Saturday, June 15, 2013

Islam, es el momento de gritar que vienen los lobos - Elisabeth Levy - Causeur



De acuerdo, son hechos aislados cometidos por "lobos solitarios". Seamos claros: los fanáticos dispuestos a destripar en plena calle, con un hacha o un cuchillo y al grito de "Alá Akbar", a un desconocido que no les hizo nada, no representan ni al Islam ni a la gran mayoría de los musulmanes pacíficos. Resta que el número de "lobos solitarios" parece dispararse. Sabemos que la publicidad mediática fomenta las vocaciones. Y además. la relación entre dificultad y eficacia es excelente: sin equipo, sin logística, y en pocos minutos, se tiene prácticamente garantizado ocupar las primeras páginas de los diarios y TV's del mundo, por lo cual la expresión "lumpen-terrorismo" utilizada en Le Monde parece particularmente adecuada.

Pero ocurre que el mimetismo no lo explica todo. El hombre que el 7 de mayo trató de apuñalar a un gendarme en Rousillon y lanzó esos mismos gritos, no imitaba a nadie. Quizás su peregrinación a La Meca, de donde acababa de regresar, había oscurecido su entendimiento. Pero, ¿qué pasó con ese otro que, tres días después del asesinato de un policía en Londres, atacó violentamente a un soldado en La Defense? ¿Esperaba él también vengar a sus "hermanos afganos" que ya han matado a 88 soldados franceses? ¿Y sus compañeros, esos que dan vueltas en su cabeza al odio que sienten hacia los países que han acogido a sus padres, y de los que son ciudadanos, van a buscar la venganza mañana? ¿Y estos jóvenes suecos que quemaron escuelas, edificios y comisarías de policía, y que acusan a su país de acogida, el de mayor progreso social de Europa? ¿Es que sufren todos ellos las secuelas del colonialismo?

A cuestiones complejas, respuestas simples: para ellas el partido de la compasión y de la ideología biempensante ya tiene un discurso bien ensayado y rodado, cuya principal virtud es prohibir la comprensión, y más aún la observación de la realidad:
(1) Los lobos solitarios son solitarios, y sus acciones son totalmente desprovistas de sentido. 
(2) No tienen nada que ver con el Islam y los musulmanes, así pues el principal peligro es la amalgama (entre Islam y musulmanes y violencia). 
(3)  La verdadera violencia es la pobreza y la discriminación.  
(4)  Los culpables son la población autóctona (franceses, ingleses, americanos...), por reaccionarios y racistas.  
En resumen, no pasa nada, y en definitiva la culpa es nuestra, de Occidente. 
Cierto, los individuos prestos a pasar a la acción violenta son estadísticamente insignificantes. Pero ellos hacen figura de "héroes" para muchos jóvenes musulmanes europeos en un proceso de "autoradicalización", un término recientemente consagrado por los medios de comunicación. Gracias a Internet, nos explican los medias, estos jóvenes pueden beber de las fuentes más delirantes. Se entiende pues que las enseñanzas de sus predicadores favoritos sobre la mejor manera de matar a un judío puedan inflamar unos espíritus débiles. Y es de temer que ellos puedan encontrar fácilmente compañeros de radicalidad vagando en su entorno inmediato, es decir, en los suburbios de las capitales europeas. Así pues, nosotros no necesitamos importar el fanatismo, lo fabricamos muy bien sobre el lugar.

Que sus fárragos ideológicos están a mil leguas del Islam, lo creo voluntariamente, aún no teniendo ninguna competencia en materia de asuntos divinos. El problema es que el Islam real tiene a menudo el rostro, si no del fanatismo, sí al menos de la intolerancia. No me refiero, por supuesto, a los millones de musulmanes de todo los rincones que se han radicado en Francia y en Europa. Pero recordemos que tras el asesinato del prefecto Erignac en Corcega, 40 000 corsos se manifestaron para denunciar los crímenes cometidos en su nombre. Así pues, nos gustaría que la mayoría silenciosa de los musulmanes pacíficos de toda Europa cese de permanecer en silencio y proclame a su vez [N.P.: un lema muy utilizado por los políticamente correctos]: "No en mi nombre".

En este clima, la estrategia de negar la realidad resulta cada vez más insostenible. Incluso Le Monde ya admite que Europa se enfrenta al gran desafío de "la integración de las comunidades extranjeras" [N.P.: un eufemismo generalizador para no mencionar a las comunidades problemáticas, pues que se sepa ni los asiáticos, ni los sudamericanos, ni otras inmigraciones plantean esos problemas], lo cual consiste en reconocer que la integración tiene fallos graves, y que Le Monde atribuye, como era de esperar [N.P.: como todo diario progresista] a la crisis del Estado de bienestar y al egoísmo de las personas.

No pretendemos que la pobreza, el desempleo, el fracaso escolar, así como el racismo y la discriminación, no juegan ningún papel en la implosión de una parte de los jóvenes europeos de origen extranjero. Pero también hay algo más: una parte de nuestros conciudadanos llegados de otros lugares han decidido vivir aparte, agravando su relegación geográfica con un separatismo cultural que tratan de imponer en sus barrios, propagando la idea de que los que frecuentan o se relacionan con los "franceses (o ingleses, o europeos) de origen" son malos musulmanes.

Poco importa entonces el modelo de "vivir juntos" [N.P.: lema biempensante por antonomasia de la Francia políticamente correcta y de las élites mediáticas y políticas] que les es propuesto: ellos, lo que no quieren precisamente, es vivir juntos. Sin embargo, para hacer sociedad, al igual que para bailar el tango, se precisa de las partes. A la espera de que vuelvan al seno de la República o del Reino Unido, sólo la ley, aplicada con todo su rigor, les obligaría a cumplir con la regla común. Y es urgente: muchos más lobos, terminarán constituyendo toda una jauría.

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