Friday, April 18, 2014

Por qué Netanyahu no querrá "pensar a lo grande" - Jonathan Tobin - Commentary



Resulta que el proceso de paz en Oriente Medio aún no está del todo muerto. Según el Departamento de Estado, las "brechas se están reduciendo" en las conversaciones entre Israel y la Autoridad Palestina, las cuales aún tienen lugar a pesar del hecho de que el líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas formalmente las echara a pique la semana pasada por reiniciar sus inútiles esfuerzos para lograr el reconocimiento de un Estado palestino a través de las Naciones Unidas. Echando mano de una declaración realizada por Abbas a un periódico árabe en la que afirmaba estar dispuesto a seguir hablando después de expirar el plazo de abril, siempre y cuando se llevaron a cabo según sus dictados, el reciente discurso del Secretario de Estado John Kerry sobre su iniciativa, que al parecer aún tendría oportunidades de éxito, se ve un poco menos ingenuo.

No obstante, dado que los palestinos no se han movido realmente ni una pulgada sobre cualquier cuestión de fondo en las conversaciones reiniciadas el año pasado y que Kerry culpara a Israel por lo que pasó la semana pasada en una declaración extraña (y ese patético "puff"), ya que era mendaz y es difícil contemplar por qué el primer ministro Benjamin Netanyahu se inclinaría a seguir jugando esta farsa por más tiempo. Después de que los palestinos han demostrado que sólo están interesados ​​en forzar a Israel a pagar por su presencia en la mesa de negociaciones con concesiones como la liberación de asesinos terroristas o se congelar la construcción en Cisjordania - o incluso en Jerusalén -, está claro que Israel tiene poco que ganar en tales negociaciones. Pero si los palestinos siguen hablando después de abril, no hay duda de que los israelíes estarán allí también, incluso si esto significa sobornar a Abbas liberando a más asesinos. La razón de esto no se deberá a que Netanyahu sea débil o que el proceso tenga una posibilidad real de éxito. Será debido al hecho de que el primer ministro entiende que Israel nunca debe alejarse de las negociaciones, no importa lo inútiles que sean. Por otra parte, la futilidad de estos esfuerzos se debe precisamente a que él sabe que su gobierno no debe, a pesar de las críticas de Kerry, ser el que acaba con la fiesta.

Algunos derechistas israelíes temen que Netanyahu se rompa pronto bajo la presión norteamericana y acepte retiradas territoriales, mientras que tal vez ni siquiera consiga una promesa simbólica de Abbas de que esto significa el fin del conflicto. No son los únicos. El fiel animador de la administración Obama, el periodista Jeffrey Goldberg, escribe hoy en su última columna que la única razón por la que Kerry persiste en sus esfuerzos es porque cree que Netanyahu hará finalmente eso, y como Ariel Sharon antes que él, hará volar en pedazos a su partido el Likud y transformará la política israelí para conseguir la paz. Pero el problema con este escenario es el elemento que incluso el propio Goldberg admite que es el punto débil en los esfuerzos de Kerry: Abbas. El palestino no tiene intención de firmar un acuerdo de paz bajo ninguna circunstancia.

Si Netanyahu, a pesar de todo, va a seguir apareciendo cada vez que los americanos le hagan señas, no es porque él ahora, y de repente. esté dispuesto a "pensar a lo grande" y hacer que llegue la paz. Aunque su oferta no es tan generosa (o deberíamos decir temeraria) como las ofrecidas por sus predecesores, Ehud Barak y Ehud Olmert, aún propone una solución de dos estados que ofrecería a Abbas casi toda Cisjordania como un Estado independiente. Pero la idea de que la paz dependa de una persona de quien Goldbert se burla como "el hombre de la inacción, poco dispuesto a arriesgar su carrera política por un acuerdo final" es de risa. En efecto, al escribir estas palabras, Goldberg ha perdido su estatus de experto más o menos en el Oriente Medio a favor del título de fiel taquígrafo de la corte de Kerry.

Antes de que estas conversaciones comenzaran, cabezas más sabias que Kerry advirtieron al secretario Kerry que con los palestinos divididos entre Cisjordania, gestionada por Fatah, y Gaza gobernada por Hamas, Abbas no estaba en condiciones de hacer la paz. Todo lo que ha ocurrido desde entonces solamente ha confirmado el hecho evidente de que Abbas ha puesto trabas en las conversaciones y se ha apoderado del primer pretexto disponible para huir de ellas.

Ni la liberación de prisioneros terroristas o una posible congelación de los asentamientos, serán capaces de atraer a Abbas para que diga dos pequeñas palabras "Estado judío", algo que podría indicar que está dispuesto a finalizar el conflicto con Israel en lugar de hacer una pausa. Tampoco hay nada que Netanyahu pueda hacer o decir para hacer que este envejecido tirano arriesgue su vida simplemente para crear un Estado palestino. Incluso si él mismo clave la cruz de la liquidación de los asentamientos - para usar la inepta metáfora que según nos comenta Goldberg es la preferida del vicepresidente Biden- no verán como Abbas colabora finalmente para hacer la paz, y Netanyahu lo sabe. Aunque el presidente Obama y Kerry alaben a Abbas como un hombre de paz, su descarada falta de voluntad para hablar de un final del conflicto indica que él no está dispuesto a ceder y aceptar la legitimidad de un Estado judío, sin importarle donde se sitúen sus fronteras, de la misma manera que Arafat.

Eso deja a Netanyahu con la desagradable tarea de gestionar un conflicto que no puede resolverse por la paz o por la guerra. Esto también significa presentarse a las conversaciones de paz, aunque no tenga ilusiones acerca de ellas y sean una tontería. Al hacerlo, puede parecer que, ante Kerry y su amigo Goldberg, aparezca como un mero "alcalde subalterno de Israel". Netanyahu puede ser un cliente espinoso que inspira animosidad en la mayoría de sus interlocutores estadounidenses, pero no es estúpido. Destruir al Likud para así impresionar a Kerry puede sonar como una visión agradable a los ojos de Goldberg, pero Netanyahu recuerda lo que sucedió cuando Ariel Sharon intentó lo mismo hace menos de una década antes de su retirada fiasco de Gaza. El primer ministro no tiene la intención de renunciar a ser él mismo sólo para dar a Abbas una oportunidad más para que demuestre que no puede o no quiere hacer la paz. Cualquier persona, en Israel o los Estados Unidos, que así lo piense, está subestimando tanto su inteligencia como su perspicacia política.

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