Sunday, November 06, 2011

La democracia según la entienden los grupos de la élite de la izquierda israelí - Amiel Ungar - Haaretz


Noam Sohlberg

Es la clásica falacia en dos pasos: "Crea controversia". En primer lugar, se crea controversia en torno a un candidato, y luego se torpedea su candidatura con el argumento de que es controvertido. Eso es lo que parece estar haciendo el Haaretz en su campaña para bloquear la nominación de juez del distrito de la Corte de Jerusalén, Noam Sohlberg, a la Corte Suprema. En tres números sucesivos hemos tenido noticia, en primer lugar, de un artículo del reportero del periódico Tomer Zarchin informando de las decisiones "controvertidas" de Sohlberg, a continuación, un editorial, y por último, la habitual filípica anti-Sohlberg de Gideon Levy.

Para Levy, el hecho de que el juez Sohlberg resida en la ciudad impecablemente burguesa de Alon Shvut, y que el presidente del Consejo Regional de Etzion, Shaul Goldstein, resida en el exclusivo Neveh Daniel (ambas comunidades programadas para formar parte de Israel en virtud de todos los planes de paz conocidos), resulta suficiente para descalificarlos, respectivamente, para la Corte Suprema de Justicia y para la presidencia de la Israel Nature and Parks Authority. Sohlberg y Goldstein son pues colonos, y, de acuerdo con Levy: "Cada colono tiene una marca de Caín en la frente que nos hace preguntarnos: ¿De verdad queremos vivir en un país donde los jefes de esta empresa asignan sus tierras, el plan de sus espacios naturales, se pronuncian sobre sus leyes y tienen cada vez más el control de sus vidas?".

En comparación con Levy, el editorial de Haaretz del 28 de octubre es un modelo de moderación: "El nombramiento de Sohlberg para la Corte Suprema de Justicia, aunque sea equilibrado por la designación simultánea de un juez menos conservador, debe preocupar a cualquiera que tema por la conservación de los derechos humanos y civiles en Israel. Y eso es especialmente cierto cuando estamos hablando de una persona designada que probablemente se convertirá en presidente de la Corte Suprema algún día".

Es muy revelador que no oigamos los mismos gritos de angustia por "esos otros colonos" que prestan servicios en puestos clave, cuando los ministerios del gobierno o el comité de la presidencia de la Knesset están involucrados. Después de todo, tenemos a un ministro de Asuntos Exteriores - Avigdor Lieberman - y a un ministro de los asuntos de la Diáspora - Yuli Edelstein - con esa mencionada marca de Caín. El campo de Caín es aún más grande en la Knesset. Entre otros, David Rotem, en el comité de la Constitución, la Ley y la Justicia, cargo que anteriormente poseía Hanan Porat, mientras que Aryeh Eldad encabeza el Comité de Ética de la Knesset.

La angustia actual revela el temor de la izquierda israelí de estar a punto de perder el poder real por vez primera. Es cierto que la hegemonía electoral de la izquierda se quebró en las elecciones de 1977, que llevaron al Likud al poder por primera vez. Ante el resultado indeseable y desfavorable para la izquierda de la posterior demografía electoral, la izquierda se retiró a sus bastiones en la Corte Suprema y la administración pública de alto nivel. El ex Presidente del Tribunal Supremo, Aharon Barak, promovió una agenda de activismo judicial (denominado, en orwelliano, una "revolución constitucional") diseñada para servir al "público ilustrado y progresista", además de un revisionismo judicial esgrimido para mantener a los representantes elegidos frente a la "opinión pública ignorante". Otto von Bismarck hubiera aprobado la estrategia: A la derecha israelí se la permite reinar, pero es la izquierda la que en realidad rige la actualidad a través de una agresiva intervención judicial, y una no intervención judicial igualmente agresiva.

Los guardianes del imperio de la hiperactividad legal analizaban la política del gobierno cuando les convenía, incluido el nombramiento del jefe de personal de Netanyahu o bien el cierre de la Casa de Oriente (la OLP en Jerusalén) durante la campaña de 1999. Mientras, se "iban de vacaciones" cuando aparecían los temas que prefería ignorar: la construcción no autorizada en las comunidades árabes, la inmigración ilegal, las violaciones de las horas de trabajo y las leyes de descanso, etcétera, o bien las negociaciones de Barak en Taba en 2000. Este enfoque selectivo y sesgado del imperio de la ley persiste, y se debe al proceso sui generis de selección judicial existente en Israel, el cual otorga a los magistrados de la Corte Suprema un papel dominante en la elección de los nuevos miembros del club [N.P.: la izquierda elige a los amigos de la izquierda y así se perpetua].

Nadie pone en duda la estatura legal y personal de Sohlberg o su curriculum vitae. Él ha servido hábil y fielmente a fiscales generales de diferentes orientaciones políticas. Como un juez de primera instancia y de juzgados de distrito, demostró su agudeza jurídica, así como su capacidad de suma importancia de mantenerse al día con una gran carga de trabajo. Ha sido también profesor en la universidad. Todas estas distinciones se han logrado a una edad relativamente joven, y es esto, si leemos con atención el editorial de Haaretz, lo que le convierte en una amenaza mayor.

Dado el sistema de antigüedad inane utilizado para elegir al presidente de la Corte Suprema, Sohlberg, si accede finalmente, tendrá una ventajosa posición para acumular la antigüedad necesaria y podrá tener derecho a ese cargo a su debido tiempo. No es su capacidad, sino sus puntos de vista, lo que alarma a sus oponentes, a pesar de que previamente han rechazado las peticiones de las audiencias para determinar la postura de los candidatos.

El Haaretz le ataca por absolver a un policía que mató por error a un árabe durante la Segunda intifada, y ello porque el policía, erróneamente, creyó que el árabe quería atropellarlo con su vehículo (y eso no era un hecho anormal durante ese período). Dicha absolución fue confirmada en apelación. Sohlberg también despierta la desaprobación por encontrar culpable de difamación a la reportera estrella Ilana Dayan por su documental "Capitán R" sobre las circunstancias que rodearon la muerte de una niña palestina. De este modo, Sohlberg "afrentó" seriamente al sistema.

Una simbiosis muy poco santa se ha desarrollado entre la Corte Suprema y la mayoría de los medios de comunicación para perpetuar la supremacía del poder judicial. Este órgano jurisdiccional ha magnificado el poder de la prensa al bajar el listón de las denuncias ante el Tribunal Superior de Justicia. El titular de ayer en la prensa se convierte así en la petición o denuncia de hoy ante el tribunal. A cambio, la Corte Suprema es retratada por esa misma prensa como un bastión de rectitud infalible que judicialmente podría castigar a los corruptos poderes legislativo y ejecutivo, y así anular sus acciones.

Sohlberg también tiene sus defensores en los medios de comunicación, entre ellos el ex jefe de redacción del Haaretz Matti Golán, quien calificó el veredicto de Dayan ejemplar y uno de las más precisos prestados ante la ley de difamación.

A la izquierda no le gusta nada la lectura de la democracia que pueda hacer la democracia. Sin embargo, la democracia no se limita al cambio de los funcionarios electos, sino también, que se les permita llevar a cabo sus políticas. Si Noam Sohlberg es vetado finalmente, las verdaderas pretensiones de la izquierda se verán claramente expuestas, y se enfrentará a un motín de Caín.

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