Sunday, June 30, 2013

El mito de la inevitable minoría judía en Israel - Jeff Jacoby - The Boston Globe


El primer titular de hoy del Haaretz. ¿Temor a que la amenaza demográfica se desinfle?


A Israel se le "acabando el tiempo", comentó el Secretario de Estado John Kerry ante el Comité Judío Americano en Washington este mes. Una solución de dos estados al conflicto palestino debe llegar pronto o "la insidiosa campaña de deslegitimación de Israel sólo ganará fuerza", advirtió. "Israel deberá elegir entre ser un Estado judío o un Estado democrático, pero no va a poder cumplir con la visión de sus fundadores de ser ambos".

Este es un viejo refrán, popular pero erróneo: Israel debe hacer la paz con los palestinos antes de que las altas tasas de natalidad árabes provoquen que los judíos sean una minoría en su propia tierra.

En Jerusalén, hace unos meses, el presidente Obama se hizo eco de la misma reclamación. "Teniendo en cuenta la demografía al oeste del río Jordán, el único camino para que Israel perdure y prospere como un Estado judío y democrático es a través de la existencia de una Palestina independiente y viable".

Este denominado "argumento demográfico" puede sonar convincente, incluso siniestro. Sin embargo, se basa en un estereotipo anticuado de las mujeres árabes como factorías de bebés, superando a sus rivales judías a un ritmo tal que es sólo cuestión de tiempo antes de que los judíos sean abrumados numéricamente.

En la década de 1960, cuando la tasa de fecundidad de los árabes israelíes (9,2 nacimientos por mujer) se elevó muy por encima de la de los judíos de Israel (3,4 nacimientos por mujer), ese desafío demográfico ciertamente parecía plausible. Yasser Arafat solía decir que la última arma en su arsenal contra el Estado judío era "el vientre de la mujer árabe". La Autoridad Palestina siempre ha entendido el valor propagandístico de los datos de población. A medida que la Oficina Central de Estadísticas de Palestina comenzó su primer censo en la Ribera Occidental y Gaza en 1997, el director de la oficina, Hassan Abu Libdeh, aseguró al New York Times que los resultados nunca llegarían a nada menos que a "una intifada civil". En 2005, dicha agencia pronosticó que los judíos serían una minoría en la "Palestina histórica" (es decir, al oeste del río Jordán) para el año 2010 . Ahora se dice que el punto de inflexión vendrá en el
2020.

No cuenten con ello.

A pesar del alarde de Arafat, las mujeres palestinas, al igual que las mujeres de todo el mundo musulmán, están dando a luz muchos menos hijos de los que solían. Dentro de Israel propiamente dicho, la tasa de natalidad entre los musulmanes ha seguido una tendencia constante a la baja y se sitúa ahora en 3,5 hijos por mujer. Es incluso menor para los palestinos en la Ribera Occidental, sólo 2,91 según el CIA Factbook. En una encuesta de 2012 de la Population Reference Bureau sobre las actitudes de planificación familiar en el mundo árabe, el 72% de las mujeres palestinas casadas (edades 15 a 49) dijeron que preferían evitar un nuevo embarazo. Esto es típico del moderno Oriente Medio: La misma encuesta mostró que la mayoría de las jordanas, egipcias y sirias sentían lo mismo.

Pero mientras que las tasas de natalidad palestinas han disminuido drásticamente, las tasas de natalidad judía en Israel se han ido elevando. Israel tiene ahora el nivel de fecundidad más alto de cualquier nación industrializada moderna. La brecha de la fertilidad entre los judíos de Israel y los árabes israelíes, cerca de un 5,8 en la década de 1960, es ahora de 0,5.

Desafiando la sabiduría popular desde hace mucho tiempo, el ex diplomático israelí Yoram Ettinger escribe que es la población judía de Israel la que está experimentando un notable aumento, pasando de alrededor 80.000 nacimientos por año en 1995 a 130.000 en 2012. (El número anual de nacimientos árabes israelíes se ha mantenido entre 35.000 y 40.000).

Es fácil enredarse en los debates sobre las estadísticas, pero Ettinger ha conducido un estudio demográfico detallado que expone serios errores en las proyecciones anteriores, siendo la conclusión que la demografía, lejos de ser un pasivo en el futuro que se avecina para Israel, es un activo estratégico. Los 6,3 millones de judíos que viven en Israel y Cisjordania representan al 66% del área (sin incluir Gaza, que Israel abandonó por completo a la Autoridad Palestina en 2005). "Cualquier persona que sugiera que los judíos están condenados a convertirse en una minoría al oeste del río Jordán está drásticamente equivocada o bien es escandalosamente mentirosa", argumenta Ettinger.

¿Merece pues la pena proseguir con el "proceso de paz"? ¿Una solución de dos Estados pondrá fin al conflicto? Estas tendencias demográficas no pueden responder a estas cuestiones. Lo que sí pueden hacer es quitar la presión artificial para que Israel actúe o haga algo - cualquier cosa - antes de que la espada de Damocles le caiga encima.

Y tal vez, sólo tal vez, pueda abrir algunos ojos de esos que han estado esperando, como Arafat, que "el vientre de la mujer árabe" ponga fin al Estado judío. Israel, ahora el hogar de casi la mitad de los judíos del mundo, es un hecho permanente de la vida en el Medio Oriente.

Cualquier proceso de paz genuino debe comenzar con la aceptación de esa realidad.

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