Saturday, April 16, 2011

El espejismo de las Iniciativas de Paz - Efraim Inbar - BESA



El gobierno de Israel parece estar bajo una gran presión internacional para llegar a una iniciativa de paz. El desacreditado "campo (político) de la paz" israelí también se ha unido a la refriega y está presionando nuevamente para una retirada casi total a las líneas de 1967, la partición de Jerusalén y unos intercambios territoriales mínimos.

El primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido parcialmente responsable de esta atmósfera internacional y ha indicado que se está preparando para algún tipo de iniciativa, a pesar de sus detalles son aún objeto de debate interno. Otro "discurso de Bar-Ilan" parece estar a la vista para algún momento de mayo, quizás durante una visita prevista a los EEUU. Sin embargo, no está del todo claro que acomodarse a las ilusiones de la comunidad internacional sea especialmente una sabia decisión.

El hecho de que el liderazgo de la Autoridad Palestina (AP) se niegue a sentarse a negociar con los israelíes parece no inmutar a esa gran parte del mundo que continuamente evoca respuestas pavloviano sobre la necesidad de proseguir las negociaciones de paz mientras haya una "ventana de oportunidad" (sea lo que sea, o lo que signifique, eso). El hecho de que la AP sea muy débil, que casi no gobierna sobre la Ribera Occidental y fracasó en el control de Gaza - lo que demuestra su falta de fiabilidad como socio capaz de implementar un acuerdo con Israel - se prefiere ignorarlo. Una gran parte del mundo parece preferir engañarse a si mismo creyendo que un acuerdo entre los israelíes y los palestinos es de fácil consecución. La mala noticia es que las diferencias entre israelíes y palestinos son insalvables en esta generación y que las dos sociedades todavía no están suficientemente cansadas de luchar por lo que resulta importante para ellos, lo que parece ser extremadamente difícil de digerir para el resto. Mientras que la prolongación del conflicto es una característica definida que caracteriza a los conflictos étnico-religiosos en lugares como Cachemira y Nagorno-Karabaj, las dificultades existentes a la hora de lograr una solución de esos conflictos parecen algo imposible de asimilar por parte de las mentes de muchos políticos y diplomáticos contemporáneos.

Irónicamente, los protagonistas del conflicto entre israelíes y palestinos se muestran más maduros y entienden su situación. Todas las encuestas muestran que una gran mayoría de israelíes y palestinos no esperan una resolución del conflicto a corto plazo y son plenamente conscientes de que la paz no está a la vuelta de la esquina.

Si este pronóstico trágico del conflicto es una señal evidente, ¿cómo es posible que la nueva "iniciativa de paz israelí" no la registre? La mayoría de los miembros del actual gobierno israelí está de acuerdo con el pronóstico, pero algunos creen que corresponde a Israel mostrar una mayor flexibilidad con el fin de defenderse de las críticas internacionales, en particular de las de Washington (la administración Obama). Por otra parte, la "iniciativa de paz" israelí se anticiparía a las iniciativas de otros actores que de manera muy probable no se adaptarían a los intereses de Israel, y daría así a la comunidad internacional algo que masticar mientras permite a Israel tener ciertos momentos de respiro. Esta estrategia de ganar tiempo, con la esperanza de que el mundo finalmente vaya a desarrollar una mejor comprensión de la situación, y/o que los árabes finalmente se vuelvan “menos intransigentes”, siempre ha formado parte central de la política israelí.

El primer problema con este enfoque es que Israel es incapaz de ofrecer algo aceptable para los palestinos. Cualquiera que sea lo que se le ocurra a Netanyahu, no satisfacerá los apetitos palestinos. Incluso los llamados “palestinos moderados” es poco probable que acepten una oferta generosa de Israel, como la de 2000 y 2008, como han demostrado el rechazo de las ofertas de Ehud Barak y Ehud Olmert. Las recientes respuestas de los “moderados” reveladas por Wikileaks mostraron una cierta flexibilidad de su parte en las negociaciones secretas con Israel, pero en cambio son muy indicativas de su renuencia a la hora de preparar a su gente para las posibles concesiones a Israel. En lugar de aprovechar la oportunidad de decirle a su gente que algunas concesiones serán necesarias para llegar a un acuerdo histórico con el movimiento nacional sionista, se dedicaron cobardemente a negar las concesiones que se habían acordado. Esto contrasta marcadamente con el comportamiento de Barak y Olmert, que nunca negaron que había ido más allá de las preferencias de su electorado.

El segundo problema con este enfoque es que una nueva "iniciativa de paz" es probable que se base en el paradigma ya existente – la solución de dos estados - que simplemente no funciona. El mundo, incluido Israel, sigue cumpliendo con un plan que no se ha materializado en el pasado y tiene pocas posibilidades de fructificar en un futuro próximo. En realidad, gran parte de la comunidad internacional entiende que un potencia Estado palestino requiere mucho apoyo externo y de he hecho ya ha estado vertiendo grandes cantidades de dinero en un proyecto de construcción del Estado. Además, parte de la comunidad internacional, incluidos los palestinos, sugiere el establecimiento de un mandato de la ONU o de un fideicomiso internacional fundamentado en la comprensión de que la madurez necesaria para un verdadero y eficaz autogobierno está ausente de la política palestina. Hoy en día, cuando la mayoría de los estados árabes, que llevan existiendo durante décadas, están en crisis y frente a una aguda crisis sociopolítica, es muy difícil de creer que los palestinos vayan a hacerlo mejor.

La probabilidad de un estado palestino fallido, como muchos otros en el mundo árabe, es mucho más alta que la de un vecino estable, próspero y pacífico al lado de Israel. Por lo tanto, una "iniciativa de paz" israelí no hará sino consolidar la falacia de la solución de dos estados dentro de la agenda de la comunidad internacional, en lugar de fomentar estrategias y planes de pensamiento realista y creativo más útiles.

Por último, decir la verdad tiene un cierto atractivo a pesar de la generalizada ignorancia y del cinismo e hipocresía internacional. Por lo tanto, puede que fuera aconsejable para Netanyahu tratar, por una vez, de decir a los “amigos de Israel” - y todavía hay muchos (¿europeos?) - que, si bien la paz con los palestinos no es una meta realista, Israel aún puede tomar ciertas medidas para mejorar la situación. Por lo tanto, lo que Israel necesita no es perseguir una paz difícil de alcanzar, sino desarrollar una estrategia coherente de gestión del conflicto que reduzca al mínimo el sufrimiento en ambos lados ante la brecha existente entre israelíes y palestinos. Vale la pena recordar que la política es el arte de lo posible. Misión Imposible era una atractiva serie de televisión, pero la realidad es mucho más compleja.

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