Friday, October 08, 2010

Los documentos (liberados de la Guerra del Yom Kippur) no muestran el abatimiento de Moshe Dayan - Abraham Rabinovich - JPost



Si a Israel le diera por erigir estatuas a sus generales, Moshe Dayan, hasta octubre de 1973, habría merecido el pedestal más prominente en el panteón militar, incluso tal vez uno más alto que el de Nelson en Trafalgar Square. En todo caso, a raíz de la Guerra de Yom Kippur la opinión pública le ha relegado a un nicho modesto.

Resulta escalofriante leer el testimonio de Dayan en una reunión del gabinete, un día después del estallido de la guerra, que gracias al protocolo que ha liberado documentos de los Archivos del Estado acaba de hacerse público. No hay nuevas revelaciones, ni siquiera con respecto a las instrucciones de Dayan para evacuar las fortificaciones asediadas de la línea Bar-Lev y la posibilidad de dejar atrás a los heridos si fuera necesario.

Aunque algunos medios de comunicación han montado un escándalo ante estas instrucciones, de hecho eran una opción de consenso entre los comandantes. El protocolo no refleja en su plena medida el desaliento que abatió a Dayan durante los primeros días de la guerra. Se le muestra haciendo una revisión coherente de la situación en los dos frentes - crítica, pero no sin esperanza - sobre la base de los informes que llegaban a la sala de dirección de la guerra y a sus propios viajes a los frentes.

Fue en las conversaciones privadas con la Primer Ministro Golda Meir y con algunos de sus generales donde utilizó la frase "el Tercer Templo está en peligro", lo que significa que la existencia misma de Israel se veía amenazada, una evaluación que minó el espíritu de todos aquellos que la oyeron.

El general Moshe Peled, en su camino hacia el Golán a la cabeza de su división blindada responsable de la ejecución de un exitoso contraataque, vio a Dayan sentado en una roca al lado de la carretera viendo como el humo de la batalla se elevaba hacia las alturas. Peled puso una mano alentadora sobre el hombro de Dayan sólo para ver como su viejo amigo y vecino comenzaba a llorar.

Estas instantáneas nos proporcionan una imagen errónea. El shock inicial por el ataque sorpresa de dos poderosos enemigos que habían sido eliminados con tanta facilidad sólo seis años antes provocó que la mente de unos veteranos guerreros se congelara tratando de comprender lo que les resultaba incomprensible. Les llevaría unos días antes de que pudieran regresar a sí mismos y tomaran la iniciativa. Dayan se sorprendió al darse cuenta de que Israel estaba luchando en una guerra que no había preparado, que la fuerza aérea estaba siendo neutralizada por los misiles SAM suministrados por la Unión Soviética, que los tanques de Israel estaban siendo diezmados por el nuevo misil Saager y que los ejércitos árabes estaban luchando con un espíritu que nunca habían mostrado antes.

Más allá de los dos ejércitos atacantes, Dayan vio a otros ejércitos árabes sumándose a la lucha, como ellos hicieron. Fue la amplitud de su visión la que nos puede explicar la profundidad de su desesperación.

Sin embargo, al cabo de dos o tres días encontró el equilibrio.

No obstante, desde el principio y durante toda la guerra ofreció sabios consejos a sus jefes militares y al gabinete. El jefe de Estado Mayor, el Teniente General David (Dado) Elazar, fue uno de los pocos líderes que no perdió la cabeza (Ariel Sharon fue otro de ellos) y su conducta y méritos en esta guerra le colocaron no sólo en el panteón militar de Israel, sino en el de la historia.

David Elazar tuvo la suerte de tener a Dayan como caja de resonancia y como socio estratégico.

La posterior Comisión Agranat no solicitó el relevo de Dayan, en mi opinión correctamente, ya que a los ministros de defensa no se les supone que deban ser "jefes de staff". Sin embargo, en el período previo a la guerra, Dayan sí se mostró más preocupado que sus generales por la acumulación de fuerzas árabes. "No se está tomando suficientemente en serio a los árabes", les dijo el día antes de la guerra. Fue solamente su insistencia en que la 7ª Brigada Blindada fuera remitida al Golán unos días antes de la guerra lo que impidió que se perdieran las Alturas del Golán.

Tras su caída e inmovilidad inicial, mantuvo durante el resto de la guerra la necesaria perspectiva de los que toman las decisiones. Al describir a sus compañeros de gabinete el desempeño de las tropas que habían cruzado el canal, les dijo que estaban luchando con prudencia, pero también con valentía. "Es una cosa maravillosa y terrible. Tenemos que reducir la velocidad y pensar por lo que estamos peleando. No es por el Muro Occidental (de Jerusalém)".

A medida que el sentido de la guerra giraba favorablemente, el comportamiento de Dayan sugirió a algunos su deseo de morir en combate. Visitó los frentes cada día, exponiéndose innecesariamente al fuego de los francotiradores y de la artillería, como si quisiera expiar lo que había sucedido teniendo la muerte de un soldado.

Al final, la "expiación" consistió en formar parte del gobierno de posguerra de Menahem Begin y jugar un papel de liderazgo en el logro de un acuerdo de paz con Egipto.

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