Sunday, December 16, 2012

Cristianos evangélicos colombianos se convierten al judaísmo abrazando así su oculto pasado - Juan Forero - Washington Post













Para ver una más completa y hermosa galería de imágenes aquí

Ciudad de Bello, Colombia. Ellos eran unos fieles evangélicos, devotos de Jesucristo. Pero lo aquí algunos llaman una chispa, una atracción ineludible de sus antepasados, los llevó en una dirección diferente, hacia el judaísmo. Estaba la presencia y el recuerdo de sus abuelos, que no comían carne de cerdo y aderezaban su lenguaje con fragmentos de una lengua judía de la España medieval, y los enigmáticos rituales familiares tales como el encendido de velas en las noches de los viernes.

Así, después de un viaje espiritual que comenzó hace una década, decenas de familias que habían sido fieles a la iglesia a machamartillo se convirtieron en judíos, convirtiéndose con la ayuda de unos rabinos de Miami y Jerusalén. Aunque es algo totalmente inusual en una de las naciones más católicas del planeta, la pequeña comunidad de Bello se unió a un movimiento mundial en el que los descendientes de los judíos expulsados ​​de España hace más de 500 años están redescubriendo y abrazando su herencia judía.

Han surgido en lugares tan diferentes como el suroeste de Estados Unidos , Brasil e incluso la India. En estos lugares generalmente remotos, los llamados Anusim o Marranos, los judíos de España que huyeron de la Inquisición y se convirtieron al cristianismo, encontraron refugio.

"Hay un verdadero despertar el que está teniendo lugar", dice Michael Freund, director de Shavei Israel, un grupo con sede en Jerusalén que ayuda a las nuevas comunidades judías como la de Bello. "La chispa judía nunca se extinguió, y estos Anusim están cumpliendo realmente los sueños de sus antepasados ​​retomando de nuevo la identidad judía que les fue tan brutalmente arrebatada a sus antepasados".

En el noroeste estado de Antioquia, con sus elevadas montañas de color púrpura, con sus pueblos pintorescos y fervientemente, casi místicamente, católicos, es sin duda uno de los rincones más insólitos del mundo para encontrar tales indicios judíos.

Para las familias de Bello el viaje hacia el judaísmo comenzó después de que el ministro de una iglesia evangélica de 3.000 miembros, el Centro de Terapia Integral de la Familia, visitó Israel en 1998 y 2003, y comenzó a sentir la atracción del judaísmo. Juan Carlos Villegas, quien ha tomado el nombre hebreo de Elad, le dijo a su grey que planeaba convertirse. Decenas de ellos se unieron a él.

"Estas personas tenían la capacidad de decir que sí, que estaban abiertos a la búsqueda de las raíces de sus familias", dice Villegas, de 36 años, hablando en la sinagoga de la comunidad, una blanqueada casa de dos pisos.

Villegas y los otros dijeron que sentían la historia corriendo por sus venas mientras exploraban el pasado y unían las piezas de un rompecabezas que apuntaba a una ascendencia judía. "Fue como si nuestras almas tuvieran memoria", nos dice. "Se despertó en nosotros el deseo de saber más. ¿Quienes somos, qué eramos? ¿Dónde están las raíces de nuestras familias?".

Con un gran vacío en el registro histórico,  es difícil decir con certeza cómo se desarrolló el pasado de estos judíos conversos que llegaron hasta aquí hace siglos, estableciéndose como comerciantes y negociantes. Pero hay evidencias de que desempeñaron un papel importante en la fundación de las ciudades de aquí y que su número era importante, algo que es en gran parte desconocido para la mayoría de los colombianos.

En la Universidad de Antioquia, el genetista Gabriel Bedoya y su equipo de científicos hallaron en un estudio realizado en el 2000 que el 14% de los hombres en Antioquia están genéticamente relacionados con los Cohanim, una casta sacerdotal judía que se remonta tres mil años hasta el hermano de Moisés, Aarón. Pero Bedoya quiere llevar a cabo un estudio más amplio, nos comenta, explicando que es probable que más pruebas genéticas puedan demostrar que un porcentaje aún mayor de los residentes tienen ascendencia judía.

Hay otras evidencias de un pasado judío aquí en Antioquía, incluyendo la documentación recopilada por los historiadores y las historias familiares transmitidas de generación en generación.

Buscando discreción en unas montañas poco accesibles, las familias judías conversas adoptaron otros apellidos, muchos de ellos del País Vasco, una región fuertemente católica de España, nos dice Enrique Serrano, profesor de la Universidad de Rosario de Bogotá, y que ha estudiado los registros de la época colonial española. Nombres como Uribe y Echeverry, Botero y Restrepo, fueron "comprados", afirma Serrano, junto con los certificados que inmediatamente les proporcionaron una historia familiar católica.

También adoptaron una forma de catolicismo muy ostentosa, nos comenta, con cada familia en cada pueblo asegurándose que al menos un hijo fuera sacerdote.

Sin embargo, las familias no podían dejar totalmente de lado su pasado, dice Memo Anjel, un profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Él afirma que Antioquia, más que en las otras regiones, está llena de pueblos con nombres bíblicos o procedentes de la Tierra Santa, como Belén y Jericó. Anjel también asegura que existe una proliferación de nombres que son inusuales en otras partes de Colombia. "Son personas que se llaman a sí mismas católicas, pero tienen nombres como Isaac, Rubén, Moisés, Israel, Gabriel. Y luego están también los nombres de las mujeres, Ruth, Lia, Clara, Marta, Rebecca".

También hay pistas tentadoras en las costumbres practicadas en el campo. Los ponchos ligeros usados ​​por los agricultores, que cuentan con cuatro esquinas acondicionadas como borlas, son casi indistinguibles de los mantos de oración usados ​​por los judíos religiosos. Algunas de las haciendas cuentan con baños visibles en los patios que los estudiosos dicen que pueden haber sido previamente diseñados como mikvahs para la limpieza ritual.

Los residentes en asilos también han descubierto mezuzas, pequeños pergaminos con inscripciones de versos que se ponen junto a las puertas, como es común en los hogares de los judíos de todo el mundo. Los convertidos de Bello también hablan de rituales sin pretensiones de los miembros mayores de la familia, que ahora creen que demuestran una herencia judía.

"Antes de mi conversión, cuando empecé a estudiar el judaísmo y las tradiciones judías, comencé a notar rituales similares en mi familia", dice Esdras Rodríguez, de 33 años, mientras su hijo Yoetzel de 4 años corretea sobre un apartamento decorado con fotos de judíos ortodoxos rezando ante el Kotel en Jerusalén.

Su abuelo siempre se cubría la cabeza, incluso en la iglesia, diciendo que el no hacerlo demostraba falta de respeto. Rodríguez también nos dice que sus abuelos llevaban sus mejores galas el sábado, no el domingo. Y recordó que cuando era niño su abuelo se reía al pronunciar su nombre, Luis María, que honra a la Virgen María. "Venía cerca de mí y me decía en voz baja: Tuvimos que ponernos esos nombres", relata Rodríguez.

A pesar de la creencia de que tienen raíces judías, la comunidad de Bello quiso convertirse formalmente, con un rabino de Miami, Moshe Ohana, oficiando la ceremonia. Los hombres se sometieron a la circuncisión ritual y toda la comunidad se inició en un largo proceso de intensa instrucción.

El grupo cuenta ahora con una Torah de 120 años de antigüedad, que dice Villegas fue escrita en Amsterdam, una panadería kosher en funcionamiento y la carne kosher que llega de un carnicero de la capital, Bogotá. Hay clases de hebreo preescolar que funcionan todas las tardes.

Y también está la sinagoga, que separa a los hombres de las mujeres tal como es común entre los judíos ortodoxos, y que se llena a diario con los sonidos de las canciones y oraciones en hebreo.

"Se necesita mostrar dedicación, mucha dedicación, para estudiar las oraciones y aprender a leer en hebreo", nos comenta Meyer Sánchez, de 37 años. "Hay que sacrificar otras cosas, como el tiempo con la esposa y con la familia, y las otras cosas que te puedan gustar, como los videojuegos y la música".

Entre los líderes más fervientes de la comunidad está Shlomo Cano, de 34 años, un supervisor en una planta de ensamblaje de motocicletas. Cano, cuyo nombre inicial era Rene, dice que su metamorfosis comenzó poco a poco. Un músico, comenzó a tocar música judía cuando su grupo había sido invitado a tocar para la comunidad judía establecida Medellín. También viajó a Israel. Desde entonces ha profundizado en el Talmud y está ampliando su vocabulario hebreo para poder recitar oraciones en hebreo y cantar canciones hebreas.

The Washington Post

Labels: , , ,

0 Comments:

Post a Comment

Links to this post:

Create a Link

<< Home