Friday, February 21, 2014

Buen artículo: ¿"Dar una oportunidad a la paz"? - Daniel Gordis


Discurso de Jabotinsky en el Manhattan Center en 1940

En su novela ganadora del premio Pulitzer, "El legado de Humboldt" de Saul Bellow, su personaje principal Von Humboldt Fleisher es un consumado americano. Él se preocupa por los Estados Unidos más que por cualquier otra cosa. También lee vorazmente, pero cuanto más lee, más abatido se siente, porque no está buscando ese tipo de complejidad. Él desea un universo más simple.  La "historia", dice Bellow del Humboldt americano, "fue una pesadilla mientras lo que él estaba tratando de conseguir era una buena noche de sueño".

Cincuenta años antes de la novela de Bellow, en 1907, Zeev Jabotinsky escribió su tercera y última obra, "Una tierra extraña". En ella presenta a un joven judío ruso, Gonta, que acaba de regresar de una estancia de varios años en los Estados Unidos. Gonta se había ido a Estados Unidos "para olvidar", según dice. Y cuando se le preguntó qué era lo que esperaba olvidar, él responde: "Lo que yo era".

Se trata de dos escritores totalmente diferentes, uno estadounidense y otro europeo, separados por un océano, y en gran parte por ideologías en competencia y por medio siglo. Sin embargo, y para ambos, América era el lugar donde uno esencialmente podía utilizar anteojeras.  En América, uno podía olvidarse quién era, en América se podía conseguir una buena noche de sueño, incluso en medio de esa pesadilla llamada historia.

Eso, por supuesto, ha sido clave para la grandeza de Estados Unidos, para su optimismo, para su sentimiento de que cada problema tiene una solución. Los Estados Unidos han alcanzado la mayoría de edad combatiendo durante la gran mayoría de sus guerras en territorios muy alejados, amortiguada su participación por grandes océanos que delimitaban el objeto de su interés, pero que tampoco representaban una fuente de angustia personal.

El caso de Israel no podría ser más diferente. Nadie va a Israel, de manera temporal o permanente, para olvidar lo que es. Nadie va a Israel para conseguir una buena noche de sueño en medio de esa pesadilla llamada historia. Para ir a Israel uno tiene que sentir que representa el foco de su propia existencia. Ir a Israel representa, en ocasiones, introducirse en una pesadilla aunque se esté despierto. No hay océanos por aquí que sirvan de amortiguadores. No existe el lujo de luchar nuestras guerras lejos, en tierras que nunca veremos. Durante la Segunda Guerra del Líbano y en Gaza, los conflictos más recientes, nuestros amigos acumularon comida para sus hijos que estaban en el frente, y a veces incluso durante el Shabat  la cargaron en los maleteros de sus coches y se la fueron a entregar a sus muchachos.  No fueron a Irak o Afganistán - lugares fuera de la vista y, a menudo fuera de nuestra mente -, si no aquí mismo.

El ADN de las dos comunidades judías más grandes e importantes del mundo no puede ser más diferente. Nos necesitamos los unos a los otros, y ambos tenemos que aprender mucho los unos de los otros, pero no podríamos ser más diferentes.

América se trata de un lugar donde uno puede imaginarse que si juegas bien tus cartas no tendrás ningún enemigo, pero Israel es una clase de lugar donde un exceso de confianza de ese tipo puede hacer que te maten. América es un lugar donde los jóvenes judíos americanos experimentan una especie de "fatiga del Holocausto", por lo que no desean oír mucho más sobre ello,  después de todo, sucedió hace mucho tiempo y es hora de seguir adelante. Sin embargo en Israel existe un lugar llamado Yad Vashem que representa toda una institución nacional, donde las imágenes del Holocausto y su memoria se pueden encontrar por todas partes, donde los derechistas israelíes utilizaron carteles donde Yitzhak Rabin aparecía disfrazado de Hitler (y luego fingieron preguntarse por qué fue asesinado), donde algunos extremistas haredim han vestido a sus hijos de víctimas de los campos de concentración para tratar de obtener un rédito político, y es que la Shoah, en Israel, para bien o para mal, es un recordatorio de la vulnerabilidad real del pueblo judío.

Por todo esto, ese mantra tan popular de "Give Peace a Chance" (dar una oportunidad a la paz) que tantos comprometidos y bien intencionados líderes judíos de la diáspora dirigen a Israel, ofende a muchos israelíes medios como si fuera una especie de reprimenda ingenua y ridícula. "Si el secretario de Estado de EEUU John Kerry fracasa, será debido a que los dirigentes israelíes y palestinos no han podido reunir el valor necesario para adoptar esas dolorosas y necesarias medidas para la paz, la seguridad y la dignidad", dijo recientemente uno de esos bien intencionados líderes judíos americanos. Ah, ese lujo del equilibrio, del optimismo, de la creencia de que cada conflicto tiene una solución.  Ese lujo es el típico regalo de una memoria amortiguada por la existencia de enormes océanos.

Es por eso que estoy realmente encantado de que el libro del día sobre Israel de los judíos americanos sea el de Ari Shavit, "Mi Tierra Prometida: El Triunfo y la Tragedia de Israel". Es maravilloso no solamente porque el libro de Shavit plantea cuestiones importantes sobre el sionismo que todos debemos afrontar, sino porque su dotada pluma ilustra como unos sionistas profundamente comprometidos - que viven aquí, que envían a sus hijos al ejército y que se quedarán aquí a pesar de lo que les podría suceder - creen que la clave para un sionismo efectivo radica en hacerse preguntas terriblemente penetrantes acerca de las opciones adoptadas.

Así que aquí está mi pregunta para todos estos Humboldt de hoy, esos que simplemente no quieren que una pesadilla les moleste su sueño. ¿Dónde están los Ari Shavit palestinos o árabes? No me refiero a Ayaan Hirsi Ali o Wafa Sultan, esos que odian la tradición en la que fueron criados. Me refiero a los musulmanes comprometidos que optan por permanecer en el Líbano, Siria, Jordania, o bien en Cisjordania, y que escriban críticamente de su propia cultura de la misma forma en que Shavit lo hace sobre su querido Israel.

¿Han leído, u oído hablar, de un solo libro de cualquier ciudadano de esos países (que optan por quedarse allí) que diga que la agresión árabe de 1947-49 contra Israel fue un error? ¿Han leído, u oído hablar, de un solo libro de una de esas personas que diga que el intento de destruir al recién nacido Estado judío fue algo moralmente incorrecto? ¿Han leído un solo libro de algún palestino comprometido que diga que, al igual que los palestinos tienen derecho a un estado, también lo tienen los judíos, y que ha llegado la hora de que los palestinos reconozcan a Israel como un Estado judío?

Yo no lo he leído u oído aún.

Cuando (no "si", sino "cuándo", me temo) las conversaciones fracasen, será en parte debido a que ambos líderazgos, israelí y palestino, cometieron algunos graves errores. Pero la verdadera razón será porque la Guerra de la Independencia no ha terminado. La verdadera razón será que al día de hoy ningún líder palestino se ha dirigido a su gente y les ha dicho: "Los judíos también son indígenas de aquí. Ellos también tienen derecho a una patria aquí, así que vamos a compartir el territorio".

¿Han oído hablar de esa manera, y en árabe, a los líderes palestinos? ¿Creen ustedes que es probable que suceda pronto? ¿Creen ustedes que es muy probable que vivan lo suficiente para verlo u oírlo?

Yo no.

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