Sunday, April 01, 2012

Los árabes de Israel viviendo en una paradoja – Daniel Pipes - Israel Hayom



¿Pueden ser los árabes israelíes, que constituyen una quinta parte de la población de Israel (en realidad, constituyen cerca de un 17%), unos ciudadanos leales del Estado judío? Con esta pregunta en mente, he visitado recientemente varias regiones habitadas por los árabes de Israel (Jaffa, Baqa al-Gharbiya, Umm el-Fahm, Haifa, Acre, Nazaret, los Altos del Golán, Jerusalén) y mantuvo conversaciones con los principales dirigentes árabes y judíos israelíes.

He encontrado que la mayoría de los ciudadanos de árabe experimentan un intenso conflicto interno acerca de lo que supone de vivir en una comunidad política judía. Por un lado, se resienten del judaísmo como religión privilegiada del país, de la Ley del Retorno que permite únicamente a los judíos emigrar a voluntad, del hebreo como lengua principal del Estado, de la estrella de David en la bandera, y de la mención del alma "judía" en el himno. Por otro lado, aprecian el éxito económico del país, el nivel de atención sanitario y la existencia de un estado de derecho y de una democracia en pleno funcionamiento.

Estos conflictos encuentran muchas expresiones. La pequeña, poco educada, y derrotada población árabe-israelí de 1949, se ha multiplicado por diez, ha adquirido conocimientos modernos y ha recuperado su confianza. Algunas personas de esta comunidad han adquirido posiciones de prestigio y responsabilidad, incluyendo el juez de la Corte Suprema Salim Joubran, el ex embajador Ali Yahya, el ex ministro Raleb Majadele y el periodista Khaled Abu Toameh.

Pero estas pocas personas asimiladas palidecen al lado de las masas descontentas que se identifican con el Día de la Tierra, el Día de la Nakba y los documentos sobre la "Visión Futura” de la comunidad. Es revelador que la mayoría de los parlamentarios árabes israelíes, tales como Ahmed Tibi y Hanin Zoabi, son unos políticos encuadrados dentro de las filas de un antisionismo exaltado. Los árabes israelíes han incrementado cada vez más su recurso a la violencia en contra de sus connacionales judíos.

De hecho, los árabes israelíes viven dos paradojas. A pesar de que sufren de discriminación dentro de Israel, gozan de más derechos y de una mayor estabilidad que cualquier población árabe en sus propios países soberanos (desde Egipto a Siria). En segundo lugar, tienen la ciudadanía de un país al que sus hermanos árabes amenazan con aniquilar.

Mis conversaciones en Israel me llevaron a la conclusión de que estas complejidades impiden un debate robusto, entre judíos y árabes por igual, sobre todas las implicaciones de esta existencia “anómala” de los árabes israelíes. Los parlamentarios y los jóvenes extremistas violentos son desestimados como una franja poco representativa. En su lugar, se oye decir que si tan sólo los árabes israelíes recibieran más respeto y más ayuda municipal desde el gobierno central, el descontento actual se aliviaría, que hay que distinguir entre (los buenos) árabes de Israel y (los malo) árabes en la Ribera Occidental y Gaza, y se hace la advertencia de que los árabes israelíes pueden hacer metástasis con los palestinos a menos que Israel los trate mejor.

Mis interlocutores, en general, han dejado de lado mis preguntas sobre el Islam. Sentían casi como si fuera de mala educación hablar del imperativo islámico de que los musulmanes (que representan al 84% de la población árabe-israelí) deben gobernarse a sí mismos. Hablar de la unidad islámica mediante la aplicación de la ley islámica me atrajo miradas en blanco y un cambio inmediato de conversación hacia temas más urgentes.

Esta elusión me recordó a Turquía antes de 2002, cuando el turco de la calle asumía que la revolución de Ataturk era permanente y los islamistas asumieron que seguirían siendo un fenómeno marginal. Estas ideas se demostraron muy equivocadas: Una década después de que los islamistas accedieran democráticamente al poder a finales de 2002, el gobierno electo ha aplicado de una manera constante cada vez más leyes islámicas y ha construido un poder regional neo-otomano.

Mi predicción es la de una evolución similar en Israel, con los árabes israelíes más presos de unas paradojas cada vez más agudas. Los ciudadanos musulmanes de Israel seguirán creciendo en número, habilidades y confianza, convirtiéndose a la vez en una parte cada más integral de la vida del país y siendo más ambiciosos a la hora de querer deshacerse de la soberanía judía. Esto sugiere que a medida que Israel supere las amenazas externas, los árabes israelíes van a surgir como una preocupación cada vez mayor. De hecho, puedo predecir que representan el último obstáculo para el establecimiento de la patria judía anticipada por Theodor Herzl y Lord Balfour.

¿Qué puede hacerse? Los cristianos del Líbano perdieron el poder debido a que incorporaron a muchos musulmanes al país y se convirtieron en una proporción demasiado pequeña de la población del país para poder gobernarlo. Recordando esta lección, la identidad de Israel y su seguridad requieren minimizar el número de ciudadanos árabes, pero no mediante la reducción de sus derechos democráticos, y mucho menos por su deportación, sino por medidas tales como el ajuste de las fronteras de Israel, la construcción de cercas a lo largo de las fronteras, la aplicación de unas estrictas políticas de reunificación familiar, un cambio favorable de la natalidad judía y revisar con mucho cuidado las solicitudes de asilo.

Irónicamente, el mayor impedimento para estas acciones será que la mayoría de los árabes israelíes desean con mucho énfasis permanecer como ciudadanos desleales del Estado judío (en contraposición a ser unos ciudadanos leales de un Estado palestino). Además, muchos otros musulmanes del Oriente Medio aspiran a convertirse en israelíes (un fenómeno que yo llamo la aliyá musulmana). Estas preferencias, predigo, obstaculizaran la labor del gobierno de Israel, que no va a poder desarrollar las respuestas adecuadas, lo que convierte la relativa calma actual en la crisis de mañana.

Labels: ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home