Thursday, July 11, 2013

La conversión final - SRosner - NYTimes



El soldado Evgeny Tuluzko esta enterrado en el cementerio militar del Monte Herzl, zona A, parcela 23, fila 1, tumba 2. Murió el febrero pasado durante un entrenamiento básico, y cuando Israel celebró su Día de los Caídos, el 9 de abril, fue el ultimo de sus soldados caído en defensa de su patria.

Es costumbre en ese día de fiesta que el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel coloque una bandera en la tumba de aquellos recientemente fallecidos. Sin embargo, este año el general Benny Gantz honró la tumba no de Tuluzko. sino de Shlomo Nitzani, que murió el pasado mes de octubre. Nitzani era un teniente coronel y un héroe, mientras que Tuluzko era un simple soldado fallecido durante un entrenamiento. Más relevante aún: Nitzani era judío, y Tuluzko no lo era.

Lo que le ganó a Tuluzko el derecho a ser enterrado fuera del tramo principal del cementerio fue que el IDF se acoge a las normas religiosas establecidas por los rabinos ortodoxos, y ellas exigen que los soldados que no están reconocidos oficialmente como judíos deben ser enterrados por separado de los que sí lo son. Esta practica nos permite reflejar el curioso doble rasero existente en la consideración oficial de judeidad, ya que personas como Tuluzko provienen de familias de inmigrantes con ascendencia judía: mientras pueden obtener la ciudadanía de Israel sobre la base de sus raíces judías (por ejemplo, un abuelo judío paterno), podrían no ser reconocidos como judíos por el Rabinato (debido a que según el judaísmo ortodoxo, la herencia judía pasa a través de la madre).

Políticos, funcionarios y columnistas - incluso la familia Nitzani – se mostraron feroces en sus críticas por el desaire cometido con Tuluzko. El ejército israeli a su vez se disculpó rápidamente y prometió que tal incidente ya no volvería a ocurrir. Gantz visitó a la familia de Tuluzko y les dijo que si hubiera sabido lo sucedido (el cambio de designación de la tumba a honrar), habría colocado una bandera en su tumba.

Pero esto no era lo suficientemente bueno para Elazar Stern, un ex general y legislador. Stern, el mismo un ortodoxo observante, ha estado combatiendo arduamente contra la terquedad del Rabinato en temas como la forma de convertirse al judaísmo y si los rabinos deben adherirse a las normas civiles. "No es razonable que estos soldados que luchan hombro con hombro con sus compañeros sean separados después de su muerte", me dijo Stern por teléfono. Creyendo como cree que la ley judía no prohíbe que judíos y no judíos puedan ser enterrados en la misma parcela, inmediatamente después de su fallecimiento, propuso un proyecto de ley que obligaría a un espacio compartido en el entierro.

Tanto el ejército israelí como los partidos políticos religiosos se opusieron a la idea. El ejército israelí no quiere que los legisladores entren por la fuerza en batallas religiosas, y los partidos religiosos, así como muchos judíos ortodoxos, quieren mantener los asuntos religiosos en las manos de los rabinos. Muchos de los opositores a la propuesta de Stern afirman que no existía realmente un problema, pues para empezar los soldados no judíos son enterrados con respeto y de una manera no discriminatoria. El hecho de que Gantz colocara la bandera en la tumba equivocada solo fue un error, y eso no es razón para cambiar las reglas.

A pesar de esta oposición, Stern se sintió seguro de que tenía el poder para abogar por el cambio: sabía que contando con la opinión pública, seria difícil para el Ministerio de Defensa contrarrestar la legislación propuesta. El ejército sigue siendo una institución sagrada en Israel y el Día de los Caídos aun no se ha convertido en una mera fiesta comercial o convencional, sino que sigue siendo un momento de duelo nacional. Por ello, para la mayoría de los judíos de Israel, morir con el uniforme es, tal como afirma Stern, "la conversión final"- Cualquier soldado que ha caído por Israel es lo suficientemente judío a los efectos de poder compartir un cementerio con otros soldados.

La semana pasada, el Ministerio de Defensa acordó cambiar sus reglas y, a cambio Stern accedió a retirar su proyecto de ley. De ahora en adelante, no habrá parcelas especiales de terreno en el cementerio militar para los no judíos, solamente filas especiales dentro de parcelas compartidas.

Cuando le pregunté a Stern si estaba satisfecho con este compromiso, me dijo que "por el momento. No es el ideal, pero refleja la complicada naturaleza de la sociedad de Israel". Para él, lo más importante es acabar con "parcelas en las que solo se oye habla ruso" y que se dejen de enviarse a ciertas personas a un "área de luto no judío".

Si Stern solo está la mitad de contento con esta solución, yo estoy aún menos feliz. Creo que las filas separadas, aún en las mismas parcelas, solo deben existir para aquellas familias que las solicitan específicamente, y es de suponer que también para aquellas personas que consideran que las reglas del Rabinato son lo más importante. Como dudo que haya muchos israelíes que piensen así  - Stern, estaría de acuerdo -, la solución para el asunto Tuluzko no es mucho más que un mero compromiso. Pero si es una prueba más de que la minoría estrictamente ortodoxa de Israel ejerce demasiada influencia sobre el resto – la mayoría judía y la no judía -.

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