Tuesday, November 01, 2011

La batalla por Jerusalén -. Bambi Sheleg - Ynet



Rachel Azaria es precisamente ese tipo de mujer joven que la mayoría de los israelíes ha estado buscando desesperadamente en los últimos años: una sionista que suscribe unos moderados puntos de vista religiosos. Ella pasó a la acción, mientras que la mayoría de la gente se dedicaba a lloriquear durante largos años. Como jerusalemitana que desea seguir viviendo en la capital de Israel, formó hace algunos años un movimiento llamado "Jerusalemitanos" que se presentó al consejo local. Su movimiento, en colaboración con otro prometedor movimiento de jóvenes, "Revival", ganó dos escaños de los consejos locales. Una noticia agradable y biuena para todos.

Azaria se movilizó con todas sus fuerzas para servir la causa de una mejora del estado de la capital. Para ello se unió a la coalición establecida por el alcalde Nir Barkat y se le encomendaron dos carteras: los Consejos comunales y la primera infancia. Ella es considerada como una concejala de conciencia, muy visible, y por esa razón han existido discusiones sobre su nombramiento como teniente de alcalde en los últimos meses.

Sin embargo, la concejala tiene un poderoso grupo de enemigos. La coalición municipal establecida por Barkat no se conformó con atraer al público secular y sionista-religioso, el cual le concedió su cargo. Barkat optó también por atraer a las facciones ultra-ortodoxas, y a sus agendas, a la coalición.

Y así, cuando en las últimas vacaciones de Sukkot los residentes del barrio de Mea Shearim decidieron que el tiempo había llegado para separar a hombres y mujeres en las calles del vecindario, Azaria apeló contra esta decisión ante la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, este movimiento civil totalmente lógico, y que es asumido por todos aquellos que votaron a Barkat como alcalde de Jerusalén en las elecciones, provocó una reacción opuesta por parte del alcalde.

Barkat privó a Azaria de sus carteras argumentando que un miembro del Consejo no puede hacer una petición ante la justicia en contra de su propio ayuntamiento.

La lucha por la esfera pública en Israel en general, y por la esfera pública en Jerusalén en particular, ha cobrado auge en los últimos diez años. Esta es una batalla donde la gran mayoría de los israelíes (que también tienen muchos socios silenciosos dentro de la comunidad ultra-ortodoxa) está empujando contra la pared a esas fuerzas celosas e intransigentes que no están interesadas en llegar a ningún tipo de compromiso. Basta con mirar a esos buses segregados que se han abierto camino en muchas comunidades haredíes en todo el país, donde las mujeres se ven obligadas a sentarse en la parte posterior por supuestos motivos y reglas morales de "modestia".

Uno podría esperar que Barkat, que después de todo fue elegido por un electorado secular y sionista-religioso, lucharía por defender la agenda de su electorado, ya que gracias a ellos actualmente es el alcalde de la capital de Israel. Es inimaginable que Barkat, que fue elegido gracias a sus puntos de vista "seculares", esté aplicando en la práctica la agenda política de los haredim radicales de Jerusalén, y ello supuestamente con el fin de garantizar la calma o cualquier otra cosa de la que no es consciente el público en general.

Cuando nuestros líderes no tienen la voluntad política de luchar por los valores fundamentales de la sociedad israelí, el extremismo se hace cargo. El honor de las mujeres de Israel en general, y el de las de Jerusalén en particular, son nuestros valores. Las mujeres no deberían andar por calles separadas, ni deberían ir sentadas en la parte trasera de los autobuses, y deberían poder y deber cantar en las ceremonias militares o en cualquier otro lugar que deseen.

Las mujeres no son objetos sexuales. En primer lugar, son seres humanos. Sin embargo, debemos luchar por estos valores. Es una lástima que Barkat no se de cuenta de ello, pero aún no es demasiado tarde para cambiarlo.

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