Sunday, January 01, 2012

La opinión pública israelí está harta (del desafio ultra-ortodoxo) - Dan Margalit - Israel Hayom






La última degeneración del sector extremista haredi. Mayoritariamente antisionistas, pero viviendo a costa del Estado de Israel

(Entre la maraña de artículos sobre el tema, y hasta leer y cotejar otros mejores, dos de Dan Margelit)

La opinión pública israelí está harta

Sólo dos miembros de la Knesset, la presidenta del Comité de la Knesset sobre la Condición de la Mujer, Tzipi Hotovely (Likud) y el diputado Shlomo Molla (Kadima), se sentaron en la parte delantera de un mehadrin (los autobús de los barrios haredim donde se práctica la segregación de sexos) el jueves en Beit Shemesh para protestar por la discriminación contra las mujeres, generando el apropiado nivel de agitación en los medios de comunicación. Los extremistas ultra-ortodoxos conocidos como Sikrikim subieron al autobús y pagaron, pero cuando vieron a los dos legisladores pidieron que les devolvieran su dinero y se bajaron del autobús. La atención que recibieron de los medios estos dos políticos no es tan importante como el hecho de que los otros ocho miembros de dicho comité de la Knesset no se presentaron a la protesta. Esto es más que un gesto simbólico.

Esto forma parte de la lamentable falta de rigor y de seguimiento de los políticos. El primer ministro Benjamin Netanyahu, la ministra de Cultura y Deportes Limor Livnat (Likud), el ministro de Educación, Gidon Saar (Likud) y otros miembros de la Knesset, Gila Gamiel y Hotovely (Likud), son casi los únicos miembros de la coalición que han hecho algún esfuerzo para hacer frente a esta cuestión, que apareció de la nada, pero es un indicador importante del proceso de maduración de la sociedad israelí.

En la noche del sábado, una manifestación legítima por parte de los extremistas haredim tendrá lugar en Beit Shemesh. Pero, ¿quién va a ir allí a "contraprotestar" legalmente? ¿Quién se subirá mañana o pasado a un autobús mehadrin para que así los Sikrikim entiendan realmente que las cosas han cambiado?

Es obvio que hay elementos que quieren explotar la actual agitación para obtener beneficios políticos. Pero la opinión pública en general está preocupada por este desgarramiento del tejido social provocado por los Haredim, por eso quieren una reforma real y no mera retórica vacía por parte de los políticos. Hay una nueva oportunidad para una transformación intersectorial de los valores, pero esta revolución debe ser dirigida ante todo por los israelíes nacional-religiosos y por los haredim moderados. Estos grupos comprenden que, tal como dijeron nuestros sabios, que sin harina no hay Torah. Este podría ser el momento de la verdad para los rabinos Tzohar. Sin embargo, si nadie en este campo toma la bandera, todo este problema se tornará nuevamente en favor de los haredim extremistas.

Desafortunadamente, la mayor parte de los israelíes religiosos y de los haredim que están integrados en la sociedad israelí prefiere adoptar el reflejo pavloviano de esconderse detrás del argumento de que los extremistas tienen el derecho a vivir como mejor les parezca. Eso es verdad, pero no a expensas del resto de las personas que conviven a su lado, y encima recibiendo una gran cantidad de bienes públicos que no están justificados. Los políticos tienen que jugar aquí una mera función secundaria, y sólo a condición de que sus rabinos y líderes intelectuales informen primeramente a los extremistas, en un espíritu de buena voluntad, de no confrontación, del daño que se están infligiendo a sí mismos y al resto de su comunidad. El silencio nacional-religioso y haredi moderado ha sido hasta ahora una gran decepción. Incluso algunas de estas personas religiosas prefieren negociar con el primer ministro en lugar de consagrarse a este objetivo y no dejarle escapar.

En medio de todo esto, el IDF celebró el jueves la finalización de un curso de vuelo en el que cinco nuevas mujeres pilotos recibieron sus alas. La yuxtaposición de las fechas fue desafortunada. Un evento como este merece ser celebrado por derecho propio, independientemente de todas las batallas contra la exclusión de las mujeres. Sin embargo, al suceder ahora, nos permite decir que estas mujeres simbolizan, aún a su pesar, la alternativa a la insularidad haredi. En sus primeros años, la Fuerza Aérea de Israel utilizaba el eslogán: "Los mejores hombres van a la aviación". La respuesta a los acontecimientos de Beit Shemesh sería "Las mejores mujeres van a la aviación".


El desafío de los ultra-ortodoxos

"Después del incendio, una pequeña voz". Hace dos días, el primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que las mujeres ya no soportarían más discriminaciones en las calles de Israel. Miles de personas se reunieron en Beit Shemesh para manifestarse en contra de la segregación de genero y el comisionado de la Policía, el Insp.-Gen. Yohanan Danino, envió a sus chicos de azul para eliminar las señales insultantes en las calles exigiendo que las mujeres eviten la acera que conduce a la sinagoga. Sin embargo, 18 horas después, cuando visité la ciudad, el panorama era sombrío.

A las 3:11 de la tarde, tras la salida del último de los manifestantes, seguido por la policía, y cuando el sonido de las declaraciones había sustituido por el silencio, llegué a Beit Shemesh. En Hazon Is Street, enfrente de un centro comunitario que pertenece a la secta ultra-ortodoxa antisionista Toldot Avraham Yitzhak, pude ver lo siguiente: escolares de 4 o 5 años de edad jugando al sol, sintiéndose como reyes. Felices y dichosos. Pero todas las niñas estaban reunidas en la acera de enfrente a la de los chicos. El gran edificio donde estudian los niños, y el de al lado, mostraban avisos que prohibían a las mujeres "merodear por este lugar santo".

¿Qué de santo podía tener ese lugar? Se trataba simplemente de una acera adyacente a una calle donde los camiones transportaban las mercancías a una tienda vecina. Ya no hay más declaraciones, ni de la policía, ni de los que se manifestaron aquí. Sólo un país negligente donde nadie se preocupa de realizar un control de calidad y de garantizar que las decisiones gubernamentales se apliquen efectivamente.

Esta negligencia es muy perjudicial. Se envía el mensaje a los Sikrikim [los ultra-ortodoxos fanáticos] y a sus vástagos de que el gobierno no tiene la capacidad o la intención de actuar, y que pierde el interés por estos asuntos tras realizar algunas declaraciones y explotar sus aparaciones ante los medios. Los equipos de noticias del Canal 2 de TV se han ido, pero los fanáticos siguen ahí, firmes, colocando sus señales y avisos, que nadie parece poder eliminar de forma permanente.

Esta crisis representa una batalla minúscula dentro de una guerra cultural mucho más amplia. Para ganar, el imperio de la ley debe revestirse bajo una especie de puño de hierro. La policía debe actuar de manera contenida, pero también eficiente y permanentemente. Sin embargo, la policía no es suficiente. La mayoría israelí debe permitir que los ultra-ortodoxos vivan como mejor les parezca, pero no debe cesar jamás de criticar aquello con lo que no está de acuerdo. La crítica debe prevalecer pero con mesura. ¿Ellos quieren poder reclamar y manifestarse en Ramat Aviv [un barrio laico y acomodado de Tel Aviv]? Están en su derecho. ¿Quieren poder ofrecer su agenda espiritual a los transeúntes en la calle? De acuerdo. Sin embargo, la mayoría israelí debe poder responder con sus propios retos: ordenadores, Internet, matemáticas e inglés deben enseñarse en todas las escuelas, así como los programas de literatura apropiados a cada edad.

Es el momento de establecer una cultura "Shurat Hamitnadvim" [un movimiento de voluntarios para el cambio social y político] que aboge por un mensaje sano, equilibrado y moderno. Vayamos a la batalla las dos partes y que gane el mejor.

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