Saturday, September 07, 2013

Los aspirantes a maestros de Europa - Bruce Bawer - FrontPage



Se está volviendo patético. ¿O farsa es una palabra más adecuada? Es la definición de lo que está sucediendo cuando los políticos de la Unión Europea, los funcionarios y sus publicistas, promotores y parásitos bien surtidos se lanzan en una campaña a gran escala para transformar a la gente del continente en impulsores entusiastas del proyecto de la élite de la Unión Europea (UE) y sólo para fracasar ignominiosamente? ¿Y entonces, tras no haber aprendido la lección en absoluto, hacer otro intento de seducir a la plebe? ¿Y cuando esto falla, otro intento más y otro?

Durante años, la clase dirigente europea ha estado luchando por conseguir que la plebe europea acepte el superestado de la UE, ese que la inmensa mayoría de los europeos nunca votó, y que constantemente ha estado drenando hacia esa élite europea la autoridad legislativa, ejecutiva y judicial de las diversas administraciones locales, y que los funcionarios nacionales hicieron votar. La aparente determinación de los tecnócratas de la UE en aprobar - sin mandato alguno - las estrictas leyes que rigen absolutamente todo tipo de inimaginables  actividades dentro de las fronteras de ese superestado irrita cada vez más a los ciudadanos de a pie. Y los efectos desastrosos del euro han llevado a más y más gente a pensar que su país estaría
mejor solo. Sin embargo, los esfuerzos para ganarse a los ciudadanos de a pie siguen sin disminuir. El martes, el New York Times (y en el Global en España) publicó un inane artículo de opinión estúpidamente titulado "La solución para Europa: el Poder del Pueblo", escrito por Daniel Cohn-Bendit y Félix Marquardt.

¿Quiénes son estos dos? Bueno, Marquardt, según la información del NYTimes "dirige una empresa de relaciones públicas". En un reciente perfil se introducen algunos detalles más: es un mocoso ricachón que fue expulsado de una serie de escuelas, pero que gracias al dinero en efectivo de sus padres y su suave encanto metrosexual terminó como un brillante relaciones públicas de alto nivel - un accesorio en Davos y una estrella en Paree - . "Todo París", se nos dice, "quiere cenar en su casa" (Uno de los que han cenado allí - en octubre de 2010 -. es el brutal dictador de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev).

En cuanto a Cohn-Bendit, es una especie de celebridad europea que se hizo un nombre como un líder anarquista en las revueltas estudiantiles de mayo de 1968. El NYTimes castamente lo describe como un "miembro del Partido Verde alemán en el Parlamento Europeo". Un artículo en el Guardián proporciona una información más colorida: en la década de 1970 trabajó en un "jardín de infancia anti-autoritario", y más tarde contó sus "constantes coqueteos con los niños", que en algunos casos casi llevaron a la actividad sexual. ¿A dónde se dirigiría con estos precedentes si no es a la política? (No obstante, Cohn-Bendit ahora sostiene que en realidad nunca tuvo relaciones sexuales con los niños, que se limitó a decir que casi las tuvo con el fin de épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía]).

Christopher Booker, en el prólogo del libro de 2011 del presidente checo Václav Klaus, "Europa: la ruptura de las ilusiones", arrojaba más luz sobre Cohn-Bendit. En 2008, cuando la República Checa estaba a punto de hacerse cargo de la presidencia rotativa del Consejo de Ministros de la UE, Cohn-Bendit y otros peces gordos de la UE viajaron hasta Praga para reunirse con Klaus, que no es precisamente un fan de la UE. Tras ser recibidos amistosamente por el presidente, Cohn-Bendit "bruscamente enarboló delante de Klaus una bandera de la UE" y trató de intimidar a Klaus en la conferencia de prensa sobre diversas cuestiones, a lo que Klaus respondió: "Tengo que decir que nadie me ha hablado en tal estilo y en tal tono en los últimos seis años. Usted hoy no está aquí en las barricadas de París. Pensé que esas formas terminaron para nosotros hace 19 años". Cuando la conferencia terminó, Klaus llegó a la conclusión que la "post-democracia... domina las normas de la UE".

Así pues, este par de "personalidades" públicas argumentaban en el NYTimes que lo que "los políticos nacionales ... ven como el alfa y el omega del buen gobierno moderno, el Estado-nación, se está convirtiendo rápidamente en una estructura política obsoleta". Pero por el contrario, los acontecimientos recientes están demostrando la notable tenacidad del Estado-nación, y eso es precisamente lo que ha Cohn-Bendit y Marquardt se quieren cargar. En pocas palabras, no pueden soportar el hecho de que los ciudadanos todavía se identifiquen fuertemente con su propio país en lugar de con la UE. Cohn-Bendit y sus compañeros de armas se han mostrado ansiosos durante décadas de hacer marchar a Europa hacia un valiente mundo post-nacional, pero la inmensa mayoría de los europeos, malditos sean, se niegan a
seguir su doctrina. Los ciudadanos tienen esta peculiaridad frustrante: se aferran obstinadamente a la idea de que en realidad pertenecen a sus propios países, y deben tener voz y voto en la forma en la que se les regula.

Pero Cohn-Bendit y Marquardt no se darán por vencidos. Los jóvenes europeos de hoy, advierten, se enfrentan a tener menor nivel de vida que sus padres. Y sólo hay un remedio. ¿Mas horas de trabajo? ¿Vacaciones más cortas? ¿Prestaciones sociales y subsidios menos pródigos? No: "la integración acelerada" en la UE. ¿Por qué? Porque cuando menguan las poblaciones europeas, la única manera de mantener a Europa en el juego es completar el trabajo de fusión de sus Estados-nación en una sola entidad soberana. Que esa integración en la UE haya sido un desastre económico sin paliativos es una verdad incómoda que los Cohn-Bendit y los Marquardt prefieren ignorar en su afán de llevar el proyecto de la UE hacia su plena floración. "Ha llegado el momento", proclaman seguros de si mismos, "de los movimientos transnacionales... de base transversal y transgeneracional, donde el movimiento de las multitudes obtengan los fondos necesarios para llevar la integración europea al siguiente nivel". Y ello mediante movimientos de base. Esto si que es de risa: dos miembros y cabezas de serie de la élite europea, incapaces de hacer de su sueño una realidad, dicen en el NYTimes que será la chusma europea de la UE quién les hará el trabajo por ellos [N.P.: imagino que sin hacerles perder sus puestos de privilegio]. En tiempos desesperados, supongo, se requieren medidas desesperadas.

Pero para estar seguros, mientras Cohn-Bendit y Marquardt reclutan a un ejército de súbditos para llevar su causa a la victoria, no solicitan a sus peones cualquier tipo de entrada en los grandes planes de la UE. A ellos eso ya les funcionó, y al parecer sería el punto final, la chusma sólo necesita escuchar y obedecer. Aquí está su programa parcialmente: "Dejar que los finlandeses nos enseñen acerca de la educación, los franceses sobre el cuidado de la salud, los alemanes sobre el empleo flexible, los suecos sobre la igualdad de género". Y, obviamente, Cohn-Bendit y sus colegas decidirán quién va a "enseñar" a quién.

No importa si la gente del país X no quiere copiar la solución para sus problemas del país Y, no, estos señores tienen una visión, una visión que consiste en enseñar la puerta a "los políticos tradicionales elegidos por cuatro o cinco años por los ciudadanos de un territorio soberano", y dar rienda suelta a cambio a los "virtuosos de la UE en el arte de gobernar", ya que son los únicos capaces de adoptar "la adecuada dirección en temas como la escasez de recursos, la deforestación, el desempleo crónico, el calentamiento global y el agotamiento de la pesca".

Las soluciones a los problemas de Europa, en definitiva, "tienen que ser transnacionales, o no serán soluciones reales en absoluto". ¿Por qué? Cohn-Bendit y Marquardt no lo dicen. Ni siquiera tratan de exponer sus argumentos. Su artículo de opinión está lleno de afirmaciones injustificadas, escrito en el lenguaje de la utopía y ajeno a un cálculo económico y social realista. "Los europeos", escriben, "deben dejar de ser engañados por la ilusión de autobombo de sus líderes nacionales con respecto a la formulación de las políticas, y con la idea de que el Estado-nación sigue siendo el vehículo apropiado para nuestros tiempos".

"Autobombo, engaño". Esto es aún más divertido. Y son estos dos quienes acusan a los demás de "autobombo y engaño" porque no están dispuestos a aceptar que los pueblos de Europa sean meros peones en el tablero de ajedrez. Hay una necesidad urgente, escriben, de un "marco que permita a todos los europeos abrazar verdaderamente el proyecto de la Unión Europea". ¿Qué quieren decir? A los europeos se les ha dado todas las oportunidades para abrazarlo, y en vano. ¿Qué tipo de "marco" iba a cambiar esto? ¿Hacer que la propaganda a favor de la UE en las escuelas y en los medios de comunicación se intensifique aún más? ¿Quieren campos de reeducación?

Estos artículos de opinión suenan cada vez más como los artículos que pudiera haber escrito un tirano europeo del siglo XX. "Europa va a cambiar para mejor", escriben los autores, "cuando la mentalidad de los políticos europeos que se eligen en sus circunscripciones nacionales estén de acuerdo en transferir el poder a las instituciones verdaderamente europeas". Napoleón, Hitler y Stalin también tuvieron grandes visiones de lo que serían capaces de lograr si hubieran podían conseguir que todo el continente estuviera bajo su pulgar.

La Comisión Europea y el Parlamento, Cohn-Bendit y Marquardt insisten en que se debe dar el poder a "la autoridad que se lo merece". ¿La autoridad que se lo merece? ¿Soy solamente yo quien siente un escalofrío ante estas palabras? El desprecio de los autores por la democracia - el derecho de los pueblos de Europa a forjar su propio futuro - es palpable y manifiesto, y cuando utilizan la palabra "post-nacional", lo hacen en realidad, tal como discernía Klaus, significando "post-democracia". Su mensaje a las masas europeas está claro como el día: callar, sentarse y estar agradecidos de que sus vidas están en las manos de estos magníficos maestros.

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