Thursday, January 03, 2013

El éxito de Naftali Bennett es consecuencia del fracaso del centro-izquierda israelí - Ari Shavit - Haaretz



Soy un votante israelí desesperado, le digo al presidente y líder de Habayit Hayehudi, Naftali Bennett. Yo no soy de la izquierda lunática, pero creo que en ese tipo de sionismo ilustrado que ahora parece irse por el desagüe. Yo creo en un Estado judío y democrático que ahora parecer irse evaporando. Y creo en la división de la tierra, a lo que usted está tratando de poner fin. Además, cuando veo la flacidez y la miseria de mi propio campo ideológico y la energía y auge del suyo, me siento horrorizado.

¿Qué puede hacer usted, Naftali Bennett, dígame, para que la gente como yo, que ven el final de nuestro Israel, se contagie del auge de su Israel? ¿Me puede persuadir a mí y a mis lectores que usted no anuncia realmente el final del Estado que tanto hemos amado?

Desde que se convirtió en una estrella política, Bennett, de 40 años, ha ganado un poco de peso. Después de un día agotador de intervenciones en la campaña electoral, se sienta frente a mí en un café en algún lugar del centro del país. Pide un plato picante asiático y actualiza rápidamente su cuenta de Facebook mediante su ordenador portátil - para apoyar a Avigdor Lieberman y en contra de la Oficina del Fiscal del Estado -. Entonces, él me mira con los ojos de un líder de un grupo del movimiento Bnei Akiva de la juventud religiosa nacional, y trata de calmar mis preocupaciones.

"El sionismo surgió gracias al secularismo", me dice. "El establishment religioso muy dogmático en la diáspora, no fue capaz de iniciar el sionismo sin el compromiso secular de [Theodor] Herzl. Pero el sionismo laico era un sionismo existencial que contemplaba al Estado de los judíos como un Estado refugio”.

"Un estado que ya tiene 64 años no puede seguir existiendo con el ethos de un Estado refugio, con la seguridad como único objetivo. Si este fuera el motivo de nuestra existencia, hay muchos lugares que son más seguros para los judíos, como Melbourne, en Australia, o Nueva Jersey. Ellos allí no envían a sus hijos al ejército y los misiles no vuelan sobre sus hogares. Por lo tanto, ha llegado el momento de pasar del sionismo existencial del que tú procedes a un sionismo judío. Es necesario basar nuestra vida nacional sobre una base judía, y es necesario dar al Estado una verdadera coloración judía”.

"Yo no apoyo la coerción religiosa, pero sí creo que el judaísmo es nuestro". “¿Qué por qué?  Pues porque el judaísmo es la razón de nuestra existencia, la justificación de nuestra existencia, y el sentido de nuestra existencia. Sé que para tú tribu esto resultará difícil. Les será difícil porque tú tribu estableció el Estado con un espíritu secular y socialista. Y como ves la sociedad es cambiante y el estado también debe serlo, y por eso vosotros os sentís como si estuvierais perdidos. Vuestra sensación es que esta casa que había sido vuestra casa ya no lo es”.

"Yo no soy indiferente a vuestro sufrimiento. También estoy personalmente conectado a vuestro ethos. Cuando yo era niño, las cartas de Yoni [un héroe de guerra, Yoni Netanyahu, quien dirigió y cayó durante el rescate de Entebbe] y el libro de Meir Har-Zion [un célebre comando militar] estuvieron al lado de mi cama. Así que para mí no se trata de táctica ni de cosmética. Toda mi vida he tenido un pie aquí y otro allí”.

"Tienes razón", continúa. "Lo que está sucediendo es una revolución. Detrás del éxito de Habayit Hayehudi hay profundas fuerzas que están cambiando la faz del país. Pero para mí en particular, es importante poder ser un puente para ti. Uno de los mayores desafíos de mi punto de vista es poder llegar a conectarte también con el sionismo religioso".

Pero tú pretendes anexionar el 60% de la Ribera Occidental. Menachem Begin, Yitzhak Shamir y Benjamín Netanyahu, todos ellos, se abstuvieron de tomar esa medida extrema. La implementación del plan Bennett enterraría la solución de dos estados de una vez por todas. La implementación del plan Bennett perpetuaría la ocupación y convertiría a Israel en un estado leproso de apartheid. A pesar de que tú eres una persona que procede de la alta tecnología y que desde Ra'anana ha visto mucho mundo, de continuar con tus pretensiones, estarías ignorando por completo al mundo. Usted traería el desastre sobre todos nosotros provocando que la comunidad internacional nos condene, y a causa ello, cerca de un tercio de todos los israelíes se sentirían totalmente alienados de ese nuevo Israel que usted quiere construir.

El presidente de Habayit Hayehudi me dice que la reacción internacional le preocupa, y por lo tanto esa anexión de la mayoría de los territorios (de la zona C) no se realizará inicialmente, sino que será fruto de un largo proceso. Él cree que, en última instancia, el mundo estará ocupado con el colapso económico de Grecia, con el abismo fiscal de los Estados Unidos y con la masacre en Siria, por lo que es posible que el mundo acepte finalmente los hechos sobre el terreno y la empresa de asentamientos israelíes. Ya en 1981, cuando el entonces primer ministro Begin estaba a punto de aplicar la ley israelí a los Altos del Golán, Shimon Peres y Amos Oz también le advirtieron de que tal decisión convertiría a Israel en un estado leproso. Se aprobó la Ley de los Altos del Golán, hemos recibido algunas críticas y aquí estamos.

Bennett dice que la escisión interna israelí le preocupa mucho más. En consecuencia, llevará a cabo un diálogo con el centro y con la izquierda tal como está dialogando ahora mismo conmigo. Pero después de expresar esos comentarios "políticamente correctos", Bennett se endereza y declara que nosotros intentamos Oslo y luego la desconexión, y ya hemos visto lo que ha pasado. Si un Estado palestino surgiera en Judea y Samaria (Cisjordania), se pondría en peligro a Israel tanto con los misiles como con los refugiados. Cuando se está en el extranjero y se lee la revista The Economist, también el establecimiento de Palestina parece inevitable. Pero cuando él viaja a Jerusalén a través de Ariel, entiende que eso no va a suceder. No va a suceder, enfatiza. Los 400.000 colonos en Judea y Samaria no harán esto posible. Y cuando el número de colonos llegue a un millón, no habrá una persona en el país que no entienda que esta es la realidad. Habrá un millón, no hay duda de eso. Después de la anexión, la dinámica económica tendrá su efecto y las personas que acudan a esas zonas las convertirán en una parte integral del Estado de Israel.

Pero esto no significaría en ningún caso un apartheid. Por el contrario, afirma que los palestinos podrán viajar por toda Judea y Samaria, sin barreras y sin ver a ningún soldado en unas carreteras compartidas de alta velocidad, que les servirán tanto a ellos como a los colonos judíos. Ellos también tendrán libertad de movimiento, tendrán puestos de trabajo y tendrán prosperidad económica. Ellos mismos lo elegirán, tendrán que pagar los impuestos para sí mismos y van a dirigir sus propias vidas en todos los aspectos. Y al final, Jordania es Palestina. No hay ninguna posibilidad de que entre el río y el mar surja un Estado palestino. La solución de dos estados está muerta. No hay necesidad de enterrar la solución de dos estados porque ya está enterrada.

¿Y si se adopta una decisión diferente?, le pregunto. Si el momento de la evacuación llega finalmente, ¿usted se negará a obedecer esa orden o o se negará a no obedecerla? ¿Va a comportarse de la manera que le dijo a Nissim Mishal (en el Canal 2) [y hace un gesto de rechazo], o va a comportarse de la manera que usted prometió dos días después?

Bennett habla con una franqueza sorprendente acerca de los días difíciles que tuvo que soportar después de esa “negativa a obedecer a las ordenes del ejército” y que desató una gran tormenta política la semana pasada. Admite que, cuando dijo lo que dijo, hablaba desde el corazón y expresó sus verdaderos sentimientos. Pero el pasado sábado se lo pensó en silencio y llegó a la conclusión de que él ahora ya es un líder, le incumbe pues otro tipo de responsabilidad. Él no puede desatar la unión y romper con las Fuerzas de Defensa de Israel, o bien rebelarse contra una decisión de un gobierno legítimo si quiere comportarse como un estadista.

¿Qué va a hacer cuando un soldado de izquierdas se niegue a obedecer una orden y atribuya su rechazo al ejemplo de la declaración de Naftali Bennett? Él todavía cree que evacuar a un pueblo judío o a una aldea árabe es algo terrible, y el acto de la expulsión de los judíos o de los árabes de sus casas es un acto que no debe llevarse a cabo. Sin embargo, si el gobierno toma la decisión, la adoptará. Y no va a seguir las instrucciones de los rabinos que prediquen una negativa. En ese complicado enfrentamiento entre valores contradictorios, la unidad del Estado y del ejército se impone.

¿Y el Estado de Derecho?, le pregunto. ¿Qué opinas acerca de la supremacía de la ley y la supremacía de la Corte Suprema? Ahora hemos sacado los guantes. A Bennett le brillan los ojos. En su opinión, la revolución constitucional fue un terrible accidente. Se paralizó el país y todavía sigue paralizando al país. Lo que hizo el ex presidente del Tribunal Supremo, Aharon Barak, me dice Bennett, fue verter azúcar sobre el motor. El activismo judicial ha hecho que, hoy en día, sea imposible hacer aquí lo que hizo el ministro de finanzas Pinhas Sapir cuando fundó la Compañía nacional del agua. Los jueces de la Corte Suprema y los fiscales generales están silenciando todo el sistema.

Tomemos el caso del comandante general Yoav Galant, dice el mayor (en la reserva) Bennett. Supongamos que Galant fuera el mejor candidato para jefe de estado mayor, pero que por temor a la Corte Suprema de Justicia el mejor candidato fuera descalificado. ¿Quién asume la responsabilidad por el daño que esto causa al Estado de Israel y a los soldados que puedan ser asesinados por no permitir que el mejor estuviera al mando? Esta es una situación intolerable de una autoridad sin responsabilidad, y hay una necesidad de una reforma integral. Es necesario cambiar la forma en que los jueces son seleccionados y en la que actúan los fiscales y la abogacía del estado. Si tiene el suficiente poder político, Naftali Bennett dará lugar a una contrarrevolución judicial.

Conocí a Bennett hace seis años. Había regresado, horrorizado, de la Segunda Guerra del Líbano, y se preguntó qué debía hacer como ciudadano tras la estela de esa guerra. El Bennett de 2006 se mostraba sensato, decidido y bastante impactante. Y tampoco estaba solo. En esos momentos, un buen número de soldados de la reserva, de oficiales de la reserva, de académicos y empresarios - de la derecha y de la izquierda - , sentían que tenían que contribuir a rehabilitar el país de la ruina que acababan de experimentar.

Sin embargo, mientras los activistas de izquierda perdieron el rumbo o simplemente se fueron a su casa, Bennett se convirtió por vez primera en el jefe de la oficina de Benjamin Netanyahu. A continuación, se fue a la Ribera Occidental y fundó Yisrael Sheli en 2010. Recientemente se hizo cargo de Habayit Hayehudi y se ha convertido en la sorpresa de estas elecciones. Ha conseguido convertir al sionismo religioso en lo que ninguna brillante estrella de nuestro ámbito (el centro-izquierda y la izquierda) ha conseguido lograr para el sionismo secular liberal.

Así que, cuando Bennett cierra su portátil, me estrecha la mano y se desvanece en la noche, queda claro para mí que su narrativa no es sólo la historia de un éxito angustiante. El relato de estas elecciones del 2013 es también la historia de nuestro fracaso.


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