Wednesday, August 13, 2014

¿Qué hay que hacer con Gaza? – Efraim Inbar – BESA



Las negativas de Hamas a aceptar un alto el fuego permanente indican que la operación Margen Protector ha fracasado hasta ahora a la hora de alcanzar su modesta meta de garantizar la calma en la frontera de Israel con Gaza. Jerusalén, al no esperar una paz o una integración con sus vecinos, solamente quiere que lo dejen solo y en paz.

Está claro que Hamas no se siente lo suficientemente debilitado o amenazado como para aceptar un alto el fuego. Si la mayor parte de sus condiciones se cumplen, podrían estar de acuerdo en un frágil alto el fuego que podría ser violado a voluntad, lo que equivaldría a una victoria de Hamas. Tal resultado sería desastroso para Israel, con negativas implicaciones políticas y estratégicas.

Israel no tiene más remedio que seguir atacando objetivos de Hamas para conseguir un más elevado coste para la organización. Hasta ahora, el gobierno israelí ha mostrado una cautela encomiable y su renuencia a utilizar una fuerza masiva. Los informes de los medios sobre el uso desproporcionado de la fuerza son el resultado de manipulaciones de Hamas y muestran poca comprensión de las realidades de la guerra.

Por otra parte, los ataques aéreos, con la excepción de los asesinatos selectivos, tienen un impacto limitado. Los objetivos más destruibles son renovables. La limitada incursión terrestre tampoco forzó a Hamas a aceptar un alto el fuego permanente, a pesar de la destrucción de muchos de sus  túneles.

Por lo tanto, una escalada del esfuerzo militar resulta necesaria. Muchos israelíes abogan reconquistar Gaza y realizar una limpieza de su infraestructura terrorista yendo contra todos los miembros de las organizaciones terroristas, principalmente Hamas y la Yihad Islámica. Este objetivo no está muy alejado de las capacidades del IDF y tiene mucho apoyo en Israel. Sin embargo, una reconquista necesitaría semanas e incluso muchos meses, y sería costoso en términos de víctimas.

No está claro que Israel pueda obtener el apoyo de la comunidad internacional, en particular de los EEUU, para un funcionamiento prolongado. Sin embargo, si Hamas no se suaviza, puede que no  haya más remedio que volver a esta opción. En ausencia de voluntad por parte de Hamas de detener el lanzamiento de cohetes por un período prolongado, se necesitará la conquista de toda Gaza para erradicar las capacidades militares de Hamas y asegurar la calma para Israel. Sin embargo, podría sería problemático, ya que las sociedades democráticas son cada vez más reacias a verse como conquistadores ilustrados.

Mientras tanto, opciones militares menos drásticas están disponibles. En el pasado, el ejército israelí ha establecido corredores hasta el mar, cortando la Franja de Gaza en varias partes, y dejando que Hamas tenga que adivinar donde se radicaría la siguiente ubicación del ejército israelí. El gobierno de Israel debe demostrar que no tiene miedo a la idea de que el IDF ingrese en zonas urbanas, incluso si conlleva muchas bajas. La sociedad israelí está preparada para ello. Por otra parte, las bajas ahora podrían salvar aún más bajas en el futuro.

El IDF puede necesitar poner en marcha un ataque terrestre que llegue hasta el punto de que Hamas tema que su dominio sobre Gaza pueda estar en juego. Es cierto que Hamas no tiene un reconocible centro de gravedad que si se le presiona aseguraría la victoria, pero es evidente  que los líderes políticos y militares de Hamas valoran muy mucho su poder y más aún sus vidas. Sin ir más profundo en Gaza tal amenaza no se podría desarrollar.

Cuanto antes ocurra, mejor. Varias propuestas para involucrar a los actores internacionales y a las fuerzas de la ONU están siendo popularizadas. La experiencia de Israel con este tipo de experimentos es terrible. Todos los mecanismos internacionales y las tropas de mantenimiento de la paz en el ámbito árabe-israelí han demostrado no ser, una y otra vez, eficaces. La última fuerza de la ONU estacionada en el sur del Líbano para evitar los cohetes lanzados por Hezbollah (2006) fue un fracaso total. En Gaza, justo un año después de su llegada, los observadores europeos estacionados en el paso fronterizo de Rafah huyeron a la primera señal de problemas. Israel no puede hacer depender la responsabilidad de su seguridad en extraños.

Se habla mucho acerca de revaluar el enfoque de Israel hacia el imperio de Hamas en Gaza. Algunos abogan por poner fin a su dominio y traer de vuelta el presidente palestino Mahmoud Abbas a la Franja de Gaza gracias a las fuerzas israelíes, lo que podría reactivar el desacreditado paradigma de dos estados para dos pueblos. Pero no está claro en absoluto si Abbas está preparado y es capaz de tomar el control de Gaza. Esta propuesta también muestra la arrogancia israelí y la escasa memoria de otros intentos de Israel de implantar su ingeniería política en el Líbano (la guerra de 1982) y entre los palestinos (los "Pueblos Ligas" de finales de 1970). La participación de Israel en la decisión de quién es el gobernante entre nuestros vecinos árabes nos ha traído pocos beneficios. Está más allá del poder de Israel influir en la dinámica política dentro de las sociedades árabes que nos rodean. Por otra parte, favorecer el acceso al poder de un contendiente inmediatamente se convierte en un boomerang, ya que socava la legitimidad del contendiente. La cooperación pragmática con Israel no gana muchos enteros en el ranking de popularidad del mundo árabe.

Por otra parte, el desarraigo Hamas no está en las cartas. Es un movimiento popular que atrae el apoyo de más del 30% de los palestinos. Tiene un ala civil que ofrece muchos servicios a los habitantes de Gaza. Hamas también ganó las elecciones en 2006, lo que indica un apoyo aún mayor entre los palestinos. La lucha violenta contra Israel es popular, a pesar del alto precio pagado por la población civil de Gaza. Desafortunadamente, los palestinos no han sido educados para buscar la paz, sino para hacer sacrificios y ser mártires en una guerra santa contra el Estado judío.

Mientras los palestinos no cambien su sistema de educación, no habrá un final para este conflicto e Israel sólo podrá gestionarlo. Seguirá viviendo por la espada y tendrá que "cortar el césped" cuando lo considere necesario. Israel no tiene poder para moldear su entorno estratégico, sólo el poder de debilitar las capacidades de sus enemigos para dañarlo. En el caso de Hamas, más de esto es lo que se precisa.

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Sunday, August 26, 2012

La desfalleciente izquierda israelí y la floreciente democracia israelí - Shmuel Sandler y Efraim Inbar - BESA



La frustrada izquierda israelí, que ha fracasado a la hora de obtener el apoyo deseado en las últimos comicios electorales, parece haber adoptado una nueva estrategia. Ya antes de su reducción a unos escualidos 16 asientos en la Knesset (laboristas y Meretz) en las elecciones del 2009, varios de sus principales líderes o representantes decidieron recurrir a las fuerzas externas para "salvar a Israel de sí mismo", renunciando a luchar por los corazones y las mentes del pueblo israelí. Para ello suelen utilizar el argumento de que la democracia en Israel se "halla en peligro" y para remediarlo tratan de movilizar el apoyo de la opinión pública europea y estadounidense para que presionen a Israel en la dirección que defienden en sus fracasadas plataformas electorales. Un ejemplo reciente de esta estrategia es un artículo de opinión en el The New York Times titulado "La desfalleciente democracia de Israel".

Este artículo de opinión es una auténtica ejercicio de nostalgia por esa época del pasado en la que la izquierda israelí dominaba y atesoraba todos los resortes del poder, nos referimos en especial al período anterior a 1977, año en que finalizó la hegemonía del Partido Laborista en la política israelí. Sin embargo, si realizamos un análisis objetivo de los rasgos de la política israelí actual, y la comparamos con la existente antes de 1977, comprobaríamos que la democracía israelí actual es más auténtica y vibrante que lo que fue durante los "viejos buenos tiempos".

La politica después de 1977

Hasta 1977, el Partido Laborista y sus aliados gobernaban y dominaban todas las instituciones nacionales, ejerciéndolo de manera continua desde antes de la fundación del Estado. Desde 1977, sin embargo, Israel ha sido testigo de una mayor circulación de las elites políticas, y así tres partes diferentes (Likud, Laboristas y Kadima), han dirigido los sucesivos gobiernos israelíes. El fin de la era del partido hegemónico ha democratizado el sistema político de Israel. Por ejemplo, la práctica de la determinación de la composición de las listas electorales de los partidos para la Knesset la llevaba a cabo un "comité de nominación" oligárquico, algo que ha cambiado al menos entre los grandes partidos (y en la mayoría del resto, al menos entre los seculares). Asimismo, la mayoría de los principales partidos han adoptado durante el último período la celebración de primarias que facilitan el acceso a los puestos políticos.

En efecto, el periodo post-1977 se ha caracterizado por una mayor movilidad social. La erosión de las prácticas socialistas y la privatización de una economía centralizada ha contribuido en grab manera al crecimiento de una clase media no ashkenazi. La movilidad social también ha sido mejorada por un mayor acceso a la educación secundaria. Durante el periodo post-1977 un gran número de colegios universitarios de calidad variable se han abierto, y han competido con las universidades establecidas por los estudiantes y los recursos.

Con el tiempo, Israel también ha visto la perdida de influencia del poder central a nivel municipal, lo que ha permitido la aparición de nuevos focos de poder y de un nuevo ámbito para el reclutamiento del liderazgo. Esto también contribuyó a la apertura del sistema político israelí.

El sistema judicial

Un componente fundamental en cualquier democracia es el papel del sistema judicial. El incremento del poder e influencia de la Corte Suprema de Israel, considerada como el bastión de la democracia por parte de la izquierda (y como ámbito de su influencia), llegó a su elevado estatus actual después de la caída del Partido Laborista. Fue el primer ministro Menachem Begin quien animó a la Corte Suprema para que desarrollara un papel más activo. Fue bajo la presidencia de Meir Samgar (1983-1995), quien por cierto llegó desde el campo de la derecha, cuando su papel se expandió. Begin jugó un papel decisivo en la designación de Aharon Barak para la Corte Suprem en 1978. Barak, conocido por sus ideas liberales, empujó a la Corte Suprema para que adoptara una postura aún más intervencionista después de su nombramiento como presidente de la Corte Suprema en 1995.

La independencia de la policía y el sistema judicial en Israel han aumentado drásticamente en los últimos años. El sistema judicial de Israel ha podido enjuiciar sin temor nada menos que a un presidente del Estado, a primeros ministros y a varios ministros del gabinete, convirtiéndose en objeto de envidia en muchos estados democráticos. La policía, debido a la insistencia de los tribunales, también han permitido una mayor libertad de expresión en las manifestaciones que antes.

Los medios de comunicación

Los medios de comunicación - el perro guardián de la democracia - se han transformado totalmente después de 1977. La prensa escrita y electrónica de "partido" ha desaparecido casi totalmente. En su lugar, una gran cantidad de medios de comunicación con diferentes agendas políticas han surgido. Sin duda, Netanyahu contribuyó < la creación de un periódico afecto de derechas, el Israel Hayom [N.P.: y con eso se ganó la ira de los diarios rivales más o menos próximos, el Yediot y el Maariv]. Pero la mayoría de los medios de comunicación escritos y electrónicos, así como los nuevos medios de comunicación sociales, son libres y cumplen con sus deberes, a veces muy bien, como el perro que vigila a los políticos.

Los derechos de las minorías

Adicionalmente, en el área de derechos de las minorías, los logros de Israel son cada vez mejores, y en muchos casos superan a muchos países democráticos. Hasta 1965, los árabes israelíes estaban bajo un gobierno militar y las dos partidos árabes en la Knesset durante los gobiernos laboristas eran meras ramas del partido gobernante. Hoy en día, hay tres partidos enteramente árabes que representan una variedad de puntos de vista. Los gays en Israel han logrado obtener sus derechos gracias a las políticas ultra-liberales de la Corte Suprema. Definitivamente, existe una mayor sensibilidad y un ámbito legislativo muy favorable para la igualdad entre las mujeres y los grupos desfavorecidos.

El ejército

Una de las fuentes favoritas para las críticas es una de las más importantes instituciones sociales de Israel, el IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes). Se le acusa de tener una influencia desproporcionada en el proceso de toma de decisiones y de favorecer el militarismo en la sociedad israelí. Nada más lejos de la verdad.

Los rangos militares más elevados ya no están dominados por los portadores del carnet del partido. Las convicciones laboristas ya no son una condición necesaria para ser nombrado para el cargo de jefe de Estado Mayor. El ejército se ha convirtido en una de las instituciones que más fielmente representa las tendencias demográficas y la creciente movilidad social. Sus filas incluyen a nuevos inmigrantes, rusos, sefardíes y a los miembros del campo nacional-religioso, estos últimos logrando que parte de la vieja élite ashkenazi se sienta incómoda.

A diferencia de 1967, cuando algunos generales casi se rebelaron contra las vacilaciones del gobierno a la hora de atacar primero, en la era post-laboralista o post-1977 los militares han demostrado una mayor profesionalidad, y de hecho ha sido mucho más obedientes a la hora de aceptar el juicio de los dirigentes políticos elegidos en la toma de decisiones.

En octubre de 1977, Begin ignoró la advertencia de su jefe de Estado Mayor de que existía la posibilidad de un ataque sorpresa de Egipto durante la visita del presidente Anwar Sadat. Los militares se mantuvieron en la penumbra durante las negociaciones de los Acuerdos de Oslo de 1993, y también se expresaron en contra de una retirada unilateral del Líbano en mayo del 2000 y de la desconexión de 2005 de Gaza. Las tres decisiones estratégicas más importantes desde 1993 se llevaron a cabo a pesar de que el ejército israelí no las apoyaba claramente, lo que demuestra que Israel no tiene un gobierno militarista influenciado por el ejército [N.P.: se da la casualidad, y con respecto a los actuales rumores de un ataque israelí contras las instalaciones nuclerares de Irán, que es la misma izquierda quién se apoya en los militares por considerar que estos se oponen a dicho ataque].

Conclusión

La democracia israelí sigue prosperando y tiene mejores puntuaciones que la del pasado. No todo es perfecto y siempre hay espacio para mejorar. Sin embargo, los izquierdistas que se quejan de una "desfalleciente democracia israelí" demuestran ser básicamente unos "muy malos perdedores". La izquierda israelí sigue mostrándose muy reacia a interiorizar que su sabiduría puede estar equivocada y por eso es rechazada por la mayoría de los israelíes. Y es dentro de la izquierda israelí donde parecen haber perdido la fe en un principio democrático básico: "son los israelíes (no las opiniones públicas y los organismos foráneos), al igual que los demás pueblos del mundo, quienes tienen el derecho democrático de elegir a sus gobiernos y de cambiarlos a su gusto".


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Saturday, June 25, 2011

El declive del Partido Laborista israelí – Efraim Inbar – Besa



(En Jewish Ideas Daily acaba de aparecer un buen artículo de Elliot Jager sobre el posible final del Partido Laborista israelí. Aunque más actualizado obviamente en lo referente a los sucesos actuales, no identifica y enumera de una manera tan clara los males que aquejan a dicha formación como este artículo del 2009 de Efraim Inbar)


El resultado más notable de las elecciones de 2009 fue la aparición de un mapa político israelí donde los tres principales partidos en la Knesset son el Likud (27 escaños) y dos de sus vástagos: Kadima (28) e Israel Beiteinu (15). Es decir, casi 70 diputados proceden de partidos encabezados por políticos o ex políticos del Likud, mientras que una clara mayoría de 65 escaños están asegurados para el bloque conservador. A causa de ello, Benjamin Netanyahu fue el ganador de las elecciones y candidato a primer ministro.

Incluso muchos israelíes de izquierda que querían impedir el éxito de Netanyahu - tan demonizado por sus medias -, emitieron su voto por Kadima en lugar de fortalecer al Partido Laborista. De hecho, el antiguo partido hegemónico del sistema político israelí, el Partido Laborista de Israel, terminó en el 2009 colocado en la cuarta posición con unos magros 13 escaños en la Knesset. Al Meretz, situado a la izquierda del Partido Laborista, le fue aún peor pues apenas obtuvo tres escaños en la Knesset. El espíritu de esta época en Israel es claramente conservador. Pero este ha sido el caso durante ya cierto tiempo. Así, las elecciones de 2009 han sido para ciertos analistas políticos la culminación de un proceso histórico de decadencia iniciado con la agitación política de 1977, cuando los laboristas perdieron por primera vez las elecciones frente al Likud. Fue el primer anunció de una gradual decadencia y marginación del Partido Laborista.

Quizás la razón principal de ello es el hecho de que el Partido Laborista ha perdido su activo político más importante: su identificación con el establecimiento y la construcción del Estado de Israel. Las dos actividades principales en este esfuerzo, el servicio militar y la colonización de la Tierra de Israel, fueron decayendo poco a poco entre los partidario del Partido Laborista.

Hubo un tiempo en el que los miembros de los kibbutz estaban desproporcionadamente sobrerrepresentados en las filas del IDF. Esto ya no es así. La composición social de los asistentes a los cursos de oficiales en las fuerzas terrestres en febrero de 2009 es representativa de los últimos años. Un 19% de los graduados se definen como ortodoxos modernos. Un alto funcionario lo ha llamado "los nuevos kibbutzim".

Del mismo modo, la actividad de colonización intensiva bajo la dirección de los gobiernos laboristas terminó básicamente en 1977, dejando la creación y expansión de los asentamientos y kibbutz dentro y fuera de la Línea Verde a otros elementos de la sociedad israelí.

El ejército sigue siendo la institución más respetada en Israel. La mayoría de los israelíes, aunque preparados para una división del territorio, consideran el asentamiento en la Tierra de Israel como un importante valor sionista. El Partido Laborista, estúpidamente, ha permitido por dejación que círculos ortodoxos modernos y derechistas adoptaran y enarbolaran importantes símbolos nacionales, algunos de los cuales estuvieron anteriormente claramente asociados con el partido que fundó el Estado.

Otro importante símbolo sionista abandonado por los laboristas es el “Jerusalén unificado” por vez primera en 1967 bajo el reinado del Partido Laborista. Las recientes elecciones también trataron del deseo de mantener un Jerusalén unificado bajo la soberanía de Israel. La disposición del líder del Partido Laborista Ehud Barak a dividir Jerusalén en la cumbre de Camp David del 2000, sorprendió a muchos israelíes. Como cuestión de hecho, más de dos tercios de los israelíes se oponen a cualquier división de la ciudad y se manifiestan dispuestos a afrontar los conflictos armados con los palestinos con el fin de mantener ese status quo. Es una locura política el subestimar el gran atractivo de Jerusalén para la mayoría de los judíos.

Por otra parte, los dirigentes sindicales, en particular sus grados más jóvenes, poco a poco se han alejado de la tradición judeo-sionista y han comenzando a coquetear con una cultura cosmopolita y de valores individualistas, basada sobre todo en los derechos humanos y la democracia. Si bien existe un consenso nacional acerca de la supremacía de la ley en una sociedad democrática, la Corte Suprema de Justicia bajo la dirección de su ex presidente Aharon Barak, ha adoptado una postura muy activa que no ha sido muy apreciada por los elementos más conservadores de la sociedad israelí. Siendo así que la Corte Suprema se ha convertido en una especie de “templo de los laicos".

Los laboristas y otros partidos de la izquierda dentro de su órbita han adoptado gradualmente un discurso que favorece el individualismo y la búsqueda de los derechos individuales en detrimento de la ética colectivista que una vez fue predominante en ellos, la cual aún sigue estando en la memoria de mucha gente.

Por otra parte, los fundamentos y la herencia socialista del Partido Laborista de Israel se han visto ahogados, incluso aplastados, por la élite empresarial y económica de Israel. El Partido Laborista se ha convertido en el partido de los ricos y de la gente acomodada. El entorno laborista del viejo estilo de Rabin y de los "nuevos ricos" de Ehud Barak se ha llenado de capitalistas exitosos. Y por lo tanto, las clases más desfavorecidas de Israel ya no ven al Partido Laborista como su tutor dentro de la política israelí. En ese papel han sido reemplazados por los partidos de la derecha israelí y por las comunidades religiosas.

Resumiendo, el Partido Laborista abandonó la ideología colectivista, se distanció de los valores tradicionales judíos y desechó el socialismo. Paralelamente a esto, el Partido Laborista se ha desplazado hacia la izquierda del centro en cuestiones de guerra y paz tras dejando desocupado el centro del escenario al Likud. Además, el Partido Laborista se asoció con el "proceso de paz" que comenzó con el inicio de los acuerdos de Oslo. Sin embargo, dicho proceso de Oslo estaba plagado de incertidumbres y ha descarrilado eventualmente. Este ha sido al menos el veredicto desde hace varios años de la mayoría de los israelíes, incluso de aquellos que en un principio apoyaron esa audaz experiencia diplomática.

El denominado "campo de la paz" en la política israelí ha sido ampliamente desacreditado. Los resultados en las elecciones del 2003, 2006 y 2009 reflejan esa deducción. La sociedad en general estaba dispuesta a dar una oportunidad a la paz, pero poco a poco fueron perdiendo y retirando su apoyo al proceso tras ver como transcurría. Al mismo tiempo, muchas palomas mesiánicas (una especie casi extinta en Israel) prefieren ahora emitir sus votos por los partidos de la extrema izquierda [N.P.: Radicalmente post-sionistas, una parte ha comprado la denominada narrativa palestina, mientras que la otra, aún reconociendo - aunque no de cara al exterior - las pocas opciones que brindan los palestinos y poniendo por encima de todo conseguir la paz como sea y a cualquier precio, no dudan en exigir que Israel haga todo el esfuerzo].

En realidad, Ehud Barak cayó totalmente en desgracia ante esas mismas acríticas y mesíanicas palomas cuando en el año 2001 acuñó la frase de que "no existen socios" para la paz del lado palestino (ello vino tras el fracaso de la cumbre de Camp David en el 2000, hecho que destruyó la mayoría de las ilusiones sobre la capacidad del movimiento nacional palestino de convertirse en un socio en el proceso de paz).

Finalmente, el Partido Laborista no logró permanecer en sincronía con los cambios demográficos en Israel. Poco a poco, la población sefardí de Israel, que ahora es la minoría mayoritaria, ha demostrado una tendencia a votar en gran número a favor de los partidos opuestos al Laborista. El cuadro demográfico cambió nuevamente y de manera muy significativa después de la inmigración rusa de la década de 1990. Los inmigrantes de la ex Unión Soviética han mostrado una preferencia por los partidos de la derecha (quizás herencia de su pasado comunista). Los votantes laboristas, actualmente, están compuestos principalmente por ashkenazis, personas mayores y gente de clase alta o medianamente acomodada. Además, los laboristas se han puesto a coquetear cada vez más con la comunidad árabe de Israel para ganar votos adicionales. No obstante, vincularse con el voto árabe no supone dotarse de la mejor imagen dentro de la opinión pública judía israelí. Irónicamente, los ciudadanos árabes se abstuvieron de votar a los laboristas, ya que en buena parte apoyaron el uso de la fuerza contra el terrorismo palestino.

En consecuencia, el Partido Laborista del 2009 es un partido con un pasado glorioso pero con un futuro muy oscuro.

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Saturday, April 16, 2011

El espejismo de las Iniciativas de Paz - Efraim Inbar - BESA



El gobierno de Israel parece estar bajo una gran presión internacional para llegar a una iniciativa de paz. El desacreditado "campo (político) de la paz" israelí también se ha unido a la refriega y está presionando nuevamente para una retirada casi total a las líneas de 1967, la partición de Jerusalén y unos intercambios territoriales mínimos.

El primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido parcialmente responsable de esta atmósfera internacional y ha indicado que se está preparando para algún tipo de iniciativa, a pesar de sus detalles son aún objeto de debate interno. Otro "discurso de Bar-Ilan" parece estar a la vista para algún momento de mayo, quizás durante una visita prevista a los EEUU. Sin embargo, no está del todo claro que acomodarse a las ilusiones de la comunidad internacional sea especialmente una sabia decisión.

El hecho de que el liderazgo de la Autoridad Palestina (AP) se niegue a sentarse a negociar con los israelíes parece no inmutar a esa gran parte del mundo que continuamente evoca respuestas pavloviano sobre la necesidad de proseguir las negociaciones de paz mientras haya una "ventana de oportunidad" (sea lo que sea, o lo que signifique, eso). El hecho de que la AP sea muy débil, que casi no gobierna sobre la Ribera Occidental y fracasó en el control de Gaza - lo que demuestra su falta de fiabilidad como socio capaz de implementar un acuerdo con Israel - se prefiere ignorarlo. Una gran parte del mundo parece preferir engañarse a si mismo creyendo que un acuerdo entre los israelíes y los palestinos es de fácil consecución. La mala noticia es que las diferencias entre israelíes y palestinos son insalvables en esta generación y que las dos sociedades todavía no están suficientemente cansadas de luchar por lo que resulta importante para ellos, lo que parece ser extremadamente difícil de digerir para el resto. Mientras que la prolongación del conflicto es una característica definida que caracteriza a los conflictos étnico-religiosos en lugares como Cachemira y Nagorno-Karabaj, las dificultades existentes a la hora de lograr una solución de esos conflictos parecen algo imposible de asimilar por parte de las mentes de muchos políticos y diplomáticos contemporáneos.

Irónicamente, los protagonistas del conflicto entre israelíes y palestinos se muestran más maduros y entienden su situación. Todas las encuestas muestran que una gran mayoría de israelíes y palestinos no esperan una resolución del conflicto a corto plazo y son plenamente conscientes de que la paz no está a la vuelta de la esquina.

Si este pronóstico trágico del conflicto es una señal evidente, ¿cómo es posible que la nueva "iniciativa de paz israelí" no la registre? La mayoría de los miembros del actual gobierno israelí está de acuerdo con el pronóstico, pero algunos creen que corresponde a Israel mostrar una mayor flexibilidad con el fin de defenderse de las críticas internacionales, en particular de las de Washington (la administración Obama). Por otra parte, la "iniciativa de paz" israelí se anticiparía a las iniciativas de otros actores que de manera muy probable no se adaptarían a los intereses de Israel, y daría así a la comunidad internacional algo que masticar mientras permite a Israel tener ciertos momentos de respiro. Esta estrategia de ganar tiempo, con la esperanza de que el mundo finalmente vaya a desarrollar una mejor comprensión de la situación, y/o que los árabes finalmente se vuelvan “menos intransigentes”, siempre ha formado parte central de la política israelí.

El primer problema con este enfoque es que Israel es incapaz de ofrecer algo aceptable para los palestinos. Cualquiera que sea lo que se le ocurra a Netanyahu, no satisfacerá los apetitos palestinos. Incluso los llamados “palestinos moderados” es poco probable que acepten una oferta generosa de Israel, como la de 2000 y 2008, como han demostrado el rechazo de las ofertas de Ehud Barak y Ehud Olmert. Las recientes respuestas de los “moderados” reveladas por Wikileaks mostraron una cierta flexibilidad de su parte en las negociaciones secretas con Israel, pero en cambio son muy indicativas de su renuencia a la hora de preparar a su gente para las posibles concesiones a Israel. En lugar de aprovechar la oportunidad de decirle a su gente que algunas concesiones serán necesarias para llegar a un acuerdo histórico con el movimiento nacional sionista, se dedicaron cobardemente a negar las concesiones que se habían acordado. Esto contrasta marcadamente con el comportamiento de Barak y Olmert, que nunca negaron que había ido más allá de las preferencias de su electorado.

El segundo problema con este enfoque es que una nueva "iniciativa de paz" es probable que se base en el paradigma ya existente – la solución de dos estados - que simplemente no funciona. El mundo, incluido Israel, sigue cumpliendo con un plan que no se ha materializado en el pasado y tiene pocas posibilidades de fructificar en un futuro próximo. En realidad, gran parte de la comunidad internacional entiende que un potencia Estado palestino requiere mucho apoyo externo y de he hecho ya ha estado vertiendo grandes cantidades de dinero en un proyecto de construcción del Estado. Además, parte de la comunidad internacional, incluidos los palestinos, sugiere el establecimiento de un mandato de la ONU o de un fideicomiso internacional fundamentado en la comprensión de que la madurez necesaria para un verdadero y eficaz autogobierno está ausente de la política palestina. Hoy en día, cuando la mayoría de los estados árabes, que llevan existiendo durante décadas, están en crisis y frente a una aguda crisis sociopolítica, es muy difícil de creer que los palestinos vayan a hacerlo mejor.

La probabilidad de un estado palestino fallido, como muchos otros en el mundo árabe, es mucho más alta que la de un vecino estable, próspero y pacífico al lado de Israel. Por lo tanto, una "iniciativa de paz" israelí no hará sino consolidar la falacia de la solución de dos estados dentro de la agenda de la comunidad internacional, en lugar de fomentar estrategias y planes de pensamiento realista y creativo más útiles.

Por último, decir la verdad tiene un cierto atractivo a pesar de la generalizada ignorancia y del cinismo e hipocresía internacional. Por lo tanto, puede que fuera aconsejable para Netanyahu tratar, por una vez, de decir a los “amigos de Israel” - y todavía hay muchos (¿europeos?) - que, si bien la paz con los palestinos no es una meta realista, Israel aún puede tomar ciertas medidas para mejorar la situación. Por lo tanto, lo que Israel necesita no es perseguir una paz difícil de alcanzar, sino desarrollar una estrategia coherente de gestión del conflicto que reduzca al mínimo el sufrimiento en ambos lados ante la brecha existente entre israelíes y palestinos. Vale la pena recordar que la política es el arte de lo posible. Misión Imposible era una atractiva serie de televisión, pero la realidad es mucho más compleja.

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