Saturday, March 24, 2018

Hay muchos israelíes viviendo y poseyendo tiendas en Cisjordania, pero no son "colonos". Solo los judíos pueden ser "colonos" - Elder of Ziyon



Informa el Haaretz:
En un momento en que el número de estudiantes que asisten a universidades en Israel está disminuyendo en líneas generales (los estudiantes también están acudiendo en masa a universidades privadas), un informe del Ministerio de Educación palestino que ha obtenido el Haaretz demuestra que el número de israelíes en la universidad en Jenin ha subido de 36 a 5.294 en una década.  
Un sistema de transporte organizado lleva a los estudiantes desde sus casas en el área de Galilea y el Pequeño Triangulo (las ciudades árabes en el centro de Israel) a Cisjordania. De hecho, los árabes israelíes constituyen ahora la mayoría del cuerpo estudiantil de AAUJ (Universidad Árabe Americana en Jenin), la primera universidad privada palestina. Fundada en 2000, la institución se encuentra en el sureste de Jenin, en la zona A de Cisjordania, es decir, bajo el completo control civil y de seguridad de la Autoridad Palestina. 
Oficialmente, a los israelíes se les prohíbe ingresar en el Área A, pero las Fuerzas de Defensa de Israel no hacen cumplir la prohibición cuando se trata de ciudadanos árabes. El informe del Ministerio de Educación palestino muestra que cerca de 8.000 israelíes están estudiando en Cisjordania este año académico, el 66% de ellos en la universidad de Jenin. Constituyen el 55% de todos los estudiantes en AAUJ, y su presencia se siente claramente en términos de lo que se estudia en la universidad y en su atmósfera. Durante una visita allí, puede sentirse por un momento como si se estuviera en alguna institución israelí de educación superior en una ciudad en la Galilea.  
Los estudiantes de la AAUJ dicen que las relaciones con sus homólogos palestinos son cálidas y amistosas, a pesar de la inevitable competencia académica. Muchos viven en apartamentos propiedad de árabes israelíes cercanos al campus, que está rodeado de cafés y restaurantes, en muchos de los cuales también trabajan israelíes. Más del 2% de los empleados a tiempo completo de la universidad tiene ciudadanía israelí.
Así pues, hay israelíes que poseen apartamentos en áreas palestinas, y nadie los llama "colonos".

También hay israelíes que poseen negocios en Cisjordania, y nadie está pidiendo que se boicoteen esas empresas. Por el contrario, los palestinos compran felizmente productos de estos israelíes.

La única diferencia entre estos israelíes y los israelíes que el mundo insiste en que son ilegales y unos obstáculos para la paz, es que esos israelíes no son judíos.

¿Qué más prueba necesitas para saber que aquellos que gritan más fuerte sobre los "colonos israelíes" son simplemente antisemitas?

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Sunday, January 21, 2018

Una gran crítica sobre un libro sobre los colonos: Asentándose - Evelyn Gordon



El libro de Sara Yael Hirschhorn, "City on a Hilltop (La ciudad en las altas colinas)" comienza con dos premisas eminentemente razonables. Primera: si quieres entender el conflicto israelo-palestino, debes entender a los colonos israelíes, ya que son una de las partes. Segundo: si quieres entender a los colonos, debes ir más allá de la caricatura popular que de ellos se hace mostrándoles como unos fanáticos ultranacionalistas y ultrareligiosos, ya que la mayoría no lo son.

El libro de Hirschhorn es un intento de hacer exactamente eso, lo que es aún más admirable teniendo en cuenta sus propios puntos de vista políticos: ella caracteriza cualquier presencia judía más allá de las líneas del armisticio de 1949, incluidos los grandes barrios judíos del este de Jerusalén, cuyas decenas de miles de residentes también etiqueta como "colonos" (en una nota a pie de página), como una ocupación colonialista ilegítima. Sin embargo, a pesar de la obvia sinceridad de su esfuerzo, su incapacidad para superar sus propios prejuicios acaba socavando el producto final.

Hirschhorn explora el movimiento de los asentamientos centrándose en un subconjunto particular de él: los inmigrantes estadounidenses de lo que ella llama "la generación de 1967". Esto tiene la obvia ventaja de hacer que sus sujetos sean más reconocibles para los lectores no israelíes.

Como ella señala, estos inmigrantes crecieron en las mismas ciudades, asistieron a las mismas universidades, siguieron las mismas carreras, se manifestaron por las mismas causas liberales e incluso votaron por el mismo partido (el demócrata) que sus pares que permanecieron en Estados Unidos. Incluso hoy, cuando los republicanos han reemplazado a los demócratas como el partido más pro-israelí y apoyan mucho más a los asentamientos, solo uno de sus entrevistados se autoidentificó como republicano. Y aunque la percepción popular dicta que la mayoría de los colonos, y especialmente la mayoría de los colonos estadounidenses, son ortodoxos, la mayoría de los colonos del grupo del enfoque de Hirschhorn no eran ortodoxos.

La única gran diferencia entre los dos grupos es que la mayoría de los colonos a los que Hirschhorn estudió provenían de entornos "fuertemente judíos" que eran "muy atípicos dentro de los hogares judíos-estadounidenses en ese momento".

La desventaja de este estrecho enfoque es que hace que los inmigrantes estadounidenses parezcan mucho más importantes dentro del movimiento de los asentamientos de lo que realmente son. Por ejemplo, más de la mitad del libro está dedicado a descripciones detalladas de cómo los judíos estadounidenses cofundaron tres asentamientos. Eso puede sonar impresionante, hasta que nos damos cuenta de que actualmente hay más de 120 asentamientos, la gran mayoría de los cuales fueron fundados por israelíes sin ayuda estadounidense. De hecho, como el libro mismo deja en claro, incluso esos tres asentamientos probablemente nunca hubieran surgido si los estadounidenses no hubieran tenido socios israelíes, ya que los israelíes eran los únicos que sabían cómo trabajar la burocracia del gobierno.

Lo mismo ocurre con la estimación de Hirschhorn de que los estadounidenses constituyen el 15% de la población total de colonos (alrededor de 60,000 de unos 400,000), lo que ella cita repetidamente como prueba de su importancia. La precisión de esa estimación está abierta a dudas, ya que admite que no existe un "conteo preciso y objetivo" y que ella misma "no es una estadística profesional ni una demógrafa". Pero incluso si tiene razón, eso significa que hay 340,000 colonos no estadounidenses. En otras palabras, el movimiento de asentamientos estaría floreciendo incluso si no incluyera a un solo estadounidense.

Hirschhorn también exagera el papel que los estadounidenses han jugado en las acciones violentas de los colonos, a pesar de reconocer correctamente que la mayoría de los colonos estadounidenses - y la mayoría de los colonos en general - evitan ese tipo de acciones violentas. Por ejemplo, ella dedica siete páginas a un estadounidense involucrado en un violento movimiento clandestino judío (1980-87), pero sin decir explícitamente que los otros 26 sospechosos eran israelíes.

Pero el problema más serio del libro es que los lectores lo finalizan sin una comprensión clara de lo que impulsa el movimiento de los asentamientos. Esto no es sorprendente, ya que Hirschhorn admite en su conclusión que ella misma no tiene esa comprensión: "Después de las conversaciones con docenas de inmigrantes judíos estadounidenses en los territorios ocupados, todavía me cuesta entender cómo se veían a sí mismos y su papel dentro del empresa de los asentamientos".

En consecuencia, ella ha escrito todo un libro sobre los colonos que prácticamente ignora las creencias que anidan en el corazón de su empresa: Israel tiene derecho a estar en los territorios, ya sea basándose en vínculos religiosos e históricos, en el derecho internacional o en ambos, e Israel tiene la necesidad de estar allí, ya sea por razones religiosas e históricas, de seguridad o ambas.

Esta evidente que esa omisión parece deberse en gran medida a su incapacidad para tomar en serio tales creencias. En un ejemplo digno de mención, ella escribe: "Si bien sus reclamaciones histórico-religiosas sobre el área de Gush Etzion son muy polémicas, muchos activistas de los colonos en los últimos cincuenta años han afirmado los lazos bíblicos con la región". Pero entonces, ¿qué es exactamente lo contencioso acerca de esa afirmación?

Ninguna persona seria negaría que muchos eventos significativos en la Biblia tuvieron lugar en lo que ahora se conoce como Cisjordania, que los judíos habitaron esta área durante todo el período del Segundo Templo (que es precisamente por qué los romanos la llamaron Judea), y que continuaron viviendo en ciertas partes de ella a partir de entonces. Hebrón, por ejemplo, tuvo una presencia judía casi continua hasta que Gran Bretaña evacuó a los judíos en 1936 en respuesta a los disturbios árabes. Se podría argumentar que esto no justifica que los judíos vivan hoy allí, pero si no se puede reconocer que esta área es el centro religioso e histórico del judaísmo, y que muchos judíos creen que abandonarlo arrancaría el corazón del estado judío, no puedes entender a un importante impulso del movimiento de los asentamientos.

Del mismo modo, Hirschhorn presta escasa atención a los argumentos de seguridad para retener a Cisjordania, y ninguna a la poderosa reclamación de Israel sobre el área bajo el derecho internacional.

Como ella ignora estos problemas fundamentales, termina concentrándose en los secundarios, como el entusiasmo de los inmigrantes por ser pioneros y su deseo de establecer unas comunidades modelo. Pero nunca se pregunta por qué insistieron en hacer dicho trabajo pionero más allá de las líneas de armisticio de 1949 en lugar de dentro de ellas, como lo hicieron otros inmigrantes estadounidenses de esa generación (el Kibbutz Gezer, por ejemplo, fue fundado en 1974 por inmigrantes estadounidenses que eligieron el sitio específicamente porque no querían vivir en lo que consideraban territorio ocupado). Y pocos de sus entrevistados ofrecen ese tipo de nítida explicación proporcionada por Bobby Brown de Tekoa: las fronteras de Israel estarían "determinadas por el lugar donde vivía la gente", por lo que los asentamientos "protegerían la tierra para las generaciones futuras".

El resultado es que, aunque la mayoría de sus colonos no son mostrados como fanáticos, a menudo les hacen pasar por tontos, personas que se convirtieron en "ocupantes colonialistas" sin ninguna razón aparente, sin siquiera pensar realmente en ello.

Todo esto se ve agravado por la inserción frecuente de Hirschhorn de calumnias sin fundamento. Por ejemplo, ella acusa repetidamente a los asentamientos de Efrat y Tekoa de expropiar tierras palestinas de propiedad privada, una acusación que ella respalda citando exactamente dos casos. En el primero, los demandantes palestinos amenazaron con ir a juicio contra Efrat, pero Hirschhorn admite que "no ha podido localizar" ningún registro de dicha demanda que se haya presentado. En el otro, se presentó una demanda contra Tekoa pero "no fue a ninguna parte", o para decirlo menos eufemísticamente, el demandante perdió el litigio. Y esto no se debió a que la Corte Suprema de Israel vacila a la hora de favorecer las reclamaciones palestinas de expropiación ilegal, pues lo ha hecho muchas veces Pero la mayoría de estos casos involucran puestos avanzados no autorizados. La gran mayoría de los asentamientos legales tuvieron cuidado de no construir en tierras privadas palestinas.

Otro ejemplo sobresaliente es la afirmación de que la esposa de Baruch Goldstein conocía su plan de masacrar a 29 árabes en Hebrón en 1994 y trató de advertir al ejército. Hirschhorn lo considera creíble: "Si el mensaje se recibió o se actuó sigue siendo desconocido". Solo en una nota al pie de página admite que la "autenticidad" de esta afirmación "permanece desconocida", ya que descansa en un solo informe periodístico israelí recogido por el New York Times. Y nunca menciona que fue rechazada por una comisión de investigación judicial que investigó exhaustivamente el crimen de Goldstein.

Sin embargo, su libro revela involuntariamente un aspecto bastante descuidado de la historia de los asentamientos: su frecuente incompetencia. Por ejemplo, incluso cuando el gobierno apoyó la construcción de nuevos asentamientos, como lo hizo en los tres casos de estudio, la construcción comenzó solo después de años de demoras burocráticas, las cuales informa con minucioso detalle.

Aún más sorprendente es la forma en que muchos colonos deliberadamente buscaron mantener baja la población de los asentamientos para preservar su propio estilo de vida comunal, evidentemente no entendiendo que su permanencia dependería de tener a suficientes residentes para conseguir que la evacuación fuera insostenible. Por ejemplo, cuando se planificaba la ciudad de Efrat, Ha-Kibbutz Ha-Dati, del movimiento religioso del kibbutz que había fundado tres pequeños kibutzim cerca, escribió al gobierno que "bajo ninguna circunstancia y de ninguna manera estamos de acuerdo con esta propuesta.... ya que su implementación real cambiaría el carácter pastoral de toda la región". Hoy, con una población aproximadamente cuatro veces mayor a la de esos tres kibutzim combinados, Efrat ha contribuido a que la región de Gush Etzion sea uno de los bloques de asentamientos que Israel insiste en mantener bajo cualquier acuerdo con los palestinos .

Hirschhorn merece un gran reconocimiento por reconocer, a diferencia de muchos de sus colegas de la izquierda, que demonizar a los colonos resulta contraproducente, y por intentar hacer algo al respecto. Pero por mucho que me gustaría aplaudirla de todo corazón, no estoy convencida de que su libro haga mucho para ayudar a cualquiera que busque una verdadera comprensión del movimiento de los asentamientos.

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Friday, March 17, 2017

El movimiento de los asentamientos de Israel no está creciendo tal como piensas - Shaul Arieli



Olvídense de los hechos alternativos. Regresemos al análisis alternativo. En otras palabras, partamos de los hechos, no les interpretemos como deseamos. La imagen puede ser diferente, pero el país no va a estrellarse y arder por eso.

Antes de que adoptemos alguna de las propuestas del presidente Donald Trump para resolver el conflicto, no hay nada como el supuesto aumento del número de colonos en la segunda mitad de 2016. Las cifras de registro de la población de la Administración Civil revelan el engaño y el fracaso real de la empresa de los asentamientos.

Este fracaso ha provocado reacciones desesperadas por parte del campo mesiánico-nacionalista liderado por  los dirigentes de Hogar Judío Naftali Bennett, Uri Ariel, Ayelet Shaked y de sus amigos en el Likud. Los miembros de la Knesset de Hogar Judío trataron de ocultar ese fracaso a través de diversas propuestas: la ley de apropiación de tierras por Shuli Moalem, la anexión de Ma'aleh Adumim por Yoav Kish y Bezalel Smotrich, la anexión de los bloques de asentamientos y la zona C por Bennett, y la anexión de toda Cisjordania por Tzipi Hotovely y Miri Regev.

Tales medidas están aparentemente destinadas a legitimar la situación de los colonos basándose en la afirmación de que ya es hora de adoptarlas, y que la presencia de los colonos en Cisjordania es irreversible y ya se ha vencido a los palestinos y a sus aspiraciones nacionales. Esta falsa afirmación tiende a justificar el flujo de decenas de millones de shekels a los usurpadores de Amona y los decenas de millones del Ministerio de Educación para los viajes escolares a los asentamientos que funcionan bajo el lema sionista "Conoce al otro y a los que son diferentes". Luego están esos otros millones invertidos en escuelas en Israel cuyo objetivo es ganar los corazones y las mentes.

Y ni siquiera hemos dicho una palabra sobre los miles de millones para infraestructura y seguridad, o sobre el precio político, moral y social que paga la sociedad israelí por estos castillos en el aire.

Betar Ilit y Modi'in Ilit

Pero, ¿qué muestran realmente las estadísticas? Pues muestran que en la segunda mitad de 2016 la población israelí en Cisjordania creció en 7.053 personas.

¿Suena impresionante? Pero resulta que el 43% de ellos viven en los asentamientos ultra-ortodoxos de Betar Ilit y Mod'in Il, y la gran mayoría se debe al crecimiento natural. Un tercio de los israelíes que viven en Cisjordania viven en estas dos ciudades, las cuales proporcionan una solución cínica a la crisis de vivienda de la comunidad ultra-ortodoxa y cuyos residentes se ven a sí mismos como "colonos en contra de su voluntad".

En otras palabras, todo el concepto de "reforzar la iniciativa de los asentamientos" se basa en el crecimiento natural de estas dos ciudades ultra-ortodoxas, y que representan el 1,6% del número de asentamientos. Estas son ciudades muy pobres, en los peldaños más bajos según la Oficina Central de Estadísticas de la escala socioeconómica, y que se espera que sean anexionadas por Israel bajo cualquier escenario de intercambio de tierra por paz.

Para cualquier persona que no logre comprender estos hechos, voy a repetirlo: la joya de la corona del movimiento de los asentamientos, la gran escusa para defender la idea de que los palestinos y sus aspiraciones nacionales desaparecen, se basa en el crecimiento natural en dos ciudades ultra-ortodoxas que formarán parte de Israel en cualquier acuerdo de paz.

¿Y qué decir de su hermana secular Ma'aleh Adumim, la cual la derecha se muestra tan entusiasta en anexionar? Sus residentes se han manifestado durante mucho tiempo abandonándola. Su número de habitantes se redujo por ocho durante la segunda mitad de 2016. En otras palabras, si se toma en cuenta el crecimiento natural, nos damos cuenta de que decenas de familias dejaron Ma'aleh Adumim.

Así que tal vez antes de construir en la zona E1 al este de Jerusalén, y en vez de invertir dinero en viviendas baratas para la gente más pobre empujada en contra de su voluntad a vivir en los territorios, ¿no sería mejor desviar estos preciosos recursos para la construcción de viviendas asequibles en el interior de Israel?

La anémica Ariel

¿Y qué pasa con la remota Ariel, la capital de Samaria? Sigue siendo la ciudad más pequeña judía en los territorios. Su crecimiento representaba sólo el 4,5% de crecimiento de la población israelí en Cisjordania en la segunda mitad. Y con respecto a las otras personas que se desplazan a Cisjordania, la mayoría se han trasladado a asentamientos seculares cercanos a la Línea Verde, que se anexionarán a Israel bajo un acuerdo permanente: Givat Zeev, que los ultra-ortodoxos recién llegados han convertido en más pobre, en una escala de 5 sobre 6; Alfei Menashe; Oranit; Har Adar y Efrat.

Los centros mesiánicos-nacionalistas han perdido habitantes y su población se ha debilitado. Beit El ha disminuido en 34 residentes y ha descendido al puesto 3, Elkana ha perdido 50 residentes y se ha hundido al puesto 7, Kiryat Arba 6 personas y ha caído al peldaño 2, e incluso la comunidad judía de Hebrón ha perdido un residente.

Los números apuntan a unos procesos ya conocidos que se han repetido durante dos décadas a pesar de los esfuerzos para detenerlos y ocultarlos (con un gasto enorme para el contribuyente israelí). Ha existido una disminución del 60% en el crecimiento anual de la población israelí en Cisjordania. Las fuentes de crecimiento son ahora a la inversa; ya no se debe a la migración, ahora el 80% es causa del crecimiento natural. En otras palabras, alrededor de la mitad del incremento de la población en Cisjordania ocurre en dos ciudades ultra-ortodoxas, y la población sigue disminuyendo en algunos asentamientos, especialmente los más aislados.

La conclusión racional parece ser que las posibilidades de asegurar el futuro para la mayoría de los israelíes que viven en Cisjordania, incluyendo en los barrios judíos de Jerusalén Este, se encuentran en una solución permanente que dejaría a 80% de sus hogares bajo soberanía israelí. Por lo tanto, los residentes de los bloques cercanos a la Línea Verde deben exigir una solución de este tipo.

Cualquier solución que implique la legalización de los asentamientos ilegales sólo conducirá a más violencia y más daño a la economía, y que los mejores puedan abandonar los asentamientos más establecidos.

Los miles de millones que los gobernantes mesiánicos de Israel tiene la intención de transmitir a los asentamientos atraerán a la población más pobre y cuyas posibilidades de avanzar económicamente son nulas debido a la falta de puestos de trabajo en los asentamientos. Finalmente se unirían a la fuerza de trabajo israelí al otro lado de la Línea Verde, o se unirán a las filas de los receptores de asistencia social en las ciudades ultra-ortodoxas.

Los hechos hablan por sí mismos. La interpretación de los hechos es otra cosa. Siempre se puede discutir sobre ello, pero una sobredosis de pastillas de fantasía y de viajes alucinatorios mesiánicos no son recetas para la longevidad. Israel haría mejor superando la adicción y preparándose para una solución de dos estados.

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Monday, April 20, 2015

El mito del colono sionista-religioso - Akiva Bigman - MIDA




Los sionistas religiosos son vistos tanto por sí mismos como por la izquierda como los únicos representantes del movimiento de los colonos. Pero la historia real del movimiento de los colonos, así como los patrones de votación y de composición demográfica de los asentamientos de hoy, cuentan una historia totalmente diferente. ¿Cómo un verdadero proyecto nacional se convirtió en la historia de un solo sector en su perjuicio?

La comunidad sionista religiosa de Israel a menudo afirma que el movimiento de los asentamientos en Judea y Samaria es su mayor logro. De hecho, el movimiento ha tenido tanto éxito que parece una justificación y reivindicación de la propia corriente sionista religiosa, la prueba de que los pioneros con kipá de punto son verdaderamente los herederos de sus predecesores del kibutz.

Hay mucho de cierto en esta creencia, y no sería una exageración decir que la empresa de asentamientos en Judea y Samaria ha sido la principal contribución de los sionistas religiosos al estado. En los años 1970 y 1980, el Gush Emunim y la empresa de asentamientos "Amana" crearon decenas de asentamientos en toda la región, y es difícil imaginarse el actual mapa judío de Judea y Samaria sin su contribución. La idea de que un colono es, por definición, un sionista religioso es un tropo aceptado por todo Israel y por el mundo.

Y este tropo les sirve tanto a los colonos sionistas religiosos como sus enemigos. Rabinos y portavoces del sector sionista religiosa enfatizan constantemente la contribución de su comunidad a la empresa de los asentamientos, al Estado (y a la eventual Redención Divina), y para la izquierda israelí le resulta muy conveniente etiquetar a todos los que habitan más allá de la Línea Verde como locos mesiánicos idealistas.

Pero esta imagen es sumamente exagerada, aunque algunas semillas de verdad son utilizadas para apuntalar un mito insostenible. Si bien la contribución y presencia de los sionistas religiosos entre los colonos es innegable, su participación es más pequeña de lo que muchos asumen que es.

Una minoría prominente, pero una minoría no obstante

En el 2013, el Departamento de Investigación del Consejo de la Yesha publicó un desglose demográfico de la composición de los asentamientos en Judea y Samaria según su cosmovisión. Los datos recogidos tanto en los consejos regionales como en los asentamientos individuales, mostraban que tan sólo un tercio de los residentes eran sionistas religiosos. El resto, los otros dos tercios de los colonos, eran o bien haredim o seculares.

De particular interés era el desglose demográfico basado en el tipo de asentamiento. En los asentamientos urbanos, la mayoría de los residentes eran población no sionista religiosa: de los 150.000 habitantes de las ciudades a través de la Línea Verde, el 62% eran identificados como haredim, el 29% como seculares, y sólo el 9% como sionistas religiosos. Por el contrario, en los consejos locales que representan a los pequeños asentamientos, el 62% eran sionistas religiosos, el 31% seculares y sólo el 7% haredim. Entre los 80.000 residentes de los consejos locales, asentamientos de tamaño medio sin comités de aceptación, el 45% eran identificados como sionistas religiosos, el 46% como seculares y el 9% como haredim.
Así pues, de los 340.000 colonos, sólo 110.000 pertenecían al sector sionista religioso, y la mayoría de ellos vivían en pueblos o ciudades pequeñas, en gran medida homogéneas, y que mantenían ese estado de cosas a través de comités de aceptación.

Este desglose se expresa también en las urnas. Un análisis de los patrones de votación entre los colonos muestra que los partidarios del partido sionista religioso Hogar Judío son una minoría entre los colonos. Incluso en 2013, cuando el partido Hogar Judío alcanzó sus mejores resultados, sólo el 28% votó a favor de ellos, mientras que el 21% votó al Likud y el 27% a los partidos haredim.

Estas cifras siguen siendo coherentes cuando comprobamos los resultados de otras elecciones en Judea y Samaria: el Likud, Hogar Judío y los partidos haredim consiguen cada uno cerca del 25 al 30% de los votos de los colonos.

Una historia de los asentamientos no sectorial

El papel de los sionistas religiosos en el movimiento de los asentamientos también es mucho más modesto desde el punto de vista histórico. Ya después de la Guerra de los Seis Días, se establecieron una serie de asentamientos estratégicos basados ​​en el Plan Alon. En esos años, los asentamientos se establecieron en el valle del Jordán, el desierto de Judea y los alrededores de Jerusalén. Paralelamente, hubo un retorno a las áreas judías que habían sido abandonadas antes o durante la Guerra de la Independencia de 1948, como Gush Etzion y Kiryat Arba, un retorno en el que también participaron los sionistas religiosos.

De hecho, el Gush Emunim se estableció después de que ya existieran muchos asentamientos y después de que los grandes asentamientos, los cuales contienen a una gran parte de la población de colonos urbanos, ya se hubieran establecidos. Tanto el Gush Emunim como la empresa de asentamientos Amana fueron los principales responsables de los pequeños asentamientos sionistas, esos que son social y políticamente selectivos - de ideología sionista religiosa -  mencionados anteriormente.

En 1975, cuando el Gush Emunim estableció su primer asentamiento en Ofra, ya existían 22 asentamientos en Judea y Samaria, incluyendo dos ciudades de Maaleh Edumim y Kiryat Arba, así como los inicios de la ciudad de Ariel, que comenzó en serio en 1978. Alrededor de 80.000 residentes, algunos de ellos sionistas religiosos, viven entonces en estos asentamientos.

En años posteriores, y sobre todo después de la agitación política de 1977, hubo un florecimiento de los asentamientos en Judea y Samaria. El Gush Emunim y otras organizaciones sionistas religiosas fundaron 58 asentamientos que contenían a 100.000 residentes. Pero tenemos que recordar que no estaban solos. Otros movimientos y otras iniciativas gubernamentales fundaron otros 32 asentamientos no sectoriales, que contienen hoy en día a 88.000 habitantes, así como las ciudades haredim de Modiin Ilit y Beitar Ilit, que hoy contienen a 105.000 residentes combinados.

La alianza histórica

Nadie duda de que los sionistas religiosos jugaron un papel importante en el movimiento de los asentamientos y que son dignos de un gran elogio por eso mismo. Pero tenemos que mantener el panorama real en mente y ajustar la imagen a los hechos y no al revés. Como un proyecto que era auténticamente nacional, varias poblaciones participaron en el movimiento de los asentamientos, y la mayoría de los que viven en Judea y Samaria viven en asentamientos y en pueblos establecidos gracias a la iniciativa del gobierno, o por lo menos en asentamientos ajenos al Gush Emunim.

Los líderes sionistas religiosos que fundaron asentamientos no sectoriales entendieron la realidad, y se dieron cuenta de que el proyecto de asentamientos debía ser un proyecto nacional y no uno solamente nacional. Ellos no dijeron que los judíos seculares no debían participar, en su lugar, construyeron asentamientos abiertos a todos, hasta el punto de que los sionistas religiosos representan a una minoría más allá de la Línea Verde. La historia de los asentamientos en Judea y Samaria es una historia de un esfuerzo nacional, una esfuerzo conjunto de sionistas religiosos, seculares derechistas y muchos haredim. Pero algo pasó en el proceso. Un enfoque que se basaba en unos estrechos intereses sectoriales convirtió un proyecto nacional en uno que se identificaba únicamente con un sector. Este es un error histórico de primera magnitud, una tergiversación de los hechos y un error político.

El destino de los asentamientos depende en gran medida de que sean vistos como lo que realmente fueron: un esfuerzo nacional y multi-sectorial. Los esfuerzos de los sionistas religiosos por venderse a sí mismos como la población que representa en su totalidad o mayoritariamente a la población de los asentamientos resulta perjudicial para estos momentos críticos, ya que sirve de excusa en manos de los políticos de la izquierda y los medios de comunicación. Ya es hora de que los sionistas religiosos se dan cuenta de esto.

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Monday, December 08, 2014

Inconcebible e insoportable: Hay miles de "colonos" israelíes que nadie condena - Elder of Ziyon


El palestino Abu Steve que reside en Pisgat Zeev

Reuters tiene un artículo que informa que algunos árabes están entrando a vivir en los "asentamientos" judíos (es decir, en realidad barrios judíos) en Jerusalén:
Se ha informado muy poco, en medio del furor provocado por una de las políticas más polémicas de Israel, que un pequeño pero creciente número de árabes se están moviendo hacia los asentamientos judíos en los territorios ocupados de Jerusalén Este, atraídos por alquileres más baratos y mejores servicios. Durante décadas, Israel ha animado a los judíos a establecerse en Jerusalén Este, cambiando el equilibrio de la población, lo que provocó la ira palestina y la condena internacional.  
Sin embargo, en uno de esos asentamientos, alrededor del Monte Scopus, donde se sitúa la Universidad Hebrea y en la cual estudian muchos palestinos (¿otra muestra de apartheid?), alrededor del 16% de los residentes son ciudadanos árabes de Israel o palestinos, según la Oficina Central de Estadísticas de Israel. Mientras que la alta proporción de residentes árabes en French Hill y el Monte Scopus es probablemente excepcional, la tendencia también es visible en otros asentamientos de Jerusalén Este.  
En los barrios populares de Pisgat Zeev y Neve Yaacov, al noreste de la Ciudad Vieja de Jerusalén, del 1 al 2% de los residentes son ahora árabes israelíes o palestinos según demuestran las cifras. La municipalidad de Jerusalén no recopila datos étnicos, pero Uzi Chen, el representante del Ayuntamiento de los distritos del norte, dice que "varios cientos" de familias árabes viven en Pisgat Zeev y Neve Yaakov, que tienen una población combinada de 63.000 personas.
Cientos, si no miles de árabes israelíes se están moviendo a través de la "Línea Verde" y hacia los "asentamientos". Así pues ¿podemos considerarlos colonos? ¿también ellos están quebrantando el "derecho internacional"? ¿son también "ilegales"? ¿o son únicamente los judíos quienes quebrantan el derecho internacional y pueden ser considerados como "colonos ilegales", y por lo tanto denigrados y castigados como fanáticos empeñados en arruinar el proceso de paz cuando viven en ciertos barrios de Jerusalén, mientras que los árabes israelíes que hacen lo mismo pueden hacerlo sin trabas?

Ya sabemos la respuesta a todas esas preguntas. La ex Alta Representante de la UE, Catherine Ashton, durante una de sus condenas de los planes israelíes para construir en Jerusalén, mencionó a Givat Hamatos y Ramat Shlomo, pero no dijo ni una palabra sobre los planes israelíes anunciados a la vez de construir viviendas en Beit Safafa. ¿La razón? Debido a que Beit Safafa es un barrio árabe, y si los árabes israelíes se mueven a través de la Línea Verde hacia la parte sur de Beit Safafa, ningún líder occidental se atrevería a condenarlos.

Entonces, ¿por qué esas diferencias de trato cuando judíos y árabes - todos ellos ciudadanos de Israel - hacen exactamente lo mismo, pero sólo los judíos son demonizados mientras que los árabes son aplaudidos?

Fácil, los judíos son ciudadanos de segunda clase para la Unión Europea.

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Sunday, November 09, 2014

Colonos - Nick Waplington

Saturday, June 28, 2014

Cómo el trauma nacional de Kfar Etzion ayudó a llevar a los chicos israelíes de yeshiva a Cisjordania – Benny Morris - Tablet



La masacre del 13 de mayo de 1948 jordanos de decenas de  tropas judías que se habían rendido en el kibutz Kfar Etzion, y que fue llevada a cabo por milicianos árabes de las aldeas próximas y por legionarios jordanos, fue probablemente la mayor masacre de judíos perpetrada por los árabes en la primera guerra árabe-israelí.

Un año después, en las primeras horas de la mañana del cuarto día de Iyar de 5709 (3 de mayo de 1949), el primer aniversario en el calendario hebreo de la caída del kibbutz, el coronel Shlomo Goren, el rabino jefe de las IDF, acompañado de un minián de jóvenes de Jerusalén, celebró un servicio conmemorativo en una colina de Israel desde la que se podía ver, a lo lejos, las ruinas de Kfar Etzion.

El "Bloque" de Eztion, los cuatro kibutzim - Kfar Etzion, Ein Tzurim, Massu'ot Yitzhak y Revadim - se había establecido entre 1943 y 1947 en las colinas de Judea, en medio de un grupo de aldeas árabes en la parte sur de la Ribera Occidental, una zona que Jordania iba a ocupar en mayo de 1948 y que Israel recuperaría en junio de 1967. El “bloque” se encuentra en el corazón de la tierra bíblica de Israel, entre el Hebrón de Abraham y la Belén del rey David.

Durante la conmemoración de ese primer aniversario, se encendieron velas conmemorativas, se leyeron capítulos de la Mishná y fue coreada la rahamim El Maleh (Dios misericordioso), una oración judía para los muertos "en memoria de los mártires del Bloque de Etzion". Los disparos se oyeron en el aire conmemorando a los 151 combatientes judíos fallecidos, de los cuales 21 mujeres, durante la batalla de dos días. De ellos 127 murieron en el segundo día de la batalla, el 13 de mayo de 1948, el día antes de que el Estado de Israel fuera proclamado. De éstos, la mayoría fueron asesinados en el centro de Kfar Etzion, el asentamiento central del bloque, cuando se rendían o después de que se hubieran rendido.

El Bloque, y especialmente el kibutzim de Kfar Etzion y su puesto de avanzada al sudeste, el en desuso "monasterio ruso", había sido una espina para los palestinos, que habían estado luchando allí contra la Haganá durante casi la mitad la guerra civil de la Guerra de 1948, desde noviembre 1947 a mayo de 1948. El bloque fue sitiado por los irregulares árabes entre diciembre 1947 y mayo de 1948, y su reabastecimiento solo era posible desde el aire (el bloque tenía una pequeña pista de aterrizaje). La mayoría de las mujeres y los niños de los cuatro asentamientos fueron evacuados hacia el interior. Periódicamente, los defensores del bloque disparaban contra los vehículos árabes a lo largo de la carretera Belén-Hebrón, lo cual irritó a los palestinos.

Pero el bloque también era un problema para la Legión Árabe jordana, el ejército financiado, equipado y dirigido por los británicos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el rey jordano Abdullah, un aliado de Gran Bretaña, había "prestado" a los británicos una serie de personal de la Legión Árabe que los británicos, a falta de mano de obra, habían utilizado para proteger las instalaciones de todo el Oriente Medio. En 1945-1948, este personal fue desplegado por los británicos y luego empleados para luchar contra la insurrección de una serie de guerrillas judías / terroristas, el IZL (Irgun zva'I Leumi, u Organización Militar Nacional) y el LHI (Lohamei Herut Yisrael o combatientes por la libertad de Israel), proteger sus bases y los caminos de Palestina.

Una de ellas era la carretera Belén-Hebrón, que era un segmento del eje Jerusalén-Beersheba-Rafah-Canal de Suez, a través del cual los británicos y la Legión llevaban los suministros a partir de las bases del lado británico en el Canal de Suez, y que facilitarían la retirada final  británica de Palestina, programada para ser completada antes del 15 de mayo de 1948, cuando finalmente tuviera lugar.

En mayo de 1948, los legionarios británicos debían haber abandonado Palestina completamente cuando los británicos procedieran a retirar sus tropas hacia casa. Pero a los británicos les era necesario asegurar las carreteras hasta el último momento, y Abdullah, que tenía la intención de ocupar Cisjordania justo después de la partida de los británicos, y desde luego tenía un evidente interés en mantenerlos al oeste del río Jordán como una vanguardia de su ejército. Él también estaba interesado en la obtención de la carretera que unía Jerusalén a Beersheba.

Así pues, varias compañías de la Legión permanecían todavía en la zona de Hebrón y Belén, en la primera quincena de mayo. Los ataques de los defensores del bloque a los vehículos de la Legión que viajan a lo largo de la carretera durante abril y principios de mayo, da relieve de la amenaza que representaba dicha carretera para el futuro del bloque. Además, toda la zona sur de Belén había sido destinada por la partición de la Asamblea General de la ONU - la resolución de 29 de noviembre 1947 - a la soberanía árabe, y ni los palestinos ni Abdullah querían a un grupo de asentamientos judíos armados en su territorio.

Por lo tanto, en la mañana del 12 de mayo de 1948, probablemente después de recibir la luz verde de los británicos, dos compañías de la Legión Árabes con el respaldo de más de una docena de vehículos blindados con ametralladora, cañones (contra los que los defensores del bloque no tenían respuesta real) y mortero, y con el apoyo además de cientos de milicianos palestinos, atacaron Kfar Etzion y sus puestos avanzados en el extremo sur del área. Los aproximadamente 150 defensores judíos fueron claramente superados, y sus posiciones fueron demolidas y invadidas una tras otra. Los defensores sin embargo plantearon una dura batalla. Pero al mediodía del 13 de mayo los vehículos blindados habían tomado el monasterio ruso y penetrado en las rejas y trincheras del perímetro, alcanzando el centro de Kfar Etzion.

Los defensores entendieron que el juego había terminado. Muchos dejaron las armas y portaron banderas blancas, reuniéndose en el patio central del kibutz (aunque algunos defensores en los puestos periféricos aun permanecían y tal vez continuaron resistiendo, sin darse cuenta de que el cuerpo principal se rendía). Un sobreviviente recordó:
"Los defensores comenzaron a reunirse entre el monasterio alemán abandonado y el edificio de la escuela. Los primeros árabes comenzaron a legar. Nos ordenaron sentarnos y después de ponernos de pie y levantar los brazos.
Un árabe nos apuntó con una Tommy y otro quería lanzarnos una granada, pero otros les detuvieron. Esto fue tomado como una prueba más de que tenían la intención de llevarnos prisionero. Un camarógrafo en traje europeo, vistiendo un kaffiya blanca, apareció y nos fotografió. Entonces un carro blindado con ametralladoras montadas llegó... y se detuvo cerca de la escuela. Tan pronto como el fotógrafo dejó de trabajar, los tiros comenzaron desde todas las direcciones. Los que no fueron abatidos por la primera andanada huyeron en varias direcciones. Algunos corrieron a la bodega, algunos tomaron las armas de nuevo. Una masa de árabes corría por todos los lados y atacaba a los judíos en el centro de la población y en los puestos de avanzada gritando salvajemente 'Deir Yassin'".
Un mes antes, el 9 de abril, tropas del IZL y del LHI habían atacado y conquistado el pueblo de Deir Yassin, al oeste de Jerusalén. Decenas de mujeres y niños fueron asesinados durante y después de la batalla, y "Deir Yassin" se convirtió en un grito de guerra y un grito de venganza entre los árabes de Palestina, y hasta este día "Deir Yassin" es considerado por muchos palestinos como el núcleo simbólico y el leiv motiv de la guerra de 1948 o de la Nakba (catástrofe).

En la década de 1950, la rama de Historia del IDF nombró al comandante Yitzhak Yakobson, un oficial de Estado Mayor, para que estudiara la batalla del Bloque de Etzion. En su amplio informe, "El Bloque de Etzion en la Guerra de la Independencia", describió cómo tres de los presos en el patio lograron escapar y llegar a Massu'ot Yitzhak, o bien cayeron en manos de oficiales de la Legión que los protegieron.

Otra sobreviviente, "Aviva F.", describe cómo un oficial de la Legión la salvó de dos árabes que trataron de violarla y  disparaban contra dos muertos, y que procedieron a acabar con un número de judíos heridos que encontraron mientras la conducían a un lugar seguro. Los sobrevivientes también testificaron que los legionarios también habían participado en la masacre junto a los milicianos.

Yakobson, basándose en el testimonio posterior de legionarios, señaló que dos de los legionarios habían resultado heridos mientras trataban (sin éxito) de salvar la vida de tres judíos, mientras otros legionarios habían matado a una serie de milicianos en los tiroteos. Pero Yakobson concluyó que "en primer lugar, y ante todo, la masacre había surgido de una mentalidad salvaje de sed de venganza y de sangre judía, y fue una sucesora directa de la masacre [de judíos] en Hebrón en 1929", cuando, como parte del desencadenamiento de unos disturbios estatales antijudíos, una turba árabe asesinado a 66 desarmados judíos ultra-ortodoxos.

Por su parte, el comandante británico de la Legión Árabe, el general John Glubb, ofreció posteriormente una serie de versiones de lo que había sucedido. En The Times (Londres) del 2 de julio de 1968, escribió simplemente: "Ni un solo judío fue masacrado en Kfar Etzion". Pero antes, en su libro Un soldado con los árabes (1957), escribió tal vez haciendo alusión a los excesos: "La Legión Árabe trató a todos los judíos como prisioneros de guerra. Tan pronto como la Legión Árabe se retiró, los aldeanos del distrito de Hebrón saquearon las colonias judías, no dejando piedra sobre piedra. Estas colonias habían sido tan agresivas que habían vuelto deliberadas las represalia árabes". El ministro británico en Amman, Alec Kirkbride, telegrafió (falsamente) a Londres que "la Legión Árabe previno la masacre de los habitantes y el saqueo de las colonias, que de otro modo habría sido imposible de evitar a manos de los árabes locales". El comandante del sexto batallón de la Legión, Abdullah el Tell, que había comandado el asalto a Kfar Etzion, fue marginalmente más veraz. Él escribió en sus memorias, "Las Memorias de Abdullah Tall" (1960): "Los combatientes judíos restantes continuaron resistiendo desde una posición fortificada. Esto obligó a los soldados a matarlos a todos. Hicimos sólo tres prisioneros. Todos los combatientes judíos fueron asesinados".

David Ben-Gurion dijo más tarde que los muertos del Bloque de Etzion habían "salvado Jerusalén", es decir, que su resistencia había protegido los accesos del sur de la ciudad y, desde hacia meses habían desviado de otros frentes de batalla a una considerable mano de obra árabe de la ciudad.

Después de la batalla y la masacre, los milicianos palestinos saquearon a fondo el kibutz y le prendieron fuego. Tras la caída de Kfar Etzion, los otros tres asentamientos, con funcionarios británicos y la Cruz Roja mediando, se rindieron del 13 al 14 mayo a la Legión, yendo sus defensores a un cautiverio de un año en un campo de prisioneros de Jordania en Zarqa. Los asentamientos fueron saqueados y arrasados. Glubb señaló con bastante exactitud que de los 350 sobrevivientes judíos de la batalla, la casi totalidad de los procedentes de Revadim, Ein Tzurim y Massu'ot Yitzhak fueron bien tratados en el campo de prisioneros en Jordania de Zarqa, aunque, a su regreso a Israel el año siguiente se quejaban del aburrimiento y del calor.

Más tarde ese mismo año, en octubre-noviembre de 1949, al Rabino Goren (quien eventualmente se convirtió en el Gran rabino asquenazi de Israel), tras el acuerdo que se alcanzó con los jordanos, se le permitió recorrer el bloque, "encontrando los huesos de los muertos esparcidos por las trincheras, en torno a los puestos quemados y las estructuras demolidas... El anuncio de la Cruz Roja de que los árabes habían enterrado los cuerpos tres días después del final de la batalla no era exacto. En muchos lugares hemos encontrado, junto a los cuerpos, piezas de ropa con etiquetas de lavandería, un obvio testimonio de los nombres de sus propietarios... Los árabes nos dijeron que habían recogido a sus propios muertos y les habían enterrado en sus pueblos, de acuerdo con sus costumbres, y que todos los cuerpos que permanecían en Kfar Etzion eran de judíos".

Los restos de los judíos caídos en el Bloque Etzion (así como de otros dos campos de batalla que habían quedado en manos del enemigo) fueron trasladados a Israel y enterrados el 17 de noviembre de 1949 en el cementerio militar de Monte Herzl, en Jerusalén. Cerca de 50.000 personas, la mitad de la población judía de Jerusalén, se alineaba en las carreteras mientras el cortejo fúnebre emprendía su camino hacia el cementerio. Reinaba el silencio. Muchas banderas honraban su paso. Desde primera hora de la mañana, todo el trabajo se detuvo como si fuera una ciudad yerta.

Esa tarde, colonos judíos, incluyendo a algunos de los 350 supervivientes del Bloque Etzion que estaban de vuelta tras su estancia de un año en el campo de prisioneros de Jordania, así como algunos de los sobrevivientes de los campos de exterminio nazis de Europa, se reunieron en las casas de la aldea árabe abandonada de Ein Khod, a los pies del Monte Carmel, al sur de Haifa, y establecieron el nuevo asentamiento de Nir Etzion.

En el Oriente Medio, como tal vez en otros lugares, las masacres tienden a vengarse y a reproducirse con otras masacres, siendo la venganza un valor básico y real de la vida. El 29 de octubre de 1948, las tropas de la 8ª brigada del IDF, específicamente su 89º Batallón, conquistaron la aldea árabe de Dawayima, en las estribaciones occidentales de las colinas de Hebrón. Según un veterano de 89º Batallón, Avraham Vered, las casas del pueblo "estaban repletas del botín obtenido con la caída del Bloque Etzion... Los combatientes judíos que atacaron Dawayima sabían que... la sangre de los sacrificados en Etzion clamaba venganza; y que los hombres de Dawayima se encontraban entre los que participaron en la masacre". El  89º batallón bombardeó el pueblo con morteros y luego irrumpieron en é, con las tropas montadas sobre semiorugas blindadas, y con las ametralladoras ardiendo.

Vered describió lo que sucedió después: "A medida que nos subimos a los techos, vimos a los árabes corriendo en los callejones. Abrimos fuego contra ellos... Desde nuestra posición elevada vimos una gran llanura que se extendía hacia el este... y la llanura estaba cubierta de miles de árabes que huían... Las ametralladoras comenzaron su charla y la huida se convirtió en una derrota". Al parecer, fueron asesinadas varias decenas de hombres y mujeres que estaban detenidos en el pueblo después de su captura. Una investigación posterior secreta del IDF sobre este incidente concluyó que "22 de esos detenidos había sido asesinados, aunque desde hacia varias semanas los árabes venían quejándose a los diplomáticos occidentales y a las Naciones Unidas que 500 o 1.000 personas habían muerto en Dawayima”.

Pero la último "venganza", no tanto por la masacre de Kfar Etzion como por el desarraigo y la destrucción de la totalidad del bloque de asentamientos, fue, por supuesto, el reasentamiento de bloque y su enorme expansión desde 1967. Desde 1949, cada mes de mayo, los sobrevivientes y sus hijos, y los huérfanos a causa de la batalla, se reúnen en el Monte Herzl para recordar y, tal vez, soñar. Y tal como se vio después, el Bloque de Etzion fue el primer asentamiento israelí en Cisjordania después de la victoria en la Guerra de los Seis Días, del 05 al 10 de junio de 1967.

De hecho, ya el 13 de junio, Raanan Weitz, el director del Departamento de Asentamientos de la Agencia Judía, visitó la zona, llevando consigo a cuatro de los supervivientes, uno de cada kibbutz. Durante las siguientes semanas, los grupos de supervivientes y sus hijos hacían peregrinaciones al lugar. Para ellos, se trataba de algo personal, pero también representaba un microcosmos de Judea y Samaria, y el deseo de volver y reasentarse representaba un microcosmos del deseo del pueblo judío de restablecer la tierra bíblica de Israel.

A mediados de agosto, un grupo de activistas del Bloque de Etzion se reunió con el primer ministro Levi Eshkol, instándole a un reasentamiento. Eshkol, un trabajador agrícola en su juventud y un ejecutivo clave de los asentamientos, tanto antes como después de 1948 (fue el jefe del Departamento de Asentamientos de la Agencia Judía en 1948-1963), vacilaba. Pero, como ha sucedido a menudo en la historia del sionismo, la “intervención árabe" le ayudó a tomar la decisión. Las resoluciones de 01 de septiembre 1967, hechas públicas tras la reunión en la cumbre de los países árabes en Jartum, según relataba en el 2006 Gershom Gorenberg en su libro “El Imperio Accidental" (este pasaje y los dos párrafos que siguen se basan en el trabajo de Gorenberg) resultó ser el punto de inflexión.

Los árabes habían acordado por unanimidad responder con los "tres no": no a un reconocimiento de Israel, no a una negociación, y no a una paz con Israel. Esto significaba que Israel tenía ahora que decidir unilateralmente qué hacer con Cisjordania. El 22 de septiembre, los activistas del Bloque de Etzion se reunieron nuevamente con Eshkol. Le preguntaron: “¿Cuándo podemos asentarnos en la zona?” Hanan Porat, uno de los huérfanos del Bloque de Etzion, dijo: "Nos estamos acercando a Rosh Hashaná. ¿Seremos capaces de orar allí en Rosh Hashaná?" Eshkol le respondió: "Nu, kinderlach, si desean orar, sigan adelante y oren". Porat le contestó: "Cuando decimos 'orar' queremos decir regresar". Eshkol le contestó: "Yo he dicho lo que he dicho".

Pero esta ambigüedad délfica fue, en efecto, subsanada a la semana siguiente cuando el gabinete, a instancias de Eshkol, aprobó la creación de un puesto militar avanzado (Nahal) en Kfar Etzion. Los Nahal, los puestos de avanzada de las dos décadas previas, se habían ido convirtiendo de una manera rutinaria en pocos años en asentamientos civiles. El 27 de septiembre un grupo de supervivientes y la generación de los niños, dirigidos por Porat, llegaron hasta Kfar Etzion y, con mucha fanfarria, se trasladaron hasta el campamento completamente vacío que la Legión Árabe había construido en el lugar.

El diario israelí Haaretz informó: "Un número de mujeres, viudas de los caídos [en 1948], estaban de pie a un lado y lloraban amargamente por aquellos cuyos hijos ahora habían venido a honrar viviendo de nuevo aquí". El gobierno anunció la creación de un Nahal o puesto de avanzada con un objetivo de seguridad. Pero, de hecho, Kfar Etzion había sido restablecido de nuevo  y el Bloque de Etzion había resucitado para con posterioridad abarcar a decenas de miles de colonos, aunque en esos momentos solamente se ponía en marcha. La empresa de los asentamientos de Israel en Cisjordania había comenzado.

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Saturday, June 21, 2014

(Lo que no se cuenta) Hechos sobre el terreno: la desaceleración de los asentamientos de Israel - Elliott Abrams y Uri Sadot - Foreing Affairs


Un pájaro vuela sobre restos en la E1, en Cisjordania

En estos días, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se enfrenta a fuertes críticas por parte de un sector poco probable. En una reunión privada en mayo pasado, los líderes de varios asentamientos lo acusaron de obstaculizar la empresa de los asentamientos. Su respuesta, que fue que Israel debía "considerar las restricciones internacionales", no fue bien recibida.

Poco después de la reunión, el 29 de mayo, la Oficina Central de Estadísticas de Israel emitió un informe que apoyaba las reclamaciones de los colonos. En el primer trimestre de 2014, la oficina informaba que el gobierno israelí había aprobado solamente 232 unidades residenciales para construir en la zona que los israelíes llaman comúnmente Judea y Samaria, y que la mayoría de la gente conoce como Cisjordania. Esa tasa es aproximadamente la mitad de la última década, que contó con una media de 1.687 unidades construidas cada año. Y dado que en la actualidad los asentamientos existentes albergan a unos 350.000 ciudadanos israelíes - que tienen una tasa de natalidad anual de alrededor del 4% - este ritmo más lento en la construcción apenas puede sostener el crecimiento de la población, incluso el natural. Los líderes de la comunidad que se reunieron con Netanyahu la semana pasada lo saben mejor que nadie.

Por otra parte, un análisis geográfico de los datos sugiere que los colonos tienen una razón más para preocuparse: bajo el actual gobierno de Netanyahu, la construcción fuera de los llamados grandes bloques de asentamientos - las áreas con mayor probabilidad de seguir formando parte de Israel en un acuerdo de paz definitivo - ha disminuido constantemente. En los últimos cinco años, el número de viviendas aprobadas para la construcción en los asentamientos más pequeños ha sido la mitad de lo que fue durante la primera presidencia de Netanyahu en 1996-1999. Por otra parte, las viviendas que el gobierno ahora está aprobando construir están situados más al oeste, sobre todo en los grandes bloques o en zonas adyacentes a la llamada Línea Verde, la frontera de facto que separa Israel de Cisjordania. Los planes para las 1.500 unidades que Israel anunció a principios de este mes también seguían ese patrón: los grandes bloques de asentamientos y Jerusalén Este.

Aunque no existe un acuerdo entre Israel y los palestinos precisamente sobre los asentamientos israelíes que constituyen esos grandes bloques, una definición más clara parece obvia. Ambos negociadores, israelíes y palestinos, han aceptado el principio de un intercambio de territorio equitativo. La definición más amplia de Israel de los grandes bloques se refiere a su proximidad a su barrera de seguridad, y los israelíes en general no se refieren a nada que se sitúe al este de dicha barrera como algo permanente israelí. Usando esa demarcación como frontera, se trataría de un 12% de la Ribera Occidental y del 80% de los asentamientos como territorio israelí. La mayoría de los israelíes aceptarían todo lo que sitúa al este, el restante 88%, como parte de un futuro estado palestino.

La definición palestina de lo que puede ser intercambiado es más difícil de determinar, y la mejor aproximación es un mapa filtrado en las negociaciones palestino-israelíes de 2008. Según ese documento, que nunca se consideró oficial, el presidente palestino Mahmoud Abbas ofreció a Israel alrededor del 2% de Cisjordania, lo que incluía a un 70% de la población de colonos israelíes. Para estar seguros, entonces, la diferencia entre las definiciones de los bloques de asentamientos de israelíes y palestinos sigue siendo importante. Pero lo más digno de atención es el hecho de que la construcción de Israel se concentra ahora en Jerusalén y en los grandes bloques, precisamente en ese 2% del territorio de la Ribera Occidental que el liderazgo palestino estaba aparentemente dispuesto a aceptar como israelí en el 2008.

Los israelíes aún siguen construyendo más allá de la barrera de seguridad y en áreas cercanas a esa barrera que sin duda serán muy disputadas en cualquier futura negociación sobre un acuerdo final. Pero hay una paradoja en las denuncias cada vez más frecuentes sobre la construcción israelí que llegan de los Estados Unidos y Europa: están llegando al mismo tiempo que la construcción de Israel se limita cada vez más a las áreas que incluso los palestinos reconocen que a la larga seguirán siendo parte de Israel.

Todo esto pone de relieve por qué el enfoque de la administración Obama para el proceso de paz durante sus primeros cinco años ha fracasado rotundamente. Al exigir un congelamiento total de los asentamientos, Washington ha perdido un capital diplomático precioso tratando de detener la construcción en zonas de asentamientos cuyo estatus finalmente no cambiaría. Buscar un acuerdo de paz rápido, pero completo, bajo estas condiciones representaba una política insensata. En el futuro, un enfoque más sensato sería dejar de obsesionarse con la construcción per se y centrarse en el objetivo de unos logros tangibles, especialmente dado el aparente cambio en la actividad israelí.

Las acusaciones de que Netanyahu es renuente a negociar la paz entierran el verdadero titular: que su gobierno ha reducido unilateralmente la construcción en los asentamientos israelíes, y que en gran parte dicha construcción se ha limitado a un estrecho segmento de territorio. Esto bien podría ser la señal de que la histórica empresa de asentamientos de Israel está llegando a su fin, y cualesquiera que sean sus razones - las presiones internacionales, los temores demográficos, o un cambio en la opinión pública -, es una tendencia que merece la atención de EEUU. Por lo menos, las condenas de América y Europa por la actividad en los asentamientos israelíes deberían ser reemplazadas por observaciones que reflejen esta nueva realidad. Israel sigue construyendo, pero no de una manera que evite un acuerdo de paz realista.

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Thursday, June 19, 2014

Brillante respuesta: La jerarquía del error en Israel - Emmanuel Navon - i24news



Gilad Shaar, Eyal Yifrach y Naftali Frankel fueron secuestrados a cinco kilómetros de mi casa. Cuando la noticia del secuestro llegó a mi familia el pasado viernes, el mismo pensamiento me cruzó la mente: podría habernos pasado a nosotros. Mis hijos adolescentes estudian en el área de Gush Etzion y a veces hacen autostop para llegar a casa. Los viernes corro por nuestras hermosas colinas de Judea, y a menudo veo un automóvil estacionado de unos agricultores árabes que atienden sus viñedos y que podrían prepararme una emboscada. ¿Por qué entonces, se preguntan muchos, me expongo a mí mismo y a mis hijos a tal peligro? De hecho, los "colonos" no sólo son acusados ​​de ser irresponsables para con sus hijos, sino también hacia su país: evitan que Israel pueda disfrutar de la paz, arrebatan unos fondos públicos preciosos, y traen el aislamiento internacional sobre Israel.

Cuando hice "aliyá" (es decir, emigré a Israel) desde París como un joven, se me preguntó por qué estaba poniendo mi vida en peligro al emigrar y participar en un país devastado por la guerra (Israel había pasado recientemente por el trauma de los misiles Scud de Saddam Hussein) . Cuando en los cafés y los autobuses explotaban las bombas a un ritmo casi diario en las ciudades de Israel, a comienzos del milenio, me sentía más seguro en mi "asentamiento" de Efrat que en las calles de Tel Aviv. Cuando los cohetes de Hezbolá cayeron sobre el norte de Israel en el verano de 2006, los residentes de Haifa encontraron un refugio seguro en nuestros "asentamientos". Cuando el profesor israelí Zeev Sternhell escribió en mayo de 2001 que los terroristas árabes debían seleccionar las víctimas de su violencia y centrarse en los "colonos", expresó su deseo personal, pero hizo caso omiso a la de los propios árabes. Ni Hamas, ni la OLP trazan una línea de demarcación entre "buenos" y "malos" israelíes.

El terrorismo árabe se dirige indiscriminadamente contra los judíos en ambos lados de la "Línea Verde", y la causa de ese terrorismo no es la presencia de Israel más allá de esa línea. Se cree que los tres adolescentes secuestrados puedan estar en Hebrón, una ciudad donde 67 judíos, que vivían allí desde generaciones, fueron masacrados por los árabes en agosto de 1929 (38 años antes de que Israel capturara Cisjordania). Entre 1949 y 1967 (cuando todos los israelíes vivían en el lado "correcto" de la Línea Verde), miles de israelíes fueron atacados y asesinados por infiltrados desde la Franja de Gaza y Cisjordania. Nachshon Wachsman fue secuestrado en octubre de 1994 cerca del aeropuerto de Ben Gurion. Cuando Israel retiró todos sus asentamientos de la Franja de Gaza, fue "recompensado" con miles de cohetes. Cuando los primeros ministros Ehud Barak y Ehud Olmert ofrecieron (en julio de 2000 y en mayo de 2008, respectivamente) eliminar la mayoría de los asentamientos israelíes a cambio de la paz, sus ofertas fueron rechazadas.

Así que no, no expongo a mis hijos y a mí mismo a un peligro adicional, y no impido el advenimiento de la paz. Tampoco me siento como una carga para mi país: Trabajo duro y pago mis impuestos como lo hacen mis vecinos. Efrat tiene una de las poblaciones más educadas y productivas de Israel, así como un inusual alto número de jóvenes oficiales del IDF.

La teoría de que los asentamientos aíslan a Israel tampoco lava esa realidad. Históricamente, el peor período de aislamiento internacional de Israel fue en 1953: la Unión Soviética había cortado las relaciones diplomáticas con Israel; los Estados Unidos, la nueva administración de Eisenhower se embarcó en una política abiertamente pro-árabe; Francia e Israel aún no habían desarrollado su relación militar. Israel reanudó sus relaciones diplomáticas con la Unión Soviética en 1991 y estableció relaciones diplomáticas con China y la India en 1992: todo esto ocurrió bajo el gobierno "pro-asentamientos" de Yitzhak Shamir y antes del proceso de Oslo. La ocupación del norte de Chipre no ha aislado a Turquía y la ocupación del Sáhara Occidental tampoco ha aislado a Marruecos. Las relaciones internacionales se rigen por intereses, no por sentimientos.

Cuando Lily Galili trata, en su última columna en i24News, de dibujar una línea moral entre dos tipos de israelíes, normalmente expresa el engaño y la deshonestidad intelectual de la izquierda sionista. ¿Acaso era más "kosher" la expulsión de los árabes de Lod en 1948 y la destrucción de sus casas que la construcción de aldeas en las desnudas e inhabitadas colinas de Judea? Mi casa en Efrat está construido sobre una colina vacía. Mi oficina en la Universidad de Tel Aviv está construida sobre la destruida aldea árabe de Sheikh Muwannis. Como sostiene el columnista del Ha'aretz Ari Shavit en su libro "Mi tierra prometida", la izquierda sionista intenta borrar el hecho de que, para los árabes, la verdadera cicatriz histórica, la Nakba, es el éxodo y la destrucción de 1948, y no el mero cambio de soberanía de 1967. Amos Oz castiga a los "asentamientos" pero su kibbutz Hulda se llama así por la aldea árabe Hulda que fue destruida por Israel en 1948. Como escribió Shavit: "Es Hulda, estúpido".

Exactamente. Es perfectamente legítimo sostener que Israel debería retirarse de la Línea Verde. Pero decir que al hacerlo eso nos traerá tranquilidad y reivindicación moral, es una estupidez y es deshonesto. La libertad, especialmente cuando usted es judío, tiene un precio, independientemente de donde viva.

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Interesante artículo: La jerarquía del terror en Israel - Lily Galili - i24news



El secuestro de tres estudiantes de yeshiva cerca de los asentamientos de la Ribera Occidental de Gush Etzion sacudió a Israel en su núcleo. Aunque la mayoría de los israelíes tienden a estar separados de la realidad de la vida diaria más allá de la Línea Verde, son supersensibles con los niños y la edad triunfa sobre la localización. A diferencia de otros actos de terror en los asentamientos y en los territorios, de los que apenas se dan cuenta la mayoría de los israelíes, éste secuestro se ha sentido de una manera diferente en una sociedad en la que no todas las víctimas son iguales.

A la mayoría de los adultos judíos israelíes que viven dentro de la Línea Verde - la frontera internacional reconocida de Israel - no les gustan los colonos. Un estudio reciente realizado por la Universidad de Ariel, situado en la ciudad asentamiento de Ariel, muestra que el 40% de los israelíes creen que los asentamientos son un desperdicio de dinero, y más de la mitad de los encuestados piensan que ese dinero que allí se ha gastado lo ha sido a costa del bienestar y de los presupuestos de educación de todos. Por encima de todo, a la mayoría de los israelíes (el 71%) no les gusta la forma en que los colonos causan daños a las propiedades militares y buscan la fricción con los soldados.

Los resultados difieren del enfoque tradicional, seguido por la derecha israelí y por el centro a lo largo de los años. Buena parte de los israelíes, incluso los que no son compatibles con los asentamientos, utilizan un tratamiento de los colonos que suele lindar con el respeto y hasta con la reverencia, pues a menudo son vistos como las reencarnaciones de los pioneros del pasado. Sin embargo, para la mayoría de los israelíes, los colonos son los "hermanos del espacio exterior". Incluso los partidarios de los asentamientos con una motivación política siempre han sentido una cierta alienación con las personas que viven al otro lado de la Línea Verde. La mayoría de los israelíes apenas cruzan, o nunca o rara vez, la Línea Verde y no tienen ni idea, por ejemplo, de donde se encuentra Talmon, el lugar de nacimiento de uno de los estudiantes de yeshiva secuestrados.

Esta realidad tiene implicaciones políticas, con más de la mitad de los israelíes dispuestos a evacuar la totalidad o la mayoría de los asentamientos a cambio de la paz. También tiene repercusiones sobre todo sociales. Una manera de medirlas es contemplar la manera en que los israelíes reaccionan ante los ataques terroristas en los asentamientos, por lo general con un desapego emocional que a menudo raya en la indiferencia. Después de todo, lo que sucede en esos lugares, en un país remoto y desconocido, les ocurre a personas que no son realmente comprendidas.

Toda investigación o medida de reacción demuestra que no todos los ataques terroristas son iguales a los ojos de los israelíes. A diferencia de las guerras que se acompañan de un profundo sentido de solidaridad colectiva, el terror privatiza la agresión en una experiencia más individual. Y ciertamente esa experiencia tiene grados. Así está la lista no escrita del victimismo, delimitada principalmente - aunque no exclusivamente - por la ubicación y la distancia del centro geográfico y social. La principal distinción, sin embargo, se hace entre soldados y civiles: al contrario de otros países y sociedades, en contra de toda lógica, en Israel la vida de los soldados vale más que la de los civiles. A los soldados se les conoce como "nuestros hijos". Hay un cierto elemento de culpabilidad unido a su condición de víctimas. Los terroristas palestinos lo saben muy bien. Su principal objetivo ha sido siempre el secuestro de soldados. Los jóvenes colonos, que son para ellos los soldados del ejército de ocupación, sólo aparecen en segundo lugar.

Los elementos geográficos y sociales también entran en juego. Cuanto más alejado del terror está del centro del país, menos interés evoca. Tel Aviv encabeza la lista. El terror en Tel Aviv, la capital de la normalidad de Israel, se concibe casi como antinatural. Los terroristas lo saben también. Cualquier ataque a Tel Aviv es definido por ellos como un "ataque de calidad". Luego viene Jerusalén, el escenario de tantos ataques terroristas. Sólo después viene todo el resto del país. Una pequeña prueba: todos los israelíes saben de memoria los nombres trágicos del almanaque del terrorismo: Dizengoff Center, el autobús número 18, el café "Moment", el Dolphinarium..., todos estos ataques llevan el nombre de su ubicación en Tel Aviv o Jerusalén. Casi nadie se acuerda incluso que hubo un ataque terrorista en un centro comercial de Dimona, una pequeña ciudad en el extremo sur de Israel, a pesar de que allí fue asesinada una mujer y hubo muchos heridos. A más distancia de la vista, más alejado del corazón.

Los últimos en la lista son los ciudadanos árabes de Israel. Aunque las bombas colocadas por los terroristas y los misiles disparados contra Israel no hacen distinciones étnicas, las víctimas árabes tienen un impacto menor.

Los ataques contra los colonos y los asentamientos, geográfica y socialmente situados a distancia, por lo general atraen una menor atención y una menor implicación emocional. Para muchos, y no sólo para la izquierda política israelí, esos territorios como tales parecen como un lugar más natural para el ejercicio del terrorismo; y muchos creen que los colonos "atraen la violencia sobre sí mismos" por la misma elección que hacen de vivir en ese peligroso ambiente, rodeado de palestinos.

Sin embargo, el secuestro de los tres estudiantes de yeshiva ha sido diferente. Son demasiado jóvenes para ser vistos como responsables de la elección hecha por sus padres de vivir o estudiar en un asentamiento; aunque tengan la edad suficiente (16-19) para ser vistos como "soldados". Es por eso por lo que muchos israelíes han estado siguiendo de cerca los acontecimientos en los últimos días y, en el proceso, obtener una visión de la vida cotidiana en los asentamientos. Pasó lo mismo después del atentado en junio de 2001 en el Dolphinarium de Tel Aviv, en el que murieron 21 adolescentes de familias de nuevos inmigrantes de la ex Unión Soviética. Para muchos israelíes, también fue un estudio en antropología, una mirada a la vida de esa comunidad.

En 2014, en estas trágicas circunstancias, este drama supone un raro momento que refleja una solidaridad inequívoca, un bien escaso en una sociedad desgarrada por tantos cismas.

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Sunday, June 15, 2014

Muy buen artículo: No anexionar Cisjordania – Shmuel Rosner - NYTimes



No es fácil marcar el momento exacto en que una idea periférica de repente se convierte en la corriente dominante. Pero ahora es seguro decir que en el Israel actual, la inquietante idea de la anexión de territorio de Cisjordania, ya no es marginal o considerada tan extrema como lo era antes.

La idea tienen diferentes nombres, y los detalles del plan - cuando hay uno - varían. A menudo se llama "la aplicación de la ley israelí", que presumiblemente suena más atractivo que "una anexión". A veces es denominada “anexión parcial”. Sin embargo, la tendencia no se puede negar: prometedores dirigentes del Partido Likud, el presidente de la Knesset y varios ministros han salido en apoyo de algún tipo de anexión. El lunes, la idea se planteó en el gabinete en un debate sobre las medidas de castigo por las transgresiones de palestinos.

La anexión del territorio que fue arrebatado a Jordania en la guerra de 1967 (aparte de Jerusalén Este y la Ciudad Vieja, ambas declaradas por Israel legalmente bajo su jurisdicción) ha sido durante mucho tiempo una opción. Sin embargo, durante décadas no se ha considerado seriamente. Dos razones la hacen poco atractiva: la indignación que se espera que suscite en la comunidad internacional, la cual nunca ha aceptado a Israel como el gobernante legítimo de la Ribera Occidental, y las implicaciones demográficas que la anexión tendría sobre el carácter "judío y democrático" de Israel. El territorio está habitado en gran parte por los palestinos. Si Israel concediera la ciudadanía a todos ellos, se erosionaría fuertemente la mayoría judía de Israel. ¿Por qué entonces se ha convertido de repente la anexión en una política kosher?

La razón obvia es el fracaso del proceso de paz. Durante 25 años, israelíes y palestinos han tratado de negociar una separación de mutuo acuerdo - la llamada solución de dos estados -. Ellos no han fracasado por falta de profesionalidad, sino más bien porque no pudieron ponerse de acuerdo sobre los términos de la separación. Un número creciente de líderes israelíes están llegando a la conclusión de que esa vieja idea está muerta. Dado que ellos piensan que el status quo es insostenible, están buscando nuevas ideas.

Esas dos nuevas ideas disponibles obligan a Israel a renunciar a dos elementos básicos en la construcción del viejo proceso de paz: sacrificar el elemento del "acuerdo", o sacrificar el elemento de la "separación", o ambas cosas. Renunciar a la idea de un acuerdo ha llevado a muchos israelíes a apoyar la adopción de medidas unilaterales hacia una separación y un dibujo de las fronteras. Renunciar a la idea de la separación llevó a otros israelíes a apoyar la anexión.

Apoyando estas ideas, los derechistas han redibujado el mapa político de Israel: la derecha dura de Israel y la izquierda radical israelí han pasado ambas a optar por una "solución de un estado" en el que todos los palestinos que residen al oeste del río Jordán (con exclusión de los de la Franja de Gaza) se convertirían en ciudadanos israelíes, mientras que la derecha moderada, los centristas y la izquierda israelí aún apoyan el principio de la separación.

Curiosamente, los partidarios de la anexión a menudo pretenden ocupar el terreno moral más elevado. Reuven Rivlin, el principal candidato para reemplazar a Shimon Peres como presidente de Israel [N.P.: ya ha ganado), es un partidario de una plena anexión. Él cree que es la única solución realista y moral. "Es sorprendente para mí escuchar a la gente hablar de una amenaza demográfica", dijo una vez Sr. Rivlin, un liberal del Likud de la vieja escuela. Él habla de igualdad de derechos y lo dice en serio. Del mismo modo, Uri Elitzur, una figura destacada del movimiento de los colonos, publicó recientemente un artículo días antes de su muerte, en el que advertía que la anexión es la única opción si Israel quiere evitar convertirse en un "estado de apartheid".

Los partidarios esperan que si la comunidad internacional puede convencerse de que Israel realmente dará a los palestinos anexionados plenos derechos, podría entrar en razón y apoyar la idea.

El otro obstáculo que los defensores tienen que superar es el miedo a perder la mayoría judía de Israel, y abordarlo afirmando que hay menos palestinos en Cisjordania lo que comúnmente se cree (algunos demógrafos están de acuerdo). Por lo tanto, argumentan que la anexión erosionaría la mayoría judía pero no la destruiría.

Y la idea ha pasado a ser atractiva para un gran número de israelíes.

Potencialmente podría atraer a una mayoría de los que, como yo, tienen poca fe en las perspectivas de un acuerdo de paz razonable. Es especialmente tentador porque sus oponentes no tienen una alternativa satisfactoria que proponer - la retirada unilateral de los territorios perdió su encanto después de la retirada israelí de la Franja de Gaza en 2005, lo que llevó al gobierno de Hamas y a los ataques con cohetes -.

Pero esta fascinación es peligrosa. El sionismo trata de tener un Estado judío y democrático. Anexión significa poner lo sagrado de la tierra antes que el objetivo de Israel, o poner los problemas de seguridad por encima del carácter de Israel.

Israel puede, aunque sea un farol, abandonar sus ideales democráticos y tratar de conseguir la anexión sin conceder derechos a los palestinos, en un camino que le llevaría al aislamiento internacional y a una crisis de identidad nacional. O bien podría buscar un único estado en paz para dos pueblos en guerra, una elección que destruiría la esencia de Israel, pondría en peligro la mayoría judía y perpetuaría un conflicto sangriento.

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Monday, March 17, 2014

¿Cuantos colonos estarían dispuestos a evacuar sus asentamientos y que debería hacer Israel con ellos? - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Primero hay que reconocer el hecho de que la escena era algo surrealista: una andanada de cohetes de Gaza seguía lloviendo sobre en el sur de Israel, y nosotros estábamos sentados en un buen hotel de la ciudad de Nueva York, hablando tranquilamente sobre la posible evacuación voluntaria de los colonos de Cisjordania. ¿Ya nos hemos olvidado de las lecciones de la evacuación de Gaza? No es así, me dice Orni Petruschka, un empresario de alta tecnología, ex piloto de la fuerza aérea y fundador de Futuro Blanco y Azul, una organización israelí dirigida a mantener a Israel "judío y democrático". Y más específicamente: convencer a los colonos de que ya es hora de que regresen de vuelta a Israel. Los colonos, pero no los militares. Es decir, los cohetes desde Gaza tras la retirada total de Israel son irrelevantes para nuestra discusión.

El motivo de la reunión de Nueva York es una nueva encuesta que esa organización publica hoy. Como el resto de las encuestas encargadas por organizaciones con una agenda política, los resultados deben ser tratados con desconfianza. También debe ser tratada sin demasiada fanfarria, ya que los resultados no son muy diferentes a los obtenidos en similares encuestas anteriores llevadas a cabo en 2008 y en 2012. El resultado final: algunos colonos estarían dispuestos a evacuar sus asentamientos tan pronto como les llegue una oferta del gobierno para que se muevan, a cambio de una compensación adecuada. La encuesta muestra a un 30% de los colonos dispuestos a aceptar tal oferta. ¿Es eso mucho o poco? Petruschka parece pensar que es un número digno de atención, pero incluso él no pretende decir que en realidad sea un gran porcentaje. Los más dispuestos de ese 30% son en su mayoría colonos del valle del Jordán y de la ciudad de Ariel. Las comunidades más militantes parecen más resistentes a las tentaciones de una posible evacuación.

El hecho de que Ariel forme parte de la encuesta es en sí mismo una razón para su posterior investigación. Se supone que la encuesta se realizaría a los colonos "al este de la barrera de seguridad", es decir, aquellos asentamientos situados en zonas más susceptibles de ser incluidas en un acuerdo con los palestinos, si tal acuerdo se materializa, o de las que se supone que Israel podría retirarse si toma una decisión unilateral. Es por eso que incluir a Ariel en un sondeo de este tipo no parece una decisión obvia. Significa que la organización de Petruschka no considera el área de Ariel como uno de los bloques de asentamientos que Israel debería insistir en mantener (los otros dos bloques, Ma'ale Adumin y Gush Etzion no aparecen en la encuesta). Pero de hecho, un gobierno israelí que siempre ha considerado a Ariel como uno de esos "bloques" a conservar, socavaría su propia posición si propusiera la evacuación de sus residentes. No es probable que ocurra.

Petruschka cree que Israel tiene una "obligación moral" con los colonos. Aquellos que prefieran moverse - cuando perciban que no hay futuro para los israelíes en Cisjordania - deben ser estimulados y compensados. Por supuesto, esa no es necesariamente una posición que uno tenga que aceptar. Le pregunté, ¿y si los residentes de Sderot expresaran un deseo similar porque están cansados ​​de los ataques con cohetes, por qué el gobierno no debería realizarles una oferta para una reubicación similar?. Me dice que "le duele" la comparación. Sderot es una parte de Israel, los asentamientos son lugares a los que los israelíes fueron enviados a vivir fuera de Israel. Si los colonos no tienen la intención de permanecer en esa área (la Ribera Occidental), mantener a los colonos como rehenes del proceso de negociación resulta problemático.

Por supuesto, la inclusión de Ariel en la encuesta tiene un impacto en el resultado. Esto significa que mientras hay colonos que están dispuestos a evacuar la zona, muchos de ellos no son los colonos que Israel podría querer evacuar. De hecho, casi la mitad de los que respondieron a la encuesta creen que su asentamiento será "anexionado a Israel" a raíz de un acuerdo (el número exacto es del 47,6%). Esto significa que la mitad de los encuestados creen que nunca tendrán que evacuar sus asentamientos, aunque sin embargo están respondiendo a unas preguntas sobre una posible evacuación. El Dr. Roby Nathanson, quien realizó la encuesta, me informó amablemente después de la reunión de que "el 10,2% de las personas que creen que su asentamiento será anexionado están convencidas de que estarían dispuestos a evacuarlo voluntariamente, mientras que otro 12,0% piensa que estarán dispuestos a evacuarlo". Así que tenemos alrededor de un 22% de colonos dispuestos a abandonar su asentamiento mientras que a la vez consideran que finalmente no será necesario, ya que un probable acuerdo les permitirá quedarse. Eso es como preguntarme si me gustaría dejar Tel Aviv por una compensación adecuada.

De hecho, yo podría estar burlándome de la encuesta más de lo que se merece. Algunas de las cifras presentadas por esta organización son interesantes, aunque no son necesariamente tranquilizadoras. Cerca del 40% de los colonos encuestados no estaría de acuerdo en evacuar su asentamiento, ni siquiera en el caso de que haya un acuerdo, y ni siquiera si el acuerdo es aprobado por un referéndum. El 28,8% piensa "ciertamente" que no estaría de acuerdo en tener que evacuarlo. Ese es un número importante de personas (supongo que si se trata de una tercera parte de los colonos que viven al este de la valla, estamos hablando de unas 30-40 mil personas). De hecho, el 20% de los encuestados, al ser preguntado por los medios "legítimos" que harían que una decisión política de ese tipo fuera "significativa", no está de acuerdo con cualquiera de las opciones propuestas. Es decir, creen que no hay una forma legítima de tomar la decisión de evacuar los asentamientos.

Sin embargo, Petruschka cree (y yo estoy de acuerdo) que los colonos "no serán un gran impedimento" para un acuerdo de paz. Su estudio demuestra que incluso ahora, sin un acuerdo, muchos de ellos estarían listos para moverse a Israel. En el caso de un acuerdo, el número crecerá, del 28,8% al 48,8%. Y claro, cuando la mitad de la población aceptaría trasladarse a Israel, sin duda eso podría erosionar la voluntad de los que han optado por quedarse. Si la maestra de preescolar se va, me dice Petruschka, la educación preescolar no podrá funcionar, y las familias con niños tendrán que reconsiderar si quedarse es aún una decisión razonable. Por supuesto, su evaluación puede convencer a algunos de que no hay que quedarse de brazos cruzados esperando a lo inevitable, es decir, a los colonos se les debe ofrecer una salida ya mismo. Otros pueden llegar a la conclusión opuesta: si los colonos no van a ser "un gran obstáculo" para la paz, ¿por qué la necesidad de tratar con ellos ahora mismo?

Aquí hay algunos números de la encuesta:

- Dispuestos a evacuar sus asentamientos sin un acuerdo entre Israel y Palestina: el 15,4% seguro; el 13,4% "creo que estaré de acuerdo".

- Dispuestos a salir del valle del Jordán: el 43,1%; de Ariel: el 32,6%; de Samaria: el 19,4%.

- Grupo más dispuesto a moverse a Israel por la edad: de 50-59 años, con un 46,9% que estaría de acuerdo en irse; menos dispuestos: de 18-29 años, con un 10,2%.

- Los religiosos son los menos dispuestos a salir, con sólo un 12,6% dispuestos a evacuar sus asentamientos, en cambio, los seculares estarían más dispuestos, con un 45,4% preparados para hacerlo.

- Dispuestos a evacuar sus asentamientos en caso de un acuerdo: el 24,5% está seguro de que estaría de acuerdo en irse; el 24,3% "piensa o cree" que podría hacerlo; el 28,8% "sin duda no estaría de acuerdo"; el 11,3% "piensa" que no lo hará.

- Dispuestos a evacuar tras un acuerdo y según el área: de Ariel, el 52,6%; del Valle del Jordan, el 67%; de Judea el 36.5%; de  Samaria el 38,5%.

- ¿Qué factores aumentan la probabilidad de una mayor voluntad de evacuar los asentamientos?: una compensación adecuada, el 42,6%; el empleo y/o la formación, el 35,6%; "una paz en la que se pueda confiar", el 31,6%. Las cifras son de la muestra total, incluyendo a aquellos que dicen que no van a evacuar sus asentamientos.

- Una decisión política tan importante - tal como una evacuación, a pesar de que esta cuestión no estaba especificada como que pudiera ser significativa - se consideraría legítima si hay un referéndum (54,7%); una super mayoría en la Knesset (el 38,6%); o elecciones (33,2%). El 20.3% respondió que ninguno de los anteriores opciones volvería tal decisión legítima.

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Saturday, February 08, 2014

¿Por qué los colonos no pueden permanecer en Palestina? - Yair Rosenberg - Tablet



Algo extraño sucedió la semana pasada en Israel: la derecha y la izquierda israelí lograron ponerse de acuerdo en algo con respecto al proceso de paz. En primer lugar, un funcionario de la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu dijo al Times of Israel que, en caso de un acuerdo de paz con los palestinos, "los colonos deben tener la libre elección de permanecer donde viven bajo un gobierno palestino". Entonces, sólo unos días más tarde, el famoso autor israelí y miembro de la izquierda pacifista, AB Yehoshua sugirió exactamente lo mismo a los medios: "El temor a la evacuación de los asentamientos está impidiendo la paz. Tal vez, al igual que tenemos una minoría árabe en medio de nosotros, ellos [los colonos] pueden permanecer como minoría judía entre los árabes. Pueden llegar a ser ciudadanos palestinos si no quieren ser evacuados". (Para tener una idea de la gran división política existente entre Yehoshua y Netanyahu, Yehoshua ofreció esta proposición mientras abogaba por un boicot cultural al asentamiento de Ariel).

Cuando ambos lados del espectro político israelí llegan a la misma conclusión, probablemente están en lo cierto. En este caso, es posible que hayan acabado de descubrir la clave para la creación de un Estado palestino viable. Si Israel simplemente cede algunas áreas de colonos a la Autoridad Palestina, se volverá mucho más fácil llenar los vacíos territoriales necesarios para un Estado palestino contiguo. Por otra parte, esta medida deja de lado el problema de tratar de evacuar a algunos de los asentamientos más radicales y más pequeños, y cuyos habitantes se resistirían a cualquier intento de reubicarlos - son personas religiosas que sienten más conexión con la tierra de Israel que con su gobierno -. Por lo tanto, permitirles permanecer sería preferible para todos los interesados. (Al mismo tiempo, los colonos a los que no les gusta la idea de ser gobernados por los palestinos tendrán un fuerte incentivo para regresar a Israel por su propia voluntad, obviando la necesidad de utilizar la fuerza).

Por supuesto, como con cualquier cosa conectada a Israel-Palestina, este plan no está exento de detractores. El líder del partido Hogar Judío, Naftali Bennett, que enérgicamente se opone a una solución de dos estados, atacó al primer ministro Netanyahu por lanzar tal posibilidad, tal vez dándose cuenta de que ofrecía el camino más realista para el acuerdo de paz que él desdeña. (Dicho esto, en una entrevista de hace varias semanas, la diputada del partido de Bennett, Ayelet Shaked, había expresado su apoyo para que los colonos pudieran permanecer en Palestina, lo que demuestra que la idea no disgusta tanto a la extrema derecha de Israel). Consecuentemente, el jefe negociador palestino Saeb Erekat también rechazó de plano la propuesta de Netanyahu de diciendo: "A ningún colono se le permitirá permanecer en un Estado palestino, a ni uno, debido a que los asentamientos son ilegales y la presencia de colonos en los territorios ocupados es ilegal".

Pero no está claro hasta qué punto se debe tomar en serio esta afirmación. Después de todo, ambas partes han planteado para todo posiciones de salida de línea dura, desde Jerusalén hasta el derecho al retorno de los refugiados palestinos, y todos esperan que renuncien a esas posiciones maximalistas en el contexto de un acuerdo, y ya lo han hecho en anteriores negociaciones. Y, de hecho, se han filtrado informes de las conversaciones actuales que sugieren que permitir que los colonos vivan bajo la soberanía palestina está sobre la mesa.

En este contexto, es importante darse cuenta de que estamos hablando de una fracción de colonos en una muy pequeña fracción de Palestina. El mismo Erekat ha señalado en el pasado que los asentamientos se han construido en sólo un 1,1% de Cisjordania, como se evidencia en las imágenes de satélite tomadas por la Unión Europea. Dado que la mayoría de la población de colonos de esta pequeña porción será transferida a Israel a través de los intercambios de territorios, la cantidad real de asentamientos y de colonos que se podría esperar que Palestina absorbiera, sería realmente reducida.

Si los negociadores palestinos se deciden a hacer ese pequeño compromiso, bajo la insistencia del secretario de Estado John Kerry, tanto Israel como los palestinos habrán dado un gran paso para estar más cerca de un acuerdo de paz viable.

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