Un cuento de dos alternativas - Amiel Ungar - Haaretz

La frase "ten cuidado con lo que deseas" es aplicable a dos acontecimientos que podrían influir en el papel de la religión en el Estado de Israel. El primero es el reciente reconocimiento por el Estado de los judaísmos conservador y de la Reforma, el segundo es la campaña para poner fin a la exención del servicio militar y nacional de la comunidad ultra-ortodoxa. Mientras que los dos procesos a primera vista pueden parecer perjudiciales para la situación del judaísmo ortodoxo en Israel, con el tiempo podría dejarlo muy afectado, o inclusive reforzarlo.
El rabino Guilad Kariv, director ejecutivo del Movimiento de Israel por el Judaísmo Progresista, comprensiblemente, elogió la decisión del fiscal general Yehuda Weinstein por el apoyo y reconocimiento estatal ("Un gran paso para el judaísmo", Haaretz, 04 de junio) que suponía para el judaísmo conservador y de la Reforma, representando un gran avance. Él no podía hacer otra cosa, ya que como sus portavoces, siempre han atribuido su modesta huella en Israel a la ausencia de un reconocimiento gubernamental.
La reacción ortodoxa a esta decisión fue de un manifiesto bajo perfil, Aparte del Gran Rabino sefardí Shlomo Amar, quien calificó la decisión como "imprudente", no provocó reacciones airadas o de pánico entre los líderes ortodoxos israelíes, a pesar de que sentían que era fruto de una decisión del gabinete, y no solamente del fiscal Weinstein.
La afirmación de que el judaísmo no ortodoxo ha languidecido debido a la falta de reconocimiento o apoyo gubernamental, siempre ha sido muy sospechosa. Las iglesias disidentes y el catolicismo en Inglaterra han prosperado durante la era moderna a pesar de la fuerte presencia en el establishment de la Iglesia de Inglaterra. Las iglesias orientales en la Europa oriental han conseguido sobrevivir a los regímenes y las ideologías anticlericales.
La decisión del fiscal generala puede resultar beneficiosa al obligar a Kariv y sus colegas a explorar otras explicaciones a por qué el judaísmo reformista no progresa mucho más allá de su actual posición marginal en Israel. Una posible razón es que el judaísmo reformista tiene sus raíces predominantemente en la diáspora, tanto a nivel institucional como ideológicamente. Esta lógica también explica por qué Chabad es un jugador más grande e importante en la diáspora que en Israel, debido a que su centro neurálgico está en Crown Heights, en lugar de Jerusalén, y no establece como una primacía vivir en Israel.
A pesar de que el judaísmo de la Reforma ha abandonado su inicial animadversión antisionista y es una parte constitutiva del movimiento sionista, todavía tiene ciertos problemas a la hora de conciliar su declarado universalismo e individualismo con el enfoque más nacionalista y colectivista que dicta vivir en un Estado judío. En el "tribalista" Israel, por ejemplo, es difícil defender la creciente propensión de los rabinos reformistas de los Estados Unidos a oficiar casamientos interreligiosos, o aceptar que la mitad de los judíos americanos se casen fuera de su fe [N.P,: lo que queda de manifiesto en la gran disminución de la población judía americana afecta a esta corriente reformista del judaísmo].
En el frente ultra-ortodoxo israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha prometido una propuesta legislativa para igualar la carga del servicio militar (o civil). Si finalmente un proyecto de ley es elaborado, su impacto irá en función de la manera en que la comunidad ultra-ortodoxa se acomode a la nueva situación. Es de esperar que resulte abierto a explorar los beneficios que para este judaísmo puede representar dicha ley.
La bandera de una "distribución equitativa de la carga" ha reunido a un grupo diverso de seguidores. Para algunos, la carga debe igualarse en el servicio militar, allí donde cada uno se pone en peligro, pura y simplemente. Otros consideran que la carga debe ser más bien compartida en términos económicos. La exención ultra-ortodoxos del servicio militar está supeditada a la mayoría de los elegibles, es decir, los hombres ultra-ortodoxos que se dedican exclusivamente al estudio de la Toran en lugar de ejercer un empleo remunerado, condenando así a muchas de sus familias a la dependencia de las dádivas del Estado o de la caridad.
Existe también una escuela laicista sub-rosa que prevé que el ejército sirva de agente socializador que, como dice el comentarista del Haaretz Nehemia Shtrasler, funcione como una especie de crisol de culturas que "abra los ojos" de los ultra-ortodoxos, y es de suponer (aunque Shtrasler negaría que esa fuera su intención) afloje las amarras religiosas.
Los opositores entre los ultra-ortodoxos a la reforma del servicio militar, que contemplan como a una especie de flautista de Hamelin, representan un tercer enfoque, pero la amenaza que contemplan es ilusoria. Ya no estamos en la década de 1950, cuando los inmigrantes religiosamente observantes eran reeducados para reconvertirlos al modelo del israelí secular. Los dos principales objetivos de la reforma, que disfrutan de un amplio apoyo público, se merecen una seria consideración por parte del público ultra-ortodoxo, ya que los cambios serán necesariamente mutuos, afectando a su comunidad y al público israelí en general, en lugar de afectarles únicamente a ellos de manera unilateral.
Un amplio número de reclutas ultra-ortodoxos sirviendo en el ejército harán más amigable y aceptable al observante de la religión. Si los ultra-ortodoxos entran en el mundo laboral de forma masiva, el lugar de trabajo también tendrá que ser más flexible a sus necesidades, una opción que ya se ha demostrado viable, y bien remunerada, en el empleo de las mujeres ultra- ortodoxas en centros de servicios cercanos a sus hogares. La elección se plantea entre el continuo auto-aislamiento y una mayor influencia en la esfera pública.
Una población ultra-ortodoxa, con una mayor influencia económica, podría influir en la cultura popular. Además, cuando los ultra-ortodoxos se conviertan en actores importantes dentro del mercado general, los estereotipos que los antagonizan serán económicamente derrotados.
Los secularistas, que han sido capaces de desconectarse del judaísmo y de los mensajes religiosos potenciando una imagen favorable de sí mismos a expensas de una población ultra-ortodoxa, que no cumple el servicio militar y está muy pobremente representada en la fuerza laboral, verán como cambian las cosas. Una vez que se perciba claramente la contribución de los ultra-ortodoxos en el área de la seguridad y de la economía, la actitud secular de "yo he contribuido (ellos no) a través del servicio en el ejército, mi trabajo y pagando los impuestos" ya no será suficiente para justificar de manera consciente su falta de compromiso con la tradición judía.
La reacción ultra-ortodoxa a la reforma del servicio militar tiene el potencial de actualizar o de hacer retroceder la influencia religiosa en la sociedad israelí en un amplio sentido. Esperemos que su liderazgo tome la decisión correcta.
Labels: Amiel Ungar, Haredi, IDF


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