Saturday, February 03, 2018

Está bien que quieras vivir en un estado judío - Alexander Yakobson - Haaretz



"La mayoría de los israelíes no querrían vivir en un país con una mayoría árabe, incluidos los izquierdistas. No porque sean racistas, sino porque quieren vivir de acuerdo con los valores liberales y democráticos, y observan y conocen cómo son los estados árabes de la región". Uri Misgav escribió esta refutación (edición hebrea del Haaretz, 18 de enero) a la visión de Gideon Levy de un solo estado binacional.

Cualquiera que sea reacio a decir que quiere vivir en un Estado judío tiene que explicar por qué no quiere vivir en un Estado árabe. Pero me parece que la explicación del deseo de vivir en un Estado judío, además de tener la ventaja de la honestidad, es también una explicación más liberal y políticamente correcta en el sentido positivo del término. Es decir, el deseo de evitar ofender innecesariamente. También es más universal, en el sentido de reconocer el principio de la igualdad humana.

Por ejemplo, yo no estoy interesado en vivir en un estado con una mayoría danesa. No me gustaría vivir en el Estado nacional danés, ni en un estado binacional con los daneses. Desde este aspecto, no hay diferencia en principio entre los daneses y los árabes, y nada pretende distinguir o discriminar a los árabes de mala manera. El derecho de las naciones a la autodeterminación nacional es un principio universal y el deseo de las personas de vivir en una nación independiente de su propio pueblo es un deseo legítimo que no levanta la sospecha de racismo.

No hay necesidad de rechazar esta sospecha explicando qué lo que estaría realmente mal sería una mayoría árabe. Por supuesto, cualquiera puede ver que dadas las circunstancias existentes, es mejor formar parte de una minoría en Dinamarca que en un estado árabe, pero esto es solo un apéndice al tema principal que depende de las circunstancias actuales.

Confiar en el principio de la autodeterminación nacional le permite a uno explicar por qué los judíos necesitan un estado sin decir nada malo acerca de los árabes. Las duras circunstancias en nuestra región son claras y evidentes para todos, pero el pueblo judío tiene una larga memoria. El sionismo europeo, en cuanto alternativa ideológica y no solamente como respuesta a una grave angustia existencial, fue una decisión de dejar Europa para vivir en el corazón del mundo árabe musulmán.

El deseo de los judíos israelíes de vivir en un estado judío es natural y legítimo, como también lo es el deseo de los palestinos de vivir en los territorios mediante la independencia nacional en su propio estado. En ambos casos, lo que no es legítimo es negar el derecho de los otros a la independencia.

También está claro que muchas personas en todo el mundo (incluidos muchos judíos) viven como minoría, y tampoco hay nada de malo en este fenómeno, como tampoco el apego de una minoría a su país. Dadas las circunstancias existentes, está claro que la mayoría de los árabes israelíes, y no solo los judíos israelíes, no quieren vivir en un estado árabe. Pero eso no es suficiente. El objetivo debe ser cultivar una identidad israelí "amplia" entre los ciudadanos árabes de Israel, que se basaría en que el estado es su hogar y su país, además de ser el hogar nacional del pueblo judío. Parcial e insuficientemente, aunque mucho más significativamente de lo que muchas personas piensan, esta forma de israelidad no es solamente un ideal sino que hoy también es una realidad, a pesar de todas las dificultades involucradas.

Y en cuanto al "Estado único", está claro (si, Dios no lo quiera) que no será ese que presenta y difunde Gideon Levy, sino ese que supone Uri Misgav. Cualquiera que no entienda esto está viviendo en un mundo de sueños. Y en ese mundo de sueños en el que viven algunos, no hay nacionalismo en nuestra región, solamente nacionalismo judío, tampoco hay fanatismo religioso, solamente fanatismo judío y ninguna brutalidad, solamente brutalidad judía.

Es cierto que demasiados israelíes ignoran al elefante en la habitación que es la ocupación. Pero incluso este elefante no puede compararse con el mamut en la habitación, ese que Gideon Levy siempre ignora.

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Sunday, August 24, 2014

¿Quién habla en nombre de la izquierda israelí? - Alexander Yakobson - Haaretz



El ex presidente del Meretz, Haim Oron, cuyo nieto soldado resultó gravemente herido en Gaza mientras que su hijo es piloto de helicópteros, dice que está enojado porque se requiere a los izquierdistas que demuestren su patriotismo. En una entrevista publicada en el Haaretz este fin de semana, no estaba de acuerdo con Gideon Levy cuando insultaba a los pilotos por cometer las "obras más bajas desde las alturas más elevadas" (ataques desde el aire).

Parece, sin embargo, que cuando los israelíes de hoy piensan en "la izquierda israelí", tienen en mente mucho más a Gideon Levy que a Haim Oron. Para los israelíes, la marca o las palabras que distinguen a la "izquierda" se asocia con esas "obras más bajas..." y otros posicionamientos similares, esos que van hasta el "derecho de retorno" y a "una solución de un estado".

Todo el mundo sabe que sólo una minoría de los portavoces de la izquierda expresan ese tipo de opiniones, pero desde luego parecen hablar en nombre de unos valores básicos en los que está comprometida la totalidad de la izquierda. Estos minoritarios portavoces pretenden ser la voz de la conciencia de toda la izquierda, incluso si no representan a su voz oficial. Desde luego, ellos sí se consideran la manifestación más pura y consistente de los valores en los que cree la izquierda.

No obstante, esta impresión resulta inevitable cuando los líderes mayoritarios de la izquierda no repudian esta interpretación de sus valores. Ante esta situación, la mayoría de la izquierda suele seguir una línea bastante coherente: por lo general, ignoran tales puntos de vista, criticándolos aquí y allá ligeramente, pero nunca repudiándolos.

En la entrevista con Oron - a pesar de sus objeciones al ataque de Levy a los pilotos - no se puede deducir que, además de su argumento inicial contra la derecha, él también mantenga una serie disputa con aquellos que, desde la misma izquierda, interpretan sus valores en el espíritu de las "obras más bajas...", "el derecho de retorno y un único estado".

La derecha, naturalmente, hace todo lo posible para vincular a toda la izquierda con tales posiciones, pero no obstante la mayor parte de ese trabajo es realizado por la propia izquierda, y no me refiero a la izquierda radical, que simplemente expresa sus opiniones, sino la corriente mayoritaria de la izquierda, con su manifiesto silencio.

Por lo tanto, la opinión pública siempre va a asociar a la izquierda con las posiciones más radicales expresadas en nombre de los "auténticos valores de la izquierda", a menos que los propios líderes y portavoces de la izquierda mayoritaria dejen en claro que esas posiciones no son la manifestación auténtica de los valores de la izquierda, sino más bien una distorsión radical de ellos.

La equidad requeriría que la misma regla se aplicara a la derecha, pero la vida no siempre es justa. La derecha también paga su propio precio político por las palabras y los hechos de sus radicales, pero aún no parece pagar el precio total y adecuado.

Cualquiera puede opinar que aludir a las "obras más bajas..." representa a la voz de la conciencia de la izquierda israelí, o bien que no la representa. Si se piensa que sí representa de alguna manera dicha conciencia, la reacción bien puede ser dejar hacer sin necesidad de repudiar nada, pues no habría que entusiasmarse demasiado con unas exageraciones retóricas cuando la corriente principal sí piensa de manera correcta y equilibrada. Ahora bien, si fuera así, la izquierda mayoritaria no podría quejarse de que los israelíes la asocien con tales posiciones.

En cuanto a la libertad de expresión, por supuesto que tales opiniones son legítimas. Pero aparte de la libertad de expresión, los israelíes tienen otro importante derecho democrático: elegir libremente a sus representantes electos. Los israelíes (o cualquier otra persona en una situación similar) nunca pondrá su destino en manos de un grupo político que se identifique con dichas posiciones, aunque sólo sea parcialmente. Incluso si la izquierda persuade a la gente que tiene toda la razón en todos los demás asuntos y temas en cuestión, incorporar y hacer suyas opiniones como las "obras más bajas...", de tal manera que formen parte, o den la impresión de formar parte, del sistema de valores asociados a la izquierda, sería como multiplicar todo el resto de acertados valores por cero.

Si, por el contrario, Oron y sus colegas creen que estas posturas no representan a la verdadera voz de la izquierda israelí, deben decirlo alto y claro. Durante muchos años la izquierda israelí mayoritaria ha evitado hacerlo. Las consecuencias políticas de ello no deberían sorprender a nadie, y menos a la propia izquierda

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Tuesday, August 12, 2014

El coste de luchar y el coste de no luchar - Alexander Yakobson - JPost



"Aquí está mi pregunta para las personas que apoyan la campaña de bombardeos de Israel", decía Peter Beinart en su página de Facebook del 14 de julio. "Estaremos de acuerdo en que Israel tiene derecho a su legítima defensa. Estaremos de acuerdo en que Hamás tiene mucha culpa de esta guerra, y de la muerte de los civiles palestinos que se deriven de ella. Pero también estaremos de acuerdo en que sin importar los esfuerzos que Israel haga a la hora de ser preciso -y de la dificultad que implica -, sus misiles han matado a un montón de seres humanos inocentes. Para justificar esto, usted debe creer que Israel va a ganar algo importante de esta guerra. ¿Qué piensan de ello? Teniendo en cuenta que esta guerra es casi seguro que deje a Hamas en el poder en Gaza, y que Hamas es casi seguro que reconstruya la infraestructura armamentista que Israel ahora le está destruyendo, y que además la usará contra Israel de nuevo (en ausencia de cualquier cambio político drástico), ¿lo que Israel está logrando vale la muerte de un solo niño de Gaza?"

Estas preguntas deben ser respondidas en serio. Pero aquellos que les plantean deben, por su parte, estar dispuestos a lidiar seriamente con la obvia cuestión inversa: ¿Cuál cree Peter Beinart que sería el coste de no tomar una fuerte acción militar contra Hamas en las circunstancias actuales? ¿Qué se ganaría con eso y qué se perdería? La decisión de no luchar contra aquellos que están determinados a luchar contra Israel es tanto una decisión política como una decisión de combatir, y ambas deben ser examinadas críticamente.

¿Qué sucedería si Israel adoptara la lógica implícita en la crítica de Beinart a la actual operación - que, sin duda, se aplicaría a cualquier operación militar de este tipo y no sólo a la actual, y que Netanyahu obviamente se esforzó en evitar -? ¿Qué pasaría si Hamás asimilara el mensaje de que Israel ha aceptado que no tiene una verdadera opción militar de cara a los disparos de los cohetes? (más allá, claro está, de una respuesta simbólica que daría a la otra parte una razón real para no detener su agresión).  Sin lugar a dudas, cada vez más lanzamientos de cohetes hasta que la vida se vuelva imposible en este país. ¿Qué exactamente podría detener a Hamas para no llegar hasta ese punto?

En una situación difícil como la que estamos enfrentando, nunca es suficiente volver a señalar los altos costes de un determinado curso de acción con el fin de demostrar que no es el correcto, es necesario preguntarse cuál sería el coste de no tomar ese determinado curso de acción. Del mismo modo, a la derecha israelí le gusta señalar los costes y los peligros derivados de la partición de la tierra entre el Jordán y el mar Mediterráneo. Estos riesgos son, efectivamente, considerables, y necesitan ser reconocidos de una vez por todas por los partidarios de la solución de dos estados, a pesar de que sepamos muy bien que la derecha ideológica tiene otras razones principales que no tienen nada que ver con la seguridad de Israel. Por otra parte, el coste de la partición se convertirá en mucho más grave - tal vez realmente insoportable - si resulta que Israel es incapaz de defenderse cuando es atacado desde zonas que ya ha evacuado, por lo que a la defensa del país frente a Hamas en Gaza, así como frente a Hezbollah en el Líbano, también podría añadirse la posibilidad de tener que defenderse del que gobierne en Cisjordania - incluso si eso no ocurriría en la actualidad - si finalmente se deshace la ocupación de Cisjordania.

Pero el problema de la objeción de la derecha a dividir el territorio es que la derecha no tiene en cuenta los costes y los peligros de la no partición. El coste moral de perpetuar la ocupación será evaluado de manera diferente por diversas personas, en función de su visión del mundo y por el peso que concedan a otras consideraciones. Pero ni la derecha israelí, ni los partidarios de Israel, pueden darse el lujo de ignorar el argumento de que, si bien la partición es de hecho una acción peligrosa, la no partición, a largo plazo, resultaría fatal, porque si no hay dos estados en esta tierra tarde o temprano habrá un solo estado aquí, y ese estado no será Israel. No pueden darse el lujo de ignorarlo, pero lo hacen con regularidad.

De la misma manera, el costo de la lucha contra Hamas - obviamente alto y trágico - debe medirse con el coste de no luchar contra Hamas.

Pero ¿qué pasa con la condición de ''en ausencia de cualquier cambio político drástico"? ¿No apunta a un camino por el que Israel podría escapar a los crueles dilemas de la guerra? De hecho, hay dudas muy serias sobre la disposición del primer ministro Benjamin Netanyahu a pagar el precio territorial de una solución de dos estados a la que se ha comprometido oficialmente. Del mismo modo, existen serias dudas sobre la voluntad de Abu Mazen de renunciar a la exigencia de un derecho al retorno a Israel, lo que equivale a una negación de la solución de dos estados adoptada oficialmente por la OLP. De hecho, las posiciones oficiales de ambas partes están convirtiendo actualmente una solución de dos estados en algo imposible. La cuestión es si existe la posibilidad de que vayan a cambiar en el futuro. Incluso ausente la posibilidad de un acuerdo final, hay buenas razones para criticar la política del gobierno de Netanyahu sobre todo en lo relativo a los asentamientos. Pero Hamas es una historia completamente diferente.

Hamas no está interesado en la paz con Israel en cualesquiera condiciones. Tampoco está interesado en gobernar una pacífica y próspera Gaza disfrutando de una tregua casi permanente con Israel. Más allá de mantener su control sobre Gaza, lo que quiere es preservar y fomentar su posición de abanderado de la resistencia armada. Esto es en lo que ellos creen y eso es lo que construye su prestigio. Por otra parte, esto es lo que se exige de ellos por parte de Irán.

Lo que mejor le sirve a Hamas son los brotes periódicos de intensos combates, con preparativos de guerra intensivos y una ''oleada" de misiles Kassam sobre Sderot y otras ciudades del sur de Israel. En cada ronda de combates, Hamas asume que su gobierno en Gaza no corre un peligro real, porque Israel, obviamente, no quiere volver a ocupar Gaza, además de conocer las restricciones morales, políticas y legales de Israel a la hora de limitar la gravedad del daño que pueda ser infligido.

Suponiendo todo esto, y dada su total indiferencia hacia las víctimas civiles palestinas, la conducta de Hamas no es meramente irracional, es simplemente vil. Que Dios nos ayude si no podemos convencerles de que es totalmente irracional - después de todo, fue la forma en que sus colegas de Hezbollah fueron persuadidos como resultado de la Segunda Guerra del Líbano de 2006, y hasta ahora aún parecen persuadidos -.

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Tuesday, June 24, 2014

Gran, gran artículo: "Si los judíos israelíes fueran los conquistados..." - Alexander Yakobson - Haaretz



El escritor y columnista árabe del Haaretz, Sayed Kashua, ha pedido a los judíos israelíes que se imaginen una situación en la que "ellos fueran la parte débil y vencida". "A veces me pregunto si, en el caso de que los palestinos fueran capaces de invadir los hogares de Israel, de enviar a sus soldados para arrebatar a la gente de sus camas frente a sus familias... ¿cómo serían las cosas entonces? ¿quién se comportaría de una manera más humana en esos casos?".

Esta es, realmente, una muy importante pregunta hipotética. Pero el que la plantea también tiene que estar preparado para escuchar una respuesta honesta. Sayed Kashua, aparentemente, cree que la apatía de los judíos israelíes hacia el sufrimiento palestino se deriva del hecho de que "nunca se preguntan qué pasaría si los papeles se invirtieran". Pero creo que es precisamente todo lo contrario lo que es cierto: "esa apatía de los judíos israelíes es en gran medida el resultado de plantearse esa cuestión demasiadas veces". Y se debe a que la respuesta que el público judío se da cuando se imagina una derrota militar y una conquista árabe, "es que en tal caso ya no habría dos pueblos sobre esta tierra".

Incluso entre aquellos judíos israelíes que se oponen con vehemencia y rechazan la ocupación israelí, sólo unos pocos de ellos mantienen alguna ilusión con respecto a lo que supondría una ocupación árabe. Por esta razón, no hay ninguna necesidad de imaginarse lo que sería una búsqueda masiva, casa por casa, de tres adolescentes palestinos que hubieran sido secuestrados por un grupo clandestino judío.

La hipótesis que prevalece entre la población judía es que si Israel fuera derrotado y vencido, "la conquista árabe no daría lugar a la creación de un prolongado régimen de ocupación", sino a lo que se canta en un videoclip que recientemente apareció en la web del ala militar de Hamas: "Dos partes, una que sería devuelta / a su tierra de origen, la única que verdaderamente la desea / y la otra, la loca, / que tercamente / estaíar destinado / a terminar bajo el polvo". La única cuestión pendiente sería cuál sería la proporción entre la dos partes.

Y cuando un judío de Israel reflexiona hoy en día sobre las furiosas y sangrientas disputas internas dentro del mundo árabe que le rodea - y no hay ningún ciudadano israelí, judío o árabe, que no lo haga -, no hay ninguna razón para que sea optimista. Y tenemos que recordar que en todas esas diferencias interárabes, ninguna de las partes en disputa ve a la otra como un implante extranjero en la región o como un invasor colonialista. Obviamente, la situación aquí es diferente.

Por otra parte, cuando un judío israelí recuerda lo que supuso la toma del control de Gaza por Hamas  - a pesar de que si nos atenemos a los actuales sucesos regionales sería ejemplar por su moderación -, tampoco habría razón para el optimismo. Si, por ejemplo, la derecha israelí derrotara la izquierda israelí en una guerra civil y los izquierdistas pudieran huir a Gaza para salvar sus vidas, tal como la gente de Fatah huyó a Israel cuando perdió Gaza, tal vez entonces habría lugar para preguntarnos en serio "¿quién se comportaría de una manera más humana?".

¿Hay en todo el Oriente Medio un guerrillero o militante árabe que no preferiría, si pudiera elegir, caer en las manos de los israelíes y no en manos de la facción árabe rival? En cualquier caso, eso es lo que hicieron los combatientes de Fatah de la Franja de Gaza, así como los hombres de Fatah en Jordania durante el Septiembre Negro hace más de 40 años. Es difícil de creer que estas sean noticias nuevas para Kashua, que ha escrito muchas cosas honestas y valientes sobre el mundo árabe. Es una lástima que justamente cuando "está invitando a los judíos a mostrar honestidad y valentía", esos rasgos parezcan haberlo abandonado.

Nada de esto, de ninguna de las maneras, contradice la necesidad de poner fin a la ocupación y dividir la tierra entre los dos pueblos. Eso es lo más justo y lo más apropiado, y va en el interés supremo de Israel. Porque si Israel termina derrotado en este conflicto, es seguro asumir que no será una derrota militar, sino una derrota diplomática que se traducirá en la creación de un único estado entre el río y el mar. Tal estado ya no será Israel. Lo irónico es que los que tratan de imponer esa derrota a Israel se llaman a sí mismos el "campo nacional".

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Wednesday, May 28, 2014

Un Estado Judío - Semántica vs Autenticidad - Alexander Yakobson - IDI


Israel 66

La cuestión del reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío es ampliamente vista como un grave - algunos dicen innecesario - obstáculo en el camino hacia la paz. Las posiciones de ambas partes sobre esta cuestión parecen irreconciliables, y tampoco parece probable que cedan. Para muchos israelíes, entre ellos los que se oponen al actual gobierno y cuestionan sus motivos para dar a este reconocimiento un lugar tan destacado, la negativa palestina a reconocer esta autoevidente base para una solución de dos estados - el derecho de los dos pueblos a la independencia nacional en dos estados-nación - resulta inquietante.

Sin embargo, esta cuestión no es un verdadero ultimátum. Si los otros puntos, en el fondo del desacuerdo se resuelven – lo que sería gran noticia, es cierto – y las partes decidan cerrar un trato, una fórmula mutuamente aceptable podría encontrarse.

Una fórmula posible proviene de los parámetros de Clinton del año 2000: una solución de dos estados que establezca "al Estado de Palestina como la patria del pueblo palestino y el Estado de Israel como la patria del pueblo judío". Una fórmula similar aparece en los llamados "Acuerdos de Ginebra" firmados en el 2003 por un grupo de activistas por la paz israelíes y una delegación palestina que incluía a personas cercanas al liderazgo de la Autoridad Palestina: "Afirmando que este acuerdo marca el reconocimiento del derecho del pueblo judío a un Estado y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a un Estado, sin perjuicio de los derechos iguales de los respectivos ciudadanos de las partes".

Algunas de estas fórmulas se pueden adoptar en un futuro acuerdo de paz. Será algo recíproco, y no sonaría como un dictado israelí. Tampoco estaría abierta a la objeción de que al reconocer a Israel como un Estado judío, los palestinos tendrían que renunciar a su narrativa histórica y suscribirse a la israelí; porque también es obvio que al aceptar una redacción de tal tipo, Israel no tendría por que adoptar la narrativa palestina. El término "Estado judío" en sí, probablemente no estaría allí, pero se habría cumplido el fondo de la demanda israelí en régimen de reciprocidad.

El "Estado judío", por supuesto, es precisamente la expresión utilizada por la ONU en su Plan de Partición de 1947, el cual establecía un "Estado judío" y un "Estado árabe" en la Palestina del Mandato (ambos necesarios para garantizar la igualdad cívica para sus respectivas minorías y la plena libertad religiosa para todos). Los portavoces palestinos se muestran “conmocionados y sorprendidos” por las (posibles) connotaciones religiosas de esta expresión; preocupándose más, de manera muy sorprendente, por el secularismo de Israel que por el propiamente palestino, ya que la Ley Básica Palestina y el proyecto de Constitución del futuro Estado palestino proclama el Islam como religión oficial y a la Sharia islámica como fuente principal de la legislación.

También se afirma que el reconocimiento de Israel como un "Estado judío" tendría “implicaciones siniestras” en lo referente a los derechos civiles de la minoría árabe de Israel, sin embargo, la fórmula de Ginebra puede utilizarse para hacer frente a esta objeción. También hemos escuchado en repetidas ocasiones que reconocer la fórmula de "Estado judío" está, simplemente, fuera de los límites para cualquier líder palestino que se precie, pero se ha comprobado que Yasser Arafat, al comienzo del proceso de paz, utilizaba públicamente esa expresión para referirse a Israel y a la aceptación palestina de la solución de dos estados, al menos en una ocasión - al igual que el Consejo Nacional Palestino en la Declaración de Independencia de Palestina en 1988 -. En realidad, no hay razón para que la expresión "Estado judío", como tal, deba aparecer en el tratado de paz, sino que un sustituto adecuado, del tipo que se ha indicado anteriormente, se podría encontrar.

La verdadera cuestión no es si los palestinos están dispuestos a aceptar una fórmula semántica que tiene que ver con el Estado judío, sino más bien si están dispuestos a aceptar al propio Estado judío. Esta cuestión se plantea con toda su gravedad por la demanda palestina de un "derecho de retorno" a Israel para los refugiados palestinos de 1948 y sobre todo para sus descendientes. Sobre este tema, se le pide a Israel que acepte un principio que es "una receta para subvertir en la práctica, ya que sería mucho más que una cuestión de semántica, la solución de dos estados, aún con la seguridad de que todavía habría capacidad para negociar los detalles de la aplicación de este supuesto principio".

"El derecho al retorno es una decisión personal", dijo el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas (Abu Mazen) en un discurso en enero del 2014. "Ni la Autoridad Palestina, ni el Estado palestino, ni la OLP, ni Abu Mazen, ni ningún otro líder palestino o árabe tiene el derecho de privar a alguien de su derecho a regresar... La elección es suya. ¿Tú quieres volver? Volverás. ¿Usted no quiere regresar? Entonces será libre de permanecer allí donde está, con una compensación y otros detalles.... El derecho al retorno es un derecho personal. Incluso un padre no puede renunciar el derecho de sus hijos".

Los palestinos dicen estar dispuestos a negociar una cuota de los regresarían y se establecerían en Israel, pero no como una serie final, pues cualquier cuota se aplicará en un período limitado de tiempo, después del cual otra cuota vendrá y deberá ser negociada, y todo ello bajo el principio rector de que incluso un Estado palestino no puede ceder ante el derecho "personal" a regresar de unos 5 millones de personas (donde la enorme mayoría la comprenden los descendientes).

Estamos seguros de que no todos esos 5 millones – y no lo olvidemos, con sus descendientes en el futuro a su vez -, optarían realmente por venir a Israel. Pero con el fin de acabar con Israel no son necesarios 5 millones. Por otra parte, es difícil para muchas personas que correctamente puedan ser críticos de los “muchos defectos de Israel” reconocer con franqueza, incluso a sí mismos, cuán enorme atractivo es ese “estado imperfecto” a los ojos de sus vecinos (a nivel de libertades y economía).

Por lo tanto es éste, en lugar de la semántica, el verdadero problema. Israel puede vivir perfectamente sin ningún tipo de reconocimiento semántico de su ser como Estado judío, pero no podrá sobrevivir si hace caso a esa demanda palestina de un “retorno individual, por cuotas temporales y sin final”.

¿Es esta posición palestina actual su última palabra? La única manera de poner esto a prueba es mediante la presentación de un plan de paz que ofrezca a los palestinos un estado viable sobre la base de las fronteras de 1967, con un derecho de retorno al estado palestino, pero no a Israel. Debido a que el actual gobierno israelí no va a producir un plan de este tipo, deberían ser los Estados Unidos los encargados.

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Tuesday, October 01, 2013

Lo que se esconde detrás de los refugiados (Dos elefantes en la sala de negociaciones - Alexander Yakobson - Haaretz)



En una entrevista en el Maariv de finales de agosto, a Ahmed Qureia (Abu Ala), un oficial de alto rango de Fatah y de la Autoridad Palestina, se le preguntó si él  veía "un escenario en el que los refugiados palestinos… regresaban a Tel Aviv"- Él contesto: "Nosotros queremos llegar a una situación en la que los refugiados tengan una opción. Así podríamos pedirles a cada una de ellos: ¿Qué quieres, permanecer donde estás actualmente, regresar al territorio de la Autoridad Palestina, o regresar a Israel?".

Tenemos que prestar atención a este tipo de observaciones o similares que son dichas una y otra vez por los altos funcionarios palestinos. El principio que está detrás de ellas, en la práctica, es la migración masiva, con el tiempo, de los refugiados de 1948 y de sus descendientes a Israel, ya sea por motivos personales o nacionalistas, por la situación de los refugiados en los países árabes, o por la enorme brecha económica entre Israel y sus vecinos. Esta exigencia palestina es lo opuesto a una resolución del conflicto y todo lo contrario a una solución de dos estados.

Hay una manera de comprobar si al final el liderazgo palestino estaría dispuesto a renunciar a esta demanda. Tengan en cuenta que la cuestión no es que los funcionarios palestinos, en secreto, entiendan los límites de lo que es posible. La pregunta es si son capaces de firmar un tratado de paz que no incluya el "sagrado derecho de retorno" que juran defender ante su pueblo.

La única manera de probar esto es ofrecer un paquete: un Estado palestino con fronteras sobre la base de las líneas previas a 1967, con unos acordados intercambios de territorio entre las partes, de acuerdo con la fórmula de Barack Obama y que los palestinos han aceptado, y el derecho de retorno al Estado palestino y no a Israel, en el espíritu de los "parámetros Clinton", a los que Yasser Arafat se negó en su momento. El actual gobierno israelí no ofrece esto, pero Estados Unidos debe hacerlo como parte de la prueba a realizar a ambas partes.

Mientras tanto, cualquier persona que apoye el derecho de los dos pueblos a la independencia debe abordar esta cuestión en serio, y no dar por sentado que la única cosa que se interpone entre nosotros y la paz es la ocupación israelí desde 1967. Sin embargo, las declaraciones realizadas por los palestinos en los últimos años indican que a través de las negociaciones esperan lograr cuatro objetivos en lo que respecta a los refugiados:
En primer lugar, quieren la declaración israelí, en el tratado de paz, de que Israel es "responsable de la creación del problema de los refugiados, y no hablan de parte de la responsabilidad, sino de toda la responsabilidad". Es decir, no hay ninguna disposición palestina a aceptar cualquier responsabilidad por sus acciones en 1948-1949, y no hay ningún plan para dejar atrás el pasado y tratar sólo del futuro. 
En segundo lugar, se pide a Israel que "acepte el principio de derecho al retorno, basado en la elección de los refugiados y sus descendientes".  
En tercer lugar, se pide a Israel que "absorba a tantos refugiados como le sea posible, no un mero número simbólico". En este asunto, los palestinos saben que tendrán que comprometerse, es por eso que aparentemente insinúan su voluntad de buscar un compromiso. 
Pero la cuarta aspiración palestina es que "cualquier número que se acuerde (en el tratado) no será el definitivo: después de que la primera cuota haya sido cubierta en los años acordados, podrán exigir una cuota adicional para los años futuros", de conformidad con el principio general del "derecho de elección" de los refugiados y sus descendientes, y que se incluirá en el acuerdo de paz. El liderazgo palestino podrá así afirmar que "no traiciona el sagrado derecho de retorno, sino que solamente se compromete a su implementación gradual".
Se acostumbra a decir que hay un elefante en la sala de negociaciones que todo el mundo está ignorando: la ocupación de Cisjordania por Israel en 1967.

Pero la verdad es que hay dos elefantes en la habitación. Uno de ellos es el elefante que los enemigos de la ocupación dicen justificadamente que no puede ser ignorado. Pero el segundo elefante es uno que ellos mismos ignoran con demasiada frecuencia.

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Tuesday, August 06, 2013

Recomendable (Dos pueblos y la jungla - Alexander Yakobson – Haaretz)


Los bagdadíes, una familia judía en Aleppo, Siria, alrededor de 1940

 Durante la década de 1970, mientras estaba aprendiendo hebreo en un ulpán en Jerusalén, un hermano y una hermana de Siria se unió a nuestra clase. Los dos tenían unos 13 o 15 años, el hermano era más alto y el mayor. Alguien dijo que habían sido introducidos de contrabando en Israel a través de Líbano por el Mossad.

Había algo extraño en ellos, nunca se abrieron, y nunca sonreían. Se mantuvieron juntos durante los muchos meses de las clases del ulpán, pero ni una sola vez una sonrisa afloró en su rostro. Eso era muy extraño. La mayor parte de los demás estudiantes eran como yo, es decir, jóvenes procedentes de la Unión Soviética. Llegamos con nuestros padres procedentes de un país antisemita y de su régimen opresivo. Yo ya estaba familiarizado con el antisemitismo en Rusia por mi propia  experiencia personal. Pero ninguno de nosotros se parecía a estos jóvenes judíos procedentes de Siria. No, de ninguna manera.

Pocos meses después de que el ulpán hubiera terminado, me encontré con el hermano en otro lugar. Estaba solo, sin su hermana. Me sonrió y me dijo: "Hola Alex, ¿cómo estás?". Las palabras eran bastante normales, pero tengo la impresión de que no lo eran. No los he visto desde entonces, pero no los he olvidado.

Con los años me solía acordar de ellos cada vez que los miembros árabes del Parlamento israelí realizaban su enésima peregrinación a Damasco, cubriendo de las mayores alabanzas a los Assad, tanto al padre como al hijo. Azmi Bishara se esforzó mucho en esta labor, pero no fue el único. El diputado Abdulwahab Darawshe dijo una vez a su regreso de Damasco:
"Ojalá los árabes en Israel disfrutaran de las mismas condiciones que los judíos en Siria"
De hecho, pensaba yo, bien podía existir un cierto número de partidarios de esta idea dentro de los sectores izquierdistas de la opinión judía.

Hace unos años participé en un encuentro entre israelíes y palestinos. Los jóvenes palestinos que participaron hicieron sus reclamaciones habituales: que el pueblo palestino está pagando el precio del antisemitismo europeo. Yo les recordé que la mitad de la población judía de Israel tiene sus orígenes en el Oriente Medio, no en Europa. En fin, los argumentos ideológicos e históricos habituales prosiguieron. Al final, les dije que quería compartir una historia personal, y le conté la historia de los dos hermanos judíos de Siria, de su sonrisa final y de su "¿Cómo estás?". El silencio se propagó a través de la habitación. Nadie ponía en duda la autenticidad de mí historia. Por último, uno de los jóvenes palestinos suspiró y dijo:
"Vale, vale, ya sabemos cómo nos tratan a los palestinos en los países árabes. ¿Por qué deberíamos de sorprendernos al saber cómo tratan a los judíos?”
Durante la pausa para el café, uno de los jóvenes palestinos se me acercó y me preguntó: "¿Sabes lo que le pasó a ese joven?".  "No", le contesté, "perdí el contacto con él. Supongo que todo le iría bien y se convirtió en un israelí más". Ese fue un momento surrealista, pero en un sentido positivo, pues era obvio que el joven palestino se mostró complacido de que el judío sirio se hubiera convertido en israelí.

Oudeh Basharat (un articulista árabe israelí) escribe en el Haaretz sobre el dolor de sus hermanos y hermanas, los refugiados palestinos, abandonados en esa jungla de estados árabes, y parte de los cuales, sobre todo en Siria, están en llamas en estos momentos. Tiene razón: esa frase tan popular entre muchos israelíes…"ellos ya tienen 22 estados (donde vivir)"  es insensible y vacía cuando se trata de los palestinos.

No hay un estado que se defina a si mismo como un hogar nacional para los palestinos, o incluso un refugio en tiempos de necesidad. Debería existir tal estado. Tal estado también debe existir - y debe seguir existiendo - para el pueblo judío. La creencia en la igualdad entre los seres humanos y los pueblos, y no en la ley de la selva, debe ser compatible con el derecho de ambos pueblos a la independencia. Deben apoyar el derecho del pueblo palestino a un Estado, pero sin engañarse a sí mismos sobre el hecho de que el derecho del pueblo judío a un estado está garantizado y ya no es cuestionado.

PD. Del artículo de Matti Friedman, "Una historia diferente de desplazamiento y de perdidas":
El 30 de noviembre de 1947, un día después de que Naciones Unidas aprobara la partición de Palestina en dos estados, uno para los árabes y otro para los judíos, Aleppo estalló. Una muchedumbre acechó los barrios judíos, saqueó las casas y quemó las sinagogas. Un hombre al que entrevisté se recordaba huyendo de su casa, descalzo y con nueve años de edad, momentos antes de que la incendiaran. Instigados por el gobierno, los manifestantes quemaron 50 tiendas judías, cinco escuelas, 18 sinagogas y un número indeterminado de viviendas. Al día siguiente, las familias más ricas de la comunidad judía huyeron, y en los siguientes meses el resto comenzó a partir a escondidas en pequeños grupos, la mayoría de ellos se dirigieron al nuevo estado de Israel. Con su huida perdieron sus propiedades, y se enfrentaron a la prisión y a la tortura si eran capturados. Algunos desaparecieron en el camino. Sin embargo, el riesgo parece que valió la pena: en Damasco, la capital, los manifestantes mataron a 13 judíos, entre ellos a ocho niños, en agosto de 1948, y hubo eventos similares en otras ciudades árabes. 
En el momento de la votación en la ONU, había alrededor de 10.000 judíos en Aleppo. A mediados de la década de 1950 aún había 2.000, que vivían con temor ante las fuerzas de seguridad y las mafias. A comienzos de 1990 no quedaba más que un puñado, y hoy en día no hay ninguno. Guiones similares se dieron por todo el mundo islámico. Unas 850.000 judíos fueron obligados a abandonar sus hogares.

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Monday, February 18, 2013

Tímido fascismo - Alexander Yakobson - Haaretz



Si alguien intentara afirmar seriamente que la diputada árabe Hanin Zuabi no apoyaría un ataque armado contra Israel, ella probablemente se sentiría profundamente insultada. Sin embargo, el Tribunal Supremo hizo lo correcto cuando anuló, tal como se esperaba, su descalificación como candidata a la Knesset.

Aquellos que temían que su descalificación anunciara el colapso de la libertad de expresión, así como a aquellos que temían que la retórica extremista de Zuabi y de sus colegas llevarían a la violencia, debemos decirles que estén tranquilos. Tanto la libertad de expresión como la seguridad interna del país se encuentran en un estado mucho mejor de lo que piensan. El nivel de violencia entre judíos y árabes en Israel es notablemente bajo (ciertamente en comparación con lo que cabría esperar en un conflicto nacional tan prolongado), mientras que el nivel de libertad de expresión es notablemente alto.

La minoría árabe de Israel, a través de sus portavoces y dirigentes, genera una gran cantidad de provocación verbal contra el Estado y la mayoría judía, pero genera muy poca violencia nacionalista - mucho menos de lo que podría esperarse en las condiciones existentes -. La retórica de la mayoría de los líderes de la minoría católica de Irlanda del Norte durante el conflicto norirlandés fue mucho más moderada que lo que escuchamos en el caso de los diputados árabes, pero la situación sobre el terreno - en términos de violencia, tanto para la minoría como para la mayoría - era infinitamente peor y más mortífera que en Israel.

Cuando dos comunidades étnicas y religiosas viven entremezcladas en la misma región y en realidad se odian, no hay disuasión que ayude. La vida en este lugar se convierte en un infierno para la mayoría y para la minoría. En Israel, las relaciones entre los judíos y los árabes, aunque por supuesto está lejos de ser idílica, es mucho más compleja, y en general mucho mejor (o quizás menos mala si se prefiere), de lo que se podía esperar. Es mucho mejor que lo que podría suponerse de la retórica implícita nacionalista de ambas partes.

No es que aquí no haya casos graves de violencia, o que la incitación directa al odio no deba ser detenida, pero en general la libertad de decir cosas bastante duras es, al parecer, más un sustituto a la hora de la comisión de actos violentos que un prefacio a ellos. Bajo tales circunstancias, la reducción del nivel actual de libertad de expresión sería un error peligroso.

Durante décadas hemos estado oyendo que la libertad en Israel está a punto de colapsar, y que el fascismo está a nuestras puertas. Nunca ha existido una falta de signos preocupantes que confirmen estos temores. No debemos tomar a la ligera las amenazas a los valores democráticos, u tenemos que luchar contra ellos con todos los medios de una sociedad libre. Aquí en Israel existe auténtico extremismo, y fascistas genuinos tampoco faltan.

Sin embargo, el hecho es que Israel es ahora mismo un país mucho más libre de lo que era en la década de 1970, cuando hablar del peligro del fascismo empezó a ponerse de moda. Cualquiera que lea la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que en 2009 aprobó la decisión de España de prohibir a dos partidos vascos acusándolos ​​de apoyar políticamente el terrorismo independentista vasco (sirviendo como su rostro político), inmediatamente puede observar como la interpretación de españoles y europeos sobre el "apoyo al terrorismo" de ciertos partidos es mucho más draconiana que la israelí.

Es posible que en un futuro el fascismo israelí, que ha estado en la puerta durante décadas, finalmente supere su extraña timidez extraña y entre en la sala de estar. Pero también es posible que los que predicen que el fascismo está a la vuelta de la esquina simplemente no entiendan muy bien la sociedad israelí, así como cierta derecha nacionalista no entiende demasiado bien el interés nacional.

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Saturday, June 09, 2012

Todo lo que siempre quiso saber sobre la democracia de Israel – Petra Marquardt-Bigman - Warped-Mirror



Como todo el mundo, incluso con un interés pasajero en las noticias y los comentarios acerca de Israel, se dará cuenta de que existe un suministro constante de artículos que suelen denunciar la erosión de la democracia israelí. Entre las últimas piezas de este género me he encontrado una bastante larga en el blog de Shaul Magid, un profesor de Estudios Judaicos en la Universidad de Indiana / Bloomington.

Bajo el título de "¿Y si la izquierda abandonara a Israel?", Maguid nos predice las terribles consecuencias que traería que los izquierdistas como él se desligaran de Israel – y cuyo "espíritu crítico es una expresión de compromiso e incluso de amor a ese país" - comenzando a mostrarse indiferentes ante la suerte de Israel.

Maguid sostiene que "en el pasado, la izquierda no renunció a Israel porque el espíritu crítico de la izquierda formaba parte integral de la cultura social y política de Israel". Pero según la visión de Magid, las cosas en Israel han cambiado para peor. Así afirma que, si bien hace unos 30 años la “infraestructura liberal (léase progresista) del proyecto sionista estaba todavía muy presente, tanto en la Knesset como en la cultura en general [...], esto ya no es así. Los cambios culturales, religiosos y políticos acontecidos en el país han dado paso a una guerra contra la izquierda".

Pero lo que realmente Magid nos quiere decir es lo siguiente: desde que el tradicional poder de la izquierda ashkenazi fue cuestionado y perdió las elecciones en mayo de 1977, tras haber estado en el poder durante tres décadas, Israel y el sionismo han ido cuesta abajo... Sin duda, éste es un tema muy querido por la izquierda y/o los críticos de Israel, y variaciones sobre este tema aparecen regularmente en libros, artículos y blogs.

En muchos sentidos, no hay nada malo en esta especie de sentimentalismo nostálgico acerca de los "buenos viejos tiempos", y creo que los israelíes que construyeron este país bajo las circunstancias más difíciles imaginables tienen mucho de qué enorgullecerse, algo que es particularmente evidente cuando se compara a Israel con otros estados fundados durante dicha época.

Por supuesto, la mayor parte de la izquierda tiende a rechazar esta comparación, lo cual en realidad significa que prefieren ignorar el contexto histórico concreto en que se estableció el moderno Estado de Israel y en el cual se desarrolló. En efecto, los críticos desde la izquierda de Israel por lo general quieren comparar a Israel con democracias de ya larga duración que se desarrollaron en circunstancias muy diferentes.

Una excepción notable es el blogger y articulista del Ha'aretz Carlo Strenger, quien señalaba en un post que conmemoraba el 64ª aniversario del Día de la Independencia de Israel:
"Este puede ser un buen momento para adoptar una perspectiva histórica más amplia: para los estados, cumplir 64 años de edad representa en realidad una edad muy joven. A los 64 años los EEUU todavía mantenían la esclavitud en el Sur del país, y la guerra civil que creó la estructura final de la federación estaba aún por venir. Alemania, a los 64 años, aún estaba transcurriendo por la época más oscura de su historia, al igual que Italia. Los estados se toman mucho tiempo antes de evolucionar hacia democracias maduras y desarrollar una cultura que tienda puentes entre las diferencias étnicas y religiosas, desdramatizando la política y dirigiéndola hacia lo que debería ser: el arte de la gestión de un país en conflicto con sus necesidades, deseos y aspiraciones y ello de una manera pragmática.

Desde tal perspectiva histórica, Israel tendría que ser comparado con estados como India, Pakistán y Ghana, en vez de con Gran Bretaña o los EEU. de hoy, y si así se hiciera, la norma es que Israel lo ha estado haciendo fenomenalmente bien. La mayor parte de las instituciones básicas de la democracia son bastante estables, su economía ha estado haciéndolo muy bien en estos últimos años de una grave crisis económica mundial, e Israel sigue siendo una de las potencias mundiales de desarrollo tecnológico".
Una argumentación similar es formulada en el excelente y relativamente largo ensayo de Alexander Yakobson – que, junto con el profesor de derecho Amnon Rubinstein, también es el autor del ensayo "Israel y la familia de Naciones: El estado-nación judío y los derechos humanos" – titulado “Contra todos los pronósticos: la historia de la democracia israelí", una lectura obligada para cualquier persona realmente interesada en Israel.

Si tuviera que elegir sólo una breve cita de este ensayo, sería la siguiente (dicha con ironía, porque la Radio del Ejército es una vaca sagrada del progresismo israelí):
¿Usted no cree que el fascismo nos está envolviendo? Claro, solamente el otro día oí como todo eso lo explicaba muy bien la Radio del Ejército".
Pero Yacobson también utiliza muchos argumentos serios e importantes, y cualquiera que quiera aseverar, como por ejemplo el profesor Magid, que su crítica es "una expresión de compromiso e incluso de amor por el país", debería al menos estar familiarizado con las cuestiones planteadas por Yacobson.

Al principio, Yacobson hace hincapié en que "nunca nadie dio nada por sentado en lo referente a la existencia y persistencia misma de la democracia en Israel. Surgió y se desarrolló en unas condiciones y en un ambiente tan favorable a la democracia liberal como el del Mar Muerto para la pesca. Sin embargo, Israel se ha convertido cada vez más con el tiempo - y no menos, como a menudo se afirma - en una democracia liberal".

Muy diferentes de las opiniones sostenidas por Magid, Yacobson sostiene que:
En 1977, cuando el partido Laborista fue echado del poder, Israel era mucho más liberal que en la década de 1960 y anteriores. Este evento fue en sí mismo un hito importante en el desarrollo de la democracia, tal como la primera vez en que el Partido del Congreso indio, identificado de manera similar con el Estado, perdió el poder - o no se siente completamente cómodo, ya sea con el nacionalismo hindú o la coalición de la derecha -ala y los partidos religiosos que llegaron al poder en Israel. Hoy en día este país conforma, sin lugar a dudas, una democracia mucho más liberal que en 1977, aunque lo contrario fue predicho con soberbia por algunos y temido por muchos, cuando Menachem Begin llegó al poder. Por supuesto, se puede argumentar que no hay nada especialmente destacable de este proceso: todo el mundo occidental se ha convertido en mucho más liberal desde los años 50. Pero está lejos de ser trivial que Israel también forme parte, políticamente, de este mundo y de este proceso. Egipto, es necesario recordarlo, fue al comienzo de la década de 1950 un país mucho más liberal de lo que ha sido después, hasta convertirse en lo que es en las últimas décadas".
Yacobson también pone de relieve alguno de esos temas que la izquierda crítica con Israel por lo general ignora, cuando da por sentado que Israel debería ser considerado con las mismas normas que las democracias más antiguas de Occidente:
La composición de la sociedad israelí milita en contra del desarrollo de una democracia liberal no menos que el crónico e indefinido estado de emergencia. La gran mayoría de la población judía de Israel proviene, inicialmente, de unos países sin una cultura política democrática, y en muchos casos, muy poco democrática. Aproximadamente la mitad procede de los países árabes musulmanes del Oriente Medio, la otra mitad, 'europea a medias', incluyendo sobre todo a los fundadores del país, proceden de los países no democráticos (y menos desarrollados) de Europa oriental (incluida la Rusia zarista y la Unión Soviética). Esta mezcla, que caracteriza a la sociedad judía-israelí, fue básicamente creada durante los primeros años de la independencia de Israel después de 1948. En ese momento, los alrededor de 650.000 judíos israelíes (muchos de ellos también recién llegados y apenas establecidos, y que se enfrentaban por aquel entonces a enormes dificultades económicas) recibió a más de un millón de inmigrantes judíos, la mayoría de los cuales venían con poca o ninguna propiedad. El equivalente europeo de esto sería una Gran Bretaña o Francia que recibiera, en el plazo de unos pocos años y en condiciones similares, a más de 100 millones de inmigrantes, la mayoría de los cuales procedentes de países subdesarrollados, con culturas políticas no liberales, y que se integrarían de inmediato en el sistema político, con los inmigrantes recibiendo la ciudadanía y el derecho al voto a su llegada. Esto habría presentado un reto importante para cualquier democracia, por muy bien establecida que estuviera. La gran minoría árabe en Israel (que se acerca al 20% de la población) también carece de cualquier experiencia de vivir en democracia a excepción de la democracia israelí en sí misma, imperfecta como es en este sentido, La percepción común de Israel como un 'enclave occidental' en el Oriente Medio es muy dudosa a causa de estos hechos".
Israel es considerado como un país occidental porque representa una historia de éxito, en lugar de ser una historia de éxito porque es un país occidental.

Pero hay mucho más en el ensayo de Yacobson, por lo que deben leerlo en su totalidad.

Against all odds: the story of Israeli democracy - Alexander Yakobson - BICOM

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Wednesday, August 17, 2011

Estado-nación judío, judaico y judaístico - Alexander Yakobson - Haaretz



"Israel es un Estado-nación judío, judaico y judaístico, cuya finalidad es permitir a la propia nación judía judaizarse y nacionalizarse a sí misma de una manera judía, con el fin de cumplimentar a su nacionalismo y a su judaísmo". Esa es, más o menos, la esencia del proyecto presentado por el diputado Avi Dichter para una nueva Ley Orgánica que defina a Israel como el hogar nacional del pueblo judío.

Incluso para una persona para la que el Estado judío sea tan sabroso como un pastel de crema, le costaría tener que tragar tantas raciones de crema pura. Pero más allá de la forma obsesiva en que se pone de relieve el carácter judío del Estado, lo que sugiere es una falta de confianza en sí mismo, lo que convierte al contenido del proyecto de ley en muy problemático. El texto hace un enorme flaco favor al Estado judío. Hay un secreto cuartel antisionista cuyo propósito es conseguir que haya el mayor número posible de israelíes disgustados con el Estado judío. Y sería difícil llegar a una mejor idea, desde su perspectiva, que introducir este proyecto de ley, haciendo hincapié en la saciedad y en la reiteración infinita de la naturaleza judía del Estado, mientras se resta importancia a su definición como un Estado democrático, lo que supondría una violación de los derechos de la minoría árabe y proporcionaría una justificación ideológica a la coerción religiosa. Y todo esto no proviene de un representante de la extrema derecha, sino de un importante miembro de Kadima, con el apoyo de algunos de sus colegas.

El proyecto de ley revoca la condición del árabe como segunda lengua oficial. ¿Por qué? Pues porque sí. ¿Por qué no revocar un derecho que se concedió a la minoría árabe cuando el Estado se fundó? Cuando un elefante entra en una tienda de porcelanas no pregunta cuánto tiempo llevan en el estante las pieza procedentes de China. "La ley judía será una fuente de inspiración para los legisladores", señala el proyecto de ley. ¿La totalidad de la ley judía? ¿En todos los ámbitos? Hay asuntos en los que puede ser apropiada, o en todo caso resulta legítima como inspiración para los legisladores, pero para otros asuntos es completamente inapropiada.

¿Está Kadima detrás de la adopción generalizada de la ley judía como una fuente de inspiración para la legislación (una formula que parece inspirada en las constituciones de los estados árabes, la mayoría de los cuales especifican la sharia como "la principal fuente de legislación")? ¿Cuál es entonces la posición de Kadima con respecto a los derechos de las mujeres, de los no judíos que viven en Israel y de los judíos no observantes? En efecto, ¿hay alguna posición de ese partido sobre dichas cuestiones que vuelvan necesarias esas proposiciones, y más aún para uno que pretende representar a la corriente democrática, centrista y pragmática de la opinión pública israelí?

Mientras el término "Estado judío" busque expresar el derecho del pueblo judío a su autodeterminación y a un Estado, sus partidarios se mantienen en tierra firme. Negar ese derecho es socavar y pisotear el principio de igualdad, incluso si se hace supuestamente en nombre de la igualdad.

Hay quienes sostienen que no es necesario declarar explícitamente que Israel es un Estado-nación judío con el argumento de que esa condición resulta "evidente". La verdad es que el derecho del pueblo judío a un Estado es una de las cosas menos evidentes en el Oriente Medio. No falta gente, tanto dentro como fuera del Estado, que niegan ese derecho, por lo que merece ser defendido de la misma manera que cualquier otro principio o derecho que sea justo y sea atacado, y debemos defenderlo explícita y inequívocamente. También es obvio que muchas injusticias se han cometido y se siguen cometiendo en nombre del Estado judío. Pero no son su consecuencia: también muchas injusticias se han cometido y cometen en nombre del derecho de las naciones árabes a la independencia nacional. En ambos casos, el derecho debe ser defendido y la injusticia debe ser denunciada.

El proyecto de ley de Dichter es una injusticia en nombre del Estado judío, y no una defensa de ese Estado.

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Friday, July 29, 2011

La democracia israelí agobiada por las tradiciones soviéticas - Alexander Yakobson - Haaretz



Es muy poco políticamente correcto decir esto, pero se me permitirá ya que se trata de mi propia tribu: los actuales ataques a la libertad de expresión en Israel tienen un sabor ruso muy pronunciado.

Evidentemente, no todos los inmigrantes rusos apoyan esas iniciativas, y no muchos de ellos tampoco están directamente involucrados. Pero no nos engañemos, los ruso-hablantes, tanto desde en el Likud como en Israel Beiteinu, están jugando un papel importante.

Mucho se ha dicho, y con razón, acerca de la contribución positiva que los inmigrantes rusos han hecho a la sociedad israelí en muchas áreas. Pero cuando se trata de actitudes hacia la libertad de expresión, la mayoría de los representantes elegidos de este grupo está realizando una contribución negativa. Esto está probablemente conectado al “equipaje personal” de estos inmigrantes que llegaron de la Unión Soviética y la cultura política antidemocrática que existía en su tierra natal.

No hay nada nuevo ni sorprendente en esto. La mayor parte de las oleadas de inmigrantes que llegaron a Israel, ya sea del Este de Europa o del Oriente Medio, provenían de países no democráticos, en algunos casos muy antidemocráticos. Esto es lo que hace tan fascinante la democracia israelí: millones han llegado hasta aquí, la mayoría de países no democráticos, y aún así han contribuido a crear una democracia vibrante en el corazón del Oriente Medio, en medio del terrible calor de un difícil conflicto nacional en curso, en otras palabras, en condiciones particularmente hostiles a la democracia.

Eso es un logro enorme, pero ¿este logro se encuentra en peligro?

El ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, pidió recientemente querer investigar a ciertos grupos no gubernamentales de izquierda a los que llamó “organizaciones terroristas". En verdad, en sus palabras no había escasez de extremismo. Fue un discurso irresponsable e inflamatorio desde cualquier lugar del espectro político, y cada miembro de esas organizaciones debe sentirse realmente consternado por los comentarios incendiarios dirigidos contra ellos así como por aquellos que disculpan dicha retórica con paternal indulgencia. Pero en el caso de Lieberman, a diferencia de la mayoría de los demás, hay una sensación de que lo que dice se lo cree, que si dependiera solamente de él realmente sería capaz de tratar a esos izquierdistas que tan cordialmente detesta como miembros de una verdadera organización, y que los trataría como merecerían ser tratados: enviándolos a la cárcel.

Entonces, ¿qué va a suceder? Estoy apostando por el optimismo, tanto a corto como a largo plazo. Durante décadas, hemos estado escuchando hasta la saciedad que la democracia estaba en peligro y que el fascismo estaba en la puerta. Y durante todo ese tiempo, había más que unos pocos augurios negativos, existía preocupación y acontecimientos que justificaban esas advertencias. Pero no hay ninguna duda de que hoy en día Israel es un estado mucho más libre y más democrático de lo que era en la década de 1970, cuando la moda de prever el inminente final de la democracia israelí apareció por primera vez y comenzó a ponerse de moda [N.P.: ¿desencadenada con el comienzo del fin de la hegemonía política de la izquierda israelí?]

La cuestión de por qué sucedió esto, es decir, todas esas profecías de que viene el fascismo en un aparente desafío a todas las probabilidades y a todas las previsiones, se merece una discusión aparte. Pero en cualquier caso, la experiencia nos enseña que es mejor tomar todas las profecías acerca de la próxima destrucción de la democracia en Israel con una pizca de sal.

Espero que el actual intento de socavar la libertad de expresión se vea estrepitosamente derrotado. Obviamente, no hay lugar para la complacencia, este intento debe ser combatido por todos los medios políticos, sociales y legales. Pero creo que esta batalla será un éxito. Muchos no están de acuerdo con esta evaluación. Ya lo veremos.

Con respecto al largo plazo, la siguiente generación, por supuesto, tendrá que enfrentarse a otros graves problemas. Pero la cuestión que se examina aquí se resolverá por sí misma, porque los inmigrantes rusos se integran perfectamente en la sociedad israelí.

Algunos llaman a estas predicciones demasiado optimistas, pero yo las contempló como las más realistas. Además, la justicia dicta una política de acción afirmativa de optimismo, que éste sí se encuentra ante una discriminación masiva en todas partes.

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Sunday, June 26, 2011

Sionistas aun a su pesar - Alexander Yakobson - Haaretz



Yitzhak Laor declaró en un artículo de opinión en el Haaretz del 3 de junio ("Deshazte del sionismo") que "tenemos que liberarnos del sionismo". Su mensaje se resume en que tenemos que disociarnos del concepto que exige la propiedad exclusiva judía de la tierra, por razones históricas y religiosas. Su argumento no tiene sentido, como Ruth Gavison nos recuerda en su artículo de opinión, "Partición, por el bien del sionismo", ya que en todo momento hubo mucha gente dentro del corazón mismo de la corriente principal del movimiento sionista que preconizó y apoyó un reparto del territorio entre los dos pueblos. Muchos apoyaron ese reparto no solamente por razones pragmáticas, sino porque reconocieron que este país es también la tierra natal de otro pueblo, y que hay justicia en sus aspiraciones nacionales.

No es nada casual que muchos miembros de la izquierda, incluyendo de la izquierda radical, citen a menudo para reforzar sus argumentos a líderes sionistas, incluso de antes del establecimiento del Estado, que solicitaron un compromiso con la otra parte, ya sea por entender el punto de vista de esa otra parte o bien por reconocer que el conflicto entre los dos pueblos por este país es un choque entre una justicia y otra justicia, y no entre la justicia y la injusticia (tal como lo expresó el primer presidente de Israel, Chaim Weizmann). Es una lástima, sin embargo, que no puedan hallar ninguna cita similar en el Mufti de Jerusalém, Haj Amin al-Husseini, en la que por ejemplo llamara a un compromiso, a la comprensión de la otra parte, y al reconocimiento del hecho de que hay justicia en las posiciones de ambas partes.

Por lo tanto, no hay ninguna necesidad de "liberarse del sionismo" con el fin de dividir los territorios y de oponerse, como cuestión de principios, a gobernar a otro pueblo. Por otro lado, nos surge la pregunta: Si tan necesario resulta liberarnos del sionismo, ¿por qué deberíamos entonces, por añadidura, dividir el territorio? Es decir, y según la creencia de Laor, ¿por qué sería errónea una solución de "un Estado", sin dividir, para todo el país?

Después de todo, es imposible que la cuestión de fondo para ello - y más entre esta izquierda radical - es que no están dispuestos a vivir en un país de mayoría árabe-musulmana. Un miembro de la izquierda radical israelí, simplemente, no puede llegar y sugerir a un sionista como yo una argumentación de ese tipo - yo tampoco quiero vivir en un país con una mayoría de daneses [N.P.: ni soy una preclara y distinguida bella alma de izquierdas] -. Tampoco me gustaría vivir con una gente tan despreocupada y agradable como la costarricense en otro estado binacional.

A mí me gustaría vivir en el estado independiente de mi pueblo y por eso reconozco el derecho del pueblo palestino a un estado nacional propio. En esto no hay ningun discriminación hacia los árabes. Sin embargo, ¿por qué alguien que se ha "liberado" a sí mismo del sionismo desea dibujar una frontera artificial dentro de un pequeño país con el fin de dividirlo en dos estados mínimos? ¿Qué lógica hay en eso?

Tal vez existe la idea de que resulta necesario proteger y nutrir la cultura hebrea después de que se haya liberado del sionismo (una misión bastante difícil en sí misma). Pero, ¿por qué pensar que esto no sería posible en el marco de un Estado indivisible para todo el país? Si Laor piensa verdaderamente que eso no sería posible, debería explicar en que se basan sus dudas. Una explicación de ese tipo podría contribuir en gran medida a los discursos que se están desarrollando sobre la cuestión de una solución de "un único Estado" o la de "dos Estados".

Pero quizás, más allá de la defensa de la cultura hebrea, también haya una especie de devoción por la nación hebrea - de tipo secular y progresista, por supuesto - , una que aspira a integrarse en una región semita. ¿Pero podría haber una manera más adecuada de formar parte de esa región semita que por medio de un Estado binacional laico para dicho país, preferiblemente como parte de una unión regional? ¿O tal vez resulta que Laor no está muy convencido de que un único Estado que, efectivamente, sería binacional y laico, y además en una región semita, estaría bien dispuesto por su parte a integrar en él a una nación hebrea secular? Sería interesante saber por qué Laor no está convencido de ello.

En todo caso, para alguien que se mantiene firme en la necesidad de dividir el territorio, toda esta charla sobre la necesidad de liberarse del sionismo le parece más un discurso a la moda que una verdadera "liberación". No obstante, es bueno saber que incluso los que tienen un fuerte deseo de burlarse del sionismo entienden de vez en cuando que si desean quedarse aquí, necesitarán de un Estado sionista para tener un lugar donde vivir y algo con lo que provocar.

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Saturday, January 22, 2011

Tres artículos tres, sobre el innombrable del que todo el mundo habla: Avigdor Lieberman



Los feinschmeckers (exquisitos) velan por ti, Israel - Yehuda Ben Meir - Haaretz

Puede que Lieberman no sea un racista o un fascista, pero es un demagogo, un populista y un divisor, y eso ya es bastante malo.

Los antiguos sabios judíos decían que uno podía ganar (o perder) todo un mundo en una hora. El ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman tenía una oportunidad de oro para ganar un mundo dentro de la arena política israelí. El hombre que dirigía un partido no demasiado importante fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores del Estado de Israel y así entró a formar parte de ese selecto grupo de los Moshe Sharett, Abba Eban, Moshe Dayan, Shimon Peres y Yitzhak Shamir.

Yo por mi parte considero que además de que a todos se les debe dar la oportunidad de desempeñar puestos de parecida responsabilidad, también es preciso que se les otorgue el crédito necesario para que demuestren su valía. Las personas no sólo deben beneficiarse de la presunción de inocencia, sino además de la presunción de estar capacitados para realizar su trabajo. Y así escribí una columna en este diario en el que afirmaba que "Lieberman no es ni un racista ni un fascista", aunque no estaba de acuerdo con sus formas y con muchas de sus posiciones.

Por desgracia, Lieberman ha demostrado que no era digno de ese crédito. No esperábamos de él que cambiara de opiniones, por contra sí esperábamos que se comportara de una manera responsable y propia de un estadista, acorde con la posición que ocupa, al igual que de otro de sus compañeros de partido, el ministro de seguridad pública. Algunos esperaban que el nombramiento de Lieberman para tan alto cargo, y con tanta responsabilidad, le transformara de un mero político en busca de votos en un líder de talla nacional. Cuanto más altas son las expectativas, más fuerte es la caída.

La primera metedura de pata de Lieberman fue su escandalosa aparición en la Asamblea General de Naciones Unidas. La persona que habla en nombre de Israel en la apertura de la Asamblea General – ya sea el primer ministro, el ministro de Asuntos Exteriores o el embajador adjunto - debe presentar las posiciones de su gobierno, no las suyas propias o de su partido. Lieberman humilló al Estado de Israel y lo presentó como un país debilitado y dividido (dentro de su propio gobierno).

La aparición de Lieberman ante la conferencia de los embajadores de Israel fue indigna. El ministro de Asuntos Exteriores tiene derecho a presentar unas posiciones que difieran de las de su primer ministro, a pesar de que esto no resulte deseable. Sin embargo, y en todo caso, el lugar idóneo para presentarlas sería una reunión de su partido, Yisrael Beiteinu, o un debate en la Knesset, cuando hable en nombre de su partido, y no desde luego en una reunión de embajadores de Israel, cuya función es regresar a sus destinos y presentar las posiciones de Israel con una voz unificada. El discurso de Lieberman ante ellos, denunciando las políticas del primer ministro de su propio gobierno, resultó vergonzoso.

Peor aún fue su “horror show” de la semana pasada, cuando acusó rotundamente a todos los grupos de derechos humanos de Israel de socavar al Estado y al IDF, además de complicidad con el terror (que extendió al propio Haaretz). De hecho, hay grupos en Israel que han cruzado las líneas rojas y superan lo que es permisible en un país democrático, y por ello deberían hacer cara al sistema legal establecido. Pero eso está muy lejos de una acusación genérica y excesiva que linda claramente con la incitación. Eso es realmente macartismo.

Lieberman puede que no sea racista ni fascista, pero es un demagogo y un populista, además de divisor, y por eso es tan nefasto.

A los miembros del Likud, a quien apodó feinschmeckers (exquisitos), les propongo que no se emocionen. El propósito del judaísmo es educar a los seres humanos para que sean personas que tiendan a la excelencia, y esa es también la esencia de la Torá cuyos "caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas son de paz (para el espíritu)".

Cuando todo estaba dicho y hecho, el pueblo estadounidense rechazó al senador McCarthy y lo envió a su casa caído en desgracia. Si Lieberman persiste en su camino, ese también será su destino.


Lieberman es bueno para Israel - Yoaz Hendel – Ynet

Avigdor Lieberman no será recordado en nuestros libros de historia como el mayor éxito diplomático que hayamos tenido por aquí. No hay controversias al respecto. Un ministro de Asuntos Exteriores efectivo se supone que es un mentiroso profesional, mientras que Lieberman tiene una tendencia populista a presentar la verdad desnuda, y precisamente donde no se debe hacer.

Por otro lado, hasta la llegada de Lieberman, el Estado de Israel intentó repetidamente el enfoque opuesto durante años y años, y eso tampoco funcionó. Los diplomáticos israelíes con su pulido inglés sonreían amablemente, incluso cuando la hipocresía internacional resultaba abrumadora. Los ministros de Exteriores parecían inclinar la cabeza en una especie de gesto judío típico de la díaspora cuando cualquier líder mediocre nos quería soltar su reprimenda.

En términos generales, hasta que llegó Lieberman se habló cortésmente pero no sucedió ni se consiguió nada.

Lieberman, el colono contundente con un pesado acento ruso, dice, de hecho, lo que todos saben y no se atreven a decir en voz alta. Y no estoy hablando solamente de las personas que le votaron, sino también de todos esos centristas e izquierdistas que hacen un esfuerzo extra para mantenerse alejados de su influencia, como si la verdad fuera contagiosa.

Lieberman se atrevió a decir ante la Asamblea General de la ONU que la paz con los palestinos no prevalecerá por aquí en los próximos años. Lieberman es el que criticó a Turquía para su elección de unir sus fuerzas al eje del terror islámico, y todo ello mientras funcionarios públicos israelíes realizaban declaraciones que más bien daban la impresión de que Ankara sólo es un amigo ligera y temporalmente confundido.

No debemos olvidar, por supuesto, la razón actual de los ataques contra Lieberman: su crítica pública de la contribución prestada por los grupos radicales de izquierda israelíes a la deslegitimación de Israel en el mundo.

Dejen de lado por un momento los ataques de los medios de comunicación, los llamamientos de los líderes de la izquierda, los decretos anti-Lieberman, y examinen durante unos segundos las palabras de Lieberman en función de su contenido. ¿Hay alguien en este país que tenga alguna duda de que lo que dice no está exento de razón? Yo no soy uno de los partidarios de Lieberman y no me gustan muchas de sus “cualidades y actitudes”. Su retórica es exagerada y las sospechas de corrupción que la policía ha presentado en su contra son elementos muy problemáticos. Sin embargo, a pesar de ello, no se puede negar la verdad cuando él la pone de manifiesto.

Cuanto más se escuchan las voces de la manada que gritan a coro que sus formas son fascistas, o cuanto más hombres de letras se enfrenten a cualquier propuesta que formule tildándola de macartismo, o bien cuanto más políticos se pongan de perfil o se alejen de él para evitar las críticas de los medios de comunicación, más se pone de manifiesto la necesidad de Lieberman como parte del discurso político en Israel.

Al igual que un estado democrático necesita de las actividades de organizaciones de izquierda que operen legalmente con el fin de descubrir las verdades desagradables, también necesitamos el modelo de Lieberman para que nos recuerde que, en ocasiones, el emperador va desnudo.


¿Quién debe temer a Lieberman? - Alexander Yakobson - Haaretz

Voy a aventurar una respuesta: al final del término de este gobierno, no habrá menos libertad en el Estado de Israel que existía al comienzo del mismo. Todos los proyectos de ley que buscan frenar la libertad de expresión no serán aprobados en última instancia, o sí lo serán pero en versiones que no violen la libertad de expresión, o serán interpretados por el sistema judicial de manera que no perjudiquen la libertad de expresión, o serán anulados por el Tribunal Supremo por contravenir la libertad de expresión.

Las organizaciones de izquierda van a seguir funcionando libremente. La comisión parlamentaria de investigación sobre la integración de los árabes en la administración pública, encabezada por el diputado árabe Ahmed Tibi, tiene más oportunidades de influir en la realidad sobre el terreno (aunque sea modestamente) que la comisión de investigación sobre las organizaciones izquierdistas de derechos humanos iniciada por Avigdor Lieberman.

Los representantes de los partidos árabes también servirán en la próxima Knesset. Ahmed Tibi podrá seguir diciendo que Israel es un Estado democrático de los judíos y un Estado judío para los árabes, y seguirá presidiendo lo más probablemente, como vicepresidente de la Knesset, las sesiones de este parlamento judío y democrático.
Eso no significa que el horror show de Yisrael Beiteinu no cause un daño real. El daño causado repercutirá, sin lugar a dudas, a la calidad de la vida pública y democrática de la cultura política de Israel. Muchas cosas malas pueden suceder en una sociedad, incluso aunque el sistema democrático y la libertad de expresión no se vean alterados. Daños diplomáticos sin duda los habrá, y ya se han producido. Pero el mayor daño lo sufrirá el Likud.

El objetivo político de Lieberman es, naturalmente, competir con el Likud y atraer a sus votantes. Lieberman no puede competir con el primer ministro Benjamin Netanyahu negándose a ceder territorio, y es que él mismo ha declarado su apoyo a un intercambio de territorios. Asimismo, no puede demostrar demasiados logros ante sus votantes rusos y seculares en lo que se refiere a asuntos de religión y de estado (conversiones, matrimonios laicos). Sólo puede escoger las disputas con los árabes y con la izquierda. Y eso siempre funciona.

Ante esta situación, los dirigentes del Likud pueden elegir entre dos posibilidades: la primera es dejarse arrastrar por Lieberman ante el temor de ser acusados de ser demasiado blandos con los árabes y los izquierdistas. Ese es el camino fácil de los políticos débiles. Dios no lo quiera que tengamos que pensar que nuestro primer ministro es un político débil. Si este es el ámbito de la competencia entre ambos partidos, y esta es la cuestión principal, la victoria de Lieberman está asegurada.

El Likud no tiene ninguna posibilidad de ser “más Lieberman” que el propio Lieberman. La única manera que tiene el Likud de afrontar con éxito esta competencia es atacar de manera abierta y decidida al líder de Yisrael Beiteinu y a su línea de acción. Si hay alguna cosa que aman y respetan los corazones de los votantes de la derecha, inclusive más que el interés nacional, es el orgullo nacional. Los líderes del Likud deben decirle a la opinión pública, y además es la pura verdad, que la libertad de expresión israelí es un asunto de orgullo nacional. Es la “alta tecnología” de la democracia israelí, ojala los restantes aspectos del gobierno y de la sociedad de Israel estuvieran al mismo nivel.

En Israel existe una verdadera libertad de expresión, y no hablamos del típico país occidental pacífico y sin amenazas externas (¿qué hay de tan especial antes esas ventajosas circunstancias?), sino de un país envuelto en un conflicto nacional largo, complejo y difícil, en el corazón del Oriente Medio, y en una sociedad donde la gran mayoría de las personas que lo habitan provienen de países no democráticos. Y ante esas circunstancias representa una de las mayores victorias de la libertad existentes.

La crítica limpia y justa debe ser aceptada. La libertad de crítica de que se goza aquí - también para las críticas injustas - es una fuente de orgullo. Es una pena echar a perder esa fuente de orgullo como consecuencia de los intentos de cerrar la boca a unos pocos. No obstante, y de todos modos, esos intentos pueden terminar en el fracaso y la desgracia.

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Friday, December 24, 2010

Herzl y los rabinos municipales - Yakobson Alexander - Haaretz


Rabbi Shmuel Eliyahu

Si alguien le hubiera dicho a Theodor Herzl que en el Estado judío docenas de rabinos ponen su firma a una carta que prohíbe a los judíos alquilar o vender apartamentos a los gentiles, sin duda se habría sido ultrajado, pero es dudoso que se hubiera sorprendido. En su libro "Altneuland", describe una campaña electoral en la que la jefatura ortodoxa de un partido nacionalista exige que a los no judíos se les niege el derecho a voto. El partido se encamina en las urnas.

Herzl, sin duda, habría sido feliz de saber que en Israel un partido que aprobó la plataforma expuesta por el rabino Geyer (el lider ortodoxo en la ficción de Herzl) habría sido excluido de participar en las elecciones. Pero probablemente habría arqueado una ceja al enterarse de la existencia de "rabino municipales", un título que portan muchos de los firmantes de la carta. "¿Desde cuándo los rabinos llevan de repente una titulación oficial?", habría preguntado amargamente. "Después de todo, he afirmado explícitamente, tras destacar mi respeto por la religión y por la tradición, que debemos evitar cualquier esfuerzo por parte de los funcionarios religiosos de participar en el funcionamiento del Estado. Los rabinos deben mantenerse en las sinagogas, al igual que el ejército debe permanecer en los cuarteles".

Parece que la posición de Herzl sobre este asunto era y es más radical que lo que resulta aceptable hoy en día en muchos países liberales. En Gran Bretaña, el gobierno todavía nombra a los obispos de la Iglesia Anglicana. Algunos de estos obispos representan a la iglesia en la Cámara de los Lores, y el Parlamento es requerido para que permita otorgar a las mujeres el derecho a servir en ese cargo. En Dinamarca y Noruega, el rey nombra a la jerarquía de la Iglesia Luterana, a la que el monarca también debe pertenecer.

La adopción de los símbolos religiosos en las democracias modernas tampoco resulta infrecuente. La cruz aparece en las banderas de varios países europeos, mientras que las constituciones de Irlanda y Grecia comienzan con las palabras "En el nombre de la Santísima Trinidad..." Pero no hay ninguna otra democracia en la que el establishment religioso mantenga un monopolio sobre las leyes del matrimonio como sucede en Israel (este fue el caso de Grecia hasta la década de 1980), ni tampoco cualquier otro país democrático en el que un documento escandaloso, vergonzoso, como esa carta de los rabinos, hubiera sido posible sin tener en cuenta el estatus oficial de las instituciones religiosas.

A diferencia de lo que muchos creen, no hay normas universales que requieran la separación de las instituciones religiosas y estatales, aunque existe una excelente justificación para tal separación en Israel: la propia naturaleza de las instituciones religiosas en este país. Si bien el conjunto del establishment religioso no apoya esta carta, está claro que hay muchos dentrro de él que sí lo hacen.

La separación de la religión del Estado en Israel no es una opción políticamente realista. Pero el vínculo entre las instituciones religiosas y las instituciones del Estado no es sólo un privilegio, también debe conllevar responsabilidades y tener un precio. Quien recibe el poder oficial del Estado se convierte en sujeto "enjuiciable" por el mecanismo encargado de supervisar las acciones de los funcionarios. Este mecanismo en Israel goza de considerable poder y ya ha descabalgado a bastantes cargos públicos de sus funciones.

Los signatarios de la carta cuentan evidentemente con el hecho de que esas tres docenas de rabinos no serán procesados por las declaraciones expresadas en la carta, con independencia de su gravedad. Pero tiene que existir una urgente solicitud de su revocación de sus puestos de trabajo.

Por desgracia, hay una serie de áreas en las que desde el Estado, o bien práctica la abstención, o bien tiene dificultades para hacer cumplir sus propias leyes. Sin embargo, cuando un individuo que disfruta de una posición oficial hace un uso indebido de la autoridad que le corresponda por su situación laboral, contraveniendo la ley y perjudicando a un compatriota, el Estado no está autorizado a permitir que esa persona permanezca en su cargo y continue actuando de dicha manera. Permitir que la persona continue en su cargo en estas circunstancias es una clara violación de los derechos de los ciudadanos perjudicados por esas acciones. Las condenas públicas no dejarán huella en los rabinos municipales, pero exigir a la Corte Superior de Justicia que dictamine en contra del mantenimiento en sus cargos tal vez sí.

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Saturday, November 06, 2010

La aburrida y reiterativa milonga de la llegada del fascismo - Alexander Yakobson - Haaretz

¿Cómo es que no ven como se acerca el fascismo?", escribió alguien no hace mucho. El problema es que el “fascismo se ha estado aproximando durante los últimos 33 años (al menos)”. Desde aquella “fatídica noche de la elecciones del 17 de mayo de 1977”, durante la cual el Likud llegó al poder y despojo al sempiterno Partido Laborista, hemos estado oyendo que el fascismo se acerca poderosamente.

Entonces, ya estábamos al borde del abismo fascista, y desde entonces hemos dado un gran paso adelante. Pero hoy, después de décadas de aproximación del fascismo, es evidente que Israel es un país mucho más libre y democrático de lo que lo era en 1977. Entre otras cosas, hoy en día es mucho más fácil describir a Israel como un estado fascista. Hoy en día, mucho más que entonces, se puede afirmarlo a través de cualquier plataforma pública o medio de comunicación, inclusive desde dentro del establishment público sin preocuparse de cualquier tipo de pérdida de estatus, y a menudo beneficiándose de los fondos estatales y de algún premio del estado por ello.

La gente de la derecha política, furiosa con esas afirmaciones y con esa permisibilidad, nunca dicen que Israel es un estado fascista. De hecho, lo quieren mucho, hasta que les hace enojarse, y cuando eso sucede no dudan en decir que su gobierno es una dictadura estalinista, que su primer ministro es un traidor, que sus servicios de seguridad son la cara del mal, que sus leyes pueden violarse y que sus tribunales no tienen por qué ser obedecidos.

Dicen eso, pero también esperan recibir de dicho Estado de Israel estalinista todo posible beneficio que puedan conseguir, y la mayoría de las veces no se sienten decepcionados.

Todas estas "señales" de una aproximación del fascismo que se han relatado han estado presentes en el país desde 1977. La retórica nacionalista exaltada (alguna de ella incluso realmente fascista) nunca ha faltado por aquí. Los críticos del gobierno desde la izquierda han sido duramente vilipendiados, y a veces ellos mismos han tenido duras palabras con sus adversarios, pero esto ya no lo tienen en cuenta.

Los líderes del gobierno también han dicho cosas bastantes duras, y no sólo los de la derecha. Menachem Begin llamó "fruta podrida" a los manifestantes de Paz Ahora. Yitzhak Shamir llamó a los fiscales del Ministerio de Justicia “sanguijuelas". También fue a por ellos (lo que ya no es posible). En su primer mandato en el cargo, Benjamin Netanyahu dijo ciertas cosas acerca de la izquierda y de las elites que actualmente evita decir. También ha evitado denominar a la Asociación por los Derechos Civiles de Israel [N.P.: ONG árabe israelí manifiestamente pro palestina] "la asociación de Defensa de los derechos de Hamas", como también lo hizo a su vez Yitzhak Rabin.

Muchas propuestas antidemocráticas se han planteado, a veces hubo acciones gubernamentales que fueron antidemocráticas, e incluso se aprobaron leyes draconianas sin que el Tribunal Supremo, convertido en esos casos en letra muerta, tuviera posibilidad de evitar su entrada en vigencia. Es evidente que eso es lo que sucederá con cada nueva ley draconiana que se adopte, si se aprueba finalmente.

La diferencia es que hoy, con motivo de esta "aproximación y victoria del fascismo", el tribunal también tiene el derecho de descalificar dichas leyes. Otra diferencia es que lo que hoy se considera "draconiano" no se veía así en absoluto en 1977.

¿Quién necesita esta charlatanería indulgente y sin fundamento acerca de una victoria del fascismo? Todos sabemos lo que realmente ha cambiado aquí a peor, dramáticamente, desde 1977: hay muchos más asentamientos. Esto no es una cuestión marginal, pues el destino del país depende de ello.

El mapa de asentamientos creados desde entonces estaba destinado expresamente a evitar la división del país entre los dos pueblos. Si esta intención tiene éxito, entonces al final no habrá Israel, y en cualquier caso, no habrá democracia israelí. Tampoco habrá una democracia no israelí.

El apoyo de la mayoría de la opinión pública debe ser reclutado para luchar contra este peligro. Las “princesas y sapos antifascistas” de estos cuentos, los cuales constantemente nos están gritando que “viene el fascismo”, tendrán bastantes dificultades para conseguir el apoyo de la opinión pública (si prosiguen con sus supercherías y gritos de que viene el lobo).

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Thursday, September 23, 2010

Laico gracias a Dios - Alexander Yakobson - Haaretz



¿Qué quiso decir el rabino Ovadia Yosef (líder espiritual y verdadero patrón del Shas, partido ortodoxo sefardí) cuando dijo: "Dios los hiera con una plaga, a esos ismaelitas palestino". Esa es, después de todo, una declaración muy poco ambigua que no necesita explicación. Pero los partidarios de Shas tienen una irresistible querencia, cada vez que su líder espiritual dice algo particularmente irritante y escandaloso, de abrir los ojos a la opinión pública secular y desvelarles la luz que se oculta tras sus comentarios. Eso es lo que el ex portavoz del Shas, Itzik Sudri, nos reveló en un artículo de opinión en la edición hebrea del 07 de septiembre del Haaretz.

"El rabino", nos dijo Sudri, "no pertenece al ámbito de los fanáticos izquierdistas, esos que creen que los palestinos siempre tienen la razón”, "ni tampoco idealiza a nuestros enemigos". Su punto de partida, aun cuando admite concesiones, es "judío y patriótico". El rabino Yosef "no siente ninguna animosidad hacia los árabes como colectivo, y se adhiere, a pesar de su decepción con el comportamiento de los palestinos desde los Acuerdos de Oslo, a su resolución de que salvar vidas es más importante que el territorio. Si los palestinos demuestran que están listos para una paz verdadera, el rabino apoyaría, con toda su fuerza, el proceso de paz con todas sus ramificaciones dolorosas".

Estas afirmaciones son bastante moderadas y hay que considerarlas cuidadosamente. Pero hay un problema: están completamente desconectadas de la desagradable invectiva del rabino. ¿Realmente "no siente ninguna animosidad hacia los árabes como colectivo”? Lo que convendría saber es si la plaga sería individual y no colectiva. De hecho, al despreciar a todo un colectivo no judío, el rabino Ovadia Yosef ni siquiera tiene necesidad de que esa colectividad pueda estar en conflicto con los judíos. Por ejemplo, cuando dijo: "Hubo un tsunami y otros terribles desastres naturales… y se deben a la ausencia de la Torá. Allí [en Nueva Orleans] tienen a los negros. ¿Ellos estudian la Torá? Nooo, entonces se les manda un tsunami y ellos se ahogan. Decenas de miles de muertos. Todo porque no tienen al Santo, bendito sea".

¿No hay una forma menos desagradable para poner de relieve la importancia del estudio de la Torá, incluso en un sermón popular y ejemplificador? Es difícil creer que la cultura que creó estas declaraciones repulsivas también creara el libro de Jonás.

A pesar de que las declaraciones del ex portavoz de Shas en defensa de su rabino son infundadas, tal vez uno pueda encontrar algo positivo en el hecho mismo de que se realizaran. Tal vez uno podría esperar que las mismas personas que nos venden esas justificaciones crean en ellas, además de atribuírselas a su rabino. Tal vez uno podría esperar que, en el fondo, la mayoría de la gente del Shas se sienta avergonzada por comentarios del tipo de "… entonces se les manda un tsunami …" y perlas similares emergiendo de la boca de su rabino, aunque ellos no se atrevan a admitirlo ni ante sí mismos, por no mencionar expresar criticas en público.

Tal vez hasta se podría suponer, en defensa del rabino, que éste no habría llegado a donde está, y no se expresaría de esa manera, si durante décadas sus seguidores no se hubieran limitado a practicar más que la adulación y el servilismo, y nunca una palabra de crítica. ¿Qué persona podría haberse mantenido en pie (y crítico ante sí mismo) bajo el peso de una adulación como la que ha disfrutado este ilustre rabino?

Los judíos religiosos, y las personas religiosas en general, se enorgullecen del hecho de que adoran solamente a Dios y no a los seres humanos. Esa es la teoría. De hecho, ilustres figuras religiosas gozan frecuentemente de una adulación ciega, muda e incuestionable, y todo esto dentro de una cultura cuyos héroes antiguos sabían cómo discutir incluso con el mismo Dios.

¡Qué bien que haya una gran opinión pública secular en Israel y una potente, confiada y bien desarrollada cultura laica! Con todos sus defectos y debilidades, es una sociedad libre - no siempre lo suficientemente libre – que no tiene comparación con una supuesta alternativa.

Israel es un país libre, ante todo y en primer lugar, por esta opinión pública y por esta cultura. Para apreciar la libertad, sólo se debe echar un vistazo a lo que ocurre cuando está ausente.

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