Diplomáticos europeos provocan nuevamente al IDF - Shmuel Rosner - Al Monitor

Fue un incidente insignificante en un rincón insignificante del mundo. En el centro de la disputa estaba Marion Fesneau-Castaing, una agregada cultural del Consulado de Francia en Jerusalén. Ella y algunos de sus colegas, la mayoría de ellos diplomáticos de la Unión Europea, se presentó en el Valle del Jordán la semana pasada, el 20 de septiembre, para proporcionar unas tiendas de campaña y otros equipos a unos palestinos cuya aldea (cabañas de hojalata estacionales) recientemente reconstruida había sido demolida por Israel. Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) trataron de evitar que entraran en la zona y entregaran los suministros, pero los diplomáticos eran insistentes. La atmósfera se deterioró rápidamente. Aquí un empujón, por ahí otro empujón, aquí una maldición, aquí un tira y afloja, y Fesneau-Castaing se encontró tirada en el suelo. Ella dijo que los soldados habían sido violentos. De acuerdo a su testimonio, y con la aprobación del alto comisionado de la UE para los Asuntos Exteriores, la UE se apresuró a pedir aclaraciones a Israel y a condenar las acciones supuestamente violentas de los soldados.
Seamos francos. Hemos visto como en ocasiones los soldados de IDF han actuado de manera violenta en circunstancias similares. En este incidente en particular, Israel alegó que la diplomática francesa había abofeteado a un soldado, y que fue ella quien actuó violentamente. Hay incluso una película de corta duración que corrobora esta afirmación del IDF, pero también hay que reconocer que el clip de película no es del todo convincente. Fesneau-Castaing extiende su mano hacia la cara del policía fronterizo. Era evidente que ella estaba molesta, pero apenas le hizo daño. Si eso es todo lo que hizo, se podría haber mostrado cierta compostura e ignorarla.
La verdadera pregunta, en primer lugar, es por qué Fesneau-Castaing estaba allí. ¿Qué estaba esperando hacer allí, y quienes eran los otros "valientes diplomáticos" de los otros países, y qué esperaban hacer con su colega? Ellos dicen que fueron hasta allí para asegurarse que se respetara el derecho internacional. Fueron a proteger a los residentes locales. Esa es su manera "diplomática" de decir que iban a sabotear intencionalmente las políticas y las decisiones legales de Israel. En otras palabras, Israel acoge a unos representantes de Estados extranjeros que se aprovechan de su protección para participar en conflictos con sus soldados, y para evitar el ejercicio de su autoridad en las zonas bajo su control.
El origen de la controversia es la decisión de Israel de demoler unos edificios en el pueblo de Khaled Makhul (también llamado Khirbet al-Makhoul). Sin duda fue una decisión desagradable cuya naturaleza no se ve bien en las cintas. Es natural que los palestinos que viven (estacionalmente) en ese polémico montón de chozas de hojalata se opusieran a esta decisión. Trataron de impedirlo y a ellos se unieron varias organizaciones de derechos humanos. Es bueno que existan organizaciones de derechos humanos, y es bueno que haya alguien que esté tratando de proteger a los sectores más débiles de la población. Y es bueno que el caso fuera elevado judicialmente por los residentes de Khaled Makhul e hiciera todo el camino hasta la Corte Suprema. Este es el mismo tribunal que obligó al gobierno a liberar a las personas que ingresaron en el país ilegalmente de las penas de prisión de tres años sin juicio, causando un gran revuelo entre la derecha. Si la Corte Suprema hubiera dictaminado que el pueblo de Khaled Makhul no debía ser demolido, los diplomáticos europeos habrían aplaudido la decisión y el Estado de Israel habría obedecido. Esta vez, sin embargo, los jueces resolvieron de una manera diferente: Israel tenía derecho a demoler Khaled Makhul. Como es aceptado en estos casos, Israel actuó dentro de los límites de la ley y demolió la aldea. Y como ya es costumbre, los diplomáticos europeos establecidos en Israel, como no les gustó la decisión, decidieron sabotearla. Después de todo, no se ajustaba a su visión del mundo.
Traten de imaginar el suceso contrario. En ese hipotético escenario un diplomático israelí se dispone a protestar por alguna acción del gobierno francés [N.P.: se me ocurre la expulsión de gitanos rumanos y bulgaros de los campos en los que se habían establecido] y lanza un golpe a la cara de un miembro de las fuerzas de seguridad francesas. O imaginen que el diplomático israelí hubiera entrado en una zona militar cerrada en un país extranjero, hubiera empujado a los soldados allí presentes, los hubiera insultado y tratado de evitar que aplicaran una decisión de los tribunales locales. Imaginen que el diplomático israelí tratara abiertamente de socavar las políticas del país que lo acogía. Aunque Israel tiene una reputación bien conocida de chuptza - franqueza sin delicadeza o brusquedad -, todavía es difícil imaginar ese hipotético escenario con un diplomático israelí.
Los diplomáticos europeos que llegan a Israel y se inmiscuyen en estos problemas por sí mismos y/o a través de gente que envían o patrocinan, lo hacen a sabiendas de que los soldados del IDF no les harán daño realmente. Podemos suponer que ninguno de ellos se atrevería a levantar la mano contra un soldado de cualquier otro país de la región, por ejemplo, contra un soldado del ejército sirio del presidente Bashar al-Assad.
En cualquier caso, es fácil perderse en la ridícula guerra de las versiones contradictorias de esta guerra de kindergarten: Ellos empezaron. No, ella empezó. No, ellos (los soldados) fueron violentos. No, se trataba de un puro acto de provocación. Alternativamente, se puede suponer que definitivamente había un soldado por allí, o quizás dos, que no estuvo atento al sistema de seguridad previsto, y que desbordado o cansado tiró de una camisa en el momento equivocado, o bien no exhibió la máxima compostura o no estuvo a la altura. Desde luego que es muy posible, pero solamente hay una cosa sobre la que no puede haber ninguna duda: la agregada cultural no estaba allí para participar en un debate civilizado. Ella estaba buscando problemas y los encontró. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel respondió mordazmente al incidente, calificándolo como una "provocación innecesaria". Desde la perspectiva de Israel, era completamente innecesario, pero en lo que se refiere a los diplomáticos extranjeros, habían logrado su propósito.
Desde este punto en adelante, todo es un juego de poder. Se debe hacer todo lo posible para frenar a estos diplomáticos que, estando estacionados en Israel, sabotean sus políticas intencionadamente. No es una tarea fácil. Tienen el respaldo de gobiernos poderosos con los que Israel tiene un decidido interés en mantener relaciones cordiales. Por otra parte, a veces se hace necesario establecer límites y declarar que Israel no aceptará permanecer de brazos cruzados, como parece haber sido el caso esta vez. Pocos días después del incidente, se informó de que la diplomática en cuestión terminará su misión en Israel a finales de año. Sólo debemos desear que en su próxima misión en otro país pueda demostrar una verdadera valentía, enfrentándose a unos soldados menos habituados al mantenimiento de la dignidad de los diplomáticos extranjeros.
Labels: Europa equidistante, IDF, SRosner


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