Monday, May 01, 2017

Increible, J Street, la organización de la izquierda judía americana, "abraza" a un asentamiento israelí - Stephen Flatow


 J Street, el grupo de izquierda que afirma que se opone firmemente a los asentamientos israelíes ha adoptado un asentamiento israelí.

¿Qué? ¿Cómo ha podido ser?

Esta extraña historia pero cierta comenzó cuando el Parlamento israelí aprobó abrumadoramente una ley que prohibía la entrada de aquellos ciudadanos extranjeros que promovían activamente el movimiento de BDS contra Israel. La ley no impide que los ciudadanos israelíes puedan apoyar el boicot a Israel, ya que su derecho a solicitar la destrucción de su propio país permanece protegida.

La ley tampoco bloquea la entrada de extranjeros que se manifiestan de acuerdo con el BDS. Su derecho a creer lo que quieren creer - y todavía entrar en Israel - se mantiene intacto. La nueva legislación únicamente prohíbe la entrada de aquellas personas que buscan activamente socavar a Israel.

Por alguna razón, eso era demasiado para J Street, que se anuncia “pro-Israel” aunque no deja de criticar a Israel y de comprender a sus enemigos. Por alguna razón, J Street - que también afirma que no es compatible con el BDS - quiere que Israel abra sus puertas a los organizadores y activistas del BDS.

A pesar de que la Liga Antidifamación ha definido al movimiento BDS como antisemita, J Street quiere que los activistas del BDS tengan un acceso sin restricciones a Israel. Afortunadamente, los legisladores de Israel tienen más sentido común que los activistas radicales chic de Whashington, Scarsdale y Potomac. La mayoría de los miembros de la Knesset del partido de izquierda Unión Sionista se unieron a los diputados de la derecha en su apoyo al proyecto de ley anti-BDS.

La semana pasada, la división de J Street en los campus, J Street U(niversity), movilizó a 575 estudiantes judíos para escribir una carta a Birthright Israel, exigiendo que se negaran a cooperar con la nueva ley israelí. Las cartas solicitaban a Birthright que se abstuviera de cualquier selección de candidatos para sus viajes a Israel para determinar si eran activistas del BDS. O para decirlo de otra manera, J Street quiere que los promotores y activistas del BDS puedan explotar su derecho de nacimiento y tengan acceso a Israel bajo su manto, para que así puedan ser rechazados por las autoridades fronterizas israelíes.

Entonces, esto se pone realmente interesante.

Los 575 firmantes se describen a sí mismos como habiendo formado parte de otros viajes por derecho de nacimiento, o que lo estaban planeando para un futuro próximo. Y en la carta se menciona lo que denomina la política de Birthright de no viajar a “Cisjordania”, y por lo tanto se supone que reconocen “una distinción” entre el Israel pre-1967 y los asentamientos judíos de más allá las fronteras de 1967. Pero cuando la Agencia Telegráfica Judía informó sobre la carta de la 575, en su informe añadió una foto de los participantes de Birthright (tal vez incluyendo algunos de los 575 firmantes) posando y sonriendo frente al ”asentamiento judío" más conocido situado más allá de las líneas de 1967.

¡Huy!

Así es, en la foto vemos a unos sonrientes jóvenes judíos americanos visitando un sitio situado más allá de las fronteras de 1967, por lo tanto y según J Street un “asentamiento en territorio ocupado”. Pero este asentamiento está en el itinerario de cada viaje de Birthright. Cada estudiante de J Street U que ha viajado con Birthright debe haberlo visitado. Se llama el Muro Occidental.

Y es que la Autoridad Palestina, muy considerada y escuchada por J Street, considera al Muro Occidental como un “territorio árabe ocupado”. Lo mismo sucede con todos los países árabes, y una buena parte de otros países, como los europeos, según sus votaciones en la Unesco. A sus ojos, el Muro Occidental y el barrio judío que lo rodean son ambos “asentamientos ilegales”.

Es una apuesta segura afirmar que muchos viajes del Birthright visitan otras partes de Jerusalén que los árabes consideran asimismo como “asentamientos”: French Hill, Ramot, Gilo, Talpiot Mizrach y más.

Con esto no quiero decir que los jóvenes de J Street U que visitan estos "asentamientos israelíes" sean unos hipócritas. Tal vez algunos lo sean. O tal vez sólo sean ingenuos y un poco tontos. Tal vez están tan mal informados que no se dan cuenta que cuando visitan el Muro Occidental y muchas otras partes de Jerusalén, están visitando “asentamientos”.

Lo que quiero decir es que ellos - y toda la izquierda judía - están engañándose a sí mismos si creen que los asentamientos judíos que se encuentran en las colinas de Judea y Samaria son el obstáculo para la paz. Se están engañando a sí mismos si creen que conseguir un viaje con Birthright para luego boicotear Shiloh o Beit El o Kiryat Arba conseguirá hacer avanzar la causa de la paz. No lo hará. Porque si se diera la situación de que Israel abandonara Shiloh o Beit El, eso no traería la paz. Los árabes consideran el Muro Occidental y el barrio judío como “asentamientos”. Y si alguna vez toman el control de esos lugares, a continuación Haifa y Tel Aviv serán los próximos "asentamientos" que habría que liberar.

Y quien sabe, quizás entonces también en J Street les apoyarían.

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Saturday, February 14, 2015

Foxman: La campaña lanzada por JStreet (lobby judío progresista pro-Obama) contra Netanyahu es "inflamatoria y repugnante" - Sam Sokol - JPost



La campaña de J Street para tratar de alistar a los judíos estadounidenses en su campaña de protesta contra el próximo discurso ante el Congreso del primer ministro Benjamin Netanyahu es "inflamatoria y repugnante", dijo el director de Liga Anti-Difamación Abraham Foxman el pasado miércoles.

Foxman, quien él mismo ha pedido a Netanyahu que se vuelva a pensar la oportunidad de dar dicho discurso, se mostró en desacuerdo con la afirmación del lobby pro-Obama que "ciertamente él (Netanyahu) no puede reclamar ningún mandato para hablar en nombre de los judíos en los Estados Unidos".

Netanyahu dijo recientemente a una reunión de activistas franceses del Likud que, así como él viajó a París, tras el ataque a Charlie Hebdo y al supermercado kosher, "no sólo como primer ministro de Israel, sino como representante de todo el pueblo judío", él también "quiere ir a cualquier lugar al que se le invite a transmitir la posición de Israel en contra de los que quieren asesinarnos", según informó el Haaretz.

En respuesta, J Street inició una campaña en la que exhortaba a los judíos estadounidenses a hacer oír su voz mediante la firma de una petición donde afirman que no creen que Netanyahu habla por ellos.

"Él está en medio de una campaña electoral bastante difícil, luchando junto con otros líderes de partidos de la derecha por su derecho a representar a los israelíes, pero desde luego no puede reclamar ningún mandato para hablar en nombre de los judíos en los Estados Unidos", se puede leer en la petición.

"El primer ministro lo ha hecho en el pasado y volverá a utilizar al Congreso de los Estados Unidos como apoyo para sus campañas políticas", escribió el director ejecutivo de J Street Jeremy Ben-Ami en la página de Facebook de su organización.

Foxman criticó la campaña lanzada por Ben-Ami a pesar de su propia y abierta oposición a los planes de Netanyahu, afirmando en un comunicado que "con el grado de controversia que rodea al programado discurso del primer ministro Benjamin Netanyahu ante el Congreso, la campaña y la petición de J Street que intenta distanciar a los judíos americanos del primer ministro democráticamente elegido de Israel, resultan inflamatorias y repugnantes, y exacerban las ya muy calientes y politizadas relaciones Estados Unidos-Israel en un momento tan crítico como este con las negociaciones de Occidente con Irán".

"Recordemos lo que está en juego: prevenir que el extremista Irán obtenga un arma nuclear que podría poner en peligro la existencia misma de Israel. Ante ese objetivo, el Sr. Netanyahu seguramente representa no sólo a los israelíes, sino también a los judíos de América".

En una entrevista la semana pasada con el diario judío Forward, Foxman calificó el plan del primer ministro de dirigirse al Congreso de "una tragedia de consecuencias no deseadas". Foxman comentó que el frenesí mediático que rodea al discurso lo ha "convertido en un circo". Foxman señaló que "hay que comenzar de nuevo, y se necesita una declaración adulta y madura, ya que esto no era lo que queríamos. Ahora es el momento de volver a calibrar todo el asunto, volver a empezar y encontrar una nueva plataforma y un nuevo calendario para evitar las distracciones".

Si bien Foxman no cuestionó la urgencia de hacer frente a las ambiciones nucleares de Irán, lo cual debería ser el foco central del discurso, "la controversia desatada le ha arrebatado el mensaje a Netanyahu dejándolo en un segundo plano".

J Street contrarrestó las críticas de Foxman citando una declaración de 1950 de David Ben-Gurion, en la que el primer ministro fundador decía que "el Estado de Israel habla sólo en nombre de sus propios ciudadanos y de ninguna manera pretende representar o hablar en nombre de los judíos que son ciudadanos de cualquier otro país; y que los judíos de los Estados Unidos, como comunidad y como individuos, no tienen un apego político a Israel".

En su réplica, la organización J Street dijo sentirse "sorprendida y desconcertada" por las palabras de Foxman y dijo que no había "nada de inflamatorio o repugnante, ya sea en la forma o en el contenido de nuestras acciones".

El llamamiento de J Street a Netanyahu para que aplace su intervención hasta después de las elecciones de Israel no fue diferente del de Foxman, afirmó el lobby pro-Obama, agregando que la única diferencia entre los dos es que J Street ha "proporcionado un mecanismo para que los muchos judíos de América que sienten que Netanyahu no habla por ellos expresen ese sentimiento".

Netanyahu ha afirmado la importancia de hablar ante el pueblo estadounidense (Congreso) el 24 de marzo. Esa fue la fecha que 10 senadores demócratas, que se mostraron de acuerdo en retrasar la votación de una legislación que contenía nuevas sanciones contra Irán, dieron al presidente Obama como fecha límite, después de la cual se comprometían a cooperar con los republicanos apoyando dicha legislación.

La lobby pro-Obama también afirmó que la inmensa mayoría de los judíos de América apoya el enfoque de la administración Obama sobre Irán frente al de Netanyahu.

J Street también afirmó que el único discurso incendiario y repugnante sobre el tema "ha venido de los grupos de la derecha, como la Organización Sionista de América (ZOA), que ha comparado a los opositores al discurso de Netanyahu a los apaciguadores de Hitler durante la década de 1930".

"Todo el mundo admitirá fácilmente en estos días que el liderazgo judío estadounidense durante la década de 1930, e incluso ya entrada la década de 1940, estuvo ausente y desaparecido en combate ante la causa y la suerte de los judíos de Alemania y de Europa", les respondió contundentemente el presidente de la ZOA, Jeff Daube,

"Los que critican a los que se muestran extremadamente críticos con el primer ministro Netanyahu, están tratando simplemente de elevar la conciencia de modo que no tengamos una repetición de lo que sucedió en 1939", explicó Jeff Daube, añadiendo que el primer ministro está "tratando de atraer la atención del mundo sobre una amenaza existencial, porque estamos hablando de los seis millones de judíos que perecieron en aquella época  y ahora estamos hablando de los seis millones de judíos de Israel".

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Saturday, March 29, 2014

La hipocresía de J Street debe ser expuesta - Alan M. Dershowitz - Haaretz



J Street, la organización judía estadounidense de izquierdas que se define como pro-Israel y pro paz, pero que siempre parece estar adoptando posiciones anti-Israel y pro-palestinas, está pidiendo a los líderes judíos de los Estados Unidos que le abran sus puertas y así poder conformar una "gran tienda judía" que reúna a todas las posiciones judías. Mientras que en general apoyo esa posición, es imperativo que también se exponga la hipocresía de J Street.

J Street insiste en que todas las principales organizaciones judías pro-israelíes deben estar abiertas a los portavoces que defiendan posturas opuestas a Israel, como los partidarios de los movimientos BDS, los partidarios de un único estado secular binacional, y aquellos que se oponen al reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación del pueblo judío.

En resumen, esta política de "una tienda judía abierta" parece a primera vista encomiable. Debemos estar comprometidos con un mercado abierto de ideas en el que las opiniones prevalezcan sobre sus méritos, y no sobre la base de la exclusión.

Pero ahora vamos a ver cómo práctica J Street, y para si misma, esas "políticas de tienda abierta". Se ha negado categóricamente a permitir que una persona como yo, que se opone a las políticas de J Street sobre Irán y otros asuntos de seguridad con respecto a Israel, hable delante de sus miembros en sus convenciones. Reiterada y persistentemente he buscado la oportunidad de presentar mi punto de vista, que es compartido por muchos partidarios estadounidenses de Israel, en la convención de J Street, o en otros eventos auspiciados oficialmente por J Street. Cuando J Street invita a hablar en sus eventos a los partidarios del boicot de Israel y a los que se oponen al derecho de Israel a existir como Estado-nación del pueblo judío, afirma que la organización "no sostiene necesariamente esas posiciones, pero que cree que es necesario alentar a sus miembros a conocer la opinión de aquellos que tienen visiones diferentes de sus posiciones oficiales".

Pero esto es un disparate total. J Street sólo quiere que la gente escuche las opiniones de la extrema izquierda anti-Israel, ya que se niega categóricamente a permitir que sus miembros escuchen puntos de vista más centristas y más pro-Israel como los míos.

Y hay una buena razón para decretar ese círculo de silencio para sus críticos. J Street sobrevive, e incluso se expande, en gran parte como resultado de utilizar un "doble lenguaje". Busca atraer a miembros centristas defendiendo la solución de dos estados, y ello con una actitud agresiva hacia las negociaciones de paz y con continuas críticas a la política de asentamientos de Israel.  Estas son posiciones que puedo apoyar plenamente, y que si fueran únicamente las posiciones de J Street, me habría unido a la organización hace muchos años. Sin embargo, en un esfuerzo por ampliar su espectro hacia la izquierda, sobre todo hacia la extrema izquierda, ha adoptado posiciones que socavan la seguridad de Israel, y que prácticamente no apoyan nadie en el centro y la izquierda israelí. Así colocó su imprimatur detrás del despreciable y mentiroso Informe Goldstone trayendo al propio Richard Goldstone a Capitol Hill y presentándole a los miembros del Congreso.  Al hacerlo, socavaba los esfuerzos de la Administración Obama que estaba a favor de los esfuerzos de defensa de Israel en Gaza y no apoyaba el Informe Goldstone.

J Street también utiliza un doble lenguaje sobre la cuestión de si el liderazgo palestino debe reconocer a Israel como Estado-nación del pueblo judío. Mientras que su primer posicionamiento fue oponerse a dicho reconocimiento, ahora parece estar diciendo que este tema debe ser objeto de negociaciones en la etapa final, pero dejando abierta la posibilidad de seguir oponiéndose a dicho reconocimiento siempre y cuando se alcancen dichas negociaciones.

Además, J Street ha aceptado el aporte de fondos procedente de fuentes - como es el caso de George Soros- que están abiertamente en contra de Israel, y han mantenido este hecho en secreto para no alienarse a sus partidarios centristas.

Es fácil de entender, por lo tanto, porque J Street no me quiere, o bien a otros que tienen posicionamientos similares al mío, para entrar en "su tienda abierta". No quiere que sus propios miembros se enfrenten a la realidad de doble discurso de J Street. Si pudiera hablar en su convención, me dirigiría al mismo tiempo a esos centristas que J Street pretende atraer y a esos izquierdistas que tanto desea dentro de "su tienda abierta". Ambas partes se sorprenderán al observar la duplicidad de J Street y su estilo de decir a cada uno lo que quiere escuchar.

Así que aquí está mi reto: en la próxima convención de J Street se debería poder mostrar el documental "El desafío J Street: El seductor encanto de la paz en nuestro tiempo" a todos sus miembros, invitarme a hablar con ellos, permitirme describir sus conflictivos documentos y tomas de posiciones, y así dejar que "el mercado de las ideas permanezca abierto para sus miembros".

Sólo cuando J Street abra "su propia tienda" a las opiniones críticas a su organización debería poder exigir que los grupos pro-israelíes "abran su tienda" para ellos.

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J Streetfobia y como echar abajo ese debate tan solicitado - Tom Wilson - Commentary



Un documental titulado simplemente The J Street Challenge (El desafío JStreet) ha estado provocando mucho debate y controversia en las últimas semanas. Escribí sobre ello cuando se desató por vez primera, pero desde entonces el debate en torno al documental no ha dejado de crecer poderosamente. Más recientemente, un conflicto se presentó cuando simpatizantes del lobby de izquierdas J Street protestaron por la proyección del documental en el Greater Philadelphia Hillel. Con JStreet postulándose para unirse a la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses, parece que éste no es un debate que los miembros y partidarios de J Street quieren que se desate en la comunidad en estos momentos. Pero el caso es que durante años J Street y los que comparten sus puntos de vista han estado pidiendo repetidamente un debate de este tipo. Este documental, con figuras como el profesor de Harvard Alan Dershowitz y el editor de Wall Street Bret Stephens, representa el esfuerzo más concertado de la corriente principal del sionismo americano para responder a las reclamaciones de J Street con claros contraargumentos.

Esto es lo que los "sionistas liberales y/o progresistas" de la izquierda judía han estado exigiendo, por lo que deberían estar muy contentos de que por fin alguien les tomara en serio como para responderles, ¿no creen? Pues no, se equivocan. Como siempre, en lugar de asumir cualquiera de estas acusaciones directamente, simplemente han tomado la decisión de elegir ese método tan utilizado de cerrar el debate demonizando a cualquiera que critique sus puntos de vista. El ejemplo más reciente, y de hecho más sorprendente, proviene de un artículo de Bradley Burston publicado en el Haaretz . En su artículo "J-Streetophobia, y el odio de la derecha judía americana por los judíos americanos",  Burston argumenta que este documental es una ventana a la mente de los que él llama "los judíos de derechas", y expone cómo esa facción en plena ebullición está impulsada por su resentimiento hacia el resto de la comunidad judía. De hecho, la mayoría de las voces que aparecen en este documental se sitúan en línea con el consenso pro-Israel.

Tal vez lo más llamativo de esta línea de argumentación es el conjunto unidireccional de normas que utilizan. Cuando los judíos liberales o progresistas americanos critican, condenan, y sí, a veces demonizan a los israelíes, nos dicen que lo hacen por amor a Israel. Sin embargo, cuando los que tienen una perspectiva más "derechista" tienen la osadía de tratar de encontrar los defectos en los argumentos de los liberales o progresistas, bueno, entonces obviamente, para estos últimos, se debe exclusivamente a que están motivados por el odio. La verdad es que no es una visión del mundo particularmente sofisticada: los liberales o progresistas son innatamente agradables, mientras que los conservadores, por su propia definición o esencia, son desagradables.

Por supuesto, Burston no nos está revelando nada nuevo, esa perspectiva de buenos y malos es promovida por la última estrella del campo progresista, Peter Beinart, el aspirante a jefe teórico del movimiento. En su manifiesto por el sionismo liberal titulado "La crisis del sionismo", Beinart incluso afirmaba que, contrariamente a la creencia popular, es en realidad el primer ministro israelí Netanyahu quien tiene problemas con el presidente Obama. Esto, nos explica Beinart, se debe a que Obama, como liberal y progresista que es, es un auténtico "presidente judío", y le recuerda a Netanyahu lo que a éste más le disgusta de los propios judíos. Es de suponer que todo esto se supone que es un argumento profundo e inteligente, sin embargo, tras la lectura de estas líneas muchos se han sentido como si estuvieran entrando en una especie de inversión de la realidad al estilo de "Alicia a través del espejo".

El argumento habitual de los sionistas liberales es que la derecha israelí liderada por el Likud es poco más que una pandilla de fascistas empeñados en transformar a Israel en una república bananera. Los colonos son retratados como locos y los ultra-religiosos de una manera aún más espantosa, y la sombría influencia de ambos tira de las riendas invisibles desde los pasillos del gobierno israelí con el fin de mantener al resto de Israel como rehenes de un conflicto imperialista. Por otra parte, quienes hablan en el documental The J Street Challenge en ningún momento tratan de enmarcar a los judíos liberales ni remotamente como presos de su propia mala voluntad. Simplemente tratan de mostrar cómo una visión del mundo repleta de buenas intenciones se ha vuelto muy precaria y equivocada, y cómo el liderazgo de ese movimiento ha demostrado a veces una tendencia hacia la deshonestidad. Sin embargo, Burston describe al documental como obra "de unos bichos raros llenos de amargura, donde personalidades de la derecha judía americana lanzan veneno desde sus púlpitos". Esa misma descripción podría sonar bastante venenosa para la mayoría de los observadores.

Por supuesto, no hay tal cosa como una J-Streetophobia, aunque hay bastantes críticas a muchas de las actividades de J Street que se oponen directamente a la corriente principal. Sin embargo, uno no puede dejar de reflexionar sobre ese modelo tan familiar que tan bien utilizan los sionistas liberales y/o progresistas para tratar de desviar los comentarios críticos del Islam extremista tachándolos como islamofobia. En caso de duda, siempre suelen tratar de apagar el debate con gritos de intolerancia. Dado que los sionistas liberales siguen reclamando un debate abierto dentro de la comunidad judía estadounidense sobre las políticas israelíes, ¿por qué no dejan de demonizar a sus críticos y empiezan a debatir? ¿Podría ser que sospechan que en buena lid que no podrían ganar?

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Tuesday, October 01, 2013

!!Fuera las máscaras en JStreet!!: La gente de este lobby judío americano progresista y pro Obama, y según dicen pro-Israel, aplaude el "derecho al retorno y el pleno reconocimiento de la Nakba"


El artículo de Times of Israel, aquí


El artículo de Liam Hoare en Tablet, y base principal de este post, aquí

Durante una sesión abierta sobre nuevas voces y perspectivas de las sociedades israelí y palestina, el miembro de Fatah, Husam Zomlot, se ganó un polémico apoyo de los presentes tras expresar la demanda de que Israel de "pleno reconocimiento a la Nakba" y presentar el derecho de retorno como una opción para los refugiados palestinos.

Al describir la cuestión de los refugiados como la cuestión más fácil de resolver, Zomlot, un diputado comisionado de la Comisión de Asuntos Internacionales de Palestina, dijo:
En cuanto a la cuestión de los refugiados, ¿cómo quieren que firme un acuerdo con mis propias manos que comprometa los derechos de las dos terceras partes de la nación (palestina)? ¿Cómo hago para construir la cohesión y una paz eterna con tal compromiso? ¿Por qué tengo que comprometerme? 
... ¿Qué quieren los refugiados? Algunos de ellos quieren quedarse donde están. Algunos de ellos podrían desear reasentarse en otro lugar, en un tercer país. Algunos de ellos podrían querer volver al Estado de Palestina. Y algunos de ellos podrían querer regresar a sus lugares de origen. Pero todos ellos quieren una cosa: el pleno reconocimiento de la Nakba que se ha abatido sobre nuestro pueblo.
Las palabras de Zomlot fueron recibidos con unos firmes y sostenidos aplausos de los delegados presentes en la sala. Zomlot ratificó su argumento cuando, al hablar de su padre que reside en Londres, declaró que "tiene derecho" a regresar a su antiguo hogar en Israel. "Él tiene que tener esa opción". El aplauso fue más ligero esta segunda vez, pero no menos notable.

La aprobación del derecho de retorno, tal como parecía desprenderse de los delegados presentes en la sala, se sale de la posición oficial de J Street sobre el tema, que "supuestamente" está en línea con la posición de la corriente sionista. "El problema de los refugiados debe ser negociado y resuelto en el marco de un acuerdo entre las autoridades oficiales israelíes y palestinas, y aprobado por ambos pueblos. J Street apoyaría el enfoque descrito en los modelos comúnmente aceptados de una solución de dos estados, en virtud de la cual la gran mayoría de los refugiados serían reasentados fuera de las fronteras internacionalmente reconocidas de Israel, recibiendo no obstante una compensación".

De hecho, "pedir o apoyar el regreso de los palestinos desplazados durante las guerras de independencia (y sus descendientes) se considera como una posición antisionista, pues minaría la posición de Israel como patria para el pueblo judío". "El retorno a Israel de los refugiados palestinos de 1948 y sus familias es incompatible con nuestra visión de Israel, e incompatible con una solución de dos estados para el conflicto", argumentaba J Street en mayo de 2012, en respuesta a la creciente influencia del movimiento de BDS que soporta dicho reconocimiento.

El respaldo de un reconocimiento de la Nakba también es problemático. Mientras que el desplazamiento de los refugiados palestinos es un hecho histórico, el uso del término "Nakba" - cuyo significado es catástrofe - se utiliza con el "fin de indicar que, además de la crisis de los refugiados, la creación de Israel fue en sí misma parte de la tragedia". La clase política israelí se ha mostrado renuente, por lo tanto, a reconocer la Nakba, y ha pedido que se reconozca también del éxodo de entre 800.000 y un millón de sefardíes de Oriente Medio y el norte de África tras la Guerra de la Independencia.

Este incidente sigue a otros acontecidos durante la noche de apertura de la conferencia, cuando Tzipi Livni recibió una muy tibia respuesta a su llamamiento a defender al IDF. "Hay un proceso de deslegitimación contra Israel que se centra en nuestros soldados", advirtió Livni. "Ustedes no deben aceptar la comparación entre un terrorista que asesina a niños en una escuela y el ejército israelí".

Jeremy Ben-Ami, el presidente de J Street, comentó que el "apoyo a la seguridad de Israel" está integrado en las ideas base en las que creen los delegados de J Street. "La conferencia de JStreet no es un lugar para un mitin pro-IDF. Se trata de una convención de personas que están tratando de garantizar el objetivo que persigue el IDF, la paz y la seguridad. No es un grupo donde la gente vaya a jalear al IDF, pero aquí se reconoce que no se puede tener seguridad sin paz".

El domingo, los razonamientos de la líder de la oposición laborista, Shelly Yachimovich, sobre la amenaza iraní también "se recibieron sin entusiasmo". En cambio, recibió aplausos ensordecedores por su apoyo a "la libertad de culto" a la que deberían acceder todas las corrientes del judaísmo y no judías, y una respuesta entusiasta a su anuncio de que "apoyamos el matrimonio civil y apoyamos los derechos de los homosexuales, incluyendo el matrimonio entre personas del mismo sexo".

Sin embargo, el aplauso fue mucho más moderado cuando dijo que "creemos en un Israel libre y democrático con un ejército fuerte y fronteras seguras para defender no sólo a nuestro pueblo, sino también nuestros valores". Y cuando ella después añadió "este es el verdadero sueño sionista", no hubo aplausos en absoluto.

Sin embargo, en un año en el que JStreet está claramente tratando de establecerse en Israel y en los Estados Unidos como una fuerza política creíble, tan capaz como el AIPAC, esta manifiesta incapacidad de sus dirigentes a la hora de conseguir que parte de sus bases apoyen la pretendida línea oficial de la organización - ¿pro-Israel? -, representa un claro fallo para la organización.

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Friday, March 30, 2012

J Street, misión imposible – David Suissa – Jewish Journal



Después de pasar tres días en la conferencia de JStreet, en Washington DC, y oír orador tras orador hablar de la importancia de una solución de dos estados, he llegado a la conclusión de que los judíos son bendecidos con dos atributos: uno, su capacidad ilimitada para tolerar una tediosa repetición de lo obvio, y dos, una extraordinaria capacidad para trabajar en la mejora de nosotros mismos y para asumir la responsabilidad de lo que nos sucede.

Es de este segundo impulso del que me gustaría hablar. A lo largo de la conferencia - desde Amos Oz declarando el imperativo urgente de "divorciarnos" de nuestros vecinos palestinos, a Peter Beinart reafirmando su llamamiento a un boicot de los asentamientos, y un sinnúmero de oradores exhortándonos a aspirar a los más altos ideales del judaísmo y del sionismo - la implicación resultante era meridiana: de alguna manera, todo está en nuestras manos.

La sombra de la eterna recomendación de nuestros padres judíos, que nos esforzamos, se cernía sobre la conferencia: “Hijo(a), si pones tu mente en ello, puedes lograr cualquier cosa”.

Después de todo, somos judíos, ¿no es cierto? Somos el pueblo de los milagros, de los mares que se dividen y se abren para nosotros, de los ejércitos enemigos que se inclinan a nuestra voluntad, los constantes ganadores de Premios Nobel que son una maravilla para el mundo.

Sí nosotros, el gran pueblo elegido, no podemos asumir la responsabilidad de llevar la paz al Oriente Medio, ¿entonces quién podrá?

Había algo halagador, aunque extrañamente tranquilizador, en este nivel de autoconfianza. Es agradable saber que aún hay judíos que tienen fe en nuestra capacidad de lograr lo imposible. Pero al mismo tiempo había algo en su entusiasmo y confianza que me inquietó.

Cuando la gente de JStreet veía un camino lógico y evidente hacia una solución de dos estados, lo único que yo veía era una pared de ladrillo levantada por el rechazo árabe. Cuando la gente de JStreet veía la necesidad de presionar a Israel, lo único que yo veía era que el blanco estaba equivocado.

Después de hablar en un panel de discusión, alguien se levantó y se quejó de que sus "amigos de la derecha" la llamaban "anti-israelí" porque eser miembro de JStreet. Le respondí que etiquetas como "pro-Israel" y "anti-Israel" no son útiles porque describen a las personas en lugar de las acciones a llevar a cabo.

Por ejemplo, JStreet promueve poner la mayor parte de la presión sobre Israel para agilizar la paz. Creo que su idea es errónea y será contraproducente. Pero en lugar de llamar a sus miembros "pro-Israel" o "anti-israelíes", yo prefiero llamarlos "a favor de ejercer presión sobre Israel". Es más preciso.

Desde esa perspectiva, ellos están "a favor de ejercer presión sobre Israel" y yo soy "favorable a ejercer presión sobre los palestinos". Con esto no quiero decir de ninguna manera que Israel está libre de culpa o no comete errores, sino que pienso que vamos a estar más cerca de la paz si presionamos a los palestinos que si presionamos a Israel.

Y puedo llegar a esa conclusión porque no creo que "toda la responsabilidad, todo el esfuerzo, deba recaer sobre nosotros".

Para dar crédito a los organizadores, invitaron a un orador que también habló en ese sentido de una manera alta y clara: el rabino Donniel Hartman, del Instituto Shalom Hartman. Hartman habló de equilibrar el poder con la humildad a "la hora de hacernos únicamente responsables”, de permitir diferentes puntos de vista sobre la mencionada responsabilidad y de reconocer que "no siempre es cuestión nuestra".

Es una señal de cuán firmemente cree JStreet en su solución de "ejercer presión sobre Israel", cuando el segundo del embajador de Israel Baruj Binah hizo una defensa entusiasta de Israel en la gala de clausura, fue golpeado con un repentino estallido de indiferencia.

Está claro que JStreet está tratando de consolidar y ampliar su movimiento. Para ello, me gustaría hacer dos sugerencias para el próximo año:
(a) Si realmente quieren promover la paz, amplíen sus objetivos de crítica. Pongan tanta presión sobre los palestinos como lo hacen sobre Israel. Deben mostrar más sensibilidad por el miedo que muchos israelíes sienten ante una solución de dos Estados que de lugar a otro Estado de terror anti-judío, justo en el momento del auge de un Irán nuclear. Defiendan a Israel tanto como lo critican.

(b) Si realmente quieren potenciar su relación con Israel, amplíen su misión. No pongan todos sus huevos en el conflicto palestino. No importa lo mucho que odien la ocupación, los israelíes no van a decidir acabar con ella si ven dicha retirada como un suicidio nacional. (Incluso Leon Wieseltier, el autodenominado "paloma de línea dura", me dijo que no esperaba ver una solución de dos estados en vida)
Así, mientras seguimos trabajando para la existencia de una solución de dos estados, ampliemos nuestra misión para incluir una "solución de 22 estados". Debemos mostrar al mundo que los judíos se preocupan por todos los árabes, no sólo por los palestinos para que nos puedan dar una solución de dos estados. Los judíos también deben preocuparse por los palestinos que sufren en los miserables campos de refugiados de Jordania y el Líbano, al igual que por la situación de las mujeres y de otros pobres pueblos oprimidos de todo el Oriente Medio.

Sí, Israel es una democracia imperfecta que necesita mejorar bastante, y debemos seguir ayudándola a mejorarse. Pero seamos realistas: Sería extraordinario si todos los países del Oriente Medio tuvieron las mismas oportunidades, libertades y derechos humanos que esta nación judía defectuosa e imperfecta ya ofrece.

Israel ha aprendido una enormidad en sus 64 años de existencia, y eso también puede beneficiar a los países de su entorno. Jennifer Laszlo Mizrahi, del Proyecto Israel, señaló en la conferencia que ahora existe una oportunidad de iniciar un movimiento "pueblo a pueblo" utilizando las redes sociales y que se pueden sembrar las semillas de asociaciones económicas y de una coexistencia pacífica.

A mi modo de ver, llegar a una solución de 22 estados siempre mejorará las perspectivas de una solución de dos estados, no al revés.

Piensen cómo potenciaría y qué ennoblecedor sería para Israel ser visto como un modelo y un participante activo en una nueva primavera en el Oriente Medio. Por supuesto, hay tanta animosidad dirigida a los judíos de Israel que esto sería una tarea monumental.

Pero somos judíos, ¿acaso no lo recuerdan? “Si ponemos nuestras mentes en ello, podemos lograr cualquier cosa”. Basta con mirar a este pequeño país milagro que hemos construido.

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Friday, March 18, 2011

Al lobby favorito de Obama se le ve el cartón. J Street: "Realmente, quizás Israel no haya sido tan buena idea" - William Kristol - Weekley Standard



Lori Lowenthal Marcus, presidenta de Z Street, ha realizado un excelente reportaje sobre la reciente conferencia de J Street en Washington. J Street, un invento de los aliados de Obama, ha sido agasajada por la Casa Blanca y dirigida por altos funcionarios de la administración Obama. Es el grupo judío favorito de Obama.

Y aquí está una muestra de una de las discusiones en la reunión anual de J Street, relatada por primera vez por Lori Lowenthal Marcus:
Daniel Levy, un fundador de J Street: Miren el resultado final, todos estaremos molestos, y todos estaremos equivocados, si una presencia judía colectiva en el Oriente Medio sólo puede conservarse con la espada. Si (esa presencia) no puede ser aceptada, no se trata entonces de lo que hacemos. ¿Suena familiar? Ellos nos odian por lo que somos, no por lo que hacemos. Si eso es cierto, entonces realmente quizás Israel no haya sido tan buena idea.
Lori Lowenthal Marcus comenta estas palabras:
¿Es a esto a lo que hemos llegado? ¿Esta más que transparente declaración de uno de los fundadores de J Street - que si los árabes obligan constantemente a Israel a defenderse, entonces los judíos deberían abandonar el Oriente Medio - resulta suficiente para demostrar que J Street no es "pro-Israel" en absoluto? Esta confesión es suficiente para comprobar que hay detrás de las ideas de esta gente: que los judíos se equivocan simplemente por defenderse constantemente, incluso cuando el terrorismo proviene de Gaza o ante un Irán nuclear, y que esta creencia constituye el fundamento ideológico de J Street.
El contexto y las materias, por supuesto, son aún más concluyentes. Lori Lowenthal Marcus prosigue narrando la reunión:
Levy discute las implicaciones que las políticas de EEUU en Oriente Medio en la sesión plenaria de la conferencia de J Street celebrada en la enorme sala del Centro de Convenciones de Washington. Los otros miembros de este panel eran Bernard Avishai, que sugirió que Obama debe llevar a cabo un plan que permita organizar a la opinión pública mundial para que presione a Israel y así realice concesiones reales a los palestinos, y Roger Cohen, columnista del New York Times, que parecía indicar que fue el músculo financiero del infame lobby israelí quien obligó al reciente veto de los EEUU ante la Resolución de condena de Israel en la ONU. Cohen espera que Obama se cobre una libra de carne de Israel, o por lo menos miles de dunums, a cambio de ese "favor".
El presidente Obama ha demostrado una sorprendente falta de interés por la política exterior en líneas generales - por la posición de Estados Unidos en el mundo, por su papel tradicional como defensor de la libertad y la democracia, y por su liderazgo moral en las instituciones internacionales -. Pero hay una cosa que parece preocuparle profundamente: que los judíos no construyan casas en cualquier lugar más allá de las líneas de armisticio adoptadas en 1949 después de que Israel luchara contra la invasión de numerosos ejércitos árabes que pretendían destruirlo nada más nacer. Esto no quiere decir que está de acuerdo con Daniel Levy, con ese "Realmente, quizás Israel no haya sido tan buena idea". Todo esto significa que los verdaderos amigos de Israel necesitan vigilar esta relación amistosa entre J Street y la administración Obama.

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Thursday, March 03, 2011

¿El último hurra de J Street? - Elliot Jager - Jewish Ideas Daily



En poco más de tres años, un grupo de presión o lobby liberal que se define como “apasionadamente, y sin temor, pro-Israel” parece haber suplantado o coaptado a estos otros grupos afines de la izquierda judía, entre ellos, la versión americana de Peace Now, el Israel Policy Forum y el New Israel Fund. Se mire como se quiera, se trata de un logro notable, al parecer confirmado en la segunda conferencia de esta organización política que acaba de concluir en Washington DC. El evento atrajo a 1.500 adeptos "pro-paz y pro-Israel”, a unos 500 entusiastas estudiantes universitarios, a rabinos progresistas, a periodistas adjuntos a la causa y a una serie de miembros de la oposición en la Knesset de Israel, y donde incluso se leyó una carta de bienvenida de Tzipi Livni, la líder del partido Kadima.

No es necesario cuestionar la buena fe de los asistentes, la mayoría de los cuales parecen ser muy conscientes de la verdadera agenda de JStreet y de sus recetas políticas, por no hablar de sus múltiples deslices éticos. Si llegaron convencidos de que estaban reforzando una solución de dos estados para el conflicto israelo-palestino, también refrendaron de alguna manera la artística manipulación política que han practicado los estrategas de JStreet para aprovecharse de la "fatiga que sienten muchos liberales estadounidenses de origen judío a la hora de tener que defender las impopulares posiciones israelíes ante sus propios medios sociales, ya sea en el campus o en los medios de comunicación".

¿Pero qué es, sin adornos, y qué defiende JStreet? En realidad, es un grupo predominantemente judío comprometido a impulsar el retorno de Israel a las líneas de armisticio de 1949, sin importarles nada de lo que los palestinos (y los árabes) hagan o dejen de hacer. Por otro lado, como un grupo de presión social, JStreet se distingue de otros grupos judíos críticos con Israel por su capacidad para recaudar dinero y donarlo a unos candidatos políticos que comparten su peculiar definición de ser "pro-Israel".

Sin realizar ningún tipo de demandas de fondo a los árabes, JStreet culpa exclusivamente a Israel de la ruptura de las negociaciones entre Jerusalén y la Autoridad Palestina. Afirmando apoyar el derecho de Israel a su legítima defensa, JStreet, desde sus inicios, se ha opuesto a todas las medidas que Israel ha llevado a cabo para defender a sus ciudadanos. JStreet está contra la barrera de seguridad que ha mantenido a raya a los terroristas suicidas, se ha opuesto a la operación militar desarrollada por Israel para detener los bombardeos del sur de Israel por parte de Hamas, y ha abandonado a Israel de cara al frenesí suscitado por la flotilla turca. Además, tuvo que ser arrastrado a regañadientes para que aceptara las leves sanciones que el Congreso impuso a Irán.

JStreet dice oponerse a la campaña de boicot, desinversiones y sanciones (BDS) contra Israel. En la práctica, se ha asociado con defensores del BDS y se muestra alineado sin ningún tipo de escrúpulos con los gritos antisionistas del Consejo de las Iglesias de EEUU. Lejos de repudiar la campaña jurídica desatada por el juez Richard Goldstone para debilitar el derecho de Israel a su legítima defensa, algunos miembros de JStreet han promovido activamente las apariciones del juez Goldstone ante el Congreso. La organización incluso ha dado cobertura a la cruzada para deslegitimar a Israel por los llamados "Comités para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino" de la ONU.

De hecho, resulta difícil discernir cualquier diferencia política entre las posiciones expuestas por JStreet y por la Autoridad Palestina o la OLP. Tanto JStreet como la OLP se oponen a toda presencia judía más allá de las líneas de armisticio de 1967. Por otra parte, y como la OLP, JStreet empujó descaradamente al gobierno Obama para que no vetara la reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que marcaba como ilegal cualquier presencia judía más allá de la línea verde, incluido el Jerusalén metropolitano (y por lo tanto el barrio judío de Jerusalén). Tanto la OLP como JStreet (a través de su socio, el Sheikh Jarrah Solidarity Movement) quieren abolir la Agencia Judía y el Fondo Nacional Judío. También ambos se oponen al reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío.

Estas posiciones - y sólo son una muestra representativa – pueden ayudar a explicar por qué JStreet aboga por la idea de que EEUU imponga una solución al conflicto. ¿Cómo si no, después de todo, se impondrían las exigencias de la OLP sobre las fronteras y el retorno de todos los refugiados palestinos? Ese mismo posicionamiento también puede explicar por qué el embajador de la OLP en Washington se alegró tanto oon los pronunciamientos de la conferencia tras su conclusión y por qué el embajador de Israel declinó la asistencia.

JStreet ha asumido abiertamente el papel de “introductor y vendedor” de las políticas de la administración Obama sobre el conflicto dentro de la comunidad judía americana, aunque el efecto neto de estas políticas ha sido endurecer las posiciones ya intransigentes de la Autoridad Palestina.

Sin embargo, las circunstancias parecen haber cambiado, y hay razones para pensar que la conferencia de este año puede representar el postrer hurra del grupo. El representante demócrata por Nueva York, Gary Ackerman, uno de las principales “palomas” del Congreso, ha roto con acritud con JStreet y no parecer ser el único entre sus desilusionados compañeros. La organización Taglit-Birthright, que reúne a jóvenes estadounidenses de origen judío para viajar y vivir la experiencia de Israel de primera mano, ha rechazado la solicitud del grupo de patrocinar algunos de estos viajes. E inclusive algunos de los periodistas que simpatizaban con sus objetivos se han manifestado descontentos con lo que vieron en la reciente conferencia.

Pero es el trastorno trascendental que acontece en el mundo árabe, junto con la búsqueda sin pausa de la bomba atómica por Irán, lo que pueden llegar a representar la ruina definitiva para JStreet. Para cualquiera que tenga ojos para ver, ninguna cantidad de juegos de palabras puede ser suficiente durante cierto tiempo para convertir la presión sobre Israel, para que regrese a unas fronteras indefendibles, en una política "apasionadamente, y sin temor, pro-Israel”.

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Thursday, October 29, 2009

Por fin, un lobby judío guay y de progreso: J Street, los chicos del Seder budista (Haciendo caso omiso de una década - Yourish)


J Street borra su etiqueta "Pro-Israel" para "no ofender a los susceptibles"

Matthew Yglesias (a través de un memo):
Estaba debatiendo con Jon Chait en un panel de J Street esta mañana sobre el tema "¿Qué significa ser pro-Israel?". Como se esperaba, no estábamos de acuerdo sobre una serie de puntos, con la mayoría de los cuales yo estaba de acuerdo y él los consideraba equivocados. Pero una cosa con la que no estaba nada de acuerdo, y que afirmó en su discurso de apertura, es que existiera una ambigüedad en cuanto a la propia organización de J Street a la hora de definirse como pro-Israel. Eso sólo me pareció una discusión estéril. Mi chapa de J Street, dice "Pro-Israel, Pro-Paz". No es un aspecto sutil de la mercadotecnia. Pero cuando nos trasladamos al tiempo de Preguntas y Respuestas, se volvió evidente para mí que sí, que para una serie de personas de la audiencia realmente les resultaba muy incómodo definirse de alguna manera como "Pro-Israel" y que otros también se sentían incómodos con la idea básica sionista de un estado nacional judío . Por supuesto, yo ya era consciente de que esas opiniones existían, pero me parecía que estaba claro que J Street no era lugar para insistir en ello. Al parecer, sin embargo, no estaba claro para todos.
Así pues, ¿Yglesias se sorprendió al ver cómo participantes en la conferencia de J Street no querían ser identificados como pro-Israel? ¿Por qué sería? Aquí está opinión de Spencer Ackerman sobre el mismo tema:

Yo realmente no tengo ningún interés en colocar una etiqueta a unas personas que no la asumen por sí mismos. Pero creo que sería miope verlos realmente como ajenos a la comunidad "Pro-Israel". Si Israel no abandona Cisjordania, la realidad demográfica obligará a Israel a tomar la decisión existencial más dolorosa de su vida: la posibilidad de abandonar la democracia judía o bien deber abandonar la condición de Estado judío en favor de una patria binacional. Ambas opciones, de manera fundamental, representan el final de Israel. No por un arma nuclear iraní. No por una intifada palestina super poderosa. Sino a causa de un fracaso político y de un fracaso diplomático internacional, que pueda hacer posible el fin de Israel.
En otras palabras, si se es "Pro-Israel" se debe exigir a Israel que haga concesiones a un enemigo que sigue negando su derecho a la existencia. Y es que esto es lo realmente problemático en la formulación de Ackerman: la legitimidad de Israel se basa en la capacidad de los palestinos de crear un Estado. Peor aún, no parece ser necesaria ninguna prueba de la legitimidad de Palestina. Para Ackerman la creación de una Palestina islámica no debería ni tendría que responder al mismo cuestionamiento "existencial" de Israel. En otras palabras, la legitimidad de Israel la definen sus enemigos mientras que la legitimidad de Palestina es un hecho.

Tal vez Ackerman tendría un argumento hace veinte años, pero desde que Israel abandonó Gaza y las principales ciudades de Judea y Samaria, ya no hay ninguna amenaza demográfica. Sólo existe el repetido fracaso palestino a la hora de crear un Estado. En suma, Ackerman siempre prefiere poner el peso de la culpa sobre Israel. Y eso no significa ser "Pro-Israel" por definición.

David Bernstein escribe en "Yglesias y J Street":

Comprendo perfectamente las dificultades que uno podría tener con esas ideas, porque me recuerdo a los veinte años discutiendo con miembros de la generación de más edad y argumentando que eran demasiado paranoicos acerca del antisemitismo, que Israel tenía que ser mucho más flexible para lograr un acuerdo de paz y que la retórica asesina anti-Israel emanada desde el mundo árabe y otros lugares desaparecería una vez que todas las partes reconocieron su propios intereses racionales y llegaran a un acuerdo de paz.

Pasaron muchos años y, entre otras cosas, una intifada - que justificaron un número considerable de intelectuales "progresistas" occidentales, aún con bombas en pizzerías repletas de niños - en respuesta a una oferta de paz seria por parte de Israel, y, tras la serie de los eternamente populares libelos de sangre en Europa ante la Operación Escudo Defensivo del 2002, llegar finalmente a la conclusión de que habíamos sido muy ingenuos. No es que hayamos perdido la esperanza, pero hemos aprendido a identificar nuestros impulsos y anhelos de paz más juveniles como mera locura, puesto que no se puede pretender ser serio y razonable e ignorar a la vez la persistente popularidad de los Protocolos de los Sabios de Sión en el mundo musulmán.
Esta es una excelente sinopsis de la última década. Y sin embargo, hay quienes no la aceptan. Por ejemplo, la gente de J Street, que pretende que nada de esto sucede y que Israel es el corazón de los problemas a la hora de conseguir una paz en el Oriente Medio. No les importa, por ejemplo, que los palestinos sigan sin aceptar el derecho del pueblo judío a un Estado.

Bernstein aún es generoso con J Street y sus compañeros de viaje. No cree que sean anti-Israel. Y yo no comprendo cómo alguien que es testigo de los acontecimientos en el Oriente Medio desde el 2000, y observa como algunos siguen achacando exclusivamente la responsabilidad de un arreglo sobre Israel, cree aún que esa gente es "Pro-Israel".

Fuente: Yourish

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