Saturday, March 29, 2014

J Streetfobia y como echar abajo ese debate tan solicitado - Tom Wilson - Commentary



Un documental titulado simplemente The J Street Challenge (El desafío JStreet) ha estado provocando mucho debate y controversia en las últimas semanas. Escribí sobre ello cuando se desató por vez primera, pero desde entonces el debate en torno al documental no ha dejado de crecer poderosamente. Más recientemente, un conflicto se presentó cuando simpatizantes del lobby de izquierdas J Street protestaron por la proyección del documental en el Greater Philadelphia Hillel. Con JStreet postulándose para unirse a la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses, parece que éste no es un debate que los miembros y partidarios de J Street quieren que se desate en la comunidad en estos momentos. Pero el caso es que durante años J Street y los que comparten sus puntos de vista han estado pidiendo repetidamente un debate de este tipo. Este documental, con figuras como el profesor de Harvard Alan Dershowitz y el editor de Wall Street Bret Stephens, representa el esfuerzo más concertado de la corriente principal del sionismo americano para responder a las reclamaciones de J Street con claros contraargumentos.

Esto es lo que los "sionistas liberales y/o progresistas" de la izquierda judía han estado exigiendo, por lo que deberían estar muy contentos de que por fin alguien les tomara en serio como para responderles, ¿no creen? Pues no, se equivocan. Como siempre, en lugar de asumir cualquiera de estas acusaciones directamente, simplemente han tomado la decisión de elegir ese método tan utilizado de cerrar el debate demonizando a cualquiera que critique sus puntos de vista. El ejemplo más reciente, y de hecho más sorprendente, proviene de un artículo de Bradley Burston publicado en el Haaretz . En su artículo "J-Streetophobia, y el odio de la derecha judía americana por los judíos americanos",  Burston argumenta que este documental es una ventana a la mente de los que él llama "los judíos de derechas", y expone cómo esa facción en plena ebullición está impulsada por su resentimiento hacia el resto de la comunidad judía. De hecho, la mayoría de las voces que aparecen en este documental se sitúan en línea con el consenso pro-Israel.

Tal vez lo más llamativo de esta línea de argumentación es el conjunto unidireccional de normas que utilizan. Cuando los judíos liberales o progresistas americanos critican, condenan, y sí, a veces demonizan a los israelíes, nos dicen que lo hacen por amor a Israel. Sin embargo, cuando los que tienen una perspectiva más "derechista" tienen la osadía de tratar de encontrar los defectos en los argumentos de los liberales o progresistas, bueno, entonces obviamente, para estos últimos, se debe exclusivamente a que están motivados por el odio. La verdad es que no es una visión del mundo particularmente sofisticada: los liberales o progresistas son innatamente agradables, mientras que los conservadores, por su propia definición o esencia, son desagradables.

Por supuesto, Burston no nos está revelando nada nuevo, esa perspectiva de buenos y malos es promovida por la última estrella del campo progresista, Peter Beinart, el aspirante a jefe teórico del movimiento. En su manifiesto por el sionismo liberal titulado "La crisis del sionismo", Beinart incluso afirmaba que, contrariamente a la creencia popular, es en realidad el primer ministro israelí Netanyahu quien tiene problemas con el presidente Obama. Esto, nos explica Beinart, se debe a que Obama, como liberal y progresista que es, es un auténtico "presidente judío", y le recuerda a Netanyahu lo que a éste más le disgusta de los propios judíos. Es de suponer que todo esto se supone que es un argumento profundo e inteligente, sin embargo, tras la lectura de estas líneas muchos se han sentido como si estuvieran entrando en una especie de inversión de la realidad al estilo de "Alicia a través del espejo".

El argumento habitual de los sionistas liberales es que la derecha israelí liderada por el Likud es poco más que una pandilla de fascistas empeñados en transformar a Israel en una república bananera. Los colonos son retratados como locos y los ultra-religiosos de una manera aún más espantosa, y la sombría influencia de ambos tira de las riendas invisibles desde los pasillos del gobierno israelí con el fin de mantener al resto de Israel como rehenes de un conflicto imperialista. Por otra parte, quienes hablan en el documental The J Street Challenge en ningún momento tratan de enmarcar a los judíos liberales ni remotamente como presos de su propia mala voluntad. Simplemente tratan de mostrar cómo una visión del mundo repleta de buenas intenciones se ha vuelto muy precaria y equivocada, y cómo el liderazgo de ese movimiento ha demostrado a veces una tendencia hacia la deshonestidad. Sin embargo, Burston describe al documental como obra "de unos bichos raros llenos de amargura, donde personalidades de la derecha judía americana lanzan veneno desde sus púlpitos". Esa misma descripción podría sonar bastante venenosa para la mayoría de los observadores.

Por supuesto, no hay tal cosa como una J-Streetophobia, aunque hay bastantes críticas a muchas de las actividades de J Street que se oponen directamente a la corriente principal. Sin embargo, uno no puede dejar de reflexionar sobre ese modelo tan familiar que tan bien utilizan los sionistas liberales y/o progresistas para tratar de desviar los comentarios críticos del Islam extremista tachándolos como islamofobia. En caso de duda, siempre suelen tratar de apagar el debate con gritos de intolerancia. Dado que los sionistas liberales siguen reclamando un debate abierto dentro de la comunidad judía estadounidense sobre las políticas israelíes, ¿por qué no dejan de demonizar a sus críticos y empiezan a debatir? ¿Podría ser que sospechan que en buena lid que no podrían ganar?

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