Saturday, May 31, 2014

Muy interesante: La amoralidad del Papa y la manipulación de la 'Terra Sancta" - Shraga Blum - i24news



Al igual que en cualquier evento en el Oriente Medio Oriente, el contenido de las observaciones hechas por el Papa Francisco I palidece en importancia respecto a las memorables imágenes de su visita. Si bien los progresos realizados por el Vaticano en su actitud hacia los judíos e Israel desde el final de la Segunda Guerra Mundial resulta innegable, sólo podemos lamentar el ejercicio moral - o más bien amoral - de equilibrio por el que optó el Papa durante su visita, sabiendo que a cada paso, cada palabra y cada gesto, estaban sujetos a un detallado escrutinio. Dadas las graves controversias ​​que han envenenado las relaciones entre la Iglesia y el pueblo judío, era de esperar que el Vaticano adoptara una postura más valiente en lugar de tratar de distribuir uniformemente dulces para ambas partes, lo que demuestra una total ausencia de brújula moral, bastante sorprendente viniendo de un clérigo que ha hecho de la ética su credo.

¿Cómo podría el Papa expresar su apoyo al movimiento nacional palestino, establecido con el único objetivo de prevenir que los judíos regresaran a su tierra, y al mismo tiempo colocar una ofrenda floral en la tumba del fundador del sionismo, Theodor Herzl? ¿Cómo iba a abrazar el presidente palestino Mahmoud Abbas, quien sigue alabando y honrando a los terroristas, y a continuación visitar un monumento a las víctimas de ese mismo terrorismo? ¿Cómo puede emitir una condena inequívoca del antisemitismo y luego reunirse con el mufti de Jerusalén, ese mismo que llama regularmente al exterminio de los judíos? ¿Cómo puede soportar escuchar sin estremecerse como los jóvenes de Belén afirmaban que "los palestinos han vivido la mayor tragedia vivida por la humanidad", y luego ir al Museo del Holocausto Yad Vashem?

Tenga en cuentan que la interesada imagen viral de la visita del Papa, la foto ampliamente compartido en las redes sociales, muestra al Papa en meditación frente a la barrera de seguridad - construida precisamente para bloquear la llegada y la actuación de los terroristas -, y justamente en un lugar donde un grafiti comparaba en idioma inglés las acciones israelíes en Belén con lo sucedido en el gueto de Varsovia. Esta actitud ambivalente y moralmente inaceptable nos plantea una serie de preguntas incómodas que tenemos derecho a realizar como judíos: ¿realmente la Iglesia Católica ha captado la importancia del retorno del pueblo judío a su tierra ancestral?, y, finalmente, ¿ha aprendido las lecciones del tradicional anti-judaísmo cristiano?

Lo que me lleva a mi segundo punto. Las visitas papales a la región siempre se promocionan como un viaje a la "Tierra Santa" - un término que es difuso geográficamente como correcto espiritualmente. Pocas personas saben que esta expresión es el resultado de un error de traducción - otro - del hebreo: el término original es "Eretz Ha-Kodesh", literalmente "Tierra de Santidad", que es muy diferente.

Las relaciones entre las tres religiones monoteístas siguen una dialéctica histórica que desafía la lógica. En sus respectivos soportes, el Cristianismo y el Islam fueron inspirados por el judaísmo antes de intentar socavarlo y suplantarlo como la única religión verdadera. Su conexión con la Tierra de Israel, y especialmente con Jerusalén, se basa únicamente en su deseo de apropiarse de partes de la identidad de Israel. En términos generales, el Cristianismo deniega al Judaísmo el acceso al cielo, mientras que el Islam compite por el dominio sobre la Tierra. La historia sólo puede corroborar esta máxima.

El uso repetido de esa intencionada errónea traducción, como "Tierra Santa" y "Ciudad Santa", indica una disposición a desposeer al pueblo judío de su patrimonio. El significado original hebreo, que se refiere a la santidad de la Tierra y de la Ciudad, indica no sólo un hecho, sino un destino universal, la función imperativa por la que la Tierra de Israel y la ciudad de Jerusalén se asignan exclusivamente al pueblo judío. Y es solamente cuando los judíos vivan en su tierra soberana, y tras los edictos prescritas en la Torah, incluyendo las leyes agrarias, cuando el concepto de la santificación de la Tierra tiene sentido.

"Tierra Santa" y "Tierra de Santidad" son conceptos aparentemente relacionados, pero que denotan imágenes radicalmente diferentes del mundo. El primer término intenta abolir la conexión del pueblo judío a su tierra y a su ciudad, haciendo de estos lugares "sitios del patrimonio universal", mientras que el segundo expresa el vínculo espiritual y carnal entre el pueblo judío y su cuna histórica. No es ni justo ni lógico que mientras Roma es la capital única e indiscutible del cristianismo, como la Meca lo es del Islam, los judíos tengan su Santo de los Santos impugnado.

A diferencia del judaísmo, la religión que les precede, ni el cristianismo ni el islam pueden comprenderse sin hacer referencia a esa religión madre, lo que plantea la siguiente dificultad fundamental: es imposible vivir sin ella, y menos aún vivir con ella. Esta es la razón por la  que la reinstauración de la soberanía judía en la Tierra de Israel plantea un problema teológico casi insuperable para el Cristianismo y el Islam, para quienes el Judaísmo debería ser una religión caducada, que fue por última vez políticamente relevante hace de 2000 años.

El uso de "Terra Sancta" en la terminología cristiana, como lo es "Dar al-Islam" en el Islam son algunos de los síntomas de este deseo inconsciente de frustrar la Restauración de Israel

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