La vergüenza y el escándalo en la familia - Yair Sheleg - Haaretz

El profesor David Assaf, un destacado investigador del hasidismo ha realizado una importante labor al afrontar el pasado hasídico y no el presente. Sin embargo, desde su experiencia como investigador mantiene una posición muy clara con respecto a la crisis que afronta el más importante grupo de la Hasidut de la pasada generación, Chabad, en especial desde la muerte del rebbe de los Lubavitch hace 12 años.
"Chabad es un caso testimonial de un gran Hasidut que está tratando de funcionar sin un Admor (acrónimo hebreo de "nuestro señor y maestro, nuestro rabino”, un título honorífico que se otorga a un líder hasídico)", nos comenta Assaf, jefe del departamento de la historia del pueblo judío en la Universidad de Tel Aviv.
"Esto es algo que no tiene precedentes si exceptuamos a (los hasidim de) Breslav, pero Breslav era un pequeño grupo hasídico que además nunca tuvo una tradición de una dinastía de admors (de hecho, Rebe Najman, el fundador de la Hasidut de Breslav, fue su único admor). Mientras tanto, en Chabad se está tratando de gestionar de alguna manera esa función, tanto por preservar la obra del rabino que creó el enorme aparato de emisarios que ahora también operan sin él, y también porque tienen mucho que perder".
"Éste, después de todo, es un gran movimiento con una enorme valía, pero el problema es la próxima generación. ¿Cómo se las arreglarán para inculcar el legado hasídico a una generación que no conoció al rabino. Por lo tanto, y en mi opinión, si hacen eso y no tienen éxito a la hora de llegar a esa nueva generación y no seleccionan a un rebbe en los próximos 10 años, la historia de Chabad llegará a su fin. Para los miembros mesiánicos de Chabad, aquellos que creen que el rebbe era el Mesías, tal vez será más fácil funcionar sin él, pero para los demás será ciertamente complicado, y aún hoy en día es factible hablar de un posible cisma, incluyendo a las familias que no se casan entre si (con otros miembros de Chabad) y siendo factible la emergencia de diferentes líderes entre los diversos grupos".
Assaf atribuye la dificultad de seleccionar un admor en primer lugar “a la trampa mística" con la que el propio rebbe atrapó al movimiento, cuando habló acerca del ”séptimo nasi", el término utilizado para denotar el número de admors de Chabad, es decir, nombrándose a sí mismo como el último nasi. Más allá de esto, el rebbe no tuvo descendientes, y entre sus hasidim no existe un candidato lo suficientemente excelente para poner a todos de acuerdo.
"Lo que es interesante es lo que el rebbe creía, cómo pensaba que sería el Hasidut después de él. En mi opinión, él resolvió esta cuestión creyendo realmente que él era el Mesías, o al menos que nuestra época es una época mesiánica, y que en todo caso la cuestión no debería plantearse. De lo contrario, es difícil entender cómo una persona inteligente como él podía pensar el futuro del Hasidut".
Si Assaf se dejara llevar por la actualidad, sin duda que habría incluido la actual crisis de Chabad entre los capítulos de su nuevo libro, "Caught in the Thicket: Chapters of Crisis and Discontent in the History of Hasidism" (Atrapados en la maraña: Relatos de crisis y descontento en la historia del Hasidismo). Aun así, resulta una fascinante colección de siete textos o capítulos donde Assaf nos muestra en cada uno de ellos una crisis que generó una verdadera tormenta dentro del mundo hasídico en su etapa de mayor consolidación (desde el siglo XIX a principios del siglo XX).
La mayor primicia del libro tiene que ver con la conversión al cristianismo de Moshe, el hijo menor del fundador de Chabad, Shneor Zalman de Ladi. El asunto ya era conocido y quedó evidenciado por un acalorado debate entre los Maskilim (seguidores de la Ilustración), y después de ellos entre los investigadores académicos, quienes trataron de borrar y negar incluso la historia.
El descubrimiento de Assaf debería poner fin al debate. Según él, en los últimos años el profesor Saúl Stampfer de la Universidad Hebrea halló una serie de documentos relacionados con este asunto en dos archivos procedentes del Archivo Nacional de Belarús (Bielorrusia). Entre otras cosas, esos archivos contenían una carta del propio Moshe al sacerdote de su ciudad, Oula, solicitándole la conversión, el certificado de bautismo que fue preparado para él, y las cartas de dos de sus hermanos dirigidas a la jerarquía de la Iglesia Ortodoxa Rusa en las que afirmaban que su hermano Moshe era un enfermo mental, solicitando a la luz de este hecho la revocación de su conversión al cristianismo como un paso que dio cuando su salud mental era precaria y por lo tanto era fruto de su enfermedad (una descripción con la que Assaf está de acuerdo).
Otro capítulo del libro que también alude a hechos actuales, es la persecución de los hasidim de Breslav por otros Hasiduts en el siglo XIX. Esto incluyó agresiones y amenazas de asesinato y de informar a las autoridades rusas, algo que el historiador Raphael Mahler describe como unos hechos más graves que las persecuciones sufridas por el hasidísmo de parte de los Mitnagdim (literalmente, "opositores" a las ideas y formas hasídicas), los discípulos del Gaón de Vilna. Es asombroso ver que como los perseguidores y boicoteadores de los Breslav no vieron en absoluto la necesidad de justificar su persecución. Esta justificación ha aparecido recientemente, informa Assaf, en un folleto promovido por un rabino de Safed llamado Yirmeyahu Cohen, que está tratando de esta manera de renovar esta lucha contra los Breslav, y que por primera vez justifica esta oposición diciendo que “los Breslav no están dispuestos a someterse a la autoridad de cualquiera de los grandes sabios de cada generación".
¿Por qué entonces los Breslav no son tan combatidos ahora como en el pasado, más aún cuando su presencia es mayor que nunca? "Esto forma parte del proceso de privatización que también está sucediendo en el mundo ultra-ortodoxo", nos dice Assaf. "Este mundo se está dividiendo en un sinfín de grupos, ninguno de los cuales puede controlar a los otros. Incluso si alguien fuera a emitir un fallo que promoviera un boicot, ¿cuál sería su capacidad para hacerlo cumplir?".
En otro capítulo Assaf nos relata la historia del Vidente de Lublin, una de las principales figuras del movimiento hasídico en su segunda generación, quien misteriosamente se cayó desde la ventana de su casa durante una Simhat Torá y murió después de nueve meses de prolongada agonía. Los Maskilim, en su combate continuo contra los hasidim, afirmaron que el Vidente se cayó después de haberse emborrachado durante una fiesta. Los hasidim describen la caída como resultado de un colapso espiritual tras el fracaso de sus esfuerzos para lograr la redención. Assaf propone que la caída fue un intento de suicidio. Él basa esta hipótesis en informes provenientes de las propias fuentes hasídicas que hablan de intentos previos de suicido por parte del Vidente, además de una personalidad depresiva en líneas generales.
Especialmente interesante es el capítulo dedicado al Rebbe Yitzhak Nahum Twersky, el hijo del admor de Shpikov, que fue enviado a casarse con la hija del Rebe de Belz, a quien nunca había conocido antes de la boda. El matrimonio forzado lo deprimió considerablemente, especialmente porque había estado expuesto, principalmente a través de sus hermanas, al mundo libre de la Ilustración. Poco tiempo antes de que fuera llevado al pabellón de la boda, Twersky escribió una larga carta, una especie de confesión, al escritor ilustrado Dinzon Yaakov, el cual era amigo de una de sus hermanas, en la que detallaba su odio por el mundo cerrado e ignorante en que le había tocó vivir:
"Quiero expresar opiniones libres, y me veo obligado a observar cada punto y cada coma de las escrituras de mis antepasados. Soy una persona de buen gusto, y me encanta la belleza, y me veo obligado a usar la ropa de los salvajes". Él decía que le resulta "inimaginable" para alguien como él vivir en un ambiente tan sofocante.
Assaf ha dejado una de las historias más escandalosas de apostasía fuera del libro. Es la historia de Beriniu, el hijo del fundador del Hasidut Rizhn, que después de la muerte de su padre se convirtió en el admor del pequeño pueblo de Layova. Odiaba su cargo y decidió renunciar a él, pero los hasidim no se lo permitieron. Fue secuestrado y llevado a la corte del Hasidut en Sadigora para ser "persuadido", pero fue liberado de su encarcelamiento por los Maskilim locales. Tras ello fue a la casa del Dr. Yehuda Leib Maskil Roitmen, en la ciudad de Chernovitz, donde profanó el sabbath, comió alimentos no kosher y publicó una carta abierta en la prensa judía en la que declaraba su entusiasmo por la Ilustración y sus reservas sobre el Hasidut. El asunto escandalizó a la comunidad judía de Europa del Este, pero al final el propio Beriniu, aparentemente, no pudo soportar la separación del lugar en donde fue criado. Regresó humillado a la casa de su hermano, el admor de Sadigora, y vivió allí de manera aislada hasta su muerte en 1876. Assaf dice que no se ha ocupado de este asunto porque tiene la intención de dedicarle todo un libro.
Assaf rechaza la idea de que vaya a ser criticado (por los hasidim) por centrarse exclusivamente en los escándalos. "Yo soy un historiador social, me ocupo de la realidad cotidiana de la vida, y esto también incluye los incidentes embarazosos. Es cierto que me siento atraído por el drama, pero estas no son unas historias al estilo de "hombre muerde a perro", sino "perro muerde a hombre', es decir, son historias que conforman una parte de la vida cotidiana".
Muchas de las crisis que se describe tienen un significado social. Son las crisis sufridas por los hijos de los admors como resultado de la tensión existente entre las grandes expectativas de la comunidad y su propia personalidad.
Assaf cita las últimas investigaciones de Dov Sadán, quien visitó el kibutz izquierdista de Shomer Hatzair Merjavia e identificó allí a muchos descendientes de admors, y se preguntó sobre el significado de ese hecho. Se ofrece una explicación muy variada: "En primer lugar, la casa del propio admor es el elemento menos supervisado y controlado por la corte o tribunal hasídico. El tribunal supervisa la vida de todos, pero los hijos de los admor eran los menos supervisados. También se les daba una educación diferente a la de los demás. Los hijos de las cortes hasídicas, por lo menos en Ucrania, recibían una educación más abierta. Un tercer elemento es que a diferencia de la visión de las demás personas de las cortes hasídicas, ellos las veían o contemplaban desde "dentro", y allí no solamente hacía acto de presencia el aura de santidad, sino también las costuras y las grietas, las luchas de poder, las habladurías... y lo que es más importante, las familias de los admors eran familias nobles, a menudo con muchos bienes materiales, y la búsqueda del poder engendra luchas, sobre todo las que determinan quién será el heredero, luchas que por ejemplo hemos encontrado recientemente dentro del Hasidut Satmar".
"Sin embargo, a partir de una cierta etapa en la Europa del Este surgió una tradición dentro del hasidismo en la que incluso aquellos que no tuvieron éxito a la hora de heredar la corte familiar establecieron su propia corte o tribunal hasídico en otra ciudad. Todo esto creó una enorme presión entre los hijos, incluso entre aquellos que no eran adecuados para al papel de admor y no estaban necesariamente capacitados para ello".
Una de las cosas más notables en el libro es la documentación que registra los esfuerzos de los "historiadores” de las diversas cortes hasídicas a la hora de difuminar las crisis, ignorarlas y, a menudo, negarlas por completo. Por ejemplo, es especialmente creativo el esfuerzo del último admor de Chabad, Rabí Iosef Itzjak-Schneorson, cuando describió el affaire de la conversión de Moshé como una historia de heroísmo en la que Moshé tuvo que enfrentarse a una grave polémica con los sacerdotes. Él ganó el debate, pero debido a eso decidió exiliarse. Preparó su huida, pero se vio obligado a ocultarse hasta su muerte (de esta manera se explicaría la separación de la familia).
Sin embargo, "la identidad de los hasidim no trata del pasado judío en general, sino más bien de la historia de los diversos Hasidut, y por lo tanto no existe ningún problema a la hora de hablar de la crisis de los demás Hasidut con el fin de proteger al propio", asegura Assaf. "Después de publicada por vez primera la confesión de Twersky, en la que se mostraba muy crítico con la dinastía Belz, alguien de esa corte contactó conmigo y se ofreció a proporcionarme cualquier material que yo quisiera, siempre y cuando yo no me ocupara del Hasidut Belz".


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