Thursday, November 27, 2014

El canal secreto de las negociaciones entre israelíes y palestinos - Raphael Ahren - Times of Israel



Los israelíes y los palestinos que participaron en unas negociaciones secretas en un canal oculto hicieron grandes avances en los principales problemas durante las conversaciones de paz del año pasado, pero los esfuerzos se vinieron abajo después de que quedó claro que el negociador palestino no tuvo el respaldo del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, según un informe publicado este miércoles.

De acuerdo con la revista The New Republic, el estrecho colaborador del primer ministro Benjamin Netanyahu, Yitzhak Molcho, se reunió con un confidente anónimo palestino de Abbas durante las conversaciones de paz moderadas por los americanos durante  2013-2014, donde además mantuvo negociaciones secretas secundarios.

Lo que los funcionarios israelíes no estuvieron al tanto es que esas conversaciones por canales alternos al parecer tuvieron lugar sin el apoyo de Abbas.

Los contactos entre Molcho y el negociador palestino, cuyo nombre no fue publicado por la revista estadounidense por temor a represalias, se iniciaron en 2010.

Según el informe, durante las reuniones de 2013, los dos negociadores construyeron sobre entendimientos alcanzados previamente sobre las fronteras y el reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío.

Los dos negociadores estuvieron muy cerca de llegar a un entendimiento sobre la cuestión de los refugiados palestinos, pero no pudieron ponerse de acuerdo sobre el estatus de Jerusalén para un acuerdo final.

La oficina de Netanyahu se negó a comentar esta noticia a los Times of Israel.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, el enviado de Obama a Oriente Medio Martin Indyk, y la jefa negociadora israelí y ministra de Justicia, Tzipi Livni, fueron conscientes de éste canal secreto y recibieron información regular mientras se llevaban a cabo, según el informe.

Cuando las dos partes estaban cerca de llegar a un acuerdo sobre cuestiones clave en diciembre de 2013, el viento de las conversaciones llegó a la prensa. Mientras que el equipo de Netanyahu se negó a realizar comentarios, Abbas negó que existieran negociaciones secretas y dijo que las las conversaciones oficiales eran "el único canal de comunicación con Netanyahu".

"Cuando Kerry trató de fusionar las negociaciones oficiales y secretas a principios de 2014, Abbas rechazó completamente lo que supuestamente había sido ya aceptado por su propio negociador", dijo el informe.

Según la revista, el rechazo de Abbas a este canal lateral, y la negativa de Netanyahu a ceder en lo que Molho y el negociador palestino acordaron, jugaron un gran papel en el colapso de las conversaciones en abril, después de nueve meses de negociaciones.

"Netanyahu se enojó con Kerry por asumir unos entendimientos que todo el mundo consideraba como un hecho, justamente cuando Abbas había cambiado de opinión", dijo un ministro citado por la revista mientras las conversaciones estaban todavía en curso.

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Friday, February 21, 2014

Buen artículo: ¿"Dar una oportunidad a la paz"? - Daniel Gordis


Discurso de Jabotinsky en el Manhattan Center en 1940

En su novela ganadora del premio Pulitzer, "El legado de Humboldt" de Saul Bellow, su personaje principal Von Humboldt Fleisher es un consumado americano. Él se preocupa por los Estados Unidos más que por cualquier otra cosa. También lee vorazmente, pero cuanto más lee, más abatido se siente, porque no está buscando ese tipo de complejidad. Él desea un universo más simple.  La "historia", dice Bellow del Humboldt americano, "fue una pesadilla mientras lo que él estaba tratando de conseguir era una buena noche de sueño".

Cincuenta años antes de la novela de Bellow, en 1907, Zeev Jabotinsky escribió su tercera y última obra, "Una tierra extraña". En ella presenta a un joven judío ruso, Gonta, que acaba de regresar de una estancia de varios años en los Estados Unidos. Gonta se había ido a Estados Unidos "para olvidar", según dice. Y cuando se le preguntó qué era lo que esperaba olvidar, él responde: "Lo que yo era".

Se trata de dos escritores totalmente diferentes, uno estadounidense y otro europeo, separados por un océano, y en gran parte por ideologías en competencia y por medio siglo. Sin embargo, y para ambos, América era el lugar donde uno esencialmente podía utilizar anteojeras.  En América, uno podía olvidarse quién era, en América se podía conseguir una buena noche de sueño, incluso en medio de esa pesadilla llamada historia.

Eso, por supuesto, ha sido clave para la grandeza de Estados Unidos, para su optimismo, para su sentimiento de que cada problema tiene una solución. Los Estados Unidos han alcanzado la mayoría de edad combatiendo durante la gran mayoría de sus guerras en territorios muy alejados, amortiguada su participación por grandes océanos que delimitaban el objeto de su interés, pero que tampoco representaban una fuente de angustia personal.

El caso de Israel no podría ser más diferente. Nadie va a Israel, de manera temporal o permanente, para olvidar lo que es. Nadie va a Israel para conseguir una buena noche de sueño en medio de esa pesadilla llamada historia. Para ir a Israel uno tiene que sentir que representa el foco de su propia existencia. Ir a Israel representa, en ocasiones, introducirse en una pesadilla aunque se esté despierto. No hay océanos por aquí que sirvan de amortiguadores. No existe el lujo de luchar nuestras guerras lejos, en tierras que nunca veremos. Durante la Segunda Guerra del Líbano y en Gaza, los conflictos más recientes, nuestros amigos acumularon comida para sus hijos que estaban en el frente, y a veces incluso durante el Shabat  la cargaron en los maleteros de sus coches y se la fueron a entregar a sus muchachos.  No fueron a Irak o Afganistán - lugares fuera de la vista y, a menudo fuera de nuestra mente -, si no aquí mismo.

El ADN de las dos comunidades judías más grandes e importantes del mundo no puede ser más diferente. Nos necesitamos los unos a los otros, y ambos tenemos que aprender mucho los unos de los otros, pero no podríamos ser más diferentes.

América se trata de un lugar donde uno puede imaginarse que si juegas bien tus cartas no tendrás ningún enemigo, pero Israel es una clase de lugar donde un exceso de confianza de ese tipo puede hacer que te maten. América es un lugar donde los jóvenes judíos americanos experimentan una especie de "fatiga del Holocausto", por lo que no desean oír mucho más sobre ello,  después de todo, sucedió hace mucho tiempo y es hora de seguir adelante. Sin embargo en Israel existe un lugar llamado Yad Vashem que representa toda una institución nacional, donde las imágenes del Holocausto y su memoria se pueden encontrar por todas partes, donde los derechistas israelíes utilizaron carteles donde Yitzhak Rabin aparecía disfrazado de Hitler (y luego fingieron preguntarse por qué fue asesinado), donde algunos extremistas haredim han vestido a sus hijos de víctimas de los campos de concentración para tratar de obtener un rédito político, y es que la Shoah, en Israel, para bien o para mal, es un recordatorio de la vulnerabilidad real del pueblo judío.

Por todo esto, ese mantra tan popular de "Give Peace a Chance" (dar una oportunidad a la paz) que tantos comprometidos y bien intencionados líderes judíos de la diáspora dirigen a Israel, ofende a muchos israelíes medios como si fuera una especie de reprimenda ingenua y ridícula. "Si el secretario de Estado de EEUU John Kerry fracasa, será debido a que los dirigentes israelíes y palestinos no han podido reunir el valor necesario para adoptar esas dolorosas y necesarias medidas para la paz, la seguridad y la dignidad", dijo recientemente uno de esos bien intencionados líderes judíos americanos. Ah, ese lujo del equilibrio, del optimismo, de la creencia de que cada conflicto tiene una solución.  Ese lujo es el típico regalo de una memoria amortiguada por la existencia de enormes océanos.

Es por eso que estoy realmente encantado de que el libro del día sobre Israel de los judíos americanos sea el de Ari Shavit, "Mi Tierra Prometida: El Triunfo y la Tragedia de Israel". Es maravilloso no solamente porque el libro de Shavit plantea cuestiones importantes sobre el sionismo que todos debemos afrontar, sino porque su dotada pluma ilustra como unos sionistas profundamente comprometidos - que viven aquí, que envían a sus hijos al ejército y que se quedarán aquí a pesar de lo que les podría suceder - creen que la clave para un sionismo efectivo radica en hacerse preguntas terriblemente penetrantes acerca de las opciones adoptadas.

Así que aquí está mi pregunta para todos estos Humboldt de hoy, esos que simplemente no quieren que una pesadilla les moleste su sueño. ¿Dónde están los Ari Shavit palestinos o árabes? No me refiero a Ayaan Hirsi Ali o Wafa Sultan, esos que odian la tradición en la que fueron criados. Me refiero a los musulmanes comprometidos que optan por permanecer en el Líbano, Siria, Jordania, o bien en Cisjordania, y que escriban críticamente de su propia cultura de la misma forma en que Shavit lo hace sobre su querido Israel.

¿Han leído, u oído hablar, de un solo libro de cualquier ciudadano de esos países (que optan por quedarse allí) que diga que la agresión árabe de 1947-49 contra Israel fue un error? ¿Han leído, u oído hablar, de un solo libro de una de esas personas que diga que el intento de destruir al recién nacido Estado judío fue algo moralmente incorrecto? ¿Han leído un solo libro de algún palestino comprometido que diga que, al igual que los palestinos tienen derecho a un estado, también lo tienen los judíos, y que ha llegado la hora de que los palestinos reconozcan a Israel como un Estado judío?

Yo no lo he leído u oído aún.

Cuando (no "si", sino "cuándo", me temo) las conversaciones fracasen, será en parte debido a que ambos líderazgos, israelí y palestino, cometieron algunos graves errores. Pero la verdadera razón será porque la Guerra de la Independencia no ha terminado. La verdadera razón será que al día de hoy ningún líder palestino se ha dirigido a su gente y les ha dicho: "Los judíos también son indígenas de aquí. Ellos también tienen derecho a una patria aquí, así que vamos a compartir el territorio".

¿Han oído hablar de esa manera, y en árabe, a los líderes palestinos? ¿Creen ustedes que es probable que suceda pronto? ¿Creen ustedes que es muy probable que vivan lo suficiente para verlo u oírlo?

Yo no.

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Saturday, November 09, 2013

A leer para comprender de que van las nuevas negociaciones: La paz exige que los palestinos reconozcan a Israel como un "Estado judío" - Zvi Hauser - Al-Monitor



No se alcanzará un acuerdo permanente entre israelíes y palestinos sin decisiones históricas por ambas partes. En su artículo en el Al-Monitor, Nabil Kassis fue muy cortés y sincero aclarándonos que los palestinos están muy lejos de permitir ese histórico reconocimiento que permitiría un acuerdo permanente entre los dos pueblos.

Las diferencias que separan a israelíes y palestinos son muchas y comprensibles, especialmente a la luz de la última década. Las disputas sobre las medidas de seguridad y las fronteras adquieren un significado diferente dado el control de Hamas del territorio palestino de Gaza y el colapso de la estabilidad en el Oriente Medio árabe. Para estas preocupaciones y desafíos se requieren soluciones del siglo XXI, incluyendo temas tan complejos como el futuro de los cientos de miles de israelíes que viven en territorio disputado por ambos países, algunos de ellos viviendo allí en comunidades de colonos desde hace tres generaciones y durante casi medio siglo, el control y el acceso a los lugares sagrados, incluyendo la cuenca santa de Jerusalén, la diáspora palestina y su futuro, la división de los recursos naturales comunes y las diferencias sobre las normas ambientales.

Por difícil que sea, estos conflictos y otros como ellos se pueden resolver. Existe un potencial razonable para un compromiso que sea aceptable para ambas partes. Pero una pregunta básica se cierne por encima de todo, y que hay que resolver para garantizar la paz y la estabilidad entre los dos pueblos: ¿Cómo será el formato de un acuerdo permanente entre los dos partes que se combaten?

Dos opciones se han asentado en la mesa de negociaciones desde que comenzaron las conversaciones. Ambas implican la partición del territorio al oeste del río Jordán para crear dos "Estados-nación". En la jerga de marketing, es la diferencia entre "una visión de dos estados" o "la visión de dos estados para dos pueblos". Un gran abismo separa a esas dos visiones y estados, aunque sólo sea una palabra la que realmente las distingue. Se suela salvar esta diferencia con lugares comunes acerca de una "decisión histórica", "decisiones difíciles" y "un liderazgo valiente".

Desde que comenzaron las negociaciones, Israel ha sido llamado a reconocer el derecho de los palestinos a su autodeterminación y la obtención de un Estado palestino en el territorio de Judea, Samaria y la Franja de Gaza. La demanda básica palestina en las negociaciones fue y sigue siendo que los palestinos tengan plenos derechos de ciudadanía en el territorio de un futuro Estado palestino. Sin embargo, la demanda palestina oficial no se detiene allí. También rechaza cualquier derecho especial para los ciudadanos israelíes en el territorio mencionado, incluidos los derechos existentes de adquisición. El modelo al que aspiran los palestinos no sólo niega tolerar los derechos colectivos de cualquier persona que no pertenezca a la nacionalidad palestina, de acuerdo con la visión palestina dominante incluso un ciudadano israelí no tendrá ningún derecho en el territorio bajo la jurisdicción del Estado palestino.

Cabe señalar aquí que el territorio destinado al Estado palestino fue el "territorio formativo" del pueblo judío, donde la civilización judía fue tomando forma, a donde fue arrojado el pueblo judío y donde el "Libro de los Libros" fue compuesto y registrado. La relación histórica y cultural entre Judea y Samaria y el pueblo judío no es la misma que la relación entre Argelia y los franceses o entre Gibraltar y los británicos. Sin embargo, al Estado de Israel se le pide que "participe en la paz" de esta región para la posteridad y que para ello debe renunciar para siempre a los derechos que se derivan de sus vínculos con estos territorios. Esta es la importante e histórica decisión que enfrenta el liderazgo de Israel.

Sin embargo, bajo ese mismo aliento, los líderes del ala pragmática de la sociedad palestina han rechazado y hecho pedazos por completo la idea de un compromiso al negarse a reconocer los derecho del pueblo judío a su autodeterminación nacional y sus derechos sobre esas tierras donde la nacionalidad palestina se ha formado. En otras palabras, se niegan a renunciar a los derechos nacionales de los palestinos en el territorio del Estado de Israel para la posteridad. Kassis, así como a los líderes palestinos que han estado llevando a cabo las negociaciones con Israel desde la Conferencia de Madrid hasta hoy, está tratando de evitar afrontar esa difícil decisión, prefiriendo ocultar las diferencias entre las distintas versiones de un arreglo permanente.

La propuesta palestina formulada por Kassis no puede ser la base de un acuerdo, ya que reconoce al pueblo judío como una religión, pero no como una nación, y no tiene en cuenta que los judíos son un colectivo que tiene derecho a la autodeterminación. Este es el Rubicón que los líderes palestinos deben cruzar y se deben llevar a su gente con ellos. En cambio, los palestinos están tratando de imponer una definición artificial y unilateral a la otra parte mediante el reconocimiento de la existencia de una "nacionalidad israelí". Hace apenas unas semanas, el Tribunal Supremo de Israel determinó que tal determinación no refleja ninguna realidad en absoluto.

La "nacionalidad israelí" es un término demasiado simplificado para ese marco político que proponen de un Estado judío binacional y un Estado palestino (bajo ningún concepto binacional). Después de todo, los palestinos no lo hacen y no tendrán en cuenta a los árabes israelíes, una comunidad que se separará de Palestina cuando se cree la nueva nación, mientras que la comunidad judía en Israel no borrará sus lazos históricos nacionales con la diáspora judía en todo el mundo, ahora o en cualquier momento del futuro. Detrás de esta disposición a reconocer el "Estado de Israel", y ese rechazo simultáneo de reconocer a un "Estado nacional del pueblo judío", se halla la intención de aceptar solamente unas relaciones pacíficas y de buena vecindad con un estado (el Israel binacional) en el que las dos comunidades vivan con igualdad de derechos nacionales. Los representantes del pueblo palestino en las negociaciones no estarán satisfechos con una plena igualdad de derechos para todos los ciudadanos de Israel, independientemente de su origen, algo que la democracia israelí ya ofrece ostensiblemente. En lo que a ellos respecta, la entidad política "israelí" sólo puede ser reconocida con un formato política binacional, o en su engañosa terminología, como "un Estado de todos sus ciudadanos".

Por lo tanto, la visión de "dos estados" de la diplomacia palestina consta de un Estado nacional palestino libre de cualquier presencia judía, junto a un Estado israelí binacional, de judíos y palestinos, en un formato similar a la disposición entre cristianos y musulmanes en el Líbano. Este formato lleva a un callejón sin salida y no a un acuerdo de paz. Sólo el reconocimiento de Israel como el Estado nacional del pueblo judío, junto con el reconocimiento de un Estado nacional palestino, puede lograr un compromiso histórico que satisfaga las demandas de los pueblos. Tales decisiones históricas pueden ser insoportables, pero cualquier intento de ignorar, minimizar o evitar esta pregunta central significa aquiescencia con la incertidumbre histórica y deja la puerta abierta para nuevos y renovados estallidos del conflicto.

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