Saturday, May 24, 2014

Gran artículo de Yemeni: Una Nakba para cada nación - Ben-Dror Yemini - Ynet


Expulsión de alemanes de los Sudetes. Ellos "no son celebrados"

El mes de mayo tuvo, con un intervalo de unos pocos días, dos hitos. El 9 de mayo, el mundo celebra la victoria sobre los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y el 15 de mayo el día de Nakba se conmemoró con eventos en todo el mundo.

La victoria aliada sobre Alemania no terminó con efusiones de reconciliación, sino todo lo contrario. Entre 12 y 16 millones de alemanes étnicos fueron expulsados ​​de diferentes estados de Europa Central al final de la guerra y en la posguerra. Entre 600.000 y dos millones de personas murieron durante esas expulsiones, que incluyeron innumerables pogromos y masacres. MV Wilhelm Gustloff, un barco alemán que transportaba a refugiados alemanes, fue hundido en enero de 1945 por la marina soviética, llevándose consigo 9.500 almas, pero ¿quién se acuerda de esto? Lo que es más importante, los representantes de los vencidos y de los refugiados no fueron invitados a las celebraciones del 09 de mayo, es decir, su narrativa no apareció por ninguna parte.

Y sin embargo, aquellos que celebran esta gran victoria sobre el mal cruzaron las líneas en menos de una semana recordando la "gran injusticia que afectó a los palestinos". Estas personas nunca han soñado honrar y recordar la Nakba alemán, por supuesto, sólo la palestina.

De vez en cuando ha habido propuestas para algún tipo de indemnización a esos exiliados de Alemania. Los países en cuestión, como Checoslovaquia y Polonia, rechazaron la idea de plano. Nadie niega los brutales pogromos y expulsiones que se cometieron. "Si alguien fuera a demandarnos", dijeron muy claramente, "nosotros exigiríamos indemnizaciones a Alemania por daños de guerra". Pasó el tiempo, las heridas se enconaban, pero no hubo ninguna indemnización, y sin duda alguna, ningún retorno. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ocupó de una demanda presentada por un deportado... y rápidamente la rechazó.

Los alemanes étnicos, la mayoría de ellos inocentes, no fueron los únicos que fueron sometidos a desplazamientos forzados. Decenas de millones de personas en Europa y en Asia experimentaron ese mismo trauma durante esa misma década, tanto antes como después del fin de la guerra. Esto es lo que les pasó a unos 700.000 árabes palestinos.

Y esto es también lo que les ocurrió a 850.000 judíos. Asi pues, los judíos también tuvieron una Nakba, al igual que los palestinos y los alemanes. También hubo una Nakba polaca, y una Nakba hindú. La Nakba fue una cruel realidad de la época. Fue una Nakba global. Por cada nación, una Nakba.

Según el historiador palestino Aref al-Aref, unos 13.000 árabes palestinos fueron asesinados en la Guerra de la Independencia de 1948. De hecho, debemos sentir remordimiento por cada muerte, pero también debemos tener en cuenta el hecho de que - de acuerdo con los informes imparciales sobre el número de bajas con relación al tamaño de la población o el número de los que huyeron o fueron expulsados ​​-, la Nakba palestina fue la más pequeña de todas.

Para efectos de comparación, en los intercambios de población actual entre Polonia y Ucrania, 100.000 personas perdieron la vida aparte de los 1,4 millones que fueron expulsados ​​de sus tierras de origen. ¿Alguien está organizando su recuerdo y conmemoración por todo el mundo en su nombre? Y, sin embargo, es la Nakba palestina la que se recuerda en todo el mundo.

Los palestinos sufrieron. Cada persona expulsada sufrió, pagando el precio por las acciones de sus líderes. Los palestinos habían elegido a Haj Amin al-Husseini para guiarlos, y cada vez más pruebas han sido descubiertas en los últimos años de su participación en el exterminio de los judíos.

Al-Husseini dejó claro que "la condición básica de nuestra cooperación con los alemanes se basaba en la libertad para exterminar a los judíos de Palestina y del mundo árabe". Fue uno de los creadores de las "Farhud" en Irak (junio de 1941), el primer pogrom de inspiración nazi contra los judíos en un estado árabe. Trabajó en contra de un acuerdo para asegurar la liberación de los niños judíos. Fue el creador de la "Operación Atlas" de 1944, que al parecer incluía un plan para envenenar a un cuarto de millón de judíos que vivían en Palestina. Pero él no fue el único líder árabe de la época en identificarse con los nazis, Fawzi al-Qawuqji y otros hicieron exactamente lo mismo.

Aquí y allá se oyen afirmaciones de que no hay conexión entre el problema de los refugiados palestinos y el de los refugiados judíos de los países árabes. Esta es una afirmación ridícula. Una serie de pogromos dirigidos contra los judíos en la década de 1940 - principalmente en 1948 en Aden, Siria, Libia, Irak y Marruecos - fueron una combinación de antisionismo y de antisemitismo. Del mismo modo, la Liga Árabe decidió en ese mismo año congelar las cuentas bancarias de los judíos y confiscar su dinero para financiar el esfuerzo de guerra contra las "aspiraciones sionistas en Palestina". Esta fue una lucha árabe, gestionada por la Liga Árabe y el Comité Superior Árabe, y encabezada por al-Husseini.

Así que en efecto, hay algo de absurdo en la pretensión de "no hay conexión".

El problema palestino se conmemora hoy en día debido a que el mundo árabe se ha negado sistemáticamente a cualquier oferta de restauración. Los estados árabes se opusieron incluso a la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU, que ofrecía la posibilidad de algún tipo de retorno palestino a su tierra de origen en determinadas condiciones, con el argumento de que incluía el reconocimiento de un Estado judío en el marco del Plan de Partición.

En los últimos años, esa misma resolución se ha convertido en un arma para los Estados árabes para tratar de poner en práctica un retorno palestino de masas, a pesar de que no haya ningún precedente histórico para un retorno en masa, sin hablar de un derecho a él.

En todo caso, la resolución 194 fue solamente una de una serie. Las Resoluciones 393, 394 y 513, que posteriormente fueron aprobadas y que mantienen un estatus legal similar, transfirieron la responsabilidad de la absorción de los refugiados a los países árabes. ¿Quién lo sabe? ¿Quién se acuerda?

Y así, aquellos que participaron en la conmemoración de la Nakba las semanas pasadas no hacen nada que sirva para poner en práctica una solución al problema. Ellos sólo están sirviendo a una narrativa propagandística que perpetúa el problema y cultiva la ilusión de un retorno. El mundo árabe ya ha dejado en claro hace tiempo que la exigencia de un derecho de retorno tiene un objetivo, a saber, la destrucción del Estado de Israel.

A pesar de estos hechos evidentes sobre su origen, la Nakba palestina se ha convertido, incluso a los ojos de algunos académicos, en "el mayor crimen de la era moderna". La mentira ha triunfado finalmente. En los campus en los Estados Unidos, los estudiantes anti-israelíes distribuyen simulacros de avisos de desalojo en los dormitorios, con el fin de representar las "deportaciones criminales" realizadas por Israel.

La mayoría de los estudiantes no se identifican con las víctimas, y ni siquiera conocen los hechos básicos. Ellos no saben, o no quieren saber, acerca de la Nakba judía y de las otras Nabkas a nivel mundial. Tampoco saben, o no quieren saber, acerca de la conexión entre los árabes y los nazis. Ellos tampoco conmemoran la Nakba alemana, ya que Alemania fue el agresor, pero ellos conmemoran la Nakba palestina, a pesar del hecho de que la parte árabe fue también la agresora.

Tiene que haber una reconciliación; tiene que haber un reconocimiento de la injusticia. Vaclav Havel, durante su etapa como presidente checo, hizo un gesto noble y pidió disculpas por las atrocidades llevadas a cabo por los checos contra los alemanes inocentes. Israel, como Havel, tiene que pedir perdón que por el sufrimiento que también ha causado a los inocentes. Pedir perdón, no compensación, y nada de regreso. Y hay que esperar a que el mundo árabe pueda a su vez pedir perdón por perseguir a sus judíos, por apoderarse de sus bienes, por hacer llamamientos a su destrucción, así como su cooperación con parte de los líderes nazis.

El reconocimiento de la injusticia tiene que ser un hecho humano, no político. En Londres y en Moscú no adoptaron la narrativa alemana el 9 de mayo, ni tampoco existe ninguna razón para adoptar la narrativa árabe para estar de pie en el Oriente Medio.

Y la reconciliación no se logra a través de mentiras propagandísticas que pintan a su vez el nacimiento del Estado de Israel como un crimen. La reconciliación sólo se logra cuando la verdad triunfa.

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