Thursday, September 15, 2011

El Islam estrecha el cerco sobre Israel - Benny Morris - National Interest



"Israel existirá hasta que el Islam lo destruya, al igual que destruyó a otros antes que él [una referencia a los reinos cruzados medievales]", afirma la Carta de Hamas de 1988 - o la constitución de los fundamentalistas musulmanes -, la organización que gobierna la Franja de Gaza y es posible que obtenga el apoyo de la mayoría de los palestinos.

Y sin duda, durante las últimas dos semanas el Islam ha estrechado el cerco sobre el Estado judío, despidiendo a los embajadores de Israel en los dos principales estados de Oriente Medio con los que mantenía buenas relaciones, Turquía y Egipto. Por supuesto, las circunstancias de cada caso fueron diferentes (la historia tiene esa capacidad de darnos una variedad infinita). En Ankara, el gobierno expulsó al embajador a causa de la negativa de Israel a pedir disculpas por hacer efectivo su bloqueo de la Franja de Gaza, desde donde, durante la última década, han sido disparados miles de cohetes y misiles contra ciudades y pueblos del sur de Israel. En El Cairo, fue la multitud, desatada por la llamada "primavera árabe" y sin un freno por parte del gobierno militar interino del país, la que invadió y destruyó la Embajada de Israel, obligando a los diplomáticos de Israel y a sus familias a huir para salvar sus vidas.

Pero en ambos casos fue el Islam, que ha eliminado progresivamente el secularismo y derribado a los gobiernos más pragmáticos y prudentes en la región, quién provocó la salida de los diplomáticos de sus cargos, prefigurando lo que el Islam, según la visión de Hamas, desea hacer y hará con el propio Israel, esa última presencia “extranjera”, y manifestación del “Otro”, en "su" Oriente Medio.

Durante meses, cautivados por el espectáculo de la caída de los dictadores y por una serie de jóvenes y competentes portavoces que utilizando el inglés confesaban su anhelo de democracia, los occidentales se hicieron la ilusión de que los levantamientos populares que sacudían al mundo árabe presagiaban un nuevo resurgimiento de la libertad. Y en el lapso de un siglo o dos, ¿quién sabe?, tal vez una auténtica democracia se desarrollaría en El Cairo, Sana y Damasco (aunque yo no apostaría por ello). Pero a corto y medio plazo, o sea, en el transcurso de nuestras vidas, lo que parece evidente es que ese tumulto es una muestra de la ruina de un supuesto gobierno responsable y del reinado del caos en las calles de El Cairo ese viernes por la noche, cuando las turbas, además de destruir la embajada de Israel, saquearon el Ministerio del Interior, estaciones de policía y una variedad de edificios, en una oleada que posiblemente anticipe la toma final del poder por el islamismo radical. Y al final del túnel, muy posiblemente, una reanudación de la guerra contra Israel.

Después de lo sucedido ese viernes por la noche, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu prometió que, a pesar del ataque de su misión diplomática, Israel defendería la paz con Egipto (pocos días antes dijo algo similar, limpiándose la saliva de la cara, por tratar de mantener relaciones cordiales con Ankara).

Pero los deseos de Israel pudieran ser insuficientes. Durante décadas, los islamistas de Egipto, representados principalmente por los Hermanos Musulmanes (la organización matriz de los palestinos de Hamas), y también los salafistas más extremistas (de los que surgió Ayman al-Zawahiri, el sucesor de Bin Laden en la jefatura de al-Qaeda), han predicado la necesidad de la destrucción de Israel y la anulación del Tratado de Paz entre Israel-Egipto de 1979, además del desarraigo de toda influencia y valores occidentales de las tierras del Islam (véase las diatribas antisemitas y anti-occidentales de Said Qutb, el ideólogo de la Hermandad).

La paz entre Egipto e Israel no ha dejado de deshacerse estos últimos meses. El mes pasado hubo el ataque terrorista por parte de hombres armados islámicos, egipcios y palestinos, desde el Sinaí egipcio y contra el tráfico a lo largo de una carretera al norte de Eilat, acto que los medios de comunicación egipcios (como casi siempre falsamente) se limitaron a describir posteriormente como una violación israelí del tratado de paz al invadir estos el suelo egipcio y matar por error a unos soldados egipcios. Durante la semana, el protagonista fue el débil y vacilante régimen egipcio (su jefe, el general Tantawi, durante los sucesos del viernes, simplemente se negó a recibir llamadas de los líderes de Israel y Estados Unidos), inclinándose ante la ira de la "calle árabe" y dejando que la turba persiguiera su objetivo (aunque en el último minuto, bajo la presión del presidente Obama, los militares finalmente enviaron a comandos y rescataron a los seis guardias israelíes de los locales de la embajada asediada).

El embajador de Israel aún puede volver a El Cairo y la embajada aún podría reanudar las operaciones normales después de todo. Washington va a ejercer presión, y el ejército egipcio depende de las subvenciones estadounidenses y de sus piezas de repuesto. Pero en unos meses, "el ejército se echará a un lado”, y la población egipcia, educada en las rodillas del Islam y desde 1948 en un incesante odio a Israel, irá a las urnas y elegirá a un gobierno civil. El resultado más probable será la instalación de un gobierno islamista o, al menos, un gobierno de coalición con un importante componente islamista. Entonces, el tratado de paz con Israel sufrirá una muerte lenta o brusca, y mi conjetura es que gran parte de la clase media secular de Egipto tendrá que partir a las colinas (es decir, tratará de emigrar a América del Norte y Europa). Sin embargo, Israel no puede emigrar, y no tendrá más remedio que prepararse y fortalecer su frontera con Egipto antes pacífica.

Desgraciadamente, los acontecimientos en Egipto forman parte de un patrón más amplio, uno de esos episodios que alimentan y anticipan los siguientes. En gran medida, esto se puso en marcha en 1979 con la victoria de la revolución islamista en Teherán (irónicamente, el año en que Israel y Egipto firmaron el tratado de paz). Desde entonces, la mayor parte de la furia anti-Israel y las operaciones que se han organizado en la región en su contra, han sido estimuladas en una forma u otra por Teherán.

En la plaza Tahrir, en la manifestación de masas del viernes - esa que terminó con la "conquista" de las oficinas de la Embajada de Israel -, una de las pancartas decía: "Turquía, un modelo de virilidad". La referencia hacia alusión a la iniciativa diplomática de Ankara durante la semana anterior: el deterioro de las relaciones con Israel hasta el nivel de los segundos secretarios de embajada (de hecho, la expulsión del embajador de Israel) y la suspensión de todos los contratos de defensa entre los dos países.

Los turcos presentaron su decisión como resultado de la negativa de Israel a pedir disculpas por el asalto armado el año pasado a la flotilla turca que se dirigía a romper el bloqueo de la Franja de Gaza. De hecho, la disolución gradual de los lazos de Turquía con Israel ya se preveía como uno de los objetivos del Partido del Desarrollo y de la Justicia (AKP) de Recep Erdogan cuando alcanzó el poder en 2002. Pero los turcos jugaron esa partida cuidadosa y lentamente, para no irritar a Washington y a la UE. Ahora que Erdogan ha intimidado a su oposición interna y a los altos mandos del ejército turco, estabilizaNdo la posición internacional de Turquía (al tomar la medida a la política de Obama con respecto al mundo musulmán), los islamistas de Ankara han permitido que sus profundos sentimientos antiisraelíes se expresen abiertamente. La semana pasada, Erdogan amenazó con enviar buques de guerra turcos para acompañar a una nueva flotilla que tratara de romper el bloqueo de Gaza.

Una ruptura completa de las relaciones turco-israelíes y egipcio-israelíes es sólo una cuestión de tiempo. Estos procesos también pueden desencadenarse en las próximas semanas ante la "posible declaración unilateral de independencia de Palestina y la violencia con la que inevitablemente vendrá acompañada”. Y lo más probable es que estos hechos no se limitarán a
Palestina, Egipto y Turquía: el empuje, el peso del Islam y de la "calle árabe” probablemente conducirán a mayores sanciones contra Israel en el Oriente Medio.

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