Tuesday, February 08, 2011

¿Quién es Uri Avnery y por qué es importante? - Aryeh Tepper - Jewish Ideas Daily


(Artículo algo desmesurado, conozco algún artículo de Uri Avnery que es razonable, aunque desconocía bastante de su intrahistoria).

La decisión por parte del liderazgo de Jerusalén en la década de 1990 de admitir a Yasir Arafat y a su tropa en el corazón de la tierra de Israel, ha demostrado ser uno de los principales errores políticos del país, pagado con la moneda de una guerra terrorista de cinco años que traumatizó a la sociedad israelí y transformó el sueño de una paz entre israelíes y palestinos en una prolongada pesadilla. ¿Cómo sucedió y a qué se debió? De acuerdo con Amnón Lord, un editor y periodista israelí que apoyó los acuerdos de Oslo hasta que los autobuses empezaron a estallar en las ciudades israelíes en 1996, una gran parte de la respuesta radica en la influencia poco conocida pero inmensa de la izquierda revolucionaria israelí, y, en particular, de un "actor importante en la historia de Israel".

Amnón Lord delineó en primera instancia su tesis en un libro, “La izquierda israelí: del socialismo al nihilismo” (en hebreo, 2002), basado en gran parte en su propia trayectoria política. En el capítulo final, dirigió su atención sobre Uri Avnery (nacido en 1923), al mismo tiempo periodista, editor y ex miembro de la Knesset, y un agitador a tiempo completo y un icono cultural. Ahora bien, en su nuevo libro, “Asesinato entre amigos” (en hebreo), cuyo subtítulo es "Uri Avnery: Una historia de la guerra política", Amnón Lord continúa donde lo dejó. Se trata de un curioso libro marcado de forma intermitente por un afecto personal por Avnery, que bien podría derivarse de la enfebrecida inmersión juvenil del propio Amnón Lord en esos mismos pantanos radicales que ahora contempla con horror. Pero no hay duda de su aversión actual hacia ellos.

Avnery es celebrado en Israel y en todo el mundo como un "valiente activista por la paz y un defensor de los derechos humanos”, y ha ganado numerosos premios en reconocimiento a sus esfuerzos ya que, entre otras cosas, fue el fundador de Gush Shalom ("El Bloque de la Paz"). Es no menos ampliamente admirado como un pensador independiente que desde hace muchas décadas es capaz de decirle la verdad sin temor al poder. En el meticuloso libro de Amnón Lord, Uri Avnery surge como una persona totalmente diferente, un hombre consumido por el odio a cuya canalización dedicó gran parte de su vida, conjuntamente con la difusión de la propaganda soviética.

Siguiendo la trayectoria de Uri Avnery, Amnón Lord se centra particularmente en sus primeros años. Antes de la fundación del Estado de Israel en 1948, el joven Avnery oscilaba entre la extrema derecha y la extrema izquierda. El hilo conductor de esa ambivalencia era su desprecio por la democracia liberal, tanto es así que en 1941 escribió que prefería como alternativas la utopía comunista o la nazi. (Su más que evidente ceguera ante el antisemitismo de los nazis volvería a emerger en los últimos tiempos con su abrazo a Arafat y la OLP.) Después de que la Unión Soviética saliera victoriosa de la Segunda Guerra Mundial, adoptó en su totalidad la perspectiva soviética.

No fue el único en este sentido. Por increíble que pueda parecer hoy, el 20% de los miembros de la primera Knesset (el parlamento israelí), la mayoría de ellos provenientes del partido Mapam, estaban abiertamente identificados con Stalin. Cuando el primer ministro David Ben-Gurion excluyó a los comunistas de Israel de su gobierno, los comunistas israelíes le “devolvieron el favor” creando una organización clandestina que planeaba, en diferentes etapas, montar un golpe de Estado y abrir las puertas del norte de Israel a una esperada invasión del Ejército Rojo.

Tanto como Avnery odiaba la “democracia burguesa", Amnón Lord nos desvela ese otro odio similar dirigido esta vez contra el judaísmo, estando ambos vinculados en la mente de Avnery. Junto con otros miembros talentosos de su generación, soñaba con un vuelco de las bases tradicionales de la identidad judía y con la configuración de una nación progresista de lengua hebrea que se conectaría y lideraría las fuerzas del "antiimperialismo" en todo el Oriente Medio. (La respuesta compensatoria de Ben-Gurion a este sueño fue enraizar Israel a su pasado bíblico y alinearla con las potencias occidentales). Aunque Avnery luchó y fue herido de gravedad en la Guerra de Independencia de Israel, realmente estaba luchando por un ideal muy diferente. Después de 1948, su odio hacia el judaísmo se transformó a la perfección en el odio hacia al estado judío.

Lo que le proporcionó notoriedad y le ganó un público mucho más amplio fue Haolam Hazé ("Este Mundo"), un tabloide semanal antisistema que comenzó a publicar en 1950. Haolam Hazé apelaba igualmente a un público masivo y a los intelectuales utilizando una prosa sencilla, sensacionalistas exclusivas y, quizás lo más importante, semidesnudos de mujeres que aparecían en la última página. Era también, según Amnón Lord, una publicación frentista.

Evitando hábilmente el lenguaje comunista, y seminalmente influenciado por los métodos periodísticos del legendario propagandista Willi Münzenberg (activista político comunista, agente del Komintern y fabuloso propagandísta de la causa, fue asesinado en Francia en 1940 por orden de Stalin), Haolam Hazé logró influir en una generación de jóvenes intelectuales progresistas agitando al mismo tiempo su descontento con la política y la sociedad israelí, apelando a su incipiente ardor moral.

En este sentido, uno de los principales logros de Avnery fue la simpatía que suscitó al solicitar, ya en la década de 1950, un Estado palestino. Su enfoque fue negativo. Bastantes años antes de que hubiera "territorios ocupados", Avnery ya se dedicaba sin cesar a realizar comparaciones entre Israel y la Alemania nazi, a demonizar al estado judío utilizando un lenguaje que más tarde se convertiría en algo habitual en las Naciones Unidas y en los medios "progresistas" mundiales. En la década de 1980, como miembro de la Knesset, se convertiría en el primer israelí que se reunió con Arafat, en el momento en que el ejército israelí estaba sitiando a Beirut Este, donde el inventor del terrorismo moderno se escondía. Sus incansables esfuerzos para convencer a la opinión pública israelí de que la causa de la OLP era la causa de los derechos humanos llevaron hasta el día en que los acuerdos de Oslo fueron sellados en Washington en septiembre de 1993. Cuando Arafat regresó triunfante a Gaza en 1994, invitó a Avnery a las celebraciones.

Asesinato entre viejos amigos” es un libro defectuoso por una serie de razones: el libro no contiene un índice de contenidos, Amnón Lord, a veces obsesivamente, sigue el rastro de historias que contribuyen poco o nada a la narración, y las conexiones entre los acontecimientos en los que se basa a veces son pocos convincentes.

Sin embargo, y en líneas generales, el libro resulta muy útil a la hora de localizar las raíces retorcidas de un aspecto de la cultura política israelí que pide a gritos que sea revelado y desenmascarado, en particular por aquellos elementos responsables de la izquierda israelí que no desean ver empañado el buen nombre de dicha Izquierda.

Porque existe, después de todo, una izquierda sionista liberal representada, entre otros, por la eminente jurista Ruth Gavison y por el académico y ex político Amnón Rubinstein, los cuales sí están total y absolutamente comprometidos con el futuro democrático y judío de Israel.

También existe una izquierda no sionista, representada por el académico y polemista Yehouda Shenhav, cuyos argumentos multiculturalistas, aunque cuestionables, al menos están motivados por una simpatía genuina por todos aquellos que en Israel se ven relegados a los márgenes de la sociedad.

Por contra, la izquierda revolucionaria representada por Uri Avnery y otros como él no han hecho más que proporcionar más veneno e incitar así a un mayor derramamiento de sangre, mientras que deliberada y conscientemente mostraban su complicidad con algunos de los enemigos más mortales del pueblo judío.

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13 Comments:

Blogger SteveLandy said...

Me permito respetuosamente comentar que el autor del artículo (este tal Tepper) es un mentiroso y malintencionado. Cualquiera que lea las entregas semanales de Avnery se dará cuenta que al tipo se lo puede tildar de soñador, utópico, y romántico, pero definitivamente NO de antisemita. Hay un famoso debate entre Avnery y Pappe (a éste sí le cabría el título de anti-semita) donde Avnery básicamente lucha por un Israel judío en paz con sus vecinos. Eso no es ser anti-semita. Si bien no coincido con Avnery en todo (reitero: es un soñador) lo prefiero mil veces a Avnery que al Tepper éste. Saludos!

8:33 PM  
Blogger José Antonio said...

Sinceramente, creo que nadie ha utilizado la acusación de antisemitismo.

Como decía en las pocas líneas de introducción, existía cierta exageración, sobre todo por estar centrado en la intrahistoria personal del autor del libro y de su objeto, Avnery, viejos correligionarios y los problemas que ello conlleva.

Yo también he leído esa conversación con Pappe y algún que otro artículo defendiendo una solución de dos estados, sin embargo el objeto del artículo (el libro de Amnón Lord) trata sobre todo de una trayectoria personal no menos cierta. El radicalismo inicial de derechas (Irgún) de Avnery y su paso posterior a la extrema izquierda, cuasi inevitablemente estalinista por esas fechas de la historia, es un hecho. También es cierto la utilización de un lenguaje crítico y deslegitimador que hoy en día es habitual en los medios anti-Israel y antisemitas, y que no se puede disculpar como una mera chutpza.
Existen ya bastantes artículos sobre el hecho de la oposición de los medios intelectuales yekkes (judíos alemanes, siendo el epíteto una alusión a su uso habitual de una vestimenta burguesa, la chaqueta, a pesar del rigor del clima oriental) a la labor Ben Gurion, hecho que explican algunos por su presunción de superioridad intelectual y por un sentimiento de decepción por su obligado exilio de Alemania en un ámbito oriental decepcionante para ellos.

La izquierda israelí, que dividiré en "posibilista" y "moralista" (los más presos del narcisismo de su supuesta superioridad moral y cuyo homólogo francés lo constituyen las "bellas almas"), ha tenido una gran responsabilidad en el fracaso de los procesos de paz al presentarse como los interlocutores e intermediarios naturales de los palestinos (y últimamente de los árabes israelíes), hasta el punto de "traducir o interpretar sus deseos". El resultado es conocido, los "deseos y objetivos" de los palestinos iban mucho más allá de la interpreción de esa izquierda, de ahí las Intifadas y el desastre consiguiente de la izquierda israelí.

Es más, la parte que ha estado dispuesta a aceptar finalmente la realidad y los verdaderos objetivos perseguidos por los palestinos, o bien se han vuelto escépticos o bien han abandonado la izquierda, mientras los miembros de la "izquierda moral" (Uvnary y compañía) se han radicalizado en sus pretensiones en dos sentidos: exculpando aún más a los palestinos (siempre hay que darles algo más hasta que se sientan satisfechos, una y otra vez) y culpando aún más a los israelíes por el fracaso, siguiendo la habitual doctrina de la izquierda occidental políticamente correcta de autoculpabilizar a la Occidente de todo, exigiendo que pague por ello, y exculpando por sistema a sus "víctimas". La culpa actual para buena parte de esa "izquierda moral" radicaría en esa desconfiada sociedad israelí que ha cambiado para mal, y ya casi no sería democrática (claro, no les vota), y los culpables serían los colonos, los sionistas religiosos, los rusos, los sefardíes, los haredís... Realmente es un giro sorprendente cuando sabemos que esa "izquierda moral" siempre habla de defender la democracía (salvo cuando no obtiene los suficientes votos) y denunciar el racismo y los prejuicios (por lo que se ve contra los árabes, pero no contra ciertos judíos).

11:52 PM  
Blogger José Antonio said...

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11:52 PM  
Blogger José Antonio said...

La histórica izquierda israelí (el partido LaboristaI) cuyo liderazgo fue inatacable durante casi 30 años por su gran labor a la hora de la construcción de la nación y que se caracterizaba por una especie de ascetismo, se ha transmutado hoy en día en una izquierda post-nacional, multiculturalista, hedonista y volcada en los derechos individuales mientras abomina de los derechos nacionales (judíos, que no palestinos). Y aún así considera que su posición natural es liderar el país.

Es esa izquierda "moral" que forma parte de la élite social, económica y cultural del país, la que cada vez más se siente ajena al resto de la población judía del país porque no reconoce su liderazgo, y les priva con sus votos del gobierno, la que como consecuencia de ello cada vez más trata de influir en el destino del país por medios externos (EEUU, Unión Europea...) al no ser posibles los internos, no importándole para ello contribuir en la deslagitimación del país.

Lo siento, desconfío de la ingenuidad peligrosa, esa que piensa que los vecinos con los que tenemos que cerrar un acuerdo son Bélgica y Dinamarca. Y más ingenuo sería pensar que ciertas ingenuidades no dan satisfacciones, aunque no sean materiales y se circunscriban en el ego

12:00 AM  
Blogger SteveLandy said...

Bueno, no era mi intención iniciar una discusión tan amplia, sino simplemente denunciar que frases como "...su odio hacia el judaísmo se transformó a la perfección en el odio hacia al estado judío." son absolutamente inaplicables a alguien como Avnery (y si esa frase no implica una acusación de anti-semitismo entonces hemos leído artículos diferentes).
Sobre todo el resto, que la izquierda esto y la izquierda lo otro, personalmente me tiene sin cuidado. Detesto las calificaciones del tipo izquierda o derecha y por lo general encuentro el mismo nivel de estupidez y mala voluntad en gentes que se auto-denominan tanto de la una como de la otra. Precisamente un tipo como Avnery (auto-denominado de izquierda) no tiene ni una pizca de mala voluntad. Quizás algo de estupidez, pero nada de mala voluntad. Hablo de una persona en particular. No me interesan las generalizaciones. Saludos!

3:13 PM  
Blogger José Antonio said...

"No me interesan las generalizaciones....". Bueno, que "Avnery no tiene ni una pizca de mala voluntad" no deja de ser una.
Uno se puede preguntar si su bondad es consecuencia de su forma de ser, de como se publicita o de la ideología o ideas que defiende, que visto el patio políticamente correcto dominante, no deja de enmarcar la bondad o maldad de ellas.
No hace falta que le diga que el "infierno está empedrado de buenas intenciones".
Respecto al odio al judaísmo, eso ha sido constante a lo largo de la existencia. Ciertos judíos lo han contemplado como una limitación para su aspiración a una mejor vida, ya sea via asimiladora o revolucionaria. Recuerde como en la década de los 1920, en Austri y Alemania, los judíos alemanes y austriacos perfectamente asimilados contemplaban con malestar la emigración de judíos orientales (polacos, ucranianos...), demasiado "judíos" a simple vista, y que podían volver a hacer visible su disimulado origen judío.
Muchos judíos revolucionarios, de la misma ideología que Avnery, han contemplado al judaísmo como una lacra o freno para el desarrollo de sus ideas universalistas, acusando al judaísmo de ser particularista.
Lo divertido es que esa ideología universalista, revolucionaria o no, se convierte a su vez en otro particularismo exclusivista, ya que cualquier oposición a sus directrices políticamente correctas es contemplada negativamente. Y no hace falta que le diga que ciertos particularismos, no desde luego el judío, sí son aceptados o al menos no criticados.
Creo que debería recordar que la ideología antisionista occidental, lejos del mundo judío y árabe, nace en los años 50 en la Unión Soviética, cuando el estado judío recien nacido, y que había apoyado, no sigue sus pasos y prefiere alianzas con los países occidentales (algo que aparece en el artículo).
En resumen, la buena voluntad no es necesariamente patente de corso para nada, y más en un mundo como el actual donde "la imagen" define tantas cosas.
Yo desde luego para Israel preferiría personas con capacidad de previsión e inteligencia que bondadosas per se.
Un ejemplo, Gandhí, una figura de la buena voluntad reconocida internacionalmente, recomendó a los judíos alemanes cuando comenzaron las peores violencias nazis contra ellos que "se suicidaran en masa", para así "avergonzar al régimen nazi" y le hicieran reconsiderar sus políticas.
Esta visto que la buena voluntad también mata.

7:28 PM  
Blogger SteveLandy said...

Estimado, no se ofenda si le digo que parece Ud. ser un enamorado de irse por la tangente, con todo respeto. Le agradezco sus comentarios sobre los judíos alemanes y sobre Ghandi, pero no es el tema que yo intenté tocar. Mi único punto era remarcar la falta de veracidad del artículo del señor Tepper en cuanto a ciertas expresiones específicas que escribió sobre el señor Avnery (por ejemplo acusarlo de ser enemigo del Estado de Israel, lo cual es una aberración). Si Ud. me puede referenciar una sola cita del señor Avnery que esté en línea aunque sea remotamente con pensamientos anti-judíos o anti-israelíes, la voy a leer con gusto y analizarla y, eventualmente, cambiar mi opinión y ofrecerle mi agradecimiento por haberme corregido.
Por último, le aclaro que quizás tengamos nociones diferentes de lo que significa una "generalización". Para mí, generalizar es atribuirle cosas a grupos de personas, muchas veces grupos casi "virtuales", como la izquierda esto o la izquierda lo otro o la derecha esto y la derecha lo otro. Esas generalizaciones no me interesan en absoluto. Pero la frase: "Avnery no tiene ni una pizca de mala voluntad" es todo lo contrario de una generalización. Es una sentencia sobre una persona en particular, sobre la cual se puede leer e investigar con libertad, siendo él mismo quien, semanalmente y desde hace mucho tiempo, vierte semanalmente en Internet sus pensamientos sobre eventos de actualidad. Saludos.

12:09 AM  
Blogger José Antonio said...

Parte I:

Estimado interlocutor,

Generalizar, según una acepción de la RAE equivale a "Considerar y tratar de manera general cualquier punto o cuestión". Creo sinceramente que tratar a Avnery como buena persona "per se", cualidad que superaría otros califificativos (usted habla de ingenuidad), consigue "tratar de manera general" una realidad más compleja.

Respecto al odio al Estado de Israel, creo que está relacionado con lo que se decía en el artículo, ser uno de los primeros que utilizó (y exportó) un lenguaje demonizador y deslegitimador de Israel visto que no seguía las sendas que él veía apropiadas ((las comparaciones con los nazis, como lenguaje sumamente hiriente para los judíos). Le recuerdo que demonizar y deslegitimar a alguien no indica verdaderamente un amor apasionado por él. Piense por ejemplo en la vida cotidiana, negar y deslegitimar a tu pareja para que deje de ser tal como es resulta una curiosa forma de cariño.

Pero me gustaría ahondar en su propia calificación, "buena persona e ingenuo", algo que entiendo que no debe ser una consideración minoritaria sino bastante común.
¿Por qué alguien inteligente adopta posiciones ingenuas, pero de buena voluntad? ¿Por bondad natural, por creerse de una estatura moral superior al resto, a causa de una ideologización acusada?

El progresismo como tal, es un término que proviene de la creencia en un progreso (científico) sin fin. Su adopción por la política durante el s.XIX y el s.XX dio lugar a una élite politica-cultural que creía que el destino humano estaba fijado y era inevitable: el triunfo del socialismo como destino final de las sociedades humanas, Esta élite predicaba la "buena nueva" y todos los que se oponían a ella eran absolutamente reprobables porque "iban decididamente contra la historia". Avnery, por sus orígenes, ha sido uno de los miembros de esa élite.

Hoy en día el socialismo como destino final está bastante desprestigiado, y el progresismo científico no corre mejor suerte (escuche los lamentos del ecologismo sobre el desarrollo tecnólogico). Actualmente, esa élite político-cultural, que ya no parece defender abiertamente una sociedad socialista, aspira ahora a una especie de universalismo políticamente correcto, mezcla de diversidad y mestizaje (conceptos ambos contradictorios, pues el mestizaje tendería a eliminar la diversidad, y la diversidad lógicamente no sería muy favorable a un mestizaje). El problema es que este universalismo bienpensante también tiene ínfulas de superioridad moral y de ser un destino prefijado e inevitable. Y todo ello a base de "buena voluntad y de las inevitables dosis de ingenuidad", y por lo tanto siguen sin aceptar críticas ni cuestionamientos.

12:20 PM  
Blogger José Antonio said...

Parte II (obligado por el límite de caracteres)

Eso me recuerda otra gran idea de esa izquierda israelí tan cercana a Uvnery. Una parte de la izquierda israelí apuesta por un Estado de los ciudadanos, una especie de estado de los individuos, sin raices étnicas y religiosas al menos públicamente. Para ello, consideran necesario desjudeizar a Israel para que sea más aceptable para la minoría árabe y así hacer posible ese Estado de los ciudadanos, pero por lo que sé no parece tener intenciones de desarabizar a dicha minoría.

Es explicable, la pretensión de desjudeizar a los judíos es algo aceptable para muchos occidentales (y judíos) políticamente correctos, pero en cambio una desarabización o desislamización sería racismo.

Bien, esta izquierda israelí cuida muy mucho sus relaciones con la "intelligentsia árabe-israelí", a la que trata de integrar en su movimiento. Pero el caso es que esa "intelligenstia o élite árabe israelí publico hace unos cuatro años unos documentos denominados genéricamente sus "visiones del futuro de los palestinos de Israel (su denominación preferidad)".

¿Cree usted que después de tanto cortejo y dedicación por parte de esa izquierda israelí (la de Avnery) siguieron sus pasos?.

Pues no, la mayoría de los documentos preconizaban para Israel una confederación de dos pueblos, estancos y opacos, es decir, cada uno tendría por separado sus propias instituciones (tribunales, parlamentos, etcétera) y presupuestos, ajenos pues el uno del otro, con pocas y limitadas atribuciones comunes, y llevando por lo tanto vidas separadas y preconizando por lo tanto un fuerte etnicismo (no le comento nada sobre posteriores deseos movimientos irredentistas hacia el Estado palestino que se constituiría).

No deja de ser ridículo que ese judío de izquierdas que deseaba vivir un Estado de los ciudadanos desjudeizado fuera remitido nuevamente por sus camaradas árabes israelíes, según sus documentos o visiones, al seno de una sociedad judía plena en dicha Confederación.

Finalizo con una pregunta, ¿cree usted que estos miembros de la izquierda israelí, "de buena voluntad pero ingenuos", han aprendido algo de esa lección? ¿O realmente nunca han deseado ni deben aprender nada puesto que son los profetas de la nueva humanidad?

¿Cómo era, de buena voluntad pero ingenuo? Ya.

Saludos

12:27 PM  
Blogger SteveLandy said...

Carecer de mala voluntad es una cosa. Ser "buena persona" (lo que signifique, lo desconoco) es otra cosa. Existen cantidades y cantidades de personas que tienen una pésima voluntad para con el Estado de Israel. Doy un ejemplo: Norman Finkelstein. A Avnery no puedo ponerlo en ese grupo. Es cierto que siempre fue un provocador, pero jamás leí una frase suya que implique o explique un deseo negativo (de fracaso o aún de destrucción) para con el Estado de Israel. De hecho, es uno de los poquísimos auto-denominados "izquierdistas" que merece algo de respeto. Podemos seguir intercambiando decenas de mensajes pero no veo que esta conversación esté progresando mucho que digamos. Reitero mi interés en recibir información concreta y fiable que pueda soportar la noción que Avnery es un anti-Israelí. Saludos.

1:37 PM  
Blogger José Antonio said...

"De hecho, es uno de los poquísimos auto-denominados "izquierdistas" que merece algo de respeto" Le apunto con gusto uno, Gadi Taub, además de los señalados en el artículo.

Por otro lado tiene toda la razón, "no veo que esta conversación esté progresando mucho que digamos".
A mí no me interesa el personaje público, sino sus ideas (más aún en una sociedad occidental donde una buena imagen hace prescindible casi todo los demás, como el carácter razonable de las ideas).

Usted ciertamente más cercano a su imagen romántica, que a sus propios razonamientos, pero que quiere que le diga, eso no sirve de mucho. Es esa misma imagen la que le impide ver las zonas más oscuras, una declarada ideologización de izquierdas que santifica a las víctimas y las descarga a su vez de sus culpas y responsabilidades.

Y la actitud de esa izquierda occidental de culpabilizar de todo a Occidente/Israel (muy bien retratada en la Tiranía de la penitencia, de Pascal Bruckner), y de evidente raigambre cristiana (el pecado original de Occidente/Israel y la urgente necesidad de expiación), no es un mero sentimiento altruista. Esa práctica de la autocrítica - mejor dicho de la crítica de Occidente, ya que ellos se exoneran de ella -, recuerde de algún modo las sesiones de autocrítica tan populares en los movimientos comunistas, inclusive en las diversas purgas, aunque sin sus efectos negativos por supuesto (fusilamientos...), ya que ahora permite que sólo con el ejercicio de la retórica y de la imagen la sociedad "reconozca a un hombre justo, desprovisto de culpa, y denunciador del mal", y por lo tanto moralmente superior al resto, y eso necesariamente debería conllevar que se reconozca su mayor valía a la hora de dictar los criterios de la sociedad. No hace falta que le diga que por otro lado los riesgos son mínimos y la publicidad abundante.

En suma, no deja de ser un masoquismo muy interesado.
Llamar a esas actitudes soñadoras y utópicas, y obviar lo que llevan detras, sí me parece ingenuo.

5:09 PM  
Blogger SteveLandy said...

Culpar a Israel (o a los judíos) ha sido uno de los pasatiempos favoritos de la humanidad durante los últimos 1900 años. Izquierdos, derechos, laicos, religiosos, cristianos, musulmanes, algún que otro judío, todos han sido y siguen siendo parte de ese pasatiempo macabro. Hablando con algo de grosería: todos ellos me chupan la pija. Dejo esta conversación agradeciéndole su tiempo, el trabajo que dedica a compilar artículos interesantes, y me despido con la convicción intacta que el señor Avnery no es culpable de anti-israelismo ya que no se me ha demostrado lo contrario. Saludos

2:09 PM  
Blogger José Antonio said...

"me despido con la convicción intacta que el señor Avnery no es culpable de anti-israelismo ya que no se me ha demostrado lo contrario"

OK

"al tipo se lo puede tildar de soñador, utópico, y romántico..."

"Precisamente un tipo como Avnery (auto-denominado de izquierda) no tiene ni una pizca de mala voluntad. Quizás algo de estupidez, pero nada de mala voluntad"

"A Avnery no puedo ponerlo en ese grupo. Es cierto que siempre fue un provocador, pero jamás leí una frase suya que implique o explique un deseo negativo (de fracaso o aún de destrucción) para con el Estado de Israel"

"me despido con la convicción intacta que el señor Avnery no es culpable de anti-israelismo ya que no se me ha demostrado lo contrario"

Estimado interlocutor, pasar del romanticismo, del soñador, a la estupidez, al ingenuo, al provocador y a mientras no se demuestre lo contrario, todo ello deja en una delicada situación a Avnery.

Claro que, si uno no quiere leer lo que escribe, quién soy yo para recordárselo.

Debería ser más escéptico cuando se trata de las imágenes estereotipadas, tanto del que se agarra a una bandera como la del que sólo perjura por "otro mundo es posible" y "todo lo que necesitamos es amor".

Ciertas pasiones son más materiales y egocéntricas que meramente altruistas.

Saludos y hasta la próxima

11:41 PM  

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