obstáculo? - Elliot Jager - Jewish Ideas Daily



En el relanzamiento de las conversaciones directas entre Israel y la Autoridad Palestina, la atención se centrará en Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu. Pero el enfermo presidente de Egipto, Hosni Mubarak, también estará presente, al igual que el rey Abdalá II de Jordania. Para mantener su buena fe como árabes moderados, los dos hombres ayudaron a persuadir a Abbas para que reanudara las negociaciones cara a cara con Israel. Lo mismo hicieron otros estados árabes en la órbita de EEUU, como Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos.

Su apoyo era necesario: abandonado a sus propios recursos, el políticamente debilitado Abbas, sin duda hubiera preferido quedarse en casa. Él y su equipo ya están amenazando con abandonar las conversaciones cuando expire el 26 de septiembre la moratoria de Israel sobre la congelación de la construcción en los asentamientos. Dentro del ámbito palestino, la participación de Abbas en las conversaciones de Washington ha desatado la oposición de dirigentes de todas las facciones de su propia organización, la OLP; Khaled Hamas Mashaal ha declarado que las conversaciones son "ilegítimas" y que no son vinculantes para el sistema de gobierno palestino, y otros diez grupos de rechazo, respaldados por Siria, han igualmente condenó las conversaciones.

Por lo tanto, si aún siendo motivo de duda y discusión, Abbas parece que desea sinceramente querer romper el ciclo de rechazos autodestructivos tan característicos de la política árabe palestina en el siglo pasado, necesitará sin duda el respaldo inequívoco y verdadero de Mubarak, Abdullah y del resto. Pero, ¿El Cairo y Ammán tomarán la iniciativa? Si la historia previa sirve de guía, la respuesta es no.

A su regreso de una ronda de negociaciones en Camp David en el 2000, Yasir Arafat fue directamente a buscar el apoyo de Mubarak. Sin embargo, lejos de alentarle a un compromiso con Israel, Mubarak se opuso rotundamente. Por su parte, Abdullah, que había llegado al trono el año anterior, mantuvo la cabeza gacha. Hoy, la situación es en todo caso aún menos favorable a una paz con Israel.

En Egipto, el partido de Mubarak acaba de nominar al gobernante de ochenta y dos años para un sexto mandato presidencial, en caso de que lo quieran los votantes egipcios. (Los rumores abundan de que podría hacerse a un lado en favor de su hijo Gamal). Mientras tanto, los egipcios están amargados por el miserable desempeño a nivel económico del régimen y se mantienen cínicos acerca de las perspectivas de una reforma política. Pero cuando se trata de Israel, se endurece la opinión: Mubarak, quien patentó el paradigma de la "paz fría", es criticado por ser demasiado blando con Israel. Los apagones asolan el campo egipcio en medio de un verano de un calor sofocante, lo que ha acelerado las demandas de que Egipto deje de exportar gas natural a Israel.

La posición de Abdullah es posiblemente aún más complicada, porque gran parte de la población de Jordania es palestina. La presencia del rey en Washington ha sido denunciada por los sindicatos de Jordania como una traición a los palestinos. La asociación de químicos jordanos se ha negado a invitar a sus colegas israelíes para una conferencia internacional prevista para este otoño en Ammán. El gobierno jordano, bajo una intensa presión debido una economía en problemas, se enfrenta a un boicot de inspiración islamista para las próximas elecciones parlamentarias previstas para noviembre.

Al menos, Abdullah, Mubarak y Abbas pueden ganar algunos puntos ante la administración Obama sólo por presentarse juntos ante Netanyahu. Los árabes del Golfo ni siquiera hacen eso. Tímidos pese a estar utilizando la habitual retórica sobre la necesidad del establecimiento de una paz, son rotundamente condenados por ello en casa. A la larga, ese jugar con el tiempo de los árabes moderados resulta insostenible: agitan el patio mientras que a la vez rechazan ofrecer nada tangible a los israelíes que desean un acuerdo. Los estados árabes ya instrumentaron la creación y la perpetuación del problema palestino, con lo que solamente lo agravaron. Si alguien tiene una obligación moral para intentar resolverlo son ellos. Un buen comienzo sería explicitar a Abbas que le apoyarían sin reservas en caso de que se decida a negociar con Israel de buena fe.

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