La historia del éxito de Lieberman - Sima Kadmon - Ynet

La semana pasada, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu ha tenido que luchar para defender su condición de líder de la derecha de Israel. Y cómo no, la persona que le arrastró a esa especie de tribunal fue su ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman.
No se puede negar el hecho de que Lieberman está despegando. Su poder electoral no sólo se mantiene, sino que sigue creciendo. Hay una enorme euforia alrededor de él y los resultados de las encuestas de opinión se presentan como impresionantes. Parece que la estrategia electoral ideada por Arthur Finkelstein, la cual funcionó bastante bien antes de las elecciones, sigue funcionando igual de bien posteriormente: la voluntad de pulsar esos botones (temas clave) que proporcionan los votos, a pesar de las reprobaciones inmediatas y cotidianas que generan.
Hubo una vez un Sharon y un Netanyahu que fueron rivales en su búsqueda del liderazgo del espectro derechista. Posteriormente, esa pugna se trasladó entre Netanyahu y Silvan Shalom. Ahora parece estar entre Bibi (Netanyahu) y Lieberman.
Lieberman se ha convertido en una amenaza tangible para el estatus de Netanyahu dentro del ámbito de la derecha israelí. De alguna manera, los enfrentamientos repetidos (y buscados) del ministro de Asuntos Exteriores con los líderes mundiales, incluyendo la forma en que reprendió la semana pasada a los ministros de Asuntos Exteriores francés y español, su extravagante discurso ante la ONU, y su franqueza (por no hablar de mala educación) tienen un efecto diferente ante la opinión pública israelí.
El juramento de lealtad que el Gobierno votó esta semana (la nueva Ley de Ciudadanía), el cual exige a los no judíos que deseen acceder a la ciudadanía israelí que presten lealtad a Israel como Estado judío y democrático, es una versión muy remota de la ley propuesta originalmente por Lieberman. Sin embargo, fue el ministro de Asuntos Exteriores quien se apuntó el tanto de su aprobación. Netanyahu parecía una mosca sentada en la espalda de un elefante diciendo: mirad que fuertes somos.
Esta ley puede incomodar mucho a los izquierdistas, a los intelectuales y a los periodistas, sin embargo, este tema preocupa bastante a la opinión pública israelí en estos momentos, y el apoyo público a esta legislación es mucho mayor que cualquier apoyo a Lieberman [N.P.: según el Haaretz, en una encuesta reciente el 67% de la población sostenía la nueva Ley de Ciudadanía].
En líneas generales, al presidente del Yisrael Beiteinu (el partido de Lieberman) se le asocia actualmente con esa especie de orgullo israelí que no busca congraciarse con nadie ni adoptar riesgos. Sus soluciones son simples, pero son bien recibidas por muchos. Aunque a uno pueda no gustarle, la opinión sostenida por el ministro de Asuntos Exteriores de que no habrá paz con los palestinos, ya sea en esta generación o en la próxima, se interpreta como lógica y realista por parte de muchos israelíes, tal como lo demuestran las encuestas de opinión pública.
Por otra parte, la propuesta de un intercambio territorial (y de población) de Lieberman ya no se percibe como algo inmoral o inhumano: ¿Dónde está el problema?... Nosotros tendremos Ariel, donde desean seguir siendo israelíes, y regalamos a cambio Umm al-Fahm, donde sólo se piensan como palestinos y árabes. Mientras tanto, su lema electoral, "no hay ciudadanía sin lealtad", agita más el debate que provoca repulsión: ¿Cuál es el problema?, afirmaban muchas personas la semana pasada, en Estados Unidos también se exige (*1).
Si bien la conducta contundente de Lieberman con relación a los ministros de Asuntos Exteriores europeos hizo que muchas personas se sintieran incómodas, pueden estar seguros de que muchos otros consideran que era algo lógico y estaba justificado. De repente, parece que todos los líderes extranjeros se sienten con derecho a reprobarnos y decirnos que debemos hacer, !!que resuelvan antes sus propios problemas antes de criticarnos!!
Una cosa está clara: Lieberman hace todo lo posible para seguir siendo un personaje prominente y relevante a cada ocasión que se le presenta. Él asegura que las personas lo identifican con los temas de su agenda, en lugar de con sus problemas legales [N.P.: está acusado de financiación ilegal de su partido]. Lieberman se muestra hábil y se permite opinar de casi todo, más inclusive que el propio primer ministro, especialmente desde su decisión de ignorar su propia posición oficial dentro del gobierno. Sin duda, Lieberman ha creado una nueva posición diplomática: un ministro de Asuntos Exteriores que piensa que no hay nadie con quien hablar.
Uno puede enojarse, rebelarse, o estar decididamente en contra de él y de su postura, sin embargo no se puede pasar por alto un hecho: funciona. Muchos israelíes dicen que sólo “Lieberman habla (y entiende) el árabe”. Lo que traducido resulta muy simple: la opinión pública israelí, visto lo visto, parece aceptar el enfoque de que "no hay nadie con quien hablar y que no habrá paz”, desde luego no al menos en esta generación.
Cuando a Lieberman se le pregunta qué es lo que está haciendo, él siempre responde lo mismo: ser realista. Y precisamente, no hay duda de que actualmente el realismo se esta imponiendo.
PD (*1): Hoy el Ynet publica que el juramento de lealtad a Israel como Estado judío y democrático que con la nueva Ley de Ciudadanía deberán realizar los nuevos ciudadanos no judíos, también se extenderá a aquellos judíos que por la Ley de Retorno accedan a la ciudadanía israelí.
No obstante, dos ejemplos clarificadores de juramentos para acceder a la ciudadanía americana e inglesa:
EEUU:
Por la presente declaro, bajo juramento, que renuncio absoluta y enteramente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, de la que haya sido o sea ciudadano, y que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todo enemigo, exterior e interior (doméstico), que guardaré lealtad a América, que tomaré las armas en nombre de los Estados Unidos cuando lo exija la ley, que desempeñaré servicios como no combatiente dentro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos cuando lo exija la ley, que realizaré una labor de importancia nacional bajo una dirección civil cuando sea requerido por la ley, y que asumiré estas obligaciones libremente, sin ninguna reserva mental ni intención de evasión, y pido a Dios me ayude (a ello)Gran Bretaña (y Canada, salvo para la zona de habla francesa que obviamente es en francés):
Yo _____ juro por Dios Todopoderoso [alternativas: solemnemente, sinceramente, declaro y afirmo verdaderamente] que al convertirme en un ciudadano británic seré fiel y verdaderamente leal a Su Majestad la Reina Isabel II, a sus herederos y a sus sucesores, de acuerdo con la ley. Otorgo mi lealtad al Reino Unido y respetaré sus derechos y libertades. Defenderé sus valores democráticos, observaré sus leyes y cumpliré fielmente mis deberes y obligaciones como ciudadano británico.
Labels: Ley de Ciudadanía, Lieberman, Netanyahu


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