Sunday, May 24, 2020

La lección no aprendida de la 'nakba' acerca del compromiso - Jonathan Tobin - JNS



Los árabes palestinos continúan aprendiendo una lección de historia equivocada. El 15 de mayo, como lo hacen todos los años, reviven la tristeza de 1948, cuando recuerdan todas las cosas terribles que les sucedieron como resultado de la creación del Israel moderno. Su narración de un pueblo mártir que fue expulsado ​​de sus hogares y convertidos en víctimas apátridas es más que una declaración política, representa una fe que forma parte integral de su identidad. El voto anual de "regresar" a todo lo que perdieron hace 72 años, para revertir el veredicto de la historia, está tan profundamente arraigado en su conciencia que ha hecho imposible que ninguno de sus líderes considere siquiera abandonarlo formalmente.

Esta es una vieja historia que ha sido contada tantas veces que incluso muchos de los que simpatizan con la causa palestina se aburrieron de ella. De hecho, aunque hablar de la nakba —el “desastre” o “catástrofe” de 1948 — todavía es suficiente para encender a los enemigos radicales del estado judío en Occidente, gran parte del mundo árabe ha cambiado de canal y está más interesado en la cooperación con Israel que en revitalizar los acontecimientos de una guerra en la que se ganó su independencia.

Pero es de particular importancia en el 2020 porque con el debate sobre un Israel que extendería su ley a algunos asentamientos en Cisjordania, nuevamente se están repitiendo los errores que llevaron a la nakba en primer lugar.

Señalar esto generalmente se suele considerar como insensible. El sufrimiento de los palestinos —la única población de refugiados de los cientos de millones que quedaron sin hogar en todo el mundo desde 1945 que se ha negado a ser reasentada — siempre ha sido el arma más poderosa que poseen. Como tal, han nutrido su estatus de víctimas perpetuas y lo han guardado celosamente de manera que otros defienden su fe, literatura, cultura y aspiraciones. Esto significa que bajo ninguna circunstancia reconocerán que la culpa de la catástrofe que les sucedió fue en gran medida responsabilidad suya.

Desde el comienzo del proyecto sionista moderno, desde finales del siglo XIX hasta el momento en que se concretó con la creación del Estado de Israel, la posición firme de la población árabe fue que nunca aceptarían la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío" en cualquier parte del territorio que entonces se conocía como Palestina. Se opusieron a la Declaración Balfour en 1917 y al posterior Mandato Británico para Palestina encargado de la tarea de crear tal hogar, incluso si su derecho a quedarse y vivir en paz nunca fue amenazado por los judíos.

En las décadas posteriores, manifestaron esa oposición con disturbios, revueltas y pogromos sangrientos y una negativa constante a considerar cualquier plan que pudiera dar una soberanía a los judíos incluso sobre una pequeña parte del país.

Eso incluyó el plan de partición de la ONU de 1947 que, además de recomendar la creación de un estado judío, también exigía un estado árabe dentro de las fronteras del antiguo mandato con Jerusalén gobernada por una autoridad internacional. La dirección árabe rechazó el plan.

La guerra que decidiría el destino del país comenzó la mañana siguiente a la adopción de la resolución de partición por parte de la ONU. Los árabes locales, así como otros procedentes de los países árabes vecinos, comenzaron una campaña de terrorismo atacando a comunidades judías aisladas y asediando la Jerusalén judía. Su objetivo era expulsar a los judíos, con la esperanza de que una vez que los ejércitos de cinco países vecinos invadieran el país el 15 de mayo de 1948, harían exactamente eso.

Por supuesto, las cosas no funcionaron así, y el estado judío llevado a esa guerra la ganó luchando por su vida. Y lejos de celebrar la desaparición de los judíos, aproximadamente 700,000 árabes huyeron de sus hogares, ya sea porque temían lo que les sucedería bajo el dominio judío o en algunos casos porque fueron expulsados.

En lugar de reasentarse en las naciones árabes circundantes o en otras partes del mundo musulmán, se mantuvieron en su lugar en campos de refugiados a menudo a escasas decenas de kilómetros de sus anteriores residencias (Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania). Las Naciones Unidas crearon una agencia de refugiados exclusivamente para ellos, la UNRWA, distinta de la agencia global que ayudó a los muchos millones de personas sin hogar en todo el mundo, y ello con el objetivo de utilizarla como un arma contra la legitimidad de Israel. Mientras tanto, aproximadamente 800.000 judíos huyeron o se vieron obligados a huir de sus hogares en el mundo árabe y comenzaron nuevas vidas en Israel u Occidente.

Los árabes palestinos podrían haberse comprometido y haber conseguido un estado. Pero se negaron a aceptar nada menos que sus demandas máximalistas, y con el paso de los años sus opciones en términos de recuperación del territorio y el apoyo del resto del mundo árabe disminuyeron. Ni siquiera después de que Israel ofreciera repetidamente a la Autoridad Palestina un estado, aceptaron terminar con su guerra centenaria.

En cualquier momento de esta historia, los palestinos podrían haber aceptado uno de los acuerdos que les ofrecieron. Si hubiera sido así, no habría comunidades judías en los territorios que Israel busca anexionar.

Pero incluso ahora, con su causa abandonada en gran medida por gran parte del mundo árabe, se negaron a negociar con la administración del presidente Donald Trump sobre su propuesta de "Paz y prosperidad" que también les daría un estado, aunque no tan grande como podrían haberlo recibido en el 2000, o en el 2008, y mucho menos en 1948. Y el periódico oficial de la Autoridad Palestina publicó esta semana un artículo de primera plana que promete la destrucción de Israel como un imperativo religioso.

La lección de la nakba no es la indiferencia del mundo, los supuestos pecados de Israel o incluso el sufrimiento de los palestinos. La lección a extraer es la locura del maximalismo, en la que buscar el todo significa terminar consistentemente sin nada. Lo que sucederá verosimilmente este año con las posibles negociaciones, una vez más, es solamente una prueba más del hecho de que "si lo que realmente les importa es preservar el estatus de víctima, el precio de la intransigencia seguirá aumentando".

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Sunday, November 30, 2014

Gran artículo: ¿Y cuando hablarán de la Nabka judía? - Ben-Dror Yemeni - Ynet


Manifestación a favor de la Nabka y contramanifestación en la Universidad de Tel Aviv

"Si el Estado judío trata de convertirse en un hecho, y los pueblos árabes se dan cuenta de ello, entonces conducirán a los judíos que viven entre ellos al mar". Esta declaración fue realizada por Hassan al-Banna, el fundador de la Hermandad Musulmana, alrededor de un mes y medio después de la Declaración de Independencia, y con el Ejército egipcio invadiendo el territorio asignado al Estado judío.

El Mufti, Haj Amin al-Husseini, explicó en sus memorias: "Nuestra condición fundamental para cooperar con Alemania fue poder tener manos libres para erradicar hasta el último judío de Palestina y del mundo árabe".

Y la Liga Árabe, en esos momentos, también adoptó dos decisiones que se materializaron en un proyecto de ley para confiscar las cuentas bancarias de los judíos (viviendo en los países árabes) y despojarlos de sus pertenencias, un proyecto de ley que fue puesto posteriormente aplicada a las comunidades judías muy bien establecidos y ricas en lugares como Egipto, Libia, Siria e Irak. Como consecuencia de ellos, enteras comunidades judías fueron destruidas.

Durante décadas, los palestinos han alimentado el ethos de la Nakba. De hecho, la han convertido en la experiencia que define la identidad palestina. Israel, por su parte, optó por restar importancia a la persecución, expulsión y desposesión de los judíos de los estados árabes.

Solamente este año la Knesset ha decidido celebrar un día especial, el 30 de noviembre, para conmemorar la Nakba judía. La mayoría de los niños en edad escolar en Israel saben lo que se hizo a los judíos en Kishinev y también saben lo que hicieron algunos judíos en Deir Yassin. Pero la mayoría de los estudiantes israelíes no saben nada acerca de la Nakba judía. Ellos no saben nada acerca de una larga serie de pogromos y masacres perpetradas contra los judíos en la mayoría de los países árabes. Los pogromos de Kishinev en 1906 se cobraron la vida de 29 judíos. Solamente un año más tarde, en 1907, se produjo una serie de pogromos en Marruecos, 50 judíos fueron asesinados en la ciudad de Settat, y otros 30 fueron asesinados en Casablanca.

¿Cuántos estudiantes de secundaria saben algo acerca de estos hechos? ¿Y cuántos saben acerca del pogrom en Adén, en 1948, en el que 82 judíos fueron asesinados? ¿Y cuántos saben acerca de los cientos más que fueron asesinados durante ese período en Irak, Egipto, Siria y Libia sólo porque eran judíos?

Los "narrativas" han tomado el control de los campus universitarios y del sistema escolar. En su nombre, a los estudiantes israelíes se les cuenta "la versión de la historia de la otra parte". No es que uno deba menospreciar el dolor de los palestinos. Dios no lo quiera. La cuestión es que no hay nada único ni exclusivo en la historia palestina en particular. La gente huyó. También algunos fueron deportados a la fuerza. Pero, ¿dónde está la diferencia respecto a otras acciones similares en aquella época?

Y sin embargo, la Nakba judía se desvaneció en el aire, a pesar del hecho de que solamente por su número y circunstancias fue mucho más grave. Después de todo, los judíos de los estados árabes no declararon la guerra a los países árabes, tampoco tuvieron a un líder como el Mufti que estuviera planeando y tramando erradicar a todos los que no fueran árabes, hasta el último. Por el contrario, los judíos de los países árabes se comportaron como pacíficos ciudadanos dondequiera que estuvieran.

Vamos a poner las cosas en claro. La desintegración de los imperios, comenzando por el otomano, yendo hasta el austro-húngaro, y finalmente el británico, intensificó las demandas de autodeterminación de los distintos pueblos que los componían, para acabar no habiendo más estados multiétnicos bajo un dominio imperial, sino naciones con una identidad independiente en su lugar. Algunos lo llamarían un patrimonio imaginario, pero eso no es importante.

El resultado fue enormes oleadas de transferencia de poblaciones, a partir de 1912 y hasta los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de 52 millones de personas fueron sometidas a esa experiencia, incluyendo decenas de millones en el período posterior a la guerra. Millones de alemanes, húngaros, polacos, ucranianos, turcos, griegos, búlgaros, rumanos, indios, paquistaníes y muchos más se vieron obligados a abandonar sus lugares de nacimiento para dar paso a las entidades nacionales, antiguas y nuevas. Sería difícil encontrar un solo conflicto durante el período en cuestión que no terminara sin un intercambio de población.

Y lo mismo sucedió en el conflicto árabe-judío. Cuando la Comisión Peel apostó en 1937 por un intercambio de población, una de las razones que ofreció para apoyar su decisión fue el hecho de que los iraquíes habían llevado a cabo transferencias de población en contra de la minoría asiria, pese a sus previas garantías de salvaguardar sus derechos.

Los intercambios de población entre Grecia y Turquía también sirvieron de telón de fondo para la decisión de la comisión. En ese momento, se trataba de la posición defendida y mantenida por estadistas, académicos e intelectuales. Por otra parte, en 1930, la Corte Permanente de Justicia Internacional, la instancia judicial internacional más alta en aquel momento, aprobó el traslado de poblaciones por la fuerza cuando resolvió que el propósito de las transferencias masivas de población era "ayudar de la manera más eficaz al proceso de pacificación del Oriente Próximo".

Ese es el trasfondo. Los árabes de Palestina pagaron un precio por dos razones: en primer lugar, a causa de las acciones recalcitrantes e imprudentes de sus líderes; y en segundo lugar, como se ha mencionado, porque esa era la manera en que las cosas funcionaban durante ese período.

No hubiera sido posible sin una gran invasión árabe, acompañada por altisonantes y públicas declaraciones de destrucción de los judíos por parte de los líderes árabes, como el secretario general de la Liga Árabe en aquellos momentos, quien declaró: "Esta será una guerra de exterminio y de masacres, que hará que se olviden las masacres de los tártaros o las guerras de los cruzados".

La guerra contra el naciente Estado judío terminó con una contundente derrota de los árabes. Pero entre aquellos que pagaron el precio se encontraban los cientos de miles de judíos de los países árabes. Tomen nota, no todos fueron expulsados; pero los que no lo fueron también supieron que su tiempo había terminado. Ha habido intentos aquí y allá de evaluar el valor de la propiedad judía dejado atrás en los estados árabes.

Según las estimaciones ofrecidas por el economista Sidney Zabludoff, los bienes abandonados por los refugiados árabes ascienden a 3.900 millones de dolares, en comparación con los 6.000 millones de activos abandonados por los refugiados judíos. Hay otras evaluaciones también.

Lo que está claro es el hecho de que esas decenas de millones de personas de todo el mundo que fueran sometidas a la experiencia de los intercambios de población no recibieron un solo centavo, y ciertamente no recibieron el "derecho de retorno". Hace apenas unos años, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó una reclamación de restitución de la propiedad presentada por refugiados griegos de Chipre.

Los judíos de Europa recibieron compensaciones porque su historia es diferente. Ellos fueron desposeídos por causas ajenas a ellos, y no en el marco de unos intercambios de población. No sólo eso, se cree que han recibido sólo el 20% del valor de los activos que poseían en aquellos momentos. Cuando sale a la luz la situación real, y no las "narrativas". el derecho de los judíos a una indemnización es mucho mayor que la de los árabes.

Una ceremonia para conmemorar la Nakba judía se llevará a cabo este domingo en la residencia del presidente, tras la reciente promulgación de una ley que designa el 30 de noviembre como un día para celebrar la salida y expulsión de los judíos de los estados árabes e Irán. Y la ceremonia, en esencia, es una expresión de nuestra necesidad de reconocer la situación general. Tenemos que saber y reconocer la existencia de esos enormes intercambios de población.

Tenemos que saber que esos enormes intercambios de población también incluyeron a cientos de miles de judíos de los países árabes expulsados ​​y desposeídos. Tenemos que saber que exagerar la Nakba palestina - bajo la forma de ese festival de cine de la Nakba en la Cinemateca de Tel Aviv - se ha convertido en realidad en un factor que frena la posibilidad de un acuerdo y de un entendimiento, y que el reconocimiento de esa situación común dejará claro para todos que no hay vuelta atrás en el reloj.

Millones de hindúes no volverán a sus antiguos hogares a Pakistán. Millones de alemanes no van a volver a esas zonas de la actual Polonia que una vez fueron Alemania. Millones de polacos y ucranianos no regresarán respectivamente a esa Ucrania anteriormente polaca o a esa Polonia previamente ucraniana. Millones de palestinos no van a volver a Israel, y millones de judíos no van a volver a los estados árabes.

Hoy en día, ignorar todo ese amplio panorama es perjudicial para la paz. La ceremonia en favor de los judíos árabes, esa que tendrá lugar el domingo en la residencia del Presidente de Israel, no va a cambiar las percepciones equivocadas de los palestinos, ni de esa izquierda israelí que ha adoptado la narrativa palestina.

Esto sólo puede lograrse a través de una inversión masiva en el sistema escolar, no para enseñar la narrativa sionista o palestina, sino para enseñar en su lugar la verdad. Tal vez lo hemos olvidado, pero eso es lo que se necesita.

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Saturday, May 24, 2014

Gran artículo de Yemeni: Una Nakba para cada nación - Ben-Dror Yemini - Ynet


Expulsión de alemanes de los Sudetes. Ellos "no son celebrados"

El mes de mayo tuvo, con un intervalo de unos pocos días, dos hitos. El 9 de mayo, el mundo celebra la victoria sobre los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y el 15 de mayo el día de Nakba se conmemoró con eventos en todo el mundo.

La victoria aliada sobre Alemania no terminó con efusiones de reconciliación, sino todo lo contrario. Entre 12 y 16 millones de alemanes étnicos fueron expulsados ​​de diferentes estados de Europa Central al final de la guerra y en la posguerra. Entre 600.000 y dos millones de personas murieron durante esas expulsiones, que incluyeron innumerables pogromos y masacres. MV Wilhelm Gustloff, un barco alemán que transportaba a refugiados alemanes, fue hundido en enero de 1945 por la marina soviética, llevándose consigo 9.500 almas, pero ¿quién se acuerda de esto? Lo que es más importante, los representantes de los vencidos y de los refugiados no fueron invitados a las celebraciones del 09 de mayo, es decir, su narrativa no apareció por ninguna parte.

Y sin embargo, aquellos que celebran esta gran victoria sobre el mal cruzaron las líneas en menos de una semana recordando la "gran injusticia que afectó a los palestinos". Estas personas nunca han soñado honrar y recordar la Nakba alemán, por supuesto, sólo la palestina.

De vez en cuando ha habido propuestas para algún tipo de indemnización a esos exiliados de Alemania. Los países en cuestión, como Checoslovaquia y Polonia, rechazaron la idea de plano. Nadie niega los brutales pogromos y expulsiones que se cometieron. "Si alguien fuera a demandarnos", dijeron muy claramente, "nosotros exigiríamos indemnizaciones a Alemania por daños de guerra". Pasó el tiempo, las heridas se enconaban, pero no hubo ninguna indemnización, y sin duda alguna, ningún retorno. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ocupó de una demanda presentada por un deportado... y rápidamente la rechazó.

Los alemanes étnicos, la mayoría de ellos inocentes, no fueron los únicos que fueron sometidos a desplazamientos forzados. Decenas de millones de personas en Europa y en Asia experimentaron ese mismo trauma durante esa misma década, tanto antes como después del fin de la guerra. Esto es lo que les pasó a unos 700.000 árabes palestinos.

Y esto es también lo que les ocurrió a 850.000 judíos. Asi pues, los judíos también tuvieron una Nakba, al igual que los palestinos y los alemanes. También hubo una Nakba polaca, y una Nakba hindú. La Nakba fue una cruel realidad de la época. Fue una Nakba global. Por cada nación, una Nakba.

Según el historiador palestino Aref al-Aref, unos 13.000 árabes palestinos fueron asesinados en la Guerra de la Independencia de 1948. De hecho, debemos sentir remordimiento por cada muerte, pero también debemos tener en cuenta el hecho de que - de acuerdo con los informes imparciales sobre el número de bajas con relación al tamaño de la población o el número de los que huyeron o fueron expulsados ​​-, la Nakba palestina fue la más pequeña de todas.

Para efectos de comparación, en los intercambios de población actual entre Polonia y Ucrania, 100.000 personas perdieron la vida aparte de los 1,4 millones que fueron expulsados ​​de sus tierras de origen. ¿Alguien está organizando su recuerdo y conmemoración por todo el mundo en su nombre? Y, sin embargo, es la Nakba palestina la que se recuerda en todo el mundo.

Los palestinos sufrieron. Cada persona expulsada sufrió, pagando el precio por las acciones de sus líderes. Los palestinos habían elegido a Haj Amin al-Husseini para guiarlos, y cada vez más pruebas han sido descubiertas en los últimos años de su participación en el exterminio de los judíos.

Al-Husseini dejó claro que "la condición básica de nuestra cooperación con los alemanes se basaba en la libertad para exterminar a los judíos de Palestina y del mundo árabe". Fue uno de los creadores de las "Farhud" en Irak (junio de 1941), el primer pogrom de inspiración nazi contra los judíos en un estado árabe. Trabajó en contra de un acuerdo para asegurar la liberación de los niños judíos. Fue el creador de la "Operación Atlas" de 1944, que al parecer incluía un plan para envenenar a un cuarto de millón de judíos que vivían en Palestina. Pero él no fue el único líder árabe de la época en identificarse con los nazis, Fawzi al-Qawuqji y otros hicieron exactamente lo mismo.

Aquí y allá se oyen afirmaciones de que no hay conexión entre el problema de los refugiados palestinos y el de los refugiados judíos de los países árabes. Esta es una afirmación ridícula. Una serie de pogromos dirigidos contra los judíos en la década de 1940 - principalmente en 1948 en Aden, Siria, Libia, Irak y Marruecos - fueron una combinación de antisionismo y de antisemitismo. Del mismo modo, la Liga Árabe decidió en ese mismo año congelar las cuentas bancarias de los judíos y confiscar su dinero para financiar el esfuerzo de guerra contra las "aspiraciones sionistas en Palestina". Esta fue una lucha árabe, gestionada por la Liga Árabe y el Comité Superior Árabe, y encabezada por al-Husseini.

Así que en efecto, hay algo de absurdo en la pretensión de "no hay conexión".

El problema palestino se conmemora hoy en día debido a que el mundo árabe se ha negado sistemáticamente a cualquier oferta de restauración. Los estados árabes se opusieron incluso a la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU, que ofrecía la posibilidad de algún tipo de retorno palestino a su tierra de origen en determinadas condiciones, con el argumento de que incluía el reconocimiento de un Estado judío en el marco del Plan de Partición.

En los últimos años, esa misma resolución se ha convertido en un arma para los Estados árabes para tratar de poner en práctica un retorno palestino de masas, a pesar de que no haya ningún precedente histórico para un retorno en masa, sin hablar de un derecho a él.

En todo caso, la resolución 194 fue solamente una de una serie. Las Resoluciones 393, 394 y 513, que posteriormente fueron aprobadas y que mantienen un estatus legal similar, transfirieron la responsabilidad de la absorción de los refugiados a los países árabes. ¿Quién lo sabe? ¿Quién se acuerda?

Y así, aquellos que participaron en la conmemoración de la Nakba las semanas pasadas no hacen nada que sirva para poner en práctica una solución al problema. Ellos sólo están sirviendo a una narrativa propagandística que perpetúa el problema y cultiva la ilusión de un retorno. El mundo árabe ya ha dejado en claro hace tiempo que la exigencia de un derecho de retorno tiene un objetivo, a saber, la destrucción del Estado de Israel.

A pesar de estos hechos evidentes sobre su origen, la Nakba palestina se ha convertido, incluso a los ojos de algunos académicos, en "el mayor crimen de la era moderna". La mentira ha triunfado finalmente. En los campus en los Estados Unidos, los estudiantes anti-israelíes distribuyen simulacros de avisos de desalojo en los dormitorios, con el fin de representar las "deportaciones criminales" realizadas por Israel.

La mayoría de los estudiantes no se identifican con las víctimas, y ni siquiera conocen los hechos básicos. Ellos no saben, o no quieren saber, acerca de la Nakba judía y de las otras Nabkas a nivel mundial. Tampoco saben, o no quieren saber, acerca de la conexión entre los árabes y los nazis. Ellos tampoco conmemoran la Nakba alemana, ya que Alemania fue el agresor, pero ellos conmemoran la Nakba palestina, a pesar del hecho de que la parte árabe fue también la agresora.

Tiene que haber una reconciliación; tiene que haber un reconocimiento de la injusticia. Vaclav Havel, durante su etapa como presidente checo, hizo un gesto noble y pidió disculpas por las atrocidades llevadas a cabo por los checos contra los alemanes inocentes. Israel, como Havel, tiene que pedir perdón que por el sufrimiento que también ha causado a los inocentes. Pedir perdón, no compensación, y nada de regreso. Y hay que esperar a que el mundo árabe pueda a su vez pedir perdón por perseguir a sus judíos, por apoderarse de sus bienes, por hacer llamamientos a su destrucción, así como su cooperación con parte de los líderes nazis.

El reconocimiento de la injusticia tiene que ser un hecho humano, no político. En Londres y en Moscú no adoptaron la narrativa alemana el 9 de mayo, ni tampoco existe ninguna razón para adoptar la narrativa árabe para estar de pie en el Oriente Medio.

Y la reconciliación no se logra a través de mentiras propagandísticas que pintan a su vez el nacimiento del Estado de Israel como un crimen. La reconciliación sólo se logra cuando la verdad triunfa.

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Friday, May 03, 2013

Deslegitimando la fundación de Israel - Robert Werdine - Times of Israel



Es natural que el 65º aniversario de la primera guerra árabe-israelí (Guerra de la independencia para los ganadores, la Nakba para los perdedores) podría ocasionar algunas retrospectivas bastante provocativas sobre el tema, y es una certeza que no habremos visto la última de ellas (habrá que esperar al "Nakba Day"). Cualquiera que haya leído los artículos de Yousef Munayyer en la sección Open Zion de Peter Beinart, tendrá pocos problemas para discernir su firme convicción de que Israel es un estado colonialista, racista, de apartheid, que ha asesinado, oprimido y limpiado étnicamente en su camino hacia la estatalidad, y que sólo planifica más de lo mismo para el futuro.

En un artículo reciente, Munayyer daba a luz lo que podría denominarse como la auténtica versión BDS (Boicot, Desinversión, Sanción) de la fundación de Israel: varios meses después de la aprobación del plan de partición, a finales de marzo de 1948, los sionistas, temiendo la ruina de su "proyecto colonial", tomaron el asunto en sus propias manos cuando Estados Unidos anunciaron una retirada de su apoyo para el plan de partición de la ONU:
"Si la comunidad internacional no otorgaba a los sionistas un Estado propio en Palestina a expensas de los nativos, los sionistas estaban decididos a tomarlo por la fuerza. La movilización fue clave. Fue durante este período que la actividad militante sionista, tanto de la Haganá como del Irgún, incrementó en agresividad". 
Según Munayyer, el medio por el cual este vil acto de agresión se llevó a cabo fue el Plan Dalet de la Haganah, al que Munayyer denomina "el plan militar para la conquista de Palestina... adoptado por los sionistas".

Por lo tanto, según el relato de Munayyer fueron los sionistas quienes temiendo el fracaso de su "empresa colonial", perturbaron sin motivo la paz y la armonía hasta entonces imperante en
Palestina, y apresurándose para expulsar a la población árabe, atacaron “mayoritariamente a una población civil que tenía pocas posibilidades frente a la muy organizada fuerza de combate de los sionistas”, con el resultado de despoblar cerca de 200 ciudades y pueblos árabes, y poner en fuga a unos 400.000 refugiados árabes. Todo esto, señala Munayyer, tuvo lugar antes de la invasión pan-árabe del 15 de mayo de 1948.

La historia de la desposesión planificada de los árabes de Palestina por el Yishuv es, por supuesto, una muy familiar y vieja historia, y el relato de Munayyer encaja con las espeluznantes y paranoicas imágenes de costumbre, con su histérico antisionismo. Porque así, de forma expurgada, es la narración de la Nakba: una que retrata el Estado judío llevando a cabo una guerra de agresión no provocada, y una limpieza étnica y una expansión territorial contra un pueblo palestino mera víctima indefensa.

Esta narrativa ha ido ganando terreno en algunos sectores antes improbables en los últimos tiempos. Frases como la "violación de Palestina" y la "limpieza étnica de Palestina" se han convertido en algo común en ciertos círculos académicos e incluso diplomáticos, con activistas estudiantiles promocionando recientemente la nueva narrativa e incluso interrumpiendo las clases donde se imparte información sobre el conflicto en colegios y universidades de todo el país. Se de una vigilancia que no desfallece ante su lucha contra la "negación de la Nakba".

De hecho, en la "La limpieza étnica de Palestina" (2006), su obra de referencia del historiador antisionista israelí Ilan Pappe, la guerra librada en Palestina en los 5 meses y medio después de la aprobación de la resolución de las Naciones Unidas - la que daba lugar a la creación de un Estado judío y un Estado árabe en Palestina -, es prácticamente invisible. Realmente no se narra la guerra durante ese periodo, sólo hay un largo catálogo de agresiones judías, de expulsiones, de robos de tierras y de depravación desenfrenada.

Pero la narrativa de los Pappe-Munayyer sobre la Nakba no es más que un cuento de hadas, por citar su distorsión increíblemente descarada de los registros históricos. La verdad es que entre la aprobación de la partición el 30 de noviembre de 1947 y el 2 de abril de 1948, las diferentes milicias árabes y palestinas lanzaron continuos ataques por medio de compañías de milicianos (de 80 a 225 personas) y batallones de tamaño medio (300 a 1.200 soldados) contra el vecindario de Efal en las afueras de Tel-Aviv (4 de diciembre), contra el barrio Hatikva de Tel-Aviv (8 y 10 de diciembre), contra la Jerusalén judía (10 de diciembre), contra un importante convoy en Ben-Shemen (14 de diciembre), contra diversos asentamientos como Kfar Yavetz (27 de diciembre ), Kfar-Szold (10 de enero), Kfar Uríah (11 de enero), y el 14 de enero, una milicia palestina atacó el Etzion Bloc cosechando muchas bajas, pero en los siguientes dos días acabando con un pelotón de 35 combatientes judíos enviados como refuerzo, y cuyos cuerpos fueron brutalmente mutilados.

El Ejército de Liberación Árabe también atacó los asentamientos judíos de Yechiam (20 de enero), Tirat Svi (16 de febrero), Magdiel (2 de marzo), Ramot Naftali (4 de marzo), y las milicias árabes también tuvieron éxito en emboscadas contra tres convoyes judíos el 27, 28 y 31 de marzo 1948.

En resumen, no menos de doce agresiones militares y a escala de batallón contra los asentamientos judíos, el sabotaje exitoso de varios importantes convoyes, por no mencionar los cerca de cuarenta y un ataques terroristas individuales y bombardeos sobre objetivos judíos urbanos  - 6 en diciembre, 9 en enero y 13 en febrero y en marzo – que ocasionaron el asesinato de unos 295 civiles judíos.

En los cuatro meses entre la aprobación de la partición y el final de marzo de 1948, la Yishuv había sufrido las bajas de unos 1.000 soldados y civiles muertos, siendo estos últimos la mayoría.

La Haganah durante este período (30 de Noviembre de 1947 al 2 de abril de 1948), adoptó una postura de "defensa agresiva". La política, tal como se desarrolló, fue una política de represalias por los ataques individuales contra la Yishuv, pero evitando ataques a gran escala que pudieran elevar el nivel y el volumen de las hostilidades. Ciertamente, las milicias de Stern y del Irgun estaban ocupadas durante este período en atentados individuales y en actos de represalia, pero simplemente no existió una actividad militar a gran escala por parte de la Haganá durante este período.

De hecho, un vistazo a esa época rememorada por Munayyer (marzo de 1948), muestra que la situación, lejos de contener cualquier aumento de la "actividad militar sionista", muestra como el esfuerzo de la guerra árabe-israelí contra la Yishuv marchaba a toda velocidad.

El 17 de marzo de 1948, un artículo del NY Times subrayaba el aumento de la actividad militar árabe en el triángulo Nablus-Tulkharm-Jenin, diciendo que "se había divulgado que la fuerza del ejército había llegado a los 8.000 hombres, y aún más llegando diariamente". También registraba que Abd al-Qader al-Husayni, el comandante designado por el Mufti para el frente de Jerusalén y para el Jaysh al-Jihad al-Muqaddas ("El Ejército de la Guerra Santa") había afirmado que "no estaba dispuesto a considerar una tregua bajo ninguna circunstancia".

Mientras, Fawzi al-Qawuqji, el comandante del Ejército de Liberación Árabe (ALA), le dijo a Al-Ahram el 9 de marzo de 1948 que el ALA estaba luchando por "la derrota de la partición y la aniquilación de los sionistas".

El propio Muftí le contaba al diario de Jaffa Al Sarih, el 10 de marzo de 1948, que prevenir la partición no era suficiente, y que "seguirá luchando hasta que los sionistas fueron aniquilados y toda Palestina se convierta en un estado puramente árabe".

Los sentimientos expresados anteriormente por al-Qawuqji el 9 de marzo, el Mufti el 10 de marzo, y por Abd al-Qader al-Husayni el 17 de marzo, daban voz y expresión a la confianza muy fundada entre los árabes de que estaban ganando la guerra contra la Yishuv en esa etapa. Esta también era la opinión de consenso entre la comunidad internacional en esos momento, como mostraban las páginas editoriales del Times de Londres, The Guardian y el New Statesman - todos los cuales hoy en día no defenderían ni por asomo el Estado judío en parecida tesitura -, los cuelas solicitaban a los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos que intervinieran con mayor decisión en el conflicto para rescatar a la Yishuv de su desesperada situación en esos momentos. Un informe británico de finales de marzo decía lo siguiente:
"La intensificación de los ataques árabes a las comunicaciones y en particular el fracaso de los convoyes de Kfar Etzion (marzo 27-28), probablemente la unidad de transporte más fuerte de la Yishuv, obligándolos a regresar. ha dado lugar a la precaria situación de las comunidades judías, grandes y pequeñas, que ahora dependerán de las líneas de suministro que atraviesan un país controlado por los árabes. En particular, ahora se dan cuenta de que es probable que la posición de los judíos de Jerusalén después del 16 de mayo sea desesperada, y donde ya existe escasez de alimentos".
Y otro de abril realizaba similares comentarios:
"Cada vez es más evidente que la Yishuv y sus líderes están profundamente preocupados por el futuro. Los 100.000 judíos de Jerusalén se ven relegados a ser rescatados y es dudoso que el bloqueo económico árabe de la ciudad pueda ser roto solamente con las propias fuerzas judías. Si los líderes judíos no están dispuestos a sacrificar a los 100.000 judíos de Jerusalén, entonces deberán reconocer, de mala gana, que los árabes han ganado la segunda ronda de una lucha que se inició con una victoria judía durante la primera ronda el 29 de noviembre". 
Ésta era entonces la situación de desamparo de la Yishuv a principios de abril de 1948. Tras el éxito de la última emboscada contra un convoy judío que se dirigía a Jerusalén el 31 de marzo, su situación era precaria por no decir menos. El sabotaje de los convoyes iba en aumento, el estrangulamiento de las vías y de las arterias de comunicaciones entre las comunidades dispersas de la Yishuv se agudizaba, incrementándose la escasez de productos básicos y de armas dentro de Jerusalén, mientras el cerco alrededor de la ciudad se agudizaba. Cuando el representante americano de la ONU Warren Austin anunció a finales de marzo que la guerra en Palestina “demostraba que la partición era imposible”, todo ello parecía indicar un retroceso en el apoyo norteamericano que sólo agregaba oscuridad y una desmoralización creciente a la Yishuv.

Como Benny Morris escribió:
"Dado el estado de la Yishuv después de las terribles pérdidas a lo largo de las rutas y vías de comunicación, no existía otra opción: o se lanzaba a la ofensiva, o perdería la Jerusalén judía, y, tal vez, la guerra".
El Plan Dalet de la Haganá fue originalmente concebido como una operación militar que intentaba consolidar un perímetro defensivo entre todas las comunidades judías de Palestina, desde Galilea hacia el sur hasta el Negev, en preparación de la esperada invasión pan-árabe que se esperaba que siguiera a la retirada de los británicos el 15 de mayo.

Pero la urgencia de la situación no podía permitir esperar hasta mayo. En la Jerusalén judía, la escasez de agua y de electricidad era observada con satisfacción por el Alto Comando árabe en Damasco. El 28 de marzo de 1948, el NY Herald Tribune informaba que Hussein Khalidi, el secretario del Alto Comité Ejecutivo Árabe de Palestina, consideraba con desprecio "lo que calificó como los repentinos esfuerzos judíos por conseguir que una fuerza internacional protegiera los santuarios judíos de Tierra Santa", y que esto era "debido a la comprensión por parte judía de que no podían proteger a sus 100.000 habitantes en Jerusalén".

Además, en contraste con el actual bloqueo naval de Gaza donde el flujo de suministros humanitarios corre en abundancia, un informe británico del momento informaba de las palabras del Alto Comité árabe:
"Declaró con orgullo que nos hemos negado a prestar atención a la petición del Alto Comisionado [británico] para que columnas de suministro para los judíos entren en la ciudad, incluso con la condición de que fueran inspeccionadas por las fuerzas árabes".
Fue en respuesta a esta emergencia suprema que el Haganah concibió la Operación Nachshon, cuyo objetivo sería la apertura y mantenimiento de la carretera de Jerusalén. la cual comprendía el largo extremo oriental de la carretera que unía Tel Aviv y Jerusalén. En palabras del jefe del Alto Mando, "la ansiedad ha dado luz al atrevimiento, y éste a la Operación Nachshon". Al percatarse de la insuficiencia de una pequeña operación llevada a cabo por pequeñas unidades para lograr dicha tarea, la Haganah lanzó su primer ataque en la guerra con un número tropas similar a las de una brigada.

En la noche del 2-3 abril de 1948, una compañía del Palmach se apoderó de la aldea de montaña de al-Qastal, a unos 3 kilómetros al oeste de Jerusalén, lográndolo con poca resistencia. En la noche del 4 de abril, un destacamento de la brigada Giv'ati atacó y bombardeó la sede fortificada de Hasan Salame, el comandante palestino del Frente de Lydda en Ramle. Salame resultó ileso, pero 17 de sus hombres murieron en la lucha y su reputación sufrió un duro golpe, al igual que la moral árabe.

Unos días más tarde, estalló de nuevo la lucha en torno a al-Qastal. Ambos lados se dieron cuenta de la importancia estratégica de la villa: desde allí se podían controlar los accesos occidentales a Jerusalén. La lucha fue intensa, y el pueblo cambió de manos varias veces durante los siguientes días de lucha entre el Palmach y las fuerzas de las milicias árabes bajo el mando de Abd al-Qader al-Husayni, posiblemente uno de los jefes militares más capaces de los árabes durante toda la guerra. Fue Abd al-Qader quien provocó la movilización de los asentamientos judíos atacando los caminos y las rutas de comunicación, y el que tanto había hecho para poner a la Yishuv en una situación desesperada hasta esos momentos.

Su muerte en la batalla de al-Qastal fue un duro golpe para la dirección y la moral de todo el esfuerzo bélico árabe/palestino, similar a lo que representó la muerte de Stonewall Jackson para
la Confederación durante la Guerra Civil Americana, y es que Jackson era insustituible, tanto por su carisma como por su capacidad.

La muerte de Abd al-Qader al-Husayni y la pérdida de al-Qastal, la derrota de Salame en Ramle, las derrotas sufridas por las fuerzas árabes en los pueblos de los alrededores a lo largo de la carretera entre Jerusalén y otros lugares, por no mencionar el pánico provocado por la histérica propaganda árabe desatada tras el ataque y matanza acontecida en Deir Yassin, todo ello preparó el escenario para la desmoralización y el deterioro continuo de los esfuerzos bélicos árabes/palestinos, por no hablar de la sociedad árabe palestina en general, y esto llevó a que el flujo de refugiados aumentara a medida que la guerra se intensificó y se llevó a cabo pueblo tras pueblo.

Yoav Gelber, un historiador israelí, realizó una observación muy aguda sobre la historiografía árabe de la Guerra de 1948:
"Los eruditos árabes apenas han tratado de averiguar lo que realmente ocurrió en esa guerra. En cambio, han argumentado en gran medida sobre la justicia de su propia causa y la ilegitimidad de los argumentos israelíes. En estas discusiones, la cronología exacta, las fuentes confiables y los argumentos precisos, han sido marginados".
Es verdad, la Operación Nachshon (2 abril-15 abril), fue la primera de las varias operaciones de contraofensiva lanzadas por la Haganah trazadas en el Plan Dalet contra las milicias árabes y palestinas antes del 15 de mayo, pero no fue una campaña pensada, sino circunstancialmente, de limpieza étnica y de conquista, tal como es interpretada por gente como Ilan Pappe, Walid Khalidi y Yousef Munayyer, sino que trataba de paliar una grave situación de deterioro y una amenaza grave y existencial para la Yishuv.

Más que cualquier otra cosa, la Operación Nachshon fue el crisol en el que la Yishuv de Palestina se forjó en el Estado de Israel. Al ver la Jerusalén judía rodeada y sitiada, al borde de la hambruna y el colapso, y con las rutas y caminos entre los asentamientos siendo saboteados y estrangulados, y después de sufrir cerca de cuatro meses de incesantes ataques, la asediada Yishuv finalmente pasó a la ofensiva con la Operación Nachshon, haciendo retroceder y derrotando a las milicias árabes, abriendo el camino a Jerusalén y transformando una serie de asentamientos vulnerables, tenuemente conectados y cuya defensa sería una pesadilla para cualquiera, en una entidad defendible capaz de resistir la inminente invasión pan-árabe.

La Yishuv pasó al ataque en respuesta a esta amenaza, y sólo en respuesta a esta, y en adelante eligió sobrevivir en lugar de perecer.


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Saturday, May 19, 2012

La Nakba ¿por qué se celebra esa día? - Benny Morris - Open Zion



La semana pasada los palestinos conmemoraron el Día de la Nakba (catástrofe), en el que recuerdan el desastre que se abatió sobre ellos en 1948, cuando perdieron la guerra que desataron contra el sionismo y dos tercios de la población palestina que residía en el territorio de Israel acabó desplazada de sus hogares convirtiéndose en refugiados. Si bien es perfectamente natural que los palestinos conmemoren lo que para ellos es una tragedia nacional, la fecha que han elegido para la celebración conlleva un claro mensaje político-ideológico, y no es uno que anime precisamente a los aspirantes a pacificadores del Oriente Medio.

El martes, hubo manifestaciones en los campamentos de refugiados en los países que rodean a Israel y en algunas ciudades árabes israelíes, con algunos enfrentamientos de baja intensidad y con lanzamiento de piedras en los puntos de paso entre Cisjordania e Israel (sin muertes), y una controvertida conmemoración de varios cientos de estudiantes árabes israelíes y sus simpatizantes judíos en la Universidad de Tel Aviv.

La universidad, por cierto, se encuentra ubicada en tierras del Sheikh Muwannis, un pueblo árabe despoblado el 30 de marzo de 1948 (uno de los aproximadamente 400 que acabaron despoblados en el curso de la guerra). El ministro israelí de Educación, Gideon Saar (Likud), pidió a la universidad que prohibiera la conmemoración, pero las autoridades universitarias decidieron permitirla, aunque se negaron a proporcionar la seguridad, obligando a los organizadores a proporcionarla. La Universidad de Haifa, que aprobó inicialmente un acto similar, en el último minuto impuso su prohibición, argumentando el peligro potencial de desordenes y una amenaza para la seguridad pública. Los organizadores finalmente se congregaron frente a las puertas del campus, tanto para conmemorar la Nakba como para protestar contra la prohibición de la universidad.

En ambos casos existía una razón. Los adversarios de las conmemoraciones fueron capaces de recurrir a la ley. En enero pasado el Tribunal Supremo israelí aprobó una ley aprobada por la Knesset en marzo de 2011 y denominada la "Ley Nakba", la cual permite al Estado denegar la financiación de cualquier actividad "que implique la negación de la existencia del Estado de Israel como el Estado del pueblo judío... o que apoya la lucha armada en contra del Estado... o que apoye la incitación al racismo, la violencia, el terror y la deshonra de la bandera nacional o del símbolo nacional". Las universidades de Israel son todas instituciones subvencionadas por el Estado, y con los años, las manifestaciones del Día de la Nakba, inauguradas por Yasser Arafat en 1998, han desembocado en buena medida en violencia anti-israelí (quemas de los símbolos nacionales, enfrentamientos.

En un editorial del 15 de mayo, el Haaretz, el periódico más importante de Israel (entre los medias extranjeros), criticó el intento de prohibir la conmemoración en la Universidad de Tel Aviv, lo que denominó un "gigantesco esfuerzo del Estado" para borrar la Nakba de la memoria pública. El editorial concluía: "El Día de la Nakba no sólo pertenece a los árabes, sino que es una parte inalienable de la historia de la creación del Estado de Israel".

Y por supuesto, estaba en lo cierto. Los pueblos deben recordar no sólo sus días de gloria, sino también los momentos oscuros y menos agradables de su historia. En el caso de Israel, el nacimiento del Estado también conllevó la destrucción y el desplazamiento de gran parte de la sociedad palestina (que residía en su territorio). Es evidente que los palestinos pagaron un alto precio por la creación de Israel.

Pero hay algo curioso, y deprimente, en la elección de los palestinos de la fecha en que recuerdan su catástrofe, el 15 de mayo. El 15 de mayo de 1948 los ejércitos de Egipto, Siria, Irak y Jordania invadieron el territorio del Mandato Británico de Palestina, los tres primeros para atacar el territorio asignado al recien nacido Estado de Israel. Mientras tanto, el ejército jordano, la Legión Árabe, ocupaba únicamente el área asignada por la Resolución de Partición de Naciones Unidas al Estado de los árabes palestinos, las áreas destinados a la fiscalización internacional - es decir, Jerusalén oriental - y no atacaron el territorio destinado al Estado judío, a pesar de que atacaron los asentamientos judíos ubicados fuera de dicho territorio.

El día anterior, el 14 de mayo de 1948, los dirigentes sionistas declararon el establecimiento de Israel. Por lo tanto, con la elección del 15 de mayo como día de conmemoración, los manifestantes palestinos del Día de la Nakba están expresando su oposición al establecimiento de Israel y se lamentan de que los árabes aún no lo hayan destruirlo, así como se lamentan de su catástrofe nacional.

En consonancia con esto, el canto y el lema que prevalece en las manifestaciones en todo el mundo árabe - en Beirut, Ramallah, así como en buena parte de los estudiantes árabes en la Universidad de Tel Aviv - es "¡Oh, Palestina, a sangre y fuego te redemiremos!" y "Palestina libre", los cuales implican, y lo saben perfectamente, "toda Palestina", lo que equivale a un llamamiento a la destrucción de Israel y a su sustitución por una Palestina árabe y musulmana. Estos llamamientos hacen alusión tanto a Tel Aviv como a Degania Aleph y Bet (el icónico kibbutz en el Valle del Jordán), así como Sheikh Muwannis. No hay pues ninguna solución de dos estados a la vista.

Hubiera tenido más sentido conmemorar el Día de la Nakba el 29 de noviembre, cuando en 1947 la ONU resolvió el establecimiento de dos estados en el Mandato Británico de Palestina, uno judío y el otro árabe, y cuando los árabes palestinos y el mundo árabe rechazaron dicha resolución.

O quizas el 9 de abril, por lo acontecido en 1948 en la aldea árabe de Deir Yassin, cuando las tropas de unas milicias sionistas radicales (Irgun, Lehi) conquistaron el pueblo y provocaron el exilio de su población, además de provocar una masacre que afectó a un centenar de sus habitantes. De hecho, "Deir Yassin", para muchos, se ha convertido en el símbolo de la Nakba.

O también podían haber elegido otro día para conmemorar la catástrofe, la pérdida y el exilio, por ejemplo el 22 de abril 1948, cuando fueron derrotados los árabes de Haifa y la población árabe partió hacia el Líbano y Nazaret, o 13 de mayo, cuando la ciudad árabe de Jaffa se rindió después de que la mayoría de sus habitantes hubieran huido.

Pero los palestinos, dirigidos por Arafat y la OLP, preferieron el 15 de mayo, y se han adherido firmemente a esa fecha, con el sucesor de Arafat, Mahmoud Abbas, reiterando la semana pasada la "santidad" y la "inmutabilidad del derecho de retorno" de los refugiados palestinos (es decir, aquellos de los supervivientes de los 700.000 desplazados más o menos en 1948 y sus descendientes), cuya posible aplicación, de aplicarse, necesariamente supondría la destrucción y el fin del Estado judío. Hoy en día, los palestinos contabilizan la cifra de esos refugiados en unos 5-6 millones de refugiados (los refugiados directos y todos sus descendientes, hijos, nietos, bisnietos...), y actualmente en Israel residen 5,7 millones de judíos israelíes y 1,4 millones de árabes israelíes [N.P.: las cifras actuales son casi 6 millones de judíos israelíes, más de 300 mil personas de origen judío y ruso, pero que no reconocidas como judíos por el Rabinato, y cerca de 1.6 millones de árabes israelíes, de los que habría que descontar unas 280 mil personas que son residentes en Jerusalem Este, pero que no son propiamente israelíes).

El problema de Arafat con la fecha del 29 de noviembre consistía en que esa elección supondría un reconocimiento de Israel, ya que implícitamente se reconocería la legitimidad de Israel [N.P.: Y la culpa recaería en la ONU] y explícitamente se llamaría la atención sobre el rechazo de los palestinos a una solución de dos estados (el día posterior, el 30 de noviembre de 1947, milicianos árabes palestinos provocaron y lanzaron las primeras hostilidades que dieron comienzo a la guerra de 1948).

Y con respecto a las siguientes fechas, el 9 y el 22 de abril o el 13 de mayo, la tragedia y el despojo palestina quedaba demasiado marcados. Pero Arafat estaba empeñado en perpetuar el rechazo (y por lo tanto el conflicto) y el vaticinio de una eventual desaparición de Israel.

En consonancia con esa forma de pensar, otro miembro incondicional del liderazgo palestino, la académica Hanan Ashrawi, un miembro del Comité Ejecutivo de la OLP y una profesora de literatura inglesa, publicó la semana pasada un artículo sobre el Día de la Nakba en el que destacaba la cultura pre-palestina de 1948 ("en el área de las artes, de la música, y del drama, la creatividad palestina no tenía límites"), la cual fue "aplastada por la violencia [del nacimiento de Israel, por supuesto]". En ninguna parte se menciona que la guerra de 1948 fue promovida y desencadenada por los palestinos, en ninguna parte se expresa o solicita alguna autocrítica palestina por sus acciones, las de entonces y las de ahora. Por el contrario, ella exige simplemente que Israel reconozca "nuestro [palestino] relato histórico".

Así que tal vez la última palabra deba darse a Neve Gordon, un profesor de la Universidad Ben Gurión, que desde luego no puede ser acusado de un excesivo amor por Sión, de hecho, ha ganado importancia (o notoriedad, según prefieran) por sus llamamientos favorables a un boicot internacional de las universidades de Israel (incluyendo la suya propia). La semana pasada, él también publicó un artículo conmemorando el Día de la Nakba en Al Jazeera, en el cual, al tiempo que exige que los israelíes reconozcan el sufrimiento palestino, también hace un llamamiento a los palestinos para que reconozcan la narrativa judeo-israelí: "La Nakba es una verdad... pero el reconocimiento debe ser recíproco. Los palestinos... tienen que reconocerlos [a los judíos, que sufriendo el Holocausto, también tienen derechos]... Sólo una vez que se produzca un reconocimiento mutuo de las dos narrativas históricas existirá una oportunidad para que una reconciliación emerja realmente".

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