Saturday, January 03, 2015

Los rivales de Bibi en apuros por los escándalos - Ben Caspit - Al Monitor



La campaña electoral israelí continúa asombrando y generando desarrollos estratégicos, cada uno de los cuales puede llegar a ser un punto de inflexión en torno al cual todos los jugadores pueden crear un orden totalmente nuevo. La coalición "Cualquiera menos Bibi" recibió varios poderosos golpes al final de diciembre que minaron el equilibrio, la estabilidad y las posibilidades de éxito de dicha coalición en las elecciones que se celebrarán el 17 de marzo. Todavía no todo está perdido, pero hoy la posición del primer ministro Benjamin Netanyahu, a 77 días de las elecciones, se ve mucho mejor que hace unas semanas. La lista de los políticos que se unieron para reemplazarlo (el presidente laborista Isaac Herzog, la ex ministra de Justicia Tzipi Livni, el ex ministro de Finanzas Yair Lapid, ex ministro Moshe Kahlon, el ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman y el líder de Shas, Aryeh Deri) están ahora a la defensiva.

Varios de sus miembros, especialmente Liberman y Deri, han recibido duros reveses electorales y públicos.

Dos planes secretos se planificaron en los últimos meses por estos importantes protagonistas de la telenovela política israelí. El primero era el plan Liberman-Kahlon, quienes pretendían unirse el día después de las elecciones y aparecer juntos ante el presidente Reuven Rivlin (quien otorga al candidato mayoritario la tarea de formar el gobierno). Según este plan, ellos tenían la esperanza de conseguir al menos 25 escaños entre ellos, lo que constituiría un nuevo bloque que, al día siguiente de las elecciones, podría convertirse en el partido más grande en la Knesset.

Estos dos políticos, aún procediendo del bloque de derecha, serían capaces de formar un gobierno que voluntariamente incorporaría a Herzog, Livni y Lapid. Una coalición de este tipo, de acuerdo con este plan, los habría convertido en el sorprendente "caballo negro" de la campaña.

Esta alianza (aunque aún no finalizada, incluye ya un claro entendimiento entre las diversas partes), colocando a Liberman como candidato a la jefatura del gobierno y a Kahlon para el ministerio de Finanzas. Con el fin de formar un gobierno estaban dispuestos a ofrecer una rotación a la coalición Herzog-Livni (en tal caso, Livni renunciaría a "la rotación" que Herzog le había prometido si ellos ganaban).

Este plan empezó a echar humo tras la dramática investigación policial, que cayó como un rayo sobre el sistema político israelí, de los más cercanos colaboradores de Liberman en su partido Yisrael Beiteinu, el 23 de diciembre, los cuales están bajo arresto y están siendo interrogados. Esto, en el marco de una aventura en la que numerosos miembros de ese partido están bajo sospecha, convertía al partido en una especie de caja B y una cámara de compensación bancaria mediante la cual fueron transferidos fondos de la tesorería del país a diversas asociaciones e instituciones a cambio de fuertes comisiones. El propio Liberman no ha sido interrogado y no se le considera como un sospechoso, pero nadie puede apostar que ese sea el punto final. En cualquier momento dado, cualquiera de las personas cercanas a Liberman puede enredarle en algo. Y eso nos colocaría en un escenario completamente diferente.

Liberman ha estado atacando agresivamente a la policía y a la Fiscalía del Estado desde que se abrió la investigación. Liberman cita sobre todo el momento de la investigación que, según él, coincide totalmente con el momento de las elecciones. Las estadísticas parecen justificar las quejas de Liberman: él ha sido atacado con todo tipo de investigaciones o proyectos de acusaciones legales antes de cada campaña en la que ha estado involucrado desde al menos 1999. Pero los ataques verbales contra el "estado de derecho" no le ayudarán en su sorprendente y publicitado viaje desde las profundidades de la derecha israelí al centro político.

A la derecha le encanta odiar a la Oficina del Fiscal del Estado y a la policía, pero el centro político todavía considera "al estado de derecho" como un valor sagrado. Por lo tanto, es probable que sufra una decepción con los ataques verbales de Liberman. A partir de ahora, Liberman tratará de devolver a parte de su perdido electorado ruso al redil del partido en virtud de la "persecución" de la policía. Aunque la magnitud del daño que la investigación causará al Yisrael Beiteinu todavía no está clara, es bastante obvio que el sueño de Liberman de atravesar el umbral de 10 escaños hacia los 15, se ha desvanecido en el aire en esta etapa. Todo esto hace que el primer plan descrito anteriormente se haya vuelto casi irrelevante.

El segundo plan es el de ministro de Economía y Comercio Naftali Bennett, el presidente de HaBait Hayehudi. Bennett está tratando de anestesiar el mapa político. Difunde video clips de entretenimiento que se vuelven virales en los que se disfraza como un hipster progre de Tel Aviv. Deliberadamente, no atribuye a sí mismo objetivos que sean demasiado elevados, no habla de la jefatura del gobierno y no fija la mirada del público en su posible deseo de ser ministro de Defensa. Pero tras las puertas cerradas, el objetivo de Bennett  y de su gente tiene como objeto el asiento más alto de Israel, la silla del primer ministro.

Según el plan, Bennett seguirá creciendo en las encuestas y "acogerá" a parte del electorado de Netanyahu. Bennett es más joven, más innovador, más claro y es mucho más "cool". Él atrae a un gran número de jóvenes que se cree están alineados con el centro e incluso trajo al partido a Yinon Magal, un presentador de televisión y editor en jefe de la popular página web de Walla. Como Bennett, Magal es secular y ha servido como comandante en la unidad especial de élite del ejército israelí, el Sayeret Matkal, hasta que finalmente "vio la luz", se volvió hacia la derecha y se posicionó más cercano a la religión. Hoy en día, Magal mantiene posiciones de la derecha nacional.

Si Bennett alcanza el umbral de 20 escaños (ahora está en algún lugar cercano a 16-18), entonces él podrá acercarse a Netanyahu el día después de las elecciones y festivamente decirle que si él quiere gobernar, tendrá que dar un giro hacia Bennett. O por lo menos, la cartera de Defensa. Ambas opciones provocan sudor frío a un gran número de israelíes, en especial ante la creciente tendencia a una disminución de los partidarios del proceso de paz. Pero este plan sigue vivo y coleando, y progresando exactamente como ha sido programado para que progrese.

Uno de los polos importantes de la campaña para reemplazar a Netanyahu se supone que sería el líder del Shas, Aryeh Deri. Deri es un político astuto, con experiencia y un líder ultra-ortodoxo carismático que fue condenado en 1999 por sobornos y enviado a la cárcel por un largo período. Deri volvió a la política y logró entronizarse a sí mismo de nuevo a la cabeza del Shas, el partido ultra-ortodoxo sefardí de Israel que se une tradicionalmente a todos los gobiernos de derecha, y a veces también a los gobiernos de centro-izquierda. El problema de Deri es que el hombre que él depuso del liderazgo Shas, el ex ministro Eli Yishai, quien juró vengarse.

El 28 de diciembre, el canal 2 de la televisión israelí emitió una cinta en la que el venerado y gran líder religioso del Shas, el fallecido rabino Ovadia Yosef, decía duras palabras sobre Deri y expresaba su apoyo incondicional a Yishai. La cinta se convirtió en una enorme y melodramática tormenta política, y como resultado Deri presentó su renuncia al Consejo de Sabios de la Torah del Shas.

Pero la renuncia de Deri no era auténtica, fue planeada. El Consejo de Sabios de la Torah, efectivamente, solicitó a Deri que retirara su renuncia y aceptara el "decreto" del Consejo exigiéndole que continuara liderando el partido. En estos momentos, Deri sigue estando "indeciso". Incluso si se retracta de su renuncia (según estimaciones generalizadas), es difícil creer que Shas volverá a su antigua fuerza. Por el momento, las encuestas muestran que el público está harto del Shas (actualmente 10 escaños), que Deri sólo recibiría cinco escaños mientras que Yishai, que ha establecido un nuevo partido opositor, ni siquiera alcanzaría el umbral electoral. Bajo ciertas circunstancias y en un mal día, podría ocurrir que tanto Deri y Yishai permanezcan fuera de la Knesset y el poder de los ultra-ortodoxos en Israel, que se incrementa de año en año debido a su demografía, reciba un duro golpe a causa de las intrigas políticas y su decadencia.

A partir de este momento, no está claro si este proceso es bueno o malo para los que aspiran a sustituir a Netanyahu. Deri tiene una alianza política a largo plazo con Liberman y podría, potencialmente, apoyarlo para coronar a Liberman y Kahlon (junto con Herzog, Lapid y los ultra-ortodoxos asquenazíes) a expensas de Netanyahu. A partir de ahora, sin embargo, lo que preocupa a Deri no es ni Netanyahu ni Liberman, sino su propia supervivencia política.

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Thursday, July 17, 2014

Netanyahu contra una grandilocuente y exaltada derecha: Una batalla dentro de una guerra - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Hacer frente a la pequeña política en tiempos de guerra - y tengo que destacar una vez más que esto no es una "guerra", es una dura escaramuza, o algo por el estilo - no es algo exactamente noble. Pero el despido ayer del directo adjunto del ministerio de Defensa, Danny Danon, es un claro recordatorio de que los políticos no dejan de tener que pensar en política. Danon estaba pensando en política cuando criticó duramente al gobierno del que era miembro, y al primer ministro que encabeza dicho gobierno, por su conducción de la operación militar en curso en Gaza. Él, con sus declaraciones, estaba atendiendo al grupo ideológico que le apoya en el Partido Likud - esos rimbombantes y charlatanes derechistas para quien una acción militar no es suficiente y tampoco lo es su audaz atrevimiento -. Danon es popular entre este grupo de likudniks, pero como directo adjunto, con un título con poco significado, resultaba bastante poco significativo. Su partida tendrá un impacto cero en la "defensa" de Israel. Su único efecto es político.

Netanyahu envió un mensaje ayer a su partido: hay un límite a mi tolerancia hacia la disidencia contundente e irrespetuosa. Netanyahu tiene problemas dentro del partido, problemas que tendrá que enfrentar cuando los tiempos sean más tranquilos, pero también es el mejor candidato del Likud como previsible futuro primer ministro. Si el partido quiere retener ese cargo, Netanyahu es su mejor opción. Y cuanto más se enfrente a los diversos Danon y a los otros jóvenes radicales, más crédito le dará el público en general por su conducta ante la situación en Gaza. De hecho, esto es exactamente lo que vuelve loco a Danon: hoy, cuando respondió en numerosas entrevistas al hecho de su despido por parte de Netanyahu, siguió recordando a sus oyentes que la oposición - la izquierda - no critica a Netanyahu. Siguió diciendo que Netanyahu está llevando a cabo la política de "Yachimovitz y Galon", es decir, de Shelly Yachimovitz del Partido Laborista y de Zehava Galon del partido de izquierdas Meretz. A Danon le gustaría que Netanyahu sea más Likudnik. Es decir, que utilizara más la fuerza con Gaza.

El despido de Danon fue oportuno y estaba justificado, pero todavía no eliminó a todos los responsables de los problemas existentes en el gabinete. Netanyahu tiene un problema mucho mayor con su ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman. El martes, Liberman convocó a la prensa y también criticó la política de Netanyahu. Él fue más sutil y no mencionó a Netanyahu por su nombre y no de una manera personal explícita. Pero, por supuesto, se trata de algo muy personal. Lieberman instó a la conquista de Gaza. Desde el inicio de esta ronda de violencia el ministro de Asuntos Exteriores ha estado jugando a la política. En primer lugar, decidió divorciar a su partido de su alianza con el Likud, y luego comenzó su viaje hacia la derecha. Luego "arremetió e insinuó que el público israelí era menos delicado que el primer ministro, llamándole más o menos un cobarde", tal como lo interpretó Mazal Mualem. Al parecer, Lieberman cree que hay un nicho político para él a la derecha del Likud. Si Netanyahu es ahora el hombre del centro, el primer ministro cauteloso y medido, tal vez un partido como el de Lieberman podría robarle algunos de esos votantes a los que les gustaría tener un líder al estilo de Danon en el timón.

Netanyahu echó a Danon porque puede hacerlo y todavía no ha echado a Lieberman porque no puede. Hay una diferencia entre Danon, un populista infantil, y Lieberman, un político astuto y experimentado. Danon es una molestia; Lieberman es una amenaza. Danon puede ser despedido sin demasiados problemas; Liberman es necesario, no por su contribución a la política exterior de Israel, sino más bien porque tiene un partido disciplinado detrás de si que es un socio esencial para la vigencia de la coalición.

Netanyahu, escribe hoy Yossi Verter, es el "héroe trágico" de la operación de Gaza. Esto podría ser una exageración, ya que si uno busca tragedias y héroes en estos momentos hay un montón donde elegir. Pero su observación es válida, y es similar a lo que dije ayer: en general, Netanyahu es probable que obtenga el mayor apoyo del público israelí sobre la persona más adecuada para dirigir a Israel. Pero también es probable que pierda el apoyo de los votantes de extrema derecha, pues ya está expuesto a las críticas de los políticos de línea dura más rimbombantes del Likud y de otros partidos. Ese "público" puede haber mejorado su actitud y opinión hacia Netanyahu, pero no va a votar por él. Los votantes del Likud, por otro lado, son esenciales para que él sea capaz de seguir gobernando.

¿A dónde nos lleva todo esto? La respuesta fácil es que todavía no lo sabemos, y mucho depende del resultado de la operación en Gaza. Es evidente, sin embargo, que una incómoda alianza de socios dentro de la coalición la vuelve cada vez más inquieta. Y un hombre solo en el timón está aún más solo. Y un partido gobernante en ebullición es aún más burbujeante. Pero la política se determinará en las urnas: si bastantes partidos a la derecha de Netanyahu ven como  beneficiosas unas elecciones, van a encontrar una manera de provocarlas. Y cuando lo hagan, la batalla dentro del Likud puede ser muy interesante.

Vale la pena recordar en medio de todo este alboroto político que el Likud tiene toda una tradición de apoyo a sus líderes, y que sólo ha tenido cuatro líderes desde el establecimiento de Israel (Begin, Shamir, Sharon, Netanyahu). Pero también vale la pena recordar que los líderes rara vez salen voluntariamente de sus cargos. Tienen que ser destronados por los demás, por lo general desde dentro de sus propias filas.

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Wednesday, January 15, 2014

Los árabes de Israel: no son sionistas, pero sí israelíes - Leon Hadar - National Interest



Si se les pidiera a las decenas de miles de residentes en su mayoría serbios del norte de Kosovo si les gustaría ver a su región anexionada y formando una parte integral de Serbia, o por el contrario si preferiría seguir siendo parte de Kosovo, no hay duda de que una gran mayoría de ellos votaría a favor de unirse a la patria serbia en lugar de convivir con la mayoría albanesa en el Estado unitario de Kosovo. Y tampoco hay dudas de que el pueblo serbio apoyaría con entusiasmo la idea de anexionarse el norte de Kosovo a su estado.

De hecho, el irredentismo, el deseo de anexionar poblaciones y territorios regidos por otros estados por razones de lazos nacionales, étnicos o religiosos comunes, incluso si para ello hubiera que redibujar las fronteras existentes, ha sido una poderosa fuerza dentro de la política mundial, representando el caso históricamente más explosivo la anexión de los Sudetes, región de Checoslovaquia de habla y población alemana, a la Alemania nazi en 1938.

Entonces ¿cómo se explica el rechazo mayoritario de la minoría árabe de Israel, así como del presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, de la propuesta de que algunas de las ciudades y pueblos árabes de una zona próxima a la frontera del futuro Estado palestino pasen a formar parte de Palestina a cambio de otras áreas de la Ribera Occidental donde viven los colonos judíos y que pasarían a formar parte de Israel?

El plan se aplicaría a unos 200.000 árabes israelíes que viven en ciudades y pueblos muy mayoritariamente árabes situados a lo largo de la línea de alto el fuego de 1967 (Línea Verde) entre Jerusalén y Ramallah, zona también conocida como el Triángulo.

Si bien es cierto que la propuesta de intercambio de territorio y de población con la Autoridad Palestina ha sido avanzada por uno de los principales líderes ultranacionalistas de Israel, el ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman, no debe ser descartada como un mero reflejo de una agenda radical de la derecha israelí.

Lieberman, después de todo, no ha pedido la transferencia forzada o la expulsión de esos árabes de Israel, sino que formaría parte de un acuerdo con el gobierno de Palestina y no de una acción unilateral por parte de Israel.

Por otra parte, los ciudadanos árabes de Israel se han quejado durante años de que ellos sienten que son tratados como ciudadanos de segunda clase por un Estado que se define a sí mismo como judío y tiene símbolos nacionales, incluyendo la bandera y el himno nacional, que dan expresión a un formato judío de identidad que combina componentes nacionalistas, religiosos, étnicos y lingüísticos, de la misma manera que el nacionalismo árabe, y hasta cierto punto la religión musulmana, son fundamentales para la identidad del pueblo palestino.

De hecho, las figuras públicas árabes israelíes, incluido un miembro de la Corte Suprema y de la Knesset (parlamento) admitieron que no cantan el himno nacional israelí (el "Hatikva") ya que recuerda el anhelo histórico del pueblo judío de la Tierra de Israel, y de acuerdo con las encuestas de opinión, el 22% de los árabes israelíes se definen estrictamente como palestinos, el 45% se identifica como palestinos israelíes y sólo un 32% se define como árabes israelíes.

Sin embargo, y al mismo tiempo, el resultado de una encuesta realizada por Dialogue también indicaba que el 79% de los árabes israelíes están satisfechos con su vida como ciudadanos de Israel, y que el 53% de ellos se oponen a cualquier propuesta de un intercambio de territorios entre Israel y Palestina (en el que estarían inmersos), con cerca de un 65% indicando que rechazan la idea de un nuevo Estado palestino que se anexione sus ciudades y pueblos árabes de Israel (con la oposición más fuerte expresado por los propios residentes árabes del Triángulo).

La ciudad de Umm al-Fahm, que se encuentra en la zona del Triángulo, publicó una declaración después de una reunión del consejo de la ciudad pidiendo a los negociadores de la Autoridad Palestina que no tengan en cuenta la oferta de Lieberman, subrayando que mientras los árabes israelíes se consideran a sí mismos como "parte de la nación palestina, no están dispuestos a actuar como peones al servicio de Lieberman y de la derecha israelí". Una encuesta realizada en julio de 2000 por la revista semanal árabe-israelí Kul Al-Arab entre los residentes de Umm al-Fahm, encontró que el 83% de ellos se opuso a la transferencia de su ciudad a la Autoridad Palestina.

Un residente árabe-israelí de Umm al-Fahm entrevistado este mes por el Channel 10 de televisión de Israel explicó que "no quiero vivir bajo el dominio de Mahmoud Abbas y de los palestinos. Quiero quedarme aquí, bajo el gobierno israelí", explicando que él se consideraba a sí mismo como "un palestino, pero también como un israelí". Una mujer árabe de compras en un centro comercial también fue entrevistada por Channel 10 y dijo que "nos encanta Israel. Nos encanta vivir en Israel. Toda nuestra vida está en Israel. No queremos vivir con los palestinos y no tenemos nada en Palestina".

Lieberman ha insistido en que sin intercambios territoriales, y de la población contenida en ellos, no tiene intención de apoyar cualquier acuerdo alcanzado entre israelíes y palestinos surgido de las actuales negociaciones y llevadas a cabo bajo los auspicios de diplomáticos estadounidenses.

Pero también es importante recordar que canjes de territorios y de población similares ya fueron propuestos en las anteriores negociaciones de paz y fueron desechados por palestinos e israelíes como poco prácticos, ya que los ciudadanos árabes israelíes podrían apelar a la Corte Suprema de Israel, siempre y cuando dicho plan fuera aprobado por el gobierno israelí, y la Corte podría apoyar su petición, lo que llevaría como mínimo, su resolución, meses si no años.

Pero la respuesta hostil de tantos árabes israelíes a la idea de ser anexionados por un futuro Estado palestino, y su determinación de seguir formando parte integrante del Estado de Israel a pesar de los problemas políticos y económicos que intervienen en su integración en un Estado judío cuya identidad nacional no comparten, puede ser una señal de que prefieren la libertad política y económica relativa que gozan en una sociedad occidental como es Israel, a un futuro en el que, incluso en el mejor de los casos, formarían parte de un estado árabe con un nivel de vida del tercer mundo y aún emergentes instituciones democráticas.

"Estamos orgullosos de nuestra identidad árabe-palestina, pero somos ciudadanos de Israel, y  trabajamos aquí y aquí vamos a morir", dijo Maazan Gaanim, el alcalde de la ciudad árabe de Sahnin, en la Galilea, en una reciente entrevista con el Haaretz . "Hablen con nosotros acerca de la justicia social y de la construcción de confianza en lugar de eso [intercambiar territorios]. Te apuesto a que ni siquiera un árabe israelí está planeando mudarse [a Palestina]".

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Thursday, January 09, 2014

Sorpresa, el plan de Lieberman no es tan descabellado: Una encuesta revela un incremento en los árabes israelíes que quieren ser palestinos - Times of Israel



Ayer en su página de Facebook Liberman denunciaba la oposición a su plan que emanaba tanto desde la izquierda como desde el interior de la coalición gubernamental, y apuntaba su apoyo a la propuesta de paz extra-gubernamental de 2003 encabezada por el ex ministro israelí Yossi Beilin y el ex ministro de la Autoridad Palestina Yasser Abed Rabbo, que abogaba por hacer del Jerusalén oriental la capital de un Estado palestino.

"Y los corazones sangrantes de la izquierda y los de su calaña, que ahora tanto hablan acerca de cómo los árabes del "triángulo" no son un objeto que se pueda mover de una jurisdicción a otra (porque no tienen intención de moverse físicamente), no se mostraban nada conmovidos cuando Yossi Belin, con la Iniciativa de Ginebra, quería trasladar a los residentes árabes de Jerusalén Este a la jurisdicción palestina y anular sus documentos israelíes de identidad, y tampoco se inmutaron cuando los residentes del Sinaí, Samaria o Gush Katif fueron trasladados físicamente y no hicieron nada cuando su jurisdicción fue transferida".
Un número sin precedentes de árabes israelíes preferiría ser parte de Palestina en lugar de Israel según ha revelado una encuesta del Haaretz este jueves. 
La encuesta encontró que casi un tercio de los israelíes de habla árabe, un 31%, preferiría que sus ciudades, aldeas y comunidades formaran parte del futuro Estado de Palestina una vez establecido. 
Entre los jóvenes, el porcentaje es aún mayor, un 36% de los encuestados entre 18 y 24 años de edad diciendo que preferirían estar bajo la soberanía palestina. 
La encuesta también encontró que mientras la mayoría de los árabes israelíes se oponen a intercambio de territorios, con la consiguiente transferencia de población, en el marco de un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos, un tercio no se opondría a tal posibilidad. 
El 42% de los encuestados dijeron que estaban en general a favor de los intercambios de territorios, mientras que el 29% pensaba que sus amigos apoyarían un acuerdo que dejaría intactos algunos de los asentamientos judíos en Cisjordania pero a la vez se transferiría la soberanía sobre ellos al Estado palestino. A cambio, Israel conservaría la soberanía sobre algunas de las comunidades árabes actualmente dentro de sus fronteras. 
En combinación con los resultados de encuestas anteriores, esta última encuesta indica que los árabes israelíes están ahora más dispuestos a considerar un acuerdo que implique el intercambio de tierras y/o de población. En una encuesta realizada en 2005, sólo el 21% de los encuestados dijo que apoyaría un plan de este tipo. 
A principios de esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman promovió un controvertido plan que transferiría la jurisdicción de algunos pueblos y ciudades árabes israelíes a un futuro Estado palestino, y defendió su plan diciendo que los residentes de esos pueblos y ciudades "nunca han querido formar parte del Estado judío". 
Liberman dijo el domingo que no aceptaría ningún acuerdo de paz con los palestinos sin un intercambio del área Wadi Ara y del "triángulo" al sureste de Haifa, los cuales están densamente poblados por árabes israelíes, por zonas de Cisjordania pobladas principalmente por judíos, comúnmente conocidos como los grandes bloques de asentamientos. 
El presidente Shimon Peres rechazó el miércoles la idea de una transferencia de población como "poco práctica" y agregó que "Israel no puede negarle la ciudadanía a sus ciudadanos simplemente porque sean árabes".

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Lieberman: "Los árabes que quieren permanecer siendo israelíes se han convertido repentinamente en 'amantes de Sión' "- Moran Azulay - Ynet



El ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman se defendió el miércoles ante la oposición desatada a su plan para un intercambio de territorios como parte de un acuerdo de paz con los palestinos, sugiriendo que los árabes israelíes que lo rechazan no son verdaderamente leales a Israel.

Con el proceso de paz entrando en su sexto mes desde que fue reavivado por los Estados Unidos, Lieberman ha regresado a su plan anterior que propicia que Israel intercambie territorios con población predominantemente árabe de la zona de Wadi Ara y la conocida en Israel como el "Triángulo".

"Los árabes de Wadi Ara se han convertido repentinamente en amantes de Sión", ha comentado Lieberman. "En las entrevistas de televisión con residentes de Umm al-Fahm les hemos visto conmemorando el Día de la Nakba, agitando fotografías de Nasrallah (el líder de Hezbollah) y banderas de Hamas y Hezbolá, y son esas mismas personas que ahora se rebelan ante la idea de que, como parte de un acuerdo de paz, pasarían a ser ciudadanos de un Estado palestino".

El canciller bromeó acerca de la autenticidad del patriotismo de los árabes israelíes residentes en unas zonas de Israel que, en su opinión, podrían ser transferidas a un futuro estado palestino. Liberman escribió en un comunicado en su página de Facebook. que los árabes israelíes "que levantan las banderas de Hamas y Hezbollah en lugar de la bandera de Israel están cambiando de tono, y eso ahora que pueden llegar a ser ciudadanos de un Estado palestino. De repente, ellos se ven como una parte integral de Israel, de repente Herzl es su héroe nacional".

También se refirió a lo que ve como la hipocresía de Abu Mazen sobre esta materia, afirmando que "Abu Mazen - que trabaja tan duro para liberar a los prisioneros árabes-israelíes de la cárcel por sus actividades terroristas contra Israel -, se pone de repente a gritar ante la idea de que vayan a ser sus ciudadanos".

Liberman añadió que no había ninguna razón para que los árabes israelíes que viven allí "no deban unirse a sus hermanos bajo una plena soberanía palestina y convertirse en ciudadanos del futuro Estado palestino, ese que ahora parecen querer tan poco".

Los árabes israelíes cuyas comunidades pasarían a formar parte del Estado palestino recién formado bajo el esquema de Lieberman, afirman que quieren permanecer en Israel, y algunos especulan que los residentes de esas áreas se moverían (a otros territorios de Israel) con el fin de lograrlo.

No obstante, dijo Lieberman, la noción de un intercambio de territorios, y de las poblaciones que allí residen, no es nada nueva, y ya ha sido empleada en el pasado para facilitar la finalización de conflictos y "para la creación de estados más homogéneos".

Durante una visita al Technion en Haifa, el presidente Shimon Peres, expresó su oposición a los intercambios de territorio propuestos por el ministro Lieberman: "Esta propuesta no es práctica. Israel no puede negar la ciudadanía a los ciudadanos porque sean árabes".

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Wednesday, January 08, 2014

Lieberman podría ser coronado como el próximo héroe nacional de la izquierda - Emmanuel Navon - i24News


Cambiaremos esto y esto, y aquí es donde estará la frontera

El Ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman sorprendió a muchos recientemente al declarar que la propuesta de John Kerry era la mejor oferta que Israel podría conseguir al sugerir que los intercambios de tierras con el propuesto Estado palestino sean sobre áreas pobladas en lugar de vacías. Su declaración fue inmediatamente condenado por la izquierda israelí que apoya la idea de la transferencia de población judía (de Gaza en el pasado, de Judea y Samaria en el futuro), pero aborrece esa misma idea cuando se aplica a los árabes (a pesar de que en el plan de Lieberman no habría ninguna transferencia de población, sólo un nuevo trazado de las fronteras). Y sin embargo, esa misma izquierda es muy probable que al final canonice a Lieberman como a un héroe nacional. Después de todo, fue lo que hizo con Ariel Sharon hace ocho años, transformándole de la noche a la mañana de demonio en un ángel.

¿Pero por qué sucederá esto? Debido a que Lieberman quiere ser primer ministro y sabe exactamente que tipo de pago político inicial tendrá que pagar para alcanzar esa meta, y también porque es tan pragmático como cínico.

El mismo hecho de que Lieberman haya sido etiquetado como un "radical derechista" viene a demostrar lo falsos que son sus críticos y lo cínico que es. Tanto él como sus críticos saben que él no es un "radical derechista", pero esta etiqueta le sirvió políticamente a él (para atraer a los votantes de habla rusa) y a sus opositores (al poder atacarle por edificar una plataforma "radical de derechas").

¿Pero por qué, exactamente, es "radical de derechas" la plataforma de Lieberman? Sus puntos de vista sobre el Estado y la religión y sobre el servicio militar apenas son diferentes de los de Yesh Atid, un partido de centro, o de uno de la izquierda como el Meretz. En el tema del conflicto árabe-israelí, sus posiciones son similares a los de los sionistas de izquierdas: apoya la creación de un Estado palestino y la partición de Jerusalén (en un marcado contraste con la plataforma del Likud), así como apoya los intercambios de territorio (Likud rechaza los intercambios ya que implícitamente respaldan la idea equivocada de que cualquier presencia israelí más allá de las líneas de 1949 es ilegal y debe por lo tanto ser "compensada").

Lieberman sí ha sido denunciado como un radical debido a sus duras palabras con respecto a los ciudadanos árabes. Pero su discurso es sólo eso: hablar. Y ese parloteo no ha sido seguido por una legislación significativa.

El historial legislativo del partido de Lieberman ("Yisrael Beitenu") sobre el tema "no hay ciudadanía sin lealtad" es casi inexistente y lo poco que pasó fue sobre todo contraproducente. Un ejemplo de ello es la Ley de Comisión de Admisión promovido por el Yisrael Beitenu y aprobada en 2011. En 2000, el Tribunal Superior de Justicia dictaminó en el caso "Kaadan" que los ciudadanos árabes tienen derecho a comprar tierras en pueblos construidos y financiados por el Fondo Nacional Judío para la población judía. En 1989, sin embargo, ese mismo Tribunal Supremo había dictaminado (en el caso "Avitan") que un judío no tiene derecho a comprar tierras en un pueblo construido por los beduinos. Como resultado, Yisrael Beitenu tramitó una ley supuestamente destinada a proteger el carácter judío de los pueblos judíos. Al final, la ley aprobada en 2011 por iniciativa de Yisrael Beitenu hizo todo lo contrario y efectivamente convirtió a la ley "Kaadan" en la triunfadora.

Mi punto de vista es que si Lieberman se tomara en serio su agenda nacionalista, nunca habría permitido la aprobación de una ley de ese tipo. Pero lo que realmente le interesa a Lieberman es seguir siendo etiquetado como fascista o ultranacionalista con el fin de atraer a los votantes nacionalistas.

Tal era, al menos, su interés hasta hace poco. Desde que fue absuelto por la Corte, el objetivo de Lieberman es llegar a ser primer ministro. Y para llegar a esa meta su estrategia debe cambiar.

La relación entre Lieberman y Netanyahu es una reminiscencia de la que existía entre Ariel Sharon y Menachem Begin. Begin no hubiera firmado el Acuerdo de Camp David sin la aprobación de Sharon (para no dejar un flanco abierto a sus críticas), de la misma manera que Netanyahu buscará y necesitará el apoyo de Lieberman para cualquier acuerdo con los palestinos. Y al igual que Sharon bajo la jefatura de Begin, Lieberman quiere reemplazar a su jefe.

Amigo de toda la vida de Sharon y su ayuda de campo, Uri Dan afirmó después de la salida de Sharon del gobierno después de las masacres de Sabra y Shatila que los que no querían a Sharon como ministro de Defensa tendrían que tragarle como primer ministro. Pasaron veinte años hasta que su profecía se materializó, pero tan pronto como lo logró, el establishment legal de Israel fue a por la cabeza de Sharon. Como táctico veterano y brillante, Sharon sabía exactamente cómo derrotar a sus enemigos. En 1973, sobrepasó y sorprendió al ejército egipcio desde su retaguardia. En 2003, anunció que entregaría a 8.600 colonos de Gaza y Samaria a la izquierda israelí en bandeja de plata. De repente y milagrosamente, el abogado del Estado abandonó la persecución judicial de Sharon. Y los mismos medios que lo habían estado representando como la encarnación del mal durante dos décadas, se dieron la vuelta mágicamente durante la noche y lo convirtieron en un héroe nacional.

Lieberman lo sabe. Al igual que Sharon, es ambicioso, despiadado y cínico. Los de la derecha lo ven como su mejor esperanza para reproducir el precedente Sharon y conectar con la gente. En cuanto a la izquierda israelí, estoy convencido y lo digo públicamente que si Lieberman sigue los pasos de Sharon, tal como sospecho que lo hará, la misma gente de la izquierda que ahora lo demoniza mañana lo alabará.

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Monday, January 06, 2014

Lieberman como nuevo "adulto maduro" y Shimon Peres "como siempre" - Herb Keinon - JPost



El único acuerdo con los palestinos que Yisrael Beytenu (el partido de Lieberman) apoyará será uno donde haya un intercambio de territorio, y con él de la población que allí reside, y no sólo de territorio, afirmó el ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman este domingo.

Al hablar en la reunión anual del Ministerio de Asuntos Exteriores con los embajadores de Israel, Liberman dijo que se refería específicamente a los territorios fronterizos de Wadi Ara y el Pequeño Triángulo, un grupo de pueblos y ciudades árabes ubicadas junto a la Línea Verde, y que deberían formar parte de un futuro estado palestino.

"No estamos hablando de una transferencia de población, tal como se hizo con los asentamientos judíos de Gush Katif (en Gaza y en Samaria en el 2005). Nadie será expulsado de sus hogares o desposeído de sus bienes. En cambio se trataría simplemente de mover la frontera".

Liberman dijo que "no había razón alguna para que los árabes israelíes que residen allí - y que se consideran sobre todo palestinos - no se unan a sus hermanos bajo una soberanía palestina plena y se conviertan en ciudadanos del futuro Estado palestino que tanto anhelan".

El ministro de Asuntos Exteriores, que viajará este lunes a Londres para conversar con funcionarios británicos, entre ellos su secretario de Asuntos Exteriores William Hague, comentó que un acuerdo entre Israel y Palestina necesita tener en cuenta "la regulación de la cuestión de los árabes israelíes". Liberman también dijo que no aceptaría conceder el "derecho de retorno de ningún palestino a Israel, ni siquiera de uno sólo". En 2008, el entonces primer ministro Ehud Olmert parece ser que accedió a la aceptación simbólica por parte de Israel de unos 5.000 refugiados palestinos anuales durante un década.

"Permitir que cualquier descendiente de palestinos regrese", afirmó Liberman, "provocaría una gran cantidad de presión sobre Israel. No estoy seguro de que un futuro gobierno pueda soportar esa presión".  Además comentó que desde los acuerdos de Oslo, cerca de 10.000 palestinos se han movido dentro de la Línea Verde, y otros 100.000 palestinos - la mayor parte de Jordania y otros estados árabes - se han trasladado a Cisjordania. Liberman, quien se reunió el viernes con el secretario de Estado de EEUU John Kerry, le elogió por sus incansables esfuerzos para llegar a un acuerdo, y dijo que apoya un acuerdo global y defendible. "Incluso con todas las dudas que tengo sobre la verdadera intención de la otra parte, el diálogo entre nosotros es importante".

Lieberman afirmó que aún cuando las partes no están de acuerdo o no confíen entre si, es de "suprema importancia" ser capaces de hablar y manejar razonablemente la vida diaria juntos. Estas palabras marcan un agudo contraste con los comentarios que realizó hace poco más de un año, cuando llamó al presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas "mentiroso, cobarde y débil", que no representa a nadie ni controla nada.

Liberman manifestó su agradecimiento a Kerry por ser muy claro sobre la necesidad de que Israel sea reconocido como un Estado judío y tener en cuenta sus necesidades de seguridad. "Nadie en el ámbito internacional ha sido tan claro como Kerry acerca de estas cuestiones".

El ministro de Asuntos Exteriores, que para todos los efectos permaneció relegado durante la etapa de Hillary Clinton como secretaria de Estado, destacó la importancia para Israel de unas buenas relaciones con los EEUU. "Nuestra cooperación con los americanos es, sin duda, la base sobre la que se basa nuestra política exterior". Liberman añadió que Israel no solamente debe preguntarse cómo puede ser ayudado por los EEUU, sino también la forma en que puede ayudar a su vez a los Estados Unidos. Afirmó que corresponde a Israel entender que los EEUU se enfrentan a enormes retos: Corea del Norte, el triángulo entre China, Corea del Sur y Japón, Afganistán, Pakistán, Irán, Irak, Siria, Libia y Egipto, así como con problemas internos tales como la inmigración, el presupuesto, y las leyes sanitarias.

Liberman también comentó que no sólo es importante pensar en un acuerdo con los palestinos, sino pensar también en el día después del acuerdo. Aseveró que la conclusión que parecía deducirse de todo lo que sucede ahora mismo en el Oriente Medio es que la eliminación de los dictadores es la parte fácil, y que es necesario pensar en lo que pasará al día siguiente.

"Cuando hablo del día después, imagínen a un independiente Estado palestino que no necesita pedir nuestro consentimiento para absorber a los refugiados palestinos y que puede emitir tarjetas de identidad palestinas como desee, ¿qué pasaría?". Liberman que habló de una población palestina en Judea y Samaria de 2,4 millones de personas, añadió que otros 3 millones de palestinos procedentes de Jordania, Siria y Líbano, tras la declaración de un Estado palestino, podrían desear formar parte del nuevo estado o bien ser forzados a ello por sus actuales países de acogida. "Vamos a pensar un paso por delante", continuó, "¿la economía de Judea y Samaria, que no es la economía de Noruega o Suiza, podría absorber a otros 3.000.000 de palestinos adicionales? ¿Dónde vivirían? ¿De qué vivirían? ¿Dónde trabajarían? Y ¿cómo impactaría su llegada y su problemática superviviencia a Israel?". "Y pensemos un poco más allá. ¿Un acuerdo con los palestinos pondrá fin a la presión que sobre Israel ejerce la comunidad internacional?", se preguntó. "O, en lugar de los llamados asentamientos y de la ocupación, esa presión continuará atacándonos nuevamente en cuestiones tales como los beduinos del Negev o el fortalecimiento de los asentamientos judíos en Galilea?".

Liberman continuó diciendo que hay quienes en la comunidad internacional "no tienen ninguna intención de dejarnos descansar ni un minuto y no darnos ningún crédito aún a pesar de cualquier acuerdo con los palestinos, sino que más bien, inmediatamente, proseguirán atacándonos".

Lieberman prosiguió diciendo que Israel tiene que crear nuevos vectores en su política exterior, pero subrayó que no para reemplazar a los EEUU, sino además de él, con un énfasis especial en África. "Israel, en muchos países del mundo, es identificado con los conflictos, el terrorismo, la cuestión palestina y su postura sobre Irán, Afortunadamente, en los últimos años también es identificado cada vez más con la Start-Up Nation. Pero esto no es suficiente".

"Debemos liderar los temas más verdes, destacar nuestra capacidad de contribuir a la comunidad internacional, sobre todo en lugares difíciles donde luchan con problemas como la pobreza, el hambre, la escasez de agua, y similares". Liberman dijo que Israel, como lo hizo en la década de 1960, tiene que enviar sus mejores diplomáticos y expertos a África y ser los que "resuelvan los problemas y no sólo crearlos". El canciller también dijo que es hora de que los países árabes con los que Israel tiene lazos ocultos salgan del armario.

"El principal error que cometimos en el pasado fue firmar varios acuerdos con los estados de la región, pero quien los firmaron fueron los gobernantes, no los estados y los pueblos. Como resultado de ello, se creó una situación anómala mediante la cual, por un lado, Israel mantiene relaciones diplomáticas con estos países - en aparente referencia a Egipto y Jordania -, pero por otro lado, entre los numerosos sectores de la población, desde los elementos liberales a los más radicales elementos religiosos, hay un consenso: odio e incitación contra Israel".

Liberman prosiguió diciendo que a Israel siempre se le dice que trague con esta dualidad, porque tiene que mirar la realidad sobre el terreno y entender que "como la cooperación en seguridad es beneficiosa debe hacer caso omiso de la animosidad nacional". "Como Meir Dagan [el ex jefe del Mossad] dijo una vez, Israel en esta región es como una amante: a todo el mundo le atrae, pero nadie reconoce la relación", dijo Lieberman. "Ya es hora de que Israel exija reconocimiento diplomático y no sólo la seguridad, es decir, la recompensa de unos lazos".

El presidente Shimon Peres siguió a Liberman en la conferencia, y abrió su discurso con una broma diciendo que Liberman estaba tratando de reemplazarle "como adulto maduro". Haciendo frente a la cuestión palestina, Peres afirmó que "siempre hay problemas y riesgos, pero hoy en día hay grandes oportunidades, quizás la más grande de Israel desde que estuvimos en el Monte Sinaí".  Por vez primera, dijo Peres, quien rellenó sus comentarios con reminiscencias acerca de David Ben-Gurion, "los árabes no quieren destruirnos, sino que más bien piensan en una solución. También entienden que la mayor amenaza es el terrorismo árabe, que es una amenaza común para ellos y para nosotros".

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Thursday, October 03, 2013

Muy bueno lo de Lieberman: Lieberman se burla del New York Times por acusar a Netanyahu de intentar "sabotear a la diplomacia"



El presidente del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knesset, el diputado Avigdor Lieberman, comparó un editorial del New York Times muy critico con el discurso del martes del primer ministro Benjamin Netanyahu ante las Naciones Unidas, con otro titular del New York Times publicado en septiembre de 1938, donde elogiaba el acuerdo de Munich de 1938 que permitía la concesión a Adolf Hitler "de sus demandados Sudetes".

"Hoy (por este miércoles), el New York Times atacaba al primer ministro Benjamin Netanyahu por su discurso [del martes], diciendo que estaba incitando a la guerra y frustraba las posibilidades de una paz con Irán", afirmaba Lieberman en un post de su página de Facebook.
"En 1938 ese mismo New York Times informaba emocionado del acuerdo de paz firmado entre Gran Bretaña y la Alemania nazi, y por el cual Hitler obtuvo más o menos lo que exigía ... A lo que llevó 'este  acuerdo de paz' con el dictador nazi todos lo sabemos. Así que por supuesto es preferible luchar por los intereses fundamentales del Estado de Israel y que el New York Times te ataque, que ganarse el beneplácito de ese diario y terminar como Checoslovaquia en 1938".
El Acuerdo de Munich fue un acuerdo que permitió a la Alemania nazi anexionarse partes de Checoslovaquia situadas a lo largo de la frontera con Alemania (los Sudetes).

Lieberman adjunta un recorte del titular de 1.938 junto con una imagen de la histórica "reunión de paz europea", yuxtaponiéndola a otra imagen del reciente editorial sobre el discurso de Netanyahu.

El editorial del Times - publicado poco después del discurso de Netanyahu en la Asamblea General de la ONU - acusaba a Netanyahu de intentar "sabotear a la diplomacia" y decía que el primer ministro estaba "ansioso de pelear".

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Thursday, January 10, 2013

Lo que Netanyahu y Liberman quieren decir realmente cuando hablan de una solución de dos Estados – Raphael Ahren – Times of Israel



Cuando el líder de Israel Beytenu, Avigdor Liberman, afirmó el domingo pasado que la solución de dos estados se mantendría como el plan del gobierno para resolver el conflicto con los palestinos, parecía que estaba posicionándose a la izquierda de muchos altos funcionarios del Likud, quien la semana pasada declararon su firme oposición a la un Estado palestino.

Pero la visión de Liberman de una "solución de dos estados" está muy lejos de la comprensión más común de dicho término.

Según el campo del centro-izquierda israelí - y prácticamente de toda la comunidad internacional - la mejor solución para el conflicto israelí-palestino es la creación de un Estado palestino con unas fronteras basadas en las líneas de 1967 con intercambios de territorios de mutuo acuerdo. De acuerdo con este plan, todos los intercambios territoriales, independientemente de cuán grande o pequeño sean, estarán diseñados para permitir que Israel mantenga los principales bloques de asentamientos en Cisjordania.

Pero mientras que el primer ministro Benjamin Netanyahu, el líder del Likud, se ha mantenido excepcionalmente vago acerca de su visión de un acuerdo sobre el estatuto final - se ha limitado a decir que un futuro Estado palestino tendrá que ser desmilitarizado y reconocer a Israel como un Estado judío -, Liberman nunca ha ocultado ni mantenido en secreto que también está a favor de un "intercambio de población (por medio del intercambio de territorio y de soberanía)" que conduzca a "una separación máxima".

Entonces, ¿de qué hablan y qué quieren decir realmente estos dos líderes, que aparecen en una lista conjunta para las elecciones del 22 de enero, cuando hablan de dos estados para dos pueblos?

La postura de Netanyahu sigue siendo objeto de mucho debate. La semana pasada, algunos candidatos a diputados del Likud causaron bastante revuelo al afirmar que el partido no apoya una solución de dos estados, a pesar del discurso de Netanyahu en 2009 en la universidad Bar-Ilan  durante el cual, y en principio, se manifestaba de acuerdo con un estado palestino desmilitarizado si los palestinos reconocían a Israel como un Estado judío.

El ministro de Educación Gideon Saar, el número 3 de la lista conjunta del Likud-Beytenu, afirmó que "dos estados para dos pueblos nunca formó parte de la plataforma electoral [Likud]". Mientras, la diputada Tzipi Hotovely - la n° 15 en la lista – aseveraba que el discurso de Bar-Ilan fue una maniobra táctica de Netanyahu cuya única intención era agradar al mundo.

"Aun cuando el primer ministro se refirió a la cuestión de los dos estados, no se hablaba de un Estado en el sentido pleno. Habló de una larga lista de condiciones que el propio Netanyahu no creía que tuvieran ninguna posibilidad de ser cumplidas en un futuro próximo teniendo en cuenta las acciones de la otra parte (palestino)", comentó el diputado Yariv Levin al The Times de Israel.

Después de que los moderados del Likud como Dan Meridor no fueran elegidos por sus opiniones realistas para la lista del Likud para la Knesset en las próximas elecciones, y vieran sus lugares ocupados por nacionalistas extremistas, la mayoría - si no todos - os futuros miembros de la Knesset del Likud pueden rechazar abiertamente un Estado palestino.

Frente al debate acerca de la verdadera posición de Netanyahu, y ante la ausencia de una plataforma del partido sobre la solución de dos estados para estas elecciones, un portavoz del Likud dijo que el primer ministro aún admite una solución de dos estados, siempre y cuando las condiciones de Israel se respetarán y garantizarán su seguridad.

Si bien Netanyahu siempre se opuso firmemente a un Estado palestino, aparentemente cambió de idea (al menos oficialmente) después de una intensa presión internacional. Sin embargo, no parece tener prisa en aceptarla en la práctica, como lo demuestra su fuerte oposición a la reciente actualización del estatus de estado observador de Palestina en las Naciones Unidas, y su determinación a la hora de ampliar los asentamientos judíos en la Ribera Occidental. El "proceso diplomático debe ser gestionado de una manera responsable y sagaz, y no con una prisa excesiva", comentó el martes.

Independientemente de si Netanyahu, realmente, tiene la intención de estar de acuerdo finalmente con el establecimiento de un Estado palestino, el punto de referencia oficial de su gobierno sigue siendo el discurso de Bar-Ilan, donde declaró inequívocamente: "Si recibimos esa garantía con respecto a la desmilitarización y las necesidades de seguridad de Israel, y si los palestinos reconocen a Israel como el Estado del pueblo judío, entonces estaremos preparados para un futuro acuerdo de paz donde se llegue a una solución en la que un Estado palestino desmilitarizado coexista con el Estado judío".

Netanyahu ha reiterado esta posición varias veces durante estos últimos tiempos. En abril, le dijo a la CNN que él no quiere gobernar a los palestinos o aceptarlos como súbditos o ciudadanos de Israel. "Yo quiero que tengan su propio estado independiente. Pero un estado desmilitarizado". En septiembre, Netanyahu comentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que correspondía a las dos partes "llegar a un acuerdo mutuo, en el que un Estado palestino desmilitarizado reconociera al único Estado judío".

Al insistir en el reconocimiento de los palestinos de Israel como el Estado del pueblo judío – una demanda que es probable que ningún líder palestino actual cumpla -, Netanyahu creó una situación por la que puede decir a los líderes mundiales que, en principio, está dispuesto a aceptar la independencia de Palestina sin temor a que alguna vez tenga que firmar un acuerdo de status final (por la mencionada negativa palestina a reconocer a un Estado judío).

Por otro lado, Liberman sí cree realmente en una solución de dos estados. En contraste con los halcones del Likud, no se opone a un Estado palestino, pero su plan incluye un "intercambio territorial" mucho más drástico del que la mayoría de la gente tiene en mente cuando usa esos términos.

Así cuando dijo este domingo a Radio Israel que Israel no tiene "ambiciones imperialistas", que el gobierno está dispuesto a tomar "importantes medidas diplomáticas" cuando haya un socio adecuado en la otra parte, y que el discurso de Bar-Ilan serviría como base para cualquier futuro acuerdo de la coalición de gobierno, le podría sonar a algunos como sorprendentemente conciliador. Pero la verdadera visión de Liberman de un acuerdo de estatus final, sigue siendo controvertida.

En 2006, Liberman le dijo al embajador estadounidense - como fue revelado por Wikileaks - que los estados compuestos por diferentes "naciones" experimentan continuos conflictos. Por lo tanto, su propuesta de paz árabe-israelí incluiría una “reimaginación creativa de las fronteras”. Según su plan, un Estado palestino se crearía y éste incluiría a importantes centros de población árabes  israelíes, tales como la ciudad de Umm el-Fahm, a la vez que el Estado de Israel incluiría bloques de asentamientos judíos cercanos a la Línea Verde.

El 28 de septiembre de 2010, el entonces ministro de Asuntos Exteriores Lieberman presentó su idea al mundo entero: "Quiero ser muy claro: no estoy hablando acerca de cómo transferir o trasladar poblaciones, sino de mover las fronteras para reflejar mejor las realidades demográficas", afirmó Liberman ante la Asamblea General de Naciones Unidad. "Damas y caballeros", prosiguió Liberman desde este podio en Nueva York, "esta no es ninguna idea extraordinaria, y es mucho menos controvertida de lo que algunos pueden tratar de aseverar".

Como otros conflictos étnicos han demostrado a lo largo del pasado, a menudo es una "falta de correspondencia entre las fronteras y las nacionalidades, las cuales engendran y mantienen el conflicto”, postuló Liberman. "Los principales investigadores y las instituciones de investigación más respetadas, han acuñado incluso el término de 'tamaño adecuado (reajustado) del Estado' para captar la idea de que los estados y las naciones deben estar en equilibrio con el fin de asegurar la paz. Esta no es una norma política controvertida. Es una verdad empírica".

Inmediatamente después del discurso de Lieberman - que como era de esperar causó un alboroto internacional - Netanyahu se distanció de la posición de su ministro de Asuntos Exteriores, con sus asesores afirmando que los "diversos aspectos del acuerdo de paz solamente serán discutidos y decidido en la mesa de negociaciones y en ninguna otra parte".

Pero nunca ha repudiado el controvertido plan de Liberman. La plataforma electoral de Yisrael Beytenu en el 2009 postulaba que "cualquier solución debe incluir una separación máxima entre las dos naciones".  Para 2013, el partido va en una lista conjunta con el Likud, y hasta ahora no existe un programa oficial. Sin embargo, un portavoz de ese partido confirmó este domingo que mientras Liberman no cree posible que un acuerdo de paz sea alcanzable en un futuro previsible, él todavía cree en el principio de un "intercambio de población (por medio del intercambio de territorio y de soberanía)".

Este domingo, Liberman aprobó el discurso de Bar-Ilan. Pero en la actualidad no parece un líder dispuesto a implementar una solución de dos Estados - cualquier tipo de solución de dos Estados - en un futuro cercano.

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Saturday, September 24, 2011

La "verdad" de Netanyahu está demostrando ser el "error" de Israel - Ari Shavit - Haaretz


Pura suficiencia, y aún no se han enterado de que va el juego

El primer ministro Benjamin Netanyahu viajó a Nueva York esta semana para decir la verdad. Aquí está la verdad: nuestra situación nunca ha sido tan preocupante.

Ha habido situaciones más peligrosas en el pasado - por ejemplo, en la década de 1950, cuando Israel ni siquiera tenía un sólo aliado estratégico -. Han existido situaciones más indignante en el pasado - por ejemplo, a mediados de la década de 1970, cuando la Asamblea General de la ONU dictaminó que el sionismo era racismo -. Pero nunca hemos estado ante una situación tan lamentable como la de hoy en día. La grotesca política exterior de Netanyahu y del ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman han convertido a Israel en un estado patético y desamparado.

La razón de esto es simple. En la guerra, la mejor defensa es el ataque. En la diplomacia, el mejor ataque es realizar concesiones. Sólo si se da algo se puede conseguir algo, adquirir aliados e incrementar la fuerza. Sin embargo, el Israel de Netanyahu-Lieberman es un país tacaño que es incapaz de dar. Es por eso que no recibe nada, no suma aliados y se está debilitando peligrosamente. Estamos perdiendo un activo tras otro y nuestra posición retrocede paso a paso, hasta casi aislarnos totalmente.

Que no haya malentendidos: En el juego de niños actual, el chico malo es aún el palestino. Israel sigue siendo una potencia ocupante, pero Palestina es el agresor.

Si bien el Estado de Israel reconoce el Estado-nación del pueblo palestino, Palestina no reconoce el Estado-nación del pueblo judío. Si bien el Estado de Israel, de manos del ex primer ministro israelí Ehud Olmert, ofreció un mapa a los palestinos, los palestinos no han ofrecido unas fronteras defendibles a Israel que garanticen su existencia. Ellos siguen rechazando la única receta para dividir el país: 1967 a cambio de 1948, el ejercicio del derecho de autodeterminación a cambio de renunciar al derecho de retorno.

Han sido los palestinos, que hace una década ya rechazaron la oferta del entonces primer ministro israelí Ehud Barak, y que luego rechazaron la oferta de Ehud Olmert hace tres años, los que durante los dos últimos años se han negado a hablar con Netanyahu. Ellos fueron y son los que rechazan la paz verdadera.

Pero el hecho de que los palestinos sean los chicos malos demuestra hasta que nivel Netanyahu y Lieberman han sido los chicos tontos. Hubiera sido tan fácil rasgar la máscara de la cara del presidente palestino Mahmoud Abbas. Hubiera sido tan fácil probar que él exigía hasta el pedazo de terreno donde se encuentra el Haaretz.

Pero para hacerlo, era necesaria la audacia, la imaginación y la creatividad de Israel. Era necesario ofrecer una concesión israelí: la adopción de la iniciativa de Olmert o continuar con la retirada de Ariel Sharon o implementar un acuerdo provisional como propuso Shaul Mofaz.

Ninguna de estas tres vías hubieran traído la paz a Israel. Pero cada una de ellas hubieran mejorado la situación de Israel en esta guerra. La batalla habría sido trasladada a territorio enemigo, y nosotros habríamos conservado la legitimidad y los palestinos sufrido el aislamiento. En lugar de ser el saco de boxeo del mundo, Israel, una vez más, hubiera sido un jugador político serio al que el mundo atiende y toma en serio.

Sin embargo, Netanyahu y Lieberman no siguieron ninguna de estas tres vías. No iniciaron nada, no ofrecieron nada y no concedieron nada. Todo lo que han hecho durante los últimos dos años es soportar la presión y preservar su honor, o bien, preservar su honor y soportar la presión.

Al hacerlo, han ayudado a la causa palestina de una forma que ningún estadista hostil a Israel ha conseguido hasta ahora. Con sus propias manos han convertido a Abbas en el héroe que no es. Con sus propias manos han convertido a Israel en el estado paria que no debe ser. El primer ministro y el ministro de Asuntos Exteriores israelíes han conducido a Israel a un nivel sin precedentes de insignificancia diplomática.

Ahora Netanyahu está pidiendo al presidente Barack Obama que nos salve presionando a Gabón. Es muy posible que tenga éxito.

Bibi es un campeón en ese tipo de trucos. Él tiene todo el talento necesario para ser un excelente ministro de Asuntos Exteriores.

Pero incluso si la arrogancia palestina provoca que fracasen sus objetivos en el Consejo de Seguridad, la situación básica no va a cambiar. Gracias a Netanyahu y Lieberman el Estado palestino es ahora el favorito de la comunidad internacional. Gracias a Netanyahu y Lieberman ningún país es tan criticado y despreciado como el Estado judío.

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Friday, July 29, 2011

La democracia israelí agobiada por las tradiciones soviéticas - Alexander Yakobson - Haaretz



Es muy poco políticamente correcto decir esto, pero se me permitirá ya que se trata de mi propia tribu: los actuales ataques a la libertad de expresión en Israel tienen un sabor ruso muy pronunciado.

Evidentemente, no todos los inmigrantes rusos apoyan esas iniciativas, y no muchos de ellos tampoco están directamente involucrados. Pero no nos engañemos, los ruso-hablantes, tanto desde en el Likud como en Israel Beiteinu, están jugando un papel importante.

Mucho se ha dicho, y con razón, acerca de la contribución positiva que los inmigrantes rusos han hecho a la sociedad israelí en muchas áreas. Pero cuando se trata de actitudes hacia la libertad de expresión, la mayoría de los representantes elegidos de este grupo está realizando una contribución negativa. Esto está probablemente conectado al “equipaje personal” de estos inmigrantes que llegaron de la Unión Soviética y la cultura política antidemocrática que existía en su tierra natal.

No hay nada nuevo ni sorprendente en esto. La mayor parte de las oleadas de inmigrantes que llegaron a Israel, ya sea del Este de Europa o del Oriente Medio, provenían de países no democráticos, en algunos casos muy antidemocráticos. Esto es lo que hace tan fascinante la democracia israelí: millones han llegado hasta aquí, la mayoría de países no democráticos, y aún así han contribuido a crear una democracia vibrante en el corazón del Oriente Medio, en medio del terrible calor de un difícil conflicto nacional en curso, en otras palabras, en condiciones particularmente hostiles a la democracia.

Eso es un logro enorme, pero ¿este logro se encuentra en peligro?

El ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, pidió recientemente querer investigar a ciertos grupos no gubernamentales de izquierda a los que llamó “organizaciones terroristas". En verdad, en sus palabras no había escasez de extremismo. Fue un discurso irresponsable e inflamatorio desde cualquier lugar del espectro político, y cada miembro de esas organizaciones debe sentirse realmente consternado por los comentarios incendiarios dirigidos contra ellos así como por aquellos que disculpan dicha retórica con paternal indulgencia. Pero en el caso de Lieberman, a diferencia de la mayoría de los demás, hay una sensación de que lo que dice se lo cree, que si dependiera solamente de él realmente sería capaz de tratar a esos izquierdistas que tan cordialmente detesta como miembros de una verdadera organización, y que los trataría como merecerían ser tratados: enviándolos a la cárcel.

Entonces, ¿qué va a suceder? Estoy apostando por el optimismo, tanto a corto como a largo plazo. Durante décadas, hemos estado escuchando hasta la saciedad que la democracia estaba en peligro y que el fascismo estaba en la puerta. Y durante todo ese tiempo, había más que unos pocos augurios negativos, existía preocupación y acontecimientos que justificaban esas advertencias. Pero no hay ninguna duda de que hoy en día Israel es un estado mucho más libre y más democrático de lo que era en la década de 1970, cuando la moda de prever el inminente final de la democracia israelí apareció por primera vez y comenzó a ponerse de moda [N.P.: ¿desencadenada con el comienzo del fin de la hegemonía política de la izquierda israelí?]

La cuestión de por qué sucedió esto, es decir, todas esas profecías de que viene el fascismo en un aparente desafío a todas las probabilidades y a todas las previsiones, se merece una discusión aparte. Pero en cualquier caso, la experiencia nos enseña que es mejor tomar todas las profecías acerca de la próxima destrucción de la democracia en Israel con una pizca de sal.

Espero que el actual intento de socavar la libertad de expresión se vea estrepitosamente derrotado. Obviamente, no hay lugar para la complacencia, este intento debe ser combatido por todos los medios políticos, sociales y legales. Pero creo que esta batalla será un éxito. Muchos no están de acuerdo con esta evaluación. Ya lo veremos.

Con respecto al largo plazo, la siguiente generación, por supuesto, tendrá que enfrentarse a otros graves problemas. Pero la cuestión que se examina aquí se resolverá por sí misma, porque los inmigrantes rusos se integran perfectamente en la sociedad israelí.

Algunos llaman a estas predicciones demasiado optimistas, pero yo las contempló como las más realistas. Además, la justicia dicta una política de acción afirmativa de optimismo, que éste sí se encuentra ante una discriminación masiva en todas partes.

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Saturday, January 22, 2011

Tres artículos tres, sobre el innombrable del que todo el mundo habla: Avigdor Lieberman



Los feinschmeckers (exquisitos) velan por ti, Israel - Yehuda Ben Meir - Haaretz

Puede que Lieberman no sea un racista o un fascista, pero es un demagogo, un populista y un divisor, y eso ya es bastante malo.

Los antiguos sabios judíos decían que uno podía ganar (o perder) todo un mundo en una hora. El ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman tenía una oportunidad de oro para ganar un mundo dentro de la arena política israelí. El hombre que dirigía un partido no demasiado importante fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores del Estado de Israel y así entró a formar parte de ese selecto grupo de los Moshe Sharett, Abba Eban, Moshe Dayan, Shimon Peres y Yitzhak Shamir.

Yo por mi parte considero que además de que a todos se les debe dar la oportunidad de desempeñar puestos de parecida responsabilidad, también es preciso que se les otorgue el crédito necesario para que demuestren su valía. Las personas no sólo deben beneficiarse de la presunción de inocencia, sino además de la presunción de estar capacitados para realizar su trabajo. Y así escribí una columna en este diario en el que afirmaba que "Lieberman no es ni un racista ni un fascista", aunque no estaba de acuerdo con sus formas y con muchas de sus posiciones.

Por desgracia, Lieberman ha demostrado que no era digno de ese crédito. No esperábamos de él que cambiara de opiniones, por contra sí esperábamos que se comportara de una manera responsable y propia de un estadista, acorde con la posición que ocupa, al igual que de otro de sus compañeros de partido, el ministro de seguridad pública. Algunos esperaban que el nombramiento de Lieberman para tan alto cargo, y con tanta responsabilidad, le transformara de un mero político en busca de votos en un líder de talla nacional. Cuanto más altas son las expectativas, más fuerte es la caída.

La primera metedura de pata de Lieberman fue su escandalosa aparición en la Asamblea General de Naciones Unidas. La persona que habla en nombre de Israel en la apertura de la Asamblea General – ya sea el primer ministro, el ministro de Asuntos Exteriores o el embajador adjunto - debe presentar las posiciones de su gobierno, no las suyas propias o de su partido. Lieberman humilló al Estado de Israel y lo presentó como un país debilitado y dividido (dentro de su propio gobierno).

La aparición de Lieberman ante la conferencia de los embajadores de Israel fue indigna. El ministro de Asuntos Exteriores tiene derecho a presentar unas posiciones que difieran de las de su primer ministro, a pesar de que esto no resulte deseable. Sin embargo, y en todo caso, el lugar idóneo para presentarlas sería una reunión de su partido, Yisrael Beiteinu, o un debate en la Knesset, cuando hable en nombre de su partido, y no desde luego en una reunión de embajadores de Israel, cuya función es regresar a sus destinos y presentar las posiciones de Israel con una voz unificada. El discurso de Lieberman ante ellos, denunciando las políticas del primer ministro de su propio gobierno, resultó vergonzoso.

Peor aún fue su “horror show” de la semana pasada, cuando acusó rotundamente a todos los grupos de derechos humanos de Israel de socavar al Estado y al IDF, además de complicidad con el terror (que extendió al propio Haaretz). De hecho, hay grupos en Israel que han cruzado las líneas rojas y superan lo que es permisible en un país democrático, y por ello deberían hacer cara al sistema legal establecido. Pero eso está muy lejos de una acusación genérica y excesiva que linda claramente con la incitación. Eso es realmente macartismo.

Lieberman puede que no sea racista ni fascista, pero es un demagogo y un populista, además de divisor, y por eso es tan nefasto.

A los miembros del Likud, a quien apodó feinschmeckers (exquisitos), les propongo que no se emocionen. El propósito del judaísmo es educar a los seres humanos para que sean personas que tiendan a la excelencia, y esa es también la esencia de la Torá cuyos "caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas son de paz (para el espíritu)".

Cuando todo estaba dicho y hecho, el pueblo estadounidense rechazó al senador McCarthy y lo envió a su casa caído en desgracia. Si Lieberman persiste en su camino, ese también será su destino.


Lieberman es bueno para Israel - Yoaz Hendel – Ynet

Avigdor Lieberman no será recordado en nuestros libros de historia como el mayor éxito diplomático que hayamos tenido por aquí. No hay controversias al respecto. Un ministro de Asuntos Exteriores efectivo se supone que es un mentiroso profesional, mientras que Lieberman tiene una tendencia populista a presentar la verdad desnuda, y precisamente donde no se debe hacer.

Por otro lado, hasta la llegada de Lieberman, el Estado de Israel intentó repetidamente el enfoque opuesto durante años y años, y eso tampoco funcionó. Los diplomáticos israelíes con su pulido inglés sonreían amablemente, incluso cuando la hipocresía internacional resultaba abrumadora. Los ministros de Exteriores parecían inclinar la cabeza en una especie de gesto judío típico de la díaspora cuando cualquier líder mediocre nos quería soltar su reprimenda.

En términos generales, hasta que llegó Lieberman se habló cortésmente pero no sucedió ni se consiguió nada.

Lieberman, el colono contundente con un pesado acento ruso, dice, de hecho, lo que todos saben y no se atreven a decir en voz alta. Y no estoy hablando solamente de las personas que le votaron, sino también de todos esos centristas e izquierdistas que hacen un esfuerzo extra para mantenerse alejados de su influencia, como si la verdad fuera contagiosa.

Lieberman se atrevió a decir ante la Asamblea General de la ONU que la paz con los palestinos no prevalecerá por aquí en los próximos años. Lieberman es el que criticó a Turquía para su elección de unir sus fuerzas al eje del terror islámico, y todo ello mientras funcionarios públicos israelíes realizaban declaraciones que más bien daban la impresión de que Ankara sólo es un amigo ligera y temporalmente confundido.

No debemos olvidar, por supuesto, la razón actual de los ataques contra Lieberman: su crítica pública de la contribución prestada por los grupos radicales de izquierda israelíes a la deslegitimación de Israel en el mundo.

Dejen de lado por un momento los ataques de los medios de comunicación, los llamamientos de los líderes de la izquierda, los decretos anti-Lieberman, y examinen durante unos segundos las palabras de Lieberman en función de su contenido. ¿Hay alguien en este país que tenga alguna duda de que lo que dice no está exento de razón? Yo no soy uno de los partidarios de Lieberman y no me gustan muchas de sus “cualidades y actitudes”. Su retórica es exagerada y las sospechas de corrupción que la policía ha presentado en su contra son elementos muy problemáticos. Sin embargo, a pesar de ello, no se puede negar la verdad cuando él la pone de manifiesto.

Cuanto más se escuchan las voces de la manada que gritan a coro que sus formas son fascistas, o cuanto más hombres de letras se enfrenten a cualquier propuesta que formule tildándola de macartismo, o bien cuanto más políticos se pongan de perfil o se alejen de él para evitar las críticas de los medios de comunicación, más se pone de manifiesto la necesidad de Lieberman como parte del discurso político en Israel.

Al igual que un estado democrático necesita de las actividades de organizaciones de izquierda que operen legalmente con el fin de descubrir las verdades desagradables, también necesitamos el modelo de Lieberman para que nos recuerde que, en ocasiones, el emperador va desnudo.


¿Quién debe temer a Lieberman? - Alexander Yakobson - Haaretz

Voy a aventurar una respuesta: al final del término de este gobierno, no habrá menos libertad en el Estado de Israel que existía al comienzo del mismo. Todos los proyectos de ley que buscan frenar la libertad de expresión no serán aprobados en última instancia, o sí lo serán pero en versiones que no violen la libertad de expresión, o serán interpretados por el sistema judicial de manera que no perjudiquen la libertad de expresión, o serán anulados por el Tribunal Supremo por contravenir la libertad de expresión.

Las organizaciones de izquierda van a seguir funcionando libremente. La comisión parlamentaria de investigación sobre la integración de los árabes en la administración pública, encabezada por el diputado árabe Ahmed Tibi, tiene más oportunidades de influir en la realidad sobre el terreno (aunque sea modestamente) que la comisión de investigación sobre las organizaciones izquierdistas de derechos humanos iniciada por Avigdor Lieberman.

Los representantes de los partidos árabes también servirán en la próxima Knesset. Ahmed Tibi podrá seguir diciendo que Israel es un Estado democrático de los judíos y un Estado judío para los árabes, y seguirá presidiendo lo más probablemente, como vicepresidente de la Knesset, las sesiones de este parlamento judío y democrático.
Eso no significa que el horror show de Yisrael Beiteinu no cause un daño real. El daño causado repercutirá, sin lugar a dudas, a la calidad de la vida pública y democrática de la cultura política de Israel. Muchas cosas malas pueden suceder en una sociedad, incluso aunque el sistema democrático y la libertad de expresión no se vean alterados. Daños diplomáticos sin duda los habrá, y ya se han producido. Pero el mayor daño lo sufrirá el Likud.

El objetivo político de Lieberman es, naturalmente, competir con el Likud y atraer a sus votantes. Lieberman no puede competir con el primer ministro Benjamin Netanyahu negándose a ceder territorio, y es que él mismo ha declarado su apoyo a un intercambio de territorios. Asimismo, no puede demostrar demasiados logros ante sus votantes rusos y seculares en lo que se refiere a asuntos de religión y de estado (conversiones, matrimonios laicos). Sólo puede escoger las disputas con los árabes y con la izquierda. Y eso siempre funciona.

Ante esta situación, los dirigentes del Likud pueden elegir entre dos posibilidades: la primera es dejarse arrastrar por Lieberman ante el temor de ser acusados de ser demasiado blandos con los árabes y los izquierdistas. Ese es el camino fácil de los políticos débiles. Dios no lo quiera que tengamos que pensar que nuestro primer ministro es un político débil. Si este es el ámbito de la competencia entre ambos partidos, y esta es la cuestión principal, la victoria de Lieberman está asegurada.

El Likud no tiene ninguna posibilidad de ser “más Lieberman” que el propio Lieberman. La única manera que tiene el Likud de afrontar con éxito esta competencia es atacar de manera abierta y decidida al líder de Yisrael Beiteinu y a su línea de acción. Si hay alguna cosa que aman y respetan los corazones de los votantes de la derecha, inclusive más que el interés nacional, es el orgullo nacional. Los líderes del Likud deben decirle a la opinión pública, y además es la pura verdad, que la libertad de expresión israelí es un asunto de orgullo nacional. Es la “alta tecnología” de la democracia israelí, ojala los restantes aspectos del gobierno y de la sociedad de Israel estuvieran al mismo nivel.

En Israel existe una verdadera libertad de expresión, y no hablamos del típico país occidental pacífico y sin amenazas externas (¿qué hay de tan especial antes esas ventajosas circunstancias?), sino de un país envuelto en un conflicto nacional largo, complejo y difícil, en el corazón del Oriente Medio, y en una sociedad donde la gran mayoría de las personas que lo habitan provienen de países no democráticos. Y ante esas circunstancias representa una de las mayores victorias de la libertad existentes.

La crítica limpia y justa debe ser aceptada. La libertad de crítica de que se goza aquí - también para las críticas injustas - es una fuente de orgullo. Es una pena echar a perder esa fuente de orgullo como consecuencia de los intentos de cerrar la boca a unos pocos. No obstante, y de todos modos, esos intentos pueden terminar en el fracaso y la desgracia.

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Monday, October 18, 2010

La historia del éxito de Lieberman - Sima Kadmon - Ynet



La semana pasada, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu ha tenido que luchar para defender su condición de líder de la derecha de Israel. Y cómo no, la persona que le arrastró a esa especie de tribunal fue su ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman.

No se puede negar el hecho de que Lieberman está despegando. Su poder electoral no sólo se mantiene, sino que sigue creciendo. Hay una enorme euforia alrededor de él y los resultados de las encuestas de opinión se presentan como impresionantes. Parece que la estrategia electoral ideada por Arthur Finkelstein, la cual funcionó bastante bien antes de las elecciones, sigue funcionando igual de bien posteriormente: la voluntad de pulsar esos botones (temas clave) que proporcionan los votos, a pesar de las reprobaciones inmediatas y cotidianas que generan.

Hubo una vez un Sharon y un Netanyahu que fueron rivales en su búsqueda del liderazgo del espectro derechista. Posteriormente, esa pugna se trasladó entre Netanyahu y Silvan Shalom. Ahora parece estar entre Bibi (Netanyahu) y Lieberman.

Lieberman se ha convertido en una amenaza tangible para el estatus de Netanyahu dentro del ámbito de la derecha israelí. De alguna manera, los enfrentamientos repetidos (y buscados) del ministro de Asuntos Exteriores con los líderes mundiales, incluyendo la forma en que reprendió la semana pasada a los ministros de Asuntos Exteriores francés y español, su extravagante discurso ante la ONU, y su franqueza (por no hablar de mala educación) tienen un efecto diferente ante la opinión pública israelí.

El juramento de lealtad que el Gobierno votó esta semana (la nueva Ley de Ciudadanía), el cual exige a los no judíos que deseen acceder a la ciudadanía israelí que presten lealtad a Israel como Estado judío y democrático, es una versión muy remota de la ley propuesta originalmente por Lieberman. Sin embargo, fue el ministro de Asuntos Exteriores quien se apuntó el tanto de su aprobación. Netanyahu parecía una mosca sentada en la espalda de un elefante diciendo: mirad que fuertes somos.

Esta ley puede incomodar mucho a los izquierdistas, a los intelectuales y a los periodistas, sin embargo, este tema preocupa bastante a la opinión pública israelí en estos momentos, y el apoyo público a esta legislación es mucho mayor que cualquier apoyo a Lieberman [N.P.: según el Haaretz, en una encuesta reciente el 67% de la población sostenía la nueva Ley de Ciudadanía].

En líneas generales, al presidente del Yisrael Beiteinu (el partido de Lieberman) se le asocia actualmente con esa especie de orgullo israelí que no busca congraciarse con nadie ni adoptar riesgos. Sus soluciones son simples, pero son bien recibidas por muchos. Aunque a uno pueda no gustarle, la opinión sostenida por el ministro de Asuntos Exteriores de que no habrá paz con los palestinos, ya sea en esta generación o en la próxima, se interpreta como lógica y realista por parte de muchos israelíes, tal como lo demuestran las encuestas de opinión pública.

Por otra parte, la propuesta de un intercambio territorial (y de población) de Lieberman ya no se percibe como algo inmoral o inhumano: ¿Dónde está el problema?... Nosotros tendremos Ariel, donde desean seguir siendo israelíes, y regalamos a cambio Umm al-Fahm, donde sólo se piensan como palestinos y árabes. Mientras tanto, su lema electoral, "no hay ciudadanía sin lealtad", agita más el debate que provoca repulsión: ¿Cuál es el problema?, afirmaban muchas personas la semana pasada, en Estados Unidos también se exige (*1).

Si bien la conducta contundente de Lieberman con relación a los ministros de Asuntos Exteriores europeos hizo que muchas personas se sintieran incómodas, pueden estar seguros de que muchos otros consideran que era algo lógico y estaba justificado. De repente, parece que todos los líderes extranjeros se sienten con derecho a reprobarnos y decirnos que debemos hacer, !!que resuelvan antes sus propios problemas antes de criticarnos!!

Una cosa está clara: Lieberman hace todo lo posible para seguir siendo un personaje prominente y relevante a cada ocasión que se le presenta. Él asegura que las personas lo identifican con los temas de su agenda, en lugar de con sus problemas legales [N.P.: está acusado de financiación ilegal de su partido]. Lieberman se muestra hábil y se permite opinar de casi todo, más inclusive que el propio primer ministro, especialmente desde su decisión de ignorar su propia posición oficial dentro del gobierno. Sin duda, Lieberman ha creado una nueva posición diplomática: un ministro de Asuntos Exteriores que piensa que no hay nadie con quien hablar.

Uno puede enojarse, rebelarse, o estar decididamente en contra de él y de su postura, sin embargo no se puede pasar por alto un hecho: funciona. Muchos israelíes dicen que sólo “Lieberman habla (y entiende) el árabe”. Lo que traducido resulta muy simple: la opinión pública israelí, visto lo visto, parece aceptar el enfoque de que "no hay nadie con quien hablar y que no habrá paz”, desde luego no al menos en esta generación.

Cuando a Lieberman se le pregunta qué es lo que está haciendo, él siempre responde lo mismo: ser realista. Y precisamente, no hay duda de que actualmente el realismo se esta imponiendo.

PD (*1): Hoy el Ynet publica que el juramento de lealtad a Israel como Estado judío y democrático que con la nueva Ley de Ciudadanía deberán realizar los nuevos ciudadanos no judíos, también se extenderá a aquellos judíos que por la Ley de Retorno accedan a la ciudadanía israelí.

No obstante, dos ejemplos clarificadores de juramentos para acceder a la ciudadanía americana e inglesa:

EEUU:
Por la presente declaro, bajo juramento, que renuncio absoluta y enteramente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, de la que haya sido o sea ciudadano, y que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todo enemigo, exterior e interior (doméstico), que guardaré lealtad a América, que tomaré las armas en nombre de los Estados Unidos cuando lo exija la ley, que desempeñaré servicios como no combatiente dentro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos cuando lo exija la ley, que realizaré una labor de importancia nacional bajo una dirección civil cuando sea requerido por la ley, y que asumiré estas obligaciones libremente, sin ninguna reserva mental ni intención de evasión, y pido a Dios me ayude (a ello)
Gran Bretaña (y Canada, salvo para la zona de habla francesa que obviamente es en francés):
Yo _____ juro por Dios Todopoderoso [alternativas: solemnemente, sinceramente, declaro y afirmo verdaderamente] que al convertirme en un ciudadano británic seré fiel y verdaderamente leal a Su Majestad la Reina Isabel II, a sus herederos y a sus sucesores, de acuerdo con la ley. Otorgo mi lealtad al Reino Unido y respetaré sus derechos y libertades. Defenderé sus valores democráticos, observaré sus leyes y cumpliré fielmente mis deberes y obligaciones como ciudadano británico.

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Wednesday, October 13, 2010

Ojo con Avigdor Lieberman. Algunos (que tanto le critican) le están preparando el terreno.



Avigdor Lieberman es ese político derechista populista del que la izquierda occidental y sus medios suelen destacar su pasado como portero de discoteca. Lo que no añaden a continuación es que gracias a esa dedicación tan mal vista se costeó sus dos carreras universitarias. Algo de lo que algunos ministros del país del buen rollito no pueden presumir, al quedarse en sólo algunas asignaturas aprobadas en primero de carrera.

Pero dejando aparte el perfil académico del personaje, resulta muy llamativa esa especie de huida hacia delante de uno de los pilares básicos del gobierno Netanyahu, hasta el punto que muchos apuntan a su deseo de configurarse como rival político de Netanyahu en la propia derecha y como su expulsión del gobierno actual le facilitaría el perfil deseado (véase la bronca escasamente diplomática a los embajadores francés y español, y la sensación de “se lo merecían” tan popular entre en muchos israelíes), sobre todo si Netanyahu hace demasiadas concesiones (que servirían de posición de partida hasta las próximas negociaciones y así nuevamente…) y finalmente el actual proceso de paz no tiene éxito

Todo el asunto se ha precipitado con el discurso de Lieberman en las Naciones Unidas, discurso sorprendente porque no seguía las pautas del gobierno del que forma parte sino de su propia formación política, Israel Beitenau. Este hecho ha sido criticado con mucha razón, pues su cargo, ministro de Asuntos Exteriores, implica una responsabilidad institucional y no partidista, y su mensaje por lo tanto debería haber seguido la línea marcada por su gobierno.

Dicho esto, que ya de por sí no dice nada bueno, dos temas de su discurso han levantado una gran polvareda. Uno ha sido “retrasar” una posible paz a un período de “décadas” y el otro preconizar que una auténtica solución requiere un cambio territorial y de población, el cual no implicaría ninguna transferencia de población sino un cambio de su ciudadanía, y que afectaría a todos esos árabes israelíes (o palestinos de Israel) que constantemente apelan a su identidad palestina y árabe, y a la imposición que sufren de una ciudadanía israelí, pero que luego no desean dar el paso lógico que tanto dicen anhelar, es decir, formar parte constituyente a todos los niveles del futuro estado de Palestina (sus verdaderos compatriotas según parece) y de la nación árabe.

Respecto al asunto de la temporalidad, parece haber asustado que se hable de “décadas” y no de un nebuloso “año o años”. La verdad es que hemos publicado algunos artículos de comentaristas y políticos extranjeros e israelíes, alguno tan manifiestamente identificado con todos los procesos de paz como Yossi Beilin, que preconizan en la actualidad conseguir un acuerdo parcial y localizado y no final, pues aseguran que éste último no sería posible en estos momentos e inclusive su búsqueda sería peligrosa por no reunirse las circunstancias adecuadas, por lo que sería preferible dejarlo para más adelante. Es por esto que el espanto desatado por esa mención de “décadas” para un arreglo final se antoja algo susceptible y sesgado.

Con respecto al intercambio de territorios y población la hipocresía ha alcanzado aún mayores cuotas. Hemos de recordar que la derecha israelí que ahora propone esa anteriormente ha sido partidaria más o menos expresamente del Gran Israel, es decir, la idea nunca partió de sus filas sino de la izquierda israelí. En un post previo publiqué un artículo de Yossi Alpher, otro destacado buscador de la paz desde el espectro de la izquierda israelí, donde hacía mención de los orígenes en la izquierda israelí de esa idea, y de cómo su rescate por parte de Lieberman “la estaba devaluando o dando mala fama”.

Bien, el problema para mí no es que Lieberman, como buen populista que es, retome ideas ajenas y las haga propias, el problema estriba en cómo la izquierda se las dejó arrebatar y/o las abandono. A menos claro está que ahora ya no las asuma, entonces las quejas de “devaluación” no tendrían mucho sentido.

El problema radica en que una parte importante de la izquierda israelí adoptó otra idea como motor básico de lo que considera que debe ser Israel: Israel como el “Estado de todos sus ciudadanos”, es suma, un abandono del carácter judío del Estado y la adopción de un carácter multicultural sin un carácter nacional demasiado definido (o sea, una especie de Gran Tel Aviv pero donde la mayoría de la población tuviera muy poco que ver con la caracterización habitual – bastante “kitsch” - de sus habitantes. La idea tenía en mente conseguir apoyos entre esa parte de los árabes israelíes que esa izquierda israelí considera como más próximos a sus objetivos y por lo tanto más susceptibles de captar, el denominado liderazgo social y cultural árabe israelí (asociaciones culturales, sociales, de derechos, más bien que los representantes políticos en la Knesset, sin excluir a algunos). La idea consistía en facilitar una igualdad plena de todos los ciudadanos israelíes rebajando las connotaciones nacionales (obviamente las judías). En principio, nada objetable a tal propuesta a primera vista, lo que sucede es que esa izquierda israelí volvió a tropezar con la misma piedra de siempre: interpretar los deseos de los palestinos, en este caso de los árabes israelíes, a su gusto, obviando sus verdaderos deseos, los que verdaderamente sostienen.

Fue por eso que cuando el llamado liderazgo social, cultural y político de los árabes israelíes publicitó sus “Visiones” del futuro deseado para los árabes israelíes dentro de Israel la izquierda israelí enmudeció clamorosamente. ¿Y por qué? Pues porque mientras la izquierda israelí había estado vendiendo a la población judía la idea de un “Estado de todos los ciudadanos”, dando a entender más o menos que era la solución que estaba buscando la población (el liderazgo) árabe israelí, ese mismo liderazgo, en la mayoría de sus “Visiones”, dejaba totalmente de lado el “Estado de todos los ciudadanos” y preconizaba un “Estado binacional confederal”, con las dos naciones, árabe y judía, bien delimitadas y prácticamente estancas y separadas, un Israel conformado como dos “estados paralelos” a casi todos los niveles y con pocos elementos vinculantes, y donde la parte árabe de Israel desearía tener una relación especial y preferente con la futura Palestina (si no desea su integración en ella). O sea, que si esa izquierda israelí no quería nacionalismo (judío) para contentar a los árabes israelíes, ahora esos mismos árabes israelíes que tanto habían defendido les propondrían una ración doble, un nacionalismo árabe y otro judío (es importante destacar como aquellos dentro de la izquierda israelí que desean huir del nacionalismo judío se verían relegados nuevamente, según esas “Visiones” y gracias esta vez a sus colegas árabes israelíes, a la esfera estrictamente judía).

Nada nuevo para la ceguera consustancial a la izquierda israelí.

Y es por ahí por donde van los tiros de la proposición – repito, originaria de la izquierda - de un intercambio de territorios. Obviamente, en una situación normalizada, se necesitaría la aquiescencia de la población afectada para la decisión de cambiar, exclusivamente, de ciudadanía. Pero ahí empiezan las pegas, existen varios motivos para que aquellos que sólo se sienten palestinos y árabes deseen aún así permanecer en Israel:
- Falta de confianza en la naciente entidad palestina y en su posterior futuro (Hamas, poder de los clanes, milicias, etcétera).

- Mejores posibilidades económicas y de desarrollo en Israel.

- Desconfianza ante una posterior postergación en el Estado palestino por el hecho de proceder de Israel y por su falta de “combatividad”, y su postergación, dentro de la causa nacional palestina.

- Una actitud nacionalista que les lleva a permanecer en Israel para proseguir desde dentro con el conflicto nacional israelí-palestino, debilitando y desestabilizando a Israel desde el interior, y ayudados desde el exterior por el estado palestino y por el resto de los países árabes (junto con el habitual movimiento anti-Israel occidental que no esperarían ustedes que desapareciera con el nacimiento de un estado palestino).

- Propiciar desde dentro un cambio en la estructura nacional de Israel, hasta obligar a conformarlo como un Estado binacional confederal (las “Visiones”), quizás como paso intermedio para su futura conformación con el tiempo como estado árabe (cuando la población judía sea minoría), y por qué no, su posible reunificación posterior con el estado palestino.
Obviamente, el hecho demográfico surge como un elemento relevante en estas dos últimas aptitudes y motivaciones, y la posibilidad de su agravación con un posible retorno de un determinado número de refugiados a Israel y con las posibilidades que brinda la reunificación familiar a través de matrimonios entre árabes israelíes y palestinos. Es por esto que la nueva Ley de Ciudadanía Neumman-Lieberman apunta a controlar la llegada de nuevos ciudadanos que promoverían estas dos últimas motivaciones, y que el intercambio territorial y de población propuesto por Lieberman, y que afectaría a las zonas colindantes con el nuevo estado palestino y pobladas muy mayoritariamente por árabes israelíes, sería otra solución para esa amenaza, solución difícilmente objetable cuando algunos árabes israelíes sólo se asumen como palestinos y árabes, considerando su ciudadanía israelí como una "imposición" (léase, la existencia de Israel).

Como ya he comentado antes, en una situación normalizada la opinión de los afectados debería ser tomada en cuenta, pero cuando se trata de acabar de una vez por todas con un conflicto nacional tan sangriento (y que según tanta gente políticamente correcta sería sobre el que “pivotaría toda la inestabilidad y violencia en el Oriente Medio”), y de facilitar la mejor solución por ser la más duradera y sostenible (vaya palabreja), no debería obviarse de ninguna de las maneras imponer como mal menor dicho intercambio entre los dos estados para así evitar futuros problemas que, esperemos, no se deseen.

La cuestión estriba en si la izquierda israelí más responsable se da cuenta de las apuestas que subyacen al tan anhelado acuerdo final para terminar con el conflicto. No hablar de ello no anuncia nada bueno, mucho peor, deja el campo libre a los Lieberman de turno que, de forma más o menos sincera, populista o electoralista, observan que sólo ellos se atreven a hablar en voz alta de la problemática que el resto de la clase política solo se atreve a susurrar y que genera gran inquietud entre la opinión pública. Una de las cosas que está experimentando la clase política occidental es contemplar como aquellos problemas que dejan soterrados por requerir un gran esfuerzo y voluntad de decisión (además de conllevar peligros electorales), son recuperados por fuerzas políticas que conforman con ellos sus programas electorales y arrastran así a una cada vez mayor parte de la población cansada de convivir con dichos problemas y de la falta de decisión a la hora de combatirlos.

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