Friday, September 08, 2017

Los conservadores en los Estados Unidos como los marranos en la España medieval - Dennis Prager




Para los no familiarizados con el término, el término marrano fue el nombre dado a esos judíos en la España medieval, especialmente en el siglo XV-XVI durante la Inquisición española, que secretamente mantuvieron su judaísmo mientras vivían como católicos en público.

No hay, por supuesto, ninguna Inquisición española en la América de hoy, nadie está siendo torturado para que confiese en lo que realmente cree, y nadie está siendo quemado en hogueras. Pero hay millones de estadounidenses con la tipología del marrano: esos estadounidenses que mantienen opiniones conservadoras, especialmente aquellos que mantienen posiciones conservadoras en asuntos sociales, y aquellos que votaron por Donald Trump como presidente.

Millones de estadounidenses que mantienen opiniones conservadoras y/o pro-Trump temen racionalmente ser condenados al ostracismo por sus pares, a una humillación pública que implique una reputación arruinada, familias rotas, perder su trabajo y ser incapaces de trabajar en su campo profesional. En estas circunstancias, han decidido que aparecer como conservadores o pro-Trump no vale la pena debido a la persecución que sufrirán.

En términos del porcentaje de la población afectada, no hay paralelo en la historia americana. Aparecer como homosexual antes de los años sesenta o setenta, o anunciar públicamente ser un miembro del Partido Comunista en los años cincuenta habría conllevado unas consecuencias similares en la vida social, laboral y familiar. Pero los gays y los miembros del Partido Comunista formaban un pequeño porcentaje de la población estadounidense. Y parte de ellos, los comunistas, estaban apoyando un auténtico mal.

Ojalá pudiera compartir todos los correos electrónicos que me han enviado músicos profesionales que tocan en algunas de las principales orquestas de América. Ellos me escribieron después de los intentos de los miembros izquierdistas de una orquesta, y del gobierno de la ciudad de Santa Mónica, de tratar de impedir que dirigiera la orquesta: públicamente pidieron a los miembros de la Orquesta Sinfónica de Santa Mónica que se negaran a tocar y al público que se negara a asistir cuando debía conducir una sinfonía de Haydn en el Walt Disney Concert Hall hace tres semanas.

Estos correos electrónicos fueron escritos para alentarme y para decirme cómo se ven obligados a ocultar sus puntos de vista conservadores, en resumen, cómo se ven obligados a vivir como marranos.

Una violinista de una de las orquestas más prestigiosas del país (me di cuenta de qué orquesta se trataba en Internet ya que incluso tenía miedo de decírmelo) me escribió la semana pasada sobre lo silenciosa que era acerca de su conservadurismo. Aunque no podía ser despedida por ello, sería socialmente marginada dentro de la orquesta con la que ha tocado durante décadas.

Otro músico profesional de mediana edad me dijo que lleva el pelo muy largo para aparecer como una especie de hippie que camuflara sus opiniones políticas conservadoras. Tampoco es más probable que comente a otros músicos que apoya al presidente Trump que un marrano en la España medieval hiciera públicas sus creencias judías.

Y aquí parte de un correo electrónico de un músico de Minnesota: "Yo fui un músico profesional durante 17 años. Quería que supieras que también perdí mi carrera debido a mis puntos de vista. Fue mi elección, en realidad, ya no podía soportar los abusos".

Soy afortunado. Como presentador de radio y columnista, me pagan por expresar mis opiniones. Y en cuanto a mi vocación de dirigir orquestas, también tengo suerte. Debido a que el director permanente de la Sinfónica de Santa Mónica y el consejo de la orquesta mantuvieros sus principios, y gracias a que tanta gente me apoyó a mí y a mis valores, los esfuerzos para frustrarme fracasaron. En Disney Hall se vendieron todos los 2.000 asientos, una primicia para una orquesta de esa comunidad.

Por supuesto, los conservadores estadounidenses, los nuevos marranos, no sólo viven en el mundo de la música. Están en cada profesión. Conocemos los casos de alto perfil, los conservadores cuyas carreras han sido arruinadas por decir algo "incorrecto" o apoyar al candidato "equivocado"; sabemos de los oradores conservadores que han sido atacados físicamente y se les ha impedido hablar en los campus universitarios.

Pero no sabemos acerca de los millones de personas que simplemente tienen miedo de hablar, que permanecen en silencio en una reunión de negocios o en una cena cuando alguien casualmente expresa una opinión con la que están totalmente en desacuerdo. Estos americanos viven inmersos en el miedo en muchos casos, ya que si ellos hablan habrá consecuencias severas: un trabajo perdido, una promoción no dada, incluso gente que ya no les hablará.

Todo esto es nuevo en nuestro país.

Si alguna vez alguien hubiera predicho que en América - la tierra más conocida que ninguna por la libertad y el libre discurso - el término "marrano" calificaría con precisión a muchos de sus ciudadanos, ese individuo habría sido considerado como un charlatán.

Pero, dada la intolerancia y el odio desde la izquierda, y su dominio sobre casi todas las áreas de la vida americana, tal individuo habría sido un profeta.

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Saturday, May 04, 2013

Hace 50 años, en 1963 - Eddy Portnoy - Forward


Dos miembros de la comunidad "marrana" o "criptojudía" de la isla de Mallorca, en España, se sometieron a una única ceremonia de doble circuncisión en un hospital de Ramat Gan Israel después de haber completado las ceremonias de conversión al judaísmo. Fue la primera ceremonia de circuncisión de padre e hijo en la historia de Israel.

Los participantes fueron Daniel Belshazar Crispi, de 48 años de edad, y su hijo de 18 años de edad Raphael Crispi, los cuales llegaron hasta Israel desde Palma de Mallorca para estudiar el judaísmo en una yeshiva en Bnei Brak. Ellos tienen la intención de volver a Mallorca y llevar al resto de su comunidad a Israel para someterse a ceremonias de conversión similares. "Estamos muy contentos de volver al judaísmo", dijeron, "después de muchas generaciones durante las cuales nuestros padres y antepasados ​​vivieron como marranos".

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Sunday, December 16, 2012

Cristianos evangélicos colombianos se convierten al judaísmo abrazando así su oculto pasado - Juan Forero - Washington Post













Para ver una más completa y hermosa galería de imágenes aquí

Ciudad de Bello, Colombia. Ellos eran unos fieles evangélicos, devotos de Jesucristo. Pero lo aquí algunos llaman una chispa, una atracción ineludible de sus antepasados, los llevó en una dirección diferente, hacia el judaísmo. Estaba la presencia y el recuerdo de sus abuelos, que no comían carne de cerdo y aderezaban su lenguaje con fragmentos de una lengua judía de la España medieval, y los enigmáticos rituales familiares tales como el encendido de velas en las noches de los viernes.

Así, después de un viaje espiritual que comenzó hace una década, decenas de familias que habían sido fieles a la iglesia a machamartillo se convirtieron en judíos, convirtiéndose con la ayuda de unos rabinos de Miami y Jerusalén. Aunque es algo totalmente inusual en una de las naciones más católicas del planeta, la pequeña comunidad de Bello se unió a un movimiento mundial en el que los descendientes de los judíos expulsados ​​de España hace más de 500 años están redescubriendo y abrazando su herencia judía.

Han surgido en lugares tan diferentes como el suroeste de Estados Unidos , Brasil e incluso la India. En estos lugares generalmente remotos, los llamados Anusim o Marranos, los judíos de España que huyeron de la Inquisición y se convirtieron al cristianismo, encontraron refugio.

"Hay un verdadero despertar el que está teniendo lugar", dice Michael Freund, director de Shavei Israel, un grupo con sede en Jerusalén que ayuda a las nuevas comunidades judías como la de Bello. "La chispa judía nunca se extinguió, y estos Anusim están cumpliendo realmente los sueños de sus antepasados ​​retomando de nuevo la identidad judía que les fue tan brutalmente arrebatada a sus antepasados".

En el noroeste estado de Antioquia, con sus elevadas montañas de color púrpura, con sus pueblos pintorescos y fervientemente, casi místicamente, católicos, es sin duda uno de los rincones más insólitos del mundo para encontrar tales indicios judíos.

Para las familias de Bello el viaje hacia el judaísmo comenzó después de que el ministro de una iglesia evangélica de 3.000 miembros, el Centro de Terapia Integral de la Familia, visitó Israel en 1998 y 2003, y comenzó a sentir la atracción del judaísmo. Juan Carlos Villegas, quien ha tomado el nombre hebreo de Elad, le dijo a su grey que planeaba convertirse. Decenas de ellos se unieron a él.

"Estas personas tenían la capacidad de decir que sí, que estaban abiertos a la búsqueda de las raíces de sus familias", dice Villegas, de 36 años, hablando en la sinagoga de la comunidad, una blanqueada casa de dos pisos.

Villegas y los otros dijeron que sentían la historia corriendo por sus venas mientras exploraban el pasado y unían las piezas de un rompecabezas que apuntaba a una ascendencia judía. "Fue como si nuestras almas tuvieran memoria", nos dice. "Se despertó en nosotros el deseo de saber más. ¿Quienes somos, qué eramos? ¿Dónde están las raíces de nuestras familias?".

Con un gran vacío en el registro histórico,  es difícil decir con certeza cómo se desarrolló el pasado de estos judíos conversos que llegaron hasta aquí hace siglos, estableciéndose como comerciantes y negociantes. Pero hay evidencias de que desempeñaron un papel importante en la fundación de las ciudades de aquí y que su número era importante, algo que es en gran parte desconocido para la mayoría de los colombianos.

En la Universidad de Antioquia, el genetista Gabriel Bedoya y su equipo de científicos hallaron en un estudio realizado en el 2000 que el 14% de los hombres en Antioquia están genéticamente relacionados con los Cohanim, una casta sacerdotal judía que se remonta tres mil años hasta el hermano de Moisés, Aarón. Pero Bedoya quiere llevar a cabo un estudio más amplio, nos comenta, explicando que es probable que más pruebas genéticas puedan demostrar que un porcentaje aún mayor de los residentes tienen ascendencia judía.

Hay otras evidencias de un pasado judío aquí en Antioquía, incluyendo la documentación recopilada por los historiadores y las historias familiares transmitidas de generación en generación.

Buscando discreción en unas montañas poco accesibles, las familias judías conversas adoptaron otros apellidos, muchos de ellos del País Vasco, una región fuertemente católica de España, nos dice Enrique Serrano, profesor de la Universidad de Rosario de Bogotá, y que ha estudiado los registros de la época colonial española. Nombres como Uribe y Echeverry, Botero y Restrepo, fueron "comprados", afirma Serrano, junto con los certificados que inmediatamente les proporcionaron una historia familiar católica.

También adoptaron una forma de catolicismo muy ostentosa, nos comenta, con cada familia en cada pueblo asegurándose que al menos un hijo fuera sacerdote.

Sin embargo, las familias no podían dejar totalmente de lado su pasado, dice Memo Anjel, un profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Él afirma que Antioquia, más que en las otras regiones, está llena de pueblos con nombres bíblicos o procedentes de la Tierra Santa, como Belén y Jericó. Anjel también asegura que existe una proliferación de nombres que son inusuales en otras partes de Colombia. "Son personas que se llaman a sí mismas católicas, pero tienen nombres como Isaac, Rubén, Moisés, Israel, Gabriel. Y luego están también los nombres de las mujeres, Ruth, Lia, Clara, Marta, Rebecca".

También hay pistas tentadoras en las costumbres practicadas en el campo. Los ponchos ligeros usados ​​por los agricultores, que cuentan con cuatro esquinas acondicionadas como borlas, son casi indistinguibles de los mantos de oración usados ​​por los judíos religiosos. Algunas de las haciendas cuentan con baños visibles en los patios que los estudiosos dicen que pueden haber sido previamente diseñados como mikvahs para la limpieza ritual.

Los residentes en asilos también han descubierto mezuzas, pequeños pergaminos con inscripciones de versos que se ponen junto a las puertas, como es común en los hogares de los judíos de todo el mundo. Los convertidos de Bello también hablan de rituales sin pretensiones de los miembros mayores de la familia, que ahora creen que demuestran una herencia judía.

"Antes de mi conversión, cuando empecé a estudiar el judaísmo y las tradiciones judías, comencé a notar rituales similares en mi familia", dice Esdras Rodríguez, de 33 años, mientras su hijo Yoetzel de 4 años corretea sobre un apartamento decorado con fotos de judíos ortodoxos rezando ante el Kotel en Jerusalén.

Su abuelo siempre se cubría la cabeza, incluso en la iglesia, diciendo que el no hacerlo demostraba falta de respeto. Rodríguez también nos dice que sus abuelos llevaban sus mejores galas el sábado, no el domingo. Y recordó que cuando era niño su abuelo se reía al pronunciar su nombre, Luis María, que honra a la Virgen María. "Venía cerca de mí y me decía en voz baja: Tuvimos que ponernos esos nombres", relata Rodríguez.

A pesar de la creencia de que tienen raíces judías, la comunidad de Bello quiso convertirse formalmente, con un rabino de Miami, Moshe Ohana, oficiando la ceremonia. Los hombres se sometieron a la circuncisión ritual y toda la comunidad se inició en un largo proceso de intensa instrucción.

El grupo cuenta ahora con una Torah de 120 años de antigüedad, que dice Villegas fue escrita en Amsterdam, una panadería kosher en funcionamiento y la carne kosher que llega de un carnicero de la capital, Bogotá. Hay clases de hebreo preescolar que funcionan todas las tardes.

Y también está la sinagoga, que separa a los hombres de las mujeres tal como es común entre los judíos ortodoxos, y que se llena a diario con los sonidos de las canciones y oraciones en hebreo.

"Se necesita mostrar dedicación, mucha dedicación, para estudiar las oraciones y aprender a leer en hebreo", nos comenta Meyer Sánchez, de 37 años. "Hay que sacrificar otras cosas, como el tiempo con la esposa y con la familia, y las otras cosas que te puedan gustar, como los videojuegos y la música".

Entre los líderes más fervientes de la comunidad está Shlomo Cano, de 34 años, un supervisor en una planta de ensamblaje de motocicletas. Cano, cuyo nombre inicial era Rene, dice que su metamorfosis comenzó poco a poco. Un músico, comenzó a tocar música judía cuando su grupo había sido invitado a tocar para la comunidad judía establecida Medellín. También viajó a Israel. Desde entonces ha profundizado en el Talmud y está ampliando su vocabulario hebreo para poder recitar oraciones en hebreo y cantar canciones hebreas.

The Washington Post

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Saturday, May 07, 2011

La mascara de los Marranos - Allan Nadler - Commentary



El Otro interior: Los marranos, identidad escindida y modernidad emergente - Yirmiyahu Yovel

La creación del moderno Estado de Israel despertó muchas empresas culturales aletargadas, tal vez ninguna tan dramática como el descubrimiento de esos judíos perdidos hace ya tiempo. Cada década más o menos, otra tribu de supuestos descendientes del Israel bíblico - marcados por unos usos peculiares de los símbolos judíos y/o una observancia religiosa ecléctica, con un puñado de oraciones en hebreo- se revela que han mantenido la llama en alguna zona remota del mundo, desde África al subcontinente. La repatriación a Israel de los miembros de estos restos de antiguos judíos exiliados - ya sean los Bene Israel de la India, los falashas de Etiopía y los Lemba de Sudáfrica - ha sido uno de los aspectos más inspiradores del moderno "crisol de las diásporas" que ha animado la idea sionista.

Aunque los relatos históricos singulares de estos grupos han diferido en gran medida, todos han sido categóricos a la hora de considerarse descendientes auténticos de alguna de las legendarias "diez tribus perdidas", desaparecidas de la historia en el siglo VIII a.C., y han insistido en ser plenamente reconocidos como judíos, y aunque se han enfrentado a toda una serie de obstáculos a la hora de adaptarse más fácilmente a la población judía mayoritaria, esos obstáculos, aunque a menudo resentidos, se han esforzado denodadamente por superar a través de ceremonias de conversión formales y finalmente con su inmigración a Israel.

Pero hay una aleccionadora excepción a este escenario. A comienzos del siglo XX, una serie de comunidades en Portugal fueron desenterradas como "Marranos", es decir, descendientes de esa otrora orgullosa nación cripto-judía que surgió cuando los judíos ibéricos se vieron obligados a bautizarse y luego fueron perseguidos durante siglos por los Inquisición española. (Marrano es un epíteto despectivo para esos españoles "puercos" o "sucios" que eventualmente se convirtieron y que fue la denominación estándar para esta comunidad de conversos, o convertidos.) Otros grupos de marranos han sido hallados en comunidades rurales en casi todos los territorios que fueron colonizados por España y Portugal, de América del Sur a Texas y Nuevo México, así como en lugares como Turquía, donde los refugiados de la Inquisición fueron recibidos por el Imperio Otomano.

Obligados a ocultar su verdadera identidad religiosa en su interior con el fin de sobrevivir en las sociedades medievales hispanas católicas, los restos distantes y diluidos de los marranos (o los "nuevos cristianos judaizantes", como a veces se les llama), a menudo tuvieron que realizar grandes sacrificios para observar lo que conocían, y apenas recordaban, de la tradición judía, y de esa forma mantener su credo de que "la salvación proviene solamente de la Torah de Moisés". Siglos de vida enfocada hacia el exterior como cristianos, manteniendo al mismo tiempo, por lo general sin recordar el por qué, elementos y vestigios de la fe judía original, conllevaba un severo peaje psicológico. El secretismo y la evasión de cualquier manifestación exterior de sus prácticas judías residuales, todo eso combinado con una vida pública de piadoso catolicismo, se afianzó durante siglos junto con un temor profundamente arraigado, rayano en la paranoia, a ser descubiertos. Como era de esperar, la mayoría de los marranos contemporáneos han tendido a temer que vuelva a descubrírseles como judíos y se han resistido a reunirse con el pueblo de Israel, de quienes fueron separados cruelmente hace medio milenio.

Los historiadores judíos han estado durante mucho tiempo divididos sobre la compleja cuestión de "la judeidad de los marranos”. En un extremo está la llamada de historiografía judía de Jerusalém, que ha mantenido tercamente que, a pesar de su desconexión de siglos, los marranos se mantuvieron como judíos en los aspectos más significativos. En el polo opuesto están historiadores como Benzion Netanyahu (el padre de 100 años del primer ministro israelí), quienes dando relevancia a las opiniones de la práctica totalidad de las autoridades rabínicas que abarcan casi cinco siglos, han insistido en que inicialmente eligieron el bautismo y posteriormente trataron de aprovechar la oportunidad de evitar la pre-Inquisición de Portugal, por lo que los Marranos perdieron su pertenencia a la nación judía y se situaron ellos mismos fuera de la historia judía.

En su ambiciosa nueva obra, el intelectual e historiador Yirmiyahu Yovel rechaza todos esos enfoques, favoreciendo en cambio un retrato de los Marranos como ni judíos ni cristianos, sino algo sui generis, "el Otro interior", en una formidable frase que sirve de título para su libro, la summa de su distinguida carrera como estudioso de Baruch Spinoza y del judaísmo premoderno. Más importante aún, Yovel cree que el fenómeno de los marranos marca un nuevo y significante elemento dentro de la narrativa histórica judía, uno que anticipa formas de identidad judía que emergerán en la Europa de la post-Ilustración.

La historia desgarradora de los Marranos se inicia con la conversión forzosa de decenas de miles de judíos durante la conquista cristiana de España (Como siempre, el mito de Al-Andalus sigue activo, sino como explicar la falta de mención de la conversión forzosa de judíos al Islam por obra de almohades y almorávides, y donde uno de los afectados fue Maimónides). Los judíos habían vivido en la Península Ibérica desde el siglo VIII [desde antes], y pesar de que fueron objeto de conversiones forzosas y de pesquisas por parte de la Iglesia sobre la sinceridad de esas conversiones en el Reino de Aragón a mediados del siglo XIII, la existencia continuada de una comunidad de judíos secretos comienza con la ola de pogromos que se desató en Sevilla en 1391. Ninguna comunidad judía importante se salvó. El eminente filósofo judío Hasday Crescas fue testigo de esos horrores en Barcelona:
Usando arcos y catapultas, las turbas atacaron a los judíos reunidos en la Ciudadela derribando sobre ellos la torre. Muchos de ellos santificaron el nombre de Dios [es decir, murieron por la religión judía], entre ellos mi propio y único hijo, un inocente cordero... Algunos se suicidaron, otros saltaron desde la torre... Pero el resto se convirtió... Y a causa de nuestros pecados, hoy no hay nadie en Barcelona que se le pueda llamar un israelita.
A pesar de la referencia de Crescas a "muchos" mártires, el registro histórico sugiere que la mayoría de los judíos españoles ante el dilema de “muerte o cruz", escogió la cruz. A lo largo de la siguiente centuria de persecución cristiana se alcanzó el punto culminante con la expulsión definitiva de todos los judíos de España en 1492, donde unos 200.000 judíos salvaron su estancia aceptando el bautismo y, al menos en apariencia, una vida cristiana. Ochenta mil de sus hermanos, quizás con más capacitados para poder sobrevivir fuera, escaparon a Portugal, la cual se creía como más tolerante, pero en poco tiempo también ellos se debieron enfrentar a un destino cruel: las conversiones en masa de 1497, seguidas por un Real Decreto que prohibía a los nuevos cristianos abandonar el país. El resultado neto de esta trampa despiadada a los conversos portugueses fue que Portugal se convirtió en el epicentro permanente del marranismo en Portugal y sus colonias.

Es cierto que para un número significativo (según algunos historiadores, más de la mitad) de estos conversos la nueva "fe" sólo era una fachada, únicamente consecuencia de una coerción letal. No sólo seguían siendo judíos en el fondo, sino que continuaron durante siglos observando elementos del ritual religioso judío, con gran riesgo para sus vidas. Esta histórica y notable tenacidad de los marranos ha generado una imagen popular de ellos dentro de la memoria judía, no sólo como plenamente judíos – algo muy dudoso vista su opción por la conversión y por las posteriores altas tasas de matrimonios con cristianos no judíos -, sino como justos heroicos que sacrificaron sus vidas "en aras del Cielo".

Uno de los notables logros de Yovel es desafiar esos términos equivocados que complican su adopción por los historiadores. Yovel relata vívidamente unas abundantes biografías de conversos que ilustran el complejo espectro de sus identidades y creencias desde el ferviente católico al piadoso judaizante, hasta aquel profundamente escéptico acerca de las dos religiones, lo cual Yovel identifica como una de las primeras manifestaciones de la moderna laicidad judía.

Según la visión de Yovel, el romanticismo judío sobre los marranos asume falazmente que el generalmente escaso y residual comportamiento judaizante de parte de los conversos acredita su condición de judío. (Sus colegas académicos, observa con triste ironía, a menudo aceptan al pie de la letra los "descubrimientos" de las prácticas judaizantes entre los cristianos nuevos consecuencia más bien del exceso de celo de los inquisidores). Entre sus fascinantes refutaciones está la noción de la persistencia entre un gran número de marranos de la práctica de cocinar a fuego lento el guiso del Sabbath, conocido entre los judíos españoles y marroquíes como adafina (los judíos estadounidenses lo llaman cholent). Si bien la génesis de este guiso, que se preparaba antes de la puesta del sol del viernes, se encuentra en la prohibición bíblica de encender un fuego en el mismo día de reposo, Yovel observa que su perdurable popularidad entre los conversos apenas constituye una prueba de la observancia del Sabbath:
La meticulosa preocupación de los inquisidores por esta práctica nos desvela su querencia por la identificación de judíos secretos y ocultos. La adafina, con sus ingredientes y su prolongada cocción, no era un elemento distintivo del culto judío sino de la gastronomía judía... Es muy conocido que las preferencias por ciertos alimentos, especialmente los distintivos dentro de las diferentes gastronomías, son los últimos hábitos y costumbres en desaparecer a la hora de la asimilación de los inmigrantes, por ser los hábitos más sujetos a la nostalgia del grupo, y el último bastión de las características étnicas.
El que incluso esos marranos que mantuvieron en secreto sus prácticas religiosas no aprovecharan el largo período de gracia dado en Portugal, desde 1507-1536, cuando se les concedió el permiso de abandonar el país sin demasiadas trabas, convence aún más a Yovel de que sus creencias judías eran apenas fervientes. Sin embargo, no llega tan lejos como la opinión sostenida por Benzion Netanyahu (de cuya obra se burla de Yovel), quien sólo ve en la historia subsecuente de los marranos un fenómeno no judío. Yovel sugiere una provocativa analogía con las creencias de los modernos:
La mayoría de marranos judaizantes ya no anhelaban el judaísmo como una realidad concreta, sino como un ideal, como un sueño infinito. Esto es similar al ansia contemporánea judía por el Mesías, expresada en el dicho "el año que viene en Jerusalén", el cual tampoco es pronunciado con una intención concreta... A los judíos se les ha educado para esperar un Mesías que realmente no viene... no en nuestra vida, sino en una era mesiánica, la cual siempre es diferida y proyectada más allá del presente.
Por supuesto, no había nada distante o desapasionado acerca de la fe mesiánica de las víctimas de la Inquisición y de la expulsión de España. Don Isaac Abarbanel, el mayor erudito judío que abandonó España en 1492, elaboró tres tratados donde registraba su visión de esas calamidades como el anuncio de los tiempos mesiánicos. El fervor mesiánico era aún más ferviente entre los marranos que lograron escapar de Portugal en las décadas posteriores. En un libro por otra parte tan exhaustivo, el silencio de Yovel sobre la posterior susceptibilidad de los marranos en el siglo XVII, cuando se desarrollo el falso movimiento mesiánico de Shabbetai Zevi, resulta desde luego sorprendente. Se dio especialmente el caso de que, después de la conversión al Islam del Mesías Shabbetai Zevi, muchos de sus seguidores en el Imperio Otomano, sobre todo en la ciudad griega de Salónica, asumieron una falsa identidad islámica, llegando a ser conocido como los "Donmeh".

Que hoy se sepa que un número importante de esos Donmeh descendían de marranos portugueses no resulta sorprendente. Fueron entrenados en el arte del disimulo religioso mucho antes de convertirse en sabateanos (seguidores de Shabbetai Zevi). Lo que resulta un poco más chocante son las acusaciones procedentes de los islamistas radicales y de una variedad de antisemitas de la actual Turquía de que sus enemigos, empezando por el fundador de la democracia secular turco, Kemal Ataturk, eran conspiradores Donmeh. Dada la obsesión de Yovel con el grado de modernidad que prefiguraban los marranos, su omisión de este fascinante capítulo es lamentable.

En cualquier caso, Yovel sostiene que durante esa época, un número significativo de conversos desarrolló una hostilidad activa hacia todos los dogmas religiosos y las autoridades eclesiásticas. Citando las numerosas declaraciones y confesiones de marranos recogidas en los archivos de la Inquisición que reflejan un desprecio por las creencias sobrenaturales, concluye que muchos de estos conversos habían sustituido la fe judía no por la cristiana, sino por una creciente preocupación "por asuntos mundanos y seculares” y por una “mayor indiferencia y escepticismo respecto a los aspectos religiosos”.

Los ejemplos que aduce - especialmente referentes a la dieta alimenticia y a otros “hábitos étnicos” - generalmente son convincentes, pero hay casos donde la observancia religiosa por parte de los marranos sugiere más piedad que la reseñada. Consideren este concluyente testimonio de un inquisidor:
En la ciudad de Sevilla, un inquisidor, le dijo al duque: "Si vuestra merced desea saber cómo los marranos guardan el Sabbath, subamos a la torre”. Subieron y allí le dijo: "Mira a su alrededor: esa es una de marranos, y ahí hay otra, y allí hay muchos otras más. Usted comprobará que no sale ningún humo de esas casas a pesar del duro invierno, y es porque no encienden el fuego, ya que hoy es sábado".
Que Yovel no distinga esta forma de observancia del Sabbath de una mera afición a unos hábitos gastronómicos, revela el grado en que su tesis general tiende a veces a nublar su juicio. Después de todo, una cosa es seguir disfrutando de los platos favoritos de la abuela y otra muy distinta congelarte en tu propia casa con el fin de santificar el Sabbath. Yovel tampoco presta demasiada relevancia a la medida en que los elementos de la liturgia y el ritual marrano se aferraban a la tradición judía.

Sin embargo, la detallada historia económica de los marranos portugueses que nos proporciona Yovel nos sirve para reforzar su imagen de una clase definida menos por lo espiritual que por los lazos mundanos. Fue durante el período de amplia tolerancia real, después de la masacre de judíos en la Lisboa de 1506, cuando la gran mayoría de los marranos que se quedaron en Portugal llegaron a dominar la clase mercantil y eran conocidos como “homens de negocios” (empresarios). Yovel sostiene que las experiencias históricas singulares de los marranos, los rituales secretos y el escepticismo religioso interiorizado, les ayudaron a formar sólidas redes comerciales internas, que a su vez forjaron en ellos un nuevo tipo de identidad, menos arraigada en las lealtades medievales de Dios, la Iglesia y el Rey que en una más moderna, y de género secular, solidaridad étnica.

Hubo otro elemento de gran alcance para esa “otredad” de los marranos. Las sospechas que desencadenaban entre los piadosos "cristianos viejos" ibéricos estos descendientes de los conversos a la hora de aplicar correctamente ese catolicismo adoptado, no eran solamente consecuencia de la persistencia en ellos de estrafalarios restos de prácticas religiosas judías. Salía a relucir algo más profundo y más ominoso que el mero prejuicio religioso: a saber, el odio racial, posiblemente la primera manifestación abierta del mismo en la historia judía. Si bien los famosos estatutos de limpieza de sangre de 1449 y 1467 que condujeron a las matanzas de cristianos nuevos en España fueron revocados en última instancia, ellos renacieron en Portugal en la década de 1550, reflejando los sentimientos más profundos tanto del clero católico como de los campesinos ibéricos, así como la verdadera naturaleza de las masas de judíos que fueron bautizados.

Yovel captura brillantemente los efectos a largo plazo en la identidad y en la conciencia de los marranos del hecho de estar atenazados entre las contradictorias exigencias de la Inquisición, la cual aparentemente sólo les requería "pureza de fe", y los estatutos de carácter racial de “limpieza de sangre”, que a la vez les exigía una "pureza de sangre":
La Limpieza se sangre forzó la designación de esos judíos como marranos, mientras que la Inquisición les negaba su derecho a adoptar dicha identificación. Así pues, aunque los marranos desearan aceptar esa denominación de judíos unidos por su falta de “limpieza de sangre”, no se les permitía hacerlo. La Inquisición negaba a esas personas el derecho a ser lo que las normas de pureza de sangre les negaban.
Esto dejó a los marranos como suspendidos en el limbo... La oposición existente entre lo que declaraban los estatutos de “limpieza de sangre” y lo que demandaba la Inquisición tuvo efectos complementarios. Se produjo la típica situación del marrano residiendo en una especie de exilio interior, una persona de identidad inestable y, en parte y en un sentido metafórico, relegado a ser un nuevo judío errante.
Ese desarraigo, interiorizado en la mente de los marranos, le lleva a Yovel a concluir que se convertirá en la propiedad común de los modernos judíos: "Lo que les sucedió a los conversos en los confines de la experiencia ibérica fue un fenómeno excepcional en su época, el cual prefiguró la condición fundamental de los judíos en los tiempos modernos". Para ello esboza una serie de similitudes en lo referente a esa identidad dividida de los marranos y de los judíos modernos y secularizados, esos que, en palabras del poeta hebreo Judah Leib Gordon, aspiraban a “ser judíos en sus tiendas y hombres cuando salían fuera". Y entonces, por supuesto, se produjo la confrontación de esos judíos europeos occidentales profundamente asimilados, incluso convertidos, con el racismo moderno.

Ahora todos somos marranos: esa es la provocativa tesis de Yovel. Pero como con cualquier obra escrita bajo el hechizo de una gran idea, los problemas que conlleva abundan. Yovel ve la “influencia marrana” en demasiados lugares y ámbitos, incluso cuando los vínculos son escasos y abstractos. Por un lado, incluso los maskilim del siglo XIX, los judíos ilustrados, lejos de ocultar su identidad tenían la intención de adaptar el judaísmo a la cultura europea, precisamente para asegurar su supervivencia. Judah Leib Gordon era un hebreo, no un poeta ruso, y su pasión fue la renovación de la antigua lengua e identidad de los judíos, por lo que en ningún caso ocultarla. El propio Yovel no puede dejar de admitir que todos sus paralelismos fascinantes son sobre todo de interés fenomenológico, además de no haber demostrado nada de una importancia histórica concreta: "¿Debe considerarse a los marranos como los predecesores, o como una anticipación, de la Haskalá, el movimiento que promovió la modernización judía? No del todo".

Quizás la refutación más sorprendente de la teoría de Yovel sea la autodeterminación de los propios remanentes marranos. Su sentido retrato de la comunidad marrana de Belmonte en el que nos refiere la renuencia de sus miembros a reintegrarse en una comunidad judía contemporánea o a repatriarse a Israel, nos lo comunica rotundamente: "Esta es su tradición venerada, la forma en que sus antepasados siempre mantuvieron su religión, y así es como que debe ser... El secreto se había convertido en algo tan importante para los marranos como un valor religioso. La máscara había adquirido un significado ritual en sí misma, y la dualidad se practicaba ahora por si misma".



PD. Un anterior post dedicado a esta obra, aquí

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Sunday, June 28, 2009

¿Los Marranos, rigurosamente modernos? De la España medieval a la filiación post-moderna - Miriam Shaviv - Forward




©Kurt Hoffman - Ex Unum, Pluribus

Diego Arias nació judío en la España del s. XV, pero sus padres lo convirtieron al catolicismo a continuación de una ola de persecución anti-judía. Más tarde, como jefe financiero de la casa real de Castilla, y como una de las figuras más poderosas, disfrutaba cantando oraciones judías; comiendo hamin, un guiso al estilo del tradicional cholent (estofado) del Sabbath, y una vez fue visto tratando a la efigie de un santo cristiano con falta de respeto. Sin embargo, él no se consideraba a sí mismo más que un poco judío, y sólo para complicar aún más las cosas, de vez en cuando expresó su escepticismo acerca de todas las religiones.

Por lo tanto, ¿Arias fue un judío, un cristiano o un ateo? En "En el interior del Otro", Yirmiyahu Yovel, fundador y presidente del Jerusalem Spinoza Institute, intenta dar sentido a la identidad religiosa de los marranos, es decir, los judíos de España y Portugal que fueron obligados a convertirse al cristianismo en los siglos XIV y XV, y de sus descendientes.

El marranismo comienza en 1391, cuando los judíos se convirtieron en masa para escapar a una serie de motines anti-judíos. La presión física y mental para que se convirtieran continuó, sin mengua, en 1412-15, donde alrededor de 50.000 judíos españoles se sometieron a la cruz. La mayoría de los rabinos de su tiempo creían que algunos de los nuevos católicos mantenían algunas tradiciones judías solamente por costumbre, nostalgia, o por razones sociales. Los judíos actuales generalmente prefieren pensar de una forma un poco más romántica, viéndolos como judíos secretos cuyo catolicismo sólo era una máscara que les protegía de las autoridades. La verdad, dice Yovel, es mucho más compleja, y la complejidad de un asunto particularmente moderno y actual.

Yovel también afirma que la sociedad cristiana persiguió el mito de la homogeneidad, tratando de desembarazarse de lo que percibía como elementos "impuros" y "extranjeros". La ironía es que la conversión de los judíos no eliminaba al "otro", sino que lo llevaba directamente al corazón de la sociedad cristiana. Los conversos (Yovel explica en el prefacio que utiliza términos como marranos, conversos y cristianos nuevos de forma intercambiable) no se convertían en cristianos "ordinarios o normales", ni se les considera de esa manera por la sociedad cristiana. Por el contrario, su vida estuvo marcada por la contradicción y la dualidad.

Inicialmente, la mayoría de los marranos asumieron el cristianismo superficialmente, a nivel epidérmico, pero no podían mantener esa pretensión - año tras año, yendo a la iglesia y confesándose, venerando los santos -, sin llegar a interiorizar algunas de esas creencias. Del mismo modo, es posible que tuvieran la intención de permanecer fieles al judaísmo, pero les resultaba imposible practicar una religión sólo parcialmente, y en secreto, sin llegar a perder la mayor parte de su esencia.

El resultado, según Yovel, fue que la mayoría de los marranos practicaba una religión híbrida. "Judeizaban" conscientemente tratando de conservar elementos del judaísmo, a menudo transmitidos a través de las mujeres de la casa que se convirtieron en cuasi rabinos, o los adquirían, irónicamente, a partir de las listas de creencias judías publicadas y perseguidas por los informantes de la Inquisición. Pero mientras ellos podían tener velas encendidas en secreto durante el Sabbath, simulaban comer el omnipresente cerdo ibérico o mentalmente anulaban sus acciones rituales en la iglesia, la confusión teológica imperaba. Por ejemplo, los judaizantes creían que el judaísmo era el verdadero camino "de salvación". La intención podía ser judía, pero la elaboración teológica – de la salvación - era Católica. Del mismo modo, la marranos tenían un santo patrón: la Reina Esther, ella misma una judía oculta o en secreto.

En el otro extremo del espectro, los marranos que aceptaron su nueva fe cristiana todavía estaba influenciados por sus antecedentes judíos. Los registros de la Inquisición muestran que los marranos preferían bautizar a sus hijos el sábado, a causa de su "afecto" por dicho día, y los monjes cristianos nuevos, porque mantenían su desconfianza hacia las creencias y prácticas politeístas implícitas, rechazaron la Trinidad y desdeñaron el sacramento, sin tener intención de regresar al judaísmo.

Los conversos a menudo trataron de reformar al cristianismo desde dentro. Por ejemplo, la santa patrona de España, Santa Teresa de Ávila, insistió en que la verdadera religiosidad se encuentra en la mente, no en las acciones, una actitud muy típica de los marranos judaizantes, los cuales creían en una religión y practicaban otra. No es de extrañar, porque si bien ella era y se pensaba a sí misma como totalmente cristiana, tuvo un padre y un abuelo que fueron humillados por la Inquisición como judaizantes. Además existió un tercer grupo, quizás más numeroso que los judaizantes. Estas personas habían perdido el interés religioso, o eran heréticos con respecto a todas las religiones, y preferían insistir en los asuntos del mundo físico, tales como los negocios o la política, en lugar de buscar la salvación metafísica. Mientras tanto, ellos también llevaban una vida teóricamente cristiana.

Así, mientras que los marranos podían seguir apoyándose en el judaísmo y en el cristianismo, ellos en realidad no practicaban ninguna de ellas. Su identidad, nos asegura Yovel, era mucho más fluida que la que han reconocido los historiadores posteriores. Mientras tanto, sus contemporáneos sentían incrementar su resentimiento por esta inestabilidad sin precedentes "que manifestaban estos otros", y ocasionales episodios de violencia en su contra hicieron erupción. Se promulgaron leyes que impedían a los conversos ejercer cargos públicos, y ello mediante el desplazamiento de la fuente de las diferencias a la sangre sobre la religión. Este fue un cambio crucial en el pensamiento europeo, y precedió a un cambio similar en el norte de Europa en cientos de años. Las leyes de Nuremberg fueron consecuencia de un cambio en el pensamiento en el siglo XIX, pero fue independiente del ejemplo español.

En 1480, casi un siglo después de que los primeros Marranos se convirtieran en un problema social, se estableció la Inquisición para erradicar a los Marranos judaizantes (no tenía jurisdicción sobre los que aún permanecían judíos). También se han malinterpretado las sutilezas de la identidad de los conversos, condenándolos como judíos secretos por mostrar algunos signos de conexión con la tradición judía. (Así Arias – quien no sintió más que cierta nostalgia hacia el judaísmo - fue declarado culpable de judaizar en un juicio póstumo que destruyó a su hijo, un prominente obispo).

En 1492, Fernando e Isabel emitieron un edicto de expulsión del resto de los judíos de España. El argumento fundamental en contra de ellos, asegura Yovel, es que los judíos - sobre las cuales la Inquisición no tenía jurisdicción - eran percibidos como una influencia corruptora sobre los Marranos, enseñándoles la manera de judaizar.

Una vez más, esta medida tuvo un efecto contrario al pretendido. En respuesta, miles de judíos se convirtieron, lo que agravó el problema converso. Cerca de 80.000 a 160.000 judíos huyeron de España. Muchos fueron a Portugal, donde también fueron obligados a convertirse, reproduciendo el problema.

Yovel, cuya contribución excepcional es utilizar múltiples áreas de conocimiento trabajando en colaboración, integrando las cuestiones filosóficas con la narrativa histórica, contempla a las identidades divididas como "una estructura básica de la condición humana", la cual únicamente ha sido legitima en la era moderna. "En épocas anteriores", nos dice, "las identidades divididas eran consideradas como ilícitas e ilegales, un grave pecado social y metafísico castigado por la Inquisición (y más tarde, por el nacionalismo y por similares movimientos unificadores)". A este respecto (así como en muchos otros tratados por Yovel en los dos capítulos finales), los Marranos fueron unos precursores y quizás, en cierta medida, los catalizadores de la modernidad.

¿Cuán especiales y singulares fueron? Sin lugar a dudas han existido otros ejemplos de judíos a través de la historia que han mezclado y combinado identidades, como los Helenizados de la historia de Hanukkah. Sin embargo, un paralelo con la Judeidad moderna es particularmente sorprendente. La mayoría de los hijos de los matrimonios interreligiosos crecen hoy en día en hogares en los que el judaísmo no es la única religión. Fiestas judías como Hanukkah y Passover coexisten con la Navidad y la Pascua (Semana Santa) cristianas, hay pues tantas ocasiones para visitar la iglesia como la sinagoga, y los miembros de estas familias pueden discutir abiertamente sobre su creencia en Jesús, al igual que el Séder de Pascua o un bar mitzváh pueden tomar múltiples significados religiosos, y viceversa.

En "¿Doble o Nada?", un estudio del 2004 sobre familias procedentes de matrimonios mixtos llevado a cabo por la profesora de la Universidad de Brandeis, Sylvia Barack Fishman, los adolescentes cuyos padres celebraban la Navidad de alguna manera genérica se veían a sí mismos como los herederos de las dos religiones. En sus mentes, esas religiones coexistían de una forma esencialmente diferente que en otras donde predomine el judaísmo o el cristianismo. Fishman va hasta a describir una enorme subcultura híbrida en América del Norte, la de las familias "judeo-cristianas americanas", las cuales difieren "notablemente" de las otras denominaciones de los judíos americanos - del mismo modo que la Marranos diferían notablemente de sus contemporáneos judíos y cristianos, a veces incluso cuando se trasladaban fuera de España y fueron capaces de practicar abierta y nuevamente el judaísmo

Así como las comunidades de la Diáspora continúan luchando con cada vez más urgencia con la cuestión referente a los millones de judíos que se casan "fuera" de la comunidad, tal vez cierta perspectiva puede ser adquirida a partir de la identidad dual de los Marranos que nos presenta Yovel. Medio milenio después, parecen más relevantes y actuales que nunca.


Fuente: Forward

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Sunday, July 13, 2008

Un académico asegura que Shakespeare era en realidad una mujer judía - Rebecca Honig Friedman - Forward



El aficionado shakesperiólogo, John Hudson, no es el primero en preguntarse si el actor William Shakespeare fue realmente el autor de la obra que conocemos como suya, pero Hudson es el primero en sugerir que el verdadero autor era una mujer judía llamada Amelia Bassano Lanier. De ascendencia italiana, Bassano vivió en el Reino Unido como un "marrano" y sólo ha sido conocido hasta ahora como la primera mujer en publicar un libro de poesía ( "Salve Deus Rex Judaeorum" en 1611) y como candidata a "la dama oscura" a la que se refieren los sonetos (de Shakespeare).

Hudson también es el primero en argumentar que ella es la verdadera autora de los sonetos.

Hudson está tan convencido de que Bassano es realmente el autor que formó una compañía teatral, The Dark Lady Players, para revelar, a través de representaciones, el verdadero significado de las obras que sostiene son obra de Bassano.

La teoría se apoya en gran medida en las circunstancias de la vida de Bassano, que según Hudson refleja mucho mejor que la propia de William Shakespeare el contenido de la "obra de Shakespeare". Sin embargo, Hudson también ha identificado similitudes técnicas en el lenguaje utilizado por Bassano, en su poesía, y el verso utilizado por "Shakespeare". Y ha localizado pistas en el texto (recientemente señaló la presencia de alegorías judías y la estadísticamente significativa aparición de Amelia Bassano Lanier en diversos nombres de las obras - que la señalan según Hudson como el único candidato convincente para la autoría de la obra de Shakespeare.

Hudson no es un charlatán. Posee numerosas titulaciones de diversas instituciones académicas de prestigio, y en una amplia gama de especialidades que van desde la dramaturgia de Shakespeare a la sociología y la antropología, además de que durante la mayor parte de su carrera ha trabajado como científico cognitivo, reestructurando la industria de la comunicación e inventando nuevos modelos industriales - exactamente lo que ahora hace con Shakespeare. Por lo tanto, prepárense para replantearse todo lo que aprendieron en su escuela durante las clases de inglés (N.P.: más bien de Literatura).

Rebecca Honig Friedman recientemente se reunió con Hudson para charlar sobre su teoría.

RHF: En su pensamiento, ¿es ésta la peor broma literaria o el peor ejemplo de un hombre que roba la gloria a una mujer?

John Hudson: No creo que esto sea una patraña. Se trata de una estratagema que se utiliza para conseguir que tu trabajo sea publicado, como muchas otras mujeres lo han hecho, habiendo publicado su trabajo gracias al hecho de hacerlo con el nombre de un hombre. En el Londres isabelino la mujer no podía escribir literatura original en absoluto, por no hablar de obras de teatro, por lo que esta era su única opción.

RHF: Entonces, ¿considera que eso fue un triunfo por parte de Bassano?

JH: El ejemplo que uso es el del Faro de Alejandría. Con el fin de que su nombre pudiera ser conocido, el arquitecto Sostratus talló su nombre en la piedra base, y luego lo cubrió con un pedazo de yeso con una dedicatoria al rey. Con el tiempo se cayó el yeso, revelando el nombre del arquitecto. Esa fue la estrategia de Amelia para salir detrás del absurdo caso de William Shakespeare, que se ha derribado, revelando al verdadero creador que por fin es ahora visible.

RHF: ¿Qué grado de conocimientos de los textos judíos era probable que tuviera Bassano como "marrano" y mujer?

JH: Hay un sólo Talmud conocido en Inglaterra, en la biblioteca de la Catedral de Westminster, sin embargo, también existía la enseñanza talmúdica oral, que de manera individual podría haber sido transmitida de esa forma. Hay varias citas de los Pirke Avot, disponibles en un volumen en latín, como también del Zohar.

Hubo mujeres estudiosas durante esa época, entre ellas una pariente lejana de los Bassanos: Donna Ana (Reyna) Nasi, quien continuó con la visión de su madre y apoyo el estudio de la Toráh y que, a sus 50 años, estableció una imprenta en el Palacio Belvedere que publicó una docena de libros hebreos desde 1592 hasta 1599, incluido un drama alegórico y un tratado talmúdico.

RHF.: ¿Por qué Bassano pudo escribir los sonetos acerca de sí misma como la "dama oscura"?

JF: Los sonetos tienen varias voces, y los sonetos de la llamada "dama oscura" están escritos para sí misma en tercera persona, describiendo una mujer cuyas mejillas son grises y sus senos generosos.

RHF.: Se nos dice que las obras de Shakespeare son atemporales. Pero vuestra puesta en escena de la obra "El sueño de una noche de verano", y de la siguiente, "Como gustéis", tienen un marco específico y un calendario determinado. ¿Eso no daña el genio de la obra de alguna manera?

JH: Es posible que algunos directores, anacrónicamente, ubiquen su representación en el Polo Norte o en el espacio exterior o en un pueblo de la mafia. Sin embargo, destruir y reprimir las alusiones que contienen las obras las hacen imposibles de discernir. Yo entiendo por qué los directores que no entienden realmente las obras pueden recurrir a este tipo de dispositivos engañosos. Pero yo no debo hacerlo, y debo utilizar el montaje de las obras para revelar lo que el autor realmente quiso decir.

RHF: Muchos actores parecen disfrutar del hecho de que Shakespeare también era un actor. ¿La idea de que Bassano haya sido el verdadero autor cambia ese aspecto de vuestra apelación?

JH: Todo el mundo es un escenario, y lo fue especialmente en la corte isabelina, donde constantemente los cortesanos crearon y realizaron dramas meta-teatrales para persuadir a la reina sobre diversas cuestiones. Aquí es donde el autor aprendió realmente su altamente desarrollado sentido del teatro, y como "marrano" que pasaba por cristiano ante la sociedad, ella tuvo que actuar durante cada momento de su vida.

RHF: Su teoría añade una nueva disposición a la manipulación de los roles de género en las obras de Shakespeare, ¿no es así?

JH: Sí, las obras de Shakespeare tiene más ejemplos de caracteres de mujeres revestidos como hombres que todo el conjunto del teatro inglés hasta la fecha. Ahora sabemos por qué.

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