Saturday, July 06, 2013

Turquía en el Nilo - Ari Shavit - Haaretz



La semana que Hosni Mubarak fue derrocado, a un funcionario israelí de alto rango se le preguntó qué pasaría en Egipto. El funcionario respondió en su idioma preferido, el inglés: "Turquía uno, Turquía dos o Irán" - un gobierno aparentemente democrático dirigido por el ejército, un gobierno aparentemente democrático dirigido por el Islam, o un régimen islamista -.

Dos años y medio más tarde, la posibilidad de que Egipto se convierta en Irán puede comenzar a descartarse claramente. El país del Nilo no parece poder convertirse en una teocracia gobernada por los Hermanos Musulmanes en un futuro próximo. Pero desde el comienzo de 2011, las otras dos posibilidades han estado compitiendo entre sí en El Cairo.

Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos es un intento egipcio bien organizado de sustituir la nueva alternativa turca de un gobierno religioso con apariencia democrática por la vieja alternativa turca de un régimen militar con apariencia democrática.

Pero a medida que la Turquía uno sustituye a la Turquía dos, una tercera opción emerge: el desorden. Si bien la amenaza islámica para el futuro de Egipto está disminuyendo, lo verdaderamente novedoso es la amenaza creciente del caos. La buena noticia es muy buena: el Islam político no es invencible. La onda religiosa que inundó el Oriente Medio en los últimos dos años no es la última ola histórica.

A partir de hoy, los Hermanos Musulmanes parecen haber fallado a la hora de establecer un régimen duradero y una realidad duradera. Mientras que la revolución soviética fundó una tiranía que duró 70 años, la revolución islámica sunita no ha sido capaz de establecer un sistema político que funcione que preserve su hegemonía incluso durante un año. El que temía un siglo de oscuros califatos parece haberse equivocado. Todas esas personas que creían en la fuerza vital de los nuevos egipcios y en su deseo de libertad estaban en lo cierto. En un tiempo extremadamente corto, nuestros vecinos del sur parecen haberse enterado de que el Islam no es la solución, y que ellos deben buscar la solución en otro lugar.

Pero las malas noticias son preocupantes. El Egipto de 2013 se presenta como un estado sin solución. Por un lado, la economía se derrumba y se acerca rápidamente al colapso. Por otro lado, no hay fuerza civil para imponer la ley y el orden. Las expectativas de la era de Google son altas, pero la realidad de las bocas hambrientas resulta intolerable. Entre las expectativas y la realidad no hay punto de encuentro, y entre el espíritu de la libertad y una república que se desmorona no hay punto de partida.

Por lo tanto, Egipto se está convirtiendo en un estado disfuncional e ingobernable, sin esperanza. Donde Mubarak y Morsi han fracasado, es muy probable que haya un nuevo fracaso. Dos diferentes tendencias parecen alzarse al pie de las pirámides. Una de ellas es mundial, una rebelión de la clase media urbana. Lo que comenzó en la plaza Tahrir, se trasladó a la plaza Rothschild en Tel Aviv, estalló en Estambul y se desbordó en Río de Janeiro, ha regresado a Tahrir a lo grande. Al igual que en el resto del mundo, en Egipto, los jóvenes conectados a Internet ya no están dispuestos a aceptar no estar conectados a los grifos del gobierno, y por lo tanto tratarán de derrocarlo.

La segunda tendencia es propiamente árabe: el colapso de la tiranía secular y el fracaso de la tiranía religiosa, han generado un malestar constante. En ausencia de un dictador fuerte, de un cadí inteligente o de una democracia jeffersoniana, no hay nadie para regular la vida pública y frenar a las masas.

La fusión de la rebelión global con la pérdida del miedo árabe ha liberado en El Cairo del 2013 una explosiva conmoción que ningún régimen puede soportar. Ni el régimen anterior, ni el actual, ni el próximo. En ausencia de un gobierno, una emocionante y aterradora situación repleta de levantamientos se ha generado, pero unos levantamientos que están llevando a Egipto al borde de un abismo.

En última instancia, la única posibilidad es una Turquía. En el actual Egipto y en el actual Oriente Medio, cualquier esperanza sobre lo que más generales iluminados podrían dar, dará menos. Pero la cuestión es si permanecerá abierta la posibilidad de que el ejército egipcio sea capaz de potenciar a su pueblo la iluminación moderna. El caos aguarda en el umbral. El nuevo peligro que se cierne sobre el Oriente Medio es el completo desorden.

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