Thursday, February 10, 2011

Israel debe dedicarse a esperar y a vigilar el vecindario - Yossi Klein Halevi - Foreign Affairs



Hasta hace una década, todos los gobiernos israelíes, de izquierda y derecha, estaban comprometidos con una doctrina de seguridad que buscaba descartar el establecimiento de potenciales bases de terrorismo en las fronteras de Israel.

Esa doctrina ha sido desbaratada. En mayo de 2000, la retirada unilateral de Israel del sur del Líbano dio lugar a la formación de una región dominada por Hezbolá en la frontera norte de Israel. Luego, en agosto de 2005, la retirada unilateral de Israel de Gaza llevó a la subida al poder de Hamas en la frontera sur de Israel.

Como resultado de todo ello, dos enclaves controlados por movimientos islamistas tienen ahora la capacidad de lanzar ataques con misiles contra cualquier núcleo de población en Israel. E Irán, a través de sus representantes, está presionando con eficacia contra las fronteras de Israel.

Para las autoridades de Israel, el auténtico escenario de pesadilla de la reciente agitación egipcia es que los islamistas egipcios asuman eventualmente el control del país, ya sea pacíficamente, tal como lo hizo el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) en Turquía, o con violencia, como hicieron los mollahs en Irán. Este giro de los acontecimientos llevaría al poder a un movimiento antisemita que se ha comprometido a poner fin al tratado de paz de Egipto con el Estado judío. "Ese podría ser el comienzo de un momentum 1948", me dijo un funcionario israelí de alto rango, lo que significa que Israel podría tener que encarar una guerra en múltiples frentes con una desventaja abrumadora.

Hasta ahora, los Hermanos Musulmanes han topado con un enemigo declarado, el régimen de Mubarak. Pero si llegaran a tomar el control de Egipto, entonces Hamas, los herederos de los Hermanos Musulmanes dentro del movimiento nacional palestino, tendría de repente un aliado en El Cairo. Hamas se ha significado dentro del mundo árabe por ser el primer movimiento islamista sunnita que se ha alineado con el Irán chiíta. Hasta ahora, Hamas ha representado una aberración en ese sentido. Pero podría ser el presagio de una alianza entre Egipto e Irán que podría crear un cerco casi total de Israel llevado a cabo por los aliados o representantes de Irán.

Incluso un resultado relativamente más benigno, como el modelo turco de un control islamista cada vez más acentuado y con un gobierno que aún mantendría lazos con Occidente, pondría fin al sentido de seguridad existente a lo largo de la frontera sur de Israel. Y esta incertidumbre afectará negativamente, sin lugar a dudas, a la disposición de la opinión público israelí a renunciar a la Ribera Occidental a corto plazo.

Los puntos de vista de la posición mayoritaria israelí (el punto de vista “centrista”) contemplan la existencia de un Estado palestino con una profunda ambivalencia. Por un lado, un Estado palestino es una necesidad existencial para Israel. Una Palestina independiente ahorraría al Estado judío la posible amenaza demográfica de una mayoría palestina entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, lo que obligaría a Israel a realizar una elección imposible entre sus dos identidades esenciales: como Estado judío y como Estado democrático. Ello impulsaría el creciente aislamiento internacional de Israel y sumergiría a Israel en la agonía moral de una prolongada ocupación.

Por otro lado, esa misma posición mayoritaria "centrista" contempla al Estado palestino como una posible amenaza existencial para Israel. Un Estado palestino inestable en la Ribera Occidental podría caer en manos de Hamas, al igual que sucedió en Gaza en el 2007. Entonces Israel se encontraría "compartiendo" Jerusalén con un gobierno islamista, convirtiendo la ciudad en una zona de guerra y de pugna continua.

Los israelíes también temen que, incluso si el movimiento Al Fatah del presidente palestino Mahmoud Abbas logra mantenerse en el poder, bandas de renegados y terroristas (a quienes Fatah no pueda o no quiera controlar) disparen sus cohetes contra el Gran Tel Aviv y el Jerusalén Oeste desde las colinas de Cisjordania. Incluso si son "cohetes primitivos [o artesanales según el lenguaje progre al uso]", como los cohetes que Hamas y otras milicias lanzan habitualmente contra el sur de Israel, al tener como objetivo esta vez el interior y el núcleo de Israel, pondrían llegar a poner fin al desarrollo de una vida normal dentro del país. Y si el ejército israelí se ve obligado a invadir de nuevo la Ribera Occidental para poner fin a dichos ataques, es bastante factible que Israel sea vea nuevamente denunciado por la comunidad internacional como “criminal de guerra”, y ahora también como “agresor” contra un estado miembro de la ONU.

Dado ese equilibrio entre la necesidad existencial y la amenaza existencial, el descontento en Egipto sólo puede incrementar la ansiedad de Israel ante un Estado palestino. La única frontera que hoy en día puede controlar totalmente Israel es la de la Ribera Occidental. Teniendo en cuenta los acontecimientos en Egipto y Túnez, los israelíes serán especialmente cuidadosos a la hora de confiar dicha frontera al gobierno del partido corrupto de Abbas.

Por lo menos, la inestabilidad en Egipto reforzará la urgencia de las demandas de Israel de unas auténticas garantías de seguridad como elemento fundamental de un acuerdo sobre un Estado palestino. Esas demandas incluyen la desmilitarización de Palestina, el derecho de Israel a responder a los ataques terroristas y una presencia militar israelí a lo largo del río Jordán. "Imagínense si el Sinaí no hubiera estado desmilitarizado", me dijo un funcionario israelí, "¿Cómo sería nuestra situación estratégica hoy en día?".

Tampoco los EEUU proporcionan una serie de garantías que tranquilicen necesariamente a los israelíes. A diferencia de la reacción de buena parte de la opinión pública en otros países occidentales, el abandono casi inmediato del presidente egipcio Hosni Mubarak por parte del presidente americano Barack Obama, nada menos que el principal aliado de los Estados Unidos en el mundo árabe, está siendo comentado por los comentaristas israelíes de izquierda y derecha como una advertencia contra la tentación de depositar una plena confianza en la administración Obama.

El gobierno de Obama, junto con gran parte de la comunidad internacional, ha delimitado su enfoque sobre el Oriente Medio sobre la base de dos supuestos - los cuales aparecen como erróneos tras estos últimos días -. El primero de ellos afirma que la clave para resolver los problemas del Oriente Medio comienza con dar solución al problema palestino. El segundo afirma que la clave para resolver el problema palestino es solucionar el tema de los asentamientos israelíes en Cisjordania y el estatus de Jerusalén.

El primer supuesto se ha derrumbado en las calles de El Cairo. Los manifestantes no están protestando por el destino de Palestina, sino por el Egipto. Incluso si el problema palestino está presente y es reiterado de alguna manera, el mundo árabe todavía se encuentra atrapado por la vergonzosa paradoja de ser una de las regiones más ricas del mundo y una de las menos desarrolladas.

Por otra parte, según los documentos revelados por WikiLeaks, los líderes árabes están mucho más preocupados por la perspectiva de un Irán nuclear que por poner un final a la ocupación israelí de Cisjordania.

El segundo supuesto - que los asentamientos y Jerusalén Este son los principales obstáculos para un acuerdo - ha sido refutado por la filtración de documentos de la Autoridad Palestina publicados por Al Jazeera y The Guardian. Los documentos revelan que los negociadores palestinos están en gran medida de acuerdo con los israelíes en el destino de los barrios judíos y árabes de Jerusalén. Pese a las afirmaciones de los medios de comunicación, ese consenso no es nuevo. En cuanto a los asentamientos, allí también parece existir un esbozo de acuerdo tal como lo confirman los "documentos de la Autoridad Palestina".

Por contra, el principal obstáculo sigue siendo ese que ha estado ahí todo este tiempo: la insistencia palestina en el "derecho de retorno", es decir, la inmigración masiva al Estado judío de los descendientes de los refugiados palestinos. Los documentos filtrados revelan un mayor entendimiento palestino de la oposición de Israel a un "retorno masivo". Pero la brecha existente entre las cifras de refugiados que tenían en mente los palestinos (y que podrían ejercer ese "retorno a Israel") y las que el ex primer ministro israelí Ehud Olmert estaba dispuesto a ofrecer no sólo era muy grande, resultaba infranqueable. Como Olmert revela en sus próximas memorias, en unos extractos recientemente adelantados por el periódico israelí Yediot Ahronot, ofreció aceptar 5.000 refugiados palestinos (o sus descendientes) anuales durante una década. Sin embargo, y tal como muestran los documentos, lo que parecían esperar de Israel Abbas y los negociadores palestinos era que absorbiera a cientos de miles de refugiados.

Olmert también rechazó las demandas palestinas para que Israel "aceptara la culpa o responsabilidad (absoluta)" por la creación del problema de los refugiados, aunque la guerra de 1948 que produjo la tragedia de los refugiados fuera desencadenada por los países árabes. Y así, aunque Olmert ofreció un Estado palestino compuesto por más del 99% de su territorio, al final, los desacuerdos irreconciliables entre las dos partes sobre la cuestión de los refugiados hicieron imposible el acuerdo.

Todo lo cual no hace sino subrayar para los israelíes la lógica sombría de los acontecimientos en la región. Con la paz con Egipto puesta de repente en el alero - una paz por la que Israel se retiró de un territorio que equivalía a más de tres veces su tamaño -, los israelíes se preguntan sobre la conveniencia de correr el riesgo de realizar otras retiradas a cambio de unos acuerdos que podrían derogarse con un cambio de régimen. Este dilema es tanto más apremiante cuando el territorio del que habría que retirarse estaría muy próximo a los mayores centros de población de Israel.

Para los israelíes, este es un tiempo de observar y esperar. A pesar de la sabiduría convencional predominante en Occidente de que un Estado palestino debe crearse cuanto antes para así contener la amenaza islamista, los israelíes creen que lo contrario también puede ser cierto. Sólo un Oriente Medio que pueda contener el contagio de Irán hará posible que Israel se permita el lujo de correr el riesgo de confiar su frontera oriental al Estado soberano de Palestina.

Labels: , ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home