Saturday, May 10, 2014

Una "reveladora" (por lo que dice de la revista) afirmación de The Economist: "Los judíos que se llamen Yair llevan ese nombre en honor de un terrorista" - Yair Rosenberg - Tablet



Como ya hemos visto en el pasado, las afirmaciones disparatadas sobre Israel y los judíos son a veces hasta demasiado escandalosas para corroborar y confirmar. El último número de The Economist ofrece un ejemplo de ello. En una reseña del 3 de mayo de un libro titulada "La creación de un mártir", la revista evalúa la narración de la vida y la muerte de Abraham "Yair" Stern. Stern encabezó la homónima banda Stern, un grupo terrorista judío en la Palestina del Mandato que fue condenado tanto por los británicos como por los propios grupos judíos por sus ataques contra objetivos civiles. Es comprensible, y con razón, que la revisión no sea particularmente amable con Stern. Menos justificable, sin embargo, es cómo el revisor impugna ignorantemente a miles de judíos cuando utiliza la historia contemporáneamente:
Stern, sigue contando con una influencia impresionante sobre muchos de los gobernantes derechistas de Israel, incluidos aquellos sucesores de la resistencia judía durante la época del mandato que hoy siguen perpetrando ataques contra la población civil palestina. Muchos todavía eligen su nombre de guerra, Yair, para sus hijos, incluyendo al actual primer ministro Binyamin Netanyahu. De hecho, uno de los asentamientos más fanáticos, Kochav Yair, lleva su nombre.
Este pasaje, que intenta manchar a los judíos e israelíes contemporáneos con el feo legado de Stern, contiene dos errores importantes. Uno de ellos ha sido corregido. El más notorio, por desgracia, no lo ha sido.

En primer lugar, como el blog CIFWatch ha señalado, Kochav Yair no es realmente un asentamiento. Esto no es un hecho desconocido y no habría sido muy difícil para The Economist certificarlo, está en Google Maps. Tampoco Kochav Yair es una ciudad "fanática", y menos aún de las "más fanáticas", según cualquier definición de la palabra. De acuerdo con los resultados oficiales en las últimas elecciones israelíes, sus residentes votaron predominantemente para los partidos del centro y de la izquierda. A su favor, The Economist ha publicado una corrección de esta falsedad.

Pero aún más problemática es la afirmación aún no corregida en el artículo de que las personas que se llaman "Yair" provienen mayoritariamente de familias de opiniones derechistas, incluyendo que el hijo del primer ministro israelí debe su nombre a Stern. Para el ignorante revisor de The Economist, "Yair", sin duda puede parecer un nombre exótico, de tal manera que muchos de los que en Israel lo comparten deben rastrear su origen en Stern. Pero para personas y revisores más alfabetizados, "Yair" - que significa "se ilumina" - por supuesto que es un famoso nombre bíblico que ha sido popular entre los judíos durante siglos. Es uno de los pocos nombres que poseen múltiples personajes de la Biblia hebrea. El padre de Mordejai, uno de los protagonistas de la historia de Purim, se denomina "Yair". Así como uno de los nietos de Jacob. Hoy en día, ese nombre es compartido por multitud de personas, desde famosos estudiosos de la Biblia, directores de cine, destacados compositores israelíes, jugadores de béisbol no judíos... Del mismo modo, mi propio nombre procede de un antepasado que fue asesinado en el Holocausto. En todos estos casos, la Biblia y la ascendencia personal dictan la elección del nombre, no un terrorista judío relativamente oscuro de la Palestina del Mandato, que por cierto también adoptó ese nombre de la Biblia. Si bien puede haber un puñado de israelíes de extrema derecha que tomen a Stern como un homónimo, la gran mayoría de hombres llamados "Yair", de todos los antecedentes políticos, no tienen conexión con Stern.

En otras palabras, la afirmación del The Economist es un nuevo e ignorante intento de lastrar a individuos contemporáneos con los pecados de otros. Que esto no es una extralimitación inocente de The Economist resulta más que evidente a partir de la manera en que el autor impugna explícitamente a Yair Netanyahu, sin ninguna prueba real de que sus padres - unos bibliófilos seculares de renombre - tomaran su nombre de Stern y no de la propia Torah. El lector típico del artículo de The Economist se irá pensando que cualquier judío que lleve el nombre de "Yair" podría llevarlo en honor de un terrorista, sin tener la menor idea de que este es un nombre bíblico bastante común.

De hecho, en la página de Wikipedia de Stern ya se ha recogido esta falsedad sin reservas: "El apodo de Stern, Yair, todavía es elegido por muchos de Israel [sic] como un nombre para sus hijos". La afirmación proviene de The Economist.

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