Sunday, February 23, 2014

Mahmoud Abbas tiene la llave de la paz - Shlomo Avineri - Haaretz



No estoy seguro de si el primer ministro Benjamin Netanyahu tiene razón a la hora de colocar una vez más la cuestión del reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación judío en el centro del discurso político. Es posible que ciertas personas tengan razón cuando dicen que el propósito de Netanyahu es volver las negociaciones aún más difíciles. Pero debemos recordar que fue Tzipi Livni quién primero planteó el tema, y eso fue en el 2000, y más tarde en la Conferencia de Annapolis de 2007. Netanyahu no tiene los derechos de autor de esa idea, y aunque Livni no considera esta reconocimiento como una condición previa a las negociaciones, claramente lo considera como un componente esencial de cualquier futuro acuerdo de paz.

Yo no estoy entusiasmado con esta idea en estos momento, y sigo pensando que es un error, en primer lugar, porque se basa en un malentendido fundamental de la cuestión del reconocimiento. El reconocimiento político o diplomático está reservado para los estados, no para las organizaciones. Solo un Estado puede reconocer - o no reconocer - a otro estado. Y por eso la gente que dice que la OLP - o la Autoridad Palestina, que no es un estado - no están autorizados por la ley internacional a reconocer al Estado de Israel, están en lo cierto, ya que son esos que dicen que tampoco seguimos los dictados de la OLP o la AP.

Además, incluso cuando un Estado reconoce a otro, eso no implica el reconocimiento de su estructura política: cuando, después de muchos años, los Estados Unidos en 1933 reconocieron formalmente a la Unión Soviética, fue simplemente un reconocimiento como Estado, no como un Estado comunista o marxista, y cuando la mayoría de las democracias del mundo reconocieron a Israel después de su creación, también lo hicieron como estado y nada más, y eso sin duda era suficiente.

Pero el asunto es más complicado. El liderazgo palestino, desde el presidente Mahmoud Abbas al jefe negociador Saeb Erekat, rechazó vehementemente la demanda israelí. El rechazo palestino, de hecho, toca la raíz del conflicto, es decir, que los palestinos prefieren presentar a Israel como la entidad que controla los territorios ocupados desde 1967, y no están dispuestos a hacer frente a sus aspectos más profundos.

Después de todo, es un hecho que en 1947/48 los palestinos rechazaron el plan de partición de la ONU y fueron a la guerra. ¿Contra quién? ¿Contra la Patagonia? ¿Contra la Antártida? Ellos rechazaron una resolución que otorgaba la legitimidad internacional para el establecimiento de un Estado judío en parte de Palestina y fueron a la guerra contra el Estado judío y su creación. A día de hoy, ni una sola palabra de crítica interna se ha escuchado en el campo palestino acerca de esta decisión. ¿Sería demasiado pensar que los israelíes esperan que los palestinos dejen en claro que, como parte del proceso de paz y del fin del conflicto, ahora aceptan el Estado-nación judío contra el que fueron a la guerra en 1948?

Como ya se ha señalado, no creo que esto debiera ser incluido en el acuerdo de paz entre Israel y los palestinos, pero uno puede entender un escenario diferente.

El liderazgo palestino debe ser consciente del profundo escepticismo existente en Israel sobre su verdadera disposición a poner fin al conflicto, especialmente a la luz del hecho de que en el discurso palestino los judíos no son considerados una nación, sino solamente una comunidad religiosa. Cuando Abbas dice, en una conferencia en Ramallah, que el liderazgo palestino no puede renunciar al derecho al retorno de los refugiados palestinos ya que se trata de "una decisión individual", eso sólo intensifica el escepticismo israelí.

Imaginemos qué pasaría si Abbas decidiera aparecer en la televisión israelí para emitir esta simple declaración: "Tenemos profundos desacuerdos, pero me gustaría decirle al público israelí que, después de décadas de no estar dispuesto a aceptarlos, ahora sí estamos dispuestos a aceptarles a ustedes y a su Estado". El presidente egipcio Anwar Sadat usó palabras similares en su histórico discurso ante la Knesset y fue abrazado por los israelíes porque entendieron el mensaje.

No hay necesidad del reconocimiento diplomático, pero existe la necesidad de que aquellos que nos rechazaron se acerquen al pueblo de Israel directamente y le convenzan de que ahora están dispuestos a aceptarlo. No hay necesidad de formulaciones diplomáticas o verborrea sofisticadas. Sólo palabras simples, sin ambigüedades.

Sin duda tal afirmación cambiaría el discurso en Israel. Por supuesto que no persuadirá a los que creen en la Gran Tierra de Israel. Pero tendría un impacto de largo alcance sobre los israelíes situados en el centro del mapa político: Las encuestas de opinión durante bastantes años han dicho que aceptarían una solución de dos estados, pero también han justificado las dudas de que los palestinos estén realmente preparados para ello .

La oposición justificada de la izquierda israelí a la delirante perpetuación de la empresa de los asentamientos en los territorios no debe cegarnos e impedirnos ver que la falta de progreso en las negociaciones es consecuencia en gran parte de la falta de voluntad de los palestinos a la hora de reconocer al Estado de Israel en unos términos lo suficientemente claros para dar a entender que la razón por la que fueron a la guerra en 1947/48 ya no existe.

Eso no es un simple desafío para el movimiento nacional palestino. Pero, como en 1947-1948, también hoy los palestinos tienen la clave. Luego ellos fueron a la guerra, lo que les llevó a la catástrofe. Ahora pueden elegir la verdadera reconciliación entre los dos movimientos nacionales entroncados con esta tierra. La errónea política de asentamientos del gobierno de Netanyahu no debe oscurecer este hecho básico.

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