Wednesday, May 28, 2014

Un Estado Judío - Semántica vs Autenticidad - Alexander Yakobson - IDI


Israel 66

La cuestión del reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío es ampliamente vista como un grave - algunos dicen innecesario - obstáculo en el camino hacia la paz. Las posiciones de ambas partes sobre esta cuestión parecen irreconciliables, y tampoco parece probable que cedan. Para muchos israelíes, entre ellos los que se oponen al actual gobierno y cuestionan sus motivos para dar a este reconocimiento un lugar tan destacado, la negativa palestina a reconocer esta autoevidente base para una solución de dos estados - el derecho de los dos pueblos a la independencia nacional en dos estados-nación - resulta inquietante.

Sin embargo, esta cuestión no es un verdadero ultimátum. Si los otros puntos, en el fondo del desacuerdo se resuelven – lo que sería gran noticia, es cierto – y las partes decidan cerrar un trato, una fórmula mutuamente aceptable podría encontrarse.

Una fórmula posible proviene de los parámetros de Clinton del año 2000: una solución de dos estados que establezca "al Estado de Palestina como la patria del pueblo palestino y el Estado de Israel como la patria del pueblo judío". Una fórmula similar aparece en los llamados "Acuerdos de Ginebra" firmados en el 2003 por un grupo de activistas por la paz israelíes y una delegación palestina que incluía a personas cercanas al liderazgo de la Autoridad Palestina: "Afirmando que este acuerdo marca el reconocimiento del derecho del pueblo judío a un Estado y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a un Estado, sin perjuicio de los derechos iguales de los respectivos ciudadanos de las partes".

Algunas de estas fórmulas se pueden adoptar en un futuro acuerdo de paz. Será algo recíproco, y no sonaría como un dictado israelí. Tampoco estaría abierta a la objeción de que al reconocer a Israel como un Estado judío, los palestinos tendrían que renunciar a su narrativa histórica y suscribirse a la israelí; porque también es obvio que al aceptar una redacción de tal tipo, Israel no tendría por que adoptar la narrativa palestina. El término "Estado judío" en sí, probablemente no estaría allí, pero se habría cumplido el fondo de la demanda israelí en régimen de reciprocidad.

El "Estado judío", por supuesto, es precisamente la expresión utilizada por la ONU en su Plan de Partición de 1947, el cual establecía un "Estado judío" y un "Estado árabe" en la Palestina del Mandato (ambos necesarios para garantizar la igualdad cívica para sus respectivas minorías y la plena libertad religiosa para todos). Los portavoces palestinos se muestran “conmocionados y sorprendidos” por las (posibles) connotaciones religiosas de esta expresión; preocupándose más, de manera muy sorprendente, por el secularismo de Israel que por el propiamente palestino, ya que la Ley Básica Palestina y el proyecto de Constitución del futuro Estado palestino proclama el Islam como religión oficial y a la Sharia islámica como fuente principal de la legislación.

También se afirma que el reconocimiento de Israel como un "Estado judío" tendría “implicaciones siniestras” en lo referente a los derechos civiles de la minoría árabe de Israel, sin embargo, la fórmula de Ginebra puede utilizarse para hacer frente a esta objeción. También hemos escuchado en repetidas ocasiones que reconocer la fórmula de "Estado judío" está, simplemente, fuera de los límites para cualquier líder palestino que se precie, pero se ha comprobado que Yasser Arafat, al comienzo del proceso de paz, utilizaba públicamente esa expresión para referirse a Israel y a la aceptación palestina de la solución de dos estados, al menos en una ocasión - al igual que el Consejo Nacional Palestino en la Declaración de Independencia de Palestina en 1988 -. En realidad, no hay razón para que la expresión "Estado judío", como tal, deba aparecer en el tratado de paz, sino que un sustituto adecuado, del tipo que se ha indicado anteriormente, se podría encontrar.

La verdadera cuestión no es si los palestinos están dispuestos a aceptar una fórmula semántica que tiene que ver con el Estado judío, sino más bien si están dispuestos a aceptar al propio Estado judío. Esta cuestión se plantea con toda su gravedad por la demanda palestina de un "derecho de retorno" a Israel para los refugiados palestinos de 1948 y sobre todo para sus descendientes. Sobre este tema, se le pide a Israel que acepte un principio que es "una receta para subvertir en la práctica, ya que sería mucho más que una cuestión de semántica, la solución de dos estados, aún con la seguridad de que todavía habría capacidad para negociar los detalles de la aplicación de este supuesto principio".

"El derecho al retorno es una decisión personal", dijo el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas (Abu Mazen) en un discurso en enero del 2014. "Ni la Autoridad Palestina, ni el Estado palestino, ni la OLP, ni Abu Mazen, ni ningún otro líder palestino o árabe tiene el derecho de privar a alguien de su derecho a regresar... La elección es suya. ¿Tú quieres volver? Volverás. ¿Usted no quiere regresar? Entonces será libre de permanecer allí donde está, con una compensación y otros detalles.... El derecho al retorno es un derecho personal. Incluso un padre no puede renunciar el derecho de sus hijos".

Los palestinos dicen estar dispuestos a negociar una cuota de los regresarían y se establecerían en Israel, pero no como una serie final, pues cualquier cuota se aplicará en un período limitado de tiempo, después del cual otra cuota vendrá y deberá ser negociada, y todo ello bajo el principio rector de que incluso un Estado palestino no puede ceder ante el derecho "personal" a regresar de unos 5 millones de personas (donde la enorme mayoría la comprenden los descendientes).

Estamos seguros de que no todos esos 5 millones – y no lo olvidemos, con sus descendientes en el futuro a su vez -, optarían realmente por venir a Israel. Pero con el fin de acabar con Israel no son necesarios 5 millones. Por otra parte, es difícil para muchas personas que correctamente puedan ser críticos de los “muchos defectos de Israel” reconocer con franqueza, incluso a sí mismos, cuán enorme atractivo es ese “estado imperfecto” a los ojos de sus vecinos (a nivel de libertades y economía).

Por lo tanto es éste, en lugar de la semántica, el verdadero problema. Israel puede vivir perfectamente sin ningún tipo de reconocimiento semántico de su ser como Estado judío, pero no podrá sobrevivir si hace caso a esa demanda palestina de un “retorno individual, por cuotas temporales y sin final”.

¿Es esta posición palestina actual su última palabra? La única manera de poner esto a prueba es mediante la presentación de un plan de paz que ofrezca a los palestinos un estado viable sobre la base de las fronteras de 1967, con un derecho de retorno al estado palestino, pero no a Israel. Debido a que el actual gobierno israelí no va a producir un plan de este tipo, deberían ser los Estados Unidos los encargados.

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